Capítulo 24

La Familia Malfoy

Lucius Malfoy escupió el vino que estaba tomando cuando su hijo le dio la terrible noticia. Había querido estrangularlo, pero era su primogénito y, aunque quisiera negarlo, en esos momentos era la cabeza de su familia. Su hijo era calculador, era frío cuando se necesitaba, era… era todo un Malfoy, a excepción cuando estaba enamorado y, ahora, veía que lo había heredado a su propio hijo.

-¡Draco Lucius Malfoy Black! –su hijo se encogió en su lugar cuando escuchó su nombre completo en labios de su ascendiente- ¡Cómo demonios has permitido que esto haya llegado al punto en el que está! ¡Primero tú! Con eso, bueno, estuve conforme porque estás casado con Astoria, pero Scorpius… ¡Scorpius!

-Bueno, no puedo mandar…

-¿No puedes mandar?

Draco tragó saliva audiblemente.

-Quería que mi hijo fuera feliz. No te miento que Astoria es una excelente mujer y la quise, pero nunca la amé. Yo entiendo que tú aún amas a mi madre, pero quise que Scorpius decidiera por sí mismo con quién estar, porque nuestra familia no admite los divorcios. Quería que hiciera las cosas bien.

-Y a esto le dices bien –Lucius entrecerró los ojos.

-Quizá no, pero están felices, ¿puedes aceptarlo por ésta vez, padre?

Lucius dejó escapar un suspiro, mirando después a su hijo.

-Ya déjalo, Lucius –Narcissa Malfoy sonrió-, no puedes desaparecer a Albus Potter por tu orgullo. Además es mejor que se relacione con un Potter que con una Weasley. Dile a Scorpius y a Albus Potter que lo que necesiten con gusto pueden pedirme y preguntarme.

-Gracias, madre, tú sí eres amable, no como otros que conozco.

Lucius masculló por lo bajo algo inteligible para su hijo.

La Familia Potter/Wasley

Molly y Arthur Weasley, al igual que toda su estirpe, miraban con incredulidad a Albus después de haber dado aquella impactante noticia. Scorpius Malfoy yacía colgando de un pie por una maldición que Bill le había mandado. Ron intentó detenerlo, pero fue tarde.

-¿Qué dijo tu padre? –Ginebra Weasley fue quien habló, mirando con enfado a Scorpius, aunque era claro que a quien se había dirigido era a Albus.

-Bueno, también intentó lanzar una maldición a Scorpius por ello, pero lo aceptó más bien que ustedes.

-Sí, por obvias razones –volvió a decir Ginny-, pero bueno, suéltalo, Bill, no ganamos nada con enfadarnos.

Lily no se pudo contener de la emoción, sonriendo a su hermano, mientras Scorpius caía al suelo con estrépito.

-Yo también quiero casarme –dijo la chica con un puchero-, pero Joshua no me ha propuesto matrimonio.

James y Albus sonrieron con condescendencia al escuchar decir aquello a su hermana menor.

-Ouch… -Scorpius se quejó, incorporándose-… ¿entonces tenemos su bendición?

Ginny entrecerró los ojos, pero después dijo como si no importara.

-Sí, ya pueden casarse, porque piensan invitar a toda la familia, ¿verdad?

Ambos chicos asintieron, sintiéndose intimidados por todos.

-Les deseo entonces felicidad, ojalá su matrimonio perdure hasta que la muerte los separe. Cualquier cosa que necesites, pequeño Albus –Ginny acarició con suavidad el cabello de su hijo-, nosotros estaremos más que gustosas en ayudarte –señaló a todos sus familiares presentes-. Recuerda que con constancia, con perseverancia, con paciencia y con amor, serán capaces de salir avante con todo.

-¿Y cuándo es la boda? –Bill amenazó a Scorpius.

El rubio sonrió con condescendencia.

-Dentro de un mes exactos –el rubio comenzó a sentir cómo el sudor frío recorría su espalda-, pero obviamente me haré cargo de la situación con mi familia. Mi padre lo tomó relativamente bien, seguro mi abuelo no, pe…pero ya lo habrá de aceptar. Amo a Albus, demasiado, daría mi vida por él. Se…señora Potter, será un placer que nos ayudara a realizar los arreglos correspondientes, junto a mi madre.

Albus abrió los ojos como platos. ¿Junto con Astoria Malfoy?

-Eso será interesante –sonrió la pelirroja con cierta malicia.

Astoria Malfoy

Toda su vida había estado preparada para cumplir con el rol de esposa perfecta. Su familia era de rancio abolengo dentro del mundo mágico, caracterizada siempre por su sangre pura. Ella era una mujer hermosa, por eso Draco Malfoy la había elegido, pero no sólo por su increíble atractivo, sino también por su cerebro. Si bien, había sido designada para estar en Slytherin, el sombrero había titubeado al quererla colocar en Ravenclaw, por su inteligencia.

Su esposo y ella se habían distanciado cuando él comenzó a salir con Harry Potter, ya que, si bien la había engañado una que otra vez, siempre volvía a ella, pero era más que obvio que ya no sucedería, porque él estaba completamente enamorado. El divorcio no era factible entre sus familias, no podrían separarse, así que tuvo que aceptar fingir continuar al lado de una persona que ya no la quería, pero al que ella le guardaba un profundo cariño al ser el padre de su hijo y un buen amigo.

Ahora, que su atractivo esposo le mencionaba la repentina decisión de su querido hijo Scorpius, tenía sentimientos encontrados.

-¿Qué yo tengo que organizar una boda junto a Ginebra Weasley?

No quería que sonara molesta su voz, pero no había podido evitarlo. ¿Acaso estaba demente su esposo?

-Albus Potter es un caballero, ¿pero estás seguro que Ginebra Weasley estará bien con eso?

-Bueno, la verdad no sé en qué estaba pensando Scorpius –Draco partió con suma delicadeza sus hot cakes y se los metió a la boca-, Ginebra es una mujer sensata, pero algo bipolar. Me mira como si yo tuviera la culpa.

-Sí la tienes –dijo Astoria, mirando con resentimiento a su marido-, tú tienes la culpa por enamorarte de Potter.

-No puedo argumentar nada a mi favor en ésta ocasión, tienes la razón.

La pelinegra miró con algo de agrado hacia su marido y él parpadeó, con algo de desconcierto.

-¿Cómo crees que serán nuestros nietos?

-No lo sé –dijo Draco con una sonrisa-, ¿perfectos? Son Malfoy, después de todo.

-Ja, ja, ja… -ella rio un poco-… serán una mezcolanza de familias, Weasley, Greengrass, Malfoy, Potter…

-Todo estuvo bien hasta que mencionaste a los Weasley.

-Los Weasley son una familia antigua también.

-Eso no les quita que no me agraden, si a Scorpius casi lo asesinan cuando anunció sus planes de boda, no sé qué van a hacer conmigo.

-A empalarte, a torturarte hasta la inconsciencia –Astoria comenzó a reír al ver la expresión de su marido-, debería de ayudarles yo también.

-Astoria –el rubio entrecerró los ojos-, no es gracioso.

-Para ti no…

Ella rio un poco más, pero de verdad estaba un poco nerviosa, ¿su hijo y su novio podrían casarse sin problemas?


Astoria se encontraba sentada en una mesa dentro de un reconocido establecimiento en el mundo mágico, en donde se servían bebidas y comidas muy sabrosas. Draco le había pedido de favor que ella se hiciera cargo de las finanzas para los preparativos de la boda, porque tenía mucho trabajo en el ministerio.

Ella misma pensaba que era una locura que Ginebra Weasley y ella se hicieran cargo de la boda, pero su hijo le había dicho que sería mejor que ambas familias se pusieran de acuerdo, así que tuvo que aceptar a regañadientes. No pudo negarse, nunca había visto a Scorpius tan feliz, sonriendo como un estúpido tan sólo al evocar aquel momento tan especial en la vida de él y de su pareja sentimental.

-Perdón por llegar tarde.

La voz de Ginebra sonó frente a ella, era una bonita mujer de cabellos pelirrojos, quien le miró con agrado, mientras se sentaba frente a ella, tomando la carta y señalando lo que deseaba.

-No pasa nada -dijo Astoria, tratando de sonreír-, se me fue rápido el tiempo.

El silencio las envolvió, sobre todo cuando aparecieron la bebida y comida que había solicitado Ginebra.

-¿Ya has pensado cómo será la boda? –preguntó Ginny.

-Me gustaría que fuera lo más tradicional posible –contestó Astoria-. Scorpius me advirtió que quiere que sea privada, sin invitaciones a terceros.

-Bueno, es que es un momento importante, molesta que haya tanta gente que no conoces –Ginny sonrió con tristeza-. Mi boda fue también muy familiar, sólo nosotros y mi familia.

Astoria sonrió con agrado hacia la pelirroja.

-Sí, es el momento más bonito y piensas que va a durar por toda la eternidad, pero bueno, yo ya estaba mentalizada para el engaño, pero supongo que tú no.

-Mi familia es normal, no como la Malfoy –Ginebra hizo un puchero y se cruzó de brazos, recargándose en el respaldo de la silla.

-Sí, qué envidia.

-¿Aún… -la pelirroja dudó en preguntar-… sigues queriendo a Malfoy?

-Yo siempre lo he querido –dijo Astoria-, pero ya no lo amo. Sonará extraño, pero somos muy buenos amigos.

-Qué enferma suena su relación –Ginebra le dio una probada a su café.

-Hay una regla entre nuestras familias, no nos podemos divorciar, así que no ganamos nada con enojarnos.

-Eso no le va a agradar a Harry –dijo Ginny-, él es muy posesivo, no le gustaría compartir a Malfoy.

-Tristemente para él, pero no es mi problema –Astoria sonrió con satisfacción, por lo menos aún tenía algo que Potter jamás tendría-. Aunque tengo una relación con otro hombre desde hace algunos años.

La pelirroja abrió los ojos con sorpresa.

-¿Fue cuando Harry y Malfoy…?

-Bueno… -Astoria sonrió, con algo de melancolía-… me di cuenta que Draco lo quería demasiado y después tuve que aceptar que él estaba enamorado. No estaba buscando una pareja cuando apareció Friedrich, pero una cosa dio a la otra y…

-¿Lo amas? –preguntó Ginny.

Astoria sólo sonrió, dando un sorbo a su té.

Ginebra sonrió con algo de gracia, comenzando a contarle los pormenores de lo que seguramente sería una de las bodas más sencillas entre las familias de más alto rango dentro del mundo mágico.