Perdonen que tarde en éstos últimos capítulos, como ya lo he repetido, me cuesta trabajo realizar las batallas, sabrán que no son muy buenas, pero me esfuerzo. Éste capítulo es bastante corto, dado que Lixy-chan y Diana Paru, insistieron en leer continuación. Honestamente les agradezco, porque estoy segura que si no me estuvieran insistiendo, habría tardado todavía más. De momento, anuncio que no actualizaré éste fic hasta que entre a vacaciones, pues me encuentro en finales actualmente. Por favor, esperen capítulo nuevo a mediados de junio.
Desde su llegada al refugio de Konoha, Karin había notado las miradas inquisitivas de los aldeanos, algo muy lógico teniendo en cuenta que los únicos que confiaban en Sasuke, estaban en el campo de batalla, mientras que el resto de los aldeanos ni siquiera se esforzaban por esconder el repudio hacia él o a sus aliados. La situación, poco le importaba a la pelirroja, asumiendo que ella planeaba irse en cuanto la lucha terminara, además, había algo que le llamaba poderosamente la atención, y eso era, que pese a ser la primera vez que entraba al refugio, el lugar le parecía bastante familiar.
Aún con las insistentes miradas, la pelirroja se dedicó a mirar con detenimiento las paredes, confirmando casi instantáneamente sus sospechas; lo único que deseaba aclarar, era quién había mandado construir ese lugar, y aunque estaba segura que los aldeanos lo sabían, intuía que no le responderían, un tanto por su desconfianza, otro tanto por la forma tan "amable" que tenía para tratar a las personas.
La joven madre, pensaba detenidamente una forma de esclarecer su duda, más cuando pensó seriamente en fingir amabilidad para iniciar conversación con alguien, su pequeño bebé comenzó a llorar entre sus brazos. No tardó nada en saber que su retoño anunciaba su hambre, y ella recordó que la leche de la mamila ya se había acabado. Habría pensado en darle pecho, aún lactaba, pero cuando llegaba a estar en momentos de tensión, como era el caso, se le iba la leche, y su única opción, era pedir recursos a los aldeanos. De menos ya tenía un pretexto para iniciar plática, sin embargo, no estaba segura de a quién dirigirse.
—¿Ya no le das pecho?
Karin se volvió hacia donde provenía la voz, pudiendo distinguir a una mujer mayor a ella con un bebé más grande que Itachi, en brazos. A la pelirroja le extrañó, especialmente, porque los mismos habitantes de su aldea, miraban a la mujer de cabellos negros con reprobación. El chakra que provenía de aquella mujer, sin duda era de una kunoichi, una muy fuerte que le hablaba con sincera amabilidad.
—Ahora no tengo leche.
—Vamos a pedir con los genins, ellos administran los víveres —le sonrió con calidez— Te acompaño, yo también necesito para Satoya. ¿Cómo se llama el tuyo?
—Itachi.
La pelirroja quedó desconcertada ante tanta amabilidad, si bien no dudaba de sus intenciones, jamás creyó que alguien ahí pudiera hablarle con gentileza. Aunque sin duda, la mayor razón podría deberse a la empatía, pues ambas eran madre, y finalmente los niños eran inocentes de cualquier acción que sus padres pudieran haber cometido.
A pesar de los genins más grandes, quienes parecían tener los mismo sentimientos de aborrecimiento hacia ella, los más jóvenes la trataron con normalidad, y estando acompañada de aquella kunoichi llamada Yuhi Kurenai, el recibir la fórmula, toallitas húmedas, pañales, algo de comida y agua, fue más tranquilo para lo que ella esperaba de haber ido sola.
Lejos de ser dejada de nuevo, Karin fue invitada por Kurenai a pasar juntas su estadía. La pelirroja creyó que al igual que el resto de los habitantes, aquella mujer estaría acompañada de más familia, pero sólo eran ella y su bebé. Fue entonces que dedujo algo: si en el campo de batalla estaban todos los que confiaban en Sasuke, y esa mujer sin duda, era una kunoichi, seguramente su marido, e incluso hijos mayores, estaban en batalla, y por ello se había acercado a ella con tanta cortesía. La idea le complació en demasía, pues si era el caso, podría resolver su duda. Para no verse obvia, inició una charla siendo sólo de sus hijos, hasta que en un momento se quedaron sin palabras, y Karin se dedicó a mirar el sitio.
—De verdad que éste lugar es amplio.
—Lo es, pero para la cantidad de gente que estamos en Konoha actualmente, es un poco estrecho.
Y era verdad, a cada persona le tocaba alrededor de 1m2, al menos en cuestiones estadísticas, pues los niños y bebés usaban menos espacio. Aún así, podía escuchar a la perfección lo que otro decían y la movilidad era mínima aunque seguramente, lo niños serían la excepción a esto último, y los adultos estaban más a la expectativa de la batalla.
—¿Desde hace cuánto tiempo existe éste lugar?
—Desde la fundación de la aldea, aunque originalmente no era un refugio.
—¿Qué podían hacer en un lugar como éste?
—Al principio esto era una cárcel. Cuando la aldea se fundó, no había necesidad de un refugio, ya que, incluso los niños más jóvenes, eran shinobis de alto rango, además que los clanes fundadores, eran los más fuertes de la época, así que nadie intentaría atacar la aldea —explicó Kurenai cuando notó el desconcierto de Karin sobre la cárcel— Éste lugar se construyó como una prisión para cualquiera que violara alguna ley. Los castigos eran cortos, pues no eran crímenes mayores, pero como eran los inicios de la aldea, debían ser estrictos en el control de roces que aún emergían entre los Senju y los Uchiha.
—Entonces ¿esto tienes desde la fundación? No tiene finta de haber sido cárcel.
—Después de la muerte del primer Hokage, el segundo mandó construir una prisión reforzada, usando lo que aquí había, ya que, debido a nuevos enemigos de otras aldeas, comenzaban a dar ataques. Se necesitaba un refugio para las nuevas generaciones que no estaban involucradas con el entrenamiento ninja. Éste lugar sólo era conocido por la aldea, tenía refuerzos externos y quitando lo que le apremiaba como cárcel, daba cierta comodidad a la gente.
—Ya veo…
—¿Qué es lo que buscas? —Karin miró a la pelinegra duramente ante la cuestión. Kurenai había bajado la voz para preguntarle— Te vi mirar las paredes desde que llegaste —la pelirroja parecía renuente— Vamos, puedes confiar en mí.
—¿Cómo sabes que no soy tu enemiga? Todos aquí lo creen.
—Porque tienes un lindo niño, y estoy segura que no quieres un futuro vacío para él. Además, no creo que nadie aquí te considere una enemiga, más bien, están confundidos.
No necesitaba dudar de las palabras de la mujer, sabía que decía la verdad, al menos sobre confían en ella, pero lo que Karin sabía, iba más allá de un secreto propio, pues involucraba secretos antiguos. Poco tiempo le costó resolver su dilema, pues se apoyó de las palabras de Kurenai. La pelirroja no quería un futuro vacío para su hijo, y lo que pudiera afectar al clan Uchiha, se quedaba corto si podía buscar algo en contra de aquella maldita ilusión que ese tal Maadara quería poner en uso.
—
Maadara no pudo esquivar el ataque del Susano de Sasuke, pero tuvo suficiente tiempo para amortiguar su caída. El Akatsuki no estaba en óptimas condiciones, necesitaba exterminar tan rápido como pudiera al enemigo, pero necesitaba de un segundo par de sharingans para dar paso a sus planes. Apenas tuvo tiempo de tocar piso, cuando Naruto lanzó un rasenganshuriken contra él. En el breve instante que hubo entre el ataque y su apenas logrado jutsu de intangibilidad, Uchiha notó que las repercusiones del uso del sharingan, comenzaban a hacer efecto en los ojos de Sasuke. La técnica que el azabache recién había desarrollado, gracias a la noticia de su familia, era poderosa, más tenía un daño bastante grave en el usuario; por ello, él había conservado los ojos de Itachi, para entregárselos a Sasuke en el momento indicado, sin embargo, desde el primer ataque a Konoha, él aún dudaba de la fidelidad del menor de los Uchiha.
Para usar la menor cantidad de chakra, para hacer el mayor daño, Maadara decidió usar el chakra negro, después de todo, nadie más podría amenazarlo con el chakra blanco, y su técnica sería alimentada por el dolor que Sasuke estuviera experimentando, y de los habitantes de Konoha presentes, quienes lamentaban la muerte de Tsunade.
En la primera oportunidad, Maadara formó la esfera de chakra negro, pero contrario a lo que esperaba, la esfera de poder era pequeña. Si bien comprendía que la llegada de Naruto había podido darles esperanzas a los shinobis de Konoha, la esfera era demasiado pequeña como para los sentimientos que Sasuke podría estar experimentando, y la prueba de la importancia de esos sentimientos, era el desarrollo del Susano.
Gaara no le dio tiempo al Akatsuki de reflexionar y lanzó un ataque al enemigo, parecía ser poderoso, pero era sólo la finta para evitar la intangibilidad, lo que le dio oportunidad a Naruto para atacar. Maadara notó al rubio aproximarse a él, y decidió impactar su jutsu de lleno contra él. El Kazekage, adivinó los movimientos del enemigo y usó sus arenas para cubrir a Uzumaki del impacto, y al mismo tiempo, Temari intentó intervenir algunos metros lejos de su objetivo, con su gran abanico.
Un impacto cegador que se llevó volando a los presentes, Maadara logró usar el Kawarimi para escapar del daño. Cuando la luz del impacto se desvaneció, dejó a la vista las arenas del pelirrojo convertidas en vidrio. Cuando Gaara lo notó, intentó llamarlas con la esperanza de que volvieran a la normalidad, pero éstas, quedaron inmóviles sin importar la cantidad de veces que las llamara.
Tsume fue la primera en recuperarse del impacto y formando equipo con sus canes, fue en ataque del Akatsuki. El resto de los shinobis se le unió, logrando acertar de vez en vez algún golpe; pero no todos se encontraban en ataque, pues Shizune y Kankuro, fueron en auxilio de Gaara y Temari, quienes habían sido los más afectado en el impacto; Sakura y Tenten, quienes seguían lamentándose por Tsunade; Sasuke a la expectativa de su equipo, intentaba recuperar su vista con insistente parpadeos.
Durante la batalla, Tenten vio a Lee ser lanzado por el ataque de Maadara, lo que lo hizo reaccionar, era trágica la pérdida, pero habrían asuntos más importantes que atender. Secó sus lágrimas y se dirigió a Haruno, tocó su hombro llamando su atención y le sonrió.
—No dejemos que el sacrificio de Tsunade-sama sea en vano —tomó un par de pergaminos preparada para unirse a la lucha— La gente que aún vive nos necesita.
Sakura vio a la castaña alejarse uniéndose a sus compañeros, quienes intentaban desesperadamente terminar con la amenaza. Al seguir los movimientos de sus compañeros, distinguió el dolor en Sasuke, y tras limpiarse las lágrimas del rostro, se acercó a él intentando auxiliarlo.
La crisis de vista que el azabache estaba sufriendo comenzó a cesar, justo a tiempo para notar las intenciones de la pelirrosada, pero él no le dejó tocarlo, la paró con un ademán de su mano, y volvió a tomar su postura de siempre.
—Juugo, Suigetsu.
No tuvo que decir más para que ellos comprendieran que serían las herramientas para el jutsu de intangibilidad. El naranjizo quiso preguntar sobre el estada de Uchiha, pero éste le lanzó una dura mirada que evitó cualquier emisión de sonido.
—Sasuke, espera…
—No puedes hacer nada contra esto.
Antes de que Sasuke y compañía lograran unirnos a la lucha, Maadara optó por recuperar chakra con la misma técnica con la que había robado el chakra y la habilidad de Tsunade, más con Naruto, evitaba su jutsu, pues sabía que su cuerpo no estaba preparado para el chakra del Kyuubi. Fue así, que uno a uno de los shinobis que peleaban con él, fueron debilitándose al contacto con su atacante, a punto de dejarlos en los límites vitales. Dirigió una mirada a Sasuke, quien se veía dispuesto a atacarlo. Seguía desconcertado por el tamaño de su jutsu, y es que, de menos, el dolor de Sasuke tendría que ser suficiente para agrandar la esfera de chakra negro, y estaba seguro que la muerte de su familia, había causado una gran conmoción en él, no por nada había despertado al Susano. Vio al séquito de Sasuke acercarse, no por eso dejó de mirar al menor de los Uchiha fijamente, y entonces fue cuando recordó el pergamino que Naruto le había dado.
Juugo y Suigetsu realizaron su trabajo, teniendo el mismo destino que el resto, aunque su chakra no fue consumido al mismo grado. Sasuke usó el Susano en contra de Maadara, éste, al límite de absorción de chakra, exteriorizó el propio para defenderse. El panorama era aterrador, un trío de esqueletos gigantescos con apariencia fantasmal, luchaba cuerpo a cuerpo.
—Por un momento me han engañado.
El hombre sonrió, haciendo saber al azabache que sabía del bienestar de su familia. Sasuke quiso hacer fuerza en el Susano para detenerlo de una vez por todas, pero Maadara tenía ventaja, y sólo le bastó soportar el ataque el suficiente tiempo, hasta que sucedió lo inevitable: los ojos de Sasuke volvieron a sufrir las consecuencias previstas, deshaciendo por completo la técnica.
Cuando Naruto vio la intención de Uchiha, había dejado al enemigo en sus manos para auxiliar a sus amigos, y por fortuna, había logrado desocuparse a tiempo para intervenir el camino de Maadara, quien pretendía buscar a Karin y su hijo.
El Susano de Maadara lanzó un golpe contra el jinchuriki, quien haciendo uso del chakra que se le estaba concediendo, formó un par de garras que detuvieron el ataque. Ambos se miraron fijamente y el Akatsuki notó una diferencia en el rostro del rubio. Uzumaki sonrió.
—Mi nombre es Kurama y soy Kyuubi.
—Así que terminaste por ceder a Naruto.
—Es preferible que ser controlado por ti.
—
—Muy mala elección.
Maadara activó su sharingan mirando directamente a los ojos de Kurama. El bijuu comenzó a reaccionar al doujutsu, de modo que se veía el intento del Akatsuki por extraer al la bestia de nueve colas. El sello estaba a punto de ser deshecho por completo, pero Sakura había alcanzado a distraer al enemigo, abriendo el suelo donde estaba parado con un puñetazo.
El Akatsuki desvió un momento la mirada para evitar caer en la grieta que se abría hacia él, a lo que Naruto retrocedió un paso tratando de recuperar al Kyuubi dentro de su cuerpo. Gracias a que éste no se negó, le permitió recobrarlo pronto sin mayores problemas y Kurama aprovechó para dejar a Naruto al mando de su cuerpo.
—¡Esos malditos ojos! Naruto, es mejor que permanezcas afuera mientras continúa la lucha, si él llega a controlarme, tendrá todas las de ganar.
—De acuerdo Kurama.
Naruto salió volando tras un ataque de Maadara que había hecho en su momento de distracción. El hombre de negro se lanzaba en un nuevo ataque contra el rubio con la esfera negra, pero Hinata intervino en su camino con el poco chakra que le quedaba para hacer uso de la Rotación Celestial de los Ocho Trigramas. La esfera de chakra negro impactó contra la débil barrera de Hyuuga provocando una explosión en menor medida que la ocurrida con Gaara, pero no por ello se evitó que Hinata saliera volando. Uzumaki la atrapó pese a que él también había sido lanzado por la explosión. Cuando ambos tocaron piso, Naruto miró alrededor buscando a Maadara, el resto parecía bien, pues aunque habían sido alcanzados por el impacto, no pasó a mayor daño. Al no encontrar al Akatsuki, bajó la vista hacia el frágil cuerpo que mantenía en los brazos.
—¿Estás bien Hinata? —la movió un poco— ¿Hinata?
La movió para verla de frente. Hinata estaba inconsciente, completamente herida, y respiraba débilmente.
—Usó todo su chakra.
—Pero Hinata…
