-Capítulo 25-


Motivos de sobra para pegarme un tiro


Nessie apagó de golpe el televisor.

—Cuatro películas románticas después y tú sigues con esa hermosa cara de culo —me dijo con enojo —. ¿No piensas contarme qué tal te fue con Will?

A decir verdad, me sentía más muerta que viva. Esto podía ser la consecuencia de dos cosas; la primera, era que me había comido —como Nessie bien había dicho —, cuatro largas y dramáticas películas románticas, para las cuales, yo no estaba ni de humor, ni de ánimo. La segunda cosa que contribuía a mi estado-de-zombi, era que me era estresante recordar las palabras de Will. Hubiera sido sencillo no pensar en ella y olvidar del problema, pero el tema era que, constantemente, me atacaban la mente rompiendo con toda la paz en ella.

—¿Y bien? —exigió con impaciencia Nessie —. No quiero parecer pesada, pero por algo soy tu mejor amiga, y como tal, yo debería saber...

—Van tras de ella —le corté —. Ella es la que está causando todos estos problemas de mierda —dije con voz monótona.

Estaba conteniendo las ganas de romper a llorar, y, la mejor manera de evitar el llanto, era repeler todos los sentimientos que la mezcla de peliculas románticas habían despertado en mi.

—¿Ella? —repitió alzando la voz varias octavas —. ¿Quién es ella?

—Chanel.

Nessie frunció el ceño. Desvió la mirada hacia la pared y se hizo el silencio. Hubiera deseado que ella continuara hablando, llenando el espacio con palabras, porque, caso contrario, me volvería loca.

—¿Tu madre?

Asentí lentamente con la cabeza.

—¿Qué pasa con ella?

—Está drogada, literalmente, con una maldita obsesión —contesté. Volví la cabeza hacia Nessie y la miré a los ojos para decirle —: Está obsesionada con que tengo que convertirme en vampiresa, para estar con ella. No quiere que permanezca con Seth de ninguna manera.

Nessie no pudo reprimir una mueca que le descompuso todo el rostro. La sangre huyó de su rostro y la vi encogerse sobre sí misma, como si un escalofrío le hubiera recorrido la espina dorsal. Me quedé a la espera de algún tipo de consuelo, pero parecía no haber nada en su mente. Nessie estaba tan shokeada como yo.

—No puedes estar segura de ello... sólo te ha llamado una vez, y...

—Will me dijo que ese era el otro motivo por el cual los chicos permanecen en el bosque. Están en alerta roja.

—¡Tienes que estar bromeando! —declaró con el horror pintado en el rostro —. ¡No es posible! ¡Jacob tendría que habérmelo dicho!

—Seth tampoco quiso decírmelo, Ness, pero estoy segura de que tienen un motivo por el cual no lo hicieron.

—¡Me importa una grandísima mier...!

Le tapé la boca con ambas manos. No quería que sus maldiciones acabaran por despertar a Charlie y tener que entablarnos en una larga explicación plagada de mentiras —Charlie Swam, el jefe de policía y abuelo de mi amiga, estaba al tanto de la existencia de los hombres lobo, aunque creía que su actividad estaba neutralizada. Tampoco sabía, de manera cierta, que los vampiros estaban tan presentes como los lobos —.

—Okey, tranquilízate —dije lentamente —. A nadie le va a servir que te pongas histérica.

—¡Ah, no! —comenzó a decir. Se puso de pie y comenzó a deambular dentro de la ex habitación de su madre, Bella. Ahora, era la habitación de Nessie —. ¡Jacob William Black va a escucharme! ¡Esto no era lo que habíamos acordado!

Por un momento, me olvidé de lo que mi madre estaba causando, y rodé los ojos completamente aburrida. Otra vez con eso de las promesas, con los compromisos, en definitiva, con las huevadas de Nessie. Esa enfermedad que ella tenía por querer enterarse de todo, a veces la empujaba a cometer estupideces, y mi intuición me indicó que en pocos segundos, yo estaría involucadra en alguno de sus actos sumamente instintivos.

—Nessie, relájate.

—¡Pero miren quién habla! —rugió sin dejar de dar vueltas, y mover los brazos como delirante —. ¡Tuve que soportar tu cara de muerta más de cinco horas, y me dices a mi que me relaje! ¡Por Dios, mejor cierra la boca!

Apreté con fuerza la mandíbula. Sabía que no podía comenzar una discusión con ella, ya que esta era la manera que Nessie tenía de tomar y digerir las noticias. Mi manera era tan mala como la de ella, pero, por esa misma razón, tenia que soportarla, tal como ella había hecho conmigo.

—¡Ya sé! —dijo de repente, parando en seco. Sus ojos chocolate se clavaron en mi y segundos después, una sonrisa diabólica apareció en su rostro —. ¡Y tú vendrás conmigo!

—¡¿Yo? ¿¡A dónde?

—¡Al bosque! Buscaremos a Jacob y me tendrá que decir todo lo que está pasando.

—¡¿Y por qué tenemos que ir? ¡Tú estas loca, Renesmee Cullen! ¡Te falta el equipo entero y el DT dentro de la cabeza!

—¡No estoy loca, estoy furiosa!

—No seas impulsiva.

—¡Vendrás conmigo te guste o no!

—¡No iré a congelarme los huesos por un estúpido capricho!

—¿A no? —su voz aguda me causó un encogimiento en el estómago y e produjo un nudo en la garganta.

Negué fervientemente con la cabeza y...

….y veinte minutos después, estábamos dando tumbos por el bosque. Esto era completamente ridículo. Caminar po el bosque congelado, a las cuatro y media de la madrugada, con solo la luna llena como compañera. Nessie debía estar drogada hasta los pelos. ¿Qué clase de cerebro más o menos cuerdo podría dejar que su cuerpo caminara a estas horas y en este lugar? Aunque, había que reconocer que el mío estaba aún peor; un cerebro cuerdo jamás seguiría a uno que no funciona correctamente.

—¿Y qué harás cuando le encuentres? Quiero decir, ¿le harás un escándalo? No creo que pueda contestarte, estará en forma de lobo.

—Le ordenaré que cambie de fase. Tendrá que hacerme caso.

—Suenas tan infantil.

—No molestes. Y es una sugerencia.

—¿Qué? ¿Vas a chuparme la sangre?

Se detuvo en seco. Su cuerpo, que iba varios metros delante de mí, se puso de frente a mi persona. Yo me abrazaba a mi cuerpo y a las dos capas de camperas de polar aislante de frío que Nessie me había prestado. Juro por Dios que la fiera expresión de Nessie me dio más miedo que mil vampiros sedientos de sangre a mi alrededor.

—Vale, me callo —murmuré temblando.

Asintió con la cabeza y siguió caminando en completo silencio. A causa del chasquido de mis dientes, me era imposible oír cualquier otro sonido que estuviera cerca. Honestamente, esperaba escuchar de un momento a otro, el trote rítmico de un enorme animal o algún tipo de gemido lobuno, o un simple aullido. Eso me haría sentir a salvo.

Pero a la vez, sabía que cuando alguno de ellos —cualquiera de los veinte lobos que nos encontrara —, no se pondría feliz de vernos andando solas por el bosque, y menos con dos enormes peligros —un licántropo incontrolable y una neófita sedienta — tan cerca. Traté de tranquilizarme y darme ánimos, haciéndome creer la mentira de que no iba a estar en problemas...

—¡Ajá! —gritó Nessie triunfante. Me pareció que le había encontrado. —. ¡Jacob William Black, más te vale que tengas una buena excus...! —Nessie dejó la frece inconclusa, iterrumpiéndose de manera repentina.

Ella había subido una pequeña cumbre y miraba estática hacia un punto fijo, más allá de lo que yo alcanzaba a ver. Con torpeza, pude yo también subir a la colina y con muchísimo esfuerzo, escruté la negrura impenetrable, para poder hayar lo que la había asustado.

No veía nada y eso me daba pánico. Sabía que algo la había asustado, porque era imposible que se hubiera puesto tan pálida y de que su cuerpo hubiera comenzado a temblar con violencia, casi como si le hubieran tirado un balde de agua fría. Me esforcé y me pareció ver, debajo de la plateada luz de la luna, una enorme y tenebrosa bola de pelos color marrón oscuro, similar al cacao. Se me frenó el corazón y la sangre se me heló en las venas cuando no reconocí al lobo...más bien, cuando dí por echo de que eso no era un «lobo» —como el caso de Jacob o Seth —, sino, que era un verdadero licántropo, uno de luna llena.

—Renesmee... te odio —murmuré. Las palabras me salieron del alma.

El enorme animal vociferó un aullido prolongado y en cierto punto, amenazante, como si intentara advertirnos de algo. Me di cuenta de varias cosas en el corto transcurso de cinco segundos: 1) Debí esforzarme más para convencerla de quedarnos en su casa; calentitas y seguras y 2) No sabía que era peor, si que ese lobo nos comiera vivas, o que si milagrosamente, apareciera alguno de nuestros amigos ( o novios), nos salvaran y luego, nos dieran un sermón bien denso sobre por qué no hay que hacer este tipo de excursiones.

El licántropo —o mejor dicho, Bruce Hourguen, el medio hermano de Will —, caminó con su nuevo cuerpo. Se acercó varios metros, con las fauces abiertas y luciendo tremendos colmillos. Los ojos, inyectados en ira, nos miraban alternativamente, como buscando una debilidad.

—¡! gritó Nessie.

El pelo del cuello y del lomo del lobo, se erizó de inmediato. Segundos después, comencé a escuchar el rítmico trote que, minutos antes, me moría por escuchar. No pasaron ni tres segundos antes de que tres enormes lobos se hubieran interpuesto entre el camino del enorme animal y el de nosotras. Uno de ellos, el más pequeño, y de color gris claro, giró la cabeza hacia nosotras y la meneó con lástima. Gracias por tu buena onda, Leah pensé en mi fuero interno, pero consideré conveniente guardarme las palabras.

Leah y Bruce se miraron en ese mismo momento, y el lobo cerró la boca. Sus orejas cayeron hacia atrás, como si estuviera arrepentido. Me sorprendí cuando vi a Leah caminar en dirección a él, y cómo su enorme cola lobuna se movía de un lado a otro, como cuando los canes están felices. ¿Bruce estaba a gusto con Leah?

Eso sí, no le dí crédito a mis ojos cuando contemplé el «beso» lobuno que Bruce le dio a Leah: ambos juntaron sus ocicos y gimieron por lo bajo. La boca se me abrió a mi y a Nessie, y nuestros ojos se abrieron como platos. ¡¿Qué rayos estaba sucediendo?

Segundos despues, Bruce dio largas zancadas movilizando su cuerpo hacia atrás y poco tiempo después, le perdí en el bosque, trotando a la par de Leah. Los dos enormes lobos que quedaron, se volvieron hacia nosotras, mirándonos de muy mala manera. Bueno, para ser más específica, el bellísimo lobo arena me miraba precisamente a mi y el lobo rojizo, fulminaba con la mirada a Nessie.

—¿Por qué no le dices a Jacob lo que tenías para decirle, Ness? Apuesto a que este es el mejor momento para hacerlo —le sugerí. El sarcasmo se camufló en mis palabras, como si fueran parte de su individual significado. Nessie me odiaba con la mirada —. ¡Venga! Dile todo lo que me dijiste en tu habitación...

Jacob lobo gruñó y enseguida se metió en el bosque, seguido por Seth quien le pisaba los talones. No necesité de ningún tipo de confirmación para anticipar que ambas estábamos en problemas. Pasados escasos tres segundos, dos enormes quilettes marchaban con los rostros enfurecidos a nuestro encuentro.

—Ustedes dos —rugió Jacob con voz firme, segura y metálica —, ¡a casa ahora mismo!


—¡Pero cómo diablos se les ocurre si quiera aparecerse en el bosque! ¿¡En qué rayos estaban pensando! —chillaba Jacob caminando de un lado a otro. Los temblores no habían abandonado su cuerpo en ningún momento.

Nessie y yo nos miramos una vez más. Hundí la cabeza entre los hombros y no me animé a apartar la mirada del piso. Sabía que, al mínimo movimiento de mis ojos, estos se encontrarían con la mirada acusadora de Seth, y no me encontraba en forma para poder hacerle frente a su argumento. Le temía al daño que me pudieran causar sus palabras, porque sabía que, además de tener que escuchar un sermón sobre no poner mi pellejo en peligro, tendría que comerme otro sermón más sobre no tener citas con mi ex novio, quien casualmente, era un hombre lobo.

—Jake, yo quería saber...

—¡Tú no te haces una idea de lo horrible que fue, Nessie! ¿Y si Bruce saltaba cinco segundos antes? ¿Y si te atacaba? ¡Dime qué diablos se suponía que yo hiciera, eh! ¿Crees que a tu madre le agradará enterarse que casi te pierdo? ¿Quieres que te lleve a Inglaterra con ella, no? ¡Sí, eso es lo que quieres!

—¡Claro que no, Jake! ¿Cómo puedes pensar eso?

—¿Qué otra explicación le encuentras? ¡Ese lobo no tiene auto-control, Renesmee! ¡Y te lo advertí!

Creo que Renesmee se quedó congelada al oír que su novio le llamaba por su nombre de pila. Eso era, indiscutiblemente, una mala señal. Me las apañé para mirar a Seth, quien con los brazos cruzados sobre el pecho, los labios fruncidos y los ojos entrecerrados, no dejaba de mirarme con mala cara. Entonces, esta discusión entre Jacob y Nessie era simplemente, una introducción a la discusión que él y yo íbamos a tener. Es-tu-pen-do.

—Me lo habías prometido, Renesmee —dijo él lentamente —. ¡Me prometiste que te quedarías a salvo en casa! ¡Yo no estaba preparado para defenderte en caso de que se antojara un capricho! ¡No tenía ningún plan B!

—¡Ah, claro! ¿Ahora vas a echarme toda la culpa a mi? O sea, yo soy la culpable, claro, claro. ¿Y qué me dices de lo que tú hiciste mal? ¿Qué hay con eso de «no hay secretos entre las parejas»? ¿Qué tienes para decir contra eso, ¡oh, Jacob el magnífico!

Jacob se quedó duro, estático como una estatua. La sangre huyó de mi rostro y supe que había llegado mi hora. Ladeó la cabeza a Seth, quien nos miraba con extrañeza y al segundo, volvió el rostro a Nessie.

—¿De qué estás hablando? —preguntó con voz carente de expresión y el rostro dominado por una sorpresa sin igual.

—¡Will le dijo esta misma tarde a Lucy que Chanel estaba al acecho en el bosque, que lo de Bruce era un tema aparte, y que no estaba tan descontrolado! ¿Cómo se le llama a eso? En mi mundo: mentir.

Me tapé el rostro con las manos y apoyé los codos sobre las piernas. Conté mentalmente hasta diez en el medio de un silencio sepulcral. Creo que, en ese mismo momento, Nessie se dio cuenta de la cagada que se había mandado; al parecer, ni Jacob ni Seth estaban aún enterados de mi «cita» con Will.

—¿Qué Will te dijo qué?

Me estremecí al escuchar la voz de Seth. Severa, dura y distante, hizo que a través de mi cuerpo, recorriera un espantoso escalofrío. Sabía que había más asombro que molestia en su voz, pero obviamente, esto era de momento. Seth era un chico pacífico, pero no me confiaba que esta iba a ser fácil de sobrellevar...

Primero, la miré a Nessie con cara de pocos amigos y murmuré un «te lo agradezco, amiga», antes de juntar el valor suficiente para dar cara a cara con Seth.

—Me citó para conversar esta tarde y yo...—tragué saliva —, accedí.

—¡¿Accediste!

—¡Espera! —intervino Nessie —. Yo le dije que fuera...¡No me pongas esa cara! Tú no tuviste que soportar su cara de traste todos estos días; yo sí. Y créeme que no es nada agradable. Además, los mensajes de texto me estaban cansando un poco y bueno, si esa era la única manera de que se dejara de joder... —Nessie se encogió de hombros. Bueno, al menos había hecho su parte. La culpa no era del todo mía...

—¿Accediste a ir? —repitió con ofensa en la voz. Sentí que enterarse de eso para él, había sido como si le hubieran dado un pelotazo en las pelotas.

—Yo... —pero me fue imposible concluir la idea. Me sentía potencialmente insignificante, una estúpida. ¡Debí imaginarlo! ¿Cómo justificar algo injustificable?

Por un segundo, sus negros ojos se encontraron con los míos y ahí fue el momento crítico. Sufrí como nunca su desesperación, su preocupación su enojo e incluso su incredibilidad. Apostaba que dentro de sí, él intentaba justificarme, mas evidentemente, le era imposible conseguirlo. Le entendí perfectamente y me limité a bajar la cabeza, avergonzada.

Jacob y Nessie parecieron olvidar el inicio de su discusión y se centraron en nosotros. No entendí nada de lo que murmuraron, ni tampoco por qué se fueron. Supuse que querían darnos espacio a ambos, discutirlo esto más cómodos y sin una inquietante audiencia.

Creo que sufrí cinco cortos minutos de silencio, esperando a que él hablara, cuando se suponía que me correspondía a mí comenzar. Me removí incómoda en el sillón de la sala de Emily y jugué con mis manos. Algo se me tenía que ocurrir...

—Lamento haber ido al bosque —murmuré con dificultad —. Lamento no haberte dicho lo de Will —me animé a mirarle, pero no a los ojos —. Si quieres gritarme, hazlo, estás en todo tu derecho...

Seth llenó sus pulmones de aire y exhaló con lentitud. Caminó hasta posicionarse de rodillas delante de mi, y tomó mi rostro con una mano.

—Eres incorregible, ¿verdad? —una pequeña sonrisa torcida no parecía estar a juego con sus palabras —. Me pudiste haber esperado, y ahorranos tantos problemas... ¿En qué estabas pensando?

Su pulgar acarició con cariño mi mejilla, como si temiera romperla. Eso me pareció irritante, ¿¡cómo podía acariciarme cuando se suponía que tenía que gritarme de todo?

—Espera... —le miré de hito a hito a cada ojo —. ¿Estás bien? ¿Tienes fiebre o algo por el estilo? ¡Se supone que tendrías que estar gritándome!

Él se rió entre dientes y meneó la cabeza.

—Estoy enojado, por supuesto que sí. Pero no soy dueño de tus decisiones. Estas mayorcita de edad para que te ande diciendo qué hacer.

Ladeé la cabeza fervientemente. ¡Esto estaba mal! Esta no era la manera en que, supuestamente, reaccionaban las parejas.

—Creí que ibas a decirme de todo...

—Bueno, yo creí que tú ibas a decirme de todo.

—Tu rostro no decía eso hasta hace unos minutos.

Sus mejillas se oscurecieron.

—Estaba celoso, nada más.

—¿Celoso? —enarqué una ceja —. ¡¿Nada más? —nos miramos y soltamos unas risitas por mi sarcasmo.

—Es que...Bueno, Will pudo disfrutar de tu compañía, aunque solo fuera una hora y un poco más. ¿Sabes lo que hubiera dado yo por verte?

Hice una mueca; a mi también se me habían pasado lentísimos estos días sin él. Acuné una mano en su rostro y le sonreí.

—Tontito —murmuré pellizcando su mejilla ardiente —, ¿cuando entenderás que tú me tienes para el resto de tu vida?

—Pude haber muerto. Los neófitos son muy peligrosos —hizo un gesto dramático, dejando en claro que iba en broma.

—En ese caso, no te vayas nunca más. Quédate conmigo.

—Qué fácil es decirlo. Deberías charlarlo con Jacob...

—Nessie me daría una mano encantada —una ancha y sincera sonrisa apareció en su rostro antes de acercárlo para dejar rozar sus labios contra los míos —. Vaya, cuánto extrañaba esta cercanía.

—Ya lo creo —murmuró antes de juntar sus labios con los míos.

La dulzura, el amor y el cariño de aquel beso hizo que en mi pecho, mi corazón latiera como el de un caballo en medio de un trote.

—Entonces —murmuré entre beso y beso —, ¿estamos a mano?, ¿nada de enojos?

—Nada de enojos —concedió antes de profundizar el beso.


(Marzo)

Ambos nos quedamos congelados cuando el aullido se desvaneció. Sin duda, su rostro intentaba mantener la serenidad lo máximo posible, aunque sabía que se estaba muriendo de la rabia por dentro.

—Maldición —murmuró apretando los puños.

—Descuida, cariño —le dije poniéndome de pie y sentándome luego sobre su regazo —, continuaremos luego con nuestra cena de aniversario, ¿quieres? —puse todo el esmero en una sonrisa sincera y rogué porque pareciera creíble.

Al parecer, le convencí ya que depositó un beso sobre mis labios y su frente se relajó.

—Esto de ser lobo es una mierda —masculló mientras se dirigía a la puerta, conmigo tomado de la mano —. Voy a matar a Jacob por arruinar nuestra cena, te lo prometo.

—Reserva tu enojo para otra ocasión. Además, es sólo una cena...

—¿Te parece a tí solo una cena? —puso un dedo bajo mi mentón y elevó mi rostro para poder mirarme a los ojos —. Lucy, hemos cumplido cinco meses de novios, ¡es increíble!

—¿Que nos hayamos sido fieles el uno al otro? —bromeé.

—Bueno, eso entre otras cosas... —apoyó una mano sobre mi cadera y me acercó a su cuerpo —...teniendo en cuenta que Will no deja de provocarme ni de coquetearte...

—...o teniendo en cuenta la cantidad de estúpidas se quedan babeando por tus abdominales cuando salimos a caminar por la playa, ¿no crees?

—Estamos a manos —declaró con falsa inocencia.

—Vale, como quieras —puse los ojos en blanco cuando oí otro aullido que reclamaba la presencia de todos los miembros de la manada —. Dile a Jacob de mi parte que tendría que ser un poquito más paciente.

—Seguro —sonrió y acercó sus labios a los míos para besarme —. Espero que no te vayas a nigún lado en mi ausencia...

Inevitablemente, recordé aquella vez que me encontré a «escondidas» con Will. Habíamos acordado que ninguno se enojaría con el otro ya que, en definitiva, ambos habíamos estado en falta; yo por no avisarle y él por no contarme lo de mi madre, cuya presencia se había dejado de advertir después de los primeros días de enero.

—Estaré aquí, como de costumbre. Sam y Emily se han ido a cenar afuera, y Lucian se ha quedado en lo de Quil jugando con Claire...—miré hacia la mesa que estaba tan finamente decorada para el acontecimiento de nuestro aniversario —. ¡Qué pena que todo esto se eche a perder!

Él chasqueó la lengua, ladeando la cabeza.

—Prometo venir cuanto antes.

—No te tardes, entonces.

Sonrió, luciendo aquella media sonrisa que me derretía. Su boca se acercó peligrosamente hacia mi oreja y susurró con voz suave:

—Te amo mucho, Lu —mordió sin apretar el lóbulo de mi oreja y me estremecí ahí mismo.

Tomé su rostro entre ambas manos y mirándole fijamente le dije:

—Yo también te amo mucho, Seth.

—Supongo que eso basta para confiar que no me meterás los cuernos durante mi ausencia.

—«De los cuernos y de la muerte, nadie sabe» —dije usando una voz severa.

—¡Oh, pero qué dicho más cierto!

Nos reímos entre dientes.

—Vale, creo que ya es hora de irme —balbuceó con la mandíbula tensa al resonar el tercer aullido —. Este tipo se pone tan pesado...

Me reí a carcajada limpia imaginándome la calentura de Jacob cuando viera esta escena en la mente de Seth.

—Supongo que no necesitarás esto —murmuré desabrochando los botones de su camisa —. Quiero decir, los lobos no andan con ropa...

Apartó con cuidado mis manos y se encargó de desabrochar los botones que quedaban prendidos. Luego, me puso la camisa cobre los hombros y juro que estaba tan caliente que fue similar a estar entre sus brazos.

—No es que ese hermoso escote con forma de corazón me moleste, pero creo que en mi ausencia, muchos podrían aprovechar que tu novio está ausente.

—«De los cuernos y de la muerte...» —repetí sonriendo mientras le abría la puerta.

—Quédate tranquila que me enteraré si te haces la viva, pero nadie sabrá la cantidad de asesinatos que el temible Seth Clearwater puede llegar a cometer, si solo se entera de que algún nabo anduvo ojeando el escote de su novia.

—Vale, vale. Como quieras —dije entre risas —. No me extrañes.

—Tú tampoco —me regaló una sonrisa y un último beso fugaz antes de comenzar a trotar hacia dentro del bosque.

Antes de meterse de lleno en la profundidad espesa, me tiró un beso en el aire y le perdí de vista pocos segundos después.

Volví a mirar la mesa y a la comida que apenas había sido tocada y suspiré resignada; maldito sea el inconveniente que había hecho que Seth se tuviera que ir tan pronto.

Me tiré en el sofá, sin siquiera molestarme por cambiarme el hermoso y elegante vestido que me había puesto, y ni siquiera me molesté por quitarme los zapatos de taco. Simplemente, me quedé dormida oliendo el perfume que la camisa de Seth desprendía.


Retrasada :S Lo lameno mucho en serio! Ojalá que lo disfruten :)