Day 29: Closure

Rated: T

Summary: una herida que jamás cerró. Un amor que nunca se logró. Ellos son fantasmas, atados a un pasado.

Disclaimer: La historia es de mi pertenencia, en ella sólo utilizo sin ningún fin de lucro, a los personajes de Naruto, cuyo creador es Masashi Kishimoto. Está prohibido re-suban esta o cualquier otra de mis historias, o adaptarlas.

NA: NA: VIVA LA OTP ❤️


.Need You Now.


I

Podría recordar con tal claridad las vivencias de esos momentos compartidos con él.

De la seguridad de su tacto, del susurro de su voz, la calidez de su cuerpo.

Podría recordar con tal claridad la felicidad y amor que por él siempre sintió... todas esas memorias esparcidas en el suelo, rotas y cortando su piel cual dagas.

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Su día en emergencias no había sido nada fuera de lo cotidiano. Vivía en pleno corazón de una gran ciudad, ese hospital siempre estaba lleno de movimiento y personas. Y cuando había ánimos, ese humor oscuro e ironía que había adoptado de alguien más, se presentaban y le hacía pensar en cómo se había matado años estudiando medicina para terminar catorce horas en sala de emergencia, atendiendo idiotas ebrios y criminales grotescos.

Tristemente esa era su realidad, no la gloria de salvar personas a medio morir o revolucionar la medicina. No había sorpresa, ya que su vida nunca fue acorde a lo planeado. Su realidad distaba mucho del futuro que se había trazado a los dieciocho años que empezó su carrera. Pero era lo que había, y Sakura no se había atrevido a intentar más allá.

Los turnos dobles, el cansancio, el estrés y la depresión pesaban en su cuerpo. Había ocasiones en que vivía en modo automático. Su mente se concentraba sólo cuando se trataba de atender pacientes, aunque últimamente se dejaba llevar. Dormía poco, tocaba un vicio del cual jamás creyó lo haría, y su vida rodaba ‒monótona, incolora, sinsabor. Vivía por vivir, respiraba porque era una acción natural de su cuerpo, pero ella se sentía entumecida. Tan lejana.

Cuando la numeración roja de su reloj automático marcaba las dos, las tres y las cuatro am, y ella sólo estaba ahí, inmóvil y helada como esas personas que no lograba rescatar.

Era que la luz entraba por sus cortinas, en una descolorida muestra de que seguía viva, que indicaba debía levantarse y hacer algo productivo. La rutina volvía a empezar.

Era en abarrotados cuatros de espera, bulliciosas salas de emergencia, con sonidos irritantes y olores desagradables, que Sakura podía hacer a un lado su gris realidad, y dejarse llevar en piloto automático.

No estaba viva.

"¡Haruno-san!" Dos paramédicos gritan su nombre, apresurándose con la camilla que empujan a su dirección. Ella comienza a dar instrucción, dirección y todo es ajeno a sus oídos. Brevemente escucha la información necesaria del herido.

"Policía, treinta. Herida de bala en el abdomen y desgarramiento en el brazo, al parecer...-"

Y asiente para sí misma. Datos que sólo procesa de manera fría, porque en cierto punto dejaron de ser personas de valor, y simplemente parte de su trabajo.

"Ura- sa...-"

Voz rasposa, increíble que ella pudiera distinguirla, más aun alcanzar a escucharla. Ojos verdes bajando momentáneamente hacia su nuevo paciente con posibilidad de morir desangrado. Piel extremadamente pálida, manchas oscuras de la sangre, uniforme oscuro y mirada desenfocada. Una imagen que ella veía al menos diez veces al día.

Y es el frío de ese miedo que se trepa por tu estómago, agarrota tus músculos y congela tus pensamientos que en ella se presenta. Sólo el terror y la confusión dominando su mente al reconocer esos ojos negros.

Ella no estaba viva.

Y él tampoco.

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Hermosos recuerdos plasmados en su mente.

De su suave cuerpo, su brillante sonrisa y sus ojos únicos.

Del sabor de su boca, cada vez que ella decía "te amo",

Hermosos recuerdos... que él quisiera no poder conservar..

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Siempre fue alguien centrado. Nunca fue de aquellos que soñaban y se encerraban en expectativas muy altas. Había trazado una línea de vida, sencilla y normal, pero que en un momento había sido seguridad y decisión.

Y aunque siempre supo que la vida no era justa, y que las expectaciones no siempre se cumplían, pues la vida real no era una película romántica o fantasiosa, aun esto, no dejaba de ser frustrante la sensación de que había perdido.

Sasuke no lo decía, jamás vociferaba ese pensar de cómo su vida era un fracaso.

Estúpido, pues su vida actual era casi tal cual la había divisado. Detective activo, departamento propio y auto funcional. Su carrera en ascenso y no tenía preocupaciones familiares. No había nada que tuviera su mente en lío.

Y aun así, cuando anunciaba su regreso a casa al entrar, la oscuridad y silencio le recibía. Nada, ni mascotas u amantes, sólo muebles modestos y espacio limpio. Era cuando la soledad le envolvía en su fría casa, que Sasuke se sentía miserable.

Un vistazo a su refrigerador, colocando su nueva comida y sacando y botando a la basura las reservas que ya no tocaría. A pesar de tener raciones, su mano rebuscaba en las puertas de la alacena, sus dedos cerrándose alrededor del cuello de cualquier botella.

Vaciaba su contenido en un pequeño vaso, pero sabía bien que al dar la media noche y más allá, ese vaso quedaría descartado y su boca tomaría directamente de la botella.

Televisor encendido, era lo único que proveía de luz y sonido en ese frío y desolado lugar. Sentado en el sofá, vista al aparato, pero nunca prestándole atención, su mente distanciada de su actual presente. Sólo bebía, dejaba el licor calentar y quemar su garganta, agradecido de poder sentir algo en ese oscuro agujero que era su vida.

No, no era vida.

Y era cuando la noche tentaba con el amanecer, cuando la botella era olvidada y sus ojos se encaprichaban en no cerrarse, que él se permitía soñar con esos "hubiera". Con su teléfono en mano, un nudo en la garganta y el deseo de llamar.

Era ése nombre que escapaba de su boca, un perjurio que había decidido no volver a nombrar.

"Ra... Sakura..."

Y en el delirio del alcohol y la melancolía, Sasuke llamaba por ella.


II

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Hermosas memorias que eran manchadas con el agrío sabor del desamor. La soledad, la tristeza e impotencia, por un amor que nunca pudo cerrar, terminar.

Recordaba brazos fuertes cerrándose en su cintura, voz profunda y calidez en sus ojos negros... y odiaba con cada célula de su cuerpo la añoranza que despertaba en su ser – esa que nunca pudo erradicar.
La desesperación que llenaba su sistema al estar en una casa helada, un trabajo monótono, una vida vacía.

Ella le amó. Ella le amó como nunca antes y como jamás lo hará.

Y de poco sirvió.

Memorias que ella no quería traer a flote, recuerdos que dañaban.

Y aun así, era mejor sentir dolor, a ser un fantasma que vestía su piel, y existía sin emociones, sin propósito.

El ardor del odio era mejor que la tristeza y la impotencia. El resentimiento por la soledad –todo, cualquier cosa...

Se dijo, se convenció.

Pero como siempre, su poca convicción se desvanecía. Todos esos sentires se borraban cuando el miedo y la preocupación aceleraron su ritmo cardíaco. Cuando un nudo en su garganta se instalaba y el frenesí llegaba.

Porque Sakura no había sentido éste terror antes.

Porque si no actuaba rápido, el hombre que una vez amó moriría en esa camilla maltrecha. Su cuerpo tan cerca, bajo sus palmas experimentadas, pero su razón, su consciencia tan lejos.

Porque si ella no actuaba rápido, ambos, de verdad, estarían muertos.

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Su mente divagaba, nada diferente al estado de embriagues que él solía abrazar en sus noches de soledad. Y como todas esas veces, su mente le conjuraba. A pesar de la luz que lastimaba sus ojos, de los borrones que era el alrededor por su mente distorsionada.

Pero le escuchó. Su voz.

Y le vio. Su espíritu le miraba, estiraba su mano hacia él y le invitaba a dejar el plano terrenal. Abandonar su triste existencia.

Llamándole, él aceptó cerrar ese trato. Porque no podía seguir sin ella.

Sakura...

Pero ese espíritu dejó su clamor, y la incertidumbre se mostró en su rostro.

"¡Sasuke, resiste! ¡Resiste, quédate aquí!"

Su voz ahogada en apuro, y él no encontraba la manera de razonar el porqué.

Simplemente todo se volvió negro.

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Los días que construyeron su relación fueron bordeados de afecto, silencioso amor e insistentes toques. Él era el complemento de su vida, y sabía que ella era lo mismo con la suya. Se conocían desde hace mucho, y su relación se convirtió en tal con un beso; su única declaración. Todo se acopló luego de eso.

Jóvenes, ambiciosos.

En su momento se sentía correcto. Sus vidas eran trazadas en papel delgado, ambos movían sus manos para dibujar esas líneas.

En su momento, había sido más que correcto.

Pero el gris de la ciudad, el frío de la realidad fueron cosas que agrietaron sus ideales.

Era normal, las personas cambian, maduran.

Decir adiós no era morir. Despedirse, arrancar la hoja y comenzar una nueva historia era, después de todo, lo más sano.

"Nadie quiere vivir estancado." Se habían dicho.

A pesar de que estos sentimientos son fuertes, no son para siempre.

Ella estaba de acuerdo.

Porque al crecer se dieron cuenta de que la vida ideal no era aquella de sus fantasías y deseos. No siempre se podía tener lo que se deseaba. Y debían escoger.

"Uno no vive de amor."

Ambos coincidieron.

Sin embargo, muchos años después se dieron cuenta que uno podía perecer por amor.

Recuerdos hermosos que atormentaban sus miserables vidas.

Sasuke y Sakura simplemente no pudieron cerrar ese capítulo que era cada uno en sus vidas.

Y tampoco podían regresar páginas atrás.

Simplemente, nada.


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No me arrepiento de nada.