Capítulo 25: "El método Evans, Parte II"
Parte Tercera: "Ocúpate y no preocúpate."
- ¿Nos Vamos? – preguntó intempestivamente Lily.
- ¿Cómo que nos vamos? A mi todavía me quedan papas fritas. Además estoy seguro que te quieres ir porque sabes que tengo razón: ¡Tú me amas! –Y James sonrió abiertamente, mostrando lo feliz que lo hacia aquella idea.
- Yo no te amo, James. Sólo dije que me gustas un poco. – Lily tomó la pimienta y echó una cantidad considerable en el plato de James, acto seguido, alzó su tenedor y comenzó a comer papas fritas bajo la mirada consternada del chico. Más allá de sus lentes lucía divertido. –Además, quiero saber como están Ian y Dave. –Agregó Lily, con los labios llenos de mostaza. Mientras tanto un tipo se sentaba unas mesas más allá, mirándolos detenidamente y escuchando atentamente su disputa, escondiendo parte del rostro con la roñosa carta del restaurante. Sólo se veía su pelo rubio despeinado en el centro.
- ¡Hey! No le eches más pimienta, no me gusta con tanta. - "En realidad no me gusta", pensó James, mientras le retiraba de la mano el condimento para después ocupar el espacio que la pimienta dejó entre los dedos de Lily. Lily, que notó como James no le soltaba la mano, sonrió mentalmente y fingió no haber reparado en aquel detalle. –¡Eres una descarada, Evans! Me dices que no me amas, arruinas mis papas y más encima te las comes. Apuesto a que esperas que yo pague la cuenta.
- No, claro que no espero que pagues mi cuenta. Sólo me como tus papas fritas para ayudarte a que termines más rápido. Quiero irme de aquí. Además, James, no las arruino sino que las arregló porque están malísimas, y por cierto, están frías. –Y tomando la botella de James y dejándola casi vacía, añadió. –Así que no me digas descarada, menos tú, James Potter, que te metes en mi casa haciéndote pasar por otro, eres un impostor.
- Ya te ofrecí disculpas por eso ¿Acaso nunca me vas a perdonar? –Preguntó mientras con sus dedos acariciaba el dorso de la pequeña mano de Lily.
- Y yo te dije que ya no tenía importancia. ¿Nos vamos?
Durante el regreso, discutieron casi todo el trayecto porque Lily decía que se sentía mal y que le dolía el estómago y James le respondió que con la cantidad de papas fritas que comió era obvio que le iba a doler algo y que en algún momento temió porque se fuera a comer el plato de un tipo que estaba sentado unas mesas más allá. El aire fresco de la noche los acompañaba en su andar, y de cierta forma, James caminaba lentamente, mucho más que lo normal, buscando una y mil excusas para aplazar la llegada. No quería volver a la fiesta, no quería que Lily se fuera a bailar con alguien que no fuera él, y no quería que toda su atención se la llevara Paul, Ian o Dave.
Sin embargo, volvieron a aquella ruinosa casona. El ambiente estaba tan y más prendido que cuando se fueron, aún bailaba gente, víctimas del desenfreno en el salón, pero ahora las esquinas estaban llenas de parejas esporádicas y de gente estaba tirada en el sucio suelo. El corredor estaba más atestado que nunca, tanto porque ahí estaba el baño como porque era el lugar que otorgaba una oscuridad anhelada por la mayoría. Al intentar atravesarlo, James cogió la mano de Lily nuevamente, al ver como un par de tipos extremadamente ebrios se balanceaban sobre ella, tratando de susurrarle cosas en el oído que nadie entendía, sólo escuchaban eructos mal disimulados y algunos balbuceos.
En la terraza, ambos con la esperanza de encontrar allí a Ian y Dave, soportaban el aire frío golpeándoles el rostro, y entre el mar de gente, ninguno de ellos aparecía. Se acercaron hasta la mesa que originalmente ocupaba el grupo de amigos de Ian, donde sólo quedaban unos pocos y en muy mal estado. Fue la chica con la que Lily había conversado quién le señaló que a Dave se lo habían llevado a un hospital porque cada vez lucía peor y que a Ian no lo veían desde que había regresado del hospital. Cuando se volvieron a internar en la jungla, no se dieron cuenta que el grupo de amigos de Ian murmuraba a sus espaldas porque ellos aún iban tomados de la mano.
Recorrieron la casa tres veces, con patio y jardines incluidos, pero no lograban encontrar al tío de la chica. Después de discutir y pensar en mil opciones, llegaron a la conclusión que buscarían a Paul. El sí sabría dónde estaba Ian. Pero ni siquiera la nariz de hipogrifo de aquel chico aparecía entre el humo del interior ni entre los pastizales del patio.
Rendidos de su búsqueda y aburridos del mar de gente drogada, ebria y sedienta de encuentros casuales, resultándole algunos muy molestos a Lily, decidieron que era una buena idea esperarlos en el automóvil. Lily creía que podría escuchar música tranquilamente o incluso dormir.
Mientras James escuchaba la idea de Lily, un brillo intenso nacía en sus ojos. Le parecía el escenario ideal que había buscado desde que salieron del restaurante. Estarían ellos dos solos, cómodos, escuchando música a un volumen adecuado que les permitiría conversar (si les quedaba tiempo) y estarían encerrados bajo la oscuridad de la noche que devoraba el sector donde Lily estacionó el vehículo. De modo que caminó junto a ella, animado por sus pensamientos, sonriendo de ese modo peculiar, propio de él cuando tramaba algo.
Al llegar junto al coche, Lily buscó entre sus bolsillos las llaves, y de pronto, sintió las tibias manos de James posicionarse en su cintura, para luego girarla sobre ella misma. Peligrosamente, le sintió acercarse a su rostro y fue incapaz de reaccionar. Como cada vez que él hacia eso. Parecía extrañamente petrificada por un basilisco cuando notaba lo brillante que eran sus ojos, cuando sentía su respiración caer sobre sus labios. En la cabeza de Lily la sangre dejaba de circular, podía distinguir claramente como su corazón se agitaba y generaba un colapso en todos los otros órganos de su cuerpo. Todos unidos en un complot contra ella.
Y fue entonces cuando James la besó. Atrapándola fuerte entre sus brazos, y arrinconándola contra el automóvil. A él se le cerró el corazón en un puño cuando notó los labios de Lily besándolo de vuelta. Sólo entreabrió los ojos para comprobar que realmente estaba ocurriendo.
Ese beso tan dulce, tan largo y desesperado, que ni siquiera fue interrumpido para respirar, se acabó cuando escucharon el ruido de unos golpes secos contra los vidrios del automóvil y la voz amortiguada de Ian hablarles desde muy cerca. Lily saltó y se volteó buscando el origen de aquel sonido. Y vio una cara sonriente saludarla exageradamente con la mano desde el interior del auto.
Distinguió a través de los vidrios, levemente empañados, como Ian se ponía su polera y también notó como James se metía las manos en los bolsillos de sus pantalones, enfadado. Lily no sabía qué hacer, tenía vergüenza y rabia. Sus mejillas se colorearon y sólo fue capaz de fruncir el ceño.
Ian se bajó del vehículo, acompañado por una chica que ni Lily ni James conocían, y que traía el sweater al revés. James y Lily se miraron de reojo y sonrieron cómplices ante aquel detalle.
- Supongo que tendremos que presentarnos de nuevo, pero esta vez sin mentiras. –Dijo Ian apenas llegó hasta ellos, con su sonrisa irónica estampada en su rostro encendido y sus ojos destellando burla.
- Sí, supongo. –Contestó Lily, mirando detenidamente a aquella chica que parecía querer evaporarse de aquel lugar.
- Hola. Soy Ian y no soy el tío favorito de Lily. Es uno muy aburrido que se llama Luke, cuya única gracia es acordarse de su cumpleaños. –Ian le extendía la mano a James, quien no entendía que pretendía con eso, estaba desconcertado.
- ¿James Potter? –Respondió el chico, dudando sobre si aquello era lo que Ian pretendía escuchar.
- ¿Y qué tienes que ver tú con mi sobrina? –Preguntó mirando a Lily y no a James.
- ¿Y tú cómo te llamas? –Preguntó Lily a la chica que acompañaba a su tío, intentando evadir la pregunta de Ian. La chica tenía los cabellos desordenados y se los intentaba acomodar infructuosamente.
- Mia. -Respondió la chica, pero al mismo tiempo Ian dijo. -Elissa.
La chica lo fulminó con la mirada un segundo, se giró sobre sus talones y se alejó con paso firme y rápido. Ian consternado pestañó repetidas veces, mientras Lily sonreía con suficiencia.
Sólo escucharon cuando les dijo –Esta me la pagan, pichoncitos. –y rápidamente siguió a la chica, que ya casi había desaparecido de su vista.
- ¿Se va a enojar con nosotros? –Interrogó James a Lily que se apoyaba en el auto para controlar la risa.
- No, no se va a enojar. Sólo lo hace para fastidiarme y para incomodarte. En eso se parece a mi papá. ¿Subimos? –Invitó ella, abriendo la puerta del vehículo.
James por un momento se sintió tonto. Además, qué importaba si el tío de Lily se enojaba o no. Porque lo realmente importante es que ella le había besado, es más, Ian debería agradecer que no le rompiera la cara ahí mismo. Pero cuando vió a Lily con la puerta del vehículo abierta y las mejillas rosadas, se dio cuenta que tenía una nueva oportunidad para conseguir lo que había planeado durante el camino, para saber todo sobre Lily, y que Lily lo supiera todo sobre él. Y quizás, si les quedaban ganas, podían confesar cuántas estrellas veían cuando tenían los ojos cerrados y los labios juntos. James asintió y se sentó en el asiento del copiloto, mientras cambiaba la estación de la radio a cada rato, en busca de alguna canción que a él le gustara. Creía que había que generar algún ambiente.
Pero no contaba con que Lily tuviera mucho sueño. Veía como los párpados de Lily se caían y cada vez parecía que se le hacía más dificultoso abrirlos de nuevo. Se restregaba los ojos con la mano, y tenía los ojos pequeños y rojos. James se sacó su chaqueta y la colocó sobre el torso de Lily, ella le sonrió en respuesta y volvió a cerrar sus ojos para no abrirlos más. A James le invadió una súbita tristeza porque le hubiese gustado poder llevarla a su casa, a su cama y que ella durmiera bien y no como un tallarín. Le habría gustado arroparla de verdad, con alguna manta gruesa y no con la luz tenue de la luna que le daba un tinte azuloso en el rostro. Pensó que ella estaba en esas condiciones porque su tío estaba en plena juerga y estarían así hasta la hora que a él se le antojara.
Y sin darse cuenta, le acariciaba el cabellos con los dedos. Y no se perdía detalle de cada suspiro, sonrisa leve y movimiento que había en su dormida cara.
Sin embargo, cuando la oscuridad se tiñó de un azul anaranjado en el horizonte, escuchó el golpe en uno de los vidrios traseros. Se volteó preocupado, pero se alivió al ver que era Ian y Paul. Les abrió la puerta y despertó a Lily, o por lo menos lo intentó, porque la chica tenía el sueño pesadísimo.
Ian, muy amablemente, se acercó hasta ella y en su oído gritó.
- ¡Despierta, Zanahoria. O no te doy tu dinero!
Lily despertó de un salto y sólo abrió la boca en forma mínima. – ¿Cuánto es? Porque no me pienso despertar por diez libras. –Murmuró entre sueños.
- Cien libras…pero como te parece una cifra tan despreciable se la voy a dar a Paul.
- Ya estoy despierta, así que dame mi parte, Elissa.
- No me digas Elissa, y toma. –Dijo extendiéndole un pequeño fajo de billetes –Aunque creo que deberías darle la mitad a James.
- ¿Por qué? –Preguntó ahogando un bostezo.
- Porque el dejó fuera a la competencia. –Y se largo a reír como un demente con Paul. James palideció tratando de explicar con las manos a Lily que él no había hecho nada. Lily miró ceñuda a los tres muchachos que estaban sentados en el automóvil.
- ¡Calma, Lily! –Dijo entre risas Ian. –Lo que pasa es que nadie encontró a la otra chica para darle el premio, y eso se debe a que todavía tiene que estar durmiendo en los pastos. Y fue James quien la dejó ahí…Y como nadie la encontró, decidieron darte el premio a ti. Pero originalmente habías perdido, dijeron que no te parecías a Jodie tanto como la otra chica, pero que eras más guapa.
- Qué bueno. –Murmuró Lily hastiada. Jamás reconocería que había dejado de oír a su tío cuando escuchó que la chica estaba durmiendo en los pastos y que solamente estaba concentrada en contar los billetes que él le había pasado. -Oye, aquí falta veinte libras. –Dijo cuando terminó de contar.
- Ese es el precio de mi silencio. –Respondió Ian, con un cigarro en los labios.
- ¿Silencio? ¿Por qué? –Preguntó ladeando el rostro.
- Puedo decirle ciertas cosas a James, que estoy seguro que preferirías que nunca supiera.
- ¿Cómo qué?
- Como lo guapa que te ves con el pelo cortado por ti misma, tengo muchas fotos. Todas muy lindas. –Y mirando a James le dijo. –Si quieres puedo pasarte alguna, sólo por treinta libras.
- Cállate Ian y quédate con el dinero. –Y murmurando cosas como "maldito ladrón" y "estafador", arrancó el motor del vehículo.
Llevaban cerca de diez minutos en marcha, Ian y Paul iban fumando unos cigarrillos apretados, con aspecto de artesanales, se reían en el asiento trasero y James se restregaba los ojos y se reacomodaba los lentes, luchando por no quedarse dormido.
- Paul…-Dijo Ian de pronto. -¿Te cuento algo gracioso?
- ¿Qué cosa? –Contestó con desinterés aquel chico mientras acomodaba su pelo, volviendo a formar esa cresta rubia, acentuando sus rasgos a los de un hipogrifo.
- Lily se besa con James. –Lily cruzó su mirada confundida primero con James y después mutó a una mirada ceñuda que le dedicó a Ian por el espejo retrovisor.
- ¿QUÉ? –Gritó Paul.
- Eso que escuchaste, Lily se besa con James. Yo los vi ¿a qué es gracioso?
Paul permaneció silencioso unos momentos y con un hilo de voz dijo. –Lily… eres … eres...
–¡Cuida tus palabras! -Le advirtió Ian.
–Eres la peor mujer que he conocido en toda mi vida, eres malvada y cruel…todo este tiempo me hiciste creer que lo nuestro era real, que era algo hermoso. Yo…yo creí que te resistías para hacer más interesante lo nuestro, para que fuera algo más épico. –Lily escuchaba atentamente las palabras que el joven le decía. –Pero ahora veo que tú sólo jugabas conmigo, no era necesario que alimentaras mis esperanzas de aquella forma…mi vida ya no tiene sentido…me quiero morir. –Puntualizó con los ojos rojos y algunas lágrimas corrieron por su cara.
Ni Lily, ni James sabían como reaccionar. Ella palideció y se sentía mal, tenía un nudo en la garganta y sus mejillas se tiñeron de un rojo que mostraba su incomodidad. Por su parte, James no sabía si tenía que abrazar a Lily, golpear a Paul o hacerse el desentendido.
El momento fue roto cuando Ian estalló en una carcajada ruidosa, y fue seguido casi inmediatamente por Paul.
- ¿Se la creyeron, pichoncitos? –Preguntó el tío de la chica. –¿No te gustó, señorita Betarraga, que Emily se enojara conmigo?
- No se llamaba Emily, se llamaba Mia. ¡Desconsiderados! –Y les dejó caer varios golpes tras frenar repentinamente el vehículo.
- Amor, no me importa que te beses con él. Yo sé que siempre volverás a mi. -Explicó Paul con gestos dramáticos.
- Oh, por favor, cállense los dos. – Dijo Lily con tono amenazante, y la verdadera amenaza era para ella, porque estaba a punto de que estallan sus luces azules. Para tranquilizarse giró hasta el tope máximo la perilla del volumen de la radio y se puso a cantar.
&&&&&
Se levantaron minutos antes del almuerzo. Lily y James sentían que recién se habían quedado dormidos, y casi se arrastraron hasta el comedor. Comieron poco, y se sentían tan casados que creían que podían quedarse dormidos encima de la mesa. Contestaban escuetamente las preguntas formuladas por Alfred y Rose. Y como siempre, no les importó a ninguno de los dos las miradas de disgusto que lanzaban Petunia y su novio, Vernon. Cuando el almuerzo finalizó, todos se dispersaron en distintos lugares de la casa y Lily vio la oportunidad perfecta para acercarse a James y decirle una de las cosas que desde el jueves le daba vueltas en la cabeza.
- ¿Sabes? No quiero que me malinterpretes, pero creo que deberías irte a tu casa.
- ¿Por qué? –Preguntó James. Las palabras de Lily lograron romper aquella pequeña burbuja de felicidad en que se deslizaba.
- Porque yo quiero pasar el fin de semana con mis padres, y creo que tú deberías hacer lo mismo. Dorea ha estado sola toda la semana y no me parece justo.
- No está sola, está con Sirius.
- ¡Wow! Gran compañía. -Comentó con tono irónico. -Está sola, James, y creo que le gustaría estar contigo.
James permaneció en silencio unos momentos, meditando las palabras de Lily. Luego, rompió el silencio diciendo. –Creo que tienes razón.
Media hora después James tenía todas sus cosas preparadas para marcharse a su casa. Pero había algo que no lo dejaba irse tranquilo, Lily lo había echado de su casa, James creía que ella había buscado un modo elegante para sacarselo de encima. Sin embargo, se despidió de los padres de Lily, y les agradeció toda la paciencia y la amabilidad que habían tenido para con él. Petunia permaneció oculta con Vernon, y ninguno de los dos se aproximó para saludar al chico antes de que se retirara de aquella casa. Lily lo acompañó hasta la puerta, y cuando llegó el momento de despedirse ninguno de los dos sabía cómo hacerlo.
Al final fue Lily quién le dio un rápido beso en los labios y luego entró rápidamente a su casa, sin mirar atrás. James pensó que si hubiese vuelto los ojos hacia él, si le hubiese mirado, no habría querido jamás separarse de ella. Pero los modos de Lily eran extraños y cortantes, y aunque fuese por una vez, por ésta específicamente, le pareció bueno que ella fuera así.
&&&&&
James en su casa se sentía raro. Él también extrañaba a su mamá, pero definitivamente consideró que Lily "lo echó" de su casa en el mejor momento de ellos. Sirius estaba cansado de intentar animar a James, lo invitó a jugar Quidditch, a beber cervezas de mantequilla o whiskey de fuego. Le invitó a salir por la noche. Pero la gota que colmó la paciencia de Sirius, fue cuando James le contó que no quería salir porque había ido a una fiesta con Lily y su tío y al describirle cómo había sido aquella fiesta a Sirius las palabras se le escaparon de los labios.
- Te odio. Podrías haberme invitado...
- Sí claro, sobre todo por lo bien que te llevas con Lily. -Contestó con ironía.
- ¿Le caigo mal?
- No sé, pero me dijo que tú le debías dos.
- Que me las cobre cuándo y cómo quiera. –Dijo sonriente y James arrugó el ceño, pero se le estiró cuando Sirius se carcajeó de su cara agriada.
Cada vez que se cruzaba con su mamá, James intentaba lucir feliz. Ocultaba su cara triste, y la cambiaba por su mejor sonrisa de catálogo de Navidad. Pero Dorea no tenía ni un sólo pelo de tonta, se enojaba con él y James no comprendía el por qué. Fue a media noche cuando bajó a buscar algo para comer que su madre lo increpó.
- ¿Por qué volviste?
- Porque te extrañaba.
- ¡Mentiroso! –Y le pegó un palmetazo en la cabeza.
- ¡Ay! –Se quejó y se frotó la zona afectada. – ¡Es verdad! Porque te extrañaba mu… –Y al notar la mirada amenazante de su madre, agregó. –Y porque Lily me dijo que era un desconsiderado y que tenía que venir a verte.
- ¡Aprende de esa chica, mal hijo! –Contestó mirando a James. –¿Y? ¿Cómo te fue?
James al escuchar la pregunta de su madre, no sabía que contestar. No eran novios, pero Lily lo había besado en los labios al despedirse y en la fiesta, pero eso para él no era nada muy esclarecedor porque de cierta manera, eso era un detalle en la historia de ellos y sin contar que ella lo había expulsado de su casa, según él.
- No sé. –Respondió mirando a su madre, buscando en ella una respuesta a sus miedos y sus temores.
- Dale tiempo, James. Dale tiempo y espacio. Las cosas que están destinadas a ser, serán pese a vientos y mareas. Y las que no, están destinadas al fracaso, no importa el empeño que puedes poner en ellas. –Se acercó a él y lo besó en la mejilla tras intentar dominar su descontrolado cabello. –Ahora, anda a acostarte o a entretener a Sirius, antes de que me vaya a despertar a las cuatro de la madrugada para que lo acompañe a alguna fiesta.
&&&&&
Su reloj marcaban las 10:55 de la mañana, y James estaba impaciente. La buscaba con la mirada por todas partes, pero ella no aparecía. De pronto, como un ciego que ve por primera vez, le pareció que el mundo se llenaba de colores: escuchó una carcajada que le resultaba familiar. De nuevo su mirada cruzó todo el andén hasta que dio con tres pares de ojos verde esmeralda, intensos e idénticos. Ian y Alfred caminaban con paso despreocupado, acompañados por Lily que reclamaba casi en susurros a su padre, quien ya no podía contenerse la risa. James y los hombres Evans se saludaron mutuamente con un movimiento de la mano. Sus ojos castaños brillaron detrás de los cristales de sus lentes cuando su mirada se encontró con la de Lily y ella le sonrió tímidamente. James, a duras penas, permaneció con su madre y con Sirius, hasta que un silbido, particularmente largo, les indicaba que era la última oportunidad para abordar aquel tren.
Cuando Alfred e Ian Evans, vieron a Lily subir abordar aquella gigantesca maquina roja, ambos se miraron cómplicemente y se despidieron alzando sus brazos hasta que el tren se perdió de su vista. Caminaron juntos hacia el automóvil de Alfred, donde estaba Rose esperándolos con el rostro bañado en lágrimas, con un pañuelo en la mano y con un cigarrillo en los labios.
Estaba apoyada en el auto y sollozaba hondamente. En un murmullo le preguntó a su marido.
- ¿Ya se fue? –El hombre alto sólo asintió con la cabeza y la abrazó, una vez pegada a ella le acarició los cabellos rojos, idénticos a los de Lily, y en su oído susurró. –Si sé, cariño. A mí también me cuesta dejarla ir.
Ian permanecía con la mirada perdida en la concurrida calle, absorto en el silencio. Silencio que fue interrumpido cuando Rose se incorporó hipando y le entregó un trozo de pergamino.
"Ian:
Sólo lo diré una vez, y espero no arrepentirme. Creo que tú podrás hacerlo feliz, cuidarlo y amarlo como yo lo hago. Si no eres capaz, avísame. No tengo ninguna intención en que pase pellejerías, ya sé que vives solo, pero si llegas a encontrar una novia espero que "la demente que se fije en ti" también lo aprecie.
Si cuando lo vea se queja, te lo quito (espero que eso haya quedado claro)
Sólo espero que aceptes quedarte con él, es un gran amigo.
Ve a casa a buscar a Romeo a casa y sólo dile que siempre estará en mi corazón.
Besos. (Para él, no para ti.)
Lily."
Ian sonrió abiertamente, mostrando la felicidad que lo embargaba y le dijo a su hermano que esa misma tarde iría por el perro grande, de pelo lanudo y amarillento a la casa de ellos. Alfred lo invitó a subir al vehículo y una vez que arrancó el motor, el padre de Lily le preguntó. - ¿Y? ¿Qué opinas del chico?
- ¿Por qué tendría que decirte que opino de él? –Ian pensaba que era el traidor más grande de la tierra, Lily acababa de dejarle su pertenencia más amada en la vida y él revelando información importante.
- Porque ese era el trato. –Dijo serenamente Alfred mientras le ofrecía un cigarrillo a su hermano menor. –Tú averiguabas lo que me interesa y yo te doy lo que te ofrecí.
- Buen punto –Acotó Ian encendiendo un fósforo y acordándose del convenio.
- ¿Y?
- Hice todo lo que me dijiste. Los saqué de fiesta, Lily no tomó nada de alcohol, James…uhmm, sería un digno amigo mío, pero pasó olímpicamente la prueba de la "chica ebria". Después fueron a comer por lo que me contó Paul y creo que sólo se besaron una vez. Fue un beso totalmente adolescente, sin manos en lugares donde no debían estar y sin sorpresas…Lo que nunca supe fue por qué estaban enojados entre ellos y tampoco sé si son novios. Pero quédate tranquilo, Alfred, Lily es una buena chica, ni siquiera intentó algo con Dave y todos sabemos que era su ídolo de la infancia…incluso él le ofreció éxtasis y ella no quiso.
- ¡Par de dementes! Las cosas qué le hacen a Lily… ¡Ustedes dos son horribles!, ¿Por qué no le preguntaron a ella? Si se llega a enterar…-Exclamó Rose enfadada.
- No se va a enterar –La tranquilizó Ian. –A menos, que tú le digas.
- Y eso es lo que haré, Alfred. ¡Dame un buen motivo para no contarle lo horrible que es su padre! –Amenazó airada la madre de Lily.
- Eso es fácil. A mi me interesa saber qué pasa con mi hija. Si le pregunto no me contará que le ocurre, porque ni a ti ni a mi nos contó que pasó con Alex…por lo tanto, yo me informo por medios externos y así evito que sufra. No lo hice con el imbécil de Alex, traté de hablarle bien de él para que se enojara y me contara lo que ocurrió entre ellos, pero Lily es demasiado reservada. Por eso no volveré a cometer los mismos errores. Y no tuve más opción que hacer lo mismo que le hice a Petunia.
- Pero... ¡Es horrible! –Alegó su mujer.
- Llámalo como quieras, Rose, pero tú te preocupas por nuestras hijas, y yo me ocupo de ellas. Necesito saber qué hacen, cuáles son sus problemas para darles solución. –Alfred se rascó el cuello, y se quedó pensativo. -¿Y qué opinas de él, Ian? No me has contestado. –Cuestionó a su hermano girando el cuerpo y la mirada hacia él.
- Me gusta más que el otro. ¿Tú qué crees?
- A mi me gusta…
- ¿Por qué? –Preguntó Ian mientras soltaba una bocanada de humo en perfectas argollas.
- Porque dijiste que sería un digno amigo tuyo.
Ian sólo sonrió ante la confesión de su hermano, lanzó la colilla por la ventana y con su ronca voz agregó al ver la radiante cara de su hermano. – ¿Y? ¿De qué te ríes?
- De que todavía funciona el método Evans.
Nota de la Autora más malvada del planeta: Lo sé, lo sé. Me demoré mil y les dije que se les traería la continuación pronto. Tengo miles de excusas pero me imagino que no les interesan, aún así, quiero que sepan que lo siento mucho. Y por lo mismo no les daré fecha para el próximo capítulo (que espero poder arreglarlo pronto). Mis más sinceras disculpas, de verdad que esto me incomoda tanto que no se lo pueden imaginar.
Tomates, huevos y demás cosas podridas...ya conocen el modo.
