VEINTICINCO
Había algo que preocupaba a su hijo y sabía perfectamente qué era o mejor dicho quién. No había dejado de mirar hacía su despacho ni un solo instante desde que se sentaron en la cafetería improvisada de la comisaria.
- Será una simple charla entre padre e hija. ¡Relájate!
- No creo que Jim haya llamado a comisaria sólo para saber cómo está. Cuándo cogí la llamada me preguntó si estaba aquí y parecía asustado.
- Hablas de su padre como si le conocieras... - tanteó Martha sentándose para tomarse un cappuccino.
- Es una larga historia. - confesó pensando en ese día en el cementerio.
- Tengo tiempo. Soy toda oídos si te apetece hablar.
- No lo sé. ¿Vas a contarme el por qué de su nuevo look? - preguntó haciendo una pequeña señal hacia Kate - Vestido y zapatos nuevos, sesión de peluquería... Nada más salir del ascensor he visto como la miraban... ¡Parecían gatos en celo debatiéndose cual era el primero en salir a por ella! - comentó muy molesto.
- ¡Richard, por el amor de dios, no seas bruto! - le riñó su madre - ¿Y a ti no te llamó la atención...? ¿Ni un poco? - añadió cambiado de registro.
- ¡Por qué no me sorprende que me lo preguntes...! - confesó levantándose, dejando su taza en el fregadero – No sé qué se te ha podido pasar por tu cabeza, pero olvídalo. - le habló mirándola a los ojos - A pesar de haber logrado salir de mi particular burbuja o pozo, como quieras llamarlo, no hay mañana o noche que no siga pensando en Kyra.
- Te conozco Richard y sé que no eres de los que se tiran al cuello de las mujeres, pero ésta mañana al ver salir a la muchacha de dónde creo recordar que está tu dormitorio...
- ¿No sé te escapa una, verdad? - dijo risueño. - Puedo imaginar lo que pensaste y créeme, no se parece en nada a la realidad. Anoche después del accidente en las escaleras le propuse acompañarla a su habitación y se negó, así que le ofrecí mi dormitorio; yo pasé la noche en el sofá, eso es todo ¿Decepcionada?
- Bueno...
- La verdad es que tienes un olfato excepcional para los buenos vestidos y ella... ¡sólo hay que verla! ¿Qué mejor combinación que está?
Richard abandonó la cafetería después de dar un beso a su madre, dejándola con una sonrisa en el rostro gracias a esa respuesta.
...
A Kate le seguía temblando la mano después de escribir la dirección de su padre y su número de contacto en unos post-its. Al oír que llamaban a la puerta, cogió aire para decir lo que había estado estudiando antes de que volviese, sabía que sería él, al fin y al cabo estaba en su despacho.
- ¿Puedes mandar a dos agentes o dos parejas a esta dirección? Diles que pasen desapercibidos, nada de sirenas, ni uniformes, ni coches patrulla, y que llamen a éste número cuando hayan llegado. Le he prometido a mi padre que habría unos agentes para acompañarles hasta aquí, vendrá con un amigo suyo creo... Por favor...
Rick recogió los post-it y salió buscando a quién mejor podía ocuparse, intuyendo que podía haber un tanto por ciento de peligro en ello. Una vez dadas las instrucciones, volvió al lado de Beckett.
- Gracias – susurró al abrirse la puerta de nuevo. - Gracias... - repitió mirándole.
Con temor al rechazo y a la vez sintiéndose obligado a consolarla, pasó un brazo por sus hombros a lo que ella respondió, inesperadamente, agarrándole esa mano.
- ¿Quieres hablar? - le preguntó acercándose por su derecha.
Kate le miro a los ojos por un breve instante y negó con la cabeza sin dejar de llorar en silencio.
- Si lo prefieres puedo irme y dejarte sola el tiempo que necesites...
- No... No me importa que te quedes. - dijo aferrándose a su mano – Puedes quedarte si quieres.
Richard cerró las persianas del despacho dejando claro a todo el mundo que era hora de volver al trabajo. Acercó una silla a la suya y se sentó a su lado, permitiendo que apoyara la cabeza en su hombro, manteniendo en todo momento su mano aferrada a la de Kate.
...
Con la última noticia sobre su padre a punto de llegar a la comisaría, Kate se sentía aliviada, no al cien por cien, pero si lo suficiente para querer despejar la mente. Necesitaba volver a sentirse entera y eso sólo podía ser posible con una buena dosis de cafeína.
Empezaba a gustarle pasar unos minutos en esa pequeña sala de descanso que olía a café. Dejó su taza a un lado, con cuidado de no derramar el contenido, y cogió otra. Había decidido llevarle uno. Recordaba como se lo había preparado Martha esa misma mañana, no podía fallar.
Al fondo de la sala, Nick llevaba observándola risueño desde que había entrado.
- ¿Como puede ser que siempre que te pierdo de vista unos días cuando vuelvo te encuentro aún más irresistible?
La taza que sujetaba Kate, a punto de apartarla de la máquina, se le resbaló vaciándose gran parte del líquido humeante.
- ¡Mierda! - maldijo soltando la taza al instante al quemarse.
- Vaya, lo siento. Deja que te ayude... - se ofreció.
- ¡No! Puedo sola – dijo rehuyéndole.
- Llevo un rato aquí. No sabía cómo saludarte y pensé que de ese modo no sería tan violento, pero me equivocaba.
- Habría ocurrido lo mismo aunque me hubieras dicho 'hola'... - respondió ella restándole importancia.
- Deberías refrescarte la quemadura – se preocupó al ver una marca rojiza en la parte interna de su mano.
- No es nada, estoy bien.
Kate se centró en repetir el café, mientras comprobaba la temperatura del suyo.
- ¿Qué tal todo por Europa?
- Bien. Muy bien. Es todo muy distinto... - dijo apoyándose al mueble, quedándose de pie a su lado – Claro que tampoco puedo opinar mucho, sólo he visitado dos países, me queda muchísimo por ver...
- Siento no haber respondido a tu saludo como lo hubiera hecho meses atrás. Habría sido muy sobreactuado por mi parte.
- No te disculpes. Hubiese aceptado de muy buen gusto uno de esos abrazos efusivos – sonrió – Pero tienes razón, habría sido algo incómodo... raro...
- De todos modos, has admitido encontrarme irresistible... – comentó sonriendo.
- Confieso que he tenido que mirarte dos veces antes de confirmar que eras tú. La última vez que te vi tan arreglada…
- Lo sé, no es... Sigo vistiendo igual que siempre con mis vaqueros y mis camisas, camisetas... Lo de hoy supongo que es una excepción.
- ¿Una cita? - tanteó Nick.
- ¡Que va! Es solo... No sé hasta dónde te habrán contado – confesó – pero el outfit más el pase por la peluquería es por Martha, la madre de Rodgers.
Katherine sonrió a su amigo. Retiró el café para Richard y cogió el suyo, casi frío.
- Te he echado de menos, Tigresa.
- ¿Enserio? - contesto mirándole a los ojos – ¡Dime que no vas a empezar con el cuento de te echaba de menos, perdona por lo que dije! Por qué...
- ¿Tan cutre te parece?
- No es por eso. - le respondió apoyándose en el mueble, con la taza entre sus manos - Me jode reconocerlo, pero yo también te he echado de menos. Sin embargo, no quiero que me pidas perdón por lo que dijiste, incluso, ahora pienso que debiste haberlo hecho antes.
- A lo mejor si hubiera sabido lo que ahora sé...
- ¿¡Qué!? - Le interrumpió, sin alzar la voz – A lo mejor habrías entendido los motivos de mis reacciones, pero... - hizo una pausa - ¿Crees que habrías podido hacer más de lo que he intentado hacer yo?
- ¡Puede! O simplemente te hubiera podido ayudar a...
- ¡No! - dió un par de sorbos antes de seguir hablando – Seguro que te lo has preguntado, pero sinó lo has hecho: ¿Por qué crees que en todo ese tiempo, a pesar del afecto que nos teníamos, nunca te dije nada al respecto? - le planteó - Piénsalo.
Sin nada más que añadir, se terminó el contenido de su taza, ya fría, la dejó en el fregadero y antes de que su amigo pudiese responder a la pregunta, cogió la otra taza y le besó en la mejilla antes de salir.
- Me alegro que estés aquí.
...
Finalizada la charla con su madre, impaciente por saber qué estaba ocurriendo, Richard se centró en dedicarse a despejar su mesa de papeleo atrasado. Veintisiete minutos después seguía jugando con su bolígrafo mientras hablaba con su superior, Victoria Gates de una posible visita escolar en su comisaria, algo que le había impedido acabar con lo que se había propuesto.
Unos golpes de nudillo le hicieron levantar la mirada hacia la puerta. Al ver a Kate, le hizo señas con la mano para que entrara mientras daba por finalizada la conversación telefónica.
- ¡Hey! - le saludó ella – Veo que estás ocupado. Sólo te traía un café, pensé que a lo mejor...
Kate dejó la taza encima de la mesa al mismo tiempo que él alargaba su mano para sostenerla, y se fijó en la quemadura de su mano derecha.
- ¿Y esto? - le dijo señalándole la herida
- Ah, no es nada. - respondió escondiendo la mano.
- Déjame ver.
- Rodgers no es nada, de verdad. Apenas me duele...
El roce del contacto de la mano de Richard al querer comprobar la herida por símismo la delató.
- Así que no duele eh... - comentó burlón. - ¡Ven conmigo!
Se levantó decidido de su sillón invitándola a salir, cerró la puerta de su despacho detrás de ella y la guió hacia los servicios de señoras.
- No deberías entrar aquí...
- No veré nada que no haya visto. ¡Entra!
Beckett disimuló una sonrisa, reacción de su respuesta, y entró sin oponer resistencia. Una vez dentro Rodgers abrió el grifo y con mucho tacto acercó su mano debajo del grifo.
- Mantén la mano así, ahora vuelvo.
Apenas tuvo tiempo a contar hasta quince cuándo volvió a aparecer con una toalla pequeña, aún por estrenar, y un mini botiquín.
- Oye, no es necesario tanto...
- ¿Vas a dejar de quejarte? - le comentó dándole la toalla. - Sécate la mano con cuidado, sin frotar.
Todo aquello la hacía sentir abrumada. Tenía gente que se había preocupado por ella mucho antes de conocerle, incluso por una simple quemadura, pero no era lo mismo, no sé sentía igual.
Richard le cubrió la zona dolorida con una venda estéril con mucha delicadez.
- ¿Te lo notas bien, así?
Kate asintió con la cabeza.
La venda sobrante la desgarró por la mitad anudando los dos extremos en la muñeca con un pequeño lazo para que le fuera más cómodo de llevar.
Un escalofrió recorrió el cuerpo de la chica cuándo se encontró con su mirada, sonriéndole, mientras sus dedos rozaban aún su mano. Quería darle las gracias por las molestias, pero se veía incapaz de vocalizar.
- ¿Te duele?
- ¡No! Está bien – dijo algo nerviosa, retirando la mano de entre las suyas.
- Puede que tu padre ya haya llegado. - comentó mientras lo recogía todo.
- Si... Ahora salgo. Primero voy a... - le insinuó, muriéndose de ganas de encerrarse en uno de esos cubículos.
- Nos vemos fuera.
- Y Gracias.
Richard se limitó a levantar la mano de espaldas a ella, antes de que se cerrara la puerta.
Nunca se había sentido tan avergonzada como se sentía en aquel momento. Sus mejillas se habían sonrojado y se sentía patética. Volvió a mirarse al espejo y se adentro en el primer hueco vacío que vió, encerrándose y sentándose en la tapa del WC, escondiendo la cabeza entre sus piernas.
- ¿Hola?
Ese saludo le aceleró el corazón. ¿Era mucho pedir unos minutos a solas?
- ¿Hay alguien ahí? - insistió la forense - ¿Beckett?
Al reconocer la voz de su amiga respiró hondo, contó hasta diez antes de responderle.
- ¡Ahora salgo! - dijo
Volvió a respirar hondo y se levantó tirando de la cadena inútilmente y salió.
- Oye, ¿me he perdido algo? Traía unos resultados para Javi y he visto a tu padre con otro tío con traje y corbata, que no veas como está. Sin pasar por alto que me acabo de cruzar con Rodgers saliendo de aquí. - explicó sorprendida.
- ¿Has dicho que mi padre está aquí? - se giró de repente – Tengo que irme, después hablamos.
- ¡De eso nada! - le prohibió cogiéndola del brazo derecho. - ¿Que te ha pasado en la mano? - se sobresalto.
- ¡No es nada! Me quemé cuándo hacia un café, Rodgers lo vió, insistió en curarme a pesar de decirle que no era nada, pero él quiso hacerlo así que...
- Aha... - asintió sonriente. - Así que el capitán en persona te ha curado la mano por una leve quemadura...
- ¡Lanie! No. - la regañó, nerviosa.
- ¿!Qué pasa?! Me parece perfecto que intentes ligar con él.
- Q... ¿!Qué?! - tartamudeó procurando controlar su tono de voz ante tal barbaridad – ¡Venga ya! ¡No seas ridícula! Además, ¿no crees que te olvidas de algo?
- ¿Su Viudedad? Chica... Es un hombre joven, no llega a los cuarenta, y no hace falta que te diga que está de muy buen ver. Creo que tiene todo su derecho a querer rehacer su vida...
- He oído suficiente... ¡Me voy!
Desesperada escuchando todo lo que salía de la boca de su amiga, se largó dejándola con la palabra en la boca, pero con una sonrisa de oreja a oreja viendo su reacción ante lo inevitable.
