Capítulo 25
Como policía, llevaba años tomando decisiones complicadas, pero ninguna de ellas lo fue tanto como el dejar marchar a Eren a kilómetros de distancia. No compartir lazos de sangre jamás fue un impedimento para amarlo como a un hijo, y como a todo hijo, no era sencillo dejarlo sin protección a tan temprana edad. Mucho menos si padecía de una enfermedad. Sin embargo, no fue sino después de un par de meses llenos de preparativos, que aceptó la idea de que él se iría lejos.
Luego de una serie de trámites, el grupo médico a cargo de Eren contactó a quienes se harían cargo del menor en Estados Unidos. El proceso de traslado no fue tan engorroso como sí lo fue el financiamiento de una vivienda, estadía y gastos del tratamiento al cual se sometería. La remuneración de un oficial de policía no era suficiente y cuando su tutor empezada a perder la fe en el traslado, Hanji se encargó de salvarles.
La cuenta de ahorro de Grisha pasó a las manos de su hijo gracias a la intervención de la castaña. En ella encontraron más del monto necesario para todos los gastos y una vez adquirida la propiedad donde Eren se hospedaría, sólo faltó comprar el pasaje que lo llevaría a ese nuevo sueño.
Con sus maletas listas y una sonrisa que ocultaba inseguridades y temores, abandonó todo lo que conocía al dejarse llevar por su deseo de vivir.
Esperanza.
Era todo lo que poseían y a lo cual se aferraron desesperadamente al momento que su pequeña familia dejaba marchar a uno de sus integrantes.
Una casa de un solo piso, con un jardín tan abundante en plantas, árboles y flores como lo era su antiguo hogar, y un suelo de madera que en el silencio dejaba apreciar su melodía tras los pasos de quienes rondaban las cuatro habitaciones, se convirtió en su nuevo refugio. Pero la desolación se acomodó dentro de esas paredes tan pronto como fueron pasando los días.
Compartir ese espacio con las cuidadoras que enviaban del hospital no le generaba más que soledad, y, pese a que Levi se esforzaba por visitarlo todos los días y acompañarlo al hospital, no conseguía llenar por completo el enorme vacío del menor. Cada noche esperaba con ansias la hora para hablar con su familia a través de la computadora, incluso Armin se preocupaba de mantener contacto a pesar de que la filosa mirada de Levi a espaldas del castaño, consiguiera darle escalofríos al vigilarlo. Y cuando empezaba acostumbrarse a la idea de que no los vería en mucho tiempo, recibió la visita sorpresa de su familia en vísperas de navidad y año nuevo. Repitiéndose así año tras año sin falta…
Mi madre solía decir que el tiempo no esperaba a nadie, que debía sonreír y luchar cada día como si fuese el último, y yo, como un niño, sonreía al no comprender sus palabras.
Madre… el tiempo es más rápido de lo mencionabas, y es imposible detenerlo.
7 años después…
Con el suave desliz de su mano sosteniendo un pincel, la pálida tela adquiría color, y con sucesivos movimientos, la idea en su cabeza se plasmaba frente a sus ojos. No importaba lo mucho que repitiera el momento, siempre había un mundo nuevo que explorar con sus brazos extendidos como alas a través del cuadro sobre el caballete.
Esta vez unos suaves golpes detuvieron su viaje y dejándolo de lado, dirigió su mirada en dirección contraria al cuadro para atender el llamado.
-¿Sí? -preguntó sin levantarse de su asiento.
De inmediato se abrió la puerta y un rostro familiar se asomó.
-Eren, debo ir a la facultad por unos libros, no tardaré -dio aviso una voz suave.
-Todo este tiempo y no cambias-suspiró junto a una leve sonrisa- Estaré bien Mikasa. No me quedaré solo, la señora Miller se encuentra aquí, además…-miró el reloj en una esquina de la pared de su cuarto-Levi debería llegar en cualquier momento…
-No tardaré. Si ese enano no llega llámame-dijo esto último con su mirada ensombrecida-
-Sí, sí-respondió con ironía-Vete antes de que cierren la biblioteca.
Acomodando su bufanda, la chica se despidió y cerró la puerta tras marcharse.
Si cerraba sus ojos podía escuchar el canto del suelo tras los pasos de su hermana que se perdieron al cruzar la puerta principal. Y antes de volver a ocuparse de su cuadro, cerró sus ojos y con su mentón en alto, llenó sus pulmones de aire para luego dejarlo escapar junto a muchos de sus recuerdos.
En su mente, todas esas imágenes almacenadas en su memoria eran recientes. Pero los hechos hablaban por si solos, y con 23 años recién cumplidos, no había espacio para las dudas.
Una vez en el nuevo país, de lo único que se tuvo que preocupar fue de presentarse a chequeos y exámenes semanales. Hubo ocasiones en las cuales su cuerpo reaccionaba de forma negativa a los medicamentos de prueba y debía quedarse en el hospital. Por esas razones y otras, la vida de un estudiante tuvo que ser olvidada para dedicarse plenamente a su salud. Sin embargo, no todos contaban con su suerte y al cabo de unos años, su hermana y su mejor amigo egresaron y tomaron un nuevo rumbo en sus vidas.
Mikasa apuntó a enfermería en una universidad de Estados Unidos que se encontraba en la misma ciudad que su hermano. Llevaba cinco años viviendo junto a Eren y estaba a punto de conseguir su título universitario. Mientras que Armin, había decidido estudiar ciencias políticas en Francia y al igual que la pelinegra, se encontraba a punto de finalizar.
Hannes no dejó de trabajar como oficial de policía, incluso había aumentado su rango y siempre tenía muchas historias interesantes que contar. Pese a la distancia y al trabajo, tanto él como Armin se preocupaban de viajar todos los años para visitar al castaño y pasar tiempo en familia.
Cada uno de ellos había tomado rumbos diferentes y llenos de cambios. Su entorno se encontraba en constantes transformaciones y no lo podía negar. Nada de ello conseguía descongelar la imagen en la que se había convertido, ya que incluso aquella persona se hallaba fuera de su alcance.
-Eren-llamó una voz ronca del otro lado de la puerta de su cuarto.
Al reconocer la voz que llamaba del otro lado abrió sus ojos y abandonó sus pensamientos para responder:
-Adelante-le invitó a pasar.
La puerta se abrió con suavidad y una señora de 76 años se mantuvo de pie bajo el marco de la puerta. Antes de decir lo que tuviese en mente, el cuadro secuestró los ojerosos ojos de la anciana como solía hacerlo cada vez que lo encontraba pintando. Ella observaba maravillada y en silencio. Jamás expresaba una opinión y luego proseguía:
-El señor Levi acaba de llegar. Es hora de que me vaya-informó con una sonrisa.
-De acuerdo. Como siempre, muchas gracias-se despidió con una sonrisa y sin preocuparse de si aún se encontraba allí, buscó rápidamente la caja de sus pinceles hallada al lado de sus pies.
Moviendo pinceles de un lado a otro, buscó algo con lo que limpiar sus manos llenas de pintura hasta encontrar un pedazo de tela andrajoso y cubierto de manchas coloridas. Antes de que llegase a limpiar alguno de sus dedos, se crispó al oír el suelo cantar bajo los pies de quien ingresaba a la habitación.
-E-espera, enseguida ordeno-dijo el castaño mientras intentaba desesperadamente limpiar sus manos.
-Aunque lo intentes, tu habitación continuará desordenada-respondió, advirtiéndole que se encontraba justo por sobre la cabeza del menor.
Sorprendido, Eren hizo su cabeza hacía atrás en un susto. Llevaba años junto a esa persona como para saber que no le agradaba el desorden y la suciedad. Sin embargo, en lugar de llevarse un regaño, se encontró con unos finos ojos grises que se acercaban a medida que se encorvaba hacia el castaño. Y antes de poder emitir alguna queja, una mano sostuvo su mandíbula y le prohibió escapar de aquellos labios que secuestraban los suyos en un suave beso.
No había duda, incluso si su rostro ya no era el de un niño, Levi conseguía que sus mejillas se sonrojaran y que su corazón se acelerara al igual que uno. Sin soltar su rostro, el azabache liberó sus labios y juntó sus frentes para verle a los ojos.
-Hueles a pintura-notó Levi.
-Lo siento, no tuve tiempo de ordenar-se disculpó Eren, notando el aroma a pintura que no conseguía sobreponerse al del azabache.
-Da igual-dijo al separar sus frentes-Será mejor que te apresures, no quiero terminar en el último subterráneo.
-Lo sé-respondió de inmediato.
No se preocupó de ordenar sus materiales antes de ir en busca de ropa de cambio. Hacerlo le haría perder tiempo y Levi no quería perderlo.
Mientras buscaba algo en el interior de su closet, se percató de la presencia del azabache que se mantenía de pie justo tras su espalda. De seguro estaba enojado por el desorden y el que no estuviese listo para salir, al menos eso creyó al momento de voltear y encontrarse con el serio rostro de Levi.
-Eh, ¿ocurre algo? -preguntó mientras buscaba evadir los ojos grises.
Levi se mantuvo en silencio. Con su mirada recorrió el cuerpo del castaño de punta en punta, ocasionando que éste se pusiera nervioso. Luego de unos segundos, lo liberó de sus ojos y molesto, se hizo a un lado.
-Tsk, deberías dejar de crecer, si sigues así no podrás utilizar ninguna puerta-expresó en un tono molesto-
-No es mi culpa-respondió el castaño un tanto agobiado.
-De todos modos, es molesto-sostuvo, y de brazos cruzados se sentó sobre la cama del menor.
De lejos podía notar el descontento sobre el rostro del azabache, y aunque tenía la oportunidad de alargar la discusión, se abstuvo para ir a cambiar de atuendos al baño. No tenía ánimos de entrar en una disputa sabiendo las reacciones de Levi.
Sin tardar ni un segundo más, cambió sus ropas y dejó las sucias en el cesto a un costado del mesón del lavamanos. Luego, abrió la llave del agua y limpió toda mancha de pintura que se pudiese encontrar en su rostro con la ayuda del espejo en la pared. Al pasar sus manos por sus facciones notaba cuánta razón tenía Levi al decir lo mucho que estaba cambiando. Nada en él era como antes. Sus pómulos sobresalían mucho más, su mentón se dibujaba perfectamente y su nariz había crecido lo suficiente como para dejar atrás a su imagen infantil. Incluso su cuerpo y su estatura habían cambiado; si el primero había ganado masa muscular, el segundo alcanzaba el metro ochenta, superando a Levi por 15 centímetros. Y aunque de estatura siempre hubiese llevado la delantera, todos estos cambios de los cuales Levi siempre se quejaba, le preocupaba que lo alejaran de su lado al haberse convertido en algo muy distinto a lo que conoció.
Al terminar con su rostro, ordenó su cabello y colocó sobre su cuello un poco del perfume que le había regalado Armin para navidad. Levi también se quejaba del perfume, pero el que había recibido de su parte ya se había acabado y no pidió uno nuevo.
Ya acabando todo, revisó que todo estuviera en completo orden y salió del baño. Levi lo esperaba en el pasillo y pudo notar que el olor del perfume, era el regalo de Armin. Con una mueca en sus labios, su descontento quedó al descubierto y dijo:
-¿Estás listo? -preguntó Levi, ignorando su disgusto.
-Sí-respondió- ¿Estas molesto?
-Tch-caminó por delante del castaño hasta la puerta de entrada para girar la manilla y abrirla- Vamos o se nos hará tarde.
-Sí, vamos-responde desganado al notar la molestia de Levi-
Después de que Mikasa llegara a la casa donde se hospedaba Eren, Levi consiguió el permiso de Hannes para trasladarse al mismo hogar con la mera excusa de serle de ayuda al castaño y los gastos de la casa. A la chica no le agradó para nada compartir techo junto a él, y era casi imposible encontrar un tiempo a solas junto al castaño debido a la excesiva vigilancia de parte de la pelinegra. Pero después de unos años la costumbre les llevó a convivir en paz en medio de una guerra fría. Y así como ella tenía llaves de la casa, el azabache también y las usó para asegurar todo al salir junto al menor.
Al exterior se hallaba un coche azul marino aparcado a un costado de la calle. El color y el modelo fueron elección del castaño, quien sin saber absolutamente nada de la industria automotora, escogió uno pequeño con la tonalidad que le recordaba al océano.
Levi se acercó a abrir la puerta del copiloto e invitó al castaño a tomar asiento para después subir del otro lado. Encendiendo el motor y dándole una última mirada al menor, dio marcha hacia el hospital.
Como su amigo y su hermana, el azabache también continuó sus estudios y después de haber cursado cinco años de estudios básicos en la universidad, decidió especializarse en medicina interna. Gracias a su rendimiento académico y el gran potencial que alababan sus profesores, su petición de quedar bajo la tutela de uno de los médicos que se encargaban de Eren fue aceptada sin mayores problemas. Visitar el hospital se volvió mucho rutinario, y con la paga que recibía fue posible comprar un coche que le permitiera trasladar al menor con mayor facilidad. Sin embargo, el tiempo libre que tenía para dedicarle al castaño era muy escaso y aunque llevara tres años tratando diferentes casos en el hospital, aún no se le permitía ser parte del caso de Eren.
-Si todo sale bien, ¿Hay algún lugar donde quieras ir después del hospital?- preguntó el azabache, sin apartar sus ojos de la autopista.
-¿No debes volver después? -quiso saber el castaño.
-Puede decirse que es mi noche libre.
-¿En serio? -dijo tratando de ocultar su entusiasmo. Aunque la ausencia de Levi le hiciera sentirse solo, se restringía de expresarlo con tal de no darle más preocupaciones-¿Puede ser donde yo quiera?
-Mientras sea en la ciudad y sin peligro-sus condiciones fueron suficiente para generar un descontento en el castaño.
Aunque los años hayan pasado, el peligro para Eren continuaba siendo el mismo. Varias veces exigió ver el océano o simplemente alejarse de la ciudad por unos días, no obstante, alejarse tantos kilómetros del hospital donde se hallaba el equipo médico, era un riesgo que nadie estaba dispuesto a correr.
-¿Quieres cenar fuera?, ¿ir al cine?, ¿hay algo que necesites?-insistió Levi ante la nula respuesta del castaño.
-No-respondió desanimado- ¿Podemos ir al lugar donde me llevaste en mi cumpleaños pasado?
-Es un poco lejos para ir ahora.
-Mientras sea en la ciudad y sin peligro, tú lo dijiste-le recordó el menor.
Suspirando y admitiendo la derrota, dirigió su molesta mirada hacia el castaño por unos segundos y volvió a la autopista.
-Me arrepiento de haberte enseñado ese lugar. Pero sólo será por unos minutos -le informó molesto, la idea de perder no le agradaba. Ni siquiera con Eren.
-Gracias-sonrió y tras observar su concentración en la autopista, regresó su atención en la ventanilla del coche.
Los grandes rascacielos empezaban a camuflarse en medio de las sombras del crepúsculo, que avanzaban junto al movimiento del coche. Pese al tráfico, la luz anaranjada de la tarde acariciaba su tez morena y le brindaba la energía de sus rayos. Para el castaño daba igual cuanto se pudiese tardar, daba igual con tan de llenarse de la vida que había a su alrededor. Pero lo sabía bien, el tiempo no se podía detener y en pocos minutos, llegaron a su destino.
A diferencia de antes, el personal del hospital acostumbraba de saludarlos cuando les veían por los pasillos. No había excepción, tanto enfermeras, doctores y personal de aseo los conocían y eran amables con el castaño. Pero para Levi era distinto, él también recibía la gratitud y el cariño de sus pacientes, y eso era algo que no pasaba desapercibido por el castaño. Ver a gente de todas las edades agradecerle tanto le ponía los pelos de punta, y a su vez, se preguntaba qué se sentiría serle de ayuda a alguien en vez de ser quien siempre la necesitara.
El camino a la sala donde lo examinaban lo tenía grabado en su memoria. Y cómo no, si debía venir todas las semanas e incluso todos los días cuando su condición comenzaba a empeorar. Una vez allí, se sentó en los asientos del pasillo junto a Levi, a esperar por alguno de sus doctores.
Su grupo de médicos constaba de cuatro profesionales, de los cuales se turnaban para los controles y rara vez se les veía a los cuatro juntos. Levi los conocía a todos, pero simpatizaba mucho más con aquel que se había convertido en su tutor en este lugar. En cambio, para el castaño fue muy difícil relacionarse con ellos sobre todo en un principio.
El término de "médico" no era igual, no después de haber visto a su padre-un exitoso profesional en el área de la salud-convertido en el monstruo que lo transformó en lo que hoy es. No era fácil volver a confiar en nuevos doctores. Además de ello, no manejaba el idioma nacional y aunque dos de ellos supieran una que otra palabra en alemán, no había mayor comunicación hasta después de ganar confianza y habilidades para el inglés.
En menos de cinco minutos, la puerta a su lado se abrió y uno de sus doctores salió a su encuentro:
-Hola Eren-acarició su cabello-Levi-tendió su mano en son de saludo hacia el azabache.
-Hola-respondió el menor mientras sus mayores se daban un apretón de manos.
-¿Entramos?-los invitó.
Al ingresar en la sala, el castaño supo qué hacer. Siempre era lo mismo y hacerlo rápido le ayudaría a salir pronto de allí. Con Levi a su lado podía confiar en que no le harían daño y sabía que harían todo lo posible para ayudarlo, pero su desagrado hacia los hospitales nadie lo borraría.
Cada vez que tenía control o la entrega de alguno de sus exámenes, Levi entraba en una larga conversación junto a los encargados. Sobre todo, si uno de éstos se trataba de su tutor, como lo era ahora.
En medio de todo un equipo de destacados profesionales, se hallaba Heather Farías. Una mujer de 42 años, de tez más morena que la del castaño, cabellera oscura y rasgos latinos. La tutora de Levi y la doctora en la que más confiaba Eren.
-Bien Eren, Levi tiene tiempo libre para ti hoy y tu cuerpo ha respondido bien a los últimos tratamientos, ¿por qué no le pides que te lleve de paseo? -le dijo la mujer, en cuanto terminó de hablar con el azabache.
-Le pedí que me llevara a la playa-acusó el menor.
-Y no lo haré-se negó nuevamente.
-Por ahora es preferible que estés cerca del hospital. Aunque haya en otras ciudades, debes contar con nosotros-apoyó la postura de Levi, ocasionando que el castaño bajara su mirada llena de frustración-Pero, es algo que podemos proponernos. Si todo sigue así de bien, estoy segura que podrás ir un día a la playa-dijo con toda sinceridad.
-Bueno-aceptó Eren.
-Bien, vayan a pasear por ahí-les guio hasta la puerta.
-Gracias por todo-se despidió el menor, siendo el primero en salir de la sala.
-Nos vemos mañana-se despidió Levi.
-Tengan una linda noche-se despidió con una sonrisa.
No había nada más agradable para el castaño que salir de allí. A través de los ventanales del edificio, podían ver el cielo nocturno que ya cubría toda la ciudad.
A medida que pasaron los años y Levi se convertía en médico, las restricciones aumentaron y si en un principio él fue quien le sacó de su encierro, ahora se negaba a que se alejara mucho. Era frustrante. Fueron muchas las discusiones que tuvieron y en las cuales Levi prefería callar e irse antes de exaltar al castaño.
Por un momento creyó que Levi se rehusaría a llevarlo al lugar que había prometido debido a la hora, y al llegar al coche, estaba listo para luchar por que cumpliera con lo prometido:
-¿Iremos? -preguntó el menor.
-Te dije que iríamos, pero sólo unos minutos-respondió.
-¡Vamos! -dijo con entusiasmo.
Al ver ese destello en el castaño, le fue imposible ocultar la alegría por medio de una sonrisa. Gran parte del tiempo se encontraba con el malhumor, desgano y rabietas de Eren. Era lo más preciado en su vida, la razón por la cual había luchado todos estos años y por la que continuaría luchando. No estaba dispuesto a ponerlo en riesgo, aun si eso significaba ir en contra de sus deseos.
Mientras Levi conducía, Eren se encargó de mandarle un mensaje a Mikasa para avisarle que llegarían más tarde a casa. La chica no se lo tomó bien y de inmediato exigió que le confesara su paradero. Pero era imposible, sólo Levi lo sabía con exactitud y con toda la oscuridad que los rodeaba, no podía descifrarlo. Lo único que veían sus ojos era el camino de tierra iluminado por el coche que subía las cuestas en zigzag, y una vez arriba, árboles que escondían sus misterios en la oscuridad y les rodeaban por todos lados.
Cuando el motor se detuvo, los músculos del castaño se llenaron de energía para salir fuera del auto cual animal enjaulado. Pero sabía que no podía hacerlo hasta que Levi abriera la puerta del coche. Era imposible ver en el exterior, no había ninguna luz que les mostrara el camino y un paso en falso podría costarle más que un simple golpe.
-Ven-dijo tras abrir la puerta del copiloto y extender su mano hacia el castaño.
Aceptando su ayuda, salió del coche y sin soltar la mano de Levi intentó buscar algo que sus ojos pudiesen ver en la oscuridad.
-Cuando vinimos no estaba tan oscuro-recordó Eren, a medida que juntos se adentraban en la arboleada oscuridad.
-Esa vez había un poco de luz y además traje linternas.
-¿No hay linternas esta vez? -preguntó.
-No. De todos modos, no la necesito-aseguró y sostuvo con mayor fuerza la mano del menor para no perderlo.
No había duda alguna de ello, desde pequeño aprendió a moverse por lugares oscuros. La luz eléctrica no era común para él y escapar de su padre en las noches le ayudó a desarrollar una habilidad que, tiempo después, perfeccionaría en las calles de los barrios bajos. Era de gran ayuda en casos como éste, donde sus pies guiaban a los del castaño por sobre las hojas y ramas que se partían bajo ellos.
A medida que avanzaban, la luz se hacía visible como un gran foco que apuntaba hacia el cielo, y con unos pasos más, los árboles y la oscuridad total quedaron atrás. Desde la cima de una pequeña montaña hallada en los límites de la ciudad, se podía ver las luces de ésta como pequeñas luciérnagas de diferentes colores danzando bajo el manto nocturno. Era la segunda vez que podía ver este paisaje, uno que no le hiciera sentirse enjaulado y que alimentaba sus deseos por conocer el mundo en el que nació.
La idea vino a su mente para el cumpleaños número 23 de Eren. Era un excelente regalo, algo que de seguro le encantaría, eso pensó Levi. Ahora, sentía que había despertado en él los insaciables deseos de una libertad que, lamentablemente, no podía satisfacer. Pero en momentos como éste, donde veía cada parte del rostro de Eren rebalsar de alegría ante un escenario que para muchos no significaba demasiado, que le hacía olvidar el arrepentimiento. Los ojos aguamarina se dejaban absorber por la inmensidad de las luces que se reflejaban en ellos, mientras que los suyos, se dejaban atrapar por la belleza del castaño.
Al sentirse observado, giró su rostro para encontrarse con la invasiva mirada de Levi puesta sobre sí. Quería sonreír o decir algo, pero nada de eso era posible mientras la presencia del azabache se apoderaba de cada zona de su cuerpo. Se sentía indefenso, y con tal de salvarse, ocultó su rostro imposibilitado de escapar al tener su mano atrapada por la ajena.
-¿Qué pasa? -preguntó el azabache, intentando buscar el rostro del menor.
-N-nada. Gracias por traerme, de verdad me gusta mucho este lugar-logró articular.
-Aprovecha, en diez minutos nos vamos-le informó y se sentó sobre el césped a sus pies.
-¿¡Qué!? Pero eso es muy poco-se quejó el castaño.
-El trato fue venir por unos minutos.
-¡Pero es injusto! -se arrodilló frente a él para reclamarle de cerca- No me iré en diez minutos.
-¿Quieres bajar solo? De seguro encuentras algo fascinante por ahí, claro, si es que llegas vivo-dijo con total seriedad.
-N-no me importa-dijo el menor al ocultar su temor-Puedes irte, yo bajaré solo.
-Que mocoso más molesto-suspiró-Hace poco no podías mirarme a los ojos y ahora estás tan asustado reclamando, que no te has dado cuenta de lo cerca que estás-dijo al notar la cercanía de sus rostros.
Debido a su deseo por ganar, no se había dado cuenta que se encontraba de rodillas y encorvado hacia el azabache. Sólo centímetros separaban al uno del otro y cuando logró percatarse de la situación, su temperatura se elevó de golpe y se apresuró en escapar. Pero esta vez los bazos de Levi se lo prohibieron al rodearlo y atraerlo hacía él.
Todo sucedió tan rápido, que no le dio tiempo para calmarse y su corazón cabalgó sin control alguno, mientras el azabache se aferraba al cuerpo sentado sobre sus piernas.
-Estás nervioso-notó al poner su oído sobre el pecho del castaño.
-¡N-no!-negó, enrollando sus brazos al cuello del azabache.
-¿Desde cuándo te volviste tan rebelde?-incrustó su rostro sobre el pecho del menor.
-Desde que tú te volviste estricto…-confesó.
Levi se separó del cuerpo del castaño y juntó sus miradas.
-No hay otra forma, eres muy osado.
-Antes no era así…tú me llevabas a varios lugares, incluso rompíamos reglas con tal de estar juntos. ¿No es lo mismo para ti verdad? Es obvio...
-Hey, estás confun…-
-Muchas veces me reclamas por lo que soy ahora; mi rebeldía, mi malhumor, mi estatura y mi cuerpo, es obvio que ya no es lo mismo porque…-interrumpió.
-Oye-
-No soy el mismo, lo sé-interrumpió otra vez, no podía callarse más.
-Oye, Ere..-
-Incluso llevamos años sin…-se detuvo al sentir las manos de Levi sostener su cabeza.
Con un solo movimiento, el azabache chocó sus frentes en un fuerte golpe que hizo que al castaño quejarse.
-Mierda, tú no te callas con nada-dijo molesto, mientras Eren acariciaba su frente debido al dolor-Si piensas que realmente cambiaste estás equivocado, sigues siendo el mismo mocoso estúpido que confunde todo.
-Pero tú siempre…
-Lo sé, pero eso no es lo que pienso. Bueno sí. No. Pero es verdad que no podrás utilizar ninguna puerta si continúas creciendo así. Es probable que me haya vuelto más estricto, pero eso es porque soy más consciente del peligro de tu estado.-
-¿Por cuánto tiempo más? Ahora puedo moverme, puedo hacer muchas cosas, he esperado mucho y puede que algún día yo…
-Algún día, yo te voy sanar-pasó su mano por la cabellera castaña.
-Quiero salir…-susurró, no era necesario hablar más fuerte ya que sus narices se acercaban a medida que Levi le atraía por la nuca.
-Sé paciente-finalizó al posar sus labios sobre los de Eren.
Las manos de Levi regresaron a la espalda del castaño, aferrándose a él y prohibiéndole toda escapatoria. Del mismo modo, Eren se abrazó al cuello del mayor con más fuerzas mientras sus labios buscaban ganar territorio en medio de una suave danza. Sólo la necesidad de respirar les hacía parar por unos segundos, pero sus cuerpos no tardaron en reaccionar y Levi tuvo que detenerse al sentir las caderas del castaño moviéndose por sí solas.
-Ya pasaron más de diez minutos-susurró en el oído del menor.
-Un poco más-buscó los labios de Levi, pero éste lo evadió y besó su frente-Levi...nosotros no hemos hecho nada, hace años.
No hubo respuesta de parte del azabache. Era verdad que no habían hecho el amor desde la última recaída de Eren, siendo que ésta había ocurrido hace cuatro años. Sus razones eran mucho más que el conocimiento que tenía ahora, ya que fue al día siguiente de la última vez, donde el menor tuvo que ser hospitalizado. Nada aseguraba que eso haya sido el causante, pero desde entonces se forzó a abandonar su intimidad por miedo a que terminara igual.
Luchar contra Eren no era fácil, mucho menos si el deseo era mutuo. Algunas veces no conseguía tomar control hasta después de haber conseguido el orgasmo mediante juegos y caricias.
-Mañana debo trabajar, es tarde-se excusó.
-Sólo un poco-besó el cuello del mayor.
-Cinco minutos-cedió, sacando al menor de su cuello para ir por el de él.
Era una tortura, sabía que tendría que parar antes de que llegar al acto o que la respiración de Eren se descontrolara. Pero lo necesitaba. Se necesitaban.
Su boca a penas se posó sobre el cuello del castaño en cuanto el teléfono celular en el bolsillo de su pantalón, vibró. Sus labios continuaron explorando la tierna piel, ignorando las vibraciones que continuaron como si quisieran detenerlo. Sólo existía los sonidos que salían de la boca del menor, pero eso no tardó en cambiar.
-No se detiene…-notó Eren.
-Tch, esta maldita buena recepción-se quejó mientras buscaba el teléfono en su bolsillo.
Estaba preparado para escuchar a la hermana del castaño reclamar por medio de la línea telefónica, pero una vez con el celular en mano, vio el nombre de una persona diferente.
-¿Hanji?-leyó Eren intrigado.
El contacto jamás se perdió pese a la introvertida y tosca personalidad del azabache. Por lo general, Hanji siempre se preocupaba de enviar un mensaje de texto antes de realizar alguna llamada. De lo contrario, nada bueno se podía esperar de ella.
-¿Diga? -contestó Levi.
-Vaya, pero que voz más seria. No me digas, ¿interrumpo algo importante?-insinuó con picardía-¡Eren lamento interrumpir!-gritó la castaña, lo suficiente como para que el menor escuchara y se ruborizara ante sus palabras.
-No seas estúpida, ¿qué necesitas?-le interrumpió con brusquedad.
-Oh, lo olvidaba. ¿Puedes recoger algo por mí? -preguntó.
-Supongo que esa cabeza tuya sabe que estamos en países diferentes.
-¿Ah sí? -puso en duda.
-No me digas…
-No quiero seguir entrometiéndome entre ustedes, así que seré breve. Necesito que te presentes en el aeropuerto dentro de una hora-informó.
-¿Qué demonios? No soy tu encargado, hazlo tú-se negó rotundamente.
-¡Cuento contigo enano! Llamaré de nuevo para hablar contigo Eren, arrivederci-se despidió.
-Adiós…-correspondió inconsciente el castaño.
Hanji se había asegurado de cortar la llamada antes de que Levi pudiera decir algo al respecto. No se molestó en llamarla, simplemente no haría ninguna clase de favor tan irracional como ese. Si la castaña se encontraba en el país, de seguro tendría otros medios para movilizarse. Esta era su noche libre después de muchos días y no desperdiciaría el tiempo con Eren.
Sin embargo, no tuvo oportunidad de guardar su teléfono al recibir una llamada de un número desconocido. Debía ser ella queriendo insistir desde otro número, eso pensó y contestó listo para negarse:
-Si crees que voy a ser tan idiota como para no saber que eres tú, me estás confundiendo con alguno de tus estúpidos subordinados-atacó.
-¿Hermano?-se escuchó decir a una voz completamente distinta y no obstante tan familiar.
-¿Isabel?-titubeó Levi.
La sorpresa le hizo quedar en silencio por unos momentos. Hace meses que no escuchaba su voz, pero lo que realmente le dejó helado fue reparar en el número del cuál llamaba. Tal vez no lo recordaba por completo, pero los primeros dígitos correspondían al código del país, más importante, de la misma ciudad en la que se encontraba.
-Lamento no haber llamado antes, Hanji dijo que se encargaría de avisarte y nos dio este teléfono para contactarte al llegar-explicó Isabel.
-Espera-detuvo el azabache. Con el rostro lleno de confusión, Eren pedía una explicación al leer esta misma expresión en el suyo-¿Dónde estás?
-En la zona de equipaje… ¡Farlan perdió una de las maletas! Por su culpa tardaremos en salir, ¿estás aquí? ¿Viniste con Eren? -preguntó la chica.
-No se muevan de ahí, voy para allá-colgó.
-¿Qué ocurre? -preguntó el castaño, haciéndose a un lado para que Levi se levantara.
-Vamos-le ayudó a levantarse-Nos vamos al aeropuerto.
-¿Ah?
Levi no se detuvo a dar explicaciones. Ambos volvieron al coche y descendieron para tomar la carretera que les llevaría al aeropuerto.
No había razón para que ellos se aparecieran. La última vez que habló con ellos, supo del restaurant que abrieron y el cual los mantenía ocupados. Al menos eso había escuchado hace meses, después de ello no habían vuelto hablar debido a lo ocupado que estaba con sus vidas. ¿Qué razón tendrían para viajar desde tan lejos y con la ayuda de Hanji?
-¡Levi!-gritó el menor. Llevaba un buen rato hablando sin ser escuchado.
-Isabel y Farlan están allí-le informó.
-Vaya, ¿por qué no me habías dicho que venían? -no mostró sorpresa.
-Me acabo de enterar. No sé por qué están aquí, creí que tenían mucho trabajo con el restaurante. Pero esa cuatro ojos es la responsable.
-¿Es malo? -preguntó al notar la preocupación del mayor.
-Sólo lo sabré cuando lleguemos-apretó el manubrio bajo sus manos. De algo podía estar seguro, ambos estaban bien.
Poco le importaron las leyes del tránsito, eso le permitió llegar en menos del tiempo estipulado. Y tras haber estacionado el coche, tuvo que contener las ganas de correr debido a que Eren se encontraba con él.
Lo primero que hizo fue acercarse a informaciones y preguntar por el vuelo arribado a la hora que recibió la llamada. La información se le fue dada sin ningún problema y en seguida fue en busca del lugar en donde se deberían encontrar.
El lugar era tan grande y había tanta gente, que incluso con la ayuda de Eren era difícil encontrarlos. Las ruedas de las maletas deslizarse sobre el suelo sólo lo ponían más nervioso y de pronto, escuchó una voz masculina pronunciar su nombre a sus espaldas.
-¡Levi!-continuó llamando el chico, moviendo uno de sus brazos mientras se acercaba al azabache y su acompañante.
-¿Farlan? ¿Dónde está Isabel? ¿Qué hacen aquí? -escupió Levi.
-Calma, calma, está sentada junto al equipaje. Ha pasado mucho tiempo-tendió su mano hacia el azabache y sonrió.
-Aún no me respondes-insistió y correspondió el saludo.
-No has cambiado. Tranquilo, no es nada malo y ya habrá tiempo para hablar de eso. Por otro lado-puso su mirada sobre el castaño-Dios, Eren cuánto has crecido-notó.
-Un poco…-confirmó un tanto incómodo. Incluso llegaba a ser cinco centímetros más alto que Farlan.
-¿Dónde está Isabel?-insistió el azabache.
-Ah, allí-apuntó a los asientos justo frente a ellos.
Debido al flujo de gente, tanto Eren como Levi no lograron encontrar a la chica desde donde se encontraban. Pero al acercarse, lograron ver la cabellera rojiza que saltó al escuchar a Farlan avisarle que venía acompañado.
-¡Hermano! ¡Eren!-apareció de entre la gente, lanzándose con los brazos abiertos a ambos.
La chica se colgó del cuello de ambos, atrapándolos como pudo y escondiendo su cabeza en el pecho del azabache. Se encontraba bien, ambos lo estaban, o eso pensó hasta que se percató de algo fuera de lo usual.
Un bulto se abría paso entre el cuerpo de Eren y el suyo, uno muy grande que le obligó a apartar a la chica ante la sorpresa.
-De verdad están aquí, no podía esperar para verlos. ¡Ah! ¡Eren eres un edificio! -apuntó al castaño, quien no podía apartar sus ojos del vientre de la chica.
-¿Qué significa esto?-preguntó Levi al voltear hacia Farlan con una mirada sombría.
-Este no es el lugar para hablar de ello…-dijo, escondiendo su rostro de Levi.
-o-
De piernas y brazos cruzados, Levi se encontraba sentado en uno de los sillones de la sala de estar de la casa en la que vivían junto con Eren. Frente a él, se hallaba Farlan quien recibía toda la atención del azabache. Ambos se observaban en silencio, ninguno se dejaba intimidar.
Luego de encontrarlos en el aeropuerto, Eren tuvo la idea de traerlos a casa aun si Mikasa se negaba a ello. Y lo hizo. Pero en cuanto vio el vientre de Isabel, todos sus demonios se disiparon y la invitó a tomar asiento. Ahora, ella, su hermano y la chica, sentados sobre las sillas del comedor, no dejaban de conversar.
-¿Podrías dejar de mirarme así? No has dicho nada desde el aeropuerto…-reclamó Farlan.
-No soy yo quien tiene que hablar-respondió hostil.
-¿Qué quieres que te diga…?
-Tienes mucho que decirme, ¿no crees? -miró por sobre el hombro del chico, haciendo que éste, de igual manera, volteara para encontrarse con Isabel hablando alegremente.
-Tiene 32 semanas-confesó, pero eso no generó cambios en la expresión de Levi-¿Qué? ¿Acaso tengo que explicarte cómo ocurrió?-susurró avergonzado.
-No seas idiota, ambos sabemos cómo ocurre. Lo que quiero saber es porqué tuvieron que viajar con ella así, con que me dieran la noticia por teléfono bastaba.
-Eso es lo que debo decirte…-bajó la mirada-Quiero que la convenzas de abortar.
-¿Qué mierda quieres decir con eso? ¿Eres tú el padre? -preguntó con brusquedad.
-Lo soy, pero no es lo que tú crees.
-¿Por qué me pides una estupidez como esa?-exigió saber.
-Eso es…porque si no lo hace, es probable que muera cuando dé a luz-confesó en voz baja, dejando a Levi petrificado y con sus ojos como plato-No sabes lo feliz que fui cuando supe que sería padre, el negocio del que te hablé funcionaba de maravilla y no tendríamos problemas para mantener a un integrante más. Pero esa felicidad cambió… Isabel empezó con problemas, fuimos al médico y él nos informó que el embarazo era peligroso para ella y para el bebé. Le dijeron que era mejor que abortara, ni siquiera la vida del bebé estaba asegurada, pero ella gritaba y rompía lo que estuviera a su alcance mientras la intentábamos convencer. Jamás aceptó, tampoco quiso que te avisáramos, decía que ya tenías suficiente con la enfermedad de Eren. No tuve más opción que pedirle ayuda a tu amiga, Hanji. Ella la convenció de viajar y nos ayudó para que la aerolínea se lo permitiera. Ahora que te dicho todo esto, de seguro me odiará, pero eres a quien siempre escuchó, quien le salvó la vida y quien puede hacerlo una vez más…así que Levi, por favor-suplicó con su mirada cristalina.
Todo lo que escuchaba ahora le resultaba irreal, como si fuese uno de esas pesadillas que le persiguen por la noche. Pero esta vez la pesadilla no acabaría al despertar, estaba allí, más viva que nunca. Debía tomar una decisión, debía hacerlo ahora y debía ser la correcta. ¿Cuál era la correcta?
-¡Ah! -se escuchó gritar al castaño.
-¿Qué ocurre? -preguntó Levi al ponerse de pie.
-Se movió...-dijo boquiabierto, con ambas manos sobre el prominente vientre de Isabel.
-¿Dónde? ¿Dónde Eren? -preguntó Mikasa mientras examinaba el vientre con curiosidad.
-¡Es muy inquieta! Me sorprende que no haya hecho alboroto mientras viaja…
-¿Inquieta?-interrumpió el azabache que se había acercado.
-Sí, es una niña-dijo con una enorme sonrisa-Estoy segura que cuando esté con nosotros correrá por todos lados, bueno al menos después del año. Tendré tiempo para acostumbrarme.
-¡Levi se sigue moviendo! -gritó el menor con emoción.
-Se siente bien…-confesó Mikasa, quien también tenía sus manos sobre el vientre de la pelirroja.
-¡Mira!-Isabel tomó una de las manos del azabache y la puso sobre su vientre.
La rapidez de la chica no le dejó negarse. Ahí se hallaba, un pequeño ser que se movía al dejarse mimar por su exterior, y, un peligro para su portadora. Su mano sentía a las pequeñas extremidades estirándose desde el interior y causándole un escalofrío.
-Aún no he decidido cómo se llamará, me gustan muchos nombres-dijo mientras observaba su vientre-Ah, pero ya he pensado en quienes serán los padrinos.
-¿Ah sí?- continuó la conversación.
-Eren, ¿aceptarías ser el padrino junto con Levi? -ofreció la chica.
-¿¡En serio!? Sí, pero, ¿qué hace un padrino?… -aceptó enseguida.
-Sólo debes estar dispuesto a amarla.
-¿Por qué no vas a descansar? La pequeña patea traseros debe estar cansada-ofreció Levi.
-Está bien, no mentía al decir que nunca se cansa-bromeó Isabel.
-Me refería a ti-corrigió Levi.
-¿¡Qué!? N-no importa, me enorgullece serlo-finalizó al sacar su lengua.
-Hay una habitación sin usar, te llevaré-ofreció Mikasa, ayudándola a levantarse-Eren, ¿vienes conmigo?
-Eh…-miró a Levi, quien, con un movimiento de cabeza, insistió en que fuera-Sí, claro.
Con Mikasa y Eren ayudándola a caminar, se dispusieron en ir en busca del cuarto desocupado. Antes de abandonar por completo la sala de estar, Mikasa volteó y cruzó miradas con el azabache. Como si supiera qué ocurría, se marchó y se preocupó de que su amigo y él quedaran a solas.
Fue la primera vez que Levi pudo pensar en la pelinegra como una persona agradable, aunque eso no borraría todo su historial de mocosa molesta e entrometida.
Una vez solos, Farlan no esperó más. Fue testigo del momento en el que Levi se acercó a Isabel, y con todo el tiempo juntos de jóvenes, aprendió a leer ciertos pensamientos en el rostro del azabache que no le agradaron:
-Levi, por favor-insistió.
-No lo haré.
-¡Por favor!-gritó en desesperación.
-Mañana llevaré a Isabel al hospital, buscaremos una manera de salvar a ambas.
-¿Puedes hacer eso?
-Lo haré. Ve a descansar, fue una viaje largo-dijo al retirarse.
Fueron las últimas palabras de aquella delicada conversación. Ambos estaban cansados y era tarde. Isabel ya se encontraba descansando en su cuarto y Farlan se unió después. Mikasa y Eren debían hacer lo mismo y aprovechando que la chica no se encontraría merodeando, fue hasta el cuarto del menor. Procurando no hacer ningún ruido, entró y le vio sobre su lecho descansando. Con el mismo cuidado se acercó y se sentó a un lado para así poder ver su rostro durmiente.
Su consciencia estaba atrapada en las profundidades del mundo de los sueños, bastaba con ver ese ridículo rostro babear sobre la almohada. Era la ocasión perfecta para tomar una foto para su colección.
Eren no lo sabía, pero Levi solía fotografiarlo cada vez que lo encontraba desprevenido. Tenía fotos desde que tenía 16 y en ellas podía ver el paso del tiempo. Era obvio que el cuerpo de Eren no sería el de un niño para siempre, pero jamás pensó que crecería tanto. Era frustrante.
Al sacar su teléfono y tras tomar la fotografía, se apoyó de espaldas contra el respaldo de la cama para descansar un poco. Las ideas en su cabeza intentaban ordenarse mientras su mano se ocupaba de acariciar la cabeza del castaño. Mañana sería un día agotador, sobre todo si tenían que tratar con Isabel. Aunque se hubiese negado a la idea del aborto, vocecillas en su cabeza se encargaban de preguntarle si había sido lo correcto y si podría cumplir la promeso que le hizo a Farlan. Debía hacerlo, y así, asegurar que ella continuara con esa felicidad y esperanza que le mostró por su hija.
Toda esta situación le hizo preguntarse cómo fue capaz de llegar a este mundo. Su madre de seguro quiso deshacerse de él, pero no, sólo lo dejó a la deriva en medio de un inferno. Debió haberlo hecho y no dejarlo en manos de bestias. Pero de haber sido así, jamás hubiera conocido a Eren y de seguro su desquiciado padre se habría encargado de hacer de su vida más miserable antes de acabar con ella. Tan sólo pensar en ello, hacía valer el sacrifico de haber alimentado a sus demonios por tantos años.
El mundo era injusto, se encargaba de interponerse entre aquellos que tenían amor que entregar y liberaba a monstruos que se encargaban de acabar con ello.
Los brazos del castaño le tomaron por sorpresa al abrazarlo mientras aún dormía. Despegándose de su ruidosa mente, puso sus ojos sobre Eren y pasó sus dedos por su suave mejilla. Debía marcharse antes de que Mikasa despertara. Por eso, se aseguraría de hacerlo antes de que eso ocurriese, pero por ahora, necesitaba de su calor. Necesitaba que le hiciera saber que la noche podía acabar.
-o-
-¡LEVI! ¡LEVI!-gritó una voz que le hizo volver al mundo de un solo golpe.
-¿Levi…?-se preguntó Eren, encontrando al mayor entre sus brazos mientras despertaba-¿Qué ocurre?
Sin dar ninguna respuesta el azabache saltó de la cama y corrió hacia la puerta.
No dejaba de escuchar gritos que le llamaban y pasos en el pasillo. Tras salir de la habitación, se encontró con Mikasa alterada del otro lado.
-¡Es tu amiga!-gritó la chica.
Escuchar eso fue suficiente para saber de qué se trataba. Con grandes saltos, apareció en la habitación en la que se encontraban sus amigos y lo que encontró no fue nada bueno. Isabel se encontraba encorvada sobre su cuerpo mientras el chico la sostenía en sus brazos. La bolsa se había roto y un líquido incoloro se esparcía por el suelo.
-¡Hay que sacarla de aquí!-le ordenó a Farlan-Los espero en el coche-finalizó y salió corriendo.
-¿Levi? ¿Qué tiene Isabel?-preguntó el menor desde el marco de su puerta, pero éste pasó de largo sin responder.
Segundos después, vio a Farlan cargando a Isabel y yendo en la misma dirección que el azabache. La chica se veía pálida y por más que trataba de contener los gemidos de dolor no podía.
Como si ambos fueran un imán, Eren quiso salir corriendo tras ellos, pero su hermana se lo impidió al tomarlo del brazo.
-Cámbiate, los alcanzaremos. Seremos una molestia si vamos con ellos ahora-le explicó y se marchó a su habitación para hacer lo mismo que le había ordenado al castaño.
Del mismo modo que su hermana, entró en su cuarto y buscó en su closet lo primero que pudiera serle de utilidad.
-o-
Al ingresar al estacionamiento del hospital, Levi dirigió el coche hasta la entrada de emergencias y sin apagar el motor, bajó y se dirigió hasta la puerta trasera. Él mismo la tomó en brazos y junto con Farlan corrieron en busca de ayuda.
No podía hacerlo solo, jamás había atendido un parto y menos de tan grandes dimensiones. Sabía qué hacer, pero debía de admitir que necesitaba ayuda de un especialista. La gente no tardó en llegar a su ayuda y de inmediato Isabel pasó a pabellón. No había tiempo para nada, si continuaba así, perderían tanto a la bebé como a la chica.
-Sólo puede entrar uno-le advirtió una de las enfermeras en la puerta del pabellón.
-Levi, ve tú. Sálvala-rogó con su rostro lleno de dolor.
-Espera aquí-se despidió.
Al ingresar, la enfermera le facilitó la bata y la mascarilla para acercarse a la camilla donde yacía la pelirroja. Uno de los presentes vino hasta él, era un rostro nuevo, no recordaba haberlo visto.
-¿Eres su novio?-preguntó el hombre.
-No, su amigo. Trabajo aquí, me especializo para ser internista-escupió de inmediato.
-Ah, lo siento, no trabajo en este hospital sólo vine a cubrir a un amigo. Bueno, doctor, ¿por qué no me ayuda un poco?-le invitó.
Al acercarse a la camilla, pudo ver la pálida y transpirada piel de Isabel. Los parpados de la chica a penas se abrían, pero fue capaz de ver al azabache y esbozó una sonrisa.
-Hermano…-tendió su temblorosa mano hacía él.
-Te ves fatal-se burló Levi, logrando hacerla reír y sosteniendo su mano entre las suyas.
-¿Es extranjera? Bueno, eso se verá después, el bebé ya está en la vía. No podremos sacarlo por cesárea-respondía el médico a las preguntas de los auxiliares.
Eso no se escuchaba bien, para nada bien.
-Hey, ¿por qué no me cuentas sobre los nombres que tenías pensado para ella? -le propuso a la chica. No quería que el diagnostico la pusiera más nerviosa. Eso no traería nada bueno.
-Son muchos…Anne, Alice, Sophie…-su voz comenzaba a apagarse.
-¿Cuál crees que le guste a Farlan?-continuó Levi.
-Él no la quiere…-confesó con tristeza.
-Es un idiota, pero no es lo que piensa.
-¿En serio…? ¡Agh!-se quejó de dolor.
-Pregúntaselo al salir, ahora dime, ¿cuál crees que le guste?-insistió. El doctor se encontraba a punto de iniciar el parto.
-Alice…-dijo con una sonrisa.
-Vamos a empezar-avisó el médico-Isabel, ¿no?-la chica asintió con la cabeza-Todos queremos ver a tu bebé así que trabajaremos juntos, necesito que respires.
Obedeciendo, la chica inhaló y exhaló, dando inicio al proceso que traería a su hija a sus brazos.
Tras un largo trabajo de parto, Isabel ya no tenía fuerzas para gritar y a duras penas conseguía continuar con las instrucciones del médico. Levi quiso ayudar en varias oportunidades, sin embargo, era detenido por la mano de la chica que le sostenía con fuerzas. Sabía que ese era el lugar donde necesitaba más apoyo, pero no le salvaría.
Cuando pensaba que se desmayaría antes de lograrlo, un fuerte llanto se sobrepuso ante todos los ruidos de la sala y pocos segundos después, las manos del doctor alzaron una pequeña y ruidosa criatura ante sus ojos.
El bebé estaba a salvo, lloraba y se mostraba lleno de vida ante los ojos de su madre. Un momento mágico, una imagen que de seguro jamás olvidaría y que le tenía maravillado.
Una de las enfermeras recibió al bebé y lo puso sobre el pecho de su madre. En ese mismo instante, el llanto se detuvo y esos pequeños ojos se abrieron lo más que pudieron para conectarse junto a los de la chica. Madre e hija se conocían por primera vez.
Las palabras no lograban describir lo que vieron sus ojos, de seguro era la conexión más maravillosa que podría existir entre dos seres humanos. Isabel se lo había mostrado. Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas y dando un suspiro de alivio, explotó en llanto mientras acariciaba a la pequeña sobre su pecho.
-Es hermosa, Alice. Bienvenida, bienvenida…-la voz de la pelirroja comenzaba a desvanecerse junto a su consciencia.
-¡Oye! -gritó Levi al verla decaer.
-¡La hemorragia no se detiene!-gritó una auxiliar.
La enfermera se dispuso a tomar a la bebé, la cual empezó a llorar al ser apartada de su madre. Seguido a ello Levi quiso ayudar, pero la mano de la pelirroja le impedía soltarse.
-¿P-puedo pedirte un favor?-preguntó con voz ronca.
-Hazlo después, ahora debo…
-Realmente quería verte, menos mal pude hacerlo. Eren está grande…. Dile que es la única persona a la que le permitiría estar junto a mi hermano. Farlan estará molesto…es tan idiota…
-No sigas-detuvo el azabache, queriendo soltarse de su mano.
-Ya no estoy molesta con él… ¿puedes decírselo? Dile que me perdone-dijo esto último llorando.
-¡Isabel!-gritó al obligarla a soltarlo.
-Hermano…gracias por haberme salvado de pequeña…-sonrió, perdiendo la consciencia y dejando caer su mano.
En cuanto pudo, saltó por unos guantes quirúrgicos para así poder proceder ante la hemorragia. Las maquinas sonaban y la gente en la sala corría de un lado a otro, intentando detener ese pitido que se incrustaba en sus oídos.
Uno.
Dos.
Tres.
El tiempo había acabado.
Continuará…
Antes que nada, no tengo perdón de Dios. Lo sé, tardé mucho, de hecho demasiado y de verdad perdón T-T para los que me tienen en Facebook podrán haber visto el estado (que no es del todo cierto¬¬) que puso mi amiga sobre lo que le pasó a mi laptop…bueno pasó mucho tiempo hasta que tuve una y cuando por fin tuve una, me fui de viaje y no tuve internet por un buen tiempo y me daba muuuucha flojera escribir porque debía escribir de nuevo los cap que perdí y me enojaba? Bueno al final lo escribí todo de nuevo y hace poco volví de vacaciones así que ahora tengo internet y actualizo.
De verdad lo siento mucho, no volveré a tardar tanto T-T Muchas gracias a todos los que esperaron y les pido perdón de todo corazón.
Con respecto a la historia, todo esto con Isabel y etc, puede parecer relleno pero puedo asegurar que es todo con un fin, a mi juicio, importante. A este fic le queda muy poco para finalizar, así creo que contará con 30 cap como máximo. Cualquier duda o sugerencia es bienvenida como siempre :3 (piedrasos por la tardanza también)
Desde ahora el fic tiene portada propia *-* hecha por Yenessis Kutsenova Tetsuya! /*-*/ Muchas gracias linda está preciosa :3 3
Respondo reviews:
Yenesis Kutsenova: Soy una desgraciada que tarda mil y un años en actualizar y además continuo haciendo sufrir a Levi T-T todo tiene su fin, lo juro. Lamento mucho la demora y muchas muchas gracias por tu imagen *-* la amé3 Espero el cap de hoy te haya gustado, cuídate mucho y nos leemos 3
Naancii: No…que yo sepa D: de todos modos revisaré, aunque esto puede contar como una tragedia? Lo siento, pero si sirve de consuelo, no te preocupes mucho por Eren y Levi ewe….Cuídate mucho y lamento la demora T-T Nos leemos 3
Andy0295: Mikasa sólo quiere que Eren esté bien, no lo hace con malas intenciones :c? Lamento mucho haber tardado en actualizar, de verdad, no volverá a ocurrir T-T Cuídate mucho y nos leemos.
Genevieve: Muchas gracias *-* De verdad lo siento mucho por haber tardado un millón de años en actualizar, juro que no volverá a ocurrir T-T Y bueno, en cuanto a Eren, en lo personal creo que cualquier persona se agotaría de luchar y no ver resultados, sin contar que estuvo encerrado toda una vida en su casa. Pero bueno, a no perder las esperanzas con Eren :3 Espero te haya gustado el cap y lo siento mucho por tardar. Cuídate y nos leemos :3
Kira itsuki: Lo siento mucho por tardar, lo siento, lo siento, lo siento, nunca más T-T Espero te haya gustado el cap, cuídate mucho y abrazos :3 3
Luna: Muchas gracias 3 y lamento mucho haber tardado tanto, no volveré a tardar tanto T-T Espero te haya gustado el cap. Cuidate mucho y nos leemos :3
Kokoa Kirkland: No pierdas las esperanzas :c Al igual que a todos, te pido perdón por tardar tanto, no volverá a ocurrir u.u Muchas gracias por leer y espero te siga gustando. Cuídate nos leemos :3
Annyel: Gracias T-T pero tardé mucho lo siento. Nunca más. Espero te haya gustado el cap, cuídate nos leemos :3
Fujimy: Muchas gracias! Y lamento haber tardado tanto T-T nunca más, y bueno, a no perder las esperanzas con Eren :3 Cuídate mucho y espero te haya gustado el cap de hoy! Nos leemos 3
Mr Bum: Kenny love u.u? Esta vez fue mucha espera, lo siento no volverá a ocurrir:c Cuídate mucho y espero te haya gustado el cap, cuídate nos leemos 3
Magg1827: :c #salvenaeren, a no perder la esperanza :3 Perdón por la demora, no volverá a ocurrir :c Cuídate y espero te haya gustado el cap. Nos leemos 3
Tochy: Muchas gracias 3 lo siento mucho por haber tardado tanto :c no volverá a ocurrir, cuídate y nos leemos 3
Muchas gracias a todos a quienes leen y dejan sus reviews. No tardaré tanto con la otra actualización, cuídense y que tengan un lindo día :3
