Ryder cerró su taquilla con aspereza, sobresaltándose al encontrarse con la mirada de Kitty, la que estaba apoyada a su lado con un gesto serio patente en su rostro. El muchacho frunció su ceño, volviéndose hacia ella. Estrechó sus libros contra su pecho, dedicándole al final una sonrisa abierta que la rubia no correspondió.

― ¿Estás bien? ―Inquirió él con cierta preocupación en su tono de voz. La rubia asintió sin pronunciar palabra alguna. Su cabello rebotó contra su nuca, provocando una sonrisa de nuevo en el castaño―Estás un poco rara, Kitty.

―Tenemos que hablar, Ryder―aclaró al fin.

Se dirigió hacia el salón del Glee club y se detuvo en frente de la puerta, esperando pacientemente a que su compañero entrase. El chico vaciló, dando unos pasos al final y adentrándose en la gran habitación vacía. La animadora miró hacia los lados, asegurándose de que nadie les observaba para acabar haciendo lo mismo que el jugador de fútbol. Dejó su bolsa al lado del piano de la sala. Sus ojos verdes analizaron la gran figura del chico, y este parecía totalmente aturdido. ¿Qué era lo que quería su amiga?

― ¿De qué querías hablar? ―Rompió el hielo después de un breve silencio, carraspeando―. Enseguida tendremos que ir a clase.

―Quería hablar contigo sobre Marley.

― ¿Sabes algo? ¿Está al final con Jake? ―Ella negó con la cabeza, mordiéndose el labio―Menos mal―dejó escapar, sonriendo aliviado―. ¿Entonces?

―No puedo seguir ayudándote con consejos ni nada…Ni tampoco en descubrir si Marley está interesada en ti porque…No lo está―musitó en tono bajo, llamando la atención de él.

― ¿Qué? ¿Cómo que no lo está? ¿Y por qué no quieres seguir ayudándome? Creía que éramos amigos.

―Y lo somos, Ryder. De verdad―afirmó, mirándole directamente a los ojos―. Si no lo fueses de verdad, creo que no estaría a punto de decirte lo que voy a decirte.

―No…No te entiendo.

Kitty bajó su rostro, pensando detenidamente sobre el asunto. ¿Estaba segura que podía hablar con él sobre sus sentimientos? Para su desgracia, Ryder le agradaba más de lo normal. Casi podía considerarlo como un amigo; alguien a quien apreciaba por encima de todo. No sabía lo que le estaba sucediendo, pero últimamente tenía la necesidad de apoyarse en alguien. Y Ryder era una persona que se había adentrado con facilidad en ella, igual que lo hizo Marley. Les maldijo a ambos mentalmente, percatándose de que ambos eran más parecidos de lo que aparentaban.

―No puedo ayudarte porque…

― ¿Por qué? ―Le instó a continuar, clavando su mirada con fuerza sobre su rostro.

―Porque estoy… ¡Dios! ¡Qué difícil es esto para mí! ¿Por qué me tuvo que suceder a mí?

―No entiendo nada de lo que dices, Kitty… ¿De qué diantres hablas?

Ella suspiró, frustrada por completo. Se sentía muy perdida. Hasta hacía unas semanas, era la reina del instituto. Causaba temor, se metía con Marley y conseguía tener bajo control todo lo que se encontraba a su alrededor. Y ya se había acostumbrado a la falta de cariño por parte de los demás. Incluso ya no se le rompía el corazón ante la falta de contacto con sus padres; pero todo había cambiado en cuestión de segundos. María y Quinn se habían convertido en personas esenciales en su vida. Se había enamorado completamente de Marley Rose; y para colmo, estaba a punto de darle una explicación a alguien. Una explicación que lo hacía falta, pero ella lo necesitaba. Porque también le importaba ese chico.

Y se sentía completamente vulnerable por ello.

Vulnerable y asustada.

―Estoy enamorada.

― ¿Y cuál es el problema? No será que… ¿Te has enamorado de mí?

―Ryder, te aclaré que nunca me fijaría en nadie como tú―musitó entre dientes, negando con la cabeza―. Lo siento. No quería decirlo así; no me interesas más que como amigo.

―Estoy muy confundido, Kitty.

―Y tú no me lo estás facilitando, Ryder.

―Mira, si no puedes decírmelo y lo que necesitas es tiempo, yo lo respetaré, pero…

―Estoy enamorada de Marley―soltó a bocajarro.

El castaño se quedó en silencio, observando a la chica sin entender nada de nada. No tardó mucho en procesar la información y entender lo que le acababa de contar la animadora. ¿Estaba enamorada de Marley? ¿De su Marley? Eso era imposible. Kitty siempre había odiado a la castaña. Recordaba todas las veces por las que la cantante había sufrido abusos por la pequeña y…De repente empezó a comprender todo. Esa necesidad imperiosa por parte de la rubia de apartarse de la castaña. De no ser su amiga. De todo.

― ¿Enamorada?

―Sí; te aseguro que no era lo que pretendía, pero…

― ¿Ella lo sabe?

―Sabe que la quiero―susurró, sonrojada.

― ¿Cómo se lo ha tomado?

―Nosotras…―dudó en proseguir, aunque consideró que era lo justo―Ella me ha dicho que también me quiere, Ryder. Quería contártelo porque eres mi amigo, y no quería que siguieses detrás de alguien que no te corresponde.

―Tiene que ser una broma, Kitty―declaró él, dirigiéndose hacia la salida. Ella se interpuso, intentando frenarle, pero el muchacho no se dejó tocar por ella―. No me toques, por favor―ordenó con tono gentil. Ella le hizo caso, pero no se apartó. No permitiría que se marchase de allí.

―No es ninguna broma. ¿Crees que para mí es fácil confesarte todo esto? No, pero lo hago porque creo que es lo adecuado. Eres mi amigo, y te aprecio mucho.

―Supuestamente te has liado, porque seguro que lo has hecho, con la chica que me gustaba―pronunció con suavidad, intentando mantener la calma―; y ahora me dices que me aprecias y que soy tu amigo. Y de mientras te has acercado a ella para confundirla. Marley no es gay.

―Aquí no estamos hablando de si es gay o no, ¿vale? No estamos hablando de algo sexual, Ryder. Yo la quiero. Aparte de si me deja o no de atraer, la quiero. No he podido evitar enamorarme de ella como una estúpida; créeme cuando te digo que no era lo que pretendía ni mucho menos. Para mí sería mucho más fácil no sentir nada por ella.

―Lo único que sé es que has estado detrás de ella a la vez que yo te contaba lo que sentía por ella.

―Eso no es así, y lo sabes.

El muchacho ladeó la cabeza, saliendo apresuradamente de allí con la molestia recorriendo todo su cuerpo. Kitty se dejó caer sobre uno de los asientos, sintiéndose repentinamente abrumada por todo lo que acababa de acontecer en ese lugar. Y más por el sencillo hecho de que sentía una gran angustia formándose en su interior. Intentó tranquilizarse, recibiendo una especie de mensaje. Cuando fue a mirarlo, sonó el móvil, saliendo en la pantalla el nombre de Quinn Fabray.

― ¿Quinn? ―Preguntó, desconcertada. No se esperaba que la joven la fuese a llamar.

― ¿Kitty? ¿Puedes hablar? ―La muchacha se sobresaltó. Quinn no sonaba muy bien.

― ¿Dónde estás? ―Fue lo único que se le ocurrió preguntar.

―Estoy fuera del instituto, sentada en el coche―susurró―. Necesitaba hablar con alguien. Santana no creo que estuviese dispuesta a hablar y…Luego pensé en ti.

―Ahora salgo fuera.

―Si tienes clase ahora, puedo esperar.

―No te preocupes, Quinn. Por un día que falte no va a pasar nada. Ahora lo que necesitas es hablar con alguien.

Colgó antes de que la ex animadora pudiese replicar nada. Tomó sus pertenencias y salió de allí con paso rápido. Pasó por al lado de Marley, quien la sonrió como saludo. Sin embargo, se quedó con mala sensación ante el hecho de que la rubia ni siquiera se había percatado de su presencia, saliendo fuera del centro con paso veloz. Se estremeció, girándose y cerrando su taquilla pensativa. Había visto que Ryder había salido del Glee Club malhumorado y que, tiempo después, Kitty abandonaba el lugar con gesto preocupado. ¿Habría sucedido algo?

La pequeña se adentró en el coche de Quinn, encontrándose con una rubia pensativa y dolida. Se quedó sin saber qué decir, más que tomar la mano de su compañera entre la suyas. Le preocupaba ver así a Fabray. Era conocida por ser parecida a ella, y encontrarse con que las dos eran más sensibles de lo que aparentaban era algo que le desorientaba. Lo que menos pretendía era que la rubia sufriese. Era como la hermana mayor que nunca había tenido.

Se quedaron en silencio, mirando las dos al horizonte. No se movieron de allí en ningún solo momento. Pero cuando Kitty quiso moverse, la rubia se aferró a su brazo con fuerza, sintiendo como se escapaba un sollozo que hizo que el cuerpo de la menor temblase por completo. Wilde entornó su mirada hacia la figura de la muchacha, sorprendiéndose a sí misma cuando pensaba en lo preciosa que se veía incluso llorando. Quinn Fabray era hermosa en todos los sentidos.

― ¿Quinn? ―Inquirió entonces.

Se mordió el labio un momento, y finalmente, abrió sus brazos, invitándola a que se abrazase a su cuerpo. Fabray la observó, sorprendida, aunque tímidamente se acercó para apoyarse en la otra. Y ese abrazo fue el ancla de su salvación. Antes de que se pudiese dar cuenta, estaba volviendo a llorar entre sus brazos. Sus finos y delicados brazos.

― ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué estás llorando? ―Preguntó alarmada, deslizando sus manos por la espalda de la rubia para conseguir que se calmase un poco.

―Kitty…―susurró, un poco más relajada al poder desahogarse con la menor. Pese a no darse cuenta, la rubia se había convertido en alguien importante. Y para su sorpresa, esta parecía sentir lo mismo al estar allí, preocupada y escuchándola.

―Me estás asustando, Quinn―declaró ella, apartándose ligeramente para observar atentamente la mirada de la joven―. No entiendo la razón por la que estás así, pero…

―He discutido con Rachel―aclaró, limpiándose las lágrimas.

― ¿Por qué?

―Bueno…Digamos que fue a visitarle Finn a New York. La cosa es que yo le pedí que le contásemos sobre nosotras. Ella se negó.

―Cálmate, Quinn―pidió ante los tartamudeos de la otra―. ¿Y después?

―Yo le contesté que no podíamos seguir escondiéndonos, y menos con nuestros amigos. El otro día en el baile nos pudo ver perfectamente; porque nos besamos delante de todo el mundo. De todos.

―Tal vez necesita asegurarse de que lo vuestro va en serio.

―Eso mismo me ha dicho ella. Que necesita asegurarse que esto no es algo que ha surgido como un impulso o algo―musitó, herida.

Kitty comprendió por qué reaccionaba así la rubia. Sabía perfectamente que Quinn había estado enamorada desde siempre de Rachel, y que dudase de su amor era como una especie de insulto para la muchacha. Sonrió un poco de lado, acariciando su espalda mientras le instaba a que apoyase su rostro en su hombro. Lo entendía, pero también podía ponerse en la piel de la morena y saber las razones por las que actuaba así.

―Ella te quiere, Q. Te quiere más que a nada en este mundo.

―Y duda de mi amor.

― ¿Te estás dando cuenta de que te has puesto como una loca porque no ha querido contar lo vuestro? Dios, Quinn…

―No me apetece que me reproches, Kitty. Sabía que Santana lo haría; así que no, por favor, no.

―Te estoy diciendo lo que pienso. Soy honesta, igual que tú lo fuiste conmigo, Quinn. Las hermanas mayores también se equivocan.

― ¿Me ves como una hermana mayor? ―Sonrió ante el cabeceo afirmativa de la pequeña―Gracias.

― ¿Por qué?

―Por ser una buena hermana pequeña―hizo una pausa, pensativa―. Quizás he reaccionado de manera desmesurada.

― ¿Quizás? ―Rio entre dientes ante el golpe que recibió por parte de la rubia―Puedes hablar con ella.

―No…Eso sí que no. Sé lo que quiero, y es ella. Pero también tengo claro que no voy a estar escondiéndome. Lo he hecho durante años, Kitty. Es hora de ser yo misma. De ser la verdadera Quinn Fabray, y no pienso dejar que Rachel vuelva a esconderme en el armario.

―Te admiro, Quinn.

― ¿Por qué?

―Porque eres valiente, y estás dispuesta a mostrarte ante todos los demás como eres―Kitty la observó con adulación―. Eres perfecta.

―No lo soy―replicó la aludida con cierto sonrojo―, pero te admito que ahora sí que soy valiente. Y no quiero volver a dejar que los miedos me paralicen. No quiero volver a ser la antigua Quinn Fabray.

Marley se detuvo en frente de Jake, tirando de su brazo para llevarlo a algún lugar apartado en el que pudiesen hablar. No se iba a echar para atrás. Marley podía ser conocida por muchas cosas, pero una de ellas no era ser una cobarde. Más bien, era una de las muchachas más valientes, y era capaz de mantenerse al lado de Kitty, enfrentándose a cada lado desconocido de la rubia. Sonrió al recordar cómo fue levantarse con ella a su lado aún sumergida en sus sueños. Y también cómo la besó como saludo de buenos días, dejándola con una sonrisa tonta en su rostro. ¿Acaso podía ser más perfecta?

―Veo que estás hoy con un día decidido―bromeó él, inclinándose para capturar los labios de la chica con los suyos.

La castaña esquivó la caricia, dando un paso hacia atrás. Sus ojos azules centellearon, dejando al moreno en un estado pleno de confusión. Sonrió por un instante, volviendo a acercarse a ella para robarle un beso. Pero el movimiento no resultó, volviendo ella a apartarse para evitar que los labios de él borrasen el sabor de los de Kitty. Los de la maravillosa y dulce Kitty.

―Jake, tenemos que hablar.

―Me da que no me va a gustar lo que viene después de eso―bramó con el ceño fruncido―. ¿Te ha hecho algo?

― ¿Kitty? ―Él asintió, clavando sus ojos negros sobre los de la joven―. Sí. Sí que me ha hecho algo.

―La voy a matar―pero ella le detuvo antes de que pudiese salir a ningún lado―. Marley…

―Ha hecho que me enamore completamente de ella―confesó, aún sin creerse que hubiese sido capaz de decírselo.

Jake dio un paso hacia atrás, escapando de las manos de la castaña. Se quedó en silencio, analizando el gesto de la muchacha para así descubrir si estaba mintiendo o no. Su corazón se congeló al comprobar que no. Que la cantante estaba siendo sincera y honesta con él. Negó con la cabeza. Su gesto se transformó en una mueca de desagrado, negándose a creer lo que la otra le acababa de confirmar. Algo que no quería creer por mucho que entendiese que era verdad.

―Estás confundida, Marley. ¿Cómo te vas a enamorar de ella? No puedes. No.

―Sé que suena raro después de todo lo que ha hecho, pero…Ella es mucho más que esa animadora frívola y superficial. No es lo que aparenta. Kitty es mucho más delicada que eso. Y…No he podido evitarlo.

― ¿Desde cuando eres lesbiana?

―No soy lesbiana. Estoy enamorada de Kitty. Podría haberme enamorado de un chico, pero lo he hecho de ella. Y no quiero que le hagas nada.

―Lo siento mucho por ti―replicó con furia él, mirándola como si no la reconociese―, pero ella merece pagar por todo lo que ha hecho.

―No pienso permitir que le hagas daño―declaró ella, acercándose a él. Ni siquiera ella misma se reconocía, aunque era consciente de que reaccionaba así cuando alguien amenazaba a alguien a quien ella amaba con todas sus fuerzas―. Como te atrevas a…

― ¿A qué? ―Inquirió con una sonrisa en su rostro, quedando a unos centímetros de ella― ¿Te imaginas que le cuento que su querida noviecita empezó a coquetear con ella para darle una lección de moral? ―Marley se quedó congelada en su sitio― ¿Qué crees que haría? ¿Te mataría? ―Rio entre dientes―Tranquila, cariño. No pienso dejar que te haga nada―intentó acariciar su rostro, pero el movimiento brusco de la chica se lo impidió―. No me tientes, Marley. No me tientes.

―No me vuelvas a tocar así nunca.

―Ah…Ya entiendo…Que solo te puede tocar ella así―se burló―. Si se enterase de todo, creo que la pobre acabaría con el corazón destrozado. Es una idea tan sumamente tentadora…―rio entre dientes, ladeando la cabeza―. No te preocupes. No se va a enterar por mí. Te daré la oportunidad de que seas sincera o de que se entere por cualquiera. Sin embargo, lo que tengo en mente…

― ¿Qué es lo que piensas hacer?

―Nada que ya te inmiscuya…Además, ya he conseguido lo que necesitaba de ti―musitó―; así que ten cuidado, Marley. No quiero que tú salgas perjudicada, pero no me has dado otra elección.

El joven Puckerman salió de allí, dejando a Marley con sus pensamientos. Dejó escapar un suspiro, angustiada. Se había metido en un problema por intentar resarcir un poco su sentimiento de dolor por parte de los insultos de la rubia; y muy en el fondo, porque esta no aceptaba que entre ellas surgía algo mucho más profundo. Pero eso ya no importaba. Ahora sabía que tenía que contárselo, y buscaría el momento para ello.

Se alejó del pasillo, quedándose este sumergido en un profundo silencio. Sin embargo, se escuchó el sonido de unos pasos, quedándose a poca distancia de donde habían estado hablando los otros dos. Esa zona estaba silenciosa, y más cuando ya había pitado el segundo timbre. Pero decidió no asistir a clase por el hecho de lo que acababa de escuchar. ¿De verdad? Se esperaba ese tipo de cosas de cualquier persona, pero no de la castaña.

Tragó saliva, dirigiéndose hacia el baño y adentrándose en este. Dejó que el agua del grifo recorriese el lavabo mientras se mojaba la cara, procurando aclarar sus ideas. ¿Qué tenía que hacer? Podría callarse y mantenerse al margen, pero una especie de sentimiento en su interior le hizo ver que no era lo más adecuado. ¿Tendría que hablar con Kitty sobre el asunto?

Ladeó la cabeza con aturdimiento, escapando un suspiro de sus labios al final. Después de todo, tampoco tenía una obligación… ¿O sí? Sí, claro que la tenía. Siempre la tendría en ese sentido. Y no permitiría que la rubia sufriese de esa manera tan cruel. Lo decidió. Se lo contaría. Le contaría a Katherine Wilde lo que acababa de escuchar en los pasillos.