Capítulo 25
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Pasaron tres alocadas semanas en las que, a la salida del instituto, Jack recogía a las niñas en su maravilloso deportivo y las llevaba al auditorio donde se celebraría el desfile para ensayar.
Durante esas semanas Regina habló por Skype con David, quien seguía sin saber quién se escondía tras el nick de Lana. Este le informó que pronto viajaría a Nueva York para ver desfilar a sus hijas y Regina tuvo que hacerse la sorprendida. También le indicó que era la ocasión perfecta para conocerse en persona. Nerviosa perdida, ideó mil excusas, pero David insistía en que no surgirían muchas oportunidades como aquella.
Después de hablar con él, no conseguía dormir. ¿En qué lío se había metido?
Por un lado le encantaría cenar con él, como había sugerido, pero por otro lado sabía que era imposible. ¿Cómo reaccionaría al saber que la extraña con la que había hablado todos aquellos meses era ella y no una simple desconocida?
Martirizada por la confusión que había provocado bajó a la cocina para tomarse un vaso de leche. Eso la calmaría. Pero al entrar en la cocina vio a Emma sentada tranquilamente en el jardín, contemplando las estrellas.
—Hola, ¿qué haces aquí? —preguntó acercándose a ella.
Al escuchar la voz de su hermana, Emma giró la cabeza.
—El cielo está precioso. Y tú ¿qué haces despierta a estas horas?
Regina, inquieta, se encogió de hombros.
—Me apetecía un vaso de leche —contestó por fin.
Emma que conocía muy bien a su hermana le preguntó:
—Vamos a ver ¿cuál es esa preocupación que no te deja dormir?
—Ninguna.
Alzó una ceja y sonrió.
—Soy tu hermana y con mirarte a los ojos sé que algo pasa. ¿Me lo vas a contar o vas a obligarme a seguir preguntándote una y otra vez hasta que desistas de tu mutismo y me lo cuentes?
Regina resopló y, sentándose a su lado, le contó lo que estaba ocurriendo con David. Una vez acabó la reacción de Emma fue inmediata.
—¿Me estás diciendo que hablas con David por las noches y que él no sabe que eres tú?
Regina asintió con gesto descompuesto.
—Lo sé… Lo sé… ¡Es una locura! Pero solo lo hacía por hablar con él y ahora estoy metida en un buen lío y no sé cómo salir. ¿Cómo voy a quedar con él? — dijo desesperada.
«Vaya hermanita, no dejas de sorprenderme», pensó Emma.
—Madre mía… madre mía, Gina. ¿Cómo se te ocurre engañarle después de todo lo que ha pasado? ¿Pero te has vuelto loca? ¿No ves que este absurdo engaño puede liar las cosas y hacer que terminen aun peor?
Consciente de lo que su hermana le decía, se tapó los ojos.
—Lo sé y me siento fatal. ¿Por qué lo habré hecho? —murmuró.
Durante unos segundos ambas permanecieron calladas, hasta que Emma, retirándose el pelo de la cara, se puso manos a la obra para solucionar el embrollo.
—Vamos a ver. Tenemos tres opciones.
—¿Tres opciones?
—Ajá, hermanita. La primera es aparecer y que descubra que se trata de ti.
—¡No! ¡Ni loca!
—La segunda —prosiguió Emma—. No aparecer y darle plantón.
—Pobrecillo, ¿cómo le voy a hacer eso?
—Y la tercera —rio divertida—. Enviar a alguien en tu lugar.
Regina se quedó mirándola perpleja.
—¿Mandar a alguien en mi lugar? —preguntó:
Emma asintió y encogiéndose de hombros añadió:
—Vamos a ver. Si no quieres aparecer y tampoco quieres dejarle colgado, habrá que hacer que alguien se haga pasar por Lana. ¿No crees que es una idea estupenda?
Regina, en aquel momento, no sabía si era estupenda o no. Lo único que sabía era que aquella era la única opción.
—Quizá no sea mala idea. Solo sería una noche y podría aleccionar a mi sustituta sobre cómo es Lana y sobre todo lo que he hablado con David en estos meses. ¿Crees que podría ser viable?
Emma asintió divertida, pero Regina no estaba del todo convencida.
—Vale. Tenemos un estupendo plan pero no conozco a nadie a quien pedirle ese favor —apuntó.
—Yo tengo varias amigas que ustedes dos no conocen. Si quieres lo puedo hablar con alguna de ellas a ver si acepta. Estoy segura de que en cuando les enseñe la foto de David no me van a decir que no.
—Creo que esto no está bien —susurró Regina molesta. Aquello le parecía un mero mercadeo de carne y sexo.
Pero Emma no quería escucharla.
—¿Qué clase de mujer le has hecho creer que es Lana? —preguntó:
—Una mujer normal. Vive en Nueva York. Separada, con dos hijas y que trabaja en una tienda de ropa. Nada más.
—¿Rubia? ¿Morena?
Regina negó con la cabeza.
—Hija por Dios qué sosa eres —se burló Emma—. Una cuando liga por la red suele decir que es el paradigma de la belleza. Vamos, para que te enteres, en internet todas somos guapas, altas, con cuerpos impresionantes y unas bombas sexuales.
—Pero es que yo no estoy ligando con David —se defendió Regina.
—¿Ah, no? —Dijo con Diversión—. Pues hija… tú me contarás qué haces hablando con un supuesto desconocido todas las noches.
Molesta porque en el fondo sabía que su hermana podía llevar algo de razón le espetó.
—No me mires con esa cara o te mando a paseo ¿me has oído?
—Vale… Vale... no te pongas así —intervino Emma con una sonrisa conciliadora—. Pero te guste o no, algo de morbo la cosa te da —y sin dejarle que dijera nada añadió—: ¡Ya lo tengo! Ya tengo a la candidata perfecta. ¡Fiona!
—¿Fiona? ¿Quién es Fiona? —preguntó Regina.
Mirando a su hermana que la miraba con cara de enfado respondió.
—Fiona es una maquilladora que colabora con nosotros en el estudio. Está separada y le encanta conocer a gente. Es más, creo que le gustará conocer a David —y bajando la voz informó—: Aunque es un poco loba y dudo que desaproveche la oportunidad.
Regina resopló. ¿Sería aquello buena idea? ¿Debía dejar que otra se hiciera pasar por ella? Y sin haber resuelto todas las preguntas que se agolpaban en su mente dejó que su hermana continuara con el plan.
—¿Quieres que mañana le comente algo?
Confusa por todo aquello Regina susurró.
—No sé, Emma. Si David se entera no le va a hacer ninguna gracia, se va a sentir manipulado y engañado.
—Asúmelo. De todas formas se va a sentir manipulado como se entere de que eres tú la que habla con él noche tras noche.
Regina se sentía fatal pero finalmente accedió.
—De acuerdo. Coméntaselo a esa tal Fiona y si acepta, quedamos con ella para cenar y ponerla al día.
—Vale, mañana le diré algo —y dedicándole una sonrisa a su hermana le dijo al entrar en la cocina—: Desde luego te metes en cada lío que para qué. Telita con las buenecitas. Y lo más gracioso es que mamá solo se fija en mí — pero al ver su expresión triste preguntó—: ¿Tanto le extrañas?
Regina asintió sin poder evitarlo.
—Sí, Emma. Hablar con él es como una necesidad. Cuando lo hago me siento bien y aunque sé que no estoy actuando correctamente, no puedo evitarlo.
Dos minutos después ambas se dirigieron hacia sus respectivas habitaciones. Necesitaban descansar.
Al día siguiente, Regina recibió en el despacho la llamada de su hermana.
Fiona había aceptado y cenarían a las ocho las tres en Troops. Cuando Regina colgó el teléfono las manos le temblaban. Aquello no estaba bien. Era una locura. Pero no había otra solución si quería seguir hablando con David por las noches cuando regresara de su viaje a Nueva York.
A las ocho en punto Regina, atacada de los nervios, entraba en el restaurante donde había quedado con su hermana y con Fiona. Todavía no habían llegado así que se sentó en una mesa a esperar. Pocos minutos después vio entrar a Emma y, tras ella, a una mujer morena tremendamente atractiva.
—Buenas noches hermanita. Te presento a Fiona —dijo Emma.
Regina, sorprendida, clavó la mirada en el escotazo que llevaba y tuvo que reconocer que, desde luego, se la podía calificar como una bomba sexual.
—Encantada de conocerte, Fiona.
—Lo mismo digo —respondió dándole dos besos.
Durante la cena, Regina se relajó y, en los postres, era capaz de sonreír a pesar del par de patadas que le había tenido que dar a su hermana por debajo de la mesa cada vez que hacía una gracia en referencia a David. Charlaron durante más de dos horas en las que Regina le informó de todo y le dejó claro a aquella mujer que solo tenía que ser agradable con David.
—Entonces todo aclarado, ¿verdad? —preguntó Emma.
—Me encanta la idea —asintió Fiona—. Siempre me han gustado las citas a ciegas. Y no te preocupes, nunca dudará que soy Lana, la mujer con la que habla cada noche. Y aunque esté mal decirlo, querida, tu ex es un tipo muy sexy —Regina frunció el ceño—. Desde que he visto la foto que me enseñó Emma, no puedo dejar de pensar en él.
—Fiona —advirtió Regina—. Solo quiero que seas amable con él. Solo eso.
Esta sonrió. Y echándose la melena hacia atrás respondió en un hilo de voz.
—Eso haré. Pero eso no quita que pueda comentar que tu ex es un cañonazo de hombre.
—Es importante para mi hermana que no ocurra nada más —aclaró Emma.
—¿Y si él se me insinúa? —preguntó Fiona sorprendiéndolas.
Irritada al imaginar la situación, Regina tomó aire y respondió.
—Fiona, si él hace eso. Tú decides.
Tras despedirse de Fiona, camino del coche Emma dijo.
—Si no estás segura, mañana le digo a Fiona que lo olvide.
Por un momento estuvo a punto decirle que abortara la misión. Pero aquella mujer era su única oportunidad de no darle plantón a David. Y convenciéndose de que no iba a pasar nada fuera de lo que habían planeado respondió:
—Sigamos adelante, creo que será lo mejor.
Aquella noche cuando Regina entró en su habitación y puso su portátil sobre la cama suspiró. Quedaban cuatro días para el acto benéfico y saber que iba a volver a ver a David le ponía nerviosa. Y si algo tenía claro era que aquella explosiva mujer y sus insinuantes curvas iban a bloquear a David. Después de todo era un hombre de carne y hueso. En ningún momento le había dicho que ella fuera así, pero tampoco él se lo había preguntado. Se habían limitado a hablar de ellos y de sus vidas. Consternada, miró de nuevo el portátil. Sabía que él estaba al otro lado de la pantalla y había quedado en darle aquella noche una contestación. Finalmente, segura de lo que hacía, se conectó y él rápidamente la saludó.
TALABUKI Hola
LANA Hola
TALABUKI ¿Pensaste en lo que te propuse el otro día? Solo será una cena
LANA la respuesta es sí
TALABUKI Estupendo. Por fin nos podremos conocer.
LANA ¿Dónde nos vemos?
TALABUKI Qué te parece el sábado a las cinco y media en la esquina con Sunset Street. Hay una cafetería llamada Larry´s. Tomamos algo allí y después te vienes al desfile conmigo y con mi hermano Killian. Luego te invito a cenar.
LANA ¿Ir yo al desfile? No. Les molestará a tus hijas.
TALABUKI Eres una amiga, no tienen por qué molestarse.
LANA De acuerdo, ¿cómo te reconoceré?
TALABUKI Llevaré vaqueros y camisa azul. Y para que sepas quien soy me pondré un sombrero de vaquero.
LANA ¿Estás loco?
TALABUKI Y tú ¿cómo eres?
LANA Alta y morena. Creo que no te resultaré indiferente.
TALABUKI ¿Guapa y llamativa? Qué suerte la mía.
LANA Hasta el sábado
Cuando Regina se desconectó tenía ganas de matar a alguien. ¿Por qué había organizado aquella cita?
