Flor Artificial
Por
Kuraudea
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Capítulo XXIV
Momento.
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«Ciertos pensamientos son plegarias. Hay momentos en que, se cual fuere la actividad del cuerpo, el alma está de rodillas»–Víctor Hugo.
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«El momento tiene dos momentos deliciosos: el primero y el último; lo malo es el tiempo que transcurre entre ellos»–Noel Clarasó.
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—¿Qué estás haciendo, Lucy?
—Lo que consideró que es por bien, Brief.
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En ese momento la lluvia era gobernante sobre el reino del anochecer. Faroles iluminaban cada esquina de las cuadras con su luz amarilla, algunos de ellos por efecto del agua parpadeaban segundo a segundo sin parar. La sensación que abordaba en su interior era igual al vacío, al vértigo; ésta efervescencia se expandía en su pecho y estómago. ¿Qué había ocurrido exactamente?, se cuestionó con lágrimas en sus ojos, mismas que se barrieron de sus mejillas al unirse con la lluvia.
—Esto debe ser una broma…—susurraron sus labios al separarse unos milímetros mientras su mente fue víctima al recordar lo que para él le fueron palabras absurdas. «Te amo con todo mi ser …y por eso mismo hago esto»
Pronto tomó el celular que había caído sobre la acera de la banqueta. Trató de reincorporarse, tambaleaba como si el cuerpo hubiese adquirido un peso extra de lo normal; se sintió de plomo. Con el rostro cabizbajo se mantuvo de pie; apretó sus puños ante la frustración, pues ciertamente creía que TODO estaba bien, ¿O cuál había sido su error esta vez? Entretanto sus ropas empapadas se adherían a su piel, sus mechones planos que adquirieron un color más subido se escurrían a chorros. Y así, con el ceño fruncido y la mirada firme hacia adelante tomó camino sin tener en mente un rumbo fijo, una dirección o una pista que lo condujera a ella.
—Mai…—le nombró para tomar la fuerza que necesitaba en ese instante.
Y corrió.
Corrió volteando hacia ambos lados con la fe y la esperanza de encontrarla en un rincón o sentada sobre una banca. Deseaba arreglar las cosas, pero ¿Exactamente arreglar qué? Si para él todo estaba bien. ¿O no estaba bien?
Entre trotes desesperados mientras la lluvia caía como agujas sobre su espalda, reconoció lo mucho que falló en el inicio de la Sede Norte; la propuesta, el planteamiento y todo su contexto.
El único culpable de todo: ÉL.
Sin embargo tuvo su castigo. Lo que realmente merecía por su obstinado atrevimiento, por enamorase de quién no debía. Por ello se juró a sí mismo que nunca iba a volver a fallarle a nadie. Cuando la flor regresó a su vida renunció a todo por llevar una relación sincera, con los valores y con el compromiso que ésta requería; siempre habrá un sinfín de oportunidades para ser felices, aunque los tropiezos sean constantes, una luz en camino siempre existirá. Sabía también que su comportamiento de los últimos meses había sido muy prepotente de su parte. Sin embargo, nada tenía que ver con su vida amorosa sino se trataba de simples cuestiones labores que lo volvían loco.
—Estúpido—se reprochó el mismo ante los recuerdos; continuó con su camino sin rumbo.
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Después de buscar a Mai por un largo trecho, se detuvo en seco y agachó medio cuerpo; jadeaba víctima del cansancio. Al voltear a su costado divisó un establecimiento del Capital Xpress, pues la luz blanca del lugar traspasaba los ventanales y los cristales de la puerta. Al ver que su teléfono no reaccionaba, se dirigió al lugar al cruzar la calle.
—Buenas noches, bienvenido…—el joven de gorra y camisa verde con la iníciales en cursiva «C.X» dirigió su mirada al cliente–¿S-Se le ofrece algo, joven?—preguntó el empleado en turno un poco temeroso pues la apariencia del Brief no era muy de fiar. Su faz no era para nada amigable, estaba empapado, además el contorno de sus ojos lucían irritados por el reciente llanto.
—Un teléfono celular, por favor.
—¿Algún modelo en especial…?
—No importa, el que sea está bien.
—D-De acuerdo…
El joven abrió la vitrina que exhibía una gran variedad de teléfonos; sudaba la gota fría pues estaba completamente seguro que se trataría de un asalto a mano armada; sacó el artículo y deslizó el código de barras sobre el lector del mostrador.
—S-Son 500 zenis, p-por favor.—esperando que el Brief sacara del pantalón un arma, el joven tenía listo el dedo índice para presionar discretamente el botón de la alarma y posiblemente gritar como una niña «¡AYUDAAA!»
—Aquí tienes…—el azul le entregó al empleado un billete mojado de denominación grande—Cóbrate también una caja de cigarrillos mentolados y un encendedor.
—¿Eh…?—el joven tomó el billete y lo observó entre parpadeos—S-Sí—asintió.
Después de hacer el cobró, Trunks trajo consigo los artículos que estaban dentro de una bolsa de plástico con el logotipo de la tienda.—Quédate con el cambio— fueron sus últimas palabras y salió del establecimiento.
El joven por su parte había completamente perplejo—¿Q-Qué me quede con el cambio?
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El azul deslizó su cuerpo sobre una de las paredes de cristal del exterior hasta caer sentado en la banqueta. El techo que sobresalía del establecimiento le protegía de la lluvia. A su lado, permanecía fija una maceta café de tamaño grande. La estructura de barro protegía las raíces de una palma frondosa, verde en abundancia. El joven flexionó sus piernas y llevó un cigarrillo a sus labios en lo que sacaba el nuevo celular de la caja; prendió el aparato y marcó los dígitos que se sabía de memoria desde los tiempos del Norte.
Y mientras salía la llamada le imploró a todos los cielos:—Por favor contesta.
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La puerta de su segundo hogar se abrió y se cerró bruscamente mientras sus ropas se estilaban a chorros. Las penumbras de las oficinas de Polaris le ofrecieron el abrazo que necesitaba. Sin fuerzas su cuerpo se desmoronó en el suelo de madera, sus brazos rodearon sus piernas flexionadas y perdió el control de sí misma al llorar sin consuelo.
—Dios…dios...
No existía algo que le reconfortara de tal sacrificio que estaba haciendo por amor, pues esos actos son los que más hieren.
Sin embargo, su llanto cesó al escuchar el sonido de su celular, por suerte lo había guardado dentro de los bolsillos de su gabardina verde; estos contaban con un forro plastificado recubierto de tela. El artefacto telefónico iluminó tenuemente con su luz blanca, pues en la pantalla se mostraba una llamada entrante de un número desconocido, aunque poco bastó para imaginarse de quien se trataba.
—Trunks…—mordió sus labios y lágrimas se formaron nuevamente al ras de sus ojos rasgados—¿Por qué lo haces más difícil?—cuestionó—Maldito testarudo, entiende que esto es por tu bien—e ignoró el llamado mientras controlaba su llanto. Sin embargo el artefacto sonó una y otra vez sin descanso—Basta…—limpió sus lágrimas y se puso de pie.
Al dirigirse a la pequeña bodega de Polaris, dejó a su paso un caminito de agua con la huella de sus botas. Subió las escaleras de caracol y accedió al lugar al darle un empujón fuerte a la puerta. Sinfín de estantes con planos enrollados había alrededor. Fue así que recordó que había dentro de una caja algunas prendas viejas, era urgente que se quitara lo mojado pues no deseaba pescar un resfriado.
Emprendió búsqueda al husmear en cada cartón.
—Aquí están— encontró antiguos uniformes y unas pantuflas—Bien…—en la brevedad de unos segundos se desnudó mientras la blancura de su piel se vio iluminada por el claro de Luna que se filtraba por el pequeño tragaluz de la pared; vistió una playera larga con la insignia de Polaris en el pecho; puso su ropa a estilar sobre una silla y continuó revisando otras cajas. Pronto encontró una colchoneta, una almohada y una frazada doblada. Al no tener a donde ir pensó en acampar en la bodega.
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Después de haber hecho un «tendido» regresó a la planta baja y mientras tanto su celular seguía sonando sobre su escritorio, suspiró, no había duda que era Trunks.
—Perdóname…—con el rostro afligido se fue de largo hasta llegar a la mesa del café. Preparó la cafetera y a los pocos minutos vertió el líquido oscuro en una taza. Quería calentar su cuerpo porque estaba hecha un témpano de hielo; con taza en mano y un paquete de galletas, caminó hacia el enorme ventanal de Polaris.
Sentada en el piso observó a los lejos el gran rascacielos de la poderosa compañía de CC, así como lo había hecho el primer día que su colega le afirmó que trabajarían al lado del empresario Trunks Brief.
Y pensaba en sus acciones, no podía dejarlas a un lado—Trunks…—dijo su nombre en un hilo de voz, sufriendo con los sorbos de café como si éstos fuesen veneno. Pero así tenía que ser, por Él, por el bien de su empresa y por su futuro.
El teléfono seguía sonando hasta que joven decidió dejar un mensaje de voz.
»Sé que estás ahí, Mai—sollozaban—Hay que charlar, ¿sí? Te lo suplico, pero por favor no estemos así. Si tan solo tú me dijeras donde estás..—se cortó el mensaje y entraba otro y otro.
»Te necesito.
»¿Qué voy hacer sin ti? Te amo.
Las manos le hormigueaban por tomar el maldito teléfono y contestar: «¡Yo también te amo!». Pero NO. No debía, no podía, no echaría a peder todo. Dejó el café por un lado y con desesperación rascó su nuca, jalaba sus cabellos y alzaba la voz en un quejido lleno de dolor—¡Ahhh!
Y la lluvia, entretanto, siguió como juez de la decisión que había tomado al escurrirse por el gran ventanal divisando el sufrir de la mujer.
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Irremediablemente con una apariencia de vagabundo, regresó al departamento con la esperanza en los suelos. En cuanto llegó a su «hogar» se quitó la ropa húmeda, tomó una ducha con agua tibia y al salir vestido solo con ropa interior, se tiró de golpe a la cama con los brazos extendidos; observó el techo por buen rato y no supo en que momento se quedó dormido.
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Sus ojos se abrieron poco a poco al recibir la luz solar del día siguiente. Pronto se quejó al sentir un malestar en su estómago como tipo resaca «Ahhgg…» estaba trasnochado, con el corazón partido y con leves síntomas de un seguro resfriado. La cabeza le daba vueltas al recordar los sucesos ocurridos de hace un par de horas: no encontró a Mai, no entabló contacto con ella, y justo al recapacitar se preguntaba qué era lo tenía que hacer.
Entretanto, un leve sonido que provenía de la bocina de la computadora de escritorio insistía. Fue así que el joven se reincorporó y le echó un vistazo a lo que parecía un nuevo correo electrónico de parte de la Corporación Cápsula; con el rostro lleno de pereza le dio un clic y leyó:
Estimado Presidente Brief.
Me comunico con usted para informarle la situación actual que atraviesa la Corporación Cápsula. Sé que teníamos un acuerdo entre usted y yo en cuanto a su renuncia, pero ahora más que nunca es necesario su regreso a la compañía. Por una mala decisión del ingeniero Domm, tuvimos una gran pérdida de 3 millones de zenis al salir productos de nuestra compañía con déficit de calidad por adquirir materia prima del Oriente. Puedo asegurar que esto fue una mala jugada por parte del proveedor que hasta el momento no ha dado la cara con nosotros. Tal vez debido a su ausencia CorporationStar quiso aprovechar y tramó esta situación con el afán de perjudicar el renombre de la empresa.
Comuníquese conmigo por favor, hay mucho que resolver.
Con cariño, Rita.
—Resuélvanlo como puedan—susurró el azul con el ceño fruncido, ahora simplemente no tenía la suficiente cordura para pensar en una estrategia de salvación cuando su vida personal estaba a la deriva—Lo siento…—se levantó.
Se alistó al vestir un pantalón de mezclilla y chamarra de gamuza café; a prisa tomó un café con dos tabletas para contrarrestar el cuadro gripal que estaba a punto de manifestarse. Dentro de un vaso de cristal estaba su viejo celular sumergido en arroz, pues se dejó llevar por aquel mito que todo mundo aplicaba para que absorbiera el rastro de humedad. Por fortuna el aparato prendió correctamente —Bien…—se colocó gafas oscuras, tomó sus llaves y salió; era el momento de seguir buscando.
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—¡¿Q-Qué hiciste que?!—preguntó alterada la jefa de Polaris—No entiendo, ¡En verdad no te entiendo, Mai!.
—Ya te dije mis razones.
Ambas mujeres dialogaban, pues vaya sorpresa se llevó Violet al abrir la puerta y ver que su colega estaba ahí «¿Pero qué diablos haces aquí?»
—Pero tú eras feliz, ¿no?
—Por favor, Violet—apretó los puños y al desviar el rostro apretó los ojos con fuerza—Ya no me cuestiones más—la Ribbon se acongojo ante su reacción.
—Mai…—le nombró y trató de proseguir—De acuerdo...—resopló— No me queda duda que continuarás con esto, ¿cierto? Entonces quiero exactamente que me digas ¿Qué vas hacer? Es muy seguro que Trunks te busque aquí en Polaris o e incluso vaya con la abuela Merry, ¿Qué pasará con tu casa? A lo que quiero llegar es... ¿Por qué no dialogas con él y ya?
—Porque sé que se negará, lo conozco bien. Además no me dejará tan fácilmente. Supongo que de esta manera me odiará, se olvidará de mi y —hizo un silencio lleno de dolor— …así será más fácil para él regresar a su vida. Viviré un tiempo en la bodega, ¿sí? En caso de que venga dile que renuncié, que me fui a vivir a otro lado, no sé, cerca del mar o qué sé yo. Yo me encargaré de hablar con mi abuela.
—¡Aaahggg! ¡En que aprietos me metes!—retorcía los dedos de sus manos debido al estrés.
—Perdóname—suspiró—Creo que daré en venta mi departamento. En una escapada iré a encapsular mis cosas y por Kuro.
—¿Quién diría que volveríamos a estar en una situación similar a la de hace años?—la azabache asintió despacio—Aún así, piénsalo una vez más, Mai.
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Como si fuese un halcón en busca de su presa, observaba para todos lados mientras manejaba a velocidad máxima. Exactamente no sabía por dónde comenzar o qué ruta transitar primero, pues debido a tantos nudos en su mente no pensaba con la claridad necesaria. Por ello cuando vio un lugar libre, estacionó el auto de forma brusca; el chillido de las llantas aturdió a más de alguno alrededor y con las manos sobre el volante meditó al respecto.
—¿Dónde diablos estás, Mai?—con celular en mano marcó nuevamente al número de la flor.—Por favor contesta…contesta…—y nada, no hubo respuesta alguna—Maldición.
Al reincorporarse al carril para continuar con su búsqueda, un auto con la insignia de la CC, hizo alto justo a su lado ante el semáforo en rojo. El joven volteó, pues ciertamente el vehículo había llamado totalmente su atención. De momento observó que la ventanilla del copiloto bajaba.
—Hola cariño…—saludaron con lentes oscuros y cigarrillo en mano.
—¿M-Mamá…?—el joven quedó boquiabierto, estaba sorprendido.
—Tanto tiempo sin vernos, ¿verdad?
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—Un café para la dama—depositó la bebida caliente sobre la mesa el joven mesero de playera blanca y mandil—Y un café tipo americano para el joven—ante la sorpresa de haberse encontrado con su madre, no hubo más remedio que buscar un lugar para charlar—Iré por los postres, vuelvo enseguida—el mesero tomó la charola y partió.
—Gracias—dijo la mujer de negro y elevado flequillo sesgado—Querido, te encargué un trozo de pastel de limón. Es tu favorito, ¿cierto?—le lanzó un coqueto guiño.
—No me traste como un niño, por favor.
—Para mi siempre serás mi pequeño, un poco rebelde pero finalmente mi amado Trunks. No te culpo, es familia—el azul esbozó.
—Mamá...—le miró a los ojos asintiendo—Te quiero muchísimo, y en verdad me da un enorme gusto el saludarte pero, tengo un gran pendiente por resolver y, creo tengo que irme.
—Trunks, hijo, te ves muy bien—tomó su mano con calidez maternal— Pero para alguien que estuvo todo un año de vacaciones, luces con mucha tensión. Desde tu regreso del Norte muchas cosas cambiaron, todo se desmoronó: el problema con los Jinzo, la cancelación de tu compromiso con Marron, luego un día sales de vacaciones con las intensiones firmes de abandonar la empresa para siempre, ¿Sucede algo cariño?—el joven desvió la mirada—Estamos en un momento en que necesitamos unir fuerzas, la corporación pasa por un lamentable momento, ¿Lo sabes verdad?
—Sí, lo sé. Rita me lo informó por un correo electrónico, ¿pero sabes, mamá? No estoy lo suficientemente concentrado para llevar este problema, no sé, si quieres les diseño una estrategia de salvación o algún protocolo que establezca paso a paso qué hacer. Todos fallamos, seguro Domm sabrá resolverlo adecuadamente.
—Pero tú tienes más experiencia que él, Trunks. Eres el más capacitado, por ello mi padre siempre confió en ti—lo último dicho por la científica le apuñaló le corazón.
—Yo…—sus orbes azules se tornaron cristalinos como si un nudo en la garganta lo afligiera de decir la verdad—…no puedo volver—se levantó de una y salió del lugar.
—Trunks…
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—Iré acostarme un poco, ¿está bien? Deseo tanto que se me quite esta horrible jaqueca, no me deja concentrarme—soltó las escuadras que deslizaba por los planos; retiró sus anteojos.
—Sí, de acuerdo—contestó Violet mientras la flor subía las escaleras de caracol que conducían a la bodega—Espera un momento, Mai.
—¿Eh?—la azabache frenó, volteó hacia su colega.
—Toma esto—ésta le aventó una caja de tabletas para la migraña—Con dos píldoras te sentirás mejor—asintió.
—Gracias, Violet.
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La ventana del convertible plateado se subía lentamente con el sonido motriz de su instalación eléctrica; él se había estacionado justo enfrente de las oficinas de Polaris.
—Aquí vamos…—bajó del vehículo y al divisar que no venia autos en ambos sentidos, cruzó la calle entre trotes. Mientras sus manos permanecían dentro de los bolsillos de su chamarra de café, subió las escaleras. Un par de segundos le tomó para llegar a la planta indicada del edificio.
Violet desde su escritorio se mantenía ocupada sacando algunas cotizaciones de un proyecto en el que actualmente trabaja Polaris. Fue así que de repente se escuchó el timbre de la puerta aclamando ser atendida.
La jefa de Polaris por propia corazonada supo que se trataba del Presidente Brief; Mai desde la bodega también lo supo, pues pese a que permanecía acostada sobre la cobija, se percató del llamado.
»Trunks—susurraron sus labios rojos.
Y la puerta del hogar de las estrellas, se abrió dándole la bienvenida.
—Presidente Brief—saludó la violeta poniendo todo su esfuerzo por ayudar a la situación.
—Violet…
—¿Gusta pasar?
—Por supuesto.
—Adelante—le dio el pase la mujer—Tome asiento.
—Que se pierda la formalidad, Violet, háblame de «tu»
El joven caminó y tomó asiento en un sillón cerca del gran ventanal.
—¿Café? ¿Un cigarrillo?—invitó la mayor mientras fumaba.
—No, gracias—observaba desde el ventanal el rascacielos de la CC—Bonito lugar de trabajo, es acogedor. Te felicito.
—Gracias—se acercó a él y tomó asiento—Como dueños de nuestras propias empresas, sabemos lo importante que es el entorno donde nos desempeñamos. Si nos gusta nos sentimos cómodos, relajados, sacamos nuestros compromisos con optimismo; nuestras empresas ciertamente se convierten en el segundo hogar que nos da protección. Aún recuerdo lo bella que es tu oficina, y tú gran cabaña en el Norte—expulsó la última bocanada de humo—En momentos de crisis por salvar a nuestras empresas, nos jugamos todo.—lo último fue haciendo hincapié al reciente problema de la Corporación.
—Creo que tienes razón—asintió cabizbajo—Por más trabajo que sea siempre se empapa con nuestra esencia, como por ejemplo ese detalle se me hace fenomenal—señaló el pizpireto letrero luminoso de Hard Rock—O también este ventanal que es precioso, apenas puedo creer que entre las nubes se vea mi oficina.
—Es nuestro panorama de todas las mañanas, Trunks—ambos se observaron con la discreción de una sonrisa—Pero dime, ¿A qué se debe tu visita?—cambió bruscamente de tema.
—Quiero saber dónde está mi mujer—dijo sin rodeos.—Y no sé por qué creo que tú eres la indicada para decirme dónde está—los orbes azules observaban a distancia el escritorio de su flor con materiales encima.
—Lamentablemente no te tengo buenas noticias.
—¿A qué te refieres?
—Mai no está, Trunks. La vi porque vino a renunciar y como ya no pertenece a Polaris no sé dónde está. Que seamos amigas no significa que sea su sombra. Además de su boca salió que vendería su departamento. Probablemente buscará otro lugar para vivir, no sé, tal vez cerca de la zona del mar. Sin embargo, no es algo que pueda garantizarte.
—Por favor, Violet—lágrimas se resbalaban por sus mejillas, mismas que se desprendían de los luceros desde la bodega tras escucharlo sollozar—No me mientas, no soy un idiota…—se hincó ante la mujer y tomó sus manos—No tienes idea de lo mucho que la amo, de cómo me siento. ¡Estoy que muero!. Yo no sé qué hacer con esto…Yo…—agachó el rostro—Yo no sé en que fallé.
La Ribbon que no perdía postura, sintió pena por el Brief.
—Lo siento tanto, Trunks…—acarició sus mechones lilas—En verdad lo siento—trató de consolarlo de alguna manera—Pero ánimo, hombre, no es el fin del mundo. Eres joven, apuesto, inteligente, seguro volverás a ser feliz. Sé lo mucho que Mai te ama, lo sé, me consta, pero a veces solo nos queda recordar los bellos momentos y seguir. Gracias por haberle ayudado tanto, por ti ella volvió a ser la misma de antes—el azul levantó su rostro y observó a la mujer fijamente.
—¿Entonces así termina todo? ¿Así como si nada todo se va al carajo?—se levantó irritado y fue hacia la salida; le parecía injusta la situación.
—No te molestes, por favor—la mujer trató de detenerlo—Entiendo lo que sientes, pero créeme, no está en mi.
Justo debajo del marco de la puerta el Brief divisó a la mujer desde su hombro. Sin más palabras que agregar asintió al fruncir su mirada; se marchó.
—Dios, qué dilema…—el rostro de Violet se llenó de angustia.
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El fruncir de su mirada que se reflejaba en el retrovisor de su auto, lo decía todo. ¿Por qué Mai se negaba a verle? ¿Por qué Violet la solapaba?
—Maldita sea—tronó los dientes y con fuerza golpeó repetidas veces el volante—¡Maldición! ¡Maldición!—la ira se transformaba en llanto y el llanto en locura al dejar libre una risa.
Estaba decepcionado.
Dolido.
Y mientras su corazón estaba afligido por el amor que sentía, su mente bajo las circunstancias establecidas le arrojaba pensamientos turbios, equivocados, pues se juzgó infinidad de veces en qué había fallado si lo había dado todo. Ahora resultaba que de la nada lo abandonaban como una simple papel . ¿Y todo lo vivido que?
—¿Por qué Mai?—esbozó con recelo—¡¿POR QUÉ MALDITA SEA?!
¿Por qué ahora el destino le tenía preparado ese AS bajo la manga? Tal vez era las consecuencias del inicio de todo. Sin embargo, sin predisponérselo y con esa sensación amarga en la garganta; la recordó. Y no sólo a sus ojos celestes sino comprendió un gramo de su antiguo sentir.
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Después que el rato de ira cesará, el joven asintió «aceptando» la realidad de manera errónea—¿Entonces así será?…—se acomodó en el asiento, prendió el vehículo y arrancó chillando llantas tomando rumbo hacia el departamento. Mientras manejaba tenía claro mandar al carajo a todos.
Cuando llegó a su casa rápido prendió la computadora de escritorio, en un rato de lucidez entabló una estrategia para equilibrar el problema de la CC; la envió por correo electrónico a Rita con el encabezado: "Solución & Acción, depende de ustedes", con eso dejó muy en claro que sería el único aporte que haría para la compañía porque no iba a regresar.
—Bien.
Con un pendiente resuelto, desesperado empezó a encapsular sus pertenecías, generalmente ropa, los muebles en sí no le importaban en lo absoluto. Al empacar sus prendas sobre la cama, el verdugo de su nueva vida le saludaba con la realidad, con la decepción y con la furia en su rostro; al verse frenó paralizado.
—No te rías, maldito…—susurró al tomar un frasco de loción y sin pensarlo mucho lo lanzó contra el espejo haciéndose añicos —Desaparece de mi vida—le advirtió, tomó sus cosas y salió de la recámara.
En el área de sala-comedor, Kuro hizo que frenara al restregarse en sus piernas.
—Hola bonita—le saludó al agachar el rostro, luego se agachó para acariciar su lomo. Para no tener cargo de consciencia antes de partir le sirvió suficiente comida y agua. Sin embargo la gatita no deseosa de comer, brincó al sillón y tiró la fotografía de estudio de la pareja entre ronroneos y maullidos «¡Meeeooow!».
Trunks se acercó—¿Pero que hiciste?—tomó el retrato y su vista se tornó cristalina, suspiró—Tengo que irme, cuídate pequeña—salió con la fotografía en mano.
Bajó las escaleras metálicas, cruzó el cerco y desactivó a distancia la alarma del auto; regresaría a vivir a su departamento de soltero pues no tenía más opciones en mente. Sin embargo, antes de subir al convertible, observó el departamento, la banca, la maceta con el rosal azul más todos los recuerdos sumados que estaban plasmados en las paredes grisáceas: Su vida. El aire revoloteaba sus mechones de un lado a otro y con el corazón destrozado se despidió—Adiós…
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Una semana se había cumplido desde entonces. Entretanto, Mai, fue a saquear su departamento con la ayuda de Violet.
—Por favor no tarde demasiado, Mai—dijo la violeta sosteniendo el volante de su auto tipo tanque militar.
—Sí, será rápido. Cualquier cosa me marcas a mi teléfono y saldré enseguida, ¿Sí?—por su bien no deseaba ver a Trunks.
—De acuerdo—afirmó Violet y Mai salió del vehículo para dirigirse al lugar.
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En cuanto abrió la puerta, Kuro la recibió.
—Prrrr~~
—Vámonos de aquí, pequeña—la introdujo dentro de una transportadora. Con tristeza divisó el lugar, nostalgia perfumaba el ambiente de lo que alguna vez fue un lugar lleno de amor. Tal sentimiento era latente, existía, pues por más loco que fuese la situación, el amor había sido el causante de todo.
El amor.
Empacó en la brevedad de unos minutos todos sus artículos personales y de importancia. Fue en eso que se había percatado del cristal hecho añicos—Trunks…—susurró su nombre, pues en el acto captó violencia e ira.—No es así, Trunks…—sin embargo no había marcha atrás. Tomó sus pertenencias y salió del lugar.
—¿Lista?—le preguntaron a la estrella al regresar.
—Sí, Violet.
—Bien, entonces hay que marcharnos.
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—Te veo mañana, Mai—gritaban desde la planta de abajo —Cuida de mi bebé—se refería a las oficinas.
—¡Claro! ¡Ve con cuidado!—contestó la azabache desde la bodega—¿Por cierto, Violet?
—¿Eh?—frenó la nombrada y dirigió la mirada hacia las escaleras de caracol—¿Qué sucede?
—G-Gracias. Gracias por siempre estar a mi lado.
—Descuida—esbozó una sonrisa—Sé que tú harías exactamente lo mismo por mí—colocó sus manos en la cintura—Bueno, ahora sí me voy. Hasta mañana.
—Hasta mañana.
Y Polaris se vistió de oscuridad.
La estrella quien brillaba por su blancura con el destello del claro de Luna que se filtraba por el tragaluz, permanecía acostada boca arriba sobre la colchoneta, su cuerpo se cubría gracias a un par de frazadas. Por fortuna ya había cenado un rico ramen al lado de su colega, después tomó una ducha en el viejo baño oxidado de Polaris y se preparó para dormir; la gatita Kuro estaba acurrucada a su costado, y ella, entretanto, publicaba con la ayuda del celular algunas imágenes de su hogar en una página de venta/renta de inmuebles.
Fue así que antes de dejar el artefacto, una llamada entró.
—¿Eh? ¿A-Abuela Merry?—contestó de inmediato al deslizar su dedo sobre la pantalla táctil.—¿Hola?
—Hola, querida—se escuchó la voz de la dulce anciana.
—Abuela Merry, no sabes el gusto que me da escucharte.
—De repente una angustia me presionó en el pecho y decidí llamarte, ¿Estás bien, cariño?—preguntó mientras se mecía en la poltrona; tejía frente al fuego de la chimenea.
—S-Sí—contestó con aires notorios de falsedad—En otra ocasión platicamos, abuela.
—¿Segura? Pero dime, querida, ¿Cómo está Trunks?
—Bueno…él…
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Él bebía la segunda botella de tequila en un bar popular ubicado en la famosa calle 33 de la Capital del Oeste. El líquido de color amarillo rebosó el vaso ante el mal «tanteo» de alguien totalmente ebrio, y peor aún, obstinado a no irse del lugar. Una semana llevaba bebiendo sin escrúpulos hasta que perdía toda la razón de sí mismo; bien había dicho que mandaría todo al mismísimo carajo.
—Señor Brief…—el mesero quien atendía la barra de bebidas trataba de calmar al muchacho—Creo que ya no debería beber más—sugirió.
—Y yo creo que deberías de cerrar la boca—esbozó una risa burlesca al tiempo que se tambaleaba en el banco. Al hacer caso omiso de lo dicho, se empinó el vasito tequilero de una; con el pulso hecho trizas se sirvió otro—Oswaldo, brindemos—levantó la vista cabizbaja, jadeaba. Su respiración se escuchaba forzada.
—Mi nombre es Wilson, Señor—contestó el hombre robusto de mandil negro; las perlas de sudor que brotaban en su frente resaltaban ante su calvicie.
—¡Bah, como sea! ¡Brindemos Wilson!—el azul le sirvió un trago y lo deslizó sobre la barra hasta hacerlo llegar al hombre—Aquí tienes.
El mesero sin más remedio tomó el vasito—¿Y por qué brindaremos, Señor?
El Brief le miró fijamente con el ceño fruncido. Con la poca cordura que quedaba en él, contestó:—Por malas jugadas de la vida—bebió.
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—¿A dónde cree que va, Señor?—preguntó el mesero tras ver que se dirigía tambaleándose a la salida.
—Voy por mi coche, ¿Qué no es obvio?—agitó las llaves con la mano.
—¿Acaso está loco?—de inmediato se interpuso a su paso.
—Hazte a un lado, déjame pasar—dijo irritado el azul.
—No.—el hombre lo empujó de los hombros y lo hizo caer en una silla.
—¡OYE MALDITO!—se quejó desde el lugar, pero sin más fuerzas inclinó la cabeza hacia atrás y a los pocos minutos de decir disparates, quedó profundamente dormido.
Queriendo ayudar al joven, sacó del bolsillo de su chamarra su móvil.
—Me pregunto si este aparato tendrá opción de llamada de emergencia …—observaba el teléfono torciendo los labios.
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De la cocina se desprendía un vapor denso. Poco bastó para que abarcara el diminuto lugar.
—¡Cof, Cof! ¿Seguro que no necesitas ayuda?
—Parece que dudas de mis habilidades culinarias, Marron.
—No, para nada—se sonrojó—De hecho fuiste muy amable en invitarme a cenar a tu departamento.
—Espera un poco, ya casi termino—salcochaba torpemente los fideos con verduras y soya; agitaba el preparado sujetando el mango del sartén como todo un chef profesional. No le faltó el paliacate en la frente.
La celeste le observaba sentada en el suelo alfombrado. Sus manos, entretanto, se recargaban en una mesa tipo oriental.
—Listo—salió el joven Son de la cocina con charola en mano. En ella, llevaba dos platos con arroz y fideos además de una jarra de té de durazno—Aquí tienes, Marron—deslizó el plato hacia la rubia.
—Gracias, Goten—sonrió mientras sujetaba los palillos—Se ve delicioso.
—Adelante—señaló el platillo. Fue así que ambos juntaron sus manos y agradecieron por los alimentos «¡Buen provecho!»
El hijo de Gokú para sentirse cómodo sacó del bolsillo del pantalón su teléfono y lo colocó a un lado de su plato—Ah, mucho mejor.
—¿Sucede algo?
—No es nada, solo que sentía apretado el pantalón de la ingle y mejor saqué mi teléfono. Por cierto, ¿Te gustó mi guiso especial, Marron?—preguntó al ver que la rubia estaba fascinada.
—Por su puesto—asintió—Dime, ¿Cómo se llama tu receta?
—Lo nombre "Fideos Goten"—sonrío de oreja a oreja—Sé que el nombre no es muy original pero …—acercó el rostro hacia la chica y susurró—…El secreto está en el tomate…
—¿E-En el tomate?—parpadeó la Jinzo con la punta de los palillos en los labios ante lo absurdo de su confesión.—Ya veo…
—Secreto de familia, tú sabes—encogió los hombros soberbio.
Entre diversas charlas y risas terminaron de cenar, pero inesperadamente el teléfono del Son recibió una llamada.
—Goten, creo que está sonando tu celular—aseguró la rubia al sentir vibración en la mesa. Sin darle mayor importancia le dio un trago a la bebida de durazno.
El joven cuando le echó un vistazo a su celular y descubrió quién era el remitente, quedó pasmado. Decidió ignorarlo de momento.
—¿No vas a contestar?—le cuestionó Jinzo pues el móvil no dejaba de vibrar—Seguro es algo importante.
—Lo que pasa…lo que pasa es …—le mostró la pantalla a la chica y ésta leyó su nombre impresionada.
—Tr-Trunks…
—¡¿Lo ves?! ¿Qué se supone que haga?—torció sus labios.
—Supongo que contestar.
—Él ya no es mi amigo.
—¿Entonces de no serlo por qué te marcaría?
—Mmmm…
—Tal vez es alguna emergencia, mira—señaló su reloj de mano—Pasa de la media noche, esas llamadas no se deben ignorar.
Goten se cruzó de brazos, cerró los ojos y esbozó sentidamente, su nobleza pese a todo era grande —Está bien…—tomó el teléfono de mala gana y contestó:—¿Diga?
—¿Usted es amigo del Señor Brief?
—¿Eh?
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El taxi conducía en la metrópolis con matices nocturnos.
—¿No me vas a decir a dónde vamos?
—Te llevaré a tu casa primero.
—NO. Yo también quiero ir.
—No es necesario que veas escenas de este tipo.
—No me importa, yo te quiero acompañar—exigió con el ceño fruncido.
En eso el taxista intervino clavando su mirada en el retrovisor:—¿Llevaremos a la Señorita a su casa?
—Bueno…—Goten observó fijamente a los orbes azules, después de unos segundos respondió:—No. Siga con la ruta.
—De acuerdo—asintió el conductor de gorra.
—Gracias—asintió la rubia por su aprobación.
—No agradezca—se cruzó de brazos—Aunque sigo creyendo que no deberías de ir.
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—Llegamos—afirmó el taxista—Son 50 zenis.
—De acuerdo, aquí tiene—el muchacho pagó la tarifa y ambos bajaron del auto. Justo estaba en la entrada del bar—¿Entramos?
—Sí—empujaron la puerta y una pregunta los recibió haciéndoles frenar.
—¿Usted es Son Goten?—preguntó el mesero.
—S-Sí, así es.
—Gracias por venir. Mi nombre es Wilson, trabajo aquí en el bar.
—Entiendo.
—Seguro se pregunta cuál es el motivo de mi llamada, ¿No es así?
—Sí, ¿Q-Qué sucede? ¿Dónde está Trunks?
—Su amigo está tan ebrio que no da para más. Ahí está—señaló la silla donde estaba el Brief.
—Dios…—expresó Marron asombrada al cubrir sus labios.
—Lo peor es que quería manejar en ese estado. Aquí tienen las llaves del convertible —le entregó al muchacho—Te ayudaré a subirlo al auto.
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Ambos hombres lograron llevar a Trunks en el asiento trasero del coche.
De un empujón el mesero cerró la puerta—¿Sabes conducir, Son Goten?
—Ah, sí—asintió—Muchas gracias por avisarnos.
—Al contrario, gracias por venir. Se nota que son grandes amigos. Gracias a que el Señor Brief lo tenía agregado como número de emergencia es que pude llamarlo.
—Comprendo…
En lo que los hombres se hacían de sus últimas palabras, Marron permanecía dentro del auto en el asiento del copiloto en espera de su compañero. Se sentía nerviosa ante la situación, tenía muchísimo que no miraba al Brief en persona; dolía. Sin embargo, verle en ese estado le había causado pena.
Para entretener su mente y no pensar más en tonterías, tarareó una melodía y frotó sus manos para calmarse; no había duda que su presencia le abrumaba. Fue así, que de un momento a otro, sintió que el azul movía su cuerpo en el asiento y de su boca salían algunos quejidos y palabras no muy claras.
—¿Por qué?—susurró el muchacho ahogado en sus recuerdos—Mi flor…
Era de esperarse que la curiosidad abordó a la Jinzo; una expresión afligida marcaba su dulce faz. Y así, poco a poco, volteó a verle.
—Trunks…—sobre sus mejillas distinguió el sello de unas lágrimas secas—¿Por qué lloras, Trunks…?—preguntó en susurros, realmente se miraba muy mal.
Goten entró al auto sorpresivamente y Marron regresó rápido el rostro hacia enfrente—Vámonos de aquí.
—Sí.
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—Un poco más…—Goten arrastraba el cuerpo de Trunks hacia su cama—Listo—limpió el sudor de su frente con el antebrazo—Uff, olvidé que pesaba más que una roca.
Marron solo observaba el cuerpo sobre la cama.
—Iré por algunas cosas al Capital Xpress de la esquina. Cuando vuelva te llevo a tu casa.
—Está bien.—salió el Son.
Marron estaba sentada sobre la silla del escritorio observando hacia la cama. Quién diría que lo vería otra vez después de tanto tiempo y sobre todo en esas condiciones. Después arrojar un tremendo suspiro, se percató que la frazada estaba en el suelo, se levantó y la tomó. De ahí, no supo exactamente qué hacer, pues un instinto natural salió de ella al cubrir al muchacho con la tela, tal y como si fuera un manto lleno de calor que aliviara sus penas. El joven Brief suspiró, ella miró su rostro y sin saber lo que realmente pasaba, dijo:
—Sea lo que sea todo estará bien, Trunks…
CONTINUARÁ...
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Holaaaaa n.n
¿Cómo están queridos lectores? Aquí les dejo el capítulo 24 de FA, espero que les haya gustado. Como siempre agradezco sus lecturas, ¡GRACIAS INFINITAS! Saludos especiales para Cereza del Pastel, María Enriqueta y Bri 17, gracias por sus rws chicas.
Probablemente salga de vacaciones por algunos días. Cuando regrese me pongo las pilas con el penúltimo capítulo ¡Aaah ya casi se acaba!
Y rayos ¿qué más pasará? Nos vemos en el próximo capítulo. GRACIAS.
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Con cariño:
Kuraudea R.
Respetemos loa derechos del autor.
28/Julio/2017
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