Disclaimer: Volviendo a ver las OVAS de Hades Sanctuary Chapter, me di cuenta que si fueran míos fuera muy, muy, muy feliz. Maldición.
Vida salvaje
A Mari A.
Los aires de la selva siempre han ejercido un efecto curativo en los seres que vivieron en ella. Mal que bien, la visión de los árboles y el húmedo calor de la jungla me hicieron sonreír de tal manera que Mu no pudo evitar soltar una risita.
- Imagino que estás contenta por estar aquí,. ¿no? -preguntó, a lo que le respondí con un guiño, volviendo a poner mi atención en el camino.
- Creo que hicimos trampa al viajar por Cosmo... pero realmente no puedo estar en desacuerdo con esto -respondí, llegando a una saliente y mostrándole el paisaje con un gesto de mi brazo. Mu observó el horizonte verde frente a nosotros, mientras yo esperaba una respuesta, eagerly.
- Es... impresionante... -murmuró, repentinamente serio. Yo sabía lo que le afectaba, pues Shura pasó por lo mismo cuando observó por vez primera la vastedad de la selva, según los cuentos del mismo Aldebarán.
- Welcome to the Jungle, we have fun n' games! -respondí con una enorme sonrisa, tenía años que no me sentía de esa manera. Era el sentimiento que me inspiraba mi hogar, libertad, libertad...
Era impresionante presenciar el ciclo de la vida en un primer plano, visto en un marco de lluvia y verdor salvaje. Haciéndole un gesto a Mu, salté de la saliente y comencé a correr.
- ¡Vamos! -I urged him-. ¡El último que llegue es un CdC de Dionisio!
Corrí saltando entre los árboles, sintiendo la presencia del Lemuriano a mis espaldas. Me extrañó un poco que no me hubiese rebasado, pero intuí que como no conocía el sitio prefirió dejar que yo lo guiase.
Un rugido pasó por mi lado, notando de inmediato que éramos perseguidos por dos leopardos. No pintaban bien, estaban muy delgados y tomando en cuenta la época, no era sequía...
¿Qué estaba pasando aquí?
Dejando a los leopardos atrás, fui a dar a otra saliente más alta que no merecía el nombre de meseta ni de tepui. Mirando a mi alrededor, fruncí el ceño.
El silencio era ensordecedor.
En mi alegría por haber regresado a la selva, no reparé en estos detalles de inmediato. Me acerqué al borde de la roca, intentando escudriñar el paisaje. Tal vez deberíamos ir al campamento después de todo, sólo para ver cómo estaban las doctoras y eso...
Un brazo me enlazó la cintura cuando fui a saltar, inmovilizándome.
- No sé mucho de la selva, pero sí sé que no es silenciosa -murmuró Mu en mi oído-. ¿No te huele a trampa?
I nodded, sin dejar de mirar el contorno de los árboles a mis pies.
Demonios.
Mu me soltó y encendió su Cosmo, tan luminoso como un farol en medio de una tormenta, tan hermoso, haciendo un contraste fascinante con lo oscuro de la roca sobre la cual estábamos parados y la vegetación que nos rodeaba.
De pronto abrió los ojos, clavándome una mirada penetrante.
- ¿Quién es Preto DaSilva?
Shit.
- Es... el jefe de una banda de garimpeiros que cruzan la frontera para explotar las vetas de oro de Venezuela, que son bien pocas... y es el primero en ordenar la utilización de mercurio en las extracciones, matando así toda la vida alrededor del site donde se encuentren...
- ¿Mercurio?
- Sí, el mercurio es efectivo en las extracciones para ir al punto donde el oro se encuentre, removiéndolo rápida y eficazmente... pero...
- ¿Pero?
- El exceso de mercurio puro hace que las plantas se mueran, además de inutilizar los suelos de tal manera que quedan estériles... sin contar que los vapores de las máquinas que usan ese tipo de sustancia son nocivos para cualquier ser vivo...
- Quieres decir que este tal Preto atenta contra la naturaleza por codicia,. ¿no es así?
Suspiré y miré hacia el cielo, azul e ignorante de lo que pasaba bajo su vastedad.
- Sir Drake tuvo muchos problemas con los hombres de DaSilva porque atacaban a los indígenas cuando ellos trataban de impedir sus fechorías... muchas veces el padre de Cakere fue herido por esos tipos, aunque nunca de gravedad. Presumo que Churún protegía al Cacique, porque ninguna bala atravesó su piel en ninguna de esas broncas...
Mu permaneció en silencio mientras hablaba; creo que sintió mi tristeza al hablar de Sir Drake. Era un hombre impresionante... suspiré de nuevo y parpadeé, echando atrás a Casiopea de nuevo.
- ¿Dónde tenemos que ir?
- Tenemos que cruzar el Orinoco para reunirnos con los misioneros colombianos en Casuarito, un poblado pequeño por allá -señalé vagamente en una dirección-. Pero hay dos problemas, esta parte del Orinoco está infestada de caribes, además de otra cosa...
- ¿Qué cosa? -preguntó Mu, mirándome. Apunté al cielo por respuesta, el cual tronó como si le hubiera dado el derecho de palabra.
- La lluvia nos retrasará un poco... creo que tendremos que andarnos con cuidado.
- X -
Los truenos armaban una fiesta por sobre nuestras cabezas de tal manera que no escuchábamos ni siquiera nuestros propios pasos sobre los charcos que se formaron rápidamente en las veredas.
"¿Cuánto falta?" -preguntó Mu con su Cosmo, haciéndome dar un respingo. Estaba tan distraída esquivando los charcos y los arbustos que no reparé en su presencia hasta pasado un buen rato. Creo que me estuvo hablando, pero como no le escuchaba tuvo que recurrir al vínculo cósmico.
"Como unos treinta y cinco kilómetros hacia allá" -apunté en la dirección que íbamos-. "Te sugeriría que corriéramos, pero estos caminos son muy resbaladizos cuando están mojados, y la lluvia tiene pinta de caer por otro buen rato."
- Increíble como se nubló de pronto -comentó él mirando al negro cielo, lo que hizo que Casiopea me pateara de nuevo. Miré también hacia el nublado firmamento, dándome cuenta de la rapidez de cómo estaba cayendo el agua. No, esto no era normal.
- Tenemos que llegar al río as soon as possible, Mu -dije comenzando a correr-. Tengo un mal presentimiento...
Dicho y hecho, corrimos entre los árboles con rapidez y cuidado. Las raíces que sobresalían eran muchísimas, por lo que teníamos que andar con un ojo en el suelo y otro al frente. De pronto, Mu disparó su Cosmo, coaccionándome a hacer lo mismo.
Correr con el Cosmo encendido era una tarea fácil entre los Templos del Santuario, pero probó ser una verdadera molestia entre la selva. La brillante luz áurea-plateada de nuestros Cosmos era como un faro en plena oscuridad, atrayendo cuanto animal salvaje había en los alrededores. No presentaron problema, porque pasábamos con tanta rapidez que los dejábamos atrás en un parpadeo.
Pero sí pude sentir el peligro debajo de mi piel. Algo no andaba bien, eso era seguro.
Cuando llegamos por fin a la orilla del Orinoco, me di cuenta de dos cosas. La primera, que el río había crecido bastante por la lluvia; mientras que no había ningún bote ni embarcación que nos cruzara, cosa que representaba bastante molestia adicional.
- Damn it! -exclamé al ver todas las barcazas a lo lejos, amarradas firmemente en el muelle al otro lado del río-. ¿Cómo es que no hay ninguna chalana por este lado?
- Tal vez algo pasó de este lado que se fueron todos para allá -aventuró Mu, mirando río arriba. Se alejó lo suficiente como para yo darme cuenta, volviéndome hacia él.
- ¿Qué--?
Mu se volteó a verme, su mirada indicándome que había encontrado algo. Al acercarme, observé un bulto marrón a sus pies. Un perro.
Me acuclillé, tanteando el pelaje del animalito. Estaba helado.
- Está muerto... -murmuré. Mu se acuclilló frente a mí, encendiendo su Cosmo en sus manos, para luego negar con la cabeza.
- Está así desde hace más de veinticuatro horas... pero no veo herida ni enfermedad -dijo mientras abría el hocico del perro, sin encontrar nada. Suspiré y volví a mirar hacia el otro lado del río, quitándome un empapado mechón de cabello de los ojos.
- Tenemos que cruzar si no queremos agarrar una neumonía bajo este aguacero -dije midiendo la distancia del río con la mirada-. Pero sin lancha ni chalana, los caribes harán fiesta con nuestros cuerpos y lo que quedará de nosotros serán nuestros esqueletos.
Mu se volvió hacia donde yo miraba, pero giró la cabeza de nuevo al ver que yo tomaba en brazos el cuerpo del perro y me dirigía decididamente hacia la orilla.
- Er... Zelha,. ¿qué haces?
- A diversion -respondí, calculando la fuerza y el trayecto de mi próximo movimiento-. Sabes nadar,. ¿no?
- Seguro, pero no entiendo...
Encendí de nuevo mi Cosmo, preparándome, al tiempo que alzaba el bulto entre mis brazos y lo lanzaba justo en medio del río, más debajo de nuestra posición.
- ¡¡CORRE!!.
Eso de que Jesucristo era el único que podía caminar sobre el agua era un vulgar mito cristiano, pensé incoherentemente al verme alzada en vilo como un saco de papas en el hombro del Ariano, quien se teleportó al otro lado del río en un abrir y cerrar de ojos sin yo darme cuenta. Cuando reparé en nuestra nueva posición junto al muelle, solté una maldición en español, retorciéndome para que me bajara.
- ¿Por qué dejaste entonces que lanzara el perro al agua?
- No sabía que lo harías -dijo con una media sonrisa-. Por lo menos ya estamos del otro lado,. ¿no?
- Not funny -gruñí, cruzándome de brazos. Él soltó una risita, echándose el cabello mojado hacia atrás.
- Es bueno saber teleportarse en momentos como estos,. ¿no?
Maldita sea. Nunca me acordaba que podía hacer eso, por lo que siempre me sorprendía cuando lo hacía. Haciendo nota mental de tomar revancha por eso, le saqué la lengua, haciéndolo reír de nuevo.
Caminamos por Casuarito rápidamente, encontrando una posada en poco tiempo. Fuimos recibidos por uno de los misioneros, el padre Ramírez, quien sabía sobre nuestra misión, según nos había informado Shun antes de salir de Japón. Nos saludó alegremente en español, mientras nos empujaba jovialmente hacia una habitación que resultó ser un cuarto de baño.
- ¡Quítense esas ropas mojadas! -nos sermoneó agitando un dedo frente a nosotros, mientras nos entregaba unas toallas y se alejaba-. Les traeré unas vestiduras viejas que tengo,. ¡ya vengo!
Miré sorprendida a Mu, quién se encogió de hombros y procedió a quitarse la sobretoga que vestía. Solté un sonido de sorpresa, volviéndome hacia el otro lado, sintiendo la cara como una brasa encendida. Mu soltó una risita a mis espaldas.
- ¿Nunca has visto a nadie desvestirse? -preguntó, teasing me. Sacudí la cabeza y me aclaré la garganta, antes de intentar responder.
- N-no es eso... es que... es que nunca... he visto-- uhm... a un hombre... pues...
Nice and smooth, little goat! Clap to yourself!
Mu rió de nuevo, más audiblemente, mientras yo encontraba particularmente interesante una baldosa azul frente a mis ojos, sus bordes oscurecidos por la humedad y algo de moho. Linda baldosa, linda...
El misionero volvió con su habitual ranting, diciendo que nos apresuráramos para comer con nosotros. Luego que el padre se fuera, el silencio reinó la habitación, mientras yo me concentraba más en la baldosa y sostenía un fuerte y caldeado argumento con Casiopea, la cual me indicaba que le arrancara la ropa al espécimen masculino que estaba detrás de mí y que comprobara realmente que era un hombre hecho y derecho. Mi cara estaba más caliente que nunca, mientras escuchaba los leves sonidos de la ropa siendo rozada y las leves risas burlonas de Mu.
Maldita Casiopea, cómo me caes de mal cuando me haces esto.
- Tu ropa está encima del lavamanos -murmuró el Lemuriano en mi oído, sobresaltándome y haciéndome sonrojar más, si eso era posible-. No te tardes, huelo la comida desde aquí.
Y con eso, salió de la habitación cerrando la puerta. Solté un suspiro de alivio mientras me volvía, intentando calmar los latidos de mi acelerado corazón.
¿Esto era lo que llamaban deseo, ganas?
Holy crap.
Gruñendo de fastidio mientras me cambiaba, Casiopea escogió justo ese momento para manifestarse con toda su fuerza, haciéndome doblarme sobre mí y cayendo de rodillas al suelo. Respirando erráticamente, me tomé la cabeza con las manos, empuñando mi cabello con fuerza mientras las lágrimas corrían ardientes por mis mejillas.
- ¡Maldita sea, Casiopea! -murmuré con los dientes apretados mientras esperaba que su arranque pasara. El recuerdo del perro cayendo en el río y seguramente devorado por las pirañas incrementó la fuerza de mi llanto, cayendo en cuenta por fin de lo descuidada que había sido.
Costó Athena y su ayuda para reducir mi angustia en un período inestimado de tiempo. Me lavé la cara, me terminé de poner el viejo vestido que me habían dejado y me sequé el cabello, atándolo de nuevo en una coleta baja, saliendo por fin a la reunión con el sacerdote.
- Ah, ya estás aquí, muchacha, ya nos tenías preocupados -saludó uno de los misioneros, pues eran tres, sentados alrededor de una mesa con Mu.
- Sorry I kept you waiting -murmuré evitando mirar a Mu. Este tuvo que darse cuenta que algo me pasaba, porque de inmediato se levantó y caminó hacia mí.
- ¿Qué ocurre? -me preguntó en griego, a lo cual yo moví la cabeza negativamente, indicando que no me pasaba nada. No se creyó la mentira, porque me tomó por la barbilla gentil pero firmemente, forzándome a mirarlo.
Eché la cabeza hacia atrás zafándome de su mano cuando observó mis ojos hinchados y mi cara enrojecida de tanto llorar. Pasando a su lado en silencio, tomé asiento junto al padre Ramírez, quien palmeó mi mano amablemente y me ofreció una taza con algo caliente, mientras Mu se sentaba de nuevo. No me atreví a mirarlo.
- Vamos, bébelo, es té de camomila -dijo con una leve sonrisa, mientras hacía las presentaciones de los otros dos hombres sentados frente a mí-. Ellos son Velásquez y Rodríguez, misioneros de la Orden de los Samaritanos de España. Yo soy de la Orden de Colombia, los estoy instruyendo sobre cómo marchan las cosas por acá, para que vayan al Campamento Principal del Turpial, en el corazón de la selva.
Di un respingo que casi me hace atragantarme con el té.
- ¿Dijo Campamento Turpial? -repetí, mientras mis pensamientos giraban incoherentemente en mi cabeza-. ¿Pasó algo en ese lugar?. ¿Tienen información de los médicos que trabajan allí?
- Tenemos tiempo que no sabemos de ellos, probablemente casi dos semanas -dijo uno de los españoles, Velásquez-. Las lluvias han impedido que vayamos a ver el Campamento, por lo que sólo nos quedaba el radio... pero también, las continuas lluvias no hacen fácil la recepción de mensajes...
Shit. Olga e Ingrid deben estar furiosas por no saber nada del mundo exterior, pensé recordando a la médico estadounidense y la enfermera alemana que tantas risas me proveyeron en mi niñez. Ambas eran tan delicadas como un elefante, lo que las hacía más auténticas ante los ojos de mucha gente. Maldecían como cosacos e insultaban a los pacientes que no les hacían caso, ganándose el respeto de muchos de esa manera.
- ¿Quién dirige el Campamento actualmente? Desde que Sir Drake falleció, estaba la doctora Olga Donovan al mando...
- Y lo sigue estando, tan sutil y amable como siempre -sonrió el padre Ramírez-. Aunque ya está en la cincuentena, sigue tan enérgica como en su juventud, lo que le da bastantes problemas a los seguidores de DaSilva.
Bajé la mirada, preocupada. Preto era conocido por sus rudas maneras, por lo que temí que la incomunicación del Campamento fuera obra suya...
- Tenemos entendido que este DaSilva es el que está detrás de todos los movimientos insurrectos de la zona,. ¿no es así? -preguntó Mu, directo al grano. Los misioneros intercambiaron una mirada, antes de asentir sombríamente.
- Hemos recibido informes de que los Pemones están librando una pelea en la oscuridad, pues se han visto cuerpos de hombres conocidos como afiliados de DaSilva flotando río abajo... envenenados. Pensamos que es porque las tribus cercanas se unieron para eliminar a los garimpeiros, pero no sabemos nada de cierto. La selva se muestra imposible de cruzar, los animales están muy inquietos, atacando a cuanta cosa se mueva.
Esto tiene que ver con esos desgraciados que están acabando con la selva, eso es seguro. Fijé la mirada en la vela que ardía en el centro de la mesa, ponderando lo que nos habían dicho. Todo se resumía a ese hombre que estaba destruyendo el ecosistema de mi amado rainforest, todo por un puñado de oro.
Escuché lejanamente a Mu conversando con los hombres sobre la selva y los animales, pero no presté atención. Mi pensamiento estaba en Turpial, en Olga y los demás. Tenía que ir a verlos, así la selva no estuviera de acuerdo. Maldito DaSilva.
- ...Podremos salir en cuanto amaine un poco la lluvia, estoy seguro que hay chalanas de sobra que podrían utilizar -decía en ese momento Ramírez cuando volví mi atención hacia ellos-. Pero hay que tener cuidado, los caimanes están en época de cría, por lo que estarán buscando alimento para sus camadas.
- Pero los caimanes no desovan ahora, sino en abril -intervine-. ¿A qué se debe que los caimanes estén cazando justo ahora?
- Parece que las lluvias aceleró el proceso de celo y reproducción de varias especies comunes, los caimanes fueron los primeros en evidenciar esto... la doctora Donovan nos explicó esto en su último reporte por radio, antes de que se cortara la comunicación... el doctor Rex estuvo siguiendo su evolución, según nos dijo.
Así que Rex seguía en el Campamento. Sonreí levemente, recordando lo huraño que era el gringo hacia todas las mujeres cuando llegó. Pero pronto se fue adaptando a la locura de nuestra vida, mostrándose luego bastante amigable... hasta que Ingrid lo atrapó, según comentaban Olga y Sir Drake... no entendí eso hasta que los espié escondiéndose en una esquina del campamento para comerse a besos. Heh, Ingrid era demasiado.
- Por tu expresión, veo que todos los que nombramos no son desconocidos para ti, muchacha... ¿cuál es tu nombre?
Parpadeé ante la interrogante de Velásquez, para luego aclararme la garganta, incómoda.
- Mi nombre es Zelha, señor. Y no está errado, conozco a todas las personas a las que se han referido.
- Zelha... -dijo Ramírez, pensativo-. Había una chica con ese nombre en Turpial, Sir Drake la crió como si fuera hija suya... una huérfana de padres extranjeros, por lo que recuerdo--
Los misioneros me miraron fijamente, mientras yo sonreía, más incómoda que antes.
- Claro, si Drake tenía una foto tuya en su escritorio, siempre la notaba cuando iba a visitarlo -recordó el cura Ramírez-. Has crecido una barbaridad, muchacha... ¡estás hecha toda una mujer!. ¿Qué has estado haciendo?
- Dedicando mi vida a mis creencias, padre Ramírez -respondí vagamente. No quería ofenderlos diciéndoles que servía a una Diosa pagana, por lo que no dejé más luces sobre el asunto. Mu asintió como aprobando mi respuesta, frotándose la frente, cubierta por la cinta azul.
- Es refrescante ver que aún hay jóvenes que creen en Dios y sus misteriosas maneras de hacer funcionar el mundo -dijo Rodríguez con una sonrisa-. ¿En qué Orden están?
- En la Orden Sagrada del Santuario, en Grecia -respondió Mu, mirando por la ventana detrás de los sacerdotes-. Está amainando, creo que deberíamos partir.
Asentí a un gesto del Lemuriano, entrando de nuevo a la habitación y recogiendo nuestras ropas a toda prisa, embolsándolas antes de salir de la casa, donde los cuatro hombres me esperaban.
Al padre Ramírez le costó un mundo encontrar a alguien que nos quisiera llevar río abajo. Todos los chalaneros se negaban, diciendo que no querían meterse en los dominios de DaSilva. Sólo cuando se enfureció y les dijo cuatro cosas uno accedió a prestarle la lancha, bajo amenaza de excomulgarlo.
- Creo que nos servirá -dijo Ramírez al ver la pobre chalanita que flotaba al final del muelle-. Esperemos que los lleve a la Ensenada de la Guacamaya con bien.
La Ensenada de la Guacamaya era la última parada de las chalanas antes de regresar río arriba. Continuar más abajo era una locura, porque el Orinoco se convertía en un rápido peligroso, con rocas puntiagudas y corrientes traicioneras. No se permitía ni que los navegantes de rafting probaran suerte allí, pues bastantes que se habían ahogado en ese sitio.
Abordamos la chalana, recibiendo la bendición del padre Ramírez, quien abrazó a sus compañeros, para luego abrazarme a mí.
- Que Dios te acompañe, hija mía -me dijo, antes de ayudarme a sentarme en el minúsculo banco de la chalana. Mientras Rodríguez maniobraba con el motor fuera de borda, observamos al colombiano perderse en la lejanía, entre la fina llovizna que aún caía sobre nosotros.
Hasta que mis ojos vuelvan a verlo, curita, pensé antes de fijar mi mirada río abajo.
- X -
Llegamos a la Ensenada de la Guacamaya después de varios tropiezos en el camino. Los curas se pusieron bastante nerviosos cuando los caimanes comenzaron a nadar a la par de la pequeña lancha, esperando recibir un bocado. Disimuladamente, introduje la mano en el agua y encendí mi Cosmo, enfocando mi mano hacia los caimanes y ahuyentándolos con mi energía. Estando sentada en la proa, observé que Mu se había dado cuenta de mi acción, a la cual asintió con una pequeña sonrisa. Suspirando aliviada de que no parecía ofendido por mi desaire en Casuarito, le devolví una mueca burlona.
La lluvia había cesado en esta parte de la selva, lo que podría facilitar nuestro viaje hasta Turpial, dependiendo de las veredas y el estado en que éstas estuvieran.
Velásquez y Rodríguez, armados con sendos machetes, avanzaron hacia la vereda a la izquierda, haciéndome fruncir el ceño.
- Disculpen, padres, pero por allí no se va a Turpial, sino a la Caída del Diablo -les dije, señalando la vereda de la derecha-. Esta es la vía más segura.
- Se ve que tienes tiempo que no vienes, hija -dijo Rodríguez-. Los caminos cambiaron hace cuatro años, luego de que DaSilva intentara pavimentar una vía hacia El Mato. Menos mal que las autoridades se negaron rotundamente, pero su base está enteramente cubierta de asfalto.
- ¿Q-qué? -pregunté conmocionada-. ¿Asfalto?. ¿Pero es que no sabe que el asfalto--?
- Lo sabe, hija, lo sabe bien... pero Preto DaSilva no es un hombre ambientalista -respondió Velásquez-. Las veredas fueron trazadas nuevamente, para evitar más pretensiones de esos tipos...
Guardé silencio, siguiéndolos. La furia que bullía en mi interior me impedía ver bien, por lo que tropecé con una raíz, dándome de cara al suelo.
Me levanté con un gruñido y continué caminando, reparando en el bufido burlón de Mu. Sólo entonces me di cuenta que no había pronunciado palabra durante el viaje en río, por lo que me volví hacia él y alcé una ceja.
- ¿Estás bien? -pregunté en griego-. Estás muy callado...
- No es nada, sólo analizaba lo que sabemos -me respondió en un susurro-. Tengo varias preguntas que hacerte, pero esperemos a llegar al Campamento... ¿a qué distancia está?
- A unos veinte kilómetros de aquí... sólo espero que no nos encontremos con nada desagradable.
Continuamos caminando en silencio. Mediante Cosmo, le indiqué a Mu que lo mejor era que permaneciéramos callados, para evitar ataques de los animales salvajes. Los misioneros marchaban delante de nosotros, con los machetes alzados y en guardia.
No pasó mucho tiempo para que la Selva se manifestara en la forma de un bonito y enorme tigre amazónico.
Los curas se paralizaron de miedo, mientras mi cabeza trabajaba a marchas forzadas. No podía encender mi Cosmo de manera visible porque los sacerdotes se darían cuenta, por lo que sólo me quedaba el viejo truco del Tío Conejo.
- Escúchenme, a mi cuenta corran sin mirar hacia atrás, yo perderé al tigre y los veré en el Campamento -dije en un murmullo-. Tranquilos, tranquilos... mantengan la calma, yo llamaré la atención del gatito mientras ustedes huyen.
- Zelha -escuché a Mu comenzar a protestar, pero alcé lentamente una mano para no perturbar al excitado felino.
- Sé lo que estoy haciendo, es un truco que se hace en estos casos -le susurré en griego-. "Por favor, déjame hacer esto... te llamaré por este medio para que me guíes al Campamento" -completé hablándole a su mente, a lo que escuché un suspiro a mi espalda.
"Ve... y que Niké te corone."
Emitiendo un silbido que enardeció al felino, me perdí en la espesura, con pies llenos de Cosmo, mientras el tigre iba detrás de mí rugiendo con furia.
- ¡Vamos muchacho, vamos a buscar a Tío Conejo! -le grité, mientras saltaba hacia un árbol y corría, alejándolo de los sacerdotes y de Mu.
Please, be safe...
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¡Y faltan cinco! ;D
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Lyra-Acuario: Heheh, gracias por la clase de historia y literatura contemporánea, mujer, fue bastante refrescante. Sí conozco a Horacio Quiroga, sus Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte se cuentan entre mis libros favoritos. En cuanto a tu pregunta, escribo para mí, para entrar en contacto con mis personajes en una trama donde puedo ponderar muchas cosas sobre mi vida, mi entorno y otras más; escribo con sentimiento, porque un escritor sin sentimientos sencillamente no lograría terminar nunca una historia... o de plano sería un libro de texto escolar lo que sacara, jaja. ¡Gracias por tu enorme comentario!. :P
Elena: Sí, melancólico... tienes razón con lo que dices acerca del dolor. Yo personalmente estoy atravesando por un período de luto, así que puedo comprender perfectamente tus palabras. Gracias por el comentario, linda.
Pilla Doll:. ¡Te caché en mi LJ!, heheh, me dio mucha risa eso de los "Estamos Hundidos"... XD!!
En cuanto a lo del Cosmo... según el mismo Mu en la serie y hasta el mismo Shion lo indica en Hades Sanctuary, todos los seres humanos nacen con Cosmo, lo que pasa es que unos lo entrenan y desarrollan, y otros no. Podría decirse que el Cosmo es la presencia humana, parte del alma, por decirlo de alguna manera, para explicar esa percepción extraordinaria que tienen los Santos de Athena de los Cosmos ajenos.
¡Gracias por el review!. ;D
Melina no Suukorpion: ...Mujer, me dejaste muda de la sorpresa con tu promoción de la historia en tu profile, estoy muy muy halagada en serio, haha. Pues me encanta que por fin me hayas escrito, y me fascina que te gusten los personajes de Zelha y Chloe, eso quiere decir que por lo menos llegamos a algo si consideras que nuestras historias son épicas, así, hahahaha XD
Melina... ese es el nombre de una buena amiga mía :P ¡Gracias por tu comentario!
Araceli: Haha, bueno, los ánimos están divididos con Mu y Saga... ¡ya veremos qué pasa!
No sé qué pasó con el LJ, pero bueno, creo que tendré que conformarme con que ustedes me sigan diciendo por review lo que opinan sobre el parejo de Zelha... aunque pueden comentar en ese post anónimamente, con toda confianza... ¡déjenme algo por allá si van cambiando de opinión con la historia!
¡Qué bueno que te gustaron mis otras historias!. ;D Un abrazo desde Venezuela, Ari linda, de verdad me encanta que te guste mi historia -sonrisa enorme-.
¿Vieron los arts de Argesh Marek?. ¿Leyeron sus dos nuevos capítulos?. ¡Los Diarios de las Amazonas están que arden!
Bueno, ya saben, un comentario no quita mucho tiempo, y a mí me fascina saber de ustedes.
¡Saludos a todos!
