Los personajes no me pertenecen. Le pertenecen al gran autor Akira Toriyama.
Capítulo 25
"Enigmas y amistades"
El sexo es la raíz, el erotismo es el tallo, el amor es la flor. ¿Y el fruto? Los frutos del amor son intangibles. Éste es uno de sus enigmas" Octavio Paz.
—¿Qué haces aquí sola y a obscuras? —le preguntó Ouiji, permitiéndose encender el interruptor, ocasionando que la cocina se iluminara por completo.
Bulma tragó saliva, dejó de hacer lo que estaba haciendo, era imposible aquella distracción. De pronto, se vio impulsada hacia donde estaba Vegeta, parándose frente a él, sosteniéndole firmemente la intensa mirada.
—Pensando—respondió la ojiazul en un hilo de voz.
Vegeta enarcó una ceja, turbado y con un ligero matiz de curiosidad.
—¿En qué?
Así, frente a frente, los embargó esas conmiseraciones que los habían cautivado en ese primer día cuando se vieron por primera vez: confianza, tranquilidad y esperanza.
Bulma se mordió el labio inferior, un pequeño indicio de nerviosismo. No obstante, la muchacha nunca se había sentido tan decidida.
—En que yo… ya no estoy enojada contigo, Vegeta.
Vegeta tenía la ferviente sospecha de que algo malo le había pasado a su mujer cuando ésta salió al parque para que él pudiera hablar a solas con Mei. Estaba preocupado y eso se hacía evidente por la forma en cómo la miraba. Los ojos negros revelaban temor, algo difícil de ver en ellos. La opresión en el pecho lo ponía nervioso hasta los huesos; a tal punto que comenzaba a padecer escalofríos. No tenía idea a lo que lo llevó pensar lo que cruzó por su mente hacía apenas unos segundos, pero era una posibilidad. No pudo engañarse, tal vez era eso y, la verdad era que, de alguna u otra forma, Bulma estaba pensando en dejarlo. ¿Qué lo hacía creer en eso? A lo mejor porque de repente su mujer decidió perdonarlo así, ¡de la nada! A su mentalidad de hombre esa acción le pareció muy sospechosa. Dejó de sacar conclusiones precipitadas y decidió que lo mejor era preguntarle a su mujer el motivo de ese cambio repentino.
—¿A qué viene eso, Bulma?—preguntó Ouiji con voz calmada, tratando en controlar su inquietud.
Bulma estaba decidida, no dejaría que nada ni nadie opacara su felicidad con Vegeta. Lo conocía demasiado y sabía que Ouiji no sería capaz de lastimarla por malicia; si algo estaba claro para ella era que existía un misterio confidencial que solo Gokú y pocas personas lo sabían. Tenía el presentimiento en que no faltaría mucho para que ella también lo supiera, y lo sabría nada más que nadie por el mismísimo Vegeta. Esperaría, sería paciente, así que lo único que podía hacer era seguir con su felicidad. Amaba a Vegeta y haría lo que fuera para que siguieran juntos; si bien a su criterio, ya era el momento para que ambos pasaran al siguiente nivel. Recordó aquellas veces que él le pidió perdón, diciéndole que la extrañaba y confesándole que la amaba; aunque claro, de una manera muy inusual que solo ella sabía cómo interpretar las palabras del orgulloso muchacho.
—Acepto ser tu novia—dijo Bulma esbozando una enorme sonrisa.
A Vegeta lo consumió un fuego interno que se encendía rapidamente por todo su cuerpo, era como si lo hubiera picado un animal ponzoñoso cuyo veneno se expandía por sus venas. No lograba entender esos sentires que su mujer provocaba en él. Feliz. No podía estar más feliz que nunca; todo miedo se esfumó para dar lugar a la alegría. Ouiji quería preguntarle por qué ese cambio decisivo tan repentino, pero como si ella le leyera sus intenciones, con su sola mirada le transmitió que eso no era lo que importaba sino el comienzo de su nueva relación que, esta vez, si daría frutos.
Vegeta, embargado por la felicidad, se atrevió a dar un paso para estar cerca del cuerpo de Bulma. Ella retrocedió y chocó contra la barra del barandal que dividía el comedor con la cocina. Sin darle tiempo de pensar ni reaccionar, Vegeta la besó y ella fue débil porque no tardó ni dos segundos en corresponderle el beso. ¡Demonios, cómo la había extrañado! Su olor, su piel, su sabor… ¡Todo! Tenerla así de cerca lo excitaba. La manera en que la ojiazul deslizaba sus labios carnoso sobre los de Ouiji le hacía perder la razón. Se sentía embriagado a pesar de no haber ingerido una gota de alcohol cuando fueron al centro comercial a comprar el uniforme. Las manos de ella, suaves y delicadas, se entrelazaron tras el cuello masculino profundizando aún más el beso.
De manera automática, Ouiji la tomó con fuerza de la cintura, atrayéndola más a él. Un pequeño gemido escapó de los labios de Bulma al sentir chocar su cuerpo con el de Vegeta, notando el calor y la excitación que él transmitía. No obstante siguió besándolo con el mismo vigor, con la misma aptitud, como si tuviese la necesidad angustiosa de devorarle los labios. Era como si ambos hubiesen esperado demasiado tiempo por aquel momento.
Bulma, aprisionada y enardecida, trataba de seguirle el ritmo, sintiendo como una de las manos de él se deslizaba por su espalda lentamente, traspasando con su incandescencia la tela de su vestido, erizando a su paso los vellos de su nuca. Con suma decisión, en un ágil movimiento, inmiscuyó su mano por encima del pantalón de Vegeta percibiendo su endurecido miembro. El muchacho no pudo evitar reprimir un gruñido gutural al sentir aquella tibia mano en contacto con su piel. Acarició con lentitud la espalda de su novia, deslizando sus rígidos dedos por todo el largo de la columna; mientras él se apoderaba de los labios femeninos como el único dueño de ellos, como si hubieran pasado siglos desde la última vez que los probaba, y de pronto los exigiera. La otra mano experta de Ouiji se deslizó hacia arriba, atrapando algo delicado y suave posándola ahí, en el hombro de la muchacha, escuchándola gemir quedamente sobre sus labios, disfrutando del contacto con los ojos cerrados.
Ella se separó a escasos milímetros de su hombre, sonriendo satisfecha. La agitación que golpeaba a Ouiji lo inhabilitaba para pensar con coherencia, así que optó por tomar con fuerza la nuca de su mujer y atraerla hacia él en un movimiento rápido, con más desenfreno. Las caricias de Ouiji se empezaron a hacer cada vez más desesperantes sobre la piel de la fémina, sus manos no dejaban de moverse; recorrían con lentitud la espalda y el torso femenino; acariciándolo con maestría, logrando que los latidos de ambos corazones aumentaran y las respiraciones se agitaran cada vez más. Vegeta aventuró la mano que antes rodeaba la cintura femenina, un poco más abajo, descendiendo lentamente, hasta detenerla en el trasero de su mujer. Juntó más sus cuerpos logrando un suspiro gratificante por parte de ella. Bulma se separó nuevamente de los labios de Ouiji, pero no de su cuerpo. Vegeta se vio obligado a devolverle esa mirada penetrante con la que Bulma Brief insistía. Sus ojos de color azul brillaban extraordinariamente viendo fijamente a Ouiji, quien por momentos se vio reducido ante su mirada. Bulma sonrió, se acercó a los labios de Ouiji y tomó el inferior entre sus dientes, jugueteándolo; para luego besarlo nuevamente.
Para Vegeta Ouiji, ya no había cordura que lo ayudase a adueñarse de la situación por esos momentos. El muchacho se condenaba a Bulma y a la maldita adherencia que ella provocaba sobre él. ¿Cómo mierda lo hacía? ¿Qué clase de poder tenía ella para poder sentir a Ouiji totalmente perdido? Le valía una mierda saberlo en esos precisos momentos. De pronto algo lo desató, el aullido que lanzó fue mucho más resonante que los anteriores; Bulma había irrumpido bajo su pantalón. Ouiji percibió como los dedos de ella se deslizaban con lentitud buscando su sexo. Vegeta se separó bruscamente al sentir como una mano rodeaba su hombría que ya comenzaba ser una molestia entre la tela de mezclilla.
Los gemidos se hicieron más sonoros y seguidos, ella parecía disfrutar del efecto que le provocaban sus caricias a su hombre. La pasión entre ambos aumentaba a cada segundo, Vegeta la aferraba a su cuerpo con fuerza intentando contagiarla con la excitación que ella le producía. Con movimientos torpes se fueron moviendo, trotando por el comedor y luego por el oscuro pasillo hasta que ella chocó con el sillón de la sala. Sin dejar de besarse y tocarse, la chica empezó a desabotonar lentamente la camisa de Ouiji hasta dejarlo con el torso completamente descubierto. Se separó de los labios de su hombre respirando agitadamente, admirando esa suculenta y fornida anatomía; se sentía altamente dichosa al saber que era dueña de todo ese cuerpo tan varonil. Vegeta la miró a los ojos y pudo ver en ellos el mismo deseo que él sentía. Ella le devolvió la mirada y sonrió antes de besar el cuello masculino y descender con besos húmedos hasta alcanzar el torso; lamiendo y mordisqueando todo a su paso.
Finalmente, en un acto desesperado Ouiji la alejó un poco de su cuerpo, y con brusquedad le quitó el vestido a la hermosa chica pasándolo por encima de la cabeza, teniendo a la vista la suculenta anatomía de su mujer. Los oídos de Ouiji se extasiaron en adoración al escucharla gemir. Con una maestría de la que solo Vegeta estaba dotado, desabrochó sin ningún problema el sostén de la joven, para luego llevar su boca ardiente hacia ellos besándolos con veneración, atrapándolos también con sus manos, acariciándolos y admirándolos, disfrutando de la textura suave y delicada de la piel de la chica; mordiendo aquellos pezones erectos producto de la excitación que él le producía. Vegeta abandonó los senos femeninos y subió hasta los labios de ella quien sonrió con picardía mientras ella deslizaba sus manos por su pecho musculoso, lánguidamente. La muchacha, haciendo uso de sus dedos, bajó un poco más hasta alcanzar el botón del pantalón de Ouiji el cual abrió con mucha facilidad, continuando con la cremallera hasta que finalmente el pantalón cayó al suelo. Bulma compuso una sonrisa descarada, luego volvió a entrometer su mano bajo la tela del bóxer.
El gemido de satisfacción de Vegeta quedó ahogado en los labios de ella; no obstante él no quiso quedarse atrás. Rápidamente comenzó a acariciar los muslos y el trasero de la muchacha, para finalmente tomar la tela de la braga y hacerla descender por aquellas largas y blancas piernas que lo volvían loco. Vegeta apretó los glúteos femeninos con salvajismo, logrando que su erección golpease contra el vientre de Bulma. Ella gimió entre los labios de Ouiji apretando con más fuerza el miembro erecto que apretaba con sumo cuidado entre sus manos. Ansioso y desesperado, tomó a su mujer subiéndola en el respaldo del sillón. Por reflejo la joven Brief abrió las piernas y él rápidamente encajó en el espacio que éstas formaron. El primer roce de sus sexos produjo que ella gimiera fuertemente. Vegeta la miró buscando en los ojos azules la misma necesidad que sentía él, anhelantes en hacer el amor. Aquellos ojos oscurecidos por el deseo centelleaban anhelantes, sus labios entreabiertos estaban rojos e hinchados producto de la ferocidad de sus besos.
Bulma volvió a besarlo, mientras su mano traviesa bajaba la última prenda, quedando el miembro de Ouiji finalmente libre y estoico. Los besos cada vez más anhelantes de Bulma le decían a Vegeta que ella también lo necesitaba tanto como él. Así que sin poder resistir un minuto más, Ouiji se dispuso a entrar en aquella cavidad húmeda. Se hundió lentamente en ella, avanzando hasta llegar al fondo ¡Demonios, demonios, DEMONIOS! Ya había olvidado lo que se sentía estar dentro de esos pliegues; había tanta calidez en el interior de ella. Los gemidos se hicieron más fuertes e incontrolables. Una vez que Vegeta se sintió completamente dentro de su mujer, empezó con un movimiento lento y acompasado con sus caderas. La satisfacción de ambos era plena, Ouiji sentía como su miembro era rodeado y aprehendido por aquella cavidad tan mojada, y la presión que ejercía sobre su palpitante erección lograba aumentar el placer.
—Más… más rápido…—pidió Bulma con voz agitada.
Haciendo caso a sus suplicas, Vegeta fue aumentando sus embestidas, consiguiendo un ritmo primitivo. La fuerza de las estocadas era tal, que tuvo que sostener a la chica por las caderas para evitar que se resbalara del sillón. Ella solo se limitó a apoyarse rodeando el brazo en el cuello de Ouiji y recargado su otra mano en el respaldo del sillón. Curvó su espalda un poco, con el temor de que se resbalara, gimiendo aún más fuerte y agitada; muestra clara que estaba llegando a su límite. Vegeta se detuvo de repente y Bulma con tan solo verlo se dio cuenta lo que él tenía en mente. Ambos se sonrieron, con las respiraciones aún agitadas y los rastros de placer que corrían en su torrente sanguíneo. Sin decir nada más, Vegeta cargó a Bulma sujetando sus glúteos; ella solo entrelazó sus piernas en la cadera de él, besándolo en la frente.
—Continuaremos en nuestra habitación—dijo Ouiji que caminaba por el oscuro pasillo con Bulma en brazos.
Haría que esa noche fuera inolvidable para ella.
Ya en la habitación de ambos, Vegeta depositó cuidadosamente a Bulma sobre la cama, casi a la orilla de ésta. Sintió su sangre hervir y todo su cuerpo clamó por ella suplicando que por fin saciara sus ansias de volverla a tomar y marcarla como suya toda la noche y los siguientes días. La boca de Vegeta fue gentil al reclamar la de su mujer, a quien saboreaba despacio mientras llevaba su mano a la intimidad femenina, comprobó que podía sentirse aún más excitado de lo que estaba al comprobar que ella seguía húmeda. Ouiji, a pesar de lo caliente que se encontraba, no estaba del todo satisfecho; él deseaba más comprendiendo que su ambición no conocía limites que hasta pensó que sería más ferviente si ayudaba a su mujer a humedecerse más de lo que ya estaba. Entonces, muy despacio introdujo uno de sus dedos en el interior de Bulma. Ella como respuesta gimió, sintiendo el dedo de su hombre moverse casi desesperadamente dentro de ella. Pronto, Ouiji introdujo otro dedo en el interior de su novia, ella se mordió los labios y por un momento él pensó que tal vez realmente le estaba haciendo daño por la fuerza que ejercía en ella.
—¡Qué rico! ¡Sigue así! —pidió la chica completamente fuera de sí.
Notó como la humedad del centro de la ojiazul aumentaba; por un instante pensó en detenerse y penetrarla de una vez por todas ya que no aguantaba las ansias de estar otra vez dentro de la chica. Pero cambió de opinión al darse cuenta de que quería verla llegar, anhelaba ver sus ojos cuando él le hiciera experimentar un orgasmo después de tantos meses. Bulma sintió cuando los dedos de Vegeta llegaban más profundo y aumentaban la velocidad; su clítoris estaba siendo estimulado sin desenfreno alguno. Ella se arqueó y entonces ocurrió: gritó al experimentar aquella sensación completamente entrañable, volvió a sentir como si su cuerpo estallara en llamas, pero no había ardor, al contrario, el calor la cubría plácidamente mientras flotaba y poco a poco su cuerpo volvía a unirse. Agitada y ansiosa, Bulma se incorporó, y se acomodó encima de Ouiji; y al ver el miembro más que listo de su novio, la fémina se relamió los labios.
Ouiji, quien estaba sentado frente a ella, la miraba con fuego en los ojos. La fémina se sentó a horcajadas sobre las rodillas de su hombre, acercando una mano hasta el miembro endurecido, y rozó sus dedos sobre éste. Vegeta reprimió un gruñido. La chica comenzó a acariciarlo, indagando su tacto, su dureza y su calor ¡Y vaya que estaba muy caliente! Entonces lo escuchó gemir y recordó entonces cómo la había hecho sentir él a instimularla a modo que aceleró sus movimientos. Al divisar la expresión de completo gozo y placer en el rostro de Ouiji se sintió poderosa y más mujer que nunca haciendo crecer su ego. Aceleró los movimientos de sus manos mientras sentía como su propia excitación crecía junto con la de Vegeta. Ouiji ya no podía más, la masturbación que su mujer le estaba dando era tan eminente que su cuerpo reaccionó antes de cualquier raciocinio; hasta que un ronco gruñido salido de su garganta a la vez que se derramaba en las manos de la chica. Con la respiración alterada, Vegeta le mordisqueó el lóbulo dándole ligeros masajes con su lengua, y antes de que Bulma hiciera otro movimiento, él la hizo girar dejándola de cuclillas delante de él con la espalda pegada a su fornido pecho. Ouiji estaba de rodillas y sin darle tiempo a nada llevó una de sus manos al centro de la ojiazul e introdujo uno de sus dedos y comenzó a moverlo de manera circular; estimulando el clítoris a cada roce.
—¡VEGETA! —gritó ella en un lastimero sofoco. Arqueó la espalda a todo lo que la nueva posición le permitía, apoyó la nuca en el hueco del hombro de su hombre facilitando así que él pudiera besarle el cuello.
Los movimientos de la mano de Ouiji comenzaron a acelerar. Llevó su otra mano a los senos femeninos emprendiendo a masajearlos con desespero, pero esta vez el movimiento no era apacible; ya estaban en otro nivel en donde los dos dejaban de reprimirse y se mostraban con tanto vigor todo lo que podían hacerse sentir el uno al otro. En esa posición Bulma no tenía mucho dominio mientras que él podía someterla fácilmente, mencionando que sus manos casi no podían moverse de sus costados ya que estos estaban aprisionados por los fuertes brazos de su hombre; entonces sintió que algo duro resaltaba y se alzaba hasta rozar sus glúteos; sonrió al darse cuenta de que él también se excitaba solo de tenerla en esa sensual pose. Sin embargo, no quería permanecer pasiva así que apretó sus nalgas contra el miembro de su novio y comenzó a mover su cadera frotando así sus partes; le complació el gruñido que él le dio como respuesta a esta acción. Permanecieron así por unos minutos hasta que él la sintió húmeda de nuevo. Bulma parpadeó asombrada cuando se dio cuenta de que ahora estaba acostada boca arriba sobre la cama y él estaba encima de ella. Entonces Bulma levantó los brazos y los enredó en el cuello de Ouiji y comenzó a tirar de él para acercarlo a ella hasta que sus labios se unieron de nuevo con una rigurosidad y destemplanza placentera. Vegeta elevó las caderas de Bulma provocando que ella contuviera el aliento cuando sintió la punta del miembro masculino rozar su entrada. Ambos se contemplaron fijamente, inmóviles, el rubor cubría las mejillas bronceadas de Ouiji y en el caso de Bulma se extendía por todo su rostro. Los labios de Vegeta se curvaron en una sutil sonrisa y una de las manos que mantenía en la cintura de ella se movió despacio en una provocadora caricia a lo largo de la espalda femenina. La muchacha se estremeció casi de forma imperceptible y le sorprendió que a pesar del calor que le calcinaba en el interior de su cuerpo, apareciera una perceptible impresión que le produjo una especie de escalofrío ante ese contacto. Bulma Brief se permitió perderse en aquellos vehementes ojos negros que la embelesaban, bajó la mirada y se encontró con aquella boca que aún mostraba una sonrisa tan condenadamente varonil: entonces recordó el último beso real que se habían dado poco antes de de que él terminara con ella, y casi sintió un cosquilleo en los labios al rememorar ese momento.
Vegeta la contemplaba embelesado, dentro de su cuerpo su nivel de excitación amenazaba con dispararse y hacerle perder el control… ¿Y cómo no hacerlo? Si su mujer lo acariciaba con tanta exquisitez que borraba todo discernimiento en él. No obstante sabía de sobra que no debía apresurarse, no podía echar a perder ese momento, mucho menos cuando estaban reconciliándose. Bulma lo miró a los ojos una vez más y entonces en un sutil movimiento acercó su rostro a la de su novio y unió su boca con la de él; para Ouiji saber que ella también lo deseaba le dio razones suficientes para estar toda una vida al lado de Brief… solo le quedaba confiar y esperar para que ese sueño fuera una pronta realidad. Pronto su lengua salió en busca de la de Bulma y ésta no tardó en responderle, en cuestión de fracciones de segundos ese beso se había convertido en una exigencia demandante de más placer.
—Ve… Vegeta…—escuchó la suave voz de Bulma mientras sentía las uñas de ella que se clavaban con energía en su pecho provocándole más placer que dolor—. Había esperado mucho por este momento… ¡Aaaah!
Los dos amantes, completamente desnudos con la piel húmeda producto del sudor debido al poderoso ardor que le recorrían las venas, se acariciaban mutuamente sin detenerse. Vegeta abrazó a Bulma con fuerza y la hizo girar, quedando ella encima de él. Cada uno con el corazón latiendo desbocado, con la respiración agitada; era evidente la pasión desbordante que consumía a ambos. Ouiji se sentía afortunado, y ¿cómo no estarlo? En cuanto clavó los ojos en esa hermosa ilusión que era Bulma era claro que no permitiría que nadie más estuviera en su lugar; Bulma Brief era suya y lo sería siempre… era una promesa. Embelesado por aquella imagen, por ese sensual y atrayente cuerpo que, al igual que él, estaba completamente desnudo cuya nívea piel estaba húmeda por el sudor, no pudo esperar para hacerla suya de nuevo. Sin más, levantó esos redondos glúteos tajados e hizo que su miembro entrara de una sola estocada en el sexo femenino. Bulma comenzó a moverse de arriba abajo, lentamente; entrando y saliendo, sintiendo una suavidad extrema por la que sus flujos hacían resbalar el miembro de su hombre. Ante la mirada atenta de Vegeta, Bulma no dejaba de moverse, admirando gracias a esa posición aquellos cabellos azules revueltos, esas mejillas sonrojadas y esos labios entreabiertos provocando que escapara de su garganta un gemido tras otro.
—Muévete más rápido, mujer… ¡Oh, qué rico!—dijo casi gruñendo mientras enterraba sus dedos en la suave piel de las caderas de Bulma quien se encontraba a horcajadas encima de él moviéndose con energía, palpándose con el miembro masculino que yacía en su interior, vigoroso y rebosante al encontrarse embalado en sus cálidos y húmedos pliegues. Bulma tomó una de las manos masculinas que se encontraban en su cadera y la guió hasta posarla en uno de sus turgentes pechos. Vegeta perdió el juicio ante la acción de su mujer a tal punto que comenzó a mover su propia cadera a la par de la de ella para que la penetración fuera más rápida y profunda.
—Mmmmm… maldición… ¡Bulma!—Ouiji cerró los ojos, se encontraba completamente abstraído por las intensas oleadas de placer que el frágil, pero hermoso cuerpo de su mujer le provocaba con sus sensuales meneos y sus estruendosos gemidos.
Con sumo cuidado, manteniendo el agarre en la cintura de su mujer y sin salir de ella, Vegeta se giró para que la fémina quedara abajo; percibiendo que la respiración de su novia comenzaba a agitarse. Lanzando un suspiro de excitación, Bulma enredó sus brazos alrededor del cuello del muchacho y lo atrajo hacia ella para besarlo de nuevo. Vegeta estaba casi completamente perdido entre la deliciosa sensación que eran los labios de su mujer succionándose debajo de los suyos y esas maravillosas curvas que traslucían debajo de su cuerpo. Vegeta se crecentó a deslizar una mano a lo largo de su costado, pudo escuchar un sutil gemido de ella atrapado entre el beso que compartían. Bulma no se quedó atrás, la chica alargó sus manos alcanzando los glúteos de Ouiji a la vez que ella acrecentaba la penetración moviendo con fuerza sus caderas. La percepción era evidente en ambos, había una chispa de requiebro que avivó en ambos corazones, pero lejos de disminuir la fuerza de su pasión más bien la aumentaba.
Bulma se concentró en el sutil ardor que comenzaba a encender una vez más en su centro al sentir como la mano de Vegeta le acariciaba el costado para después perderse cerca de su zona más intima. Sentir la mano de Ouiji directamente sobre su piel tuvo un efecto inesperado en ella. Un instinto de la más casta concupiscencia femenina la llevó a enredar una de sus piernas en torno a las de Vegeta. Él dejó la boca de ella para soltar un ronco gemido que demostraba que le había gustado ese movimiento. Bulma observó de nuevo los ojos negros del chico y se perdió en la misteriosa oscuridad que ahora brillaba en ellos. La ardiente boca de Ouiji le propino un sutil mordisco en la mandíbula y comenzó a bajar por el cuello dejando un rastro de fuego a su paso, mientras la mano que exploraba cerca de la zona intima había llegado preso de una poderosa ansiedad mezclada con un profundo deseo.
—Ve… Vegeta…—balbuceó agitada Bulma mientras su espalda se arqueaba suavemente entre el colchón como reacción a la exploración de la mano de Ouiji a su clítoris.
—Bulma…—dijo Ouiji con voz ronca a la vez que bajaba su boca peligrosamente hacia los pechos de su mujer que comenzó a besarlos provocando que Bulma se arqueara aún más—. ¿Te gusta, Bulma? —preguntó él ansioso mientras su mano comenzaba a moverse sobre el pecho de ella de manera circular, lenta y provocadoramente. Ouiji gruñó de satisfacción cuando pudo sentir como el pezón de su mujer se endurecía en respuesta de las caricias que él le propinaba—. Dímelo, Bulma… Dime que te gusta… ¡Dilo!—insistió.
—¡Oh, sí!—gritó ella mientras enterraba sus manos en la obscura cabellera de su novio y lo presionaba contra su cuerpo en un intento por aumentar el placentero contacto—. ¡ME ENCANTA ESTO!—hasta ese punto Vegeta ya no tenía control de sí mismo y una parte de su cuerpo que él había intentado ocultar despertó completamente revelando su grado de excitación. Él salió de ella para seguir estimulándola con sus roces. Los ojos de Bulma se agrandaron al sentir el miembro duro de su hombre presionar firmemente cerca de su entrada. Comenzó a desplegar delicados besos sobre su pecho mientras sus manos se movían hasta alcanzar las caderas femeninas, ahí se movieron circularmente con tal delicadeza que la fogosidad de Bulma acrecentó. Ouiji se dio cuenta de ello pues lo siguiente que hizo fue aferrar con fuerza las caderas de su mujer y elevarlas contra las suyas para que sintiera la dureza en su cuerpo que ella había despertado. Un grito de sorpresivo placer escapó de la boca de Bulma al sentir una vez más la firmeza del miembro de Ouiji.
Entonces miró fijamente a Bulma y comenzó a mover sus caderas sutilmente y con cuidado en un movimiento parecido al de la penetración; su ego se vio maravillosamente recompensado al ver como la lujuria comenzaba a formarse en las delicadas facciones de Bulma. Vegeta aumentó el movimiento de tal modo que sus sexos se rozaban casi con violencia arrastrándolos cada vez más cerca de ese abismo que marcaba la diferencia entre la cordura y la gloriosa locura. Miró a su mujer y pudo leer claramente que ella la necesitaba tanto como él. Entonces volvió a elevar las caderas femeninas, viendo como Bulma contenía el aliento cuando ella sintió la punta de su miembro rozar esa parte delicada. Sin perder en ningún momento el contacto visual él descendió y se introdujo completamente en ella en una sola y certera estocada. Bulma soltó un grito de placer, movió sutilmente sus caderas de arriba abajo dejándose maravillar por esa sensación tan electrizante. Ouiji salió de ella solo para volver entrar con más fuerza, ella en respuesta cerró los ojos y enterró sus uñas en la espalda masculina. El momento era glorioso, magnifico y único. Vegeta levantó una de las piernas de Bulma y la enganchó en su cadera; la mano de Ouiji la sujetó de la rodilla y la elevó más para que de esa manera pudiera llegar aún más profundo.
—Extrañaba hacerte mía, Bulma—le dijo mientras el nivel de las embestidas aumentaban hasta alcanzar un ritmo casi brutal.
Bulma lo miró y lo que vio le arrancó un gemido de pura lujuria, Ouiji la contemplaba con los ojos oscurecidos de pura pasión y deseo, su frente estaba perlada en sudor y sus negros cabellos estaban despeinados; parecía desaliñado pero aún así se veía maravillosamente varonil. Bulma echó el cuerpo hacia atrás y arqueó la espalda cuando él movió un poco la cadera recordándole que aún estaba dentro de ella. Acto seguido Vegeta retomó sus embestidas, pero esta vez mucho más fuertes y profundas; los gritos de placer que ella daba lo complacían, al mismo tiempo se deleitaba con la sensación de estar dentro de ella. Vegeta sentía como su mujer se envolvía y se amoldaba a su miembro, podía notar el calor y la humedad dentro de ella. Completamente fuera de control levantó la pierna que Bulma tenía en su cadera y la colocó sobre su hombro, concentrado solo en la acometida. La cama temblaba con tanta fuerza que incluso el colchón rechinaba cuyo ruido se mezclaba con los gemidos. Los gritos, los gruñidos y los jadeos inundaban el lugar; gritaban sus nombres mientras pedían por más, indicio de que finalmente se acercaban al límite.
—¡Termina para mí, mujer!—gruñó Vegeta, sofocado.
—¡Ve… Vegeta! ¡Oh, Dios! ¡Aaaahhh! ¡VEGETA!—gritó Bulma con tanta fuerza que su garganta le ardió y de nuevo sintió como era golpeada por el clímax.
—¡Mierda! ¡Aaaahhrgg, Bulma! —gruñó él en medio de un gutural grito. Con un par de estocadas más se derramó en el interior de Bulma alcanzando su propio orgasmo y finalmente se dejó caer sobre ella...
Al día siguiente Bulma y Vegeta se levantaron a las 6:00 de la mañana con somnolencia, solo pudieron dormir pocas horas por el simple motivo de que continuaron haciendo el amor hasta a altas horas de la madrugada; sin embargo el cansancio no se hacía evidente en sus rostros como lo era la felicidad que aún seguía envolviendo a ambos. Después de pasar meses en no hacer el amor, en donde su relación era algo formal y amistosa, fue el preludio para que la reconciliación de la noche anterior fuera tan larga y placentera. Olvidando activar la alarma del despertador, fueron despertados por la ama de llaves que fue a tocar al departamento para dejar el uniforme que Bulma utilizaría esa misma mañana, ya que ese día ella comenzaba sus cursos de tecnología y física en el colegio que asistía Gokú y sus amigos. Con el poco tiempo a su favor, ambos jóvenes se metieron a bañar a una velocidad sofocante, se pusieron sus uniformes, guardaron los útiles en las mochilas que llevarían al colegio y desayunaron lo primero que encontraron guardado en el refrigerador. Una vez listos, salieron del departamento rumbo al estacionamiento haciendo uso del elevador. No tardaron nada en encontrar el lujoso auto negro de Vegeta quien se adelantó para encender el motor, mientras que Bulma pasaba por una máquina de golosinas a comprar un yogurt para bebérselo en el camino. Al ya tener su bebida en la mano, la chica Brief fue a donde la esperaba Ouiji, rodeó el auto y asiento en el lugar del copiloto. Durante el camino los chicos solo se enfrascaron en hablar sobre el futuro que se les avecinaría como novios, rememorando también lo de anoche, algo que sería totalmente inolvidable. Los dos parecían tranquilos y cómodos ante la compañía, como si el recuerdo del rompimiento fuera un periquete amargo e insignificante que ya no importaba en lo absoluto. En cuestión de minutos la plática se desvió a un punto en donde se percibió la incomodidad en el ambiente, y es que Bulma le había preguntado a Ouiji cuando hablaría con Gokú de una vez por todas para que arreglaran sus problemas. Vegeta, ante eso, le pidió a su mujer —de la manera más "cordial" de lo que fue capaz—, en no meterse en ese asunto ya que eso no le concernía a ella. Definitivamente Bulma se sintió algo ofendida y dolida por las palabras de su novio, pero aún así no se lo hizo ver. Al contrario, fue lo suficientemente sensata e inteligente para aconsejarle que ese asunto lo tuviera que aclarar pronto para que por fin sus dudas fueran respondidas y así dejaría de agobiarse por ello. Vegeta compuso una mueca de reprendido, después de meditarlo en un pequeño lapso, aceptó que Bulma tenía algo de razón; aunque obviamente no se lo haría saber.
Por fin habían llegado al colegio y Bulma no podía estar más ansiosa y emocionada en comenzar con los cursos que le ayudarían mucho para la fabricación de su máquina de tiempo. En cambio, Vegeta se sentía algo extraño por pisar de nuevo aquel lugar donde estudió durante su niñez y solo una pequeña parte de su adolescencia; al ver el enorme edificio le llegó a la mente recuerdos entrañables y difíciles de olvidar. Al decir verdad, Vegeta —desde el momento en que se puso el uniforme de su antiguo colegio—, tuvo una horrible sensación de intranquilidad. Sabía que no eran nervios, él no era nada débil para experimentar algo así, sin embargo lo envolvía una inquietud que ya comenzaba a exasperarlo. Regresando a la realidad, bajó del auto dándose cuenta que Bulma ya lo esperaba parada sobre la banqueta. Por la prisa de la mañana, no se dio un instante para verla detalladamente: el saco azul que la muchacha llevaba puesto le hacía resaltar su curvilínea figura y la falda en cuadros descubría unas piernas firmes y largas. Vegeta gruñó por lo bajo, su mujer se veía exquisita y era seguro que atraería las miradas de varios insectos inservibles. Por suerte para él, el moño le cubriría a Bulma el voluptuoso escote y gracias a las largas calcetas no mostraría tanto las piernas. Con esos problemas resueltos en mente, Vegeta se acercó a su novia y empezaron a caminar a lado del otro para adentrarse al colegio.
La mañana pasó algo lenta y con muchas actividades para la nueva parejita. Bulma tuvo que estar dentro de las oficinas de coordinación académica para que le dieran el alta en el colegio. El papeleo fue tan laborioso que, la muchacha estuvo horas sentada y sin poder hacer nada dentro del despacho mientras esperaba que su inscripción estuviese lista. El ruido de la campana hizo que Bulma volteara de nuevo a ver el reloj que estaba colgado en la pared, notando que eran las 10:30 de la mañana; un gruñido surgió dentro de su estómago haciéndola sonrojar. Una secretaria que estaba por ahí le dijo que podía ir al comedor para que desayunara junto con los demás estudiantes, aconsejándole que comenzara a buscar amigos; diciéndole también que podía pasar por sus papeles terminando el recreo. Bulma, feliz por salir de ahí, le agradeció a la secretaria y corrió a la salida para buscar a Vegeta y preguntarle cómo había sido su primer día de clases. A pesar de que la escuela era enorme, la muchacha no tuvo ningún problema en encontrar el comedor ya que era una enorme construcción de tres pisos y, a parte, se hallaba en el centro de la institución. Caminó hacia allí dirigiéndose a la barra donde servían la comida, tomó una de las charolas que estaban apiladas sobre una mesa y se formó detrás de otros estudiantes que esperaban por su comida. Bulma aprovechó ese momento para buscar a Vegeta y a los demás, dándose cuenta que le iba a costar algo de trabajo ya que había demasiada gente y todavía le faltaban otros dos pisos por recorrer. La chica suspiró frustrada, dándose cuenta que la fila estaba avanzando hasta que por fin fue su turno para servirse. En la barra había mucha variedad de platillos que daba la sensación de era una especie de buffet más para un evento que para una escuela. Con el hambre atacándola por dentro, Bulma tomó un plato y se sirvió de todo un poco. Al darse la vuelta, la chica Brief divisó a lo lejos una enorme y despeinada cabellera fácil de reconocer.
—¡Gokú! —gritó Bulma corriendo hacia donde estaba su mejor amigo, sentándose a lado de él.
Gokú, quien jugaba con su comida sin comerla siquiera, apenas reaccionó a esa voz tan familiar. Al voltear a su lado se encontró frente a frente con la personita que lo había llamado. La verdad no se sorprendió verla allí ya que ella le había contado hace tiempo que tomaría unos cursos en ese colegio. El joven Son le sonrió, pero era una sonrisa forzada y compungida; era evidente que aún estaba abrumado por lo ocurrido en la villa del viejo Gasu.
—¿Qué haces aquí, Bulma? ¿No deberías estar con Vegeta?—preguntó Gokú mirando de soslayo hacia un rincón del comedor.
Bulma frunció el ceño, molesta; siguió la trayectoria visual de Gokú dándose cuenta que éste miraba a Vegeta quien comía sólo y apartado de todos.
—No importa, en mi escuela anterior casi nunca comíamos juntos—dijo Bulma sin importancia, apartándose el pelo de la cara con elegancia—. Oye, ¿me vas a decir?
—¿Qué cosa? —volvió a preguntar Gokú mirando a su amiga, desconcertado.
—De lo de Turles, sobre el accidente en la fábrica—ronroneó Bulma con voz amigable y acompasada.
Gokú, sin notar las obvias intenciones de su mejor amiga, se encogió de hombros y solo se limitó a decir:
—Ahhh eso… no.
—¡Oh, vamos, Gokú!—gritó la chica enfurecida, poniéndose de pie y golpeando la mesa con los puños—. Soy tu mejor amiga, y los amigos nunca se guardan secretos. Tal vez si me dices lo que sabes, yo puedo ayudarte a que Vegeta te perdone.
Gokú se quedó pensativo por unos segundos, como si considerara el ofrecimiento de su amiga. Trató por ignorar las miradas curiosas que estaban sobre ellos gracias a la escena que armó Bulma, para decirle que aceptaba su propuesta bajo algunas condiciones, pero fue interrumpido por una voz a sus espaldas.
—¿Aún sigue sin hablarte?—preguntó Nappa curioso, que rodeó la mesa para sentarse frente a Gokú; detrás de él venían Raditz y Broly.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —espetó Bulma al mirar que los muchachos se ponían cómodos en la mesa para degustar el desayuno.
—Pues aquí es el comedor, vamos a comer—respondió Nappa como si fuera lo más obvio del mundo, y luego le dio un mordisco a un pedazo de pan.
Bulma lo miró con cara de pocos amigos.
—No me refería a eso—espetó la chica entre dientes. Se dio cuenta que ninguno de los tres muchachos tampoco se habían impresionado al verla ahí, al parecer Gokú les pudo haber contado de su presencia en el colegio, ya que Vegeta no era esa clase de persona que le gustaba contar las buenas nuevas a sus amigos.
—Y tú ¿qué esperas?—dijo Raditz dirigiéndose a su hermano menor con el rostro enfadado.
—¿A qué te refieres?— preguntó Gokú sin comprender la pregunta de Raditz.
—Ve con Vegeta y arreglen lo que tengan que arreglar. La verdad no sé por qué se pelearon, ni me interesa, pero ya es muy patético verte tan cabizbajo todos los días. Das asco, hermano.
Todos, completamente de acuerdo con lo que dijo Raditz, voltearon a donde estaba sentado Vegeta, quien aún seguía comiendo tranquilamente ignorando todo lo que pasaba a su alrededor. Bulma apenas notó lo guapo y sexy que se veía su novio con el uniforme escolar.
—Vamos todos con Vegeta, para romper el hielo—opinó Nappa poniéndose de pie.
Los demás lo imitaron, levantaron sus charolas y se dirigieron a la mesa donde estaba Ouiji.
—¡Hola, Vegeta!—saludó el joven Gasu que fue el primero en sentarse seguido por los chicos.
Vegeta levantó la mirada, parecía malhumorado, y más por la presencia de todos sus amigos. Vio que Broly y Bulma se sentaron a su lado, y enfrente tenía a Nappa, Raditz y Gokú; éste último con la cabeza gacha.
—Lárguense—siseó Vegeta peligrosamente, que no necesitó decirlo en voz alta para que los demás lo oyeran.
—¡Oh, vamos! ¿Esto no te trae recuerdos? Cómo en los viejos tiempos—dijo Broly con tanta nostalgia en su dicción.
—Sí—continuó Nappa levantando su botella de agua como si brindara—, a excepción de que esta vez Bulma se nos une...
—… y que Turles no esté—terminó diciendo Broly sin ser consciente en que había abierto una fibra sensible y susceptible en el interior del más orgulloso del grupo.
Ante la mención de ese nombre, la mesa hizo un movimiento brusco que casi causó que las bebidas se derramaran encima de la comida.
—¡Uy, cuidado!—exclamó Nappa soltando una carcajada estridente, dándose cuenta que no había sido un temblor como lo creyó.
Bulma supo perfectamente que Vegeta había si el quien dio la fuerte patada a las patas de la mesa, provocando el zarandeo violento que ésta hizo. Levantó la mirada para ver a Gokú, y se dio cuenta que él también había sospechado de Ouiji. Bulma trató en llamar su atención, dándole una leve patada en la rodilla para hacerle alguna señal que le diera a entender que era el momento perfecto para que él y Vegeta hablaran y terminaran siendo de nuevo mejores amigos.
Gokú, nervioso y dubitativo a la vez, se dejó convencer por los ánimos de su amiga. Ya no podía postergar más esa plática pendiente que tenía con Ouiji.
—Ahhh si eh… ¿jugamos a algo?—sugirió Gokú sonriendo un poco, mirando por el rabillo del ojo a Vegeta.
—Claro, ¿qué se te ocurre?—preguntó Bulma interesada, siguiéndole la corriente al despistado chico.
Gokú se rascó la parte detrás de su cabeza, y notó que sus amigos le miraban expectantes, hasta Vegeta le había puesto un poco de atención; sin embargo no tenía la menor idea de cómo proseguir con el plan, así que sonriendo tontamente dijo:
—Amm no lo sé, yo solo lo propuse para romper el hie… ¡auch! —aulló Gokú con dolor, sobándose en la parte exacta en donde Bulma lo había pateado con fuerza por culpa de su torpeza.
Vegeta, satisfecho por la comida, se puso de pie para marcharse de ahí; aún quedaban algunos minutos de recreo, así que aprovecharía el tiempo restante para recorrer la escuela y ver si cambió algo en los últimos 9 meses.
—¿Ya te vas? —le preguntó Bulma, que estaba tentada en ir con él.
—Es obvio—respondió Ouiji con gesto impasible.
Bajo las miradas atentas de sus amigos, Vegeta levantó su charola, se dio media vuelta y sin decir nada más se alejó perdiéndose entre la multitud.
—Gokú, ve tras él—lo alentó Bulma, modelando su voz para expresar su credulidad.
—Me va a golpear, pero…
Gokú, definitivamente decidido, se puso de pie saltando por encima de la banca para correr y salir en busca de Vegeta. No le costó mucho en encontrarlo, ya que se dio cuenta que Ouiji parecía dirigirse en dirección a la zona del preescolar.
—¡Vegeta! ¡Espera!—lo llamó Gokú con impavidez, haciendo que aludido detuviera lentamente sus pasos—. Yo… ¿qué tengo que hacer para que me perdones?
Vegeta no necesitó voltearse siquiera, no había necesidad de hacer eso, simplemente creyó que su voz era suficiente para dirigirse a Gokú; el cara a cara estaba de más.
—Que patético—masculló Ouiji que seguía dándole la espalda al joven Son.
—Tal vez lo sea, pero por lo menos estoy tratando de solucionar esto. ¡Soy tu mejor amigo! —exclamó Gokú con fervor, cansado de hablarle a una espalda.
—Vaya mejor amigo que resultaste ser— escupió Vegeta con tanto veneno que provocó en Gokú un efecto de desconsuelo.
—Sí, cometí un error—admitió Gokú, y por primera vez su voz reveló un dejo de impaciencia—, pero créeme que estaba a punto de detener a Turles cuando él estaba por irse al preescolar. ¡Una maestra me detuvo y me llevó a la dirección!... Me costó mucho trabajo poder librarme de ella, pero lo hice y corrí a buscarte para avisar…
Las palabras de Gokú fueron rápidas y torpes, pero a pesar de su desesperación eran sinceras. A esas alturas Vegeta ya había llegado a su límite y era porque ahora se encontraba encarando al joven Son a quien agarró por los hombros y empezó a zarandearlo con tanta fuerza que parecía querer quitarle los brazos. Ambos amigos sintieron como una especie de Déjà vu.
—Y cuando te pregunté si sabías quien era la persona que se había llevado a mi hermano, ¿qué me respondiste, Kakaroto?—le cuestionó Ouiji quien parecía fuera de sí cuyos ojos aparentaban ser dos tímpanos de hielo negro, demasiados fríos que al verlos daba una sensación de miedo.
—Yo…—tartamudeó Gokú sin saber qué decir, haciendo un gran esfuerzo por sostener la glacial mirada de su mejor amigo.
«Otra vez esos ojos» pensó el joven Son que se había quedado estático en su lugar, rememorando un obscuro suceso que ocurrió ahí mismo donde ahora se encontraban parados y que todavía le seguía provocando pesadillas.
—¡¿Qué respondiste, Kakaroto?! —explotó Vegeta con un dejo de histerismo...
…
Gokú corría lo más rápido que podía. Tenía miedo de voltear atrás y llevarse la cardiaca sorpresa de que el grupo Ginyu tal vez lo habrían visto merodear por allí. El pequeño Gokú no podía creer que Turles fuera de esa clase de persona. ¡¿En qué demonios estaba pensando?! ¡¿Hacerle algo así a Tarble?! O Peor aún… ¡A Vegeta! Para Turles, ¿a caso valía más una venganza que una amistad? Gokú dejó de pensar en ello y se concentró en llegar a su salón de clases para darle aviso a Vegeta sobre lo que Turles planeaba a hacer, y era llevar a Tarble a la fábrica de las lejanías y encerrarlo allí. Ya estaba cerca, podía ver la puerta a unos 5 metros de distancia.
—¡Con qué fuera de su salón de clases, jovencito!
Gokú sintió un tirón muy fuerte en el antebrazo que lo impulsó hacia atrás y que casi lo hizo caer al suelo. Volteó arriba y para su mala suerte se dio cuenta que era la misma prefecta de la sección primaria que ahora lo llevaba directo a las oficinas del director.
—¡No, profesora!—Gritó Gokú tratando de zafarse del agarre de la mujer—. Salí a hacer pipi. Necesito llegar a mi salón de clases… Hay alguien que necesita ayuda y yo… ¡El hermano de mi mejor amigo está en peligro!
Gokú no le quedó más opción que decirle la verdad, al fin y al cabo la situación era muy grave para dejarlo pasar y, además, era consciente que la ayuda de un adulto era perfecta para que nada malo le pasara a Tarble.
—¿Con qué en peligro, eh?—espetó la mujer esbozando una mueca desagradable como si ya estuviera harta de casi las mismas excusas en lo que llevaba del día. A Gokú le dio un vuelco el corazón al darse cuenta que la prefecta no le había creído nada—. Ahora mismo te llevaré a la oficina del director para que te castigue por mentirle a un profesor y yo personalmente me haré cargo de llamar a tus padres.
—¿Y si mejor llama a la policía? —pidió Gokú con voz suplica, dando todo su esfuerzo en liberarse del agarre de la mujer.
—No exageres, eso no será necesario—dijo la prefecta haciendo caso omiso a los esfuerzos del niño—. Bien, llegamos.
Gokú dejó de removerse para darse cuenta que en efecto, ya habían llegado a las oficinas. La prefecta lo llevó a la sala de espera donde lo obligó a sentarse. Gokú se sentó a regañadientes después de escuchar un «quédate allí» por parte de la mujer. El pasillo estaba despejado, así que el pequeño Gokú aprovechó esa oportunidad para salir de allí con sumo sigilo y evitando que alguien lo viera. En esos momentos supo que Turles ya llevaba varios minutos de ventaja, porque vio el enorme reloj de la torre oeste y se dio cuenta que los alumnos del preescolar ya habían salido de clases desde hace más de una hora. Gokú siguió corriendo sin siquiera a detenerse en obtener aire y olvidándose por completo del dolor de sus piernas, hasta que escuchó el timbre que señalaba la salida de los de la sección primaria. Ahora la mitad de la escuela estaba demasiada concurrida que eso dificultaba a Gokú en su búsqueda. Hasta que al fin pudo dar con una cabellera en forma de flama, aceleró el paso yendo hacia allá donde se topó frente a frente con su mejor amigo quien iba junto con Broly.
—¡Vegeta! —gritó Gokú, afónico. Se permitió unos segundos en tomar aire. Sus amigos se sorprendieron al verlo tan agitado—. ¡Qué bueno que te encontré!
—¿Qué te pasó, Kakaroto?—preguntó Ouiji algo desconcertado por el estado deplorable de Gokú—. ¿Por qué no entraste a la última clase?
—Es… una… larga historia…—gimió Gokú respirando con dificultad.
—Bien, luego me cuentas. Ahora no tengo tiempo para ninguno de ustedes, debo ir por mi hermano.
Gokú se tensó en esos momentos que olvidó su cansancio y se puso enfrente de Vegeta una vez más.
—¡Tarble está en peligro! —gritó Gokú sin más provocando un cambio radical en el semblante de Vegeta—. Ahora mismo debe estar encerrado en esa fábrica abandonada de la que…
De repente Gokú sintió un colosal dolor en sus hombros producto de una repentina granítica perturbación, eso lo hizo gemir de angustia como nunca lo había hecho. Levantó la cabeza hacia la altura de la persona que lo estaba sujetando, dándose cuenta de ese semblante siniestro que poseía su mejor amigo. Vegeta no parecía él, definitivamente era otra persona. Sus ojos, ahora opacos e inyectados de sangre, daban la impresión que se le querían salir de las orbitas; sus cejas estaban tan contrariadas entre sí que daban un aire de lo más perturbable nunca antes visto en él; la comisura de los labios estaban tan delineadas que parecía una fina línea recta a punto de desaparecer; la mandíbula le temblaba pese al esfuerzo que Ouiji estaba ejerciendo al mantenerla tensa; su nariz, fina y alineada, parecía que crecía a cada inhalación y exhalación que las aletas se abrían más y más. En sí, era la primera vez que Gokú sentía mucho miedo hacia su mejor amigo que pudo percibir en él, Vegeta, un hambre homicida. El agarre se hizo más tortuoso para Gokú al sentir como le clavaban las uñas y lo zarandeaban sin remordimiento alguno, advirtiendo con mucho pavor la increíble fuerza que Vegeta estaba ejerciendo sobre él. La persona que tenía en frente parecía un desquiciado que no dudaría en buscar al responsable que pudo a hacer desaparecer a Tarble. Eso sería una catástrofe. Analizando a Vegeta en esos momentos, Gokú pudo concluir que él, Ouiji, era capaz de matar a Turles si éste último era responsable de causarle algún daño a Tarble por más mínimo que fuera. ¡¿Qué mierda debería a hacer?!
—Repítelo, Kakaroto—dijo Vegeta lentamente, con un tono de voz que no pareció ser de él; se escuchó áspera y fría—. ¿A qué te refieres con que Tarble está en peligro? ¡Habla!
Gokú negó rápidamente con la cabeza, miró a Broly quien estaba también en shock ante la situación. Desvió su mirada a la de Vegeta dándose cuenta que la paciencia de éste se extinguía ante su eterno silencio.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó una voz familiar a sus espaldas.
—Vegeta, suelta a mi hermano. Lo estás lastimando.
La llegada de Nappa y Raditz aliviaron un poco la tensión y el temor en Gokú.
Vegeta le lanzó una mirada asesina a Raditz antes de soltar a Gokú, empujándolo hacia atrás y haciéndolo caer al suelo. Sin decir ni una sola palabra e ignorando las miradas de sorpresa de sus amigos, Ouiji se alejó como una bala en dirección al salón de su hermanito.
—¿Qué le pasa? —preguntó Nappa con cara alelada, viendo a Vegeta a lo lejos hasta desaparecer de su vista.
—No hay tiempo para explicaciones largas—dijo Gokú totalmente adolorido, que se levantaba del suelo con la ayuda de Broly—. Tarble está en peligro, ¡Vamos con Vegeta!
Y, diciendo aquellas palabras, echó a correr hacia el preescolar; segundos después oyó los pasos de sus amigos detrás de él.
—¡Explícate, Kakaroto! ¿Cómo qué Tarble está en peligro? —le preguntó Raditz a Gokú mientras corría a su lado.
—Escuché a… ¡No sé quien era!, pero dijo que llevaría a Tarble a una fábrica abandonada y ahí lo encerraría hasta que alguien pudiera dar con él—explicó Gokú sin tener el valor en acusar a Turles por miedo a que uno de ellos le dijera a Vegeta la verdad, impidiendo en sí severas consecuencias como un enfrentamiento a muerte entre sus dos amigos.
—¿No reconociste la voz? —preguntó Nappa sin importarle que él y Raditz estuvieran faltando a clases.
—No—mintió Gokú sacando su credencial que deslizó en el panel de acceso, empujó el torniquete y corrió hacia donde estaba un Vegeta angustiado y fuera de sus cabales.
—No está aquí—susurró Vegeta como para sí, viendo que sus amigos se acercaban a él.
Gokú se sentía asqueado al saber que Turles fue capaz de cumplir con su venganza ¿En qué clase de persona se había convertido su amigo? ¿Cómo pudo hacerle algo así a Vegeta?
Ouiji estaba pálido y furioso, eso era algo evidente ante los ojos de los demás. No podía perder el tiempo ahí, debía encontrar a su hermanito; si algo le llegara a pasar no se lo perdonaría jamás. Estaba tentado en llamar a su padre, pero se contuvo; haría esto solo porque él era el responsable de Tarble. No tenía caso seguir buscando en el preescolar, ningún estudiante estaba y el profesorado ya se había ido a la sala de maestros; consideró en ir a pedir ayuda a un adulto, pero sabía que si hacía eso perdería tiempo valioso en seguir el rastro de su hermanito.
—Vegeta—lo llamó Gokú, vacilante—, Tarble fue llevado a una fábrica abandonada, fue lo que dijo esa persona que vino por él.
—Hay muchas fábricas abandonadas en la ciudad—espetó Nappa mirando despectivamente a Gokú—, ¿no escuchaste algo más, Kakaroto?
Gokú hizo un gran esfuerzo en recordar palabra por palabra lo que platicó Turles con el grupo Ginyu.
—Algo de una fábrica que estaba por las lejanías—dijo Gokú con brío.
—Sé donde es—dijo de repente Raditz—. ¡Vamos!
Gokú y los demás asintieron. Volvieron a pasar sus respectivas credenciales para tener acceso a la salida y, una vez que se vieron fuera del colegio, corrieron en dirección a la dichosa fábrica. Raditz y Nappa iban al frente, Broly les pisaba los talones y luego, detrás de él, venían Vegeta a lado de Gokú.
—Dime una cosa, Kakaroto—dijo Vegeta con la mirada al frente, pero con su concentración al máximo en Gokú—, ¿sabes quién es la persona que secuestró a mi hermano?
Gokú supo que Vegeta se había rezagado a propósito para que los demás no vieran o no escucharan su conversación. Sabía muy bien que era muy difícil mentirle a Ouiji, sobre todo porque su amigo tenía un talento nato en detectar las mentiras; no obstante las promesas para Gokú valían ante cualquier cosa en el mundo, y por el bien de todos se prometió a sí mismo en no revelar jamás el nombre de Turles como la persona responsable en encerrar a Tarble en la fábrica, claro, si resultara ser o no ser cierto. No se perdonaría nunca si él, Gokú, fuera el causante de que Vegeta llegara a matar a Turles. Así que, con todo el dolor de su corazón, miró a su mejor amigo a los ojos y le dijo con una seguridad envidiable…
…
—«No, no lo sé»—respondió Gokú afligido, sintiéndose como la mierda más grande del mundo que pudo haber existido en la tierra.
—Exacto—dijo Vegeta con tanta frialdad, que no pudo suprimir su ira y empujó a Gokú hacia atrás haciéndolo caer al piso—. ¡Y sí lo sabías, imbécil!
Gokú se incorporó lentamente, pálido como la cera y con los ojos desorbitados, notando los ligeros temblores en el cuerpo de su mejor amigo.
—Perdóname. Si hay algo que pueda hacer para compensártelo…
—No hay nada que puedas hacer—escupió Vegeta con veneno en la voz, y le lanzó a Gokú una última mirada de profundo odio y desprecio antes de darse la vuelta.
Había pasado una semana desde la última vez que Bulma entró al colegio y en ese lapso aprendió demasiado sobre las paradojas espaciotemporales. Los cursos eran muy interesantes y le emocionó comprobar que los profesores eran expertos en las ramas físicas y científicas. Ansiaba por llegar a la escuela porque ese día vería el tema de "Universos paralelos", pero antes de eso necesitaba encontrar un buen regalo de cumpleaños para Vegeta. La muchacha había obtenido un permiso por parte de uno de sus asesores para llegar tarde al colegio y solo le quedaba dos horas del tiempo permitido para llegar a sus cursos, ya que sí no asistía se llevaría una temible expulsión que estaría archivada en la sección de reportes. Bulma había recorrido todos los centros comerciales, las boutiques, hasta los establecimientos de comida rápida, pero no encontró algo que le pudiera gustar a Vegeta. Se maldijo mentalmente por dejar el regalo en el último momento y era que no tenía tiempo para construirle un gran invento improvisado. A punto de rendirse, la muchacha vio un pequeño local que se hallaba en la esquina. Al acercarse al lugar se dio cuenta que era muy vetusto, estrecho y de mal aspecto. Sobre la puerta, en letras doradas, se leía: «Tienda de antigüedades, tú futuro está en mis manos», comprobando así sus sospechas de lo que podía encontrar ahí. Sin nada que perder, bajó los escaloncillos que conducían a la puerta y la abrió. Al entrar, una campanilla resonó en el fondo de la tienda. Había una sola estancia. Del techo colgaban unas velas apagadas y más arriba había sabanas de todos los colores que se estiraban de una esquina a otra. En un rincón se hallaba una cama enorme hecha de remiendos que para llegar a ella se necesitaba ser una persona enana. La habitación estaba tan arrebatadora de objetos que costaba creer que alguien pudiese andar por allí a sus anchas sin derribar al menos una docena de cosas: había aparadores repletos de cajitas lacadas, estanterías llenas de libros repujados en bronce, estantes con esferas y globos plateados y exuberantes vestuarios guardados en unos sarcófagos transparentes. Todo estaba iluminado con una luz tenue y verde. Las estanterías de las paredes circulares estaban llenas de plumas exóticas, cabos de vela, muchas barajas viejas, bolas de cristal que, la mayoría de ellas, estaban algo agrietadas y una gran cantidad de tazas de té.
—¿Qué se te ofrece, linda?—preguntó una voz suave y longeva saliendo de las sombras.
Bulma se sobresaltó tanto que le dio un escalofrío, ya que había estado muy enfocada en el aspecto estrambótico del lugar que se perdió de la realidad. Al darse la vuelta, se encontró con una mujer de avanzada edad, pero a pesar de eso presentaba una piel clara acompañada por una corta estatura, y un cabello purpura hasta el cuello. La anciana tenía una apariencia de bruja, ya que pintaba el cotidiano vestuario de una, siendo un sombrero puntiagudo negro con rojo, junto con una larga túnica negra. Bulma notó que la posible dueña del lugar se hallaba sentada frente a la mesa donde posaba una enorme bola de cristal.
—Adelante, linda, no temas. Ven, acércate—dijo la anciana sin ninguna amabilidad.
Bulma la fulminó con la mirada, fue evidente la amabilidad hipócrita de la bruja. Estaba a punto de salir del negocio, pero en vez de eso se aventuró en encontrar alguna baratija que le pudiera gustar a su novio; tenía el tiempo encima.
—Necesito que me ayude—dijo Bulma de repente, sentándose de rodillas sobre un cojín de terciopelo rojo, quedando frente a frente con la anciana—. Mi novio cumple años hoy y…
—¡No digas más!—interrumpió la feliz bruja al reconocer a su clienta, gracias a esas revistas de chismes que hicieron mención de la enorme fortuna de la heredera Brief—. Me presento, linda. Mi nombre es Uranai Baba.
Bulma puso los ojos en blanco, pero aún así no hizo ningún comentario grosero sobre ese ridículo nombre.
—Bien, necesito un regalo para mi novio. ¡Cualquier cosa! Estoy desesperada—dijo Bulma recorriendo de nuevo el lugar para ver si no había pasado por alto un objeto especial.
—¡Claro!—le aseguró la anciana sonriendo con malicia—, aunque depende.
—¿Depende? ¿Depende de qué?—preguntó Bulma alzando una ceja, perspicazmente.
—De cuánto estás dispuesta a pagar, monada—arremetió Uranai Baba achicando los ojos.
Bulma solo sonrió en respuesta, con qué era eso, pensó por un minuto que debía besar un sapo o beber agua de la alcantarilla; para la heredera de Corporación Cápsula el dinero no era ningún problema.
—Si me ayuda a encontrar un buen regalo para mi novio, le pagaré lo usted quiera—dijo Bulma con acritud, encogiéndose de hombros y mirando retadoramente a la anciana Baba.
En cambio, la mujer se puso roja de ira ante la mirada desafiante de la muchacha. Sabía que debía tranquilizarse y jugar limpio con Brief sino quería perder una valiosa cantidad de dinero. Así que, dando un suspiro hondo, trató de serenarse. Uranai comenzó a hacer una danza con sus manos alrededor de la esfera de cristal, mientras murmuraba algunas palabras poco entendibles.
—Pero, ¿qué tenemos aquí?—exclamó la bruja en tono teatral sin dejar de ver la bola de cristal—. Parece ser que tu novio es un muchacho muy difícil.
—¿Cómo lo supo? —preguntó Bulma asombrada, que se acercó un poco a la mesa para tratar de divisar cualquier cosa en el artefacto mágico—. ¿En serio usted puede ver las características de las personas con esa cosa?—volvió a cuestionar la chica dándole unos leves golpecitos al cristal.
—¡Oye, niña, no la toques!—la regañó Uranai Baba levantando rápidamente su preciada esfera—. Éste artefacto es una reliquia antigua… ¡Con ella puedo ver todo! ¿Oíste? ¡TO-DO!
—¿Todo?—interpeló Bulma con curiosidad, sin importarle que la Bruja le había llamado la atención a gritos—. ¿También puedo ver el futuro?
Uranai la miró perspicaz, intentando leer las intenciones de la chica.
—Por supuesto que sí puedo—gruñó la Bruja volviendo a colocar su esfera encima de la mesita—. Solo que tiene un alto precio.
—Eso no es problema—aseguró Bulma sonriendo con suficiencia.
La súbita emoción de Uranai Baba era predecible, definitivamente ese día ganaría mucho más de lo que ganó el año pasado.
—Muy bien, entonces comencemos—anunció la anciana que de un momento a otro parecía demasiado concentrada y seria—. Para buscar el regalo perfecto para tu novio necesitamos saber cómo es él.
—Pues yo lo conozco lo suficien…
—¡Shhhh! No me interrumpas, niña—gruñó la bruja irritada, que volvió a adoptar una expresión inescrutable—. Mmm, veamos… ¡Lo tengo!—exclamó alegre al encontrar lo que buscaba dentro de su bola de cristal—. ¡Vaya! Que interesante. Si el diablo tuviera mirada, no sería muy diferente a la de tu chico.
—¡¿Cómo puede decir eso?!—gritó la chica, poniéndose de pie muy enfurecida. Acto seguido juntó mucha fuerza en su pie y con él pateó la bola de cristal que salió disparada hacia unos escaparates.
La preocupada bruja voló rápidamente en busca de su preciada esfera.
—¡¿No te pedí que ya no me interrumpieras?!—aulló Uranai Baba ahora mucho más molesta que antes, que regresaba a su lugar con la bola entre sus manos, por suerte no se había estrellado por el impacto.
—¡Jum! Pues usted me provocó—se defendió la muchacha haciéndose la ofendida.
La bruja gruñó por lo bajo, murmurando maldiciones.
«Ay, pero que niña tan grosera de veras. Muy cierto lo que dicen por ahí: el dinero no compra modales» pensó la anciana de mala gana.
—Mi bola de cristal me muestra muchas cualidades sobre tu novio, jovencita—dijo Uranai enfocando su concentración en la esfera—. Ese muchacho parece ser duro y despiadado con el débil, cruel, celoso e intransigente; en esos casos solo se guía por su instinto: agresivo y manipulador con los demás—Bulma abrió los ojos como platos producto de la impresión. Esa señora definitivamente estaba describiendo con absoluta perfección a Vegeta—. Tiene una energía excepcional…—continuó diciendo Uranai absorta en su trabajo—, orgulloso y con firme carácter ¡Oh, vaya! Parece ser alguien noble siempre y cuando le conviene, claro. Es muy difícil saber lo que piensa este chico mmm… sí, lo veo poco claro. Le gusta el secreto…—Bulma se inclinó un poco más para poder escuchar detalladamente—. Mmm… ¡Vamos, déjame conocerte más! Eso es… Parece ser que los obstáculos lo estimulan, el peligro le da alas: nunca acepta la derrota. Oh, esto es interesante, veamos… su orgullo puede llevarlo a la perdición.
»Puedo ver que este muchacho tuvo una oscura y triste vida que aún le persiguen algunos fantasmas del pasado. Ya veo… conque fue eso. Qué tristeza. Veamos que te depara el futuro, muchacho.
Bulma comenzó a experimentar de nuevo escalofríos que le erizaron los vellos de la nuca. Esa anciana decrepita pudo saber todo de Vegeta en un solo día y, absolutamente, fue gracias a esa cosa redonda y vieja.
—No está todo claro aquí—susurró la anciana que había entrecerrado sus ojos para concentrarse mejor—, por una parte veo a una hermosa familia… uno o tal vez dos hijos…—Bulma sonrió ante esa predicción, era seguro que ella y Vegeta formarían una preciosa familia con unos hijos maravillosos—. ¡Oh, ya veo!
Hubo algunos minutos de intenso silencio en la sala. La anciana bruja dejó de concentrarse para luego ver a la muchacha que tenía enfrente. No estaba segura de lo que vio en su bola de cristal, pero casi al final le había mostrado una imagen totalmente aterradora. Dedujo que no tenía caso hacérselo saber a Bulma, ya que solo la asustaría por una suposición que no era altamente verídica. Con el cansancio que la consumía gracias a la energía que se necesitaba para leer la bola de cristal, la bruja Baba se dirigió hacia un armario. Pasados unos momentos, regresó cargando dos cajas de piel, una encima de otra, y volvió a sentarse frente a la mesita.
—Los objetos que te voy a mostrar, jovencita, son mágicos—dijo Uranai Baba con jovialidad, poniendo las cajas sobre la mesa y se dispuso a abrir la primera—. Yo creo que esto le va a encantar a tu novio.
La anciana abrió la tapa. Bulma se acercó un poco y distinguió lo que parecía una pequeña grabadora gris con solo dos botones cincelados en plata. Luego, la bruja dirigió su atención a la otra caja, bastante más plana. Deslizó el delgado y afiligranado cierre y abrió el cofre. Sobre el liso terciopelo encarnado había dos brillantes relojes de oro; Uranai tomó uno y se lo colocó a Bulma.
—Cuando tu novio se ponga el otro reloj…—comenzó a explicar Baba sin permitir que Bulma la interrumpiera—, comenzará la magia. Cada uno debe pedir un deseo, algo importante: cuando lo pidan (que puede ser a cualquier hora, lugar, eso no importa sino que ambos deben tenerlo puesto), no pueden revelar sus deseos entre ustedes y a nadie más. Es muy sustancial que dentro de cada deseo haya una promesa de por medio. Los relojes son especiales, ya que se detendrán cuando ambas promesas se cumplan. Eso dependerá de ustedes. Para ese entonces, los relojes funcionarán como si fueran normales.
—No entiendo…
Pero Uranai no la dejó continuar, a pesar de que pudo percibir el semblante confundido de la chica.
—Sobre la grabadora él sabrá qué hacer, las instrucciones están dentro de su caja. Ahora sí, linda—dijo Uranai contemplando con ojos codiciosos a Bulma—, en total son: 10 millones de Zenis.
Bulma llegó a tiempo a la escuela, y fue porque había conducido como una completa desquiciada. Después de pagarle a la ambicionada anciana, la ojiazul le exigió que le contara el porqué había escogido esos regalos para su novio. Obviamente la bruja no le dio ningún motivo, sino que simplemente le dijo que ella, Uranai, sabía lo que hacía y que si no le gustaba, Bulma, se podía largar de su tienda, no sin antes pagarle la cantidad acordada. La joven Brief no le quedó más remedio que llevarse los regalos y pagar por aquellas baratijas una enorme cantidad de dinero. Sin darle más vueltas al asunto, salió de su salón de clases para ir directo a desayunar. Llevaba los presentes en sus manos porque sabía que encontraría al festejado durante en el recreo. Y cómo lo intuyó, a unos pocos metros de donde estaba, Vegeta caminaba hacia ella con esa seriedad muy característica de él. Bulma deseaba abrazarlo, pero se contuvo; en vez de eso le deseo un "Feliz cumpleaños" y le entregó los regalos. Vegeta los aceptó, acongojado; fulminando a sus amigos con la mirada quienes se acercaban a ellos. Con la curiosidad matándolo por dentro, Ouiji abrió sus regalos con la ayuda de Bulma. Raditz se acercó por atrás para molestar a la parejita, pero Vegeta fue muy astuto y, sin pensarlo demasiado, le estrelló la caja de regalo a la cara.
Gokú esperaba a su padre fuera del colegio para que pasara a recogerlo. Aún seguía hundido en la depresión, y no estaba seguro si podría soportar otro día más sin que Vegeta le hablara como antes. La verdad era que ya no se le ocurría nada más que pudiera hacer para recuperar la bonita amistad que atesoró junto con Ouiji durante 12 largos años; casi 13. Las cosas habrían sido diferentes si hubiera acusado a Turles, sin embargo ya no tenía caso lamentarse por eso a esas alturas; las cosas ya estaban hechas y ya no había vuelta atrás. Decaído hasta los huesos, Gokú dejó de pensar cosas deprimentes y se enfocó mejor en qué le diría a Milk para que ella no viniera a la capital del norte en ese día tan especial ¿Era buena idea decirle la verdad a su novia? No, mejor no; Vegeta lo odiaría más. En fin, ya pensaría en algo creíble.
Con tantos pensamientos en mente, a Gokú se le antojó beber algo mientras esperaba a Bardock. De su mochila sacó un jugo que había comprado en una de esas maquinitas de monedas. A punto de bebérselo, se detuvo a tiempo al ver a la persona que tenía enfrente. Sonrió, volvería a intentarlo una vez más, esta vez estaba seguro que no fallaría.
—¿Quieres? Es de uva… tu favorito.
Vegeta suspiró en frustración al reconocer aquella voz. Giró su cabeza para encontrarse a un sonriente Gokú que le ofrecía un empaque cuyo contenido era jugo de uva.
—Sí, mi favorito cuando tenía 10—espetó Vegeta volviendo a mirar al frente, siendo testigo de la llegada de Bardock.
—Antes no te resistías a este sabor—recordó Gokú con la nostalgia impregnada en su voz.
—Déjame en paz, Kakaroto—gruñó Vegeta irritado, y simplemente le dio la espalda al joven Son y se fue al encuentro con Bardock.
Gokú miró como Ouiji cruzaba la calle para luego subirse al auto que estaba estacionado a un lado de una banqueta inclinada, muy cerca del local donde vendían deliciosos cafés. Apenas y si se dio cuenta de la llegada de su padre.
—¡Gokú! ¿Cómo estás?
Cualquiera se hubiera sobresaltado por un llamado repentino, pero el aludido no reaccionó de modo ofensivo.
—Muy mal. Sigue sin querer hablarme—respondió Gokú tranquilamente, sin dejar de ver a Vegeta que ahora se encontraba dentro del auto y en el asiento del copiloto.
—Sí, es lo que vi—dijo Bulma con tristeza, que estuvo espiando detrás de unos arbustos mientras los muchachos platicaban antes de la llegada de Bardock—. Por cierto, tu mamá me llamó.
—¿Para qué? —le preguntó Gokú sin mucho interés.
—Le tiene una sorpresa a Vegeta—respondió Bulma notando la nueva reacción de Gokú.
—¿Ahorita?—le preguntó el chico abriendo los ojos como platos.
—Quiere que en 30 minutos estemos en tu casa—anunció la chica viendo la hora en su nuevo reloj.
—Pero, ¿tú no tienes que irte a tu servicio?
—Esto es mucho más importante—respondió Bulma que compuso una sonrisa fiera.
Gokú asintió. Se quedó viendo al frente por unos minutos para luego alzar su cabeza; quedó asombrado por las enormes nubes negras cargadas de agua que se expandían por todo el firmamento.
—Mi papá está con Vegeta—dijo de repente Gokú, quien seguía contemplando el cielo.
—Sí, lo sé, puedo verlos desde aquí—masculló. Y como si no pudiera reprimir la pregunta o como si se le escapara a su pesar, preguntó—: ¿Si sabes lo qué se festeja hoy, verdad?
—Sí, hoy es el cumpleaños de Vegeta—sonrió Gokú, desviando su mirada a su amiga. De pronto notó que los labios de Bulma se transformaban en una fina línea recta—. ¿Por qué dejaste de sonreír?
—No es nada—respondió la chica girando su rostro para que Gokú no la viera. Sin embargo, el joven Son se posicionó frente a ella para que lo viera a los ojos; percibiendo en ellos un sincero y necesitado apoyo—. Mañana se cumple el primer natalicio de la muerte de mi padre.
Gokú no dijo nada, simplemente la abrazó con fuerza, transmitiéndole con ese gesto lo mucho que la quería.
…
—Sigues sin querer dirigirle la palabra—afirmó Bardock al ver el afligido rostro de su hijo menor en el instante que Ouiji se subió al auto.
—Él se lo buscó—espetó Vegeta cerrando la puerta de un portazo.
—Comprendo tu molestia—admitió Bardock, tranquilamente—. Yo igual estuve molesto con él, pero…—hizo una breve pausa y, luego, continuó—: al final lo comprendí.
—¿A qué te refieres con eso? —exclamó Vegeta de pronto con una voz potente que casi intimidaba.
—Kakaroto solo tenía 9 años—explicó Bardock que no se dejó acoquinar por la explosiva actitud de Ouiji.
—Eso no es justificación—espetó Vegeta con tranquilidad, pero con un destello de furia que no pasó de desapercibido a los oídos de Bardock—. Si hubiera sido al revés… si eso le hubiera pasado a Kakaroto yo sí le había dicho la verdad a Raditz, a ti…
—Correcto, eso es lo que tú habrías hecho—lo interrumpió Bardock, haciendo caso omiso de la bravata—. Tú y Kakaroto son muy diferentes; tal vez sea por el tipo de crianza que ambos tuvieron. Kakaroto siempre tuvo toda la atención de Gine, mientras que tú tuviste la de tu padre. Por eso Kakaroto es más… magnánimo por así decirlo. Y tú eres algo abyecto.
—¿Algo abyecto?—repitió Ouiji cerrando con fuerza los puños hasta dejar casi blancos sus nudillos.
Bardock se le quedó viendo al chico por un rato, era claro que no era el mismo Vegeta de antes, de aquel Vegeta que pasaba la mayor parte del tiempo con el señor Ouiji.
—Mei hizo un buen trabajo contigo en los últimos años—razonó Bardock como para sí.
—¿Qué?—exigió saber el chico.
—Recordé algo—confesó Bardock dando un profundo suspiro—. Kakaroto entró gritando y corriendo feliz a la casa. Él tenía 4 años—aclaró—. No paraba de decir que había hecho un nuevo amigo. Esa sonrisa nunca se la había visto desde antes de decirle que nos íbamos a mudar. Me sorprendí demasiado cuando Kakaroto mencionó que era amigo de Vegeta Ouiji, el hijo de mi socio.
—¿Te sorprendiste? —preguntó Vegeta que sintió una opresión en el pecho a causa de las palabras de Bardock.
—¿Recuerdas lo que les dijo Gine la primera vez que la ayudaron a hacer la cena?
¡Claro qué lo recordaba! El ejemplo del agua y el aceite fue una muy buena enseñanza para que tanto Gokú y como Vegeta comprendieran el significado de la amistad.
—La ayudamos porque nos obligó—rezongó Ouiji a la vez que memorizaba aquel divertido momento.
—Tú necesitas de Kakaroto tanto como él necesita de ti. No lo puedes negar porque sabes que eso es cierto, por eso estás enojado contigo mismo.
Vegeta hizo un gesto de irritación, como si quisiera ahuyentar una mosca molesta.
—No estoy enojado conmigo mismo sino con el imbécil de tu hijo—gruñó.
—Lo último no te lo discuto. Sin embargo no me equivoco al decir que algo te molesta. Eso no tiene nada de malo, como tampoco está mal sentir miedo—A Bardock le pareció percibir un destello de maldad en los ojos de Ouiji, pero lo ignoró olímpicamente—. Estás enojado contigo mismo porque tu orgullo te impide perdonar a Kakaroto.
—Te equivocas—dijo Ouiji con voz monocorde.
—Sabes que no—arremetió Bardock, arqueando las cejas—. No sé si lo sepas, pero ese día, en la fábrica, Kakaroto estaba a punto de entrar en ella para ir por ti.
El muchacho dejó de endurecer las facciones una fracción de segundos, para luego decir con una voz suave que pareció casi irreconocible:
—Yo no… ¡Vaya!
—Al juzgar por tu expresión debo entender que no lo sabías—confesó Bardock—. Desde ese momento… he sentido un gran respeto hacia ti, Vegeta.
—¿Por qué?
—Lo rápido que te sobrepusiste a la situación. Cuando en tu semblante no detecté ninguna pizca de miedo, dolor y tristeza; siempre con la frente en alto… hasta el día de hoy.
—Hmph.
Vegeta volvió a abrir la boca para decir algo, pero luego la cerró rápidamente ya que estaba a punto de cometer una imprudencia.
—¿Qué pasa?—interrogó Bardock que ponía mucha atención a las actitudes del muchacho.
—Yo… nada.
El señor Son negó con la cabeza, totalmente derrotado; algo de lo que no se sentía capaz de luchar era contra el orgullo inquebrantable de Ouiji.
—Es normal sentirse asustado—le dijo.
El muchacho le lanzó una mirada diáfana y calculadora.
— ¡No estoy… ah, olvídalo! Tal vez sí lo esté tal vez no. ¡Tú qué sabes!
—No puedes sobrellevar esto tú solo, Vegeta. No empieces ahora. Kakaroto siempre ha estado ahí para ti, ¡perdónalo de una maldita vez!
—Mi orgullo…—comenzó a decir Ouiji con voz débil—mi orgullo es lo único que me sostiene para sobrellevar esta mierda.
—¿Y Bulma? —preguntó de repente Bardock, provocando que Vegeta bajara la guardia.
—¿Qué hay con ella?
—¿No piensas sostenerte con su apoyo?
—Sabes muy bien que ella no sabe nada. Y no tiene por qué saberlo. No lo entendería.
—¿Tienes miedo a su reacción?
—¡Ya basta! ¡No es miedo! ¡No es un puto miedo lo que siento, ¿sí?!—Gritó Ouiji a la vez que miraba sus temblorosas manos—. Mierda, solo estás logrando que me cabree más, Bardock.
—Así que solo estás enojado—dijo Bardock, acertando de nuevo—, tenía razón entonces.
—Piensa lo que quieras. Tú no me conoces.
—Al contrario, te conozco lo suficiente Vegeta para saber que lo que más deseas ahorita es sacar todo lo que estás pensando. ¿Por qué no lo haces? Desahógate, Vegeta—le aconsejó, pero tal parecía que Ouiji no lo escuchaba—. ¿Sabes? Ese orgullo tuyo irá consumiendo poco a poco la escasa humildad que te queda.
—No me importa.
—¿A qué le tienes miedo?
—A nada.
—Tal vez yo pueda ayudarte.
—Nadie puede ayudarme, Bardock. Eso lo sabes perfectamente—expuso Ouiji en voz baja—. Bueno, Bulma sí puede.
—¿Qué? ¿A qué te refieres con eso?—preguntó Bardock con suma curiosidad.
Vegeta continuaba con la cabeza gacha, pero aún así respondió:
—Ella… no puedo decírtelo, pero estoy apostando todo lo que tengo en mi novia. Sé que lo logrará—susurró el muchacho con envidiable seguridad—. Como sea, ¿por qué me mandaste a llamar?
Vegeta sabía muy bien que Bardock no lo había requerido para hablar solamente de Kakaroto.
—Vengo de ver a tu padre—dijo Bardock sin más, sorprendiendo mucho a Vegeta ante esa inesperada revelación.
—¿Apenas? Creí que las visitas a Ouiji están autorizadas—recordó Vegeta, quien borró cualquier rastro de amargura en su rostro, optando por uno más serio.
—Cierto, pero tu padre no…
—No me interesa—lo interrumpió Vegeta, groseramente—, ¿eso es todo?
—No seas insolente.
Bardock igual estaba llegando a su límite. Siempre que trataba con Vegeta era consciente de que necesitaba tranquilizarse mucho antes de hablar con él.
—Bulma me está esperando—se excusó Ouiji ante su reciente falta de respeto.
Bardock se inclinó un poco para ver a través de la ventanilla. Observó que desde el otro lado de la calle se hallaba Bulma junto con Gokú, quienes platicaban animadamente. Luego, volvió a inclinarse, recargando su espalda en el reverso del asiento; ya era momento de decir lo que tenía guardado.
—Tu padre quiere demandar a Turles. Quiere que se haga una investigación sobre el accidente en la fábrica.
Vegeta levantó la cabeza, el rostro demudado en una expresión de pura felicidad. Sin embargo, por algún extraño motivo, eso le hacía quitar lo atractivo. Las facciones de Ouiji parecían más duras y su expresión resultaba casi cruel.
—Qué curioso—comenzó a decir con voz fría—, eso fue lo que le propusiste a hacer a mi querido padre hace 8 años. ¿Qué le hizo cambiar de opinión? Oh, cierto.
—Hay algo más: Turles quiere demandarlos—informó Bardock que contemplaba a Vegeta de reojo, asombrándose por las facciones de éste—, a ti y a Kakaroto por los delitos de agresiones físicas y por intento de homicidio.
—¡Qué!
—Hace un par de días se recuperó por completo. Estuvo en coma, Vegeta.
—No me importa, pero ¿cómo está eso de que el idiota nos quiere demandar a Kakaroto y a mí?
—Sabes muy bien que, mientras los padres de Turles estén fuera del país, soy yo quien está a cargo de él.
—Te vas a poner de su lado, ¿es eso lo qué me estás tratando de decir?—cuestionó Ouiji con el mismo tono autoritario de antes.
—No estoy por parte de nadie—espetó Bardock furioso, cuyo semblante ya daba más miedo que el de Vegeta—. ¡Mierda! Esta situación parece más una pelea de críos malcriados que un caso fiscal en sí.
—¿Qué es lo que piensa mi madre sobre esto?—preguntó Ouiji cambiando su irritable actitud por uno más amable.
—Mei confía en mi criterio.
—¿Y cuál es tu criterio?
—Primero necesito saber el tuyo.
—Haz lo que tengas que hacer—dijo Vegeta encogiéndose de hombros—. De cualquier modo mi hermano sigue y… seguirá muerto.
—Tu padre quiere verte—recordó Bardock—. Desea disculparse contigo.
—Ya es tarde para eso, demasiado tarde al decir verdad—sonrió Vegeta con ironía—. Sabes muy bien lo que pienso yo del pasado.
—Has afrontado tu pasado con valentía y madurez, entonces, es a tu futuro lo que más temes—no era una pregunta sino una afirmación.
—Desde hace mucho tiempo que he aceptado mi realidad. No es al futuro lo que temo, sino a…—Vegeta se quedó callado por un minuto, había pasado por tantas cosas que ya no sentía pena por él mismo—. Es tarde, tengo que llevar a Bulma al servicio.
—¡Vaya! Que rápido pasa el tiempo—exclamó Bardock sorprendido, mirando la hora en su reloj de mano.
—Tú lo dijiste—susurró Ouiji como para sí—. Se ve molesta.
Bardock siguió la misma trayectoria visual que Ouiji y, en efecto, Bulma parecía hastiada de tanto esperar.
—Piensa lo que hablamos, Vegeta—le aconsejó Bardock dándole unas suaves palmaditas en el hombro.
—No te prometo nada—musitó el chico a la vez que abría la puerta para bajarse del auto.
—Kakaroto no se dará por vencido.
—Adiós, Bardock—se despidió Ouiji con un lacónico movimiento de manos.
—¡Espera!
Bardock detuvo a tiempo a Vegeta antes de que éste cerrara la puerta.
—¿Qué?
—Feliz cumpleaños.
—Que detalle—susurró Ouiji, y Bardock le pareció notar una perceptible sonrisa que se formaba en el rostro del muchacho.
...
—Vegeta, me estuviste esperando mucho tiempo—lo recriminó Bulma, molesta. Frunciendo más el ceño al ver que ninguno de los amigos se dirigieron la palabra para despedirse.
—Hmph—masculló Vegeta de mal humor.
Cruzaron la calle para llegar donde Ouiji había estacionado el coche. El cielo comenzaba a nublarse, demasiado negro en todo su horizonte, y ante todo pronóstico no tardaría en caer la lluvia. Al llegar al auto, Bulma se le adelantó a Vegeta y le arrancó las llaves de la mano.
—Yo conduzco—dijo la muchacha, y luego se adentró al auto ante la mirada refunfuñada de Ouiji—. No iré al servicio.
—¿Por qué?—preguntó Vegeta maldiciendo para sus adentros, pero sentándose en el asiento del copiloto.
Bulma se mordió el labio, nerviosa. No tenía idea de cómo iba a tomarlo Vegeta al decirle lo que le tenía preparado en la mansión Son; aunque, conociéndolo, sabía muy bien que no le agradaría para nada.
—Porque es tu cumpleaños—respondió la chica con una sonrisa radiante. Miró por el rabillo del ojo a Ouiji y se dio cuenta que este tenía un semblante de incredulidad.
—¡Y qué! El servicio no es un juego, Bulma. No puedes faltar las veces que tú quieras—la regañó Vegeta con amargura.
La muchacha bufó, encogiéndose de hombros.
—Tranquilo, chico melodramático. Le avisé al profesor y él estuvo de acuerdo—Vegeta pareció más relajado visiblemente conforme se alejaban de la escuela—. Vamos a la casa de Bardock.
—¿A qué? —preguntó Ouiji con apremio, la verdad eso no se lo esperaba.
Bulma giró levemente su cabeza para ver al chico, le sonrió para tranquilizarlo; como transmitiéndole que no harían nada que no pudieran a hacer.
—Gine me pidió que te llevara allá. Te tiene una sorpresa.
—¡Tsk!—chasqueó Ouiji, exasperado. Cruzó los brazos a la altura de su pecho mientras miraba por la ventana.
—No pongas esa cara, solo serán unas pocas horas. Tal vez te de tu regalo y…
—¿Y qué más? —la interrumpió Vegeta sin darse cuenta que había alzado la voz.
—No lo sé—admitió la muchacha con tranquilidad—. Un pastel, probablemente.
—Que fastidio—musitó Ouiji fastidiado.
Bulma no dijo nada más, volvió a concentrarse en la carretera. Mientras viajaban en silencio, se podía ver más adelante que la lluvia los estaba aguardando. No pasó ni medio minuto cuando se comenzó a oír el repiqueteo del agua caer sobre el auto. Estaba haciendo demasiado frío que no sorprendería que la lluvia se transformara en nieve. Los vidrios del auto ya estaban empañados, sin embargo no era ninguna molestia porque la colina ya se hacía visible; lo preocupante era que la carretera estuviera resbaladiza y oscura.
—¿Te gustaron mis regalos? —preguntó Bulma de repente mientras derrapaba una curva peligrosa.
—Pues… sí—respondió Vegeta con simpleza.
Bulma sonrió, ya podía ver las luces que iluminaban la mansión Son desde adentro.
—¿No te esperabas eso, eh?
—La verdad no—admitió Vegeta dando un bostezo, parecía demasiado cansado.
—Lo sabía—dijo la chica radiante de alegría.
Ya habían llegado a la cima de la colina, y ahí la lluvia caía con demasiada fuerza. Como costumbre, ambos chicos voltearon a ver la mansión Ouiji con cierta incertidumbre, como si esperaran que alguien saliera de ahí para recibirlos. Bulma se estacionó cerca de la acera, frente a la mansión Son, dejó el motor en marcha durante unos segundos en lo que encontraba un paraguas que estaba en los asientos de atrás. Vegeta, sin decir nada, salió del auto cerrando la puerta con rapidez; corrió bajo la lluvia que seguía cayendo hacia el pórtico. Bulma apagó el motor y se bajó, abrió el paraguas gris y, caminando rápido, fue a donde Ouiji la estaba esperando. Sin que ninguno de los muchachos tocara el timbre, la puerta se abrió de repente, recibiendo así una calurosa bienvenida por parte de la matriarca de la familia Son.
—¡Vegeta! ¡Bulma!—saludó la esposa de Bardock abrazando a uno y luego al otro con mucho cariño.
—Buenas tardes, Gine—dijo Bulma ofreciéndole a la mujer una sonrisa.
—Hola—susurró Ouiji tratando de poner su mejor cara.
—Adelante, pasen—los alentó Gine dando un paso hacia atrás para dejarlos adentrarse a la casa—. Feliz cumpleaños, Vegeta—dijo de repente la mujer dirigiéndose a Ouiji para abrazarlo con tanto amor.
Vegeta sintió de un minuto a otro que el aire no le llegaba a los pulmones, era evidente que el abrazo estaba cargado de mucho afecto y preocupación, podía notarlo por la forma en cómo Gine se aferraba a él con fuerza. El gesto era tan enternecedor en cualquier ángulo para los que lo estaban viendo, que los presentes se sentían tentados en tomar una foto para el recuerdo.
—Hmph… gracias, Gine—balbuceó Vegeta al sentirse liberado al fin, escuchó por detrás una risotada que provenía desde la sala que bien pudo reconocerla como la de Raditz.
—Ten, de parte mía y de Bardock—dijo Gine de repente, entregándole a Ouiji una gran caja cuadrada y plateada con un moño azul en la parte de en medio—. Espero que te guste.
—Gracias—suspiró Vegeta tomando el paquete, rompió el papel ante las miradas atentas de los presentes, abrió la caja sacando de allí una prenda de algodón de color azul—. Es… genial.
—¿Te gustó? —le preguntó Gine, ansiosa.
—Sí—respondió Vegeta con sinceridad.
—Anda, pruébatela—lo alentó ella. El chico enrojeció por la vergüenza, pero no podía negarse ante la petición de Gine, mucho menos en ese día tan especial. Sin rezongar, Ouiji se probó la sudadera azul, dándose cuenta que le quedaba perfectamente a su medida—. Te ves muy guapo, te queda genial. Escogí ese color porque sé que es tu favorito.
—Eh… sí—articuló Ouiji en voz baja mientras se quitaba la sudadera y la volvía a guardar en la caja. Notó también que dentro de ella había una bufanda de color rojo, unos guantes para el frío, una agenda electrónica y un portarretratos.
—Vamos al comedor, te espera tu pastel. E igual hice helado de fresa.
Vegeta asintió, dejó la caja de regalo en una mesa que estaba por el pasillo para que no lo olvidara una vez que se fuera a su departamento. Al llegar al comedor, todos ya lo estaban esperando. Ouiji enrojeció y clavó la mirada en el pastel en donde se leía "Felicidades, Vegeta". Agradeció mentalmente por la falta de globos o cualquier otro adorno que le parecía ridículo. Todos se acercaron a la mesa que estaba envuelta en un mantel blanco, sobre el cual estaba el pastel, una pila de platos de cristal y copas para brindar. Demasiado formal para su gusto.
Bulma, emocionada por el momento, sacó su cámara fotográfica y empezó a tomar fotos. Se extrañó cuando oyó que Gine le decía a Vegeta que se acercara más para partir el pastel.
—¿No vamos a cantar el "Feliz cumpleaños"? —susurró Bulma pasmada, acercándose un poco a Bardock.
—No, a Vegeta no le gusta—respondió éste con un tono serio, observando a su esposa en como mimaba al festejado.
—Oh, sí, es obvio—dijo Bulma poniendo los ojos en blanco.
—Esta vez sí vas a soplar las velas—amenazó Gine a Vegeta, a la vez que encendía las candelas con sumo cuidado. Vegeta estaba dispuesto en terminar con todo ese festejo cuanto antes, así que olvidando su orgullo, inclinó la cabeza para apagar las velas en un solo soplido—. ¡Espera! Pide un deseo.
—No creo que…—comenzó a protestar Vegeta, pero vio la mirada severa de Gine que terminó por aceptar a la mala—. Está bien.
—Bulma, luego me pasas las fotos—dijo Gine, guiñándole teatralmente un ojo a la aludida; Vegeta gruñó por lo bajo—. ¿Sabes qué mañana Mei te tiene preparada otra sorpresa?—preguntó esta vez dirigiéndose a Ouiji.
—Sí, me llamó esta mañana—respondió éste después de soplar las velas.
Los planes del otro día ya estaban previstos: Vegeta se la pasaría junto con Mei y Bulma iría al panteón a visitar a su padre.
—Bulma, ponte para la foto—le dijo Gine quitándole la cámara de las manos y luego la empujó hacia Vegeta.
Era evidente que, para Bulma, Gine y los demás estaban muy emocionados por la fiesta de cumpleaños de Vegeta. Pensó que era una extrema exageración, pero al final terminó por restándole importancia al asunto; ella también se la estaba pasando de maravilla.
—En serio, ¿esto es necesario? —alardeó Ouiji mirando a Gine que lo señalaba con la cámara.
—Cállate y sonríe—lo regañó Bulma, luego posó para la foto esbozando una radiante sonrisa—. Bueno, pon tu mejor cara.
Vegeta la miró feo, aun así volteó una vez más a la cámara con su típico gesto imperturbable.
—Cielo, ahora tómame una foto junto con Vegeta—canturreó Gine dándole la cámara a Bardock.
En una esquina del salón, se hallaba Raditz que miraba embobado el enorme pastel que estaba sobre la mesa; ansiaba que su madre terminara una vez por todas, la sección de fotos del festejado. Churai, a su lado, miraba divertida las muecas de mal humor de Ouiji.
—¡Tengo hambre, ya quiero que parta el pastel! —exclamó Raditz acercándose a la mesa. Luego, vio a Ouiji y le pasó el brazo por los hombros para decirle—: Felicidades, Vegeta.
—Hmph—respondió el chico quitándose el brazo de Raditz en una sola sacudida.
—Ahora a partir el pastel—anunció Gine tomando el cuchillo que estaba a un lado del postre y se lo tendió a Vegeta.
—Hazlo tú, Gine, no quiero echarlo a perder—confesó el muchacho mirando el cuchillo con cierta incertidumbre.
—No seas tonto, solo rebánalo una vez.
No tenía caso protestar, mucho menos con una mujer de carácter fuerte como lo era Gine. Obedeciendo una vez más, tomó el cuchillo, lo colocó sobre el pastel hasta tocar el merengue y lo deslizó hacia abajo dejando una pequeña brecha notando que el interior del postre era de sabor vainilla con relleno de nueces.
—Listo.
Todos los presentes aplaudieron, haciendo sonrojar una vez más a Vegeta. Gine terminó por partir el pastel, separando los platos con la ayuda de Bulma para servir las rebanadas y Churai se encargó de repartir tanto el vino como el postre. Brindaron por el cumpleaños número 18 del festejado, deseándole también la mejor de las suertes y buenos deseos.
—Gracias—dijo Vegeta a Gine después de probar su helado favorito hecho por ella—. Está delicioso… De hecho todo estuvo muy bien.
—No agradezcas, Vegeta—musitó Gine en un tono maternal, luego lo abrazó con cuidado una vez más y le besó en la frente—. Para mí es un placer y, piensas lo que quieras, no lo hice por ese motivo—le susurró después de guiñarle un ojo.
Vegeta le devolvió la sonrisa.
—En todos modos, estoy muy agradecido por esta fiesta.
—No, gracias a ti por estar aquí. Estaba considerando que si Bulma no podía convencerte en venir, entonces yo tendría que cruzar media ciudad para traerte a festejar tu cumpleaños aunque sea a arrastras—convino Gine en jarras.
—Eso no habría sido necesario—se apresuró a decir Vegeta.
—¿Dónde está Gokú? —preguntó Bulma de repente, ocasionando murmullos en los presentes.
Gokú había estado muy cabizbajo durante la celebración. Decidió subir a su cuarto para descansar, no tenía ánimos de nada, era evidente que no estaba bien porque ni siquiera se había tomado la molestia en llevarse su rebanada de pastel.
—En su habitación—anunció Gine achicando los ojos—. No quiso seguir aquí porque, según él, le duele la cabeza. ¿Sucedió algo entre ustedes que yo no sepa?—preguntó con rotundidad, mirando acusadoramente a Ouiji.
—No, no sucedió nada—contestó el muchacho desviando su mirada.
—Entonces ve por él, o mejor aún… Sube a su habitación y entrégale su rebanada de pastel.
—¡Qué! —se escandalizó Ouiji ante el mandato de Gine.
—Obedece, Vegeta—dijo Bardock quien se encontraba recargado en la pared, cruzado de brazos—. ¿No querrás verla enojada, verdad? Ya sabes cómo se pone.
—Lo sé—refunfuñó Vegeta, derrotado. Tomó un plato de la mesa y se encaminó hacia la salida bajo la mirada atenta de Gine.
—Te acompaño—dijo Bulma saliendo también del comedor.
Ouiji tenía una expresión demente en los ojos, parecía alguien petulante y cauteloso. Bulma se mantuvo callada mientras ambos subían las escaleras; la verdad era que la actitud de Vegeta la sorprendió a sobre manera, tanto que nunca pensó que él se prestaría para algo así como lo era una "Fiesta de cumpleaños". ¿En serio Gine era tan terrorífica para no poder negarle nada? Los pensamientos de la muchacha se vieron interrumpidos al verse frente a la habitación de Gokú.
—Ten, dáselo tú—dijo Vegeta con aplomo y autoridad, acercándole la rebanada de pastel a Bulma.
—No, a ti te mandaron que lo hicieras—espetó la chica con rostro severo, luego tocó la puerta dando tres ligeros golpes que retumbaron desde adentro—. ¡Gokú! ¿Podemos pasar?
Se pudo escuchar claramente la voz seria de Gokú desde el otro lado.
—¿Eh? Sí, Bulma, pasa… ehh, ¿podemos?
La chica abrió la puerta con total confianza, asió a Vegeta del brazo y lo condujo dentro de la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas. Bulma echó una ojeada a su alrededor, no había cambiado nada desde la última vez que estuvo allí. Gokú se hallaba acostado en la cama, aparentemente viendo la televisión ya que el aparato estaba encendido. En cuanto vio a sus dos amigos, se levantó rápidamente, acercándose a ellos.
—Hola, Gokú—saludó Bulma dedicándole una sonrisa.
Gokú le devolvió el gesto a su amiga para luego poner su completa atención en Ouiji. Casi trece años de amistad… no podía terminarse de ninguna forma, todavía había tanto por delante. Aquellos ojos eran descifrables, en todo ese tiempo aprendió a comprenderlo. Gokú era consciente de la frialdad y la decepción de Vegeta, lo conocía muy bien, sabía que su mejor amigo aún estaba molesto con él, y eso se hacía evidente por la postura antipática que estaba mostrando Ouiji.
—Vegeta…—susurró Gokú yendo hacia él.
—Tu pastel—dijo Ouiji haciendo que Gokú se detuviera poniendo el plato entre los dos.
—Gracias—agradeció el chico despistado asiendo el plato. Por unos segundos se quedó ahí parado contemplando el pastel, el olor a vainilla le llegó a la nariz y por el antojo se atrevió a darle un bocado; estaba delicioso.
Vegeta vio que ya no tenía motivos para seguir ahí. Sin decir nada, el muchacho se dio la vuelta, al dar un solo paso se vio detenido por el fuerte agarre de alguien.
—No, tú no te vas—masculló Bulma jalando con más fuerza la manga de Ouiji—. ¡Nadie sale de aquí hasta que vuelvan a ser amigos otra vez! ¡¿Entendido?!
Bulma corrió a interponerse en la puerta, estaba sumamente decidida en no dejar salir a nadie. Vio que Vegeta entrecerraba los ojos como si pensara que se habían confabulado contra él. Gokú parecía confundido, sin embargo no opuso objeción alguna a la actitud de la muchacha; se quedó callado sin tomarse la molestia en averiguar sus dudas.
—Ya veo, así que era eso—espetó Vegeta al comprender que esto ya estaba planeado entre Bulma y Gine—. Que astutas—dijo con calma, pero su mandíbula estaba rígida y sus ojos ardían con la intensidad de la exasperación contra la que luchaba.
—Vegeta, yo te daré todas las respuestas que quieras—dijo Gokú con impaciencia, estaba muy desesperado en obtener de nuevo la confianza y la amistad de Ouiji—. Te juro que en toda mi vida solo te oculté eso ¡Nada más! Sí, lo sé… no debí callar lo de Turles, pero es que… tuve miedo. Fui un cobarde y merezco un castigo por ello. Perdóname por favor, fui un estúpido.
Bulma estaba entre ellos, parecía nerviosa, se mordía el labio constantemente y paseaba la mirada de uno a otro. El ambiente se sintió tenso de repente, y el silencio no ayudó en nada para mermar el entorno.
—Necesito ver a Ginyu—dijo Vegeta muy serio, provocando reacciones diferentes en los otros dos.
Fue como si el último mes no hubiera existido, como si Vegeta viera a Gokú por primera vez después del accidente que ocurrió en la finca del viejo Gasu.
—De acuerdo, si quieres te acompaño ahora mismo—dijo Gokú, desconcertado; pero visiblemente feliz de que su amigo por fin le hablara como antes.
…
Nadie dijo nada cuando Gokú, Vegeta y Bulma bajaron en silencio las escaleras, aunque hubo destellos de felicidad cuando era evidente la reconciliación de los amigos. Gine se sorprendió mucho cuando Gokú le pidió permiso para salir junto con Vegeta a ver un amigo de la escuela; el instinto maternal de la mujer le decía que algo no estaba bien. No obstante, Bardock se le adelantó y le prestó a su hijo las llaves del carro frente a la mirada agobiante de Gine. Vegeta le dijo a Bulma que la vería en el departamento, le pidió que no se preocupara y le prometió que si algo malo llegara a pasar la llamaría de inmediato. Después de agradecer y despedirse de todo el mundo, Vegeta salió de la mansión Son para alcanzar a Gokú quien se había adelantado a encender el coche. Ya no estaba lloviendo, sin embargo las fuertes ráfagas de aire parecían pequeñas púas hechas de hielo que impactaban en la piel descubierta. Vegeta se sentó en el asiento del copiloto, se abrochó el cinturón y miró una vez más la mansión Ouiji. Gokú puso en marcha el coche, comenzando a manejar con precaución por las huellas de agua-nieve que había en la acera. Durante el camino a la casa de Ginyu, Gokú le platicó a Vegeta todo lo que Turles les había contado aquella vez cuando acompañó a Bulma al centro comercial. Para Vegeta saber por lo que tuvo que pasar Tarble, detalle a detalle, dentro de aquella tenebrosa fábrica fue el peor golpe de su vida. Ahora entendía por qué a Bulma se le había dificultado en decirle aquello, por eso hasta consideró, Ouiji, en buscar de nuevo a Turles para que él mismo le contara. Ahora todo estaba claro, bueno… a medias; solo faltaba escuchar la declaración del insecto de Ginyu para así poder juntar las piezas del rompecabezas y ya por fin saber la verdad en su totalidad.
Estaban muy cerca de la casa de Ginyu, solo les había tomado unos treinta minutos de viaje y ya podían ver su destino. Habían entrado a un fraccionamiento que, a simple vista, solo las personas de clase alta tenían la oportunidad de vivir en una de esas grandes casas. Gokú miró de reojo a Vegeta, notando en él una calma y aspecto relajado que le parecieron extraños considerando lo que le confesó hace un rato. Después de cinco minutos, por fin hallaron la casa de Ginyu. Gokú estacionó el auto una cuadra más adelante, apagó el motor y esperó el siguiente movimiento de Vegeta. Éste le dedicó una seca cabezada y ambos chicos bajaron del auto dirigiéndose a la casa de Ginyu. Ouiji fue quien tocó el timbre y, en segundos, vio que una sombra se acercaba a la entrada. Se abrió la puerta mostrando a un señor longevo que estaba muy bien presentable, al parecer era el mayordomo. Éste les dijo a los muchachos que su amo no se encontraba en casa, y que si lo deseaban podían esperarlo en el despacho. Gokú y Vegeta agradecieron la amabilidad, pero finalmente decidieron esperarlo afuera. El mayordomo asintió y se metió a la casa. Vegeta y Gokú se sentaron en una barda, cada uno distanciado del otro. Ambos parecían detraídos, cada uno abstraídos en sus propios pensamientos. Gokú recordaba lo que su mamá le había platicado de las promesas y Vegeta de sus tiempos con Tarble…
…
Vegeta se encontraba encerrado en su habitación con muchos deberes encima. A pesar de su corta edad, su padre ya lo tomaba en cuenta como un ejecutivo importante de la empresa Ouison. Él era el orgullo de la familia, no había un solo día que Ouiji padre no se lo dijera; y era por ese motivo que Vegeta ponía todo su empeño para que su padre siempre estuviera orgulloso de él. Aunque luego veía su realidad, se daba cuenta que no era un niño común y corriente como lo eran Gokú y sus amigos. La diferencia era que ellos si eran más… "infantes" por así decirlo. Si se comparaba con su mejor amigo, podría decirse que las diferencias eran abismales, desde el carácter hasta la forma de vida de cada uno. Gokú hacía cosas de niños, mientras que Vegeta no tenía casi nada de tiempo para ello. Y ahí se hallaba la incógnita: ¿Qué clase de niño no tiene tiempo para salir a jugar? Vegeta anhelaba aprovechar su niñez, estar con sus amigos y, mejor aún, aprovechar hasta llegar a su adolescencia para jugar con su hermano. No obstante, el deseo de seguir siendo el orgullo de su padre era mucho más fuerte que el anhelo de ser un niño normal. Con un futuro en mente, el pequeño Vegeta ya ambicionaba en ser un empresario exitoso, alguien de renombre y que todo el mundo le debiera respeto y gusto. Sonrió para sus adentros, esa era la clase de vida que aspiraba tener y, para que lo consiguiera, se tenía que esforzar cada día. Con tan solo 9 años Vegeta ya consideraba un plan de predicciones, sus objetivos, sus sueños, sus anhelos… estaba dispuesto a cumplir cada uno de ellos. De pronto, la puerta de su habitación fue abierta provocando que sus pensamientos fueran interrumpidos. Vegeta, enojado y cansado, volteó con brusquedad pensando que era Gokú quien había abierto la puerta, para luego gritarle que se fuera. Se detuvo a tiempo cuando vio al pequeño Tarble que se asomaba por el marco de la puerta y lo miraba con ojos cristalizados.
—Hermano—lo llamó Tarble entre susurros mientras se adentraba más en la habitación.
—¿Qué pasa?—preguntó Vegeta dejando lo que estaba haciendo y volteó la silla para quedar frente a su hermanito.
Tarble parecía dudoso, comenzó a mirar el lugar y a jugar con sus dedos entrelazándolos. Abrió y cerró la boca un par de veces, no dijo nada debido a un evidente nerviosismo que daba la sensación en que estaba muy agitado por algo.
—Yo… esto…—comenzó a decir el pequeño Tarble entre balbuceos.
—¿Qué quieres?—le instó Vegeta conservando la calma, pero al ver que el niño no decía nada su desesperación empezaba a acrecentarse—. Si no me vas a decir nada entonces vete. Papá me puso a hacer muchos deberes.
Tarble, rápidamente, negó agitando su cabecita; se acercó un poco más Vegeta y lo abrazó.
—Hermano, ¿me enseñas a ser cómo tú?
Ante ese pedimento Vegeta se estremeció. Vio a su hermano y éste lo veía a él; sus miradas chocaron con dos sentires diferentes: uno de confusión y el otro de desesperación.
—¿Qué?—dijo Ouiji sin comprender, como si no hubiera escuchado bien a su hermanito—. ¿A qué viene eso?
Tarble le sonrió, era la sonrisa más pura y angelical que le habían regalado en su corta vida; el niño de 4 años de pronto se puso feliz, como si la presencia de Vegeta le ayudara olvidarse de todo.
—Me gustaría que papá me… quisiera como tú—musitó Tarble en voz baja abrazando con más fuerza a su hermano mayor—. Él nunca me ha dicho que se siente orgulloso de mí.
—Así que eso es lo que quieres escuchar de él—declaró Vegeta muy serio.
La verdad era que Vegeta padre era muy obvio en cuanto a las preferencias. La mayor parte del tiempo casi nunca estaba en casa, se la pasaba toda la mañana y la tarde en la empresa, y cuando llegaba a la mansión Ouiji siempre mandaba a llamar al primogénito al despacho para preguntarle sobre su desempeño académico y hablar de otras cosas como lo que emprendió durante el día; algo que nunca hacía con el hijo menor.
—Sí—respondió el pequeño que no pudo contener las lágrimas.
Vegeta se sintió un poco incómodo ante la situación, sin embargo hizo un esfuerzo en consolar a Tarble abrazándolo y dándole unos ligeros golpes en la espalda a modo de apoyo. No era bueno con las palabras, pero al menos haría el intento para hacer sentir mejor a su hermanito.
—Entonces no tiene caso que seas como yo—dijo Vegeta con voz crispada, alejando un poco a su hermano para que éste lo viera.
—¿Qué? —preguntó el pequeño confuso, limpiándose las lágrimas escurridizas con la manga de su playera.
—Necesitas ser mejor que yo—dijo Vegeta seriamente, alborotando el pelo de Tarble —. Odias que papá me preste más atención a mí que a ti y eso lo puedo entender…
—No, yo te sigo admirando, hermano—dijo Tarble rápidamente, escandalizado; se había puesto pálido, sus ojos se abrieron como platos y su pequeña mandíbula se desencajó.
Vegeta lo miró por unos breves segundos, y le sonrió; su hermanito tenía un alma pura.
—Ya veo.
—Eres mi héroe—exclamó el pequeño que ahora parecía más animado.
—¿Sabes?, no creo que entiendas lo que voy a decirte ahora, pero si fuera al revés, tú serías un mejor ejemplo a seguir que yo.
El rostro de Tarble se crispó por el resultado de una confusión.
—Mm no entendí, ¿me lo explicas?
Vegeta se carcajeó frente la mirada perpleja y enfadada de Tarble; el niño no entendía que era lo divertido.
—No importa, cuando seas más grande lo entenderás.
Tarble hizo un puchero, pero se resistió en no insistir más.
—¿Juegamos?—preguntó el niño de repente, mirando implorante a su hermano mayor.
—Se dice «jugamos»—lo corrigió Ouij con voz cansada—. No puedo, ya te dije que papá me puso a hacer unos deberes.
Tarble compuso una mueca, estaba muy aburrido y lo único que quería a hacer era jugar con su hermano a los videojuegos; las vacaciones terminaban ese día, y al siguiente comenzaba un nuevo ciclo escolar para él. En el momento que pensó en la escuela, recordó algo de suma importancia. Había sido el primero de su generación y, por ese motivo el día de mañana, él y sus otros 5 compañeros con el mejor promedio abrirían los honores a la bandera como la escolta. Estaba ansioso y muy emocionado por ello, tanto que tenía muchos deseos de ir en ese instante al despacho para contárselo a su padre.
—¿Mañana si irás a verme a la escuela? ¡Seré el abanderado! —exclamó Tarble dando leves brinquitos a causa de la emoción.
—Por supuesto— prometió Vegeta haciendo mucho más feliz a Tarble.
—¿Me acompañas a decírselo a papá? A lo mejor me felicita y por primera vez se sienta orgulloso de mí—pidió el pequeño Tarble, acentuando aún más su sonrisa.
—Está bien, eres muy fastidioso.
Vegeta se levantó de la silla evidentemente casando, alzó sus brazos los más arriba que podía, sintiendo como su columna de estiraba, percibiendo el estruendo de algunos huesos. Avanzó hasta la salida dándose cuenta que Tarble ya lo estaba esperándolo en el pasillo. Ambos hermanos llegaron donde iniciaban las escaleras y luego bajaron en ellas a paso veloz. Una vez abajo caminaron rumbo al despacho de Vegeta padre. Tarble fue el primero en llegar y sin siquiera titubear tocó la puerta.
—¿Papá?
Una potente voz se escuchó del otro lado de la habitación.
—Adelante.
Vegeta dio una leve palmadita a la coronilla de Tarble para infundirle ánimos.
—Ve, te espero aquí.
El pequeño asintió, cerró sus ojitos mientras tomaba una gran bocanada de aire, y luego la expulsó escandalosamente; abrió la puerta y entró al despacho. Su padre se hallaba detrás del escritorio firmando unos papeles, tenía el ceño más fruncido de lo normal; eso quería decir que, lo que sea que estaba haciendo, hacía uso de su absoluta concentración. Tarble se acercó un poco más, olvidando cerrar la puerta, y se colocó en medio del salón llamar la atención de su padre. Por fin, el señor Ouiji levantó la vista y dejó de hacer lo que estaba haciendo.
—Estoy muy ocupado, Tarble, así que habla rápido. ¿Qué quieres?—replicó el hombre con un susurro ligeramente ronco.
Tarble se reservó en preguntarle al señor Ouiji si no le dolía la garganta. Prefirió ir directo al grano para no hacerle perder más el tiempo a su padre.
—Papá, yo… mañana inician las clases en mi escuela y pues… como tuve el mejor promedio en el periodo pasado pues…—comenzó a relatar el pequeño, pero se puso nervioso en cuanto vio la mirada fulminante de su progenitor—. Soy el abanderado porque fui el mejor de la generación anterior y, bueno, me gustaría que fueras a verme y a decirme que…
—Tarble, ser abanderado en el preescolar no es de gran esfuerzo. Cualquier chiquillo que sepa usar unas tijeras puede ser abanderado—masculló Vegeta padre con voz autoritaria.
—Papá…—susurró el pequeño tratando de contener las lágrimas que inundaban sus ojos.
—No vuelvas a molestarme por algo tan insignificante—dijo el hombre tajantemente, poniéndose de pie para intimidar más al niño.
—Yo me esforcé mucho—gritó Tarble a voz de cuello.
—¿Te esforzaste? Aprende de tu hermano, él no necesita esforzarse porque nació siendo un niño prodigio. En cambio tú… no eres como él.
—¡Padre!—gritó Vegeta entrando molesto al despacho. Había escuchado lo suficiente para comprender que su hermano estaba sufriendo gracias a las toscas palabras de su progenitor—. Tarble, vámonos—le dijo al niño tomando su mano y lo condujo a la salida.
—Ya que estás aquí debo recordarte que mañana me acompañarás a la empresa—los hermanos detuvieron sus pasos casi al mismo tiempo. Vegeta giró su rostro para ver al señor Ouiji, corroborando con efectividad que su padre se había referido a él—. Ya que entras una semana después que tu hermano, me parece sensato que te muestre cómo funciona el área de finanzas.
—No lo he olvidado, padre—dijo Vegeta rechinando los dientes a causa de su reciente enfado—. Pero la ceremonia de abertura de otro ciclo escolar de Tarble me parece mucho más importante. Además le prometí que iría.
Tarble levantó la vista hacia Vegeta, haciéndolo sonreír; aunque la sonrisa no le duró mucho. Fue testigo en como su hermano intercambiaba sendas miradas con su progenitor. Era evidente que el hombre que estaba de pie, detrás del escritorio, no parecía nada contento. Luego de un largo minuto de silencio, el señor Ouiji mostró una sonrisa cínica.
—Me parece una buena idea—dijo el hombre viendo la mirada sorpresiva de su primogénito—. Tu hermano está muy feliz por ese insignificante evento.
—¡No es…!—empezó a protestar Vegeta, pero su padre lo interrumpió.
—Que sea pasado mañana, Vegeta. Y no aceptaré un no como respuesta, ¿entendido? —aseveró el señor Ouiji, lazándole una señal de advertencia a su hijo antes de sentarse y regresar a su trabajo.
—Sí—dijo Vegeta de mala gana, jaló a su hermanito a quien todavía tenía tomado de la mano, caminando al lado de él para que juntos salieran del despacho—. Vamos, Tarble.
En cuanto Vegeta cerró la puerta, Tarble se echó a llorar en el pasillo.
—No llores—dijo Vegeta que había palidecido gracias a la ira que estaba sintiendo.
Tarble no esperó más y se lanzó a los brazos de Vegeta.
—Gracias, hermano. Te quiero…
—Sí, bueno, ya deja de abrazarme. ¿No quieres ir a jugar? —preguntó Vegeta incomodo, alejando disimuladamente a Tarble de él.
—Pero ¿y tus deberes?
Vegeta le dirigió de repente a su hermanito una sonrisa maliciosa.
—No me importa, tengo toda una semana para terminarlos—sonrió más aún.
Tarble asintió. Ambos se dirigieron a la sala para divertirse con los videojuegos antes de que Mei llegara y los mandara directo a la cama. Vegeta encendió la consola dándole la oportunidad a Tarble en escoger primero a sus jugadores.
—¿Hermano?—preguntó de repente el niño de 4 años cuando vio con emoción que le había vuelto a ganar a Vegeta, sin saber que éste se dejó ganar una vez más.
—¿Qué?
—Siempre estaremos juntos, ¿verdad?—dijo Tarble dando un bostezo y entrecerrando sus ojitos.
—Por supuesto—respondió Vegeta como si nada, considerando que ya había sido demasiados videojuegos por una noche.
—¿Hermano? —volvió a decir Tarble, mirando de reojo a Vegeta que se había levantado para apagar la consola y el televisor—. ¿Tú te sientes orgulloso de mí?
—Tienes una fortaleza más grande que la mía—dijo Ouiji con convicción sin pensar demasiado su respuesta—. Eres mi hermano, un Ouiji, eres… solo tú. ¿Por qué no lo estaría?
—Mamá dice que como hermanos que somos debemos protegernos—aportilló el niño que luchaba contra el sueño.
—Sí, es verdad. Pero como tu hermano mayor yo soy el que debe protegerte.
—¡Yo también puedo protegerte! —exclamó Tarble sonriendo abiertamente, sus palabras había hecho enternecer a Ouiji.
—Lo sé—respondió Vegeta esbozando una sonrisa que reflejaba el orgullo que lo caracterizaba.
…
—Tarble—susurró Vegeta cerrando los ojos ante el recuerdo de su hermano.
Gokú se había dado cuenta de la mirada ausente que tenía Vegeta antes de escuchar de él el nombre de Tarble. Era evidente que toda esa situación de secretos y verdades abrieron una brecha de dolor en Ouiji que se mantuvo cerrada por muchos años. Gokú compartía la pena de su amigo, por el simple hecho de que se sentía responsable por la muerte del pequeño Tarble. Jamás se perdonaría el haberse quedado callado por muchos años, solo por defender a una persona que no valía para nada la pena. Pero el pasado ya era pasado, no se podía a hacer nada; sin tan solo hubiera una forma de cambiar los hechos de hace 8 años tal vez…
—¡Vegeta! ¡Kakaroto!—los aludidos voltearon a su llamado al mismo tiempo, observando como Ginyu se acercaba a ellos—. ¿Qué motivos les traen aquí en mi humilde hogar?
Gokú iba a empezar a hablar, pero Ouiji dio un paso al frente y se precedió encarándose al allegado.
—Turles—dijo sin más sorprendiendo a Ginyu. Éste alzó una ceja y pasó los siguientes diez aburridos segundos distraído, vio a Gokú como si le preguntara mentalmente el motivo del porqué también estaba allí.
—Fábrica abandonada—dijo Gokú, bajando la voz y entornando los ojos.
Ginyu mostró en sus labios una sonrisa satisfecha y asintió.
—Ahora lo entiendo—comenzó a decir Ginyu, juntando las palmas de sus manos e inclinándose levemente hacia delante en una actitud socarrona—, a caso ¿ustedes tienen algo que ver de que Turles no se haya aparecido en la escuela desde el mes pasado?
—¡Qué! ¿Acaso lo extrañas? —preguntó Ouiji echándose a reír, provocando un sutil gruñido de fastidio en el fornido muchacho.
Gokú no podía quedarse quieto: estaba aún demasiado cargado de adrenalina. Se hallaba de pie, entre ellos, ansioso, paseando la mirada de uno a otro. Luego, se colocó en medio de los dos de tal caso que a Vegeta le estaba dando la espalda mientras que a Ginyu lo tenía cara a cara.
—Turles me dijo que fuiste tú quien le dijo que yo no le dije a Vegeta sobre decirle que… —comenzó a parlotear el joven Son, parando su monólogo al ser consciente de que lo dijo no tuvo ningún sentido—. Esto es complicado.
Vegeta rodó los ojos ante la estupidez de su mejor amigo, lo empujó a un lado para poder ver a Ginyu.
—Le dijiste a Turles que Kakaroto lo cubrió al no decirme sobre que él, Turles, era el responsable de llevar a Tarble a la fábrica—masculló Ouiji en un extraño tono de voz.
—Sí, ¿y? —espetó Ginyu entre dientes.
Vegeta frunció los labios y le echó una leve mirada a Gokú para luego regresar su atención a Ginyu.
—¿Por qué esperar mucho tiempo?
Ginyu chasqueó la lengua en señal de disgusto, eso parecía más a un absurdo interrogatorio policiaco que a una plática casual entre adolecentes. Ya comenzaba a hartarse de ese asunto sobre los hermanos Ouiji. Además, tanto como Vegeta y Gokú estaban dentro de su propiedad y por ese simple motivo podía correrlos cuando quisiera.
—¡Me niego a decirles lo que sé!—gruñó Ginyu como queriendo infundir temor.
Vegeta no retrocedió, simplemente sacó su celular del bolsillo trasero de su pantalón y comenzó a revisarlo en silencio, parecía muy concentrado como si buscara algo de suma importancia. Luego de unos cuantiosos segundos, puso el aparato a la altura del rostro de Ginyu, y le preguntó:
—¿Lo conoces?
A Ginyu le costó un poco en reconocer al hombre de la fotografía, apretó los puños a sus costados como queriendo evitar los espasmos que su cuerpo estaba sufriendo debido al terror.
—¿Me estás amenazando? —preguntó Ginyu intentado no llevarse por el pánico. Ansioso, le echó una ojeada al semblante de Vegeta.
Ouiji parecía reflexionar durante un momento, pero entonces su rostro se contrajo; algo más lo hostigaba. Se encogió de hombros y, de manera hostil, replicó:
—Sí.
El ambiente entre los dos jóvenes se volvió más furioso esta vez que Gokú se puso más nervioso ante ello.
Ginyu torció los ojos, furioso, entendiendo su posición, no tenía caso jugar con fuego; mucho menos con una gran bola de fuego de apellido Ouiji.
—Fue hace un mes—comenzó a relatar Ginyu frente a las miradas atentas de Vegeta y Gokú—. Turles no los contó todo, detalle a detalle lo que le hizo a Tarble—hizo una pausa, como queriendo dar un suspenso espectral; muy teatral al decir verdad—. ¿Eso quieres saber, Vegeta?
—No es necesario. Kakaroto ya me lo contó.
—Entonces, ¿qué quieren de mí? —le preguntó Ginyu sin comprender.
—¡Yo primero!—se adelantó Gokú abriéndose paso—. Responde, ¿cómo supieron ustedes que yo los estaba espiando? Turles me dijo que tú le contaste "todo". ¿Qué quiso decir con eso?
—No sabíamos que tú nos estabas espiando—le recriminó Ginyu, con el semblante convertido en una máscara repugnante.
—¿En serio? Entonces, ¿cómo…?
—Cómo sea—interrumpió Vegeta a Gokú, exasperado—. ¿Es cierto qué fue idea tuya lo de encerrar a Tarble en la fábrica?
Ginyu bufó ante la pregunta de Ouiji. Sus ojos brillaron repentinamente, mientras una sonrisa despectiva comenzaba a formarse en su rostro.
—Nosotros no teníamos idea de que ese idiota de Turles se atrevería a hacer eso. Al fin y acabo, Turles te consideraba un buen amigo, Vegeta—Ouiji compuso una mueca desagradable ante las palabras del musculoso descerebrado—. Y hacerle eso a tu hermano era como si Turles te lo hubiera hecho a ti; saliste traicionado.
Ouiji lo miró con cara de pocos amigos y ojos helados, como si fueran puñales.
—Antes habías dicho que ustedes no sabían que Kakaroto los estaba espiando. ¿Cuándo y por quién lo supieron?
El ceño fruncido de Ginyu captó la atención de Gokú; parecía incluso más molesto que antes.
—¿En serio?—gruñó Ginyu dirigiéndose ahora a Gokú—. Hasta lo que tengo entendido, tú eras el único que lo sabía desde el inicio, Kakaroto. ¿Cómo puedes ser tan estúpido para no darte cuenta? ¿Acaso no recuerdas quien faltaba de mi grupo?
Una breve rememorización al pasado llevó a Gokú a saber la respuesta.
—Guldo—respondió el joven Son como para sí.
—¡Exacto!—exclamó Ginyu, tenía los dientes firmemente apretados y apoyó un pie para que soportara su peso—. Mientras tú nos estabas espiando, Guldo te estaba espiando a ti. Ya conocen a ese obeso amigo mío, tiene la memoria del tamaño de un chícharo. No fue hace un mes que él recordó ese día cuando Turles se nos unió y nos preguntó cuál sería una muy buena manera para vengarse de tu hermano.
—Así que cuando el gordo de Guldo recordó eso, no solo estabas tú—apostilló Vegeta con voz queda, parecía muy concentrado en sacar las conclusiones que lo llevaría a la verdad en cuestión al caso de Tarble.
—Estábamos aquí en mi casa reunidos—comentó Ginyu—, Turles también estaba aquí—añadió para luego mirar a Gokú—. Él me dijo que tenía que agradecerte.
—¿Agradecerme?—dijo Gokú sin comprender.
—Tu silencio—le explicó Ginyu, exasperado—. También obligamos a Turles que nos confesara todo lo que ocurrió dentro de la fábrica.
—Así que no lo sabían hasta hace un mes—dedujo Vegeta como para sí.
—Me sorprende que un acontecimiento de esa magnitud no se haya hecho viral—convino Ginyu con voz áspera, se dio cuenta que los dos amigos intercambiaron miradas cómplices.
—Eso fue gracias a mi padre—dijo Vegeta encogiéndose de hombros, respondiendo la duda de Ginyu—. No quería ningún tipo de escándalo que manchara el apellido Ouiji, por eso no se hizo ninguna investigación; aparte porque no tenía ningún caso investigar ya que mi hermano declaró que entró a la fábrica por sí solo.
Ginyu se mostró imperturbable ante la explicación de Ouiji.
—Eso tiene sentido—dijo—. No hubo noticias sobre ese día, solo sobre la demolición de la fábrica. Pero aún así no le tomamos importancia.
—Tarble—murmuró Vegeta con la voz un poco más aguda que lo normal, debido tal vez a la tensión.
—La muerte de Tarble le dio paz a Turles. Si tu hermano hubiera dicho la verdad, tal vez Turles hubiera pasado su niñez en un reclusorio infantil. Según él, fue demasiado cuidadoso para que nadie lo viera llevarse a Tarble. Y así fue, nadie sospechó de él, ni siquiera nosotros; a pesar de que tú y tu hermano faltaron por un mes a la escuela. Mucho menos nos tomamos la molestia de preguntarle a ese idiota como le fue en su "venganza"—dijo Ginyu dando énfasis a la última palabra—. Cuando Guldo nos contó que tú, Kakaroto, nos habías espiado… entonces Turles lo comprendió.
—¿Qué comprendió? —preguntó Vegeta otra vez adelantándose a Gokú.
Ginyu cambió de pierna para que la otra soportara su peso. Le echó una mirada envenenada a la ansiosa expresión casi enfadada de Vegeta para luego decir:
—Kakaroto era el único que SABÍA sobre el paradero de Tarble, SABÍA quién lo había llevado allí y SABÍA quién había sido la mente maestra de aquel plan.
—Fábrica abandonada, Turles y… tú—dijo Vegeta entre murmullos, muy lentamente y con precisión.
—Es correcto—convino Ginyu con una sonrisa socarrona.
—¿Así qué ustedes eran los brabucones?—exclamó Gokú señalando a Ginyu con el dedo—. ¡Tenía razón entonces!
—¿Brabucones? —preguntó el fornido muchacho alzando una ceja ante su desconcierto.
—Sí. Turles nos dijo a Bulma y a mí que un grupo de brabucones fueron los de la idea de meter a Tarble a la fábrica abandonada—le explicó Gokú frunciendo el ceño molesto—. Aparte yo los escuché, recuerdo que habían mencionado algo de una fábrica localizada en las lejanías.
—Maldito—gruñó Vegeta por lo bajo despotricando contra Turles.
Ginyu llevó sus brazos a la altura de su pecho, seguía observando a Ouiji y no pudo evitar sorprenderse ante la fortaleza de éste.
—Créeme que no tenía nada contra tu hermano. Mi rivalidad siempre fue, es y será con ustedes—puntualizó Ginyu, señalando con una seca cabezada a los dos amigos.
—No pusiste mucha oposición al contarnos todo esto—comentó Vegeta contento, mirando con burla a Ginyu.
Ginyu parecía afiebrado, se quedó helado en su lugar y su respiración se detuvo ante la vergüenza y la cólera. Decidió seguir el mismo juego que el de Vegeta, haciéndolo sufrir con palabras.
—Bueno—comenzó a decir Ginyu entre dientes—, ya que Turles hizo el trabajo sucio hace 8 años, ahora es mi turno de ver esos semblantes de desdicha en ustedes. Verlos sufrir de esta manera me satisface—dijo sonriendo macabramente—. Y no hay mejor dolor que afrontar una cruda y vil verdad. Mi padrastro siempre me lo decía: no existe peor dolor y humillación que unas cuantas palabras cargadas de luctuosas verdades. Ni siquiera los golpes físicos se le compara al dolor que estás sintiendo en estos momentos, ¿verdad, Vegeta?
Gokú sintió una opresión en el pecho que le empezaba a quemar desesperadamente, como cuando a uno le llegan las ganas de llorar y al momento de hablar le escose la garganta. El joven Son estaba perturbado y furioso, aquel idiota había cruzado la línea con sus comentarios de mal gusto. Las ganas de querer golpearlo se hicieron presentes.
—Te equivocas—dijo Vegeta con voz apacible ante la sorpresa de los otros dos—. Desde hace mucho tiempo que superé la muerte de Tarble. Lo único que siento ahora, es odio hacia Turles. Llegará el momento de que el maldito pague por lo que le hizo a mi hermano. En ese aspecto no tengo nada contra ti—le dijo a Ginyu con la voz cavernosa.
—Pero fue mi plan…
—Fue un plan brillante—lo elogió Vegeta luego de interrumpirlo—, excelente para llevar a cabo una muy buena venganza contra mí, pero fuiste lo demasiado cobarde e inútil para no ejecutarla. Ya te lo dije, a mi criterio, tú no tienes nada que ver con lo que le pasó a Tarble.
Ginyu temblaba de ira, caminó hacia Vegeta con paso firme acercándose demasiado a él para intimidarlo.
—¿Tienes miedo de mí?—le preguntó Ginyu con dureza, agachándose lo suficiente, casi a la misma altura, para mirarlo directamente a los ojos.
—¿Miedo? —se burló Vegeta ante la incoherente pregunta del fornido chico—. No me hagas reír, tú no vales ni mi tiempo. Vámonos, Kakaroto; ya obtuve todo lo que quería de este imbécil.
Vegeta pasó por el lado de Ginyu sin siquiera tocarlo, por fin ya podían irse de allí; en segundos tuvo a Gokú caminando a su lado mientras se alejaban más de la mansión.
—¿Estás seguro, Vegeta? —preguntó Gokú, su susurro se convirtió en casi una exigencia.
Hubo unos segundos de intenso silencio.
—Esta vez yo no seré quien se ensucie las manos, Kakaroto—murmuró Vegeta, ahora sus ojos se abrían otra vez a un oscuro vacío.
Un relámpago de confusión recorrió el rostro de Gokú.
—¿A qué te refieres?—le preguntó a su amigo.
El silencio se hizo ominoso durante otro buen rato mientras Vegeta estaba en trance.
—Lo sabrás a su tiempo—dijo Ouiji al fin.
Gokú ya no insistió más por ahora, persistiendo de nuevo el silencio entre ellos. Llegaron a donde habían dejado estacionado el auto, se acomodaron en sus asientos y Vegeta lo echó a andar con el destino muy bien visualizado dentro de su mente.
—Ahora, ¿a dónde vamos? —inquirió Gokú con voz monótona.
—Tengo que ver a Bulma—respondió Vegeta espectral, con las palabras quebrándose de modo extraño. Aceleró lo más rápido que tenía permitido, manteniendo su completa atención en la carretera.
—¿Para qué? —murmuró Gokú, sorprendido.
Vegeta no respondió de inmediato, parecía muy concentrado y no precisamente en maniobrar con cuidado el auto. Había algo más en su semblante que denotaba más que la ansiedad en querer llegar a ver a Bulma.
—No puedo esperar demasiado—el sonido de la voz de Ouiji fue como el hielo al fracturarse cuando se derrite. Una nueva preocupación reventó la máscara en que se había convertido el rostro de Gokú como alguien optimista ante cualquier situación—, esa máquina del tiempo tiene que estar lista pronto—terminó diciendo Vegeta con rudeza.
Y, entonces, Gokú lo comprendió…
¡Regresé! Y con otro kilométrico capítulo: 50 páginas y más de 22,000 palabras. Tengo una fuerte razón por el cual demoré tanto en actualizar, pero algún día se los haré saber. No sabré cuando volveré a subir el siguiente capítulo, pero les puedo asegurar que valdrá la pena porque ¡por fin! ¡Por Fin! ¡POR FIN! Explotará la bomba. Estoy muy agradecida por todo su apoyo y, más que nada, por su enorme paciencia; ¡Mil gracias a todos!
Mmmm pues espero que hayan disfrutado de este capítulo como yo disfruté en escribirlo. No olviden dejar sus reviews, en serio que invierto mucho tiempo escribiendo y me gustaría que me pagaran con sus comentarios. Se los agradecería infinitamente.
Como tardé demasiado en la actualización, las recompensaré con spoliers. Para ello tendrán que dejarme su huellita junto con su pregunta (es importante que tengan cuenta de Fanfiction) y así yo podré responder sus dudas en privado. O pueden mandarme un mensaje en mi página de Facebook Sin nada más que agregar, me despido.
Hasta la próxima actualización
Besos y abrazos
Macky Monyer
06/06/18
