OTRO LEMMON DISFRUTENLO

XD

CAPITULO 25

Hermione intento jugar al tratar de zafarse de su agarre, pero no sirvió de nada.

Bueno, sí, sirvió para que las sus zapatillas terminaran en el suelo cuando Severus con ambas manos la alzo por la cintura y al momento de forcejear sus zapatillas volaron.

Severus la encamino más hacia la habitación sin bajarla cuando estuvo más cerca de la cama le soltó la cintura y, haciendo caso omiso de sus intentos de forcejear, comenzó a atraparla nuevamente para acercarla a él.

Era una posición muy libre para Hermione y así mejor la encamino hacia una pared y él aprisionándola.

Le miró, Hermione estaba más que excitada y para provocarlo se mordió su labio inferior.

Severus se cegó, era una imagen sumamente provocadora.

El solo tenerla así, con su pelo revuelto, sonrojada y aprisionada contra la pared mientras se mordía su labio provocativamente era la imagen más erótica y sensual que había visto en su vida.

Su miembro saltó dentro de sus pantalones y él supo, exactamente, lo que iba a hacer.

-. Mírame, quiero que no sientas miedo, que me sientas en todo tu ser, te voy a hacer el amor hasta que sientas que solo somos uno -. Ordeno Severus con su voz ronca de deseo.

-. Estoy ansiosa de verlo, Profesor -. Le incitó sin dejar de morderse el labio y acurrucarse hasta que su pecho choco el torso de Severus.

-. ¿Es un desafío Señorita Granger? -.

-. Por supuesto, Profesor -. Estaba excitada.

Muy excitada. Notaba su ropa interior empapada y los pezones endurecidos.

Severus se acercó excitado, si podía todavía estar más, dispuesto a hacerle el amor hasta que gritara su nombre, hasta que ambos sintieran la necesidad mutua.

Severus sonrió engreído y, muy lentamente, levantó con su mano izquierda la blusa que cubría los pechos dulces y tentadores.

Cuando los tuvo ante su vista, sonrió y metió los dedos por debajo del sujetador.

-. Eres tan perfecta -. Exclamo suavemente junto al oído de la mujer.

No podía creer su suerte, tenía una mujer ante él altiva, Sensual. Perfecta... Excitada.

Y más prueba que sus pezones, duros como piedras, que se marcaban orgullosos contra la tela de la blusa que había vuelto a caer sobre sus pechos.

Se separó de ella y le dio espacio para alejarse de la pared y la rodeo lentamente.

Se desplazó lentamente por la estancia hasta quedar situado a su espalda.

-. No tienes ni idea de lo hermosa que eres. La mera visión de tu cuerpo, aunque esté cubierto de ropa inútil, está haciendo estragos en mi cerebro. Y eso por no hablar de mi erección. Estoy seguro de que si pudiera ver y tocar tus encantos, me pondría todavía más duro.-. Afirmó pegando su miembro al trasero de Hermione.

Hermione cerró los ojos excitada ante sus palabras.

Él volvió a desplazarse hasta quedar situado frente a ella.

Hermione sentía como su sexo se humedecía más, empapando aún más sus bragas.

Volvió a aprisionarla contra la pared y deslizó lentamente la mano por la clavícula, los pechos y el abdomen hasta tocar el final de la blusa.

Con los ojos fijos en Hermione, sujetó la tela con ambas manos y... tiró.

La blusa se rasgó en dos mitades desiguales.

Hermione jadeó sobresaltada. ¿Por sorpresa? sí.

Pero también por la excitación que le provocaba que Severus fuera tan brusco que despertaba un lado completamente desconocido en ella.

La excitación era evidente en su rostro, en su espalda arqueada, en sus labios húmedos y entreabiertos, en las manos que sujetaban con fuerza el cuello de Severus incitándole a acercarse más.

Severus sonrió. Deslizó los dedos por debajo de las copas del sujetador.

Hermione cerró los ojos, sus pechos temblaron, impacientes por oír el sonido de la tela al rasgarse.

Severus arqueó una ceja y retiró suavemente el encaje, no tenía ninguna intención de romperlo.

Colocó con cuidado los pechos sobre el borde del sujetador.

Estos quedaron levantados y expuestos, justo como había imaginado mil veces.

Sus dedos se posaron sobre la trémula piel y la acariciaron con delicadeza sin llegar a tocar ningún punto demasiado sensible.

Hermione bufó irritada. La sonrisa de Severus se extendió a sus ojos.

Tentó los pechos, los acogió en las palmas de sus manos, sopesó su tamaño, los amasó entre los dedos... pero no tocó los pezones.

Devoró con la mirada a la tentadora mujer que estaba ante él; tan hermosa que dolía mirarla.

-. Tu ropa comienza a estorbar -. Declaró.

Sus manos se movieron veloces. Aferró la cinturilla de la falda y, sin pensárselo dos veces, arrancó el botón y de un tirón reventó la cremallera.

La prenda cayó arremolinada sobre sus pies.

-. Mucho mejor -. Afirmó, dando una patada a la arruinada falda.

Dio un paso atrás y se recreó en la erótica imagen que aparecía como un espejismo ante sus ojos.

La respiración agitada de Hermione hacía oscilar sus seductores y expuestos pechos, los brazos alrededor de su cuello se apretaban más y enterraba sus dedos en su cabello.

Su vientre, mostraba un ombligo pequeño y tentador.

Un poco más abajo, unas bragas le mostraron todo lo que quería saber.

Ella estaba mojada. Por él. Hermione sintió como Severus introducía su poderoso muslo entre sus piernas y metido los dedos por debajo del elástico de las bragas.

Y sin preámbulos, rompió la prenda. Antes de que las bragas llegaran a tocar el suelo, sus dedos se habían colado dentro de su vagina y el pulgar pulsaba sobre el clítoris mientras la otra mano se aferraba a uno de sus deliciosos pechos a la vez que sus labios mordían y succionaban el otro.

Ella era incapaz de moverse, porque todo su cuerpo estaba siendo asediado por sensaciones imposibles e incontenibles.

Unos dedos entraban y salían de ella sin compasión, presionando contra las paredes de su vagina; la palma de esa misma mano presionaba una y otra vez contra su vulva mientras el pulgar trazaba círculos sobre su clítoris.

Los dedos de la otra mano pellizcaban y tiraban de sus pezones, haciéndolos arder de placer, alterando todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo, convirtiendo su piel en metal incandescente que, con cada caricia, casi explotaba.

Casi. Severus presionó más su boca contra los labios cerrados y firmes de la mujer, muy alejados de la habitual suavidad con la que solían recibir sus besos.

Gruñó contra ellos. Deseaba penetrarlos, saborearlos, rozar los dientes, acariciar el interior de las mejillas, frotar el cielo del paladar y, por encima de todo, deseaba que ella respondiera con su propia pasión, con su propia lengua, que le lamiera y succionara, que le mordiera hasta hacerlo sangrar.

Hermione abrió los labios, y; se coló la esencia única de Severus; a bosque, a hierbas, a sudor.

Su sabor penetró en ella a la vez que su lengua y no pudo evitar responder a sus acometidas.

Sus lenguas se enzarzaron en una violenta lucha, se frotaron y saborearon, se juntaron y separaron con fuerza, imitando los movimientos de dos amantes en pleno éxtasis.

Severus se separó bruscamente de ella, dejando que el aire se interpusiera entre sus cuerpos sudorosos.

Una vez que se recuperó de su ataque nuevamente asedió feroz a sus labios, los mordió y succionó hasta que quedaron hinchados.

Dos dedos se introdujeron con más fuerza y profundidad en la vagina, entrando y saliendo con violencia de ella.

El pulgar pulsó con ímpetu contra el clítoris, presionando y soltando, frotando la vulva, humedeciéndose y volviendo a presionar contra el hinchado y terso botón.

Los tirones en sus pezones se hicieron más intensos, más largos, los pellizcos más contundentes.

Y Hermione no pudo apenas respirar.

Todo su cuerpo era un volcán a punto de explotar.

A punto. Echó la cabeza hacia atrás y observó las facciones del hombre al que había temido amar tantos años atrás, del profesor que admiro por tantos años y que hizo que su amor por el creciera en sólo unos días.

Estaba tenso, las venas se le marcaban en el cuello, las aletas de la nariz se hinchaban con cada respiración, los parpados entrecerrados mostraban un deseo candente, imposible de contener.

Pero que contenía. La mano que torturaba sus pechos la sujetó veloz por la nuca, un tercer dedo se unió a los que penetraban su vagina, su boca se deslizó contra su cuello y mordió con fuerza sobre la vena que palpitaba en él.

Hermione gritó, todo su cuerpo se tensó para a continuación convulsionarse mientras el desgarrador sonido se convertía en un quedo jadeo que luchaba por llevar aire a sus pulmones.

Cuando la escucho, gimió Severus, alejándose tambaleante de ella.

Su cuerpo vibraba impaciente y frustrado; las yemas de los dedos hormigueaban por volver a sentir su piel contra ellos, el miembro latía furioso contra la tela de los pantalones, su torso subía y bajaba con fuerza, intentando llenar de aire los pulmones, todo su ser moría por estar dentro de ella, por tocarla, por saborearla.

Dio un paso atrás, y luego otro, y otro más.

Separándose de ella, de la tentación. Intentando dominarse más allá de lo que le permitía su fuerza de voluntad.

Si se acercaba un solo centímetro, si diera un solo paso hacia ella, la tomaría tan ferozmente como salvaje era la bestia que en ese momento rugía en su interior.

Hermione lo observó retroceder, pero ella se pegó más a la pared, incitándole a que se acercara a ella, Severus la miro incitándole y vio cómo se mordía los labios y no lo pudo soportar.

Los labios del hombre se abrieron dejando escapar un rugido sobrehumano, camino rápidamente a ella mientras se despojaba de su levita quedándose solo en camisa y pantalón, se acercó y sus manos se cernieron sobre los muslos de la mujer, aferrándolos, abriéndolos con fuerza; obligándola a abrazar con las piernas sus caderas, a pegar el pubis empapado de pasión contra la erección que palpitaba bajo los pantalones.

-. No sé cómo empezó esto, pero no lo quiero perder, te necesito -. Gruñó Severus, deslizando las manos por la espalda femenina.

Las piernas de Hermione siguieron fuertemente ancladas a sus caderas.

-. No sabes cuánto te deseo -.

-. Lo sé, yo te deseo igual -. Afirmó Hermione entre dientes.

No necesitó escuchar más, se desabrochó los botones de la bragueta con una sola mano, la misma mano con la que asió con fuerza su propio miembro y lo guio hasta la humedad cálida e impaciente de Hermione.

La penetró de un solo empujón, tomando con las manos los sedosos muslos femeninos; incapaz de contenerse, de tratarla con suavidad, de posponer su deseo.

Hermione jadeó, su sexo tomo el miembro con ímpetu a la vez que sus piernas envolvieron con más fuerza al hombre que se sumergía en ella.

Ninguno de los dos estaba dispuesto a ser delicado o contenido.

Hermione con sus manos temblorosas rompió los botones de la camisa de Severus hasta que cada botón voló por toda la habitación.

La espalda de Hermione se arqueó, sus pezones se frotaron contra el pecho duro y fornido, sus labios se abrieron en un gemido ahogado a la vez que su vagina se tensó y vibró contra el miembro, que entraba y salía de ella salvaje e impetuoso.

Pesado y contundente. El miembro se hinchó al sentirse comprimida hasta el límite, palpitó a punto de vaciarse.

Ambos yacían con la respiración entrecortada.

Una de las poderosas manos masculinas se deslizó por detrás del muslo de Hermione hasta tocar el empapado perineo, lo acarició humedeciendo los dedos, y ascendió por la grieta entre su trasero hasta llegar al fruncido orificio.

Y lentamente, penetro con un dedo el delicado orificio.

Hermione ahogó un gemido ya era incapaz de hablar.

Las caderas del hombre se alzaron violentamente, pujando contra el sexo con más fuerza, introduciendo más su miembro a la vez que el dedo que penetraba su orificio presionaba sin pausa contra las paredes del recto.

Hermione aferró con desesperación el cuello del profesor, sus piernas se apretaron contra la cintura del hombre, los talones de sus pies se clavaron en sus muslos.

Todo su cuerpo se agitaba incapaz de contener el placer que la atravesaba de pies a cabeza para acabar estallando en su mismo centro.

Un grito comenzó a formarse en su garganta y entonces, él paró.

Se quedó inmóvil dentro de ella. La mano anclada al trasero hundió los dedos en el centro de estas, impidiéndola moverse.

La que sujetaba su cintura la pegó a su estómago, inmovilizándola por completo.

-. Quédate conmigo -. Ordenó él, saliendo lentamente de ella.

Hermione no podía procesar lo que le decía.

-. Dímelo -. Gruñó él, apretando con fuerza los labios.

Hermione cerró los ojos y seguía sin responder.

Él volvió a introducirse en ella, tan lentamente que estuvo a punto de gritar de frustración.

La mano que sujetaba su trasero se abrió suavemente en abanico, el anular presionó contra él sin penetrarlo.

Sus cálidos labios lamieron las gotas de sudor que caían por la clavícula y se perdían entre sus pechos.

Todo el cuerpo de Hermione se tensó al borde del orgasmo.

Sus labios se separaron de la piel, el dedo se alejó de su miembro que comenzó a escapar de su vagina.

-. Dímelo -. Susurró, mirándola a los ojos.

Hermione por fin capto lo quería y, la respuesta era obvia.

-. Si -.

Entró en ella con fuerza, el dedo se hundió en su recto.

Su mirada siguió clavada en Hermione, no creía que lo había logrado.

-. Repítelo -.

-. Si! -.

Sus movimientos se hicieron más rápidos, más bruscos, más fuertes.

Sus ojos claros quemaron los de Hermione.

-. Otra vez -.

-. Sí. Sí. Si! -. Gritó, con el rostro de su hombre tan cerca del suyo que saboreaba su calor, su olor en el mismo momento en que ambos caían en el abismo del placer.

Permanecieron uno junto a otro, unidos en cuerpo y alma durante una eternidad.

Severus la volvió a cargar y la apoyo en la cama, mientras juntos se acostaban; con Hermione acostada sobre su pecho, mientras que Severus besaba constantemente su cabeza, agradeciendo lo que le acababa de decir y que estaba aceptando pero esa platica la dejarían para mañana por ahora, se hundieran en el pensamiento del otro; sintiéndose más allá de la simple territorialidad.