Todos los personajes son creados por Stephanie Meyer, los créditos de esta historia son todos para la autora Amethyst Jackson, la traductora de los capítulos del 1ro hasta el 26 es Ana Fluttersby. Yo traduje y edite del capítulo 27 hasta el 41, agradeciendo a las chicas de Elite fanfiction que tradujeron 38-39-40.
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Capítulo Veinticinco
Mi llamada telefónica resultó ser innecesaria. El resto de los Cullen llegaron minutos después que Alice.
—La hembra nos engañó —se quejó Jasper amargamente, frustrado por su fracaso en descubrir la treta—. Victoria y James se estuvieron moviendo juntos por un tiempo, pero creo que él debe haberse regresado sobre su camino para llegar aquí. Pensamos que estábamos persiguiéndolos a ambos hasta que Victoria se separó y quedó sólo su olor, ¿Qué pasó aquí?
Carlisle ya estaba al lado de Bella e inspeccionaba su pierna. Emmett fue a ayudar a Alice con la hoguera, pero ya había poco que hacer. Los otros rondaban incómodos, Rosalie me miraba furiosa, Esme, preocupada.
—James se escapó de algún modo y debe haber atraído a Alice al bosque, también —expliqué, mirando a Alice para confirmarlo—. Atacó cuando Bella y yo estábamos solos.
—Me guió en círculos, traslapó su ruta varias veces para despistarme. Debe haber sabido que sería capaz de ver si tomaba una decisión, porque no tuve una sola visión hasta que lo vi atacar a Edward…
—Acabé con él —concluí con la mandíbula tensa—. Pero lastimé a Bella en el proceso.
—Pudo ser mucho peor —me reprochó Bella—. Me salvaste de lo que sea que James habría hecho… que estoy segura de que no hubiera sido bueno.
Carlisle sonrió compungido. —Parece que es una fractura limpia; aunque voy a necesitar una placa de rayos X para estar seguro. Pero creo que sanará bien. Necesitamos llevarte al hospital, Bella, para alinear esto y ponerte una escayola.
Bella suspiró resignada. —Ha pasado demasiado tiempo desde que estuve en un hospital; ya era hora que pasara.
Carlisle rió y sacudió la cabeza. —Tienes la mayor propensión a lesiones de cualquier humano que haya conocido.
—Sí, escucho eso con frecuencia.
Alice se acercó danzando. —Terminaremos de limpiar aquí, y nos veremos en casa. Por cierto, Bella, aún llevarás la escayola para Acción de Gracias, pero ya te la habrán quitado para Navidad.
Bella hizo una mueca. —¿Gracias, creo?
Levanté a Bella con cuidado en mis brazos, intentando evitar sacudir su pierna. —¿Listo? —preguntó Carlisle.
—Tanto como es posible —respondí. Corrimos hasta Forks. Bella acuño la cabeza en mi hombro, los ojos apretados fuertemente para no ver los árboles por los que pasábamos con velocidad. Me reí—. ¿Tienes miedo, Bella?
—No —mintió. Su corazón la delataba—. Es sólo que estoy un poco nauseosa, y me temo que me maree el movimiento.
—Entonces, es probable que sea mejor que mantengas los ojos cerrados —acordé divertido. Estábamos moviéndonos a una velocidad moderada para los vampiros, y era fácil mantener a Bella estable en mis brazos a la vez que mantenía el paso de Carlisle.
Carlisle nos llevó directo al hospital, sin molestarse en detenerse en la casa para recoger el carro. Todo estaba prácticamente muerto a esta hora de la madrugada, de todas maneras, y aun que la recepcionista nocturna estaba claramente sorprendida de vernos, Carlisle proyectaba tal autoridad que no hizo ninguna pregunta.
Bella abrió finalmente los ojos y subimos al segundo piso, donde el departamento radiología estaba localizado. Carlisle abrió la puerta al cuarto de rayos X y gesticuló para que pusiera a Bella en la mesa.
Extrañamente, Bella parecía tan familiarizada con la rutina como Carlisle. Con paciencia soportó el peso del delantal protector y ni parpadeó cuando Carlisle encendió el equipo. No tardamos en tener una imagen de los huesos rotos de Bella. Mirarlos me ponía incómodo; era ridículo lo rompibles que eran los humanos.
Luego de eso, fuimos a un cuarto donde hubiera todo lo necesario para enyesar. Le ayudé a subirse a la mesa; había insistido en brincar en un pié hasta la sala. Carlisle tomó una jeringa con medicamento.
—Morfina —explicó Carlisle—. Tengo que rectificar el hueso. Tal cual está, sanaría inadecuadamente. Podría hacerlo sin la morfina, pero… creo que ya has sentido suficiente dolor en estos años.
Bella sonrió agradecida. —Te lo agradezco.
—Acuéstate —sugirió—. La morfina te hará sentir débil.
Bella se reclinó contra el vinil cubierto de papel de la mesa de examen y apretó mi mano mientras Carlisle le inyectaba la morfina en la vena de su brazo. Cuando hubo terminado, fue a recolectar los utensilios para la escayola, esperando que hiciera efecto la droga. La pequeña gota de sangre que salió de la heridita hizo arder mi garganta como nunca antes; apreté la quijada y me enfoqué en su sereno rostro hasta sentirme en control.
—Mmm… me empiezo a sentir rara —balbuceó Bella, cerrando sus ojos.
—La morfina hace eso —reí entre dientes, confiado en mi auto-restricción. ¿Cómo podría lastimar a esta preciosa y adorable criatura?
—Hablo demasiado cuando tomo analgésicos —continuó Bella, agarrando mi brazo con ambas manos—. La vez pasada le dije al Dr. Cullen que tenía un lindo trasero.
—Es cierto —confirmó Carlisle, conteniendo la risa—. No quiero alardear, pero no ha sido la única. La morfina tiene la habilidad de soltar la lengua.
—¿Así que puedo hacer que me confieses tus más oscuros y profundos secretos ahorita, hum? —le dije a Bella, encontrando una mirada un tanto vidriosa.
—Has participado en la mayoría de ellos —dijo Bella arrastrando la voz. Luche contra mi sonrisa de satisfacción—, pero es posible que puedas sacarme uno que otro.
—Si no te molesta, Edward, ¿podrías subir la pierna de su pantalón hasta arriba de su rodilla? Estorba.
—Claro —acordé, agachándome sobre la parte baja del cuerpo de Bella para subirle con cuidado el pantalón d pijama. Bella dejó escapar una risita, y la volví a ver por sobre mi hombro—. ¿De qué te ríes?
—Tu trasero es más lindo que el del Dr. Cullen —Bella rió burlesca y acentuó su declaración pellizcándomelo. Alcé una ceja.
—Bella, sí sabes que pellizcarme es completamente inefectivo, ¿verdad?
—Sí… pero aún así, es divertido —sonrió de oreja a oreja. Volteé los ojos y volví a lo que estaba haciendo. Bella se comportó hasta que terminé, más o menos.
—Está bien, suena como que la morfina ya hizo efecto. Esto aún dolerá un poco, pero la droga atenuará lo peor —dijo Carlisle, acercándose a la mesa. Sus labios se contraían contra su sonrisa todavía, pero eso puede haber tenido algo que ver con las incontrolables risitas de Bella.
—¿Me harías otro favor, Edward, y mantienes estable la pierna de Bella? Sólo sostén su muslo.
—Claro —acordé. Bella se rió más cuando mis manos tocaron su muslo.
—Edward —chilló, arrastrando fatalmente mi nombre—, frente al Dr. Cullen, no…
Sólo sacudí la cabeza. Chica loca y adorable.
—Muy bien —murmuró Carlisle, tomando su pierna en dos sitios—. A la cuenta de tres. Uno, dos, tres.
Las manos de Carlisle se sacudieron levemente, y escuché el hueso de Bella acomodarse en su lugar con un espanto sonido crujiente.
—¡Ouch¡ —gimió Bella, agarrando la parte trasera de mi camisa. Me volteé y tomé su mano, sintiéndome desdichado por la arruga de dolor de su frente.
—Lo peor ya pasó —la calmó Carlisle con sus más tranquilizadora voz—. Ahora es momento de ponerte la escayola.
Sostuve a Bella en una posición sentada mientras Carlisle trabajaba.
—Esta no es exactamente mi área de más experiencia, pero creo que bien puedo —comentó Carlisle mientras continuaba—. Prefiero no involucrar a otro doctor a estas alturas…
Me reí burlesco. —Tú tienes más espacio para la experiencia que cualquier doctor humano; Estoy seguro de que está en manos muy capaces.
Carlisle sonrió, pero no alzó la mirada. —Aprecio tu confianza en mí.
—Supongo que es mejor no tener que explicar cómo ocurrió esto… o arriesgarnos a que llegue a oídos de Charlie —continué. La cabeza de Bella se ladeó contra mi hombro. Había pasado de hablantina a somnolienta en cuestión de minutos.
—Le va a tener que decir algo a Charlie eventualmente —comentó Carlisle—, pero esto nos da tiempo para inventar una explicación razonable.
—¿Tiene razón Alice? ¿Ya no andará la escayola para Navidad? —pregunté, sabiendo lo mucho que Bella odiaría usarlo. No sólo atraería atención indeseada, si no que perjudicaría severamente su independencia. Sospechaba que no iba a cooperar mucho durante su convalecencia.
—Creo que serán unas cinco o seis semanas —dijo Carlisle—. Puede que logremos que use una férula en la pueda caminar antes de eso. Si puedes convencerla, deberías pedirla a Bella que se quede contigo mientras anda el yeso. Debe tener cuidado confiable en estos momentos… No estoy seguro de cuánto tiempo pueda dedicarle su compañera de cuarto.
—Por supuesto. Creo que se va a quedar conmigo le guste o no.
Carlisle rio entre dientes. —Como consejo de alguien que ha estado en una relación por unas cuantas décadas… quizá deberías tratar de no sofocarla con demasiada atención ahorita. Algunas mujeres adoran ser idolatradas, pero sospecho que Bella no es una de ellas.
Me reí. —Aprendí eso a las malas.
Pronto la escarola estuvo en su lugar y cargué a Bella hacia afuera. No estaba lo suficientemente consiente como para usar muletas de todos modos. Regresamos a casa de los Cullen. Carlisle quería revisar a Bella antes de que nos fuéramos, una vez que el efecto de la morfina pasara, y todavía había mucho de qué hablar sobre los eventos de la noche. Alice necesitaba saber lo que James había revelado sobre su pasado., y necesitábamos determinar exactamente qué había salido mal y cómo ambos vampiros habían evadido ser rastreados. También necesitábamos decidir qué hacer con Victoria; dudaba que la muerte de su pareja pasara desapercibida.
Estaba realmente horrorizado de deberle la existencia a tal criatura. Mi único consuelo era que su acto egoísta que había conducido a Bella. El precio de consolación era mejor, de todas formas.
De regreso en la casa, llevé Bella arriba y la metí en la cama. Se movió un poco cuando puse la sábana sobre ella.
—Mmm… ¿Edward?
Me reí entre dientes de su expresión somnolienta al mirarme. —Puedes dormirte ahora. Ya regresamos donde los Cullen.
—OK —suspiró—. Pero quería decirte algo… mi oscuro y profundo secreto —balbuceó.
—¿Cuál es, amor? —pregunté, alisando su cabello hacia atrás.
—Aunque hubiera sabido, esa primera noche, hubiera ido contigo —dijo, sus ojos un poco más despejados, y supe que hablaba completamente en serio—. Hubiera preferido morir a decirte que no.
Mi muerto corazón chisporroteó en mi pecho. Esperaba que dijera algo tonto, algo así como que pensaba que Jasper también tenía un lindo trasero, pero, por supuesto, me sorprendía como una declaración de corazón. Sorprenderme era lo que Bella hacía mejor.
—Nunca hubiera podido lastimarte, preciosa. No hubiera podido vivir conmigo mismo —confesé, acariciando aún su cabello. Sonrió somnolienta.
—Creo que siempre supe eso.
No dijo más, y yo tampoco. Decir algo más hubiera sido superfluo, hubiera abaratado el momento.
Me quedé a su lado hasta que el latido de su corazón se estableció en el lento y suave pulso del sueño. Cuando estuvo por completo inconsciente, renuentemente bajé para ver a los otros. La luz del día despuntaba afuera, revelando el inicio de un día soleado. Todos brillábamos en el trazo de luz solar que se filtraba dentro.
—¿Cómo está? —preguntó Esme, acurrucada junto a Carlisle en el diván. Emmett estaba sentado en una silla al lado de ellos con Rosalie sentada en uno de los brazos, Y Jasper y Alce estaban lado a lado en el sofá. ME acomodé en una silla disponible.
—Parece estar bien; está dormida —les dije. Nadie comentó nuestra plática de hacía un rato, pero Esme estaba pensando en eso. Pensaba que Bella era valiente, arriesgando todo por amor. Yo estaba más inclinado a estar de acuerdo con Rosalie; ella pensaba que Bella era demente y estúpidamente temeraria. Sin embargo, debía reconocer que no estaba en posición de quejarme. Lo que fuera que hacía a Bella arriesgarse conmigo, debía estarle agradecido.
—Me alegra que no esté más lastimada —murmuró Esme—. Pudo ser mucho peor.
Me estremecía ante las variadas imágenes mentales que los otros consideraron como "peor". Mientras la definición de Rosalie de lo peor, Bella convertida en vampiro, era ciertamente interesante, hubiera preferido no imaginar más dolor del que ya ella había sufrido.
—Pudo haber sido mucho peor —repitió Jasper. Estaba frustrado; no le gustaba ser superado por ningún enemigo y se sentía impotente. Alice, a su lado, era un manojo de culpa, convencida de que había obviado algo crucial en sus visiones.
—No es su culpa —les dije a ambos—. James y Victoria hicieron un reconocimiento de nosotros, sabían sobre tu don, Alice, y sobre el mío. Así es que nos evadieron.
Rosalie estaba ceñuda, pero por esta vez, no estaba dirigido a mí. Estaba repasando en su mente todas las conversaciones de ayer, buscando los momentos en que nos delatamos. —Eso no tiene sentido. Pueden haber descubierto las habilidades de Alice por lo que dijimos… pero no las tuyas, Edward.
Quizá te estuvieran siguiendo por más tiempo del que suponías.
—Mierda —susurré, dándome cuenta de que tenía razón. Si sabían de mi habilidad desde antes de ayer, entonces podrían haber controlado los pensamientos que me permitían escuchar. No había forma de saber qué era cierto y qué era actuación.
—¿Qué? ¿Qué está pasando? —preguntó Emmett impaciente. No le gustaba ser dejado por fuera.
—debieron estarme siguiéndome desde antes de que viniera a Forks. No sé cuándo, o por cuánto tiempo, pero no pueden haber descubierto lo que puedo hacer anoche…
—¡Oh! —Suspiró Alice—, ¿Te habrán escuchado ayer cuando le explicabas a Bella?
Me sentí incómodo, enterándome de que Alice había visto todo lo que pasara entre Bella y yo antes de que viniéramos a Forks, y aun más incómodo ante la idea de que tuviéramos una audiencia más amplia.
—No sé… no estaba poniendo atención a nada fuera del apartamento. No veo cómo, si… era un día soleado…
—Siempre hay modos de evadir eso —señaló Alice—. La ropa cubierta sería muy conspicua en esta época del año. Y ayer también le dijiste a Bella sobre mí; pueden haberlo descubierto entonces. Debe haber sido así, o yo hubiera podido verlos decidir venir.
—¡Maldición! —espeté—. Muy bien, ya James no es un problema. ¿Qué irá a hacer ella ahora?
—Tu suposición será tan buena como la mía —dijo Alice apesarada—. Recibo un flashazo aquí y allá pero luego se desvanece. Claramente, su don es la evasión.
—Debe ser, para escapársenos —Jasper gruño, los brazos cruzados sobre su pecho a la defensiva—. La teníamos acorraladas, y de pronto, su rastro desapareció. Nunca había visto algo así.
Fruncí el entrecejo. —Aún no entiendo qué es lo que quiere. Si está detrás de mí, ¿por qué hasta ahora? Han pasado ochenta y ocho años.
—Quizá… ¿te perdió el rastro y hasta ahora se topó contigo de Nuevo? —Musitó Carlisle—. Aunque, ahora que has matado a su pareja, sus planes pueden haber cambiado.
—No estoy seguro —dije, considerando lo poco que pensaba saber de ellos—. Él parecía mucho más posesivo con ella que ella con él. No estoy seguro de que busque vengarse, no con tantos oponentes en su camino.
—Puede buscar un reemplazo —dijo Jasper—, y tú serías ideal para eso, ¿no? Ella te convirtió, después de todo.
Me estremecí internamente ante la idea de tener cualquier tipo de relación con Victoria. —No estoy seguro de qué hacer ahora —admití, viendo a mi rededor los preocupados ojos que me observaban—. No puedo dejar a Bella sola ahora, pero…
—Ni se te ocurra pensarlo —dijo Alice, viendo lo que estaba considerando—. Sólo porque Victoria te quiera, no significa que Bella estaría más segura si te vas. Podría usarla para llegar a ti, fácilmente. Además, Bella estaría furiosa si tratas de dejarla con nosotros.
Esme arrugó la frente, molesta con el rumbo que tomaron mis pensamientos. —Edward, Bella te necesita ahora. Lo mejor que puedes hacer por ella es ayudarla a vivir lo más normalmente posible. Llevarla de regreso a la universidad. Nosotros ayudaremos a protegerla, a protegerlos a ambos.
Unos cuantos cabeceos de asentimiento acompañaron su pronunciamiento; no de parte de todos, pero fue suficiente. —Gracias —murmuré, sobrecogido. Era extraño, pero agradable, tener personas a quien acudir en momentos de problemas. En realidad, era extraño tener problemas del todo. Nunca jamás pasó nada para alterar mi existencia hasta que apareció Bella… pero ahora veía por qué la gente está dispuesta aceptar las buenas y las malas.
—Jasper y yo podríamos regresar con ustedes —ofreció Alice—. Podríamos conseguir un lugar cercano, mantener los ojos abiertos. Creo que sería divertido regresar a la universidad.
—Si eso te hace feliz, desde luego, no me negaré. No estoy seguro de poder dedicarle el tiempo necesario a este problema mientras Bella este sanando.
—Es un hecho, entonces —dijo Alice feliz—. Empezaremos a empaca ahora, y podemos volver cuando Bella despierte esta tarde. Vamos, Jasper.
La minúscula hada arrastró a Jasper arriba, donde pronto se escuchó el sonido de las maletas que estaban siendo empacadas. Me senté con los otros sin poder hacer nada, vagamente consciente del constante latido del corazón de Bella dos pisos arriba.
—Trata de no morir de preocupación —me recomendó Carlisle—. Sólo cuida a Bella; es lo más que puedes hacer ahora.
Varias horas más tarde, la casa estaba en silencio. Bella continuaba dormida, y todo el mundo andaba en sus asuntos. Alice y Jasper habían terminado de empacar a la velocidad e la luz, y Jasper había ido a cazar antes de mudarse. Emmett y Rosalie optaron por ir con é, y Carlisle se marchó a su turno en el hospital. Esme estaba en la cocina preparando comida para Bella, ya que ella no iba a poder preparase nada en un tiempo, y yo ciertamente no sería de ninguna ayuda en ese departamento.
Deambulé escalera arriba para hablar con Alice. Estaba de pie frente a su closet, contemplando su contenido como si contuviera las respuestas sobre el significado de la vida.
—Voy a tener que hacer unas cuantas compras —suspiró sin volverme a ver—. Toda mi ropa de invierno es de la temporada pasada.
—Claro… —no podía distinguir qué eran la mitad de las cosas de su closet, menos aún si se consideraban a la moda.
Alice se volteó abruptamente, portando una expresión seria. —Querías decirme algo.
—Sí —confirmé divertido —¿Debería siquiera molestarme en decirlo, o ya lo has visto todo?
Sonrió de oreja a oreja. —No puedo saber qué vas a decir hasta que eliges tus palabras. Todo lo que habías decidido decir antes de venir era: "Hay algo que necesito decirte."
—¡Ah! Bien, es sobre James. Me reveló que te conoció cuando eras humana —dije. Alice esperó en silencio, inmóvil, mientras le explicaba el role que James había jugado en su creación, y por qué se había despertado como un vampiro, sola y sin recuerdos.
Traté de mantenerme fuera de su cabeza mientras procesaba la nueva información, pero era muy difícil cuando eran tan similares a los míos al enterarme de lo de Victoria.
—Pensé que sentiría algún tipo de alivio si algún día me enterara de cómo fui transformada —suspiró, sus ojos distantes—. Pero ahora que sé, no estoy satisfecha. Es como si…
—Hay más preguntas que respuestas —terminé por ella, entendiéndola perfectamente.
Me dio una sonrisa compungida, apreciando la solidaridad. —Exacto.
—Es como si fuéramos de la misma familia disfuncional —bromeé, tratando de alivianar el ambiente. Pero su mirada era solemne cuando respondió.
—Lo somos, Edward… y ahora eres parte de esta familia, también.
No sabía qué decir a eso, pero no estaba esperando una respuesta.
—Bella está por despertar —anunció—. Estará más feliz si estás ahí cuando lo haga.
Con eso, salió danzando del cuarto como el torbellino que era. Sólo sacudí mi cabeza y subí. Claramente, me iba a tomar un tiempo acostumbrarme a tener "familia".
