Smells Like Teen Spirit
Capítulo XXV:
"Here's to never growing up"
"Cuando se es joven, se es joven para toda la vida". –Pablo Picasso.
Singing Radiohead at the top of our lungs
with the boom box blaring as we're falling in love
Got a bottle of whatever, but it's getting us drunk
Singing here's to never growing up
(Shaoran)
La broma de graduación de los Supercanallas había hecho historia. Se volvió viral rápidamente en redes sociales, haciendo que importantes medios digitales internacionales como Buzzfeed la incluyeran en su contenido web. Los titulares eran muchos, pero todos siguiendo la misma línea: "Estudiantes japoneses convierten su colegio en un zoológico como broma de graduación".
Los autores permanecían en el anonimato, por lo que solo se le adjudicaba a "los estudiantes graduandos del Instituto Seijo de Tomoeda, Japón". Aquello significaba que cualquier persona de nuestra promoción podía sentirse orgullosa por la broma, inclusive decir que había participado en ella, y la gente no tendría forma de saber que mentían. Porque, contrario de lo que hubiera pensado, los Supercanallas no sentían la necesidad de llevarse el crédito, y no les molestaba que otros quisieran adjudicarse el éxito de la broma.
-Cuando la gente empieza a robarte el crédito, es porque has hecho las cosas bien. -Me había dicho Yamazaki con una sonrisa.
Pero no sucedió. Nadie trató de robarse el crédito -principalmente porque era arriesgarse a meterse en un lío días antes de la graduación- ni tampoco de opacarla con otra. Seguía pareciéndome increíble que les hubiera salido al pie de la letra y que nadie los hubiera descubierto, puesto que ninguno de nuestros compañeros había dicho una sola palabra, ni tampoco el tipo del zoológico.
Los chicos de clases más jóvenes parecían decepcionados de que los Supercanallas se graduaran, pues eso significaba el fin de una era. No más bromas legendarias en Seijo, o al menos no de la mano de los reyes de las bromas.
-Por supuesto que no quiero que nos superen -comentó Yamazaki a las jóvenes criaturas que deseaban ser discípulos suyos-, pero quiero que lo intenten. Eso es lo más importante. Y tal vez un día, su leyenda pueda vivir junto a la nuestra.
Los varones asentían con la cabeza y le estrechaban la mano con orgullo y emoción, mientras que las niñas aplaudían y se chocaban las manos, sus ojos brillando de admiración mientras veían al mítico Takashi Yamazaki,
Como todo me parecía tan increíble e irreal, casi de película, decidí tomarles un par de fotos. La primera fue una toma espontánea frente a la estatua del fundador del colegio, mientras se ponían de acuerdo para ver cómo posarían. La segunda fue frente al edificio principal. Yamazaki, al ser el más alto, estaba en el medio, con un brazo alrededor de los hombros de Sakura, que posaba a su derecha con los brazos cruzados. Kero estaba frente a ellos, con una rodilla en el suelo y los brazos apoyados en las piernas. Junto a Sakura posaba Hiro con los brazos cruzados, sin sonreír. Del otro lado de Yamazaki, Nakuru también posaba con los brazos cruzados. Y Naoko, la primera de izquierda a derecha, tenía una mano en el bolsillo y la otra apoyada en el hombro de Nakuru. Los únicos que no mostraban los dientes eran Nakuru y Sakura, que sonreían con elegancia y altanería, y Hiro, que permanecía serio. Naoko, Yamazaki y Kero sonreían ampliamente.
Como las fotos fueron tomadas luego de la impresión y entrega de los anuarios, no estarían inmortalizadas para siempre en aquellos libros de recuerdo de todos los graduandos de nuestra generación Pero me conformaba con que los Supercanallas las tuvieran, así que las imprimí en una página de papel fotográfico y se las entregué para que la adjuntaran a sus anuarios.
Una semana después del último día de clases, nos encontrábamos de vuelta en el Instituto Seijo en la práctica de graduación. Había algunos detalles que ver antes del gran día, como quién daría el discurso, qué reconocimientos serían entregados a qué estudiantes, entre otras cosas.
Como era de esperarse, el valedictorian sería aquel estudiante con el mejor promedio de toda la clase graduanda. Y, casualmente, el mejor promedio de nuestra clase era también el mejor promedio de todo el colegio: Tomoyo Daidouji.
Pero a pesar de lo extrovertida, encantadora y talentosa que era Tomoyo, no parecía contenta con la idea de tener que dar el discurso de graduación frente a todos nuestros compañeros, según nos lo hizo saber tras finalizar la práctica. Chiharu, Kero, Sakura, Tomoyo y yo estábamos sentados charlando afuera del auditorio. La mayoría de nuestros compañeros todavía andaban por allí haciendo vida social, pero muchos ya se habían retirado a sus casas.
Cerca de nosotros, Yamazaki conversaba sobre la NBA con Kurogane Agatsuma, un compañero del otro curso que yo no conocía personalmente pero que había visto en el equipo de baloncesto y en algunas fiestas. Lo poco que sabía de Agatsuma era había estado en la misma clase de Nakuru y Chiharu, y que jugaba en el equipo de baloncesto con Yamazaki. También sabía que no era fanático de Eriol, por alguna razón. Yo nunca había presenciado ningún desplante de Agatsuma hacia Eriol, pero mi amigo me había contado que el tipo parecía más serio de lo normal cerca de él. Aquello se me hacía poco probable, tomando en cuenta que siempre estaba serio... si a eso le sumamos su aspecto de luchador de la UFC. Aunque, ahora que los observaba, me di cuenta de que Kurogane parecía estar más pendiente de nuestra conversación que de la suya con Yamazaki. Y aquello me hizo pensar en algunas veces que yo había visto...
-¿En serio crees que no lo harás bien?
La pregunta de Sakura me sacó de mis cavilaciones. Volví mis ojos a nuestro grupo. Tomoyo no dijo nada durante algunos segundos, hasta que finalmente suspiró.
-No se trata de eso. Supongo que sí, puedo preparar algo de aquí al viernes que no aburra a morir a las personas, pero creo que hubiera sido mejor que alguien como Takashi diera el discurso. -Explicó-. Después de todo, él se lleva bien con todos los de la clase.
-Tú también, Tomoyo.
-No soy amiga de todos.
-Bueno, puede que no, y a lo mejor tampoco hablas con todo el mundo, pero me atrevo a decir que eres una de las pocas personas que todos aquí respetan, admiran y pueden tolerar sin ningún problema. -Comentó Sakura con seguridad-. Eres perfecta y no hay nadie que pueda llenar tu lugar.
-Díselo a Eriol, no es lo que él pensó. -Contestó ella con dramatismo-. Y tal vez tenga razón.
Al ver que Sakura y Chiharu la miraban con una ceja alzada y los brazos cruzados, respectivamente, soltó una carcajada.
-¡Es broma, es broma! -Dijo restándole importancia-. No lo de Eriol. Eso sí es en serio y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. Pero por supuesto que no tiene razón y yo lo sé.
Chiharu suspiró y comenzó a arreglarse la trenza que tenía en el pelo. Sakura no dijo nada más y Kero terminó de comerse el Snickers extra grande que amenazaba con derretirse en sus manos. Era sorprendente que siempre estuviera comiendo algo. Rika había traído hanami dango para compartir hacía apenas unas horas y Kero había comido una cantidad generosa; sin embargo, allí estaba, engullendo una barra de Snickers extra grande. Lo cierto es que a mí no me quedaba apetito para nada más. Rika era una excelente repostera -lástima que yo lo hubiera descubierto casi acabando el curso- y al parecer era de familia. Su madre era la propietaria de una modesta pastelería ubicada en el centro de Tomoeda, la cual yo había visitado en muchas ocasiones para disfrutar de sus panecillos de chocolate. Descubrí que era de la madre de Rika un sábado en la tarde que la vi allí. Ella pareció feliz de verme y me explicó que casi nunca tenía tiempo de pasar por allí, porque estaba anotada en demasiadas actividades extracurriculares.
-Darás un gran discurso, Tomy. -Dijo Kero con la boca llena y la comisura de los labios manchada de chocolate-. Y a todos les gustará, lo sé. ¡El mundo te ama!
Terminó de tragar y se limpió el chocolate de los dedos con la parte interna de los bolsillos de su jean. Chiharu frunció el ceño y lo miró con desaprobación. Yo me reí. La novia de Yamazaki era una mujer muy expresiva.
-Solo hizo falta ver la cantidad de cartas de amor y regalitos que te dejaron en tu casillero la última semana de clases. -Continuó Kero.
Yo me reí y Tomoyo esbozó una modesta y bonita sonrisa. Le habían llovido declaraciones de amor, todas de chicos menores que nosotros, que le decían que iban a extrañar verla cantar en los festivales de música y shows de talento. Bromeamos sobre eso, hasta que Tomoyo se excusó para ponerse de pie.
-¿Adónde vas? -Le preguntó Chiharu, que se había terminado de peinar y ahora lucía una trenza impecable-. ¿Huyes como una comadreja? ¡Pero si nadie te está preguntando quién se te declaró!
-¿Nos vemos luego en tu casa? -Le preguntó Tomoyo ignorando su pregunta-. En la tarde. Primero debo pasar por el centro comercial a comprar las cosas.
Chiharu asintió con la cabeza. Sakura y Kero les preguntaron que por qué se iban a juntar en la tarde y no los habían invitado, por lo que Tomoyo decidió aprovechar para marcharse y dejar a Chiharu con la labor de responder.
-Tomoyo quiere que le haga varios maquillajes para ver cuál usará en la graduación y en el baile. Pueden venir si quieren. -Miró a Kero-. Aunque no sé qué papel pintarás tú en eso. -Y luego, como si hubiera recordado que yo también estaba presente, me miró-. También puedes venir si gustas, Shaoran.
Yo sonreí-. Gracias, pero paso.
Yamazaki se acercó a nosotros con Agatsuma. El primero venía sonriendo como de costumbre; el segundo estaba completamente serio, también como de costumbre.
-¿Nos vamos? Tengo hambre, deberíamos ir por una hamburguesa. -Comentó Yamazaki-. Por cierto, ¿dónde está nuestra valedictorian? No me digan que decidió abandonar el país por un caso extremo de miedo escénico por adelantado. La familia Daidouji nunca ha sido
-No sé. -Respondió Chiharu antes de que a su novio le diera tiempo de inventar un disparate-. Solo se fue y ya. Ni idea de a dónde.
-¿En serio no la conocen? -Preguntó Sakura haciendo que todos la miraran-. Fue el aula de música. Quiere visitarlo por última vez.
Nos pusimos de pie para irnos y, al notar que Agatsuma se excusaba con Yamazaki, confirmé mis sospechas. Llamé a Kero.
-¿Qué vas a hacer después de aquí? -Le pregunté.
-Pues, tenía pensado irme a casa de Nakuru. Pero lo de la hamburguesa no suena mal. ¿Por?
-Hay algo de lo que quiero hablarte. O bueno, alguien. -Le dijo y me aseguré de que no hubiera nadie cerca-. Y creo que tal vez Nakuru tenga información.
(Tomoyo)
A pesar de que ya le había entregado a la profesora de música la llave del aula y me había despedido de ella días antes de que se terminaran las clases, no pude evitar sentir nostalgia al pasar junto a la puerta.
Tras finalizar el ensayo, decidí darme una última vuelta por allí antes de ir al centro comercial a comprar el maquillaje para Chiharu. Para mi sorpresa, la puerta estaba abierta. Sonreí. Había pasado gran parte de mis años escolares en el aula de música, practicando para presentaciones, concursos, y competencias de talento o canto. Incluso algunas tardes con Eriol, a veces ocupados en labores musicales y otras veces en situaciones románticas, pero también había compartido con otros compañeros.
La profesora Igarashi había sido gran una mentora y guía personal para mí. Una mujer que identificaba los talentos de sus estudiantes y sabía explotarlos y pulirlos hasta que el calendario escolar (o el estudiante) se lo permitían.
Noté de que la ventana estaba abierta y la suave brisa que entraba había volado algunas hojas de papel del escritorio de la profesora. Me agaché para recogerlas y me di cuenta de que eran partituras variadas. Volví a sonreír. Vi aquello como un regalo del destino, así que me senté sobre el escritorio y me dispuse a organizarlas mientras cantaba la canción que no me había podido sacar de la mente en varios días.
-I bite my tongue because I wanna scream, I'm almost there and you turn and look at me.
Una de mis actividades favoritas durante todos esos años había sido clasificar las partituras según el orden que fuera necesario: alfabéticamente, por período, por género, por autor, etc. Era un trabajo que pocas, muy pocas personas disfrutaban.
-When it's late at night and you're fast asleep, I let my fingers do the walking...
-El amor propio siempre es importante. Me alegra que lo tengas presente y lo pongas en práctica.
Di un respingo del susto y me tomé unos segundos antes de girarme. No porque no hubiera reconocido aquella masculina y elegante voz de barítono, sino porque había sonado todavía más profunda tras retumbar en la habitación vacía. Me di la vuelta para estudiar a mi interlocutor, tratando de que no se notara el efecto que había causado en mí. Después de todo, no era la primera vez que se aparecía en el salón de música sin emitir un sonido y me sorprendía de aquella manera. Me di cuenta de que incluso después de tanto tiempo, la voz de Kurogane Agatsuma todavía conseguía estremecerme. Igual que su presencia.
-¿Conoces la canción? -Pregunté con una sonrisa cordial, mientras pensaba en lo gracioso que me parecía que Agatsuma considerara que la masturbación -el tema de la canción- y el amor propio eran sinónimos.
-¿P!nk, cierto?
Yo asentí con la cabeza. Por un momento, no supe si simplemente lo estaba imaginando, o si aquella pequeña y casi imperceptible curvatura en sus labios de verdad era una sonrisa. Incluso tuve que entrecerrar los ojos y mirarlo fijamente durante varios segundos. Pero lo era, y aquello era muy pero muy extraño, casi un hito. Porque Kurogane Agatsuma jamás sonreía.
Poseía una seriedad perenne usualmente acompañada de un ceño fruncido y brazos cruzados. Podía resultar muy intimidante, tomando en cuenta que medía un metro noventa y que tenía un cuerpo sumamente atlético, de hombros y espalda anchos. Los músculos de sus brazos y piernas estaban bien desarrollados, pues pertenecía al equipo de baloncesto y practicaba artes marciales, según me había comentado una de esas veces en las que me había sorprendido al entrar al salón sin que lo escuchara, antes de una de nuestras prácticas del club de música.
Nadie se atrevía a meterse con él bajo ninguna circunstancia. Bueno, casi nadie. Yamazaki, que se llevaba muy bien con él porque también estaba en el equipo de baloncesto, era el único que tenía carta blanca para hacerlo. Aunque, ahora que lo pensaba, Yamazaki tenía carta blanca con todas las personas de nuestra clase.
Estaba en el mismo curso que Chiharu, Kano y Naoko y, Además de jugar en el equipo de baloncesto con Yamazaki, pertenecía al club de debate y al de música, donde yo había conseguido relacionarme con él. A pesar de su aspecto rudo y de ser un atleta de pura cepa, a Kurogane se le daba bien la música. Tenía muy buen oído y se destacaba especialmente con la guitarra, pero también sabía cantar (aunque nunca lo hacía) y tocar la armónica.
-Supongo que viniste a despedirte del aula. -Me preguntó. Yo sonreí y asentí con la cabeza.
Amplié mi sonrisa y él no dijo nada más. Terminé de ordenar las partituras y las dejé sobre el escritorio, con una engrapadora encima para que no se volaran. Me puse de pie para marcharme, pero la voz de Kurogane me detuvo.
-Tomoyo, hay algo que tengo que decirte.
Lo miré. Aparte de su seriedad habitual, había algo más en su mirada. Algo que no supe reconocer, principalmente porque jamás lo había visto en sus ojos. No tenía idea de qué quería o tenía que decirme, pero parecía ser muy importante, así que asentí con la cabeza.
-Claro, cuéntame.
-Sé que puede parecerte raro que haya esperado hasta este día, pero supongo que eso ya no importa ahora.
Él pareció notar mi desconcierto, porque se rió. Y su risa me hizo sentir un hormigueo en el abdomen y en las yemas de los dedos. Era realmente bonita y también era la primera vez que la escuchaba.
-Quiero que sepas que eres la mujer más maravillosa que he conocido, Tomoyo, y no quería que nos graduáramos sin que supieras lo que siento por ti.
Me miró silencio durante varios segundos. Sin que dijera nada más, sin que continuara con la conversación, supe qué diría. Entonces reconocí en su mirada aquello que antes me había costado descifrar. Y cada fibra de mi ser se estremeció.
-¿Yo te… gusto?
-Creo que sería decir poco. En realidad me encantas. Todo de ti me encanta.
Retrocedí un par de pasos y volví a sentarme sobre el escritorio. Tenía miedo de que, si no lo hacía, mis piernas se convirtieran en gelatina. Kurogane no se anduvo con rodeos.
-Me encanta que logras destacarte en absolutamente todas las actividades y proyectos en los que participas. Y que no importa qué tan ocupada estés, siempre consigues tiempo para ayudar a los demás. Me encanta tu energía, tu buena disposición para todo, tu buen humor. También tu risa y tu voz, y la capacidad que tienes para transmitir sentimientos cuando cantas. Me encanta tu ojo artístico, las fotos que tomas y la edición que haces con tus vídeos. Me encanta que no permites que tus problemas personales se inmiscuyan en tus relaciones con los demás; jamás te desquitas o desahogas con nadie; no buscas culpables y siempre tomas responsabilidad por tus acciones. Me encanta que siempre tienes un tema de conversación y que contigo se puede hablar de todo durante horas porque eres una mujer sumamente culta, inteligente e interesante; siempre puede aprenderse algo de ti. Y además de todo eso, también me encanta el color de tu piel y la elegancia de tu cuello. Me encantan el largo de tus piernas y tu pelo negro, precioso. Y me encantan tus ojos de ese color tan exótico. Preciosos también. Como tú.
Me quedé estática en mi lugar, demasiado anonadada ante aquella confesión de amor como para reaccionar. Abrí la boca nuevamente para hablar, pero las palabras se me atragantaron en la garganta. Porque sabía que cualquier cosa que dijera no le haría justicia a lo que él acaba de decirme.
-Vaya. -Dijo esbozando una sonrisa que terminó por desarmarme por completo. Era la primera vez lo veía sonreír de esa forma tan dulce y pícara al mismo tiempo, con una coquetería exclusiva y una complicidad íntima-. He dejado a Tomoyo Daidouji sin habla. Si se lo cuento a nuestros compañeros, no me lo creerían nunca.
Esta vez me fue inevitable reírme ante su comentario. Me llevé las manos al rostro mientras trataba de asimilar lo que me había dicho. Mis mejillas estaban calientes por el flujo de la sangre. Respiré hondo.
-¿Por qué nunca me dijiste nada? -Pregunté tras volver a mirarlo-. ¿Por qué esperaste a que acabaran las clases? -Fruncí el ceño-. ¿No querías que lo supiera?
-Por supuesto que quería. -Respondió él con su habitual seguridad, sin titubeos, sin rodeos, sin redundancias-. Al principio y durante mucho tiempo me daba vergüenza contártelo, pero luego me decidí a decírtelo. El día que iba a hacerlo, me enteré por Yamazaki que estabas saliendo con Hiragizawa. Fue el día que llegaste con varias cajas y bolsas a nuestro salón de clases, y yo te ayudé a traerlos hasta aquí. ¿Lo recuerdas?
Yo sentí que alguien sonaba un gong cerca de mis oídos. Parpadeé confundida. Sí, lo recordaba. Había ocurrido hacía una eternidad, precisamente cuando Eriol y yo empezamos a salir, un par de años atrás.
-Espera, ¿te enteraste de que esta…? Pero, ¿desde hace cuánto te…?
-Desde hace más de dos años. -Respondió él con resolución sin dejar de mirarme en ningún momento, manteniendo su semblante serio e impasible.
-Pero, ¿y Okitsu? -Pregunté tratando de encontrarle sentido a todo-. Saliste con Shizuka Okitsu por mucho tiempo, ¿no?
Él asintió con la cabeza-. Así es. Diez meses.
-Dices que te gusto desde hace más de dos años, pero tú saliste con ella el año pasado. No entiendo, ¿yo ya te gustaba entonces?
-No solo me gustabas, Tomoyo. Pero sí, incluso cuando estaba con ella. ¿Por qué crees que no funcionó? Shizuka no eres tú. -Su bella sonrisa volvió a aparecer-. Ninguna lo es.
Sentí que toda la sangre de mi cuerpo se dirigía a mi rostro al escuchar aquello. ¿Dónde había quedado toda su seriedad y mal genio? ¿Dónde habían quedado sus silencios prolongados y sus brazos cruzados? Kurogane pareció darse cuenta de mi sonrojo, porque se rió y me miró con picardía.
Dios. Mío.
-Pareces muy sorprendida.
Y lo estaba. Me sentía, entre otras cosas, enormemente sorprendida. Jamás se me hubiera pasado por la mente que Kurogane Agatsuma estuviera enamorado de mí. No solo porque no había demostrado mayor interés en mí en ningún momento, sino por muchas otras razones.
Con su físico imponente, su mandíbula de acero y pómulos de mármol, era todo un hombre. Incluso su personalidad no era la de un chico. Era discreto, serio, responsable, dedicado y bastante más amargado que el adolescente promedio. Pero muy talentoso y educado.
Por todo eso, muchos eran los rumores que rodeaban su vida amorosa. Había personas que decían que Kurogane solo salía con mujeres mayores que él. Desde mujeres universitarias hasta MILF (siglas de Mother I'd Like To Fuck, que se traduce literalmente a madre que me gustaría follarme). Por eso muchos (mujeres en su mayoría) se sorprendieron cuando comenzó a salir con Shizuka Okitsu, una chica de un curso menor al nuestro. Nunca pensé que le interesara alguna de nosotros, hasta que comenzó a salir con Okitsu.
-No tenía idea. -Fue lo primero que pude decir-. Lamento que las circunstancias estuvieran en tu contra cuando decidiste decírmelo.
-Sí, también yo. Llegué tarde. -Dijo y se sentó junto a mí en el escritorio-. Tal vez, si las cosas hubieran sido diferentes y te lo hubiera dicho antes...
...yo no me habría enamorado de Eriol y él no me habría roto el corazón. Y habría aceptado salir con Kurogane. Y él habría conocido a mi madre (y ella seguramente habría tratado de contratarlo en la agencia de modelos). Y lo habría visto sonreír muchas veces más. Y habría conocido a su familia, y sus secretos, sus sueños, sus deseos. Me habría enamorado de él, y ahora no estaría sintiendo esta extraña sensación en el estómago. Y sabría qué se siente estar rodeada por esos fuertes antebrazos, o acariciar con mis manos esa fornida espalda.
¿Por qué estaba pensando en todo eso?
Me miró y, al tenerlo tan cerca, sentí que su presencia me invadía por completo. Me sacaba una cabeza -tal vez un poco más- por lo que su imponente cuerpo me impedía ver cualquier otra cosa que no fuera su mandíbula de hierro, su pecho de gladiador y sus ojos de samurái.
Aunque, en realidad, no había nada mejor que ver.
Tomó mi mentón con su mano y me acarició la piel con sus dedos. El oxígeno de la habitación se esfumó por completo y me costó respirar.
-Siempre pensé que Hiragizawa era afortunado e inteligente, pero al parecer solo es lo primero. -Me dijo con seguridad-. Haber dejado ir a una mujer como tú es un gran error. Eres perfecta, Tomoyo. Tal y como eres.
No pude evitar reírme ante aquello y entonces recordé la broma que había hecho con Chiharu y Sakura. Decidí repetirlo.
-Díselo a Eriol.
-No quería decirlo, pero Hiragizawa es un idiota. Tú no necesitas parecerte a nadie más ni cambiar nada de ti. Tus virtudes opacan cualquier defecto que puedas tener.
-Kurogane, no...
Él volvió a sonreírme de aquella forma y yo sentí que me temblaban las piernas.
-Es la verdad. Además, tienes un cuello que…
Bajó su mirada y con su mano me apartó el pelo hasta dejar mi cuello libre. Lo acarició con la yema de sus dedos y luego colocó su mano en detrás de mi nuca. Yo me humedecí los labios.
-No tienes idea de lo difícil que era concentrarme en las prácticas o clases cuando te apartabas el pelo hacia un lado. -Volvió a mirarme-. Y ni qué decir de cuando llegabas con una coleta. Perdía la cordura. -Cerró los ojos-. Me vuelves loco, Tomoyo.
Yo abrí la boca para decir algo, pero además de un balbuceo, nada más salió. Como si no hubiera sido consciente hasta ahora del rumbo íntimo que estaba tomando la conversación, Kurogane abrió los ojos y me soltó. Su rostro había adquirido una tonalidad rojiza.
-Discúlpame, fue un atrevimiento de mi parte. No debí tocarte sin tu consentimiento.
Pero yo ya había visto el deseo en sus ojos y pude visualizar todas las escenas que habían pasado por su mente una y otra vez, donde yo era la protagonista. Entonces comprendí que, así como yo estaba preguntándome qué se sentiría aferrarme a su espalda y estar rodeada de sus brazos, Kurogane se había imaginado cómo sería besar mi cuello, acariciar mi piel, y fundirse conmigo una. Y aquello fue todo cuanto necesité.
Acorté la distancia que nos separaba y coloqué mis manos sobre sus mejillas. Él me miró sorprendido. Lo rodeé con mis brazos y ni siquiera dejé que la sonrisa que comenzaba a dibujarse en mis labios terminara de aparecer. Sus boca tenían un ligero gusto a hanami dango, lo que me hizo sonreír. Rika había traído varias raciones para compartir entre todos, y aparentemente Kurogane se había dado gusto.
Sus brazos rodearon mi cintura y su boca profundizó el beso. Pronto el fuego comenzó a crecer dentro de mí, y sentí que me había pasado la vida entera practicando para este momento. Me lamió los labios y yo le mordí la barbilla. Él jadeó y yo me tomé el atrevimiento de sentarme en sus piernas para continuar besándolo. Sus manos me acariciaron la espalda y yo aproveché para apretar los músculos de sus brazos. Él los tensó, tal vez de forma consciente, y yo sonreí para después continuar besándolo con las mismas ganas y la misma emoción con la que él me besaba.
Con cada caricia, cada mordisco, cada beso, me di cuenta de que estaba probando la ambrosía por primera vez en mi vida. Que todo lo demás, todo lo anterior, no había sido más que un aperitivo para este momento. Mientras su lengua jugueteaba con mi cuello y sus manos acariciaban mi nuca y mi cintura, tuve la certeza de que aquel estaba siendo el mejor beso en la vida de ambos. Supe que tanto Kurogane como yo éramos conscientes de que nada se había comparado con esto.
Y no pude evitar sonreír. Acababa de darme cuenta de que mis estándares de pronto se habían elevado de forma significativa. De que nunca más aceptaría a alguien que no me mirara como lo había hecho Kurogane. A alguien que no despertara dentro de mí aquel fuego disoluto. A alguien que no pensara que yo era la mujer más maravillosa del mundo. Porque así me sentía en ese momento.
(Kero)
Siempre me había gustado la casa de Nakuru. No sabía si era porque su familia había pasado tantos años en Estados Unidos, pero tanto la arquitectura exterior como el diseño del interior de la casa tenía una gran influencia occidental. Su cocina era muy amplia y tenía una isla en el centro. Los muebles eran de madera oscura y los topes de la mesada eran de granito, lo que le daba un toque muy elegante. La mayoría de las veces que íbamos a su casa no estábamos en la sala, sino que solíamos sentarnos allí en la isla, que servía como desayunador, a conversar durante horas.
De hecho, allí nos encontrábamos en ese momento, sentados en la isla de su cocina, luego de la práctica de graduación, disfrutando de una pizza con anchoas y orégano, la favorita de Nakuru. Había sido allí, en la butaca en la que ella estaba sentada, donde había recibido el mejor sexo oral de toda mi vida, una madrugada en la que sus padres y uno de sus hermanos dormían plácidamente en el piso de arriba, ajenos a nuestra mala conducta. El simple recuerdo de aquel momento me hizo arder.
Nakuru, ajena a mis pensamientos pecaminosos, hojeaba el catálogo de MIT (Massachusetts Institute of Technology). Había sido aceptada tanto en MIT como en Cornell en Nueva York (la universidad a la que había asistido su familia por generaciones), pero ella se había decantado por la segunda, pues siempre había sido su sueño estudiar en la universidad de ingeniería más prestigiosa del mundo. Y lo haría para prepararse en su mayor pasión: la química.
-Por cierto, ¿qué puedes decirme de Kurogane Agatsuma?
Nakuru me miró con una ceja alzada, como si mi repentino interés por conocer a nuestro compañero cuando ya el curso se hubiera acabado le extrañara. En realidad, no me había interesado por Agatsuma sino hasta hacía unas horas, cuando Shaoran me hizo exactamente la misma pregunta. Me di cuenta de que no tenía mucha información sobre nuestro compañero de clases, salvo que aquello que era de dominio público. Cuando le pregunté por qué quería saber de él, Shaoran me soltó una bomba:
-Creo que está enamorado de Tomoyo. -Me miró como si estuviera casi seguro de lo que decía-. Enamorado, o le gusta mucho. Y ojalá no obsesionado.
Antes de que yo pudiera decirle que me parecía una locura, Shaoran me dio todos sus argumentos. El primero, tenía que ver con Eriol.
-¿No has notado que Agatsuma parece no tragar a Eriol? Una vez le pregunté si se habían peleado o algo, y Eriol me dijo que no, que Agatsuma era así con todo el mundo y ya. Pero no es así con todo el mundo, Kero. El tipo es serio, sí, pero su semblante cambia completamente cuando está cerca de Eriol. Lo trata con la mínima cortesía únicamente cuando está obligado a hacerlo.
El segundo argumento tenía que ver con Tomoyo.
-Su semblante también cambia cuando está cerca de ella. Al principio, pensé que sería porque así es Tomoyo. Hace que todo el mundo sea más amable, más dulce, más sensible al resto del mundo. Su energía provoca eso en las personas. Pero luego me di cuenta de que no era solo eso. Es interés.
El tercer argumento era, probablemente, el definitivo. Shaoran era un tipo observador. Y solía notar cosas que el resto pasaba por alto. Había visto muchas veces a Agatsuma mirando a Tomoyo, en los recreos, en los eventos deportivos, en los pasillos. Parecía como si estuviera interesado en ella más que en cualquier otra persona en el mundo.
-¿Crees que Nakuru sepa algo más? -Me había preguntado.
Él sabía que Nakuru era la capitana del club de debate y que Agatsuma formaba parte del equipo y que algunas veces conversaban en los recreos. Tal vez ella lo conociera más que el resto. Así que yo decidí averiguarlo.
-No mucho, la verdad. -Respondió ella-. Kurogane siempre ha sido muy discreto y celoso con su vida personal. -Hizo una pausa y volvió a mirarme-. Sé que practica baloncesto y también artes marciales.
-¿Practica artes marciales? -Abrí los ojos sorprendido.
-Aparentemente es cinta negra o algo así en karate. Lo sé porque una vez lo dijo en una práctica de debate. Sé que le gustan los deportes, que se le da bien la música y obvio también el debate. -Explicó-. Es un tipo de pocas palabras. Pocas, pero muy acertadas. Y si lo que quieres es una opinión, pues, creo que es un buen tipo. Parece como si nada ni nadie le importara, pero sabe trabajar en equipo perfectamente y cuida de los suyos. -Cogió su vaso de agua y bebió de él-. ¡Ah! También sé que salió con la intensa de Shizuka Okitsu, pero entiendo que esa información es de dominio público.
-Sí.
Nakuru me miró con picardía y se inclinó sobre la isla para acercar su rostro al mío.
-Apostaría lo que fuera a que ambos perdieron su virginidad juntos. -Dijo y yo sonreí. Era algo que teníamos en común y me encantaba. Siempre nos preguntábamos si las parejas ya se habrían acostado, y nos imaginábamos cómo serían. Era retorcido, pero divertido-. Quiero decir, con lo amargadito que es él, no creo que soporte a mucha gente. Y con lo payasa que es ella, no creo que mucha gente la soporte.
Nakuru soltó una carcajada y yo también me reí.
-Creo que tienes razón. Y de hecho, ninguno había tenido pareja, o al menos no públicamente, hasta que empezaron a salir juntos. Encima Okitsu es menor que nosotros, así que creo que tu teoría de la virginidad es muy acertada. Aunque, que saliera con ella de todas las personas de nuestra clase creo que fue una sorpresa para todos.
-No para mí. -Respondió Nakuru con total tranquilidad.
Fruncí el ceño-. ¿Y eso por qué?
-Porque Kurogane es una mata de seriedad. Es como masticar sávila. -Me reí ante la comparación-. Obviamente necesita un equilibrio. Por eso alguien como Shizuka Okitsu es perfecta para él. Quiero decir, la mujer es insoportable. Siempre está feliz, siempre quiere celebrar, siempre tiene energía y ganas de hablar y de saludar y de hacer del mundo un lugar más feliz. Siempre está mirando el lado positivo a todo. Es fanática de todas esas actividades que pretenden amigar a la gente y fortalecer relaciones, teambuilding y eso. Y siempre tiene una fiesta a la que ir o una actividad grupal en la que participar. Kurogane es exactamente lo opuesto. Parece como si odiara al mundo. Por eso cuando se supo que eran novios, me pareció que Okitsu era perfecta para él. Solo lo he visto sonreír dos veces y las dos veces fue a las únicas dos personas con las que siempre pensé que haría buena pareja.
Nakuru calló. La miré expectante.
-¿Quiénes?
-Okitsu y Tomoyo Daidouji.
Parpadeé un par de veces, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar, en especial por la naturalidad con la que Nakuru había dicho aquello. Ella cogió un pedazo de pizza lo dejó suspendido en el aire durante algunos segundos mientras me miraba.
-Pareces muy sorprendido.
-¿Te parece que Tomoyo y él harían buena pareja? -Pregunté y ella asintió, llevándose la pizza a la boca-. ¿Por qué?
Me hizo una seña con la mano para que esperara a que tragara.
-Pues, primero porque hizo sonreír a Agatsuma. ¡Eso ya es un gran mérito! De hecho, creo que a él le gusta Tomoyo. -Me miró de forma reflexiva-. En fin, también creo que harían buena pareja porque Tomoyo es una de las personas más optimistas que conozco. -Me miró durante algunos segundos sin decir nada-. Vamos, no es un unicornio con peluca de arcoiris como Okitsu, pero siempre está rodeada de un aura de energía positiva. Siempre está de buen humor y es muy alegre. Aparte, Tomoyo es toda una princesa. -Dijo y batió sus pestañas-. A Kurogane le vendría bien una compañera tan diplomática y sutil como ella. Para equilibrar su mal humor y su poco tacto.
Yo asentí con la cabeza. Mientras ella terminaba de comer (yo ya había engullido mi parte correspondiente), pensé en lo que me había contado Shaoran. Y en que probablemente tuviera razón. Supongo que nunca lo sabríamos, ya que Agatsuma no estaba entre ninguno de los tipos que se le declararon a Tomoyo antes de terminar las clases.
La madre de Nakuru apareció y nos saludó con cariño a los dos. Intercambió varias palabras con su hija mientras se servía un vaso de agua y, antes de salir de la cocina, le dijo:
-Nakuru, tu padre te dejó algunas cajas en tu habitación esta mañana. Por favor, empaca todo aquello que te quieras llevar pero que no vayas a necesitar pronto. Es importante que lo hagas con tiempo porque te conozco, y sé que después se te va a olvidar. Y no pienso gastarme una fortuna en estar enviando cajas cada vez que recuerdes algo.
Ella asintió con la cabeza y esperó que su madre saliera de la cocina para bufar y dejarse caer su rostro y brazos sobre el tope de la isla. Yo me reí.
-Solo de pensar en todo lo que tengo que empacar, se me quitan las ganas de irme. -Alzó la cabeza-. ¡Tengo demasiadas cosas!
Se incorporó y cogió una servilleta para limpiarse las manos. Yo sentí un nudo en el estómago al pensar en que al final del verano la mujer que amaba se marcharía a Estados Unidos y estaría allí durante al menos cuatro años. Trataba de no pensar en eso y me enfocaba en disfrutar el ahora y el tiempo que pasaba con ella, pero era difícil no pensarlo cuando el tema surgía. Nakuru pareció notar que mi semblante había cambiado.
-No es solo eso lo que me quitan las ganas de irme. -Extendió su mano para tomar la mía y me besó los dedos-. También tú. Principalmente tú.
Yo me levanté de mi butaca y la abracé. Enterré mi rostro en su cuello y aspiré su perfume. Be Delicious, DKNY.
-Sé que no te gustan las despedidas, y también sé que no quieres llorar y que prefieres que no hablemos del tema, pero no tienes idea de cuánto te voy a extrañar. -Dije inhalando el aroma de su pelo-. Me harás muchísima falta, mi amor.
Estuvimos en silencio durante un rato, simplemente abrazándonos y disfrutando de la compañía del otro.
-Y tú a mí. -Cuando finalmente habló, lo hizo con un hilo de voz-. Si alguna vez vas a Massachusetts…
-Si alguna vez voy a Massachusetts -Le dije-, te prometo que solo regresaré a Japón si es contigo.
Y realmente deseaba que fuera así.
(Sakura)
-Kurogane Agatsuma se me declaró hoy.
Kero dejó de mirar la pantalla de su celular y miró a Tomoyo con incredulidad. Chiharu soltó el palette que tenía en la mano y abrió los ojos exageradamente. Yo observé a mi prima con detenimiento durante varios segundos intentando adivinar si se trataba de una broma. Ella permaneció seria. Pero no fue su seriedad lo que me hizo confirmar que no bromeaba, sino el brillo que tenía en los ojos.
Nos encontrábamos en la casa de Chiharu haciendo algunas pruebas de maquillaje para el baile de graduación. Finalmente, Kero había decidido acompañarnos porque Nakuru se había ido a jugar tenis con su papá o algo así. Rika y Naoko estaban de compras (Rika había olvidado por completo comprar su vestido) así que no habían podido acompañarnos.
Como nadie dijo nada, Tomoyo se rio. Cogió un rímel de la mesa y lo abrió para comenzar a aplicárselo. Kero rompió el silencio.
-Es una broma, ¿verdad?
Tomoyo negó con la cabeza-. ¿Por qué bromearía con algo así?
-¿Ni siquiera él bromeó contigo? -Insistió-. Quiero decir, ¿no te lo dijo en broma? ¿Cómo sabes que no te lo dijo para que te lo creyeras y ya?
Antes de hablar, Tomoyo se mordió el labio inferior sin dejar de sonreír en ninguna momento. Soltó el rímel.
-Te aseguro que fue muy en serio.
Kero abrió sus ojos todavía más y pestañeó varias veces. Chiharu dejó escapar un jadeo y se llevó las manos a la boca. Yo no dije nada, pero me emocioné muchísimo. Conocía lo suficiente a mi prima como para saber que Agatsuma no solo se le había declarado, sino que ella le había correspondido y algo había pasado entre ellos.
-¿A qué te refieres con muy en serio? -Pregunté sonriendo con picardía.
-Después de que me dijo que estaba enamorado de mí, yo lo besé… y él me correspondió. -Dejó escapar una risa nerviosa-. Nos besamos sobre el escritorio de la profesora Igarashi como por media hora. Fue increíble...
Yo solté una carcajada y aplaudí. Chiharu hizo un gesto teatral que me recordó a las reinas de belleza cuando ganan un concurso. Kero dejó su celular sobre la mesa y me miró con incredulidad, pero también como si quisiera decir algo.
-¿Y besa bien? -Esta vez fue Chiharu quien habló y Tomoyo se limitó a asentir con la cabeza-. Espera, ¿enamorado de ti dices? ¡Cuenta bien!
Tomoyo procedió, entonces, a contar cómo había sucedido todo. Desde cómo Kurogane se le había declarado a cómo habían terminado besándose sobre el escritorio de la profesora de música. Y luego cómo Kurogane la había acompañado hasta su casa, mientras sus manos se rozaban al caminar, y cómo al llegar Tomoyo tuvo que aguantarse las ganas de invitarlo dentro porque quería seguir besándolo.
-Entonces -Chiharu había bajado la voz, como si fuera a hacer una pregunta prohibida que nadie pudiera escuchar. Sus ojos cafés brillaban con emoción-. ¿Te gustó?
Una sonrisa amenazó con surcar el rostro de Tomoyo, así que mordió su labio inferior.
-Nunca en toda mi vida un beso me había gustado tanto. -Cerró los ojos-. Es que, aunque tratara de ponerlo en palabras, no podría.
Chiharu dejó salir un gritito de emoción y se acercó a mi prima para abrazarla.
-¡Ay, qué emoción! ¡Qué emoción! ¡Me encanta! -Exclamó con alegría-. ¡Me en-can-ta! ¡Agatsuma es súper sexy!
Tomoyo le correspondió al abrazo sin dejar de sonreír. A juzgar por su semblante, intuí que mi prima quería contarnos algo más, pero no se atrevía por la presencia de Kero. Yo ya podía imaginarme que se trataban de los detalles más íntimos -y húmedos- de su momento con Agatsuma. Mi mejor amigo, por su parte, parecía estar incluso más sorprendido que nosotras.
-Nakuru tenía razón. Ella siempre lo supo. -Comenzó a hablar apresuradamente-. Siempre lo supo, siempre. Siempre. Y Shaoran también. Bueno, él no lo supo siempre, pero sí desde hace un tiempo.
Su comentario fue tan extraño e inesperado, que las tres lo miramos desconcertadas pero sin decir palabra alguna.
-¿Cómo lo supo? -Pregunté extrañada.
Kero nos explicó la conversación que había tenido con mi novio durante la práctica de graduación. Antes de que alguna de nosotras pudiera agregar o preguntar algo, procedió a contarnos todo lo que Nakuru le había dicho horas antes en su casa.
-Y tiene sentido, en verdad. -Dijo de forma concluyente-. Si lo analizamos bien.
Chiharu y yo nos miramos sorprendidas y sin decir nada. Tomoyo aprovechó nuestra incredulidad para explicar que Kurogane -ya no lo llamaba por su apellido- le había confesado que no solo estaba enamorado de ella, sino que llevaba años así.
Antes de que alguien pudiera agregar algo más, Kero se puso de pie.
-¡Mierda! ¡Tengo que ir a mi casa! -Se despidió de nosotras de forma apresurada-. Se me olvidó que mi mamá no tiene llave y me pidió que hoy no saliera para recibirla. ¡Mierda, mierda!
Salió corriendo despavorido, probablemente con la imagen mental de su madre gritándole si llegaba antes que él a la casa. Yo me reí. Chiharu no perdió el tiempo.
-Ajá, ajá. Kero se ha ido. Ahora sí, quiero todos los detalles. ¿Cómo besa? ¿Solo se besaron o algo más? ¿En qué quedó eso? Me imagino que seguirás besándolo. ¿Dónde estudiará él? ¿Lo vas a llevar como tu pareja al baile de graduación? ¿Te vas a acostar con él?
Yo me puse de pie para buscar algo de tomar en la cocina de Chiharu. Necesitaba un refrigerio para disfrutar de este interrogatorio. Chiharu era una gran confidente, pues podías confesarle todos sus secretos e intimidades y jamás se las contaría a nadie, pero le encantaba enterarse de todo. Cuando volví de la cocina con un envase de jugo de naranja y tres vasos, Tomoyo estaba contándole que realmente no habían hecho demasiado. Ella se le había sentado en las piernas y se habían besado durante un largo rato.
-Me besó el cuello y eso, y me acarició las piernas, pero nada más. No nos tocamos otras partes ni nada. Y… sí, tengo ganas de seguir besándolo. Me dijo que le escribiera cuando quisiera, ¡no para besarlo! Sino para que nos viéramos y eso, pero me gustó demasiado, obviamente quiero volver a besarlo. ¿Al baile? No creo. Iré sola, como tenía planeado. Ni siquiera sé si él ya tenga pareja, creo que no, pero… ¿tiene pulpa? -Preguntó mirándome mientras le servía jugo. Yo negué con la cabeza-. Gracias. Y no sé si me voy a acostar con él, Chiharu. Es demasiado pronto. Todavía estoy procesando todo.
-¿Procesando qué? -Pregunté yo con sorna-. ¿Su lengua dentro de tu boca? ¿O el tamaño de sus bíceps?
Las tres nos reímos. Bebimos jugo y Chiharu dejó su vaso sobre la mesa y nos miró con un brillo en los ojos muy parecido al de Yamazaki cuando tenía una idea maquiavélica.
-Bien, tomando en cuenta que no hiciste mucho y hay otras cosas importantes que no podremos saber todavía, te voy a hacer la pregunta del millón en este momento. -Yo tuve que aguantar la risa. Conocía demasiado bien a Chiharu para saber cuál sería esa pregunta-: ¿Lo tiene grande?
Yo solté una carcajada y golpeé la mesa con una de mis palmas. Tomoyo casi escupe el jugo que se estaba tomando. Dejó el vaso sobre la mesa, se sonrojó completamente y se llevó las manos al rostro.
-No lo sé, Chiharu, ya te dije que no se lo toqué, ¡estábamos en el colegio, por Dios!
-Ay, Tomoyo, no seas mojigata. -Dijo frunciendo el ceño y cruzándose de brazos-. No tienes que haberlo tocado para saberlo. Solo tienes que mirar para abajo mientras se besan. Uno nota esas cosas, ¿no nos dijiste que te sentaste en sus piernas? -Mi prima asintió con la cabeza-. Bueno, eso es todo lo que necesitas. Encima tienes un vestido puesto, ¡con más razón!
Mi prima, aunque divertida por el interrogatorio de Chiharu, estaba completamente avergonzada.
-Te juro que no lo sé. Quiero decir, sí, obviamente lo sentí porque estaba… -Calló y se rio en voz baja-, bueno, tú sabes. Pero, ¿cómo quieres que sienta de qué tamaño es? Tengo vestido pero él tenía jeans.
La conversación continuó hasta que yo les recordé que debíamos continuar con las pruebas de maquillaje si nos queríamos decidir por uno. La graduación era en solo dos días. Sonreí. Estaba muy emocionada por cerrar esta etapa. El acto sería bonito y especial, según recordaba de la graduación de Touya. Seguramente sería memorable. Después de todo, ¿qué podía salir mal?
(Shaoran)
Call up all our friends, go hard this weekend
For no damn reason, I don't think we'll ever change
Meet you at the spot, half past ten o'clock
We don't ever stop, and we're never gonna change
Say, won't you stay forever stay
If you stay forever hey
We can stay forever young
En principio, todo había salido a la perfección. Mis padres estaban satisfechos con mis calificaciones y con los comentarios de los profesores sobre mi comportamiento y rendimiento académico. Les había gustado el Instituto Seijo y, salvo por la bromita de graduación los animales, habían aprobado la institución.
Tomoeda también era de su agrado. Les gustaba la tranquilidad, orden y limpieza de sus calles, parques, avenidas y lugares públicos. Consideraban que las personas eran cordiales sin ser entrometidas y los servicios que habían recibido hasta ahora eran acordes a sus estándares. Veinticuatro horas luego de la graduación estarían de regreso en Hong Kong y yo podría disfrutar de un par de meses de vacaciones antes de volver a casa para la universidad. Me quedaría en Tomoeda hasta el final de las vacaciones. Volvería a Hong Kong un par de semanas antes de que empezaran las clases para alistar algunas cosas. Y luego Sakura iría a visitarme para las vacaciones de fin de año. Serían alrededor de cuatro meses sin vernos, pero estaba seguro de que podríamos con ello.
En principio, el acto de graduación había ido viento en popa: todos los graduandos habían llegado temprano con sus respectivas togas (todas con el largo y la talla adecuada), y se habían ubicado sin ningún problema en sus lugares asignado durante las prácticas. Los profesores también habían sido puntuales y cada uno se encontraba desempeñando su específico rol para esta ceremonia.
Incluso el tiempo había colaborado: cielo azul, pocas nubes y una agradable brisa. Todo apuntaba a que sería un día memorable. Sí, muy memorable.
El día de la práctica, nos habían asignado una pareja para entrar a la graduación. Primero entrarían los estudiantes que hubieran recibido algún reconocimiento por tener altas calificaciones y participaciones destacadas en las actividades extracurriculares. Tomoyo era la valedictorian (persona que diría el discurso de graduación, generalmente elegida por ser la estudiante con mejores calificaciones de toda la promoción), así que entraría de primera. El profesor Terada me había seleccionado como estudiante extranjero destacado, por haberme adaptado tan bien en tan poco tiempo; Rika había sido la mejor deportista; el premio a la estudiante con más participaciones exitosas en actividades extracurriculares (teatro, debate, fútbol, animadoras) había sido nada más y nada menos que para… Kari Tomino. ¿Y a que no adivinan con quién me habían emparejado?
Sí, con la mejor amiga de Nakuru. La misma chica con la que me había tropezado en mi primer día tirando todos sus papeles, la misma que había usado como escudo en la guerra de pintura en el Parque Pingüino y a quien había hecho caer en una torre de excremento de llama el último día de clases.
El día de la práctica me había enviado una mirada de odio y luego había volteado sus ojos. Pude ver que Nakuru se carcajeaba a lo lejos al darse cuenta de esto. Concluí que lo mejor sería guardar silencio y ni siquiera intentar limar asperezas con ella, puesto a que Kari Tomino no estaba por la labor de dejar el pasado a un lado. Al menos no en cuanto a mí respectaba.
En fin. Todo andaba tan bien que uno podría haber asegurado que nada malo sucedería. Pero, claro, eso habría sido demasiado sencillo, ¿no?
Por supuesto que nosotros no teníamos ni idea de que Kenji Igarashi, uno de los graduandos que estaba en la clase de Chiharu, Agatsuma y Nakuru, y que además era miembro del equipo de baloncesto, había decidido jugar su propia broma… durante la graduación. Y el resultado había sido nefasto.
Cuando Tomoyo terminó de dar su discurso, todos nos pusimos de pie para aplaudir. Los estudiantes homenajeados subimos en parejas al recibir nuestros respectivos premios o reconocimientos. Fue justo en ese momento cuando se escuchó lo que parecía ser una bocina de payaso. Lo demás fue todo muy rápido.
Un tipo vestido de payaso conduciendo una moto de cross mini entró al jardín. Estaba tocando una bocina -de ahí venía el sonido- y tenía una especie de larga capa colgando de la espalda, en la que se podía leer una frase. Yo ni siquiera tuve tiempo de hacerlo. De repente, el tipo empezó a hacerle señas a todo el mundo para que se quitara del escenario. Al parecer la moto no tenía frenos. Reaccioné cuando ya se había subido al escenario por las escaleras…. y venía directo hacia Kari Tomino a toda velocidad.
Mi primer impulso fue abrazarla y tirarme con ella hacia la parte trasera del escenario, donde estaba la mesa con los diplomas, en una especie de placaje protector. Dos segundos más tarde, la moto pasó por allí y el tipo se lanzó para agarrarse de un arreglo floral que se vino abajo y terminó de tirar los demás en un efecto dominó.
Estaba tan aturdido por todo que no tuve tiempo de ver cómo había sucedido lo demás. Pero pronto todos los montajes del escenario comenzaron a desarmarse y a caerse. Yo empujé a Kari debajo de la mesa y me metí con ella mientras esperaba que el estropicio se detuviera.
Una vez la destrucción finalizó, y cuando solo se escuchaba la algarabía de la gente, levanté el mantel de la mesa y me arrodillé para salir. Le extendí la mano a Kari para que hiciera lo mismo. El corazón me latía fuertemente. Miré a mi alrededor y noté que el escenario había quedado completamente destruido.
-Tú… -La voz de Kari me hizo mirarla. Estaba totalmente pálida y le temblaban los labios. Parecía a punto de ponerse a llorar-. Me… salvaste...
Yo abrí la boca para decir algo, pero no pude. Yo mismo estaba temblando por la adrenalina. Al ver la destrucción a mi alrededor, fui consciente de que tanto Kari Tomino como yo estuvimos a punto de morir.
-Me salvaste. -Dijo con un hilo de voz.
Me incorporé y le extendí la mano para ayudarla a ponerse de pie. Al coger mi mano, noté que la suya estaba fría y temblaba.
-¿Estás bien? -Le pregunté sin soltarla-. ¿Te lastimaste?
-Sí, estoy bien. -Respondió ella y soltó mi mano-. Me dejaste sin aire cuando nos caímos al suelo, pero estoy bien. -Por primera vez, me miró sin ningún tipo de odio ni desprecio-. Gracias, Li. De verdad.
Cuando le iba a decir que no tenía nada de qué agradecerme, el profesor Terada se acercó a nosotros.
-¡Dios mío! ¿Están bien? Hay varios heridos.
Tanto Kari como yo asentimos con la cabeza. De inmediato miré a mi alrededor. El escenario había quedado completamente destruido. Tomoyo abrazaba a Rika, que parecía haberse cortado con algunos vidrios, pero no se veía demasiado grave. Algunos de mis profesores seguían en el suelo, pero se movían y estaban conscientes. Giré para ver al público. Nadie había permanecido en sus asientos tras el accidente. Había algunos compañeros lastimados, pero por el momento, nadie parecía realmente afectado. La moto, a unos metros de mí, había ido a parar al césped. El letrero estaba tirado en las escaleras del escenario. Ni rastro del hombre payaso.
Por suerte, los japoneses eran personas demasiado organizadas. Ya había una ambulancia en el colegio por si alguna desgracia ocurría, así que los paramédicos junto los profesores que no estaban heridos y algunos padres, comenzaron a organizar a los heridos según su gravedad para que fueran atendidos.
Me bajé del escenario y busqué con la mirada a mis padres y mis hermanas. Cuando los encontré, mis hermanas me abrazaron.
-¡Xiao Lang, pensé que morirías! -Dijo una.
-¿Estás bien? ¡Vi que te abalanzaste sobre esa chica! -Dijo otra.
-¡Eres un héroe! -Dijeron las tres.
Miré a mis padres. Liang parecía realmente furioso, la vena en su frente amenazaba con explotar. Mi madre, en cambio, estaba impasible. Yo la conocía suficiente para saber que estaba muy molesta, por la forma en que fruncía los labios, pero ella nunca lo exteriorizaría de la forma en que mi padre lo hacía.
-¡Shaoran!
Me giré para encontrarme con Sakura, que caminaba apresurada hacia mí, todavía con el birrete puesto. Yo había perdido el mío entre tanto jaleo. Me abrazó y yo le correspondí.
-¿Estás bien?
Yo asentí con la cabeza-. ¿Qué carajo fue eso?
-Una broma de graduación que se salió de control. -Respondió ella. Yo abrí los ojos desmesuradamente, pero Sakura no me dejó hablar-. No fuimos nosotros, corazón, fue Kenji Igarashi. Después te explico, necesito encontrar a Yamazaki. Solo quería saber si estabas bien.
Volví a asentir con la cabeza. Ella me dio un beso y desapareció entre la gente, dejándome con varias interrogantes.
(Sakura)
Todo había sucedido muy rápido. Y yo, pudiendo haberlo evitado, no había sabido leer las señales que el destino había puesto en mi camino.
Alrededor de una hora antes del nefasto accidente -llamarle broma o intento de broma a lo que había querido hacer Igarashi sería premiarle-, me encontraba en uno de los baños de mujeres del colegio acompañando a Chiharu a resolver un pequeño problema. Habíamos llegado más temprano de lo usual porque una de nuestras compañeras del equipo de porristas necesitaba que Chiharu la salvara de una humillación.
Mientras Chi hacía su magia, yo me había escabullido un momento a la cafetería para comprarme un jugo. Allí había escuchado a Igarashi hablar por teléfono en un tono muy sospechoso. Parecía nervioso y, cuando me vio, todavía más. Yo actué como si nada y me acerqué al mostrador para pagar mi jugo. Igarashi bajó la voz, pero pude escuchar algo de lo que dijo…
-Te dije que una bicicleta es mejor, ni se te ocurra venir con una moto… alguien podría… por supuesto que no… ¿piensas que yo sería capaz de…?
No pude evitar mirarlo con suspicacia. Él se dio cuenta y se dio la vuelta.
-No puedo hablar ahora… no, tiene que ser exactamente después del discurso… sí, no olvides el letrero…
Después de pagar mi jugo, me di la vuelta para irme. Igarashi finalizó su llamada y me sonrió. Yo lo ignoré y seguí de largo. Desbloqueé mi celular y le escribí a Yamazaki.
Igarashi, bicicleta/moto, discurso, letrero. ¿Te suena?
Igarashi estaba en el equipo de baloncesto con Yamazaki y sabía que mi amigo y él se llevaban bien. Si se trataba de una broma o algo por el estilo, tal vez Yama supiera algo.
Regresé al baño y comprobé que Chiharu seguía maquillando el cuello de Kiki para borrarle la marca de un chupete. Me miré en el espejo y sonreí. Me gustaba el maquillaje que me había hecho Chiharu. Ella siempre había sido nuestra maquillista personal, pues desde muy joven se había interesado por ese mundo y disfrutaba de ver tutoriales en YouTube. Incluso formaba parte del club de teatro -al igual que Naoko- y se dedicaba a la parte artística: maquillaje y diseño de vestuario y escenografía.
-Ya te dije que no se va a ver.
-¿Pero y el flash de la cámara? –Preguntó la chica-. No quiero ser recordada como la que tenía un chupete en el cuello en las fotos de la graduación.
Chiharu bufó-. No te recordarán por es... ¿puedes dejar de moverte? –Preguntó mirándola a los ojos por primera vez desde que había empezado a maquillarla-. Gracias. El objetivo de esta base es que ni el ojo humano ni la mejor cámara profesional detecte lo que está cubriendo.
Nuestra compañera asintió con la cabeza y se quedó quieta hasta que Chiharu le indicó que había terminado. Se miró en el espejo y una sonrisa surcó su rostro.
-¡Guao! ¡Gracias, Chi! –Se le acercó y le dio un fuerte abrazo-. ¡Eres lo máximo!
-La próxima vez -Con la esponja de maquillaje en forma de huevo que tenía en la mano, la señaló-, trata de que no suceda, por favor.
Nuestra compañera esbozó una sonrisa pícara y asintió con la cabeza de forma juiciosa. Se despidió de nosotras diciendo que nos veía al rato y salió del baño. Chiharu resopló y comenzó a guardar sus cosas mientras negaba con la cabeza y dejaba salir algunos murmullos.
Yo comencé a reírme y mi amiga me miró con una ceja alzada, tratando de ocultar una sonrisa.
-¿Qué es tan gracioso?
-Que no es la primera vez que presencio esta escena. -Le dije yo-. Es como un déjà vu constante, ¿cuántas veces te habré visto haciendo esto?
Mi amiga esbozó una sonrisa divertida que, sin llegar a convertirse en risa, me hizo saber que aquello le había hecho mucha gracia.
-No lo sé, pero demasiadas, diría yo. Sobre todo en el último año… el despertar sexual de todo el mundo, ¡aparentemente!
-¿Cuándo aprendiste a maquillar chupetes?
Ella pareció pensarlo-. Hace un año y medio más o menos, cuando Yamazaki y yo nos hicimos novios. Él tenía la mala costumbre de dejarme esas marcas. –Se aplicó un labial mate de color borgoña, un tono que le sentaba maravillosamente-. Me vi obligada a encontrar una fórmula que las cubriera completamente pero que al mismo tiempo se viera natural y que no se quitara con facilidad.
Solté una carcajada ante la situación. ¡Vaya! ¿Quién hubiera dicho que mi adorado Yamazaki era un hombre tan apasionado y… primitivo?
Ella me miró con el rabillo del ojo y no permitió que su sonrisa se convirtiera en una risa.
-Ya en unos meses cumplirás dos años con él, ¿cierto?
-Así es. En cinco, para ser exactas. Sé que parece que fuera más tiempo porque nos conocemos de toda la vida y hemos sido cercanos desde siempre, pero hemos sido novios solo por dieciocho meses.
Mi amiga tenía razón. Yamazaki y Chiharu se conocían desde la guardería, por lo que al entrar a la primaria se habían hecho amigos de inmediato. Desde que tenía uso de razón, los recordaba juntos.
-Así que podría decir que a él y a sus malas mañas le debo el talento de maquilladora de chupetes. Ya luego fui perfeccionando la técnica cada vez que una de las chicas aparecía con uno de esos. Ugh, los odio. –Cerró su estuche de maquillaje y me miró-. Sobre todo porque siempre que se aparecen frente a mí con su carita de niñas buenas en apuros sé que el responsable es Kano. O al menos el 80% de las veces.
Volví a reírme mientras salíamos del baño. Tal vez se debía a su estilo bohemio y artístico, o a su pelo sedoso y oscuro, acaso a su actitud discreta y confidente, pero lo cierto es que Kano Nekoi había estado involucrado físicamente con un número significativo de chicas en el colegio. Parecía tener una debilidad especial por las animadoras, y ellas por él.
La graduación se celebraría al aire libre en uno de los jardines del colegio, donde se desplegaban sillas y una tarima con podio para que los graduandos subieran a recibir sus diplomas.
-Oye, hablando de Yamazaki. ¿Sabes si ya llegó? -Le pregunté a mi amiga-. Le escribí pero no le llegan los mensajes.
Ella bufó-. No sé si ha llegado, pero si no le llegan es porque ya está en camino. La misma historia de todos los meses, Sakura. El muy tonto olvidó pagar su celular y le cortaron la línea, ¿puedes creerlo?
Yo me reí. Sí, podía creerlo. Siempre le sucedía. Suspiré. Bien, esperaría a que Yamazaki llegara para consultarle si tenía idea de lo que planeaba Igarashi. Pero fue imposible. Yamazaki llegó tardísimo y no tuve tiempo de preguntarle nada, porque el acto empezó casi enseguida y estábamos sentados separados.
Cuando llegó el discurso de Tomoyo, yo busqué con la mirada a Agatsuma. Estaba sentado en la fila trasera a la mía, varios puestos a mi derecha. Parecía completamente absorto en las palabras de mi prima. Tenía una mirada dulce y una sonrisa casi imperceptible. Yo pensé en que Agatsuma en verdad tenía que estar muy enamorado de Tomoyo, pues jamás lo había visto con esa cara de tonto.
Estaba sentada en el medio de Kero y Chiharu, que estaban a mi izquierda y a mi derecha, respectivamente.
-Sakura -Chiharu, que se había inclinado hacia mí, me susurró en el oído-: ¿ya viste a Agatsuma?
Yo asentí con la cabeza y Kero también se inclinó hacia mí para preguntarme de qué hablábamos. Yo se lo dije y Chiharu sonrió.
-Te apuesto a que se está imaginando a Tomoyo desnuda en este momento.
Yo tuve que taparme la boca para no soltar una carcajada en ese momento. Kero también se rió.
-Uff, yo apuesto a que se tocó pensando en ella después del día de los besos. -Dijo mi mejor amigo-. Es lo que yo hubiera hecho.
Continué aguántandome la risa mientras Chiharu se inclinaba hacia adelante para colocar su rostro entre sus manos. Habíamos estado los últimos dos días molestando a Tomoyo por todo el tema de Agatsuma, y siempre que surgía una oportunidad de incomodarla o de hacer referencias sexuales, la aprovechábamos.
Tras el discurso de Tomoyo, se premiaría a los estudiantes destacados. Rika, como atleta destacada; Kari Tomino, porque estaba en quinientas actividades extracurriculares (y en todas era buena); Tomoyo, porque era perfecta; Shaoran, por el estudiante extranjero destacado. Fue allí cuando todo se salió de control.
Antes de que yo pudiera siquiera darme cuenta de lo que estaba pasando, una moto se subió al escenario, haciendo que todo el mundo se pusiera de pie y gritara. Yo apenas pude ver que era un tipo disfrazado de payaso en una moto de cross muy pequeña que llevaba consigo un letrero que decía "Hasta nunca, payasos". El tipo había entrado al jardín tocando la bocina, como si no tuviera frenos, y se subió al escenario haciendo que varios de mis compañeros -y profesores- tuvieran que saltar. En un momento, se agarró de un arreglo floral y saltó de la moto, haciendo que el peligroso vehículo siguiera andando y se estrellara contra una de las columnas que sostenía el gran letrero de CLASE DE 2010. Por supuesto, el golpe fue tal que la columna tambaleó y el letrero (hecho con un gran arco que tenía madera y flores) se vino abajo. Cayó sobre el podio, que también se rompió al ser de vidrio, haciendo que un montón de cristales salieran disparados.
Lo primero en lo que pensé fue en Shaoran y en Tomoyo, que habían estado en el escenario durante todo el estropicio. Intentando no caer en la histeria colectiva, me puse de pie y caminé velozmente, abriéndome paso entre las personas, hasta llegar al escenario. Rika estaba caminando apoyada de Tomoyo y de uno de los paramédicos que por suerte estaban allí para la graduación. Me asusté cuando vi que tenía la toga levantada y la pierna llena de sangre.
-¡Rika! ¿Estás bien? -Le pregunté cuando los alcancé.
Ella asintió con la cabeza-. Sí, solo son unos cortes por los vidrios, no es nada malo. No se ven profundos.
No se veían profundos, pero sí que sangraban. Tomoyo no tenía muestras visibles de haber sufrido daños.
-Yo estoy bien. -Respondió mi prima adelantándose a mis dudas-. Muy nerviosa por lo que pasó… ¿qué fue eso? Dime por favor que ustedes no tuvieron nada que ver.
De inmediato, el paramédico alzó la mirada y me miró de forma inquisitiva.
-No, ¡por supuesto que no! -Sabía que no podía decirle que tenía una clara idea de quién había sido el resonsable sin incriminar a Igarashi frente al paramédico, así que mentí-. No tengo idea de quién fue el idiota al que se le ocurrió hacer algo así. ¿El payaso donde está?
-No lo sé -respondió Rika-, salió corriendo en cuanto se lanzó de la moto. Supongo que lo estarán buscando.
Asentí con la cabeza y me despedí, con un claro objetivo en mente. Me tomó alrededor de diez minutos comprobar que no hubiera heridos graves. Una vez lo hice, me dispuse a la tarea de encontrar a Igarashi… que estaba sentado en el césped con las piernas flexionadas y el rostro entre las manos. Yamazaki y Hiro hablaban con él. Cuando me acerqué, Igarashi alzó la vista. Vi que tenía lágrimas en los ojos.
-Nadie murió y no hay ningún herido de gravedad, Igarashi. -Le dije intentando no parecer molesta-. Acabo de preguntar al equipo médico y me dijeron eso. Pero pudiste haber causado una…
-¡Lo sé! -Exclamó él-. ¡Lo sé! ¡No debía haber salido así! ¡Se suponía que sería una bicicleta, y a poca velocidad!
Igarashi se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar. Yo bufé. Miré a Yamazaki y a Hiro, que parecían un poco menos irritados que yo ante la reacción de Igarashi. No entendía por qué, tomando en cuenta que no era la primera vez que uno de los intentos de pertenecer de Igarashi se salía de control.
Lo cierto es que, desde hacía años, Igarashi había querido formar parte de los Supercanallas. Era fanático de las bromas y las disfrutaba enormemente, pero tenía dos cualidades que para nosotros estaban prohibidas: era extremadamente impulso (y no medía las consecuencias) y exageradamente indiscreto. Dos de los ingredientes en la fórmula de nuestro éxito como bromistas eran, precisamente, la cautela y la discreción. Jamás comentábamos con nadie nuestros planes. Nunca. Eso garantizaba la confidencialidad hasta el último momento y nos ahorraba otros posibles problemas.
Durante mucho tiempo, Igarashi nos rogó ser parte de los Supercanallas. Cuando se dio cuenta de que no era posible, intentó que lo sumáramos "aunque sea a una sola broma", pero le dijimos que jamás hacíamos excepciones, bajo ninguna circunstancia. Luego intentó salir con Naoko. Eso no necesariamente está vinculado a los Supercanallas, pero yo nunca me fié demasiado de él y siempre le dije a Nao que anduviera con cuidado y no se dejara engatusar.
Para la sorpresa de todos, este año ni siquiera intentó que lo sumáramos. No nos preguntó qué haríamos para la gran broma de graduación, ni intentó averiguar, ni se ofreció como voluntario. Nada. Pero cuando se enteró de que Nakuru había formado parte de nuestra última broma, supe que las cosas terminarían mal. Lo había descubierto el día de la broma, cuando nos vio a todos celebrando y siendo fotografiados por Shaoran. Se lo preguntó a Hiro y él, en vez de negarlo o inventarle alguna excusa, le dijo que Nakuru había sido parte de la broma. Igarashi no agregó nada más, pero tanto Naoko como yo estábamos convencidas de que intentaría hacer algo muy estúpido. No sería la primera vez.
-Igarashi… entiendo que no fue tu intención y que estás arrepentido, pero, ¿sabes que pudiste matar a alguien? -Él dejó de sollozar y me miró-. No fue gracioso, no fue divertido. Fue una locura.
-¡Lo sé! -Exclamó visiblemente alterado-. ¡Si ustedes me hubieran dejado participar de su broma, esto no habría sucedido!
-¿Qué? -Hiro lo miró frunciendo el ceño.
Allí fue cuando yo terminé de perder la paciencia. No queriendo causar una escena -otra- me arrodillé frente a él y lo cogí por la toga.
-Escúchame muy bien, porque solo te lo voy a decir una vez. -Hablé con severidad-. Ni se te ocurra intentar culparnos por tu irresponsabilidad, locura, y por tu necesidad de encajar y pertenecer. El único y absoluto responsable de esta estupidez eres tú. Nadie más que tú.
Me miró con los ojos muy abiertos. Tanto Hiro como Yamazaki estaban alerta.
-Nadie murió, nadie quedó gravemente herido. -Continué-. Así que deja de lloriquear como un niño pequeño y empieza a aprender de tus errores. Todas las acciones tienen consecuencias, las cuales debiste haber pensado antes de hacer esta tontería. Pero no puedes viajar en el tiempo, así que lo que vas a hacer es que te vas a secar las lágrimas y vas a ayudar en todo lo que puedas.
-Es que…
-Es el precio para que mantenga mi boca cerrada. -Concluí con rotundidad y lo solté-. Yamazaki y Hiro no dirán nada, pero yo sí. A no ser que hagas lo que te digo.
Él asintió con la cabeza repetidamente y se puso de pie. Nos pidió disculpas y yo me lo sacudí cuando quiso abrazarme.
-Una última cosa, Igarashi. -Esta vez fue Hiro quien habló. Igarashi se giró y lo miró expectante-. No te aparezcas hoy en la fiesta de Kano. O no será Sakura quien suelte la sopa.
Igarashi nos miró a los tres muy sorprendido, pero no dijo nada. Bajó la cabeza y se marchó. Agradecí a Hiro por su iniciativa, ya que no tenía ganas de ver a nuestro compañero en la celebración que tendríamos todos los graduandos esta noche en la casa de Kano, después de haber finalizado nuestros compromisos familiares.
Yo di un largo suspiro y cerré los ojos mientras negaba con la cabeza. Yamazaki esbozó una de sus habituales sonrisas y me abrazó.
-Entonces, ¿incluso Shaoran está bien? -Me preguntó-. La moto casi lo atropella. -Yo asentí con la cabeza y él se rió-. Lo supuse. Ya sabes lo que dicen…
-¿Qué? -Preguntamos Hiro y yo al unísono.
-Hierba mala nunca muere.
(Tomoyo)
Singing Radiohead at the top of our lungs
With the boom box blaring as we're falling in love
Got a bottle of whatever, but it's getting us drunk
Singing, here's to never growing up
We'll be running down the street, yelling "Kiss my ass!"
I'm like yeah whatever, we're still living like that
When the sun's going down, we'll be raising our cups
Singing, here's to never growing up
Llegué a la casa de Kano alrededor de las 9:30 de la noche. Apenas había tenido tiempo para cambiarme de ropa después de la cena, así que me había puesto una camiseta negra, leggings del mismo color y unos Tod's rojos.
Tras el desastre en la graduación, tuvimos una celebración familiar. Fue un brunch con la familia de Sakura, preparado por Nadeshiko. Después, en la tarde, mi mamá y yo habíamos ido a comprar algunas cosas que nos hacían falta para nuestro viaje a Italia.
Tras volver a casa después de hacer las compras, mi madre me sorprendió con la noticia de que Hiroshi Clow quería invitarnos a cenar por mi graduación, así que me pidió que no hiciera planes. Lo que ella no sabía es que yo ya tenía planes. Todos los graduandos estaban invitados a una fiesta en la casa de Kano Nekoi. En cualquier otro momento, no me hubiera molestado perdérmela, pero me moría de ganas de asistir porque sabía que Kurogane iría, y quería-no, necesitaba que me rodeara con esos brazos musculosos y me besara durante una hora.
Pero conocía demasiado bien a mi mamá para entender que: 1) no habría forma humana de convencerla de que lo cancelara, 2) a juzgar por la emoción -y nerviosismo- con el que me había anunciado lo de la cena, probablemente esta noche me diría que ella e Hiroshi tenían una relación. Algo que yo -y cualquier persona con más de dos dedos de frente- ya sabía. Así que decidí no decir nada y alistarme para la cena con Hiroshi (a quien por suerte le gustaba cenar temprano).
La cena fue agradable -y deliciosa- y, en efecto, mi mamá me tomó de la mano y me explicó, como si todavía fuera una niña pequeña, que había algo que yo debía saber. Luego de un intercambio de miradas amorosas con Hiroshi, me dijo que tenían algo de tiempo saliendo y que habían decidido formalizar su relación, pues se amaban mucho. A estas alturas, dudaba que mi mamá en serio pensara que yo no tenía idea de que ella e Hiroshi Clow eran más que amigos desde hacía bastante tiempo. Pero supuse que no tendría caso comentar nada. Los felicité y les dije que estaba muy feliz por ambos -en verdad lo estaba- y que no había ningún otro hombre con quien quisiera ver a mi madre. Hiroshi me abrazó y yo le di la bienvenida a la familia.
A las 9:15 de la noche llegamos a la casa. Yo subí escopetada a cambiarme de ropa -estaba demasiado elegante para cervezas y fuegos artificiales en el jardín de Kano- y dirigirme a la fiesta. Antes de salir, le indiqué a Kurogane que ya iba de camino y le mandé un montón de emojis de beso.
Kurogane y yo habíamos estado hablando por WhatsApp los últimos días. No siempre era la primera persona a la que le escribía, pero sí era la última antes de acostarme. Conversábamos acerca de todo, desde que estábamos haciendo en ese momento y otras nimiedades, hasta cuáles eran nuestros planes para después de las vacaciones.
Él me explicó que se había ganado una beca parcial para estudiar Odontología en la Universidad de Hokkaido, en Sapporo. A 16 horas de Tokio en coche. Pero antes de eso, viajarían a Tailandia, ya que luego de que empezara la universidad tendría menos tiempo para compartir con ellos. Yo le conté sobre el viaje que haríamos mi madre y yo a Italia, para conocer Milán, Roma, Florencia, Venecia, y luego una visita a París. Por suerte, la mayoría de los días de nuestros viajes coincidían, así que podríamos disfrutar de varias semanas en Tomoeda. Juntos. Mis labios y los suyos. No había podido dejar de pensar en nuestro beso en el aula de música, ni en la conversación con Chiharu, ni en cómo me había hecho sentir ese día, y todos los posteriores.
Cuando llegué a la casa de Kano, Sakura me recibió con un gran abrazo. Rika tenía una pierna vendada pero estaba como si nada. Me entretuve con mis amigos durante un largo rato. La torpeza de Kero jugando Twister nunca pasaba de moda. Un rato después, entré a la casa para buscar algo de tomar. Cuando salí de la cocina, divisé la figura masculina que había estado buscando con la mirada toda la noche. Estaba sentado en la sala conversando con varios de sus compañeros del equipo de baloncesto. Dejó de hablar en cuanto me vio, algo que sus amigos no pasaron por alto. Yo sonreí. Dejé mi vaso de agua en una mesa en el pasillo que unía la sala y la cocina, y caminé hacia él. Sus amigos se quedaron en silencio cuando me vieron llegar.
-Hola. -Me saludó él.
Sin borrar mi sonrisa -y sin decir nada- le extendí mi mano. Kurogane pareció sorprendido, pero la tomó. Consciente de que todos sus amigos nos estaban mirando, yo lo guié por la casa hasta que llegamos una pequeña oficina con una ventana que daba al patio. Sabía que no habría nadie, porque Kano le prohibía a todos la entrada al despacho de su padre.
-¿Y eso que me trajiste aquí? Estás guap…
Tras cerrar la puerta, me giré y atrapé sus labios en un beso húmedo y ansioso. Rodeé su cuello con mis manos y él me correspondió de inmediato, abrazándome por la cintura y pegándome a su cuerpo. Él se apoyó de un escritorio y nos besamos durante un rato, sin hacer o decir nada más, hasta que yo me separé de él para mirarlo.
Kurogane se había puesto una camiseta negra que acentuaba los músculos de sus brazos, y lo hacía ver atractivo y sumamente sexy. Tenía jeans oscuros rotos y un par de Stan Smith negras de suela blanca.
-Me moría de ganas de besarte. -Le dije y rocé mi nariz con sus mejillas-. Espero que no te moleste.
Él me sonrió y me acarició la nuca-. Por supuesto que no me molesta. Al contrario, me encanta. -Acercó su frente a la mía-. Yo también me moría por besarte.
Me sorprendía mucho que Kurogane, con lo huraño que era en público, fuera tan cariñoso en la intimidad. Me sorprendía, sí, pero me encantaba.
-Solo que… todavía me cuesta creerlo. -Sonrió-. Que esto esté pasando. Siento que estoy viviendo un sueño.
Yo me reí-. Guao, ¿en serio te parecía una mujer tan inalcanzable?
Él asintió con la cabeza-. Sí. Está guapísima. El negro te sienta muy bien.
-A ti también. ¡Por cierto! -Adopté mi voz más seductora-. ¿Recuerdas lo que dijiste de mi cuello?
Él asintió con la cabeza y alzó las cejas mientras me acariciaba el cuello con uno de sus dedos. Bajó las manos hasta colocarlas en mis caderas. Yo le regalé una sonrisa juguetona.
-Tengo un lunar aquí que está esperando que lo beses. -Le señalé el lado izquierdo de mi cuello-. ¿Por qué crees que decidí traer el pelo recogido esta noche? -Lo miré con picardía y acerqué mi boca a su oído-. Para ti. Quiero que me beses y me muerdas.
Lamí el lóbulo de su oreja y se lo mordí al sentir que apretaba mis caderas con sus manos. Dejó escapar un suspiro y un leve gemido, y yo me di por satisfecha. Él me rodeó con sus brazos y me alzó del suelo. Yo lo rodeé con mis piernas y él giró sobre su eje y me sentó sobre el escritorio, haciendo que mis caderas quedaran convenientemente a la altura de las suyas. Me besó con una pasión e ímpetu mientras me acariciaba las piernas por encima de la tela.
-No tienes idea de todas las veces que soñé con hacer esto. -Dijo mientras lamía besaba mi cuello-. Hasta hace apenas unos días era solo una fantasía. Me encantas, Tomoyo. Me vuelves loco.
Eso era exactamente lo que quería.
No sé cuánto tiempo estuvimos besándonos, pero pronto los besos y mordiscos no fueron suficiente y comenzamos a tocarnos por encima de la ropa, así que le sugerí que nos pasáramos al sofá.
-¿Y si alguien entra?
Yo sonreí. Lo tomé de la camiseta y lo fui empujando hacia atrás hasta que sus piernas chocaron con el sofá. Lo empujé, haciendo que quedara sentado y caminé hasta la puerta. Coloqué el seguro y me di la vuelta. Kurogane se mordió el labio inferior.
-Eres todavía más increíble de lo que pensé, ¿sabes?
Amplié mi sonrisa y me acerqué para sentarme a horcajadas sobre él.
-Todavía no has visto nada.
Él volvió a besarme con el mismo ahínco que antes.
A pesar de que Kurogane y yo nunca habíamos sido demasiado cercanos, sí habíamos compartido tiempo juntos debido a que ambos estábamos en el club de música. Siempre me había caído bien, y en un par de ocasiones me había parecido adorable su seriedad. Y a pesar de no ser cercanos, recordaba perfectamente que uno de los mejores consejos de mi vida me lo había dado él, una tarde en la que me había quedado después de clases en el aula de música. Pero aún sabiendo que era una gran persona, que podía llegar a ser un buen amigo, jamás imaginé que besara tan bien y se me hiciera tan irresistible. Por supuesto que en más de una ocasión había admirado su cuerpo trabajado desde lejos, pero nunca le había dedicado demasiado tiempo, pues solo tenía ojos para Eriol.
Me tomé el atrevimiento de colocar mis manos debajo de su camiseta para acariciarle los abdominales y pectorales. Mi cuerpo se estremeció al sentir sus músculos debajo de mis manos.
-Tienes un cuerpazo. -Le dije y le mordí la mandíbula-. ¡Me encanta!
Él se rió e introdujo sus manos debajo de mi camiseta. Me acarició la espalda y la cintura durante varios segundos. Luego se aventuró por mi vientre, pero se detuvo al llegar a la parte alta de mi abdomen.
-¿Te molesta si…?
Separé mi rostro del suyo para mirarlo y entendí lo que quería decirme. Yo misma tomé sus manos, las coloqué sobre mis pechos y volví a besarlo.
-No me molesta que me toques, -le dije entre besos-, de hecho, me vuelve loca.
Kurogane jadeó. De repente, ambos dimos un respingo al escuchar un estruendo afuera de la casa. Me giré y pude ver a través de la persiana que los fuegos artificiales habían comenzado. Casi al mismo tiempo, mi celular comenzó a vibrar. Lo saqué de mi bolsillo y vi que tenía varios mensajes de Kero.
-¿Todo bien? -Me preguntó Kurogane con cariño mientras me pasaba un mechón de pelo detrás de la oreja.
-Sí, es Kero.
Leí los mensajes.
¿Dónde estás?
¿Estás con Kurogane?
Van a empezar los fuegos artificiales. Deja de meterle la lengua y ven.
Bloquée la pantalla de mi celular y miré a Kurogane.
-¿Vamos a ver los fuegos artificales? -Pregunté, esperando que no le molestara que nos detuviéramos.
Él asintió con la cabeza y me dio un corto beso. Mientras nos poníamos de pie, no pude evitar sorprenderme ante el alivio de que él no me hubiera insistido, ni reclamado, ni intentado convencer de que continuáramos. Intenté disimular mi sorpresa mientras me arreglaba el pelo y la ropa, y me di cuenta de que había me había acostumbrado a tener que justificarme y dar explicaciones cuando ya no quería continuar. Aquello me sentó mal, pero traté de disipar la sensación agridulce y me enfoqué en el guapo pelinegro que tenía frente a mí, y que entendía el consentimiento mejor que cualquier otro hombre que hubiera conocido. Sonreí al recordar la conversación que habíamos tenido dos años y medio.
Justo cuando iba a abrir la puerta, Kurogane me detuvo. Colocó su mano sobre la mía y me hizo mirarlo.
-Prométeme algo.
Yo asentí con la cabeza-. Claro, lo que quieras. -Respondí con seguridad, asumiendo un compromiso sin tener idea de si podría cumplirlo.
-¿Recuerdas la canción que te escuché cantando en el aula de música el día de la práctica de graduación? -Preguntó él.
Volví a asentir. Por supuesto que la recordaba, era Fingers de P!nk y la había tenido metida en la cabeza por lo menos durante tres días.
-¿Qué pasa con la canción?
Kurogane pareció dudarlo antes de hablar. Me abrazó por la cintura y me dio algunos besos en el rostro. Habló sin mirarme.
-Quiero... que... la pongas en práctica esta noche.
Esta vez, mi cabeza no se movió. Tampoco lo hicieron mis labios, ni mis manos. En realidad, no me moví ni un ápice. Permanecí inmóvil entre sus brazos, mientras mi sangre bullía y mi corazón latía fuertemente dentro de mi pecho. Porque no solo sabía a qué se refería Kurogane, sino que ya yo había hecho lo que dice la canción. Y había pensado en él mientras lo hacía.
-¿La canción? -Me atreví a preguntar. Kurogane solo me miró-. ¿Quieres, quieres que la cante esta noche?
Él pareció dejar de lado sus dudas y timidez anterior. Siendo el hombre directo y de pocas palabras que era, recuperó su seguridad y me miró de forma decidida y perentoria.
-Quiero que te toques, Tomoyo. -Su voz de barítono hizo vibrar mi cuerpo-. Pero quiero que lo hagas pensando en mí. Yo también voy a pensar en ti.
-¿Y también…?
-Sí.
No fue su interrupción lo que me sorprendió, sino la forma en la que me tomó de la cintura para apretarme a su cuerpo mientras, al mismo tiempo, acercaba sus labios a los míos para devorar mi boca en un beso. Agradecí al cielo que Kurogane se detuviera segundos más tarde, porque habérmelo imaginado tocándose por mí fue suficiente como para hacerme olvidar los fuegos artificiales del jardín y pensar en los que quería sentir en ese momento con él.
Me dio un dulce beso en los labios, se separó de mí y caminó hacia la puerta. Yo necesité unos segundos para retomar el aliento.
-¿Vamos?
Yo sonreí. Asentí con la cabeza y caminé hacia él, pensando en que no me iban a alcanzar las vacaciones para disfrutar de Kurogane. Pero haría que cada minuto junto a él valiera la pena.
(Sakura)
Salimos al patio a ver los fuegos artificiales en contra de mi voluntad. Nunca me habían gustado porque me parecían escandaloso e innecesarios, y porque asustaban a las mascotas. Pero no quería ser la única persona que no saliera a ver el espectáculo.
La casa de Kano estaba ubicada en una de las zonas más antiguas de Tomoeda. La mayoría de las casas, aunque fueran pequeñas, tenían grandes patios traseros que colindaban con el bosque. La de él, además, estaba en la parte más alta de la zona, por lo que el patio estaba elevado e iba descendiendo hasta llegar al bosque. Aprovechando la parte alta para tener una mejor vista, me senté con Shaoran en la grama, cerca de Yamazaki y Chiharu, que parecían más enamorados que nunca.
Yo misma me sentía completamente enamorada de Shaoran. Mientras me abrazaba y veíamos los fuegos artificiales, pensé en cómo había sido todo. En cada hito de nuestra relación. Cómo me había llamado la atención desde el primer día -o la primera noche- en la fiesta de Eriol. Y luego al día siguiente, en el colegio, me había parecido arrogante y engreído luego de golpear a Hiro. Pensé en cómo una canción, Stacy's Mom, había hecho que ya no me desagradara. Y sonreí al recordar la noche en el karaoke, cuando Shaoran me había contado la razón de su llegada a Japón. La conversación sobre Rubén Darío, el regaño de la profesora Yumiko, la vez que nos escapamos de clases y casi lo beso en el cine… para luego besarlo en su casa después de haber bebido demasiado.
Recordé también cómo lo había odiado al descubrir que se había besuqueado con Nakuru Akizuki en el aula de idiomas. Y cómo semanas más tarde me había muerto de vergüenza dos veces en un fin de semana: primero, cuando me vio desnuda por culpa de Kero; segundo, cuando Kero nos vio desnudos y en una cama. Me reí al evocar el recuerdo de aquel momento, de nuestro beso en la piscina del señor Yamato, de cómo habíamos asustado a Tomoyo y a Eriol. Pensé en que ese paseo al Lago Ghenshi había cambiado todo para nosotros. A partir de allí, nos hicimos inseparables.
Las tardes de estudio en la biblioteca, cuando intentaba explicarme matemáticas, física o química, sin demasiado éxito. Los partidos de fútbol, las idas al cine, las salidas con amigos, la vez que mi hermano nos había encontrado besándonos en el sofá. La primera vez que le dije te amo, lo bien que le quedaba el traje el día de la boda de Touya y Anastasia… en fin. Shaoran había llegado a mi vida cuando ni siquiera lo esperaba, y se había quedado en ella, contra todo pronóstico.
Si alguien me hubiera dicho, en su primer día de clases, que terminaría enamorándome hasta el tuétano de él, le habría dicho que estaba loco.
-¿Y por qué te ríes tanto? -El susurro de Shaoran me acarició el lóbulo del oído-. Quien solo ríe, de su picardía se acuerda.
-¡Ay, Shaoran! -Exclamé yo sin dejar de reír-. ¡Suenas como mi abuela!
Él también se rió y me dio varios besos en la mejilla y el cuello.
-Pensaba en lo mal que me caías cuando te conocí. Y en lo insoportable que eras.
Me giré para mirarlo y vi que tenía una sonrisa dibujada en los labios.
-Pero luego no pudiste resistirte a mis encantos y ¡bam! Te enamoraste perdidamente de mí. -Alzó ambas cejas-. Lo sé, yo también pienso mucho en ello.
-Sí, me enamoré de tus encantos y virtudes, entre las cuales no se destacan la humildad ni la modestia. -Le saqué la lengua y Shaoran no borró su sonrisa-. Pero, ¿en serio piensas mucho en ello?
-Sí, claro. Pienso en que me pareciste bellísima desde la primera vez. Y en que me caíste muy bien, a pesar de que no era mutuo. -Me rodeó completamente con sus brazos y colocó su mejilla contra la mía-. Eres lo mejor que me pasó este año. Lo mejor de haber venido a Tomoeda.
Yo coloqué mis brazos sobre los suyos y sonreí.
-Shaoran, prométeme algo.
Me giré para mirarlo otra vez. Él asintió con la cabeza.
-Dime.
-Prométeme que pase lo que pase, siempre me recordarás. Los momentos felices, quiero decir. Los sentimientos bonitos.
Él frunció el ceño-. Hey, nada sucederá.
-No lo sabemos. -Abrió la boca para hablar pero no lo dejé-. Yo quiero estar contigo y tú conmigo, te amo y tú a mí, pero las cosas pueden cambiar por la distancia. La vida y las circunstancias son así. No te estoy pidiendo que me prometas que me amarás toda la vida, porque no sabemos qué pueda pasar. -Él me miró con atención pero sin decir nada-. Simplemente que si llegáramos a terminar y nos separáramos por completo, no te vas a olvidar de ésto. Prométeme que siempre lo recordarás.
Shaoran asintió con la cabeza y sonrió. Acercó su rostro al mío y colocó sus manos sobre mis mejillas. Antes de hablar, apoyó su frente sobre la mía.
-Créeme que, aunque quisiera, jamás podría olvidarme de ti.
Aquello me hizo sonreír. Y me sentí en paz. Porque sabía que no podía controlar el futuro ni las circunstancias externas. Sabía que todo podría cambiar con la distancia; los sentimientos, las amistades, nuestra relación. Incluso que alguno de los dos podría cambiar de opinión. Sabía que nada me aseguraría que lo nuestro sobreviviera a tantos kilómetros de separación y a tener que adaptarnos a la nueva vida universitaria.
No sabía si duraríamos un año más o veinte. Lo que sí sabía era que, en ese preciso momento, Shaoran me amaba tanto como yo a él.
Y eso era todo lo que necesitaba.
FIN
¡Feliz Navidad! Mi regalo para ustedes es el último capítulo de esta divertida historia que me ha encantado escribir y compartir con ustedes.
¡Confesiones de amor! ¿Quién no vivió algo como eso al terminar las clases? Kurogane es el mismo Kurogane de Tsubasa: Reservoir Chronicles, solo que le tuve que agregar un apellido porque su personaje no lo tiene. Y creo que todos los que amamos al personaje de Tomoyo (tanto al original como al de esta historia) sabemos que se merecía un desenlace así. Diferente y especial. Es altamente probable que suba un capítulo extra (no es un epílogo) que mezcla el presente con el pasado y está contado desde la perspectiva de Kurogane. Allí entenderán muchas cosas.
Por cierto, la canción que canta Tomoyo es Fingers de P!nk.
Sé que a muchas les encanta la historia de Shaoran y Kari Tomino, así que Smells Like Teen Spirit no podía concluir sin una apropiada mención y despedida sobre el tema.
Recibí comentarios de varias personas que cuestionaban la decisión de Kero de volver con Nakuru y que no entendían por qué Tomoyo no perdonó a Eriol. Incluso una persona comentó que era "demasiado feminista" (el feminismo no tiene nada que ver con esto, por cierto. Los exhorto a que lean sobre el tema). Así que para los que tienen dudas sobre por qué la historia se desarrolló de esta manera, es sencillo: la vida es así. Hay personas que perdonan y pueden empezar desde cero, y otras que no. Hay relaciones que duran, y otras que no. Hay personas con conexiones que soportan muchas cosas, y otras que no. Ni siquiera voy a ahondar en el tema ni a explicar que una cosa es lo que pasó con Nakuru y otra es lo que hizo Eriol, porque da igual que hubiera sido lo mismo. La vida es así y las relaciones en la adolescencia no son para siempre, salvo poquísimas excepciones. Además de que hubiera sido completamente irreal que todos quedaran súper emparejados y felices para siempre. Para los que me odian por el tema Tomoyo-Eriol: no les pido que dejen de odiarme, pero sí que dejen de idealizar esa relación y en especial a Eriol. Lean la historia nuevamente, está lejos de ser el caballero inglés que aparenta. Créanme, Tomoyo se merece a alguien mucho mejor que él. No porque Eriol sea una mala persona, sino porque le hace falta muchísima madurez y aprendizaje, y porque realmente Tomoyo se merecía alguien mejor. Les repito, lean la historia nuevamente y busquen todas esas red flags de Eriol. Están por doquier. Repito, no porque sea un villano o un mal chico, sino porque no es el caballero inglés que todos piensan. Y si subo el capítulo extra desde la perspectiva de Kurogane, terminarán de entender a qué me refiero.
Con respecto a Shaoran y a Sakura… digamos que este desenlace está inspirado en mi primer noviazgo. Es una situación muy típica tras finalizar el colegio. Uno de los dos -o ambos- se van a estudiar a otro país u otra ciudad y la relación continúa a distancia… o no. Lo bueno es que nuestros protagonistas están muy enamorados y dispuestos a darlo todo por seguir juntos. Con respecto a Nakuru y a Kero, pues, la historia es similar. La diferencia es que ella se va a otro continente y, aunque se quieren, han decidido que lo mejor es no continuar con la relación en la distancia. Como les dije antes, todas las personas y todas las relaciones son diferentes, sin importar lo similar de las circunstancias.
Quiero agradecer a todas las personas que leyeron esta historia y se tomaron el tiempo de dejar un comentario, aunque haya sido solo una vez. A los que la leyeron desde el primer día y continuaron hasta el final. A los que empezaron tarde, pero siguieron fieles. A los que apenas la están descubriendo y tienen la oportunidad de leerla toda. A los que me dejaron reviews para cada capítulo (¡gracias por su retroalimentación!) Pero también a todos aquellos que leen la historia con avidez y se mantienen en el anonimato. A este último grupo en particular, les digo: no teman en comentar. Respondo los reviews (por mensaje privado a aquellos que tienen cuenta) y me encanta conversar sobre sus dudas, inquietudes, pasiones, etc. referentes a la historia.
Hace un tiempo me topé con que mi autora favorita en la historia de FF, por motivos personales, retiró todas sus historias de la plataforma. A pesar de que me sorprendió y entristeció el hecho, respeto su decisión. Al final, las historias pertenecen a sus autores y solo ellos pueden decidir cuál será su destino. Aprovecho para comentarles que SLTS siempre estará aquí (salvo que ocurra algo extraordinario) para que puedan leerla cuantas veces quieran. Es mi regalo para ustedes.
Una vez más, mil gracias a todos. Por su apoyo, por su tiempo. Ustedes son la razón por la que escribo.
Miss SF, diciembre 2018.
Canción: Here's to never growing up
Cantante: Avril Lavigne
Álbum: Avril Lavigne
