INTERCAMBIO DEL ALMA

(Soul Exchange)

Por Rozefire

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 25: Una Repentina Dimisión

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"No…" Kagome movió su cabeza mientras miraba al Sesshomaru pagado de sí mismo. "Estás mintiendo… Inuyasha- está mintiendo! Lo juro!"

Ella miró rápidamente a Inuyasha, pero su expresión estaba tan cerrada que no pudo decir lo que estaba sintiendo. No estaba mirándola, pero en vez estaba mirando al otro lado del salón hacia donde Sango estaba cerca a Miroku con Fushi. Kagome no tenía idea de lo que estaba pasando por su cabeza… no pareció importarle.

"Establece tus prioridades, Kagome…" Sesshomaru interrumpió el extenso silencio después de un momento. "Toma tu cura y fuera."

Ella bajó la mirada hacia el frasco que mantenía en sus manos, como si apenas notara lo que tenía. La cura… sería libre del veneno de Sesshomaru de una vez por todas…

Pero…

Mirando a Inuyasha se dio cuenta que beberlo probablemente podría ser otro golpe a su orgullo. No podía hacerlo… no podía irse y guardarlo para después. No había forma en que fuera a lastimar a Inuyasha más de lo que ya lo había hecho.

Así que tiró el frasco.

Un fuerte golpe sonó mientras se esparcía por el piso, derramando el líquido dentro sobre todo el piso a sus pies. Kagome no se molestó en mirar, sólo miró contemplativamente a Sesshomaru… como si lo retara a hacer un gran problema de eso.

"Niña tonta…" Sesshomaru sonrió levemente. "O tal vez no tan tonta después de todo. Eso sólo era agua."

Eso había dolido… Kagome se tambaleó levemente como si hubiese sido abofeteada. Había tomado vital decisión para destrozar ese frasco… y no había valido la pena.

"Qué… demonios… está pasando aquí?" Kouga de repente intervino en la conversación. Miró intensamente a Kagome. "Cómo conoces a este bastardo?"

Kagome no tuvo la oportunidad para abrir su boca para explicar cuando Sesshomaru habló por ella. "No esperaría que te hubiese contado todo lo que pasó, todo aquello con traición recompensada con muerte probablemente no es su prueba."

Los ojos de Kagome se ampliaron con agravio ante la mentira que dijo frente a ella. "Espera un-"

Inuyasha le frunció sus ojos. "Cállate."

La simple orden que dio hizo cerrar su boca casi a su propio acorde. Ella lo miró pero él miró a Sesshomaru muy rápidamente para que atrapara su mirada...

Dolía aún más… que estuviera dispuesto a escuchar a Sesshomaru más que a ella.

"Campesinas. No conocen las bondades de los manierismos." Sesshomaru movió su cabeza. Cada uno de los amigos de Kagome de repente volvieron una sorprendida mirada hacia ella… obviamente… no habían estado conscientes de que no era una princesa como les había hecho creer.

Otra vez era la teoría de la banda elástica. Inuyasha se le había declarado… ella había conseguido la Shikon no Tama… y ahora Sesshomaru estaba alineándolos y fusilándolos.

"Ella no te dijo, Inuyasha… que cuando llegó a la isla primero vino a mi?" Sesshomaru observó calmadamente el rostro de su hermano. "Quería ser liberada. Quería verte para poder traicionarte con Naraku."

Kagome hizo una leve mueca ante la acusación. Eso no era verdad… nada de eso era verdad…

"La envenené para mis propios propósitos, por supuesto." Continuó el hermano mayor como si estuvieran hablando sobre el clima. "En orden de conseguir la cura continuaría hacia este palacio y reclamaría el conocimiento de cuándo llegaba tu ciclo de noche humana."

Kagome de nuevo intentó protestar su inocencia. "Eso no es-"

"Kagome…" Sango interrumpió su protesta… estaba mirando a la joven con completa perplejidad. Kagome sintió doler su corazón… no creía que Sango lo encontraría en su corazón para perdonarla por esto.

"Y entonces le dijo a mi espía… la luna nueva." Dijo Sesshomaru. "Así que ataqué en la luna nueva… tu noche humana… el resto es historia."

Un tenso silencio rodeó el salón. Kagome estaba hirviendo entre completo shock, rabia y temor.

"La cura…"

Ellos miraron a Miroku quien había hablado. Mostraba una apática mirada en su rostro. "Dónde está la cura para Kagome? Ella hizo su parte… ahora libérala…"

"No hay cura." Sesshomaru sonrió levemente. "Nunca hubo una. Estaba condenada desde el momento en que mis vigilantes la atraparon."

Una sola idea pasaba por su cabeza en ese punto… iba a morir… ahora no había nada para evitarlo. Su visión comenzó a tornarse cristalizada mientras lágrimas se formaban en ella sin avisar. Las parpadeó rápidamente, haciéndolas bajar por sus mejillas sin importarle quien la veía, mientras le dirigía una acalorada mirada a Sesshomaru.

"No eres nada sino un asqueroso mentiroso! Nada de lo que dijiste es cierto!" le gritó ella.

Sango y Lady Inu se vieron esperanzadas por un momento.

"Oh, entonces no te envenené? No aceptaste descubrir la debilidad de Inuyasha para mi?"

"Yo…" ella no podía negar esa parte. "Ese no es el punto - estás mintiendo sobre decirte-"

"Quién es la mentirosa aquí, bruja?" Espetó Sesshomaru fríamente. "Quién traicionó a todas las personas que confiaron en ella?"

"Basta!" gritó Kagome. "Estás torciendo todo lo que dije e hice!"

"No necesito torcer nada. Por qué debería mentir cuando la verdad es mucho más dolorosa?" Sesshomaru le sonrió protectoramente antes de girarse hacia Inuyasha. "De cualquier forma, suficiente de asuntos triviales. Vine aquí a matarte y a tomar mi trono, no es cierto?"

"Tú… eres tan malo como Naraku…" Inuyasha le siseó. "Manipulando las vidas de las personas. Envenenando chicas indefensas…!"

Kagome lo miró sorprendida. Esto significaba que aún confiaba en ella?

Ella no tuvo mucha oportunidad de pensar qué creer cuando una nueva presencia llegó a la habitación. No hubo un destello de luz, ni un trueno acompañando su llegada. Sólo se materializó del aire y una visión de ese abrigo de pelo blanco estaba jorobado en medio de todo lo que estaba pasando.

Kagome no pudo evitar el angustiado grito que se le escapó. "No!"

"Nena, por qué no me dijiste que tenías semejante problema?" Naraku se giró levemente hacia ella, inconsciente del hecho de que docenas de lanzas y espadas ahora estaban apuntadas hacia él.

"Naraku!" Inuyasha sacó a Tessaiga de su funda y la alistó. "De dónde demonios apareciste?!"

Naraku lo ignoró y continuó moviendo perezosamente su mano a su alrededor. Los guardias y soldados que lo habían estado rodeando ahora fueron lanzados contra las paredes y dejados inconscientes… Los otros en el salón respiraron aliviados… bueno… todos salvo Sesshomaru quien se veía un poco tenso, y por supuesto Inuyasha quien probablemente podría haberse visto más relajado entonces.

"Nena… por qué no me dijiste sobre el veneno?" Naraku avanzó hacia ella mientras retrocedía nerviosa.

"No… vete… tengo la Shikon… no puedes encontrarme… no te pertenezco…" Murmuró Kagome, casi inaudible.

"Deberías tener más neuronas que eso, Kagome." Naraku le sonrió. "Tal vez no pueda olerte más pero aún sé dónde encontrarte. No has cambiado tu localización desde la última vez que revisé. Realmente eres muy torpe, no?"

"Vete!" Kagome le disparó un fiero puño, pero por supuesto, sólo lo atravesó.

"Necesitas una cura, sí?" Naraku levantó levemente su mentón como si la mirara. "Sólo pídela y la recibirás."

"Qué?" Susurró Kagome, mirándolo con shock.

Tras ellos, todos los demás intercambiaron miradas inciertas. Sango se veía lista para asesinar a Sesshomaru o a Naraku, no le importaba cuál. Inuyasha se veía igual.

"Aquí está mi nuevo trato." Continuó Naraku. "Te daré la cura para ese veneno aficionado. Y a cambio… me entregarás la Shikon no Tama."

"Kagome - no!" Intervino Inuyasha furioso. "No te atrevas a hacer más tratos!"

"Ni lo pienses, perra." Sesshomaru le frunció sus ojos furioso. Pero en un hecho real, Sesshomaru era la figura menos intimidante en el salón en ese momento. Naraku dominaba sobre todos ellos.

"Yo…" Kagome miró alrededor desesperada, intentando ver una salida alternativa. Pero no había ninguna… iba a morir… y todos iban a odiarla. Ella no quería esto… así no era cómo había planeado su muerte.

Su muerte perfecta había sido una noble donde salvaba un huérfano ahogándose o una camada de gatitos de ser atropellados… dar su vida por una noble causa. No así… no enterrada bajo mentiras y traiciones. No podía morir odiada…

Ella no quería eso.

"Yo… no quiero morir…" Susurró Kagome, más para sí que para Naraku. "Sólo tengo quince años… yo… por favor… ayúdame…"

Naraku no desperdició un precioso momento. Él se enderezó casi alegre. "Hecho. Estás curada."

Sólo así? Kagome parpadeó las lágrimas que estaban bajando por sus mejillas.

"Ahora… entrégame la Shikon no Tama…" dijo Naraku lenta y autoritariamente. "O conocerás las consecuencias para tu alma."

"Déjale en paz, gran bruto!" gritó Sango, corriendo hacia adelante para alejar a Kagome de Naraku. "Deja de tratarla como una muñeca de trapo que puedes tirar!"

La defensa de Sango trajo una ola de alivio en Kagome y no pudo contener el sollozo que se levantó en su garganta. Al menos aún tenía a Sango…

"Niña, esto no es tu asunto." Le dijo Naraku secamente.

"Sí, pero aún así!" Discutió Sango acalorada. "No tienes derecho!"

"Tengo todo el derecho! Ella es mi propiedad para hacer mi voluntad! Es su culpa que vendiera su alma por ese lobo." Naraku movió su mentón hacia Kouga quien se veía enmudecido.

"Qué?" Kouga quedó boquiabierto.

"Lo siento! Lo hice para salvar tu vida!" gritó Kagome. "No sabía en lo que estaba metiéndome!"

"Obviamente!" Sango asintió ferviente. "No es un trato legal si no sabe todos los detalles!"

"Le dije cada detalle!" Naraku se precipitó hacia las dos chicas. "Ella eligió escucharlas a su manera! Ahora fuera del camino." Su mano se conectó con la mejilla de Sango, sacándola del camino y moviéndose para agarrar a Kagome por el cuello para levantarla en el aire. "Ahora dame la Shikon!"

"Suél… tame!" Jadeó Kagome mientras su agarre se apretaba.

"No te atrevas a tocar a Sango, idiota!" Miroku se abalanzó y lanzó un puño contra el costado de Naraku. Sorpresivamente hizo tambalear levemente al espíritu pero rápidamente se recuperó. Miroku no se dio por vencido. Él agarró una pequeña mesa y la lanzó contra la espalda de Naraku. "Suéltala AHORA!"

"Tranquilo!" Rugió Naraku, lanzando a Miroku al otro lado del salón.

Puntos comenzaron a danzar ante los ojos de Kagome. Si no le entregaba la Shikon entonces moriría… luego su alma le pertenecería a Naraku para siempre, en el más allá y en el infierno con él. Pero otra vez… si le entregaba la Shikon entonces su alma aún sería de su propiedad hasta que Inuyasha muriera.

Inuyasha… sólo iba a quedarse ahí y no hacer nada? No podía verlo… pero tenía un horrible presentimiento de que iba a quedarse atrás y observarla ser estrangulada por Naraku.

"Eres mía, Nena… siempre serás mía…" Le dijo Naraku suavemente mientras Kagome comenzaba a sentirse adormecida.

Pero entonces la presión se desvaneció y ella se sintió caer. Todo lo que vio fue un resplandeciente arco de luz y luego todo se oscureció momentáneamente por unos segundos. Cuando su vista comenzó a regresar… todo lo que vio de Naraku fue su rasgada piel de babuino flotando en el piso sobre una pila de cenizas.

Ella masajeó su garganta mientras se recuperaba, antes de buscar a quién la había salvado.

Inuyasha estaba a una corta distancia, habiendo hecho el movimiento con Tessaiga. No se veía feliz, o aliviado, o incluso enojado.

Kagome miró la pila de cenizas y luego a Inuyasha. "Qué hiciste…?"

"No le puedes deber nada a la gente muerta." Dijo él simplemente antes de girarse y olvidarla. "Viniste para reclamar mi trono, Sesshomaru - tendrás que pelear con la espada de papá por él!"

"Y pensé que ibas a hacer de esto un reto." Sesshomaru desenfundó su propia espada.

Kagome mientras tanto estaba tocando titubeante los restos de Naraku. Era verdad? Realmente estaba muerto…? Ella era libre? Estaba curada? Podría vivir su propia vida otra vez?

Al decir de todos… sí.

Por qué no se sentía tan feliz?

"Kagome…!"Sango alcanzó su lado y se agachó. Kagome vio el horrible golpe en su mejilla y sintió una fuerte punzada de culpa.

"Oh Sango - lo siento tanto - realmente lo siento." Ella abrazó a la joven sin avisar. "Por favor… no me odies… No quise que nada de esto pasara - nunca traicioné a nadie - le di a Sesshomaru la información equivocada - está mintiendo."

"Entiendo…"

"Cómo podrías perdonarme… después de todo lo que les he hecho?" Kagome lloró suavemente en su hombro.

"No hiciste nada malo, Kagome." Miroku se agachó a su lado, ignorando la pre-batalla que Inuyasha y Sesshomaru estaban intercambiando tras ellos. "Puedo verlo… la vida ha estado tratándote mal recientemente, estoy asombrado de que hayas logrado llegar así de lejos sin la muerte de nadie en tus manos."

"Oh gracias…" no era una condolencia grandemente consoladora, pero ayudó un poco. Al menos Miroku tampoco la odiaba.

"Está bien?" Lady Inu se apresuró a su lado, sosteniendo a Fushi en sus brazos. "Ese monstruo no se ha ido todavía? Inuyasha lo mató, verdad?"

"Se fue…" Sango asintió, aún abrazando a Kagome fuertemente. "Estará bien, Kagome… se terminó… eres libre…"

"A menos que haya más tratos de los que no nos hayas contado todavía?" Miroku arriesgó una adivinanza.

"No - lo juro! No estoy escondiendo nada más!" Kagome se sentó rápidamente, esperando que viera su honestidad y la verdad.

Lady Inu movió su cabeza… había perdido el hilo hacía tiempo. "No puedo seguir esto… nadie me dice nada estos días! Sango - sabías que Kagome era una campesina?"

"Tenía una vaga idea…" Dijo Sango tontamente. "Lo siento, Kagome, pero tus modales no eran muy refinados."

"Oh, lo sabía!" Dijo Miroku rápidamente, complacido de estar adelante de la multitud esta vez. "Al minuto que entró en ese bar sabía que era la hija de un granjero."

Al otro lado del salón, Inuyasha y Sesshomaru aún estaban midiéndose, el hermano mayor más confiado tal vez. "Entonces, Inuyasha… dime qué se siente ser traicionado otra vez por la mujer que amas …?"

"Cállate!" Le espetó Inuyasha.

"Soy yo, o cada mujer que conoces parece dejarte de alguna forma u otra. O al menos traicionándote." Sesshomaru sonrió.

Esa flecha dolió. Mayormente porque Inuyasha sintió que indudablemente era verdad…

"Pagarás por-"

Antes de que Inuyasha pudiera completar su sentencia las puertas se abrieron de golpe y más soldados llegaron… incluso más que antes. Y todos pertenecían a Sesshomaru.

"Mierda…" murmuró Miroku cuando vio entrar la caballería.

Las cosas no se veían bien después de todo.

Kouga apretó sus puños y llamó a sus hombres. "Ellos no lastimarán a Kagome!" comenzó él hacia los recién llegados hombres, aunque él y sus compañeros estaban superados en número.

"Kouga, mantente fuera de esto!" Dijo Inuyasha furioso.

"Esto no es por ti - Kagome también está en este asunto!" Espetó Kouga.

"Kagome no cuenta para nada!" Espetó Inuyasha bruscamente, su rabia elevándose a nuevos niveles. "Kagome no significa nada - nada importa!"

Sin avisar Inuyasha balanceó la espada con un grito de esfuerzo, blandiéndola hacia Sesshomaru quien permanecía cerca al trono. Justo como había pasado en la batalla, varias arcos brillantes iluminaron el paso de Tessaiga antes de estallar en un viento cortante una fracción de segundo después. Sesshomaru fue lo inteligente y rápido suficiente para quitarse del camino… sin embargo, el trono y las ventanas no fueron tan afortunadas.

Todos observaron en completo shock mientras los vientos creados por la espada cortaban el trono y destrozaba el vidrio de las ventanas… también acabó la mitad del salón con todo.

Polvo y vigas de madera cayeron desde el techo, haciendo que Kouga y sus hombres se quitaran del camino. La pared externa se derrumbó y cayó hacia afuera y fuera de vista en los tempranos rayos de la mañana.

Sesshomaru quedó, por primera vez, sin palabras. Como lo estaban todos los demás. Kagome no pudo tragar el nudo en su garganta. Estaba menos preocupada de lo que había visto… pero más de lo que había escuchado. No le importaba a él? Eso era lo que pensaba ahora? La odiaba…

Inuyasha sacudió las masivas cantidades de polvo y yeso que había ensuciado su cabello y hombros y se giró para apuntar a los hombres de Sesshomaru tras él. "Váyanse ahora o los mataré a todos, juro que lo haré!"

Sesshomaru no lo dudó por un momento. Pero aún estaba reluctante a rendirse ahora… no cuando estaba así de cerca a su título de Rey.

"O…" Inuyasha giró la espada para apuntar a Sesshomaru. "Quieres tomar su lugar?"

"Bien, nos vamos." Dijo Sesshomaru inexpresivo. No había razón para quedarse. No ahora que Inuyasha había dominado tan poderosa arma. Ni toda una armada resistiría a Inuyasha ahora…

Por ahora tendría que conformarse con el territorio norte… y tal vez planear formas para robar a Tessaiga…?

Inuyasha esperó hasta que Sesshomaru y sus hombres hubiesen salido del salón en forma ordenada antes de moverse para enfundar de nuevo a Tessaiga. Apenas hubo un momento para respirar antes de que Kouga se girara hacia él.

"Tienes muchas agallas, perro!" le gritó al joven Rey. "Cómo te atreves a llamar a Kagome 'nada'?!"

"Inuyasha!" Chilló su madre. "Mira lo que le has hecho al lugar! Sabes cuánto tomará repararlo?! No estamos hechos de dinero o tiempo, sabes?!"

"Inuyasha." Miroku se movió hacia él. "Sé, que ahora puede no parecer el momento apropiado pero por favor podrías ayudarme y a Sango a salir de este pequeño problema que tenemos-"

"Oye - fuera!" Kouga confrontó a Miroku. "Estaba hablando con él!"

"Inuyasha - será mejor que tengas una buena explicación para este desastre!" Regañó Lady Inu. "No puedo creerte - destruir el trono y medio salón sólo para probar un punto! Ese trono era de tu padre! Es irremplazable."

El volumen del ruido estaba aumentando mientras las personas comenzaban a hablar, mayormente a Inuyasha o entre ellos.

Sólo había una cosa más que haría perfecta la situación… Ah… ahí estaba! Fushi comenzó a llorar - no - berrear a todo pulmón, elevando el volumen a niveles rompe tímpanos.

"Oh - miren - han hecho llorar a Fushi!" gruñó Sango furiosa.

"Irremplazable!" Su madre continuó gritando.

Todo el tiempo Inuyasha volvió su atención calmadamente hacia los brazaletes en sus muñecas y comenzó a desabrocharlas y a desatar las tiras de cuero. Desató una y la dejó caer en el destrozado y polvoriento piso. El silencio llegó mientras todos miraban sus acciones. Él los ignoró y continuó desatando el segundo brazalete.

Ese cayó cortamente al piso después del primero. Sólo entonces levantó la mirada y se encogió. "Bien, como sea. Si tienen un problema con tratar con el rey entonces díganle a próximo idiota que recoja las esposas. Me voy de aquí."

"Qué - a dónde vas?!" Tartamudeó Lady Inu, regresando un sollozante bebé a su madre.

"Lejos."

"A dónde?!" demandó ella de nuevo.

Él no respondió mientras salía por las puertas, pero la implicación era muy obvia. Inuyasha se estaba yendo… dejando la isla y dejando el trono. Estaba dimitiendo.

"Inuyasha…" susurró Sango, no creyendo en la forma que estaba actuando.

Ellos quedaron en silencio, pensando en lo que probablemente habría sido la última gota que rebosaba la copa en este caso, cuando Kagome se levantó de repente y salió inestable tras Inuyasha.

"Buena suerte." Comentó Miroku. Aunque dudaba que Kagome, de todas las personas en el mundo, ayudara en ese momento…

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Continuará…

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Nota de la autora: Próximo capítulo - 'La Huída'. Probablemente el último capítulo…

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