Esta actualización ha sido escrita mientras se escuchó el siguiente álbum llamado "Requiem" de Mozart y dura más de 50 minutos en Youtube. Éste, es como el tema de fondo de este capítulo. Les recomiendo que lo hagan si es posible, para más ambientación.
DISCLAIMER: Los personajes de la caricatura no me pertenecen, solo los utilizo como fin para la creación este FanFic. Por supuesto que no hay lucro en ello y la trama es absolutamente mía como algunos OC.
ADVERTENCIA: El siguiente capítulo contendrá escenas violentas así como la muerte de unos personajes. Recomiendo leer hasta el final de mis notas de autor para que se informen y les explique de lo siguiente que haré; Porque es el final de la trama... inicial.
Resumen del capítulo anterior:
-Utonio nos describe desde su punto de vista la aparición de Darzahel. Vemos el impacto que esto provoca en él, logrando que se muestre arrepentido por su comportamiento hacía Bombón y atemorizado por el caos del pueblo.
-Bombón es encontrada por Anthony quien la tiene como rehén y que la ha amenazado justo cuando Brick/Darzahel se apareció ante ellos.
-Gina es prima de Ian, además de que ésta tuvo un enfrentamiento con el demonio rubio y pudo morir de no haber sido por el grito de Burbuja el cual se oyó cerca, indicando que se encontraba en peligro.
-Burbuja ha sido raptada por Boomer justo en el momento en que Ian luchaba contra los demonios del Phoena.
-Bellota quiso seguirlos pero fue encontrada por Butch, a lo que este demonio pudo tenerla a su merced revelándonos que tuvo relación con la pelinegra desde la infancia, mucho antes de que se hiciera pasar por humano.
-El verdadero nombre de Butch es Letherian.
Que tengan una agradable lectura, disculpen si hay errores. Nos leemos al final.
Pacta sunt servanda
De lo pactado somos esclavos.
.
Domine, peccavi.
Obsecro, Domine, miserere nobis.
Miserere mei, et purgat daemons. Da mihi lucem.
Et erue me de tentationem.
Amen.
Señor, he pecado.
Yo de ti suplico, Señor, piedad de nosotros.
Ten misericordia de mí, y borra los demonios. Dame la luz.
Líbrame de la tentación.
Amén
Escrito en 1680. Fragmento hallado al final del diario de Fraeleus Garaell (fundador de la familia Utonio), antes de su muerte.
.
Señor, he pecado.
Las llamas claman por mi alma, y el terror ha mancillado mi fe.
Señor, apiádate de mí, termina con mi condena.
El mal goza de su banquete de herejes, y abre las puertas al infierno.
Oh señor, ten piedad.
Ten misericordia, y purifica mis demonios. Otórgame la luz, y libérame de la tentación.
Amén.
Escrito en Enero de 1718, mensaje encontrado entre los escombros de la mansión Utonio, en los aposentos de Bombón... antes de su muerte.
.
.
Surreal. Maligno. Hermoso.
Yo acababa de invocar al mal, y éste... me sonrió.
Alcé mi vista para toparme con sus orbes, oscuros y penetrantes, que no dejaban de observarme. Su cabello, tan rebelde y negro como el ébano, se revoloteaba por las suaves ondas que se creaban a su alrededor. Su aura era muy pesada pues me costaba mucho respirar.
Aun así, en ningún momento caí de rodillas aunque quizá eso es lo que debería estar haciendo, porque me encontraba frente a la figura impune de un príncipe y su mera presencia era intimidante. Sin embargo, no era una reverencia lo que él esperaba de mi parte, sabía yo muy bien que eso era lo de menos pues su mirada lasciva recorría con hambre mi cuerpo tembloroso. Él me deseaba. En todos los aspectos, me deseaba.
Y eso me encantaba.
Ya no lo reconocía. Si antes me había parecido impresionante con su faceta semi-demoniaca, ahora era aterradoramente provocador. Tenía frente a mí a la criatura más perversa y sensual que jamás he visto en mi vida. Todo en él me atrapó y me hizo anhelarlo una vez más. Una y última vez más quería sus perversas manos puestas en mí.
Quería que ese gran cuerpo me cubriera, era increíble su gran cambio; El cómo sus alas se batían con maestría y como sus verdes ojos se hicieron más llamativos pudiendo petrificar a cualquiera y todo eso con el simple hecho de decir su verdadero nombre... Pues fue así como traje con éste su imagen real, ya que delante de mí estaba un respetado demonio quien sería mi pronto asesino, y quien fue mi protector hace mucho tiempo atrás.
Dulce, oh dulce ironía.
¿Cómo se iba a imaginar una pequeña que su, supuestamente ángel, sería en realidad un ser como Letherian?
Desde que tengo memoria mis oraciones habían sido dirigidas hacía éste demonio. Que estúpida había sido, que ingenua infante era al rezarle a un demonio perverso, ¿pero era posible hacerlo? Sonaba completamente tonto el hecho de juntar mis manos mientras yacía arrodillada cerca de mi cama, mientras creía estar haciendo lo correcto al pedir que mi ángel guardián me protegiera.
Pero todo este tiempo había jugado con un ser oscuro y que seguramente mis rezos le hacían mucha gracia desde su sitio en los infiernos. Ya me lo imagino; Riéndose de mí por molestarle con una charla tan patética como lo era el pedir por un lugar en los cielos a cambio de portarme bien.
¿Había sido tan confiada y egoísta como para haber ignorado la preocupación en la cara de mi madre cada vez que le hablaba de Letherian? Porque mamá siempre lo supo y siempre me decía que no dijera ese nombre. Aun lo recordaba y ahora parecía tomar mucho sentido el miedo que en sus ojos se mostraba.
— ¡Madre, madre! —Era solo una niña que corría hacia los brazos de su madre, contenta por haber logrado salir de los laberintos de las mazmorras. Noté por su gesto, como la preocupación se iba de sus hombros tensados y me recibía con los brazos abiertos, y que yo gustosa acogí con anhelo su agarre protector.
— ¡Bellota! —Alzó su voz con mi nombre, pero no estaba enojada— ¡¿Dónde es que te habías metido!?
—Estábamos jugando a las escondidillas y… me perdí—oculté mis ojos, apenada por mi propia tontería y bajé el timbre de mi voz para que mis hermanas no lograran escucharme. Ellas se encontraban detrás de mi madre y no quería que se rieran de mí—, fui… fui a los calabozos.
— ¡¿A los calabozos!? —Esta vez sonó más alterada que antes y me dedicó una mirada severa. Por lo general, ella era una mujer amable y cariñosa que verla enfadada era extraño. Sin embargo, yo lograba hacerla fruncir su ceño muchas más veces de las que mis hermanas pudieron haber logrado— ¡Bellota, por Dios! ¡Sabes que ese lugar está prohibido para ustedes!
No dije nada y me limité a bajar la cabeza muy avergonzada. Pero después de unos cortos segundos sentí las cálidas y suaves manos de mamá en mis mejillas a lo que provocó que la encarara.
Su tacto era tierno, pero su beso en mi frente lo fue más.
—Mi niña…—dijo con dulzura. Su aterciopelada voz logró calmar la tensión en la que poco antes me encontraba —, no quiero que vuelvas a ese lugar. Estaba tan preocupada porque no aparecías. Pero ya pasó todo y hay que agradecer a los guardias haberte encontrado.
Sonreí débilmente pero no pude evitar hablar con la verdad.
—No fueron los guardias quienes me encontraron, mamá…—ella me miró extrañada, deseé entonces no haber hablado, pero continué—, si encontré la salida fue gracias a Letherian.
Y ahí estaba de nuevo la tensión en sus rasgos faciales y pude sentir como sus hombros se volvían a poner muy rígidos. Pero como siempre, nunca le prestaba mucha atención cada vez que hablaba de… él.
—Letherian me dijo que camino tomar.
— ¿¡Lo viste?! —Preguntó de repente en un tono de urgencia, solo ahora me doy cuenta que la fuerza en su habla fue sustituido por el miedo, verdadero miedo—. ¡Dime hija! ¿¡lo viste?!
Yo solo reí inocentemente, porque siempre estuve ajena a los verdaderos sentimientos que una niña no podía comprender. Por eso mi ingenuidad, por eso la risa, como si la pregunta de mi madre se me hubiera hecho absurda y ridícula.
—Claro que no, mamá. No puedes ver a los ángeles que te cuidan. Pero si escuché su voz y me dijo que rutas tomar—ignoraba la cara estupefacta de mi progenitora y yo seguía contándole con emoción mi pequeña aventura; Del cómo sentí su respiración en mi oído, susurrándome hacía donde ir y como juraba haber sentido su tacto en mis cabellos al ser despeinados, pero para cuando quise girarme para comprobar si aquello había sido real y poder verlo, no vislumbré a nadie detrás mío y justo ahí llegaron los guardias por mí—. Siempre me está cuidando, él me lo dice todas las noches antes de dormir.
Y de pronto, mi sonrisa reluciente fue borrada cuando sentí un abrazo protector. Mamá me abrazaba con fuerza mientras ocultaba su cara en la curvatura de mi delgado cuello. Entonces, en ese pequeño instante, en el que me giré para verla con interrogativa, aprecié como volvía a asomar su rostro y movía su vista a todas direcciones, aferrando más su agarre.
Lo último que recuerdo fue haber escuchado como ella susurraba algo a la nada:
—No es tuya…
"No es tuya" había dicho mi madre con amargura mientras miraba descontroladamente a todas partes.
Jamás supe lo que quería decir. Hasta el día de hoy…
Era obvio, mi madre sabía lo que había detrás de la fachada de guardián que tomó el demonio. Pero aquello no era algo a lo que a una infante se le debía contar.
Sin embargo, ya no era la misma…
No supe cuanto había pasado realmente desde que Butch había dejado de existir para traer consigo a la malvada presencia que se acercaba peligrosamente hacía a mí. En realidad, no sabía cuanto había pasado desde que dejé de articular palabra o siquiera un quejido, ya sea de miedo, agonía o deseo. Mi garanta estaba seca que supuse que el tragar saliva me dolería como nunca.
Pero, eso no me detuvo a formular una pequeña palabra que logró salir desde la profundidad de mis cuerdas vocales, provocando su sonido áspero y ronco como si no hubiera hablado desde hace días y mi voz se oyera rasposa.
—Letherian—de todo lo que podía decir, su nombre era lo único que mis labios pronunciaban, a pesar de que quisiera maldecirlo por su cruel engaño, o implorar por mi pobre alma que ahora es su paga—, Letherian...
No quitó su sonrisa de su cruel y esculpido rostro. Solo se limitó a extender su mano esperando a que yo la sujetara, algo así como una invitación para una pieza de vals, solo que claro, no estábamos en esas absurdas fiestas que tanto yo odié. No había música, no había aristócratas en galas, no había motivo para bailar, o celebrar...
Aunque, quizá si estábamos celebrando y yo no lo sabía.
Correspondí a su insinuación, y me prometí no romper en llanto por mi ferviente temor a morir y sufrir. Después, solo acarició con sus largos y fríos dedos la palma de mi temblorosa mano y jaló de mi para que me acercara más a él.
—Bellota—dijo mi nombre con su gutural voz demoníaca y creí desfallecer por esa simple acción que me llevaría a perder la poca cordura que conservaba—, ha llegado la hora, quiero que mueras para mí...
Fijé mi acuosa vista en su cara, las lagrimas me traicionaban y el pavor se apoderaba de mi que ya no me importó aparentar firmeza. Juro que casi me desmayo, pero él no me lo permitiría. Quería verme agonizar y para nada tendría piedad en dejar que cayera inconsciente. Supe así que no tendría caso oponerme, no podía huir o ser salvada y lo último que quedaba era esperar su golpe de gracia.
— Tú me darás lo que necesito para aumentar mi poder...
No lo comprendía del todo, aún así no dejé de temblar cuando posó sus garras en mi cintura y fue deshaciéndose del flojo vestido para mostrar mi desnudez, en pocos segundos estaba completamente indefensa y volvía a ser humillada. Todo lo que alguna vez fue preciado para mí, él se encargó de ensuciarlo y jugar con ello como lo fue la inocencia que tuve un día. Ahora volvía a jugar conmigo, a su antojo y desfachatez me despojó de lo que cubría mi vergüenza pues reveló ante si la marca del pacto.
Ahí estaba, latente, quemando mi piel pero sin provocarme dolor, aún.
Observé la satisfacción en sus ojos. Estaba orgulloso de haberme corrompido por completo, y ahora mi mente estaba confusa, una fuerza superior envenenaba mis pensamientos provocando que yo misma deseara ser asesinada por esta criatura. Ahora comprendía el comportamiento de mi hermana, Bombón.
Pareciera como si nos hubiesen infectado, como si una enfermedad circulara por nuestras venas para llegar directamente a nuestra conciencia, controlándola y haciéndonos alucinar. Porque el demonio es quien realmente controla tus pensamientos y te engaña para hacerte creer que, en verdad, tú eres la única culpable de que te sucedan las desgracias.
Supuse que Butch se aseguró de cautivarme, para así después hacerme creer que la única ilusa aquí era yo por caer directo a su trampa. Así funcionaban sus trucos pero fue muy tarde como para poder hacer algo. Por mi ineptitud y ceguera no pude salvar a mis hermanas, ni a la gente del pueblo, pero sobretodo, no pude salvarme a mi misma.
—B-Butch...—susurré como impulso, revelando a mi opresor mis recuerdos. Porque al decir su antiguo disfraz me descubrí pensando en él, en el humano—, n-no quiero... no q-quiero su-frir...
¡Era patética! ¡Demostrando más mi debilidad! ¡Insinuándole mi miedo por un vano intento de obtener su piedad!
—Ah, mi dulce Bellota... mi hermosa presa—canturreó con burla—. Eres la primera humana a la que le he tomado muchas consideraciones... Pero, ¿por qué crees que debería ser diferente tu final? A fin de cuentas, todos los mortales mueren, y la mayoría sufren después de eso.
Se acabó, más valía resignarme. Así que solo opté por agachar mi mirada y esperar lo que él hiciese conmigo.
—No pongas esa cara, preciosa—luego, me sujetó del mentón y sin delicadeza casi enterró sus largas uñas en mis mejillas, logrando que soltara un gruñido y ensañando un gesto de dolor—. Así, mucho mejor... ¿Nunca te han dicho lo tentadora que te ves mostrando esa mirada de miedo? ¿Lo excitante que puede llegar a ser el oírte, mientras gruñes por el dolor? ¿Lo provocadora que eres y me incitas a querer que te haga más daño? Me estás seduciendo. Y si sigues así no dudaré en usar tu cuerpo por última vez...
—¡Solo mátame!—suficiente, no quería seguir escuchándolo, bastante era el sentir como la sangre brotaba de los leves rasguños en mi rostro. Por eso no dude en gritarle aquella exigencia, casi en forma de orden, cosa por la cual él se molestó.
—Tú no decides—soltó venenosamente con su gutural voz más distorsionada, sus ojos parecían estar completamente negros—. Tú eres mía y yo haré lo que me plazca contigo.
Dicho aquello, comenzó a sujetarme del cuello, ahorcándome y haciendo que perdiera mi control, como acto reflejo posé mis manos alrededor de su muñeca.
—Podemos seguir jugando a que eres mi pequeña novia humana y Butch hace que te sientas como mujer—aquello lo mencionó con un tono indecoroso que apenas logré captar por estar más concentrada en respirar—. Podemos jugar a que te hago mía sin reservas y me entregas a mi tus incontables orgasmos, mientras te susurro promesas al oído de lo que ustedes llaman amor...
Aflojó su agarre un poco, pero se aseguró de que yo siguiera oyendo todo.
—O podemos comenzar con la verdadera diversión mientras te violo y me concentro más en mi placer que en el tuyo propio, mientras me llevo poco a poco tu alma y me aseguro de degradar hasta tu último respiro...
Esas eran las diferencias entre Butch y Letherian, uno era un bello engaño y el otro era una cruel verdad.
Unas lágrimas empaparon mi cara, cayendo en el dorso del brazo que me sostenía del cuello, y pensé ver por mis acuosos ojos como relajó su gélido semblante, pero claro que eso era ridículo, él no se inmutaría por las saladas gotas derramadas de una tonta como yo.
—Shh...—chistó con fingida dulzura y se acercó a mis labios. Sentí el peligroso roce de los suyos, aquellos donde ya solo salían crueles promesas—, tranquila. No todo está mal, has sido muy especial para mí de alguna forma.
¿Por qué si él era la criatura más vil que jamás conocí? ¿Por qué si me trataba de esta forma, yo no lo odiaba? ¿Acaso estoy perdida realmente? Todos los esfuerzo que hizo Ian para ayudarnos, las noches en vela, y esa fuerte esperanza que tenía a que nos salvaría a las tres...
Pero Bombón se volvió loca. Demente. Brick, o lo que fue de él... la envenenó desde un principio y aquel hijo que lleva en el vientre de mi hermana será posiblemente para hacerse más fuerte.
Mi hermana menor fue secuestrada, y seguramente está pasando por lo mismo que yo. Burbuja, le he fallado, no pude protegerla y dejé que Ian y Gina se encargaran de algo que no tenía salvación desde un principio.
Un pacto es un pacto. Y yo debo cumplir mi parte.
Así, me abstengo a las consecuencias de mi bisabuelo. Así, decido dejar de forcejar para sentir como mis músculos se relajan poco a poco al igual que el agarre de mi demonio sobre mi cuello. Él, se muestra complacido. Nuevamente siento la firmeza del suelo con mis pies y con dificultad logro mantenerme en pie sin desplomarme. Solo por última vez quiero creer que todo esto es falso, que las llamas que consumen el pueblo son ilusiones de una pesadilla, y que Butch es real, y sigue siendo ese ángel guardián...
Entonces, me aferro a él, y cubro mi rostro en su pecho para tratar de sentirme segura. Ya nada importa, no hay escapatoria, y solo quisiera morir con un poco de dignidad.
—Mi príncipe...
Me sonríe. Y corresponde al mi abrazo envolviéndome con un agarre protector. Comprende mi último anhelo, y me sigue el juego.
—Entiendo—me contesta—. Entonces, que así sea...
De un movimiento logra cargarme sin batallar. Estando yo en sus brazos dejo que su tacto me arrulle y me dispongo a tranquilizarme. Así, me deja sobre unas pasturas poniéndose encima mío. Solo él sabe muy bien lo que quiero, así que se dispone a comenzar de una vez.
¿Un acto de misericordia el cumplir el último deseo de una sentenciada? ¿Una especie de agradecimiento por haberle servido como fuente de diversión y futuramente de poder?
No lo sé. Solo quiero que me ame, que finja o que de verdad lo haga, da igual, solo quiero sentirme amada, ya si es engaño o no, sería lo mismo. Iba a morir.
Lo miré a los ojos, y sonreí.
—Quiero ser tuya. Por última vez.
—Oh, mi dulce humana... ojala todo saliera como quisieras—se acercó y besó mi cuello, luego susurró a mi oído—; Pero realmente ni tienes idea de lo que te voy a hacer... Solo quiero que tengas en mente que todo lo hago por... amor.
Y se rio. Se mofó hasta el último segundo de ese sentimiento. Lo pisoteo como simple escoria mientras arrancaba con brusquedad mis vestimentas y me hacía suya salvajemente.
¿Amor? ¿Así era como lo veías... Letherian? ¿Es esto lo que es para ti? Y lo comprendí un poco, mi demoniaco príncipe lo estaba confundiendo. No era amor lo que sentía por mí, solo una idea falsa de él.
Era obsesión. Lo suyo realmente era una barata imitación a lo que yo sentía.
Pero una dulce obsesión me hacía sufrir y gozar al mismo tiempo en los últimos instantes de mi vida. Antes, cada embestida suya era placer puro. Ahora eran como lastimosas estocadas, que de igual forma me hacían perder la cordura. Todo, valía mucho y nada hasta este punto. Ya todo era cosa del pasado y se esfumaba con la cercanía a mi orgasmo. Con él se iría mi vida...
Y no me equivoqué.
Vi por última vez su rostro; Cruel, hermoso.
La muerte era aterradora. Ya la estaba experimentando sin haberme preparado, pues no me percaté cuando atravesó mi estomago con sus garras.
Exclamé con un horroroso grito mi agonía.
¡Me duele, me duele mucho!
Siento... mucho frío.
De repente, todo se vuelve borroso.
Mi vida se marchita.
Mi corazón late con lentitud.
Me cuesta respirar.
Siento como la sangre escapa de mis entrañas...
¡Duele!
¡DUELE!
¡Butch! ¿¡Por qué?!
¡¿POR QUÉ?!
No puedo llorar, mi cuerpo se concentra más en aferrarse inútilmente a la vida que está perdiendo.
¡¿Por qué, Butch, por qué?!
¡¿POR QUÉ?!
¿¡Qué hice para merecer esto?!
¡¿POR QUÉ?!
Dios me castiga, me está castigando al abandonarme...
¡¿POR QUÉ?!
Oscuro, todo se vuelve oscuro. Y entro a un abismo; Tenebroso, desolado, perverso...
Muero...
Me... muero...
¿Verdad... Letherian?
.
.
Ian procuraba mantenerse firme ante la situación a pesar de su gran cansancio. Ahora, su rostro no mostraba su típica faceta infantil y pareciera como si en pocas horas hubiera logrado endurecer esos rasgos inocentes. Pero con su cara mugrienta de hollín y su decidida voz logró convencer a Utonio de avanzar, aquel hombre había visto demasiado y sus fuerzas mentales languidecían por cada demonio que se topaban en su camino.
Afortunadamente habían sido capaces de evadirlos gracias a dicho libro sagrado. El castaño debía cuidar ese libro con su vida y proteger a su antiguo lord. Una tarea bastante difícil tomando en cuenta que la lleva a cabo un niño que en unos días tendría doce…
Era de admirar que en poco rato, Ian había demostrado ser capaz de controlar la situación demostrando así su madurez. Pero no soportaría otra batalla con aquellas bestias pues sentía sus sentidos desfallecer. Llevaban montando ya un buen tramo del camino hacia la costa, donde los esperaba un bote lo suficientemente espacioso que los salvaría de ese infierno.
El pueblo era un matadero. Difícilmente se encontraría a alguien con vida.
Ellos presenciaron como un demonio se daba un festín con los pueblerinos que intentaron huir. Observaron con horror como las bestias se limpiaban sus horrendos y sobresalientes colmillos con las costillas de sus presas como si se tratase de un simple pica-dientes. Fueron testigos de cómo niños eran devorados como simple bocado.
Pero el verdadero miedo se hizo presente cuando las inmundas criaturas de vez en cuando coreaban y se regocijaban de su fiesta al lanzar alabanzas a su rey y a sus príncipes.
Tomaría tiempo olvidar, dejar que las imágenes no se colaran y ocasionaran traumas, aunque quizás era muy tarde para eso. Jamás dejarían de ver en sus más oscuras pesadillas la masacre de su hogar, y eso era solo si salían vivos de todo aquello… aunque se podría decir que era ahora cuando se sentían más seguros, pues ya habían pasado la peor parte; Utonio e Ian ya habían salido de ese pueblo maldito hace rato.
Sin embargo, eso no los alegraba ni un poco, aún estaba la preocupación nada latente. El hombre mayor de vez en cuando murmuraba a las espaldas del niño, como si rezara. Algo que ni sorprendió al joven a pesar de saber que el lord nunca fue un hombre religioso, pero que en ocasiones como éstas, muchas veces es mejor darse ánimos con aquellas palabras de aliento.
—Casi llegamos a la orilla, señor—habló el castaño mientras miraba atentamente el camino.
Hubo silencio, pero él sabía que no obtendría algo como respuesta, pues Utonio mantuvo la vista fija a la nada una vez que se alejaron del peligro.
—No se preocupe, Gina las encontrará—dijo, tanto para el lord como para sí mismo—. Las salvaremos, estamos haciendo todo lo posible y lo lograremos.
"Lo lograremos", fue la siguiente frase que se quedó plasmada en la cabeza de Ian y que se la repetía de vez en cuando para poder seguir. Sin embargo, para Utonio, las palabras habían penetrado en sus pensamientos tan rápido como se esfumaron.
Él presentía la muerte acechándolos de cerca, muy cerca. Yendo por todos, pero pisándoles los talones a sus queridas hijas.
.
.
De niña, siempre soñé con el día en que llegara a enamorarme. Lo había planificado todo, desde mi aspecto al recibir el primer beso con el apuesto muchacho que logró cautivarme, hasta el desenfrenado latir de nuestros corazones. Imaginaba la situación, las condiciones, las palabras y los silencios. Soñé con el rubor de mis mejillas y la mirada de amor en nuestros ojos.
Los de él tenían que ser profundos y encantadores, viéndome directamente. Mientras que los míos tendrían que sostener su misteriosa mirada, a pesar de la vergüenza que crecía al no saber qué hacer o decir. Entonces, seguía el acercamiento, lento y seguro. Sin que a ninguno de los dos le invadiera la duda y se arrepintiera de dar el siguiente paso.
Yo tendría que cerrar mis ojos a la espera de lo que él haría. Luego, sentiría el contacto de sus labios contra los míos mientras controlo mis nervios y emoción. Me sujetaría de la nuca para profundizar el beso y yo respondería con torpeza por mi nula experiencia, demostrándole que es el primero y será el único.
Soñé con el paisaje. Con un atardecer, o con un sol escondiéndose entre las nubes. Pasearíamos por el pueblo, o caminaríamos por los hermosos jardines de mi madre para sentarnos en la orilla de la fuente. Lo imaginé atento al estanque de la fuente, él roza con sus dedos los pétalos que cayeron al agua. Así yo vería nuestras caras reflejadas. Ninguno de los dos habla pero él sigue viendo el estanque, luego su vista cae en mi imagen, y me sonríe. Yo correspondería por instinto, y después ambos confesaríamos nuestro amor por el otro.
Mi padre le daría mi mano sin oponerse, pues en mis fantasías me encargaba de que aquel muchacho fuera noble, solo porque sabía que nunca me dejarían estar con un campesino o alguien de baja cuna. Pero a veces, incluso soñaba con un escape, a veces el chico de mis sueños era un simple pueblerino del que me enamoraría por su sencillez y encanto.
De niña siempre me gustó imaginarme en una boda siendo yo la novia, en dónde mi prometido sea a quien yo ame y éste corresponda igual. De niña fantaseé con aquello, porque no tenía en cuenta mi real destino, ya que ni si quiera sabía que tenía uno marcado.
Nunca le conté a nadie lo que quería cuando era niña. Mis hermanas se hubieran reído. Bellota me hubiera molestado y Bombón solo despeinaría mis coletas; Un gesto que siempre se le haría a una ingenua niña. Pero, a pesar de serlo, nunca me agradó sentir ese sentimiento de inferioridad. Nunca me agradó depender de Bombón y siempre deseé la rudeza de Bellota. Nunca quise ser la pequeña cría consentida que lloraba y temía por todo. Pero desde que mamá murió, seguí siendo todo eso y más.
Miedosa, llorona, infantil, ingenua, débil, pequeña…
Siempre dependí de mis sueños, los sueños lindos. Tanto, que llegué a desear a mi amado tan real como lo quería. Pero mis deseos fueron distorsionados. Manchados con una depravación tal que, al despertar gritaba, sudando y temblando.
El apuesto muchacho tomaba forma de una feroz criatura, y me asesinaba a sangre fría sin que yo lo previera. De repente, todo se convertía en algo siniestro. Los paisajes, las imágenes… las intenciones.
Las rosas del jardín se pudrían con prisa y el cielo se oscurecía. La fuente se deshacía, convirtiéndose en viles cenizas y todo lo que hubiera alrededor se desplomaba por el fuego que lo consumía. Podía incluso percibir el olor a podrido, el olor a muerte. Y así, al voltear a ver al chico, él estaba frente a mí, rubio, ojos azules… pero le tenía miedo. Su mirada era macabra y su sonrisa era cruel. Tenía alas, muy imponentes y negras, sus uñas se convirtieron en garras y su cuerpo era más grande pues ahora era más alto. Era fuerte, apuesto y peligroso.
Le tenía miedo. Le tuve miedo en toda mi infancia, y le sigo teniendo miedo. Era él, mi pesadilla más frecuente, pero al mismo tiempo fue mi sueño más deseado.
Boomer era la fantasía perfecta de mi yo pequeña. Era hermoso y gentil, fue todo lo que quise en la vida…
Pero él… la criatura que me había raptado era lo opuesto. Ahora yacía en lo más profundo del bosque, en los dominios de los animales salvajes. Perfecto lugar para morir. Así al menos no formaría parte de la montaña de cadáveres y mis gritos no se confundirían con los de las pobres almas que sufren en ese infierno viviente.
Temblaba al estar en el suelo, incapaz de moverme. Ese demonio me controlaba y no tenía escapatoria. Solo lo vi, de pie ante mi. Seguía siendo atractivo, pero su belleza llegaba a tal grado que yo me sintiera intimidada. No hablábamos, solo nos mirábamos. Era como una especie de burla a mis infantiles sueños.
Temía que, si me atrevía a hablar me rajara la garganta con esas afiladas garras. Incluso quería dejar de respirar, porque pareciera que solo así me dejaría en paz. Lo cual resultaba aún así patético, él no me dejaría, me llevaría con él hasta el infierno para que se divirtiera como se quema mi alma. Así que daba lo mismo lo que yo quisiera o intentara, y por eso me quede quieta, a la expectativa de sus siguientes movimientos. Solo pasaron un par de segundos cuando dio cuatro pasos al frente, acercándose a mi.
Alcé mi vista, estaba demasiado alto. Imponente. Pero presentí que podía estarlo aún más...
—No me temas—fue lo primero que dijo. De alguna manera captó mi atención, pero mi voz no se atrevía a salir de mis cuerda vocales—. No te haré daño.
Fruncí el ceño. Y lágrimas se empezaban a acumular, cargadas de frustración. ¡Mentía, por supuesto que mentía! ¡Todo lo que él dice, todo lo que sale de sus labios son farsas!
Boomer pareció notar que me rehusaba a creerle. Así que se hincó quedando a mi altura y como acto reflejo retrocedí aún estando en el suelo, pero no pude seguir marcando distancia porque había topado con el tronco de un árbol. Él, por su parte, solo extendió su mano sin dificultad de alcanzarme y rozó con delicadeza mis mejillas. Delineó con sus dedos el húmedo recorrido que dejaron las gotas saladas que brotaron de mis ojos, y se detuvo hasta el final de éste, en mi barbilla, para sujetarme con sumo cuidado y obligarme a que le viera a la cara.
—Créeme—confesó, pues vi como en sus ojos se mostraba la gran pena por causarme miedo. O eso es lo que yo creí ver reflejado en sus demoniacos orbes azules—. Créeme cuando te digo que no te haré daño.
—Me has engañado—solté sin darme cuenta que mi voz comenzaba a cooperar nuevamente—. Todo este tiempo lo estuviste haciendo... ¿Por qué habría de creerte ahora?
No supe de donde saqué tanta fuerza de voluntad al decirle todo aquello sin titubear.
—Porque no te he traído hasta aquí para matarte.
Aunque eso no era para nada consolador, pues ni siquiera sabía si era verdad, resultaba hiriente la manera en que me hacía recordar el motivo por el que estaban aquí, en la tierra. Atormentándonos.
—Mientes...—susurré queriendo agachar la mirada, pero él no me lo permitió—Siempre lo has hecho, siempre fuiste tú quien causó tanto daño... Eras tú quien me atormentó todos estos años con esas pesadillas, ¿verdad?
Silencio, uno espectral e hiriente. Ese gesto mudo sirvió para otorgarme la certeza de que estaba en lo correcto. Y fue peor que una puñalada.
—Desde pequeña te veía en mis sueños... Tu risa, tu espectral figura, la sangre—Boomer solo seguía observándome fijamente, sin ninguna emoción. Pero yo continué—, los muertos. Decenas y decenas de cadáveres puestos en pila. Los gritos, el sufrimiento...
—No sigas, Burbuja—me pedía con exigencia, pero yo no me detuve.
—Y el demonio que se posaba frente a mí, así como lo está haciendo ahora... Se mofaba de la cobarde niñata que yacía temblando.
—Burbuja...
—Tu vista que se posaba en tu presa, tu gutural voz... tu nombre...
Me callé al instante. Supe entonces que aquello sería un error, no debí recordar. Así supe lo que evitaba y trataba de decirme el demonio que se mantenía inexpresivo ante mi. Tanteaba y se mantenía cuidadoso de lo que mis labios tuvieran que pronunciar. Lo miré, y descubrí cierta inquietud en su postura. Como si le preocupara que me atreviera a revelar algo...
Su nombre.
—Tú... mentías sobre todo. Tu hogar no es la tierra, ni eres humano siquiera—dije con cierto desprecio—. No te llamas Boomer...
—No sigas—interrumpió de repente, se contenía, quería hacerme callar. El escuchar como yo lo recriminaba, ¿le dolía? o ¿por qué será que no quería que yo hablara? Por supuesto, hice caso omiso.
—¿Por qué debería callar?—pregunté con cierto deje de sarcasmo, aunque éste no me saliera tan bien. Estaba dolida y por tanto no era consciente de mis palabras, era como si otra chica las pronunciara importándole poco si estaba frente a un asesino— ¿Qué pasa si digo el nombre de mi pesadilla? ¿Ah?
Me miró con severidad al mismo tiempo que se ponía de pie. Me arrepentí rápidamente de mi altanera actitud, era una estúpida, ¿cómo se me ocurría rebelarme de esta manera siendo que él fácilmente podía matarme? Había sido tan impulsiva que no medí las consecuencias, ahora, él me miraba con cierto enojo, o de forma despectiva, no lo sé. Su mirada mostraba muchas cosas, cosas que no eran buenas estaba segura.
—No quieres invocarme, Burbuja. Realmente no lo quieres—fue lo único que dijo, con su voz tan firme—. Si lo haces, te arrepentirás. Me tendrás miedo, más del que ya me tienes.
—Es lo que intentas. Que yo te tema. Es lo que has hecho estos últimos quince años—mi temblorosa voz regresaba, la absurda valentía había durado tan poco cuando lo escuché hablar, pero no quería mostrarme débil cuando ya había respondido con firmeza hace unos segundos—. Por eso es que debes de cumplir con el pacto que hizo mi bisabuelo... Debes matarme y por eso me has traído hasta aquí, ¿¡Por qué no querrías entonces que invocara al príncipe de los infiernos?!
Me levanté para tratar de agarrar más coraje, al menos intentarlo. Lo encaré con mi fuerza de voluntad pero de solo verle hacía que mis piernas flaquearan. Ahí estaba, tan inalcanzable, y yo seguía amándolo aunque sufriera por ello...
—Deberías de estar satisfecho contigo mismo—solté—, has conseguido que una simple humana ame a una criatura como tú, y que ahora no le quede de otra más que morir en tus manos.
La tristeza que ahora albergaba en mi, era la única que me hacía seguir para hacerle saber cuanto me dolía la cruel verdad. Pero por más dolida que estaba no cambiaba el hecho de que me encaraba con un demonio. Quizá me arrepienta por haber actuado desafiante, pero bien sabía que hiciera lo que hiciera me acabaría matando.
Así que después de haber hecho notar mi frustración palpable, él avanzó a mi dirección manteniendo su gélido semblante. No tardó mucho en acorralarme, pues como había dicho antes, el árbol me impedía ir más allá para mantener mi distancia, como si con eso me fuera mantener a salvo. Pero ya todo acabaría, así que me limité a cerrar mis ojos para recibir su primer ataque. Pero éste, nunca llegó.
A cambio sentí como sus dedos pasaban por mi rostro, marcando un recorrido de mis labios a mi quijada. No me estaba haciendo daño, al contrario, su tacto era delicado y eso me hizo dudar.
Abrí mis ojos y noté como la concentración llenaba su cara, mantenía esa expresión fija en mí. Quería hablar, romper el extraño silencio que se formaba para hacerlo regresar al presente, porque parecía perdido, casi tan humano como el que alguna vez fingió ser.
—¿Qué te detiene?—pude formular la pregunta mientras dejaba de mirar mis labios, para mirarme a los ojos.
—¿Qué... me detiene?—repitió aún en trance, parecía que era otro y no el cruel demonio que era protagonista de mis perturbados sueños. Calló por unos segundos más, pensativo, buscando una respuesta que lograra convencerme, o mejor dicho, convencerlo a él—Mi humanidad—respondió finalmente, despectivo, junto con un deje de ironía.
—¿Tu humanidad?—repetí extrañada, él fijó su vista a mis rebeldes mechones de cabello, y se dedicó a jugar con ellos.
—Hasta un demonio la posee—dijo secamente sin dejar de tocarme el cabello—. Tiene que hacerlo, tiene que sentir...
Luego, dejó de mirar sus dedos envueltos por mis hebras para mirarme fijamente. Se fue acercando hasta quedar a pocos centímetros. Yo sentía su respiración y sus labios estaban a una nada de los míos. Me tentaban.
—Un demonio siente—comentó cuando notó que no comprendía—; Odia, sufre, envidia, goza...
Rozó deliberadamente mi boca con la suya. Pero sabía que no me estaba provocando, por alguna extraña razón presentía que se contenía.
—... Ama.
—Los demonios no aman—dije con amarga tristeza.
—Exacto. No lo hacen—dijo más para si mismo—... no lo hacen.
Guardé silencio esperando a que dijera algo, pero en vez de eso, se alejó, dándome la espalda.
—Vete—me ordenó sin voltear a verme—. Debes seguir derecho para salir de este lugar. Vete, y no regreses al pueblo. Te están buscando y esperando.
No pregunté a quienes se refería, era claro que se trataba de Ian y Gina que habían tratado de protegernos y solo esperaba que lo hubiesen logrado con mis hermanas. De repente, sentí una punzada, una corazonada, ¿mi padre estará a salvo? La última vez que lo vi se había quedado con Ian mientras eran atacados por esas horribles criaturas.
Pensé en irme, en correr para hallar mi salvación, pues Boomer me estaba dando la oportunidad de huir...
Pero me quedé. Me quedé aun teniendo en cuenta el grave error que cometía. ¿Por qué me quedaba? ¿Qué tenía que hacer ahí, en medio de la nada, a solas con una criatura procedente de los infiernos?
—Vete—volvió a decir cuando notó que yo no me movía de mi lugar. Pero de nuevo, desobedecí.
—No—respondí con simpleza—. No lo haré.
¿Por qué me quedaba? ¿Qué quería lograr? ¿Qué pasaba si yo me aferraba a él?
—No quieres quedarte. Vete.
—Tú no sabes lo que quiero...
—Largo—contestó con autoridad, incluso agravó más su voz para espantarme. Pero yo seguí sin moverme.
—No.
—Lárgate. Ya no te necesito.
Por más que quisiera herirme, asustarme, no conseguía hacerme cambiar de opinión. Supe entonces que él solo quería protegerme. ¿Por qué no me iba entonces? Porque sabía que, si lo hacía, nunca más volvería a verle.
—Mientes. No puedes dejar el pacto sin cumplir—respondí con la esperanza de que me ayudara a entenderlo mejor.
—Lárgate...
—¿Por qué haces esto? Ambos sabemos que no puedes dejarme escapar... ¿por qué lo haces?
—¡Basta!—lo estaba sacando de quicio, lo supe por la forma en que su tono se hizo más distorsionado—. Sólo escapa.
—... No—con valentía, me acerqué a él, quise tocarlo, quise abrazarle. Quería comprenderlo, quería saber de sus motivos, ¿por qué traicionaría a sus hermanos por mi? Quería escucharle decir la verdad. Pero, apenas posé mi mano sobre su brazo cuando se dio la vuelta con brusquedad y me tomó con violencia del cuello. Sorprendida, abrí mis ojos y traté de no quedarme sin aire. Su agarre me estrangulaba.
—B-Boo-mer...
—Así no es como me llamo—soltó con rabia. Su cara había cobrado cierta malicia, y su aura se ponía más pesada, tanto, que el ambiente se tornaba sofocante—. Te di la oportunidad de marcharte, pero veo que solo eres una niñata estúpida que se quedaría para morir.
Sus palabras me dolieron. Nunca me había hablado así...
—Has sido realmente una molestia, ¿crees que me tragaría una alma tan inservible como la tuya? No me sirves, ni siquiera estás lo suficientemente corrompida para que logres invocarme. No portas la marca del pacto.
—M-me las-timas... Boomer
—¡ESE NO ES MI NOMBRE!—su azul mirada se tornó oscura, luego, fue tal su furia que logró desgarrar mi vestido de un jalón. Quise gritar, llorar, pero estaba tan sorprendida de ver su demoniaca faceta que no pude ocultar siquiera mis desnudos hombros.
Me dejó caer con violencia al suelo, pero no me dio tiempo de ponerme de pie pues él se puso sobre mí y con una mano sujetó mis muñecas, manteniendo mis brazos extendidos. Acto seguido, se acercó a mi oído como al mismo tiempo posaba su mano libre en uno de mis senos y lo estrujaba.
—Debo enseñarte la maldad para que puedas invocarlo—dijo sombrío—, después de todo, me has orillado a hacer esto.
—¡De-Detente!
Pero ignoró mi suplica para comenzar a subir las faldas del vestido. Quise oponerme, pero el miedo me paralizaba para que yo pudiera defenderme. Ahora, su mano vagaba por mis muslos acercándose peligrosamente a mi entrepierna. Unas lágrimas de desesperación se asomaron por mis ya acuosos orbes, pero eso no lo detuvo.
Solo sentía como sus invasores dedos se colaban por la prenda interior, desgarrando la tela para tocar con más libertad. Luego, sentí como acariciaba esa parte prohibida, aquella donde ningún hombre había tocado y que ni siquiera yo conocía como para provocarme ese placer que se me hacía tan desconocido. Él lo hacía con tal maestría que me robaba suspiros involuntarios, pero seguía temiéndole pues no quería esto.
—¡Ah!—exclamé con dolor y con extraño goce cuando un dedo entro en mi— ¡P-para, B-Boomer!
Soltó un bufido y se limitó a lamer mi cuello. Se burló de mi, pues comenzó a mover con rapidez sus dedos ya que de mi se emanaban ciertos líquidos que lo hacían más fácil moverse en mi interior. El sonido tan pecaminoso que se oía era la clara muestra de como bombeaba con fuerza para provocarme placer, un placer que poco a poco fue nublando mi vista para estallar por completo después de un rato.
Fue así como me perdí para después recobrar mis sentidos y darme cuenta de lo que había hecho; Había sido profanada y si seguía ahí, acabaría siendo violada.
—¿Por qué...?—dije a punto de soltar mi llanto, él me sonrió con crudeza—¿Por qué me haces esto?
No quitó su expresión, y solo ladeó su cabeza en un gesto de diversión.
—Invócame... y lo sabrás.
.
.
Gina había perdido el rastro de Bellota y de aquel demonio. Ahora solo vagaba por los alrededores tratando de evitar a los monstruos que seguían con su celebración. Había visto atrocidades, muchas de las que no quería contar pero que tenía que afrontarlas, ya que derrumbarse en un momento como éste sería lo peor que pudiera hacer. Estaría deshonrando a su familia. Estaría fallándole a su abuelo...
Desde que era una simple niña supo de la existencia de los cazadores, siendo ella hija de uno y nieta del más grande.
Sus primeros años de vida los vivió en aquel lugar; Un pueblo escondido, donde una pequeña comunidad habitaba y se mantenía la margen de las bestias. Desde siglos pasados, el linaje de un cazador era ocultado, dejándole a las demás personas solo simple leyendas, cuentos que contar frente a la chimenea en una noche fría.
¿Personas entrenadas para matar demonios? ¿Humanos que vivían exiliados, por decisión propia, de la sociedad? Si, sonaban a ideas absurdas sacadas de los relatos para niños.
Pero era mejor que la gente lo creyera así.
Gina era parte de aquel linaje de hombres que arriesgaban sus vidas para mantener el control sobre la tierra.
¿Cuándo fue exactamente? ¿Cuándo fue que el hombre interfirió entre las disputas de los ángeles y demonios? ¿Cuándo fue que el humano se incluyó en esa guerra que llevaba millones de años? Decir el tiempo exacto sería imposible y solo una cosa era clara; La guerra continuaría por los siglos de los siglos, hasta el fin de los días.
Gina sabía perfectamente que ella no era más que otro soldado a la causa de los humanos. Por eso, era su deber salvar la vida de tres muchachas que cayeron en manos de la maldad.
Apresuró el casi llegaba a la mansión Utonio, único lugar que le quedaba por buscar y que aún era probable encontrar a alguien con vida, pues la casona se mantenía intacta, sombría, pero en pie.
Sin embargo, al cruzar las puertas del extenso territorio pudo divisar a lo lejos un incendio. Allí, donde se encontraba el granero las llamas se extendían, pero no era cualquier fuego que se avivaba hasta convertirse en una enorme hoguera, había algo en el aire que le decía que no se trataba de un incendio cualquiera...
Y fue así que tuvo un mal presentimiento.
.
.
"Adelante"
No supe cuanto había pasado desde que le escuché decir esa palabra. Los segundos parecieron ir más lentos que de costumbre, pues el tiempo en el que Anthony seguía apuntándome era eterno.
Pero Darzahel no se notaba incómodo a pesar de que Kurth había puesto a punto la pistola sobre mi sien. Estaba ahí, tranquilo, mirando fijamente al cobarde que no se atrevía a cumplir su amenaza. Yo por mi parte, supe que no debía sorprenderme ya, pero no pude evitar sentirme mal aún si Brick era un demonio y pronto nos mataría a mi y a nuestro hijo.
Anthony se había quedado mudo. Era un estúpido por creer que podía negociar con Darzahel, siendo que su alma ya le pertenecía. Pero fue tan necio que no midió bien la situación, y ahora estaba debatiendo en su mente si le convendría dispararme, o huir...
De un momento a otro, el alto demonio que seguía frente a nosotros, sonrió de forma burlona y nos dedicó una afilada mirada. No pasó mucho para cuando una risa siniestra se escuchó en el ambiente. Era Brick, era Darzahel, riendo a carcajadas.
—Vamos, inténtalo—pronunció con su fúnebre voz dirigiéndose a Anthony y mantuvo su semblante lleno de superioridad, portando la figura elegante de un rey—. Dispara.
—Jodido monstruo...—susurró entre dientes mientras aferraba su agarre y presionaba el arma en mi cabeza, solté un quejido de dolor, pues sentía como la punta de la pistola quería perforar mi cráneo por la fuerza ejercida.
Pero nunca jaló del gatillo. Solo se mantuvo quieto, maldiciéndolo.
Mi demonio pelirrojo lo miró una vez más y no quitó la sonrisa de sorna en su rostro.
—¿En serio llegaste a creer que esto te funcionaría?—preguntó con gracia—¿En serio creíste que podías negociar conmigo, el rey de los infiernos?
—¡Calla, maldita bestia! No intentes subestimarme...
—Hazlo entonces—interrumpió— ¿A qué esperas?
—No juegues conmigo, demonio—siguió retando Kurth—. Sé perfectamente como funcionan estas cosas. Si yo la mato, el alma de esta zorra irá a parar directamente al Inanís, ¿No es allí donde van a parar las almas que quisieron escapar del segundo infierno, el Cárceres? Sé que "la nada" está fuera de tus dominios, y las almas que no son cobradas por el demonio que pactó para tenerlas terminan atrapadas en ese inmenso lugar.
Apenas y podía captar lo dicho por Anthony, pero por la reacción que Darzahel tenía daba a entender que estaba en lo correcto, pero, ¿cómo es que Anthony sabía tales cosas?
—Me sorprendes un poco, mortal. Te has informado bien—respondió Brick con simpleza, pero no quitó su cruel sonrisa—, pero, ¿de qué te sirve presumirme que cuentas con el básico conocimiento de mi hogar? ¿Supones que me harás cambiar de opinión? Si lo quisiera ya estarías descuartizado. Solo me detiene el deleite de pensar en los horrores que traeré para ti.
—Te lo advierto...
—Hazlo—dijo secamente, mirando como la pistola seguía en la misma posición. Yo ni siquiera respiraba, la tensión era tanta que me costaba pensar fríamente. Darzahel era demasiado impredecible, nunca sabía que era lo que tramaba exactamente pero era demasiado astuto así que opté por dejar en sus manos la situación.
Lo vi a los ojos y sentí como su mirada se enfocó en la mía, supe que era mi turno de poner presión sobre Anthony, ya que Brick solo estaba divirtiéndose, probando a Kurth.
—Hazlo—fui yo quien lo dijo esta vez, era lo primero que decía después de un buen rato. Mi firme pedido había tomado por sorpresa a mi captor, pues Anthony frunció su ceño, confundido.
—Malditos monstruos—escupió venenosamente el castaño. Miré por el rabillo de mi ojo y me percaté que Anthony estaba decidido a dispararme. Sin embargo todo pasó tan rápido que fue interrumpido por un ruido. A lo lejos se divisó un fuerte estallido. Allí donde una vez estuvo el granero...
De repente vino a mi cabeza la imagen de una de mis hermanas...
—¡No!—exclamé una vez que mi mal presentimiento se hubo confirmado por la risa de Darzahel, así supe que efectivamente su hermano cumplía su parte del trato—¡Bellota!
Como pude me solté aprovechando que el castaño se encontraba demasiado absorto en lo que veía. Quise correr hacía la dirección en que la gran exposición se encontraba, una extraña luz verdosa se encontraba apuntando al cielo.
Pero antes de que pudiera alejarme siquiera cinco metros, recibí un disparo que me derribó.
—¡Agh!—grité, la bala había perforado mi hombro izquierdo. Por acto reflejo me presioné la herida con fuerza en un vano intento de mitigar el dolor, pero fue inútil. No pude ponerme de pie y seguir corriendo hacía donde provenía el extraño fenómeno.
Alcé la vista, era lo único que podía hacer por el momento y me di cuenta de que aquella cegadora luz había desaparecido. Tan rápido como se mostró desapareció. Pero no desapareció mi miedo por lo que mi suposiciones maquinaban...
Traté de ignorar el dolor físico reuniendo coraje para encarar a dicho sujeto quien me hirió. Pero apenas con girar mi cabeza para descubrir lo que pasaba a mis espaldas, me sorprendió ver la gran figura de Brick sujetando a Anthony del cuello. Todo pasó tan rápido que no me di cuenta cuando él se acercó a Kurth, quien inútilmente luchaba por mantenerse estable pues Darzahel parecía estrujarle con fuerza.
Anthony se sujetaba de la muñeca derecha de Darzahel, con todas sus fuerzas trataba de quitarse las garras que ahora apretaban más su cuello. Estaba desesperado de vivir, sus ojos irradiaban miedo.
Pero al demonio de mirada carmesí no parecía afectarle ni lo más mínimo aquel gesto de suplica.
—¿Qué pasa?—preguntó sin expresión, pareciendo incluso que se mostraba aburrido—¿Dónde quedó tu postura desafiante?
El rostro de Anthony comenzaba a optar un color morado.
—Ah... ya veo—pronunció al tiempo que la curvatura de sus labios mostraron una media sonrisa—. Toda tu valentía momentánea escapó junto con la bala que disparaste... Pero eso pasó porque eres tan estúpido que ni siquiera acertaste... No la mataste— luego de decir aquello, vi como me miró de reojo por un momento para luego volver a mirar fijamente a Kurth que luchaba por respirar—. Ella sigue viva, y por ende tú morirás con ese pesar...
Luego, arrojó con tal brutalidad el cuerpo de Anthony hacía unas lapidas, que solo oí el quejido de agonía del castaño así como un crujido. Éste, tosió con fuerza aun intentando componerse del impacto, se le veía más concentrado en tratar de ponerse de pie y huir, pero apenas y podía moverse.
—¿Intentas huir a pesar de tener rotas las costillas?—preguntó Brick con ironía, divertido.
—Joder...—maldijo Kurth por lo bajo mientras se sostenía de las lápidas para poder ponerse de pie, pero le resultaba difícil.
—Es inútil—dijo Darzahel—. Ya no hay nada por hacer, no puedes salvarte. Has desperdiciado toda tu vida.
—¡C-calla!—gritó el hombre que mantenía presión en uno de sus costados, donde al parecer estaba herido—¡No sabes quien soy y de lo que puedo ser capaz aún!
Darzahel soltó una risa.
—Eres Lord Anthony Kurth—pronunció desde su lugar, al mismo tiempo que comenzaba a acercársele al castaño, amenazante—; Descendiente bastardo de la familia Kurth, primer y único hijo varón de Fernand Kurth. Nacido un 12 de julio de 1694. Eres hijo de una prostituta, pero acogido como miembro y heredero del linaje porque la esposa de tu padre era incapaz de dar a luz...
Abrí mis ojos de la sorpresa al escuchar aquello, en cambio, el castaño mantenía una expresión más sorprendida que la mía e incluso horrorizada. Al parecer Darzahel decía la verdad...
—B-basura...—susurró Anthony con rabia y miedo mezclados.
—Hombre avaricioso, déspota, cruel... pero comprometido con Bombón Utonio, hija mayor de Lord P. Utonio—continuó hablando mientras que quedaba frente al castaño—. Eres el Invocador del rey infernal, por ende, alma condenada que me fue ofrecida. Eres un mortal que ha cometido varios pecados; Has asesinado, has mentido, has humillado, has traicionando... Lord Anthony Kurth, tu Dios te ha concedido venir a morar la tierra hasta el final de tus días, y pronto serás juzgado por tus crímenes en el primer infierno; Iudicium...
El castaño yacía atemorizado, desde mi lugar pude ver como claramente una gota de sudor se deslizaba de su sien y tragaba saliva observando fijamente al imponente demonio, quien lo volvía a sujetar sin cuidado alguno de sus ropajes y levantándolo sin dificultad, pues esa criatura era mucho más grande que el chico de tan solo veintitrés años...
—Eres solo un humano, incapaz de frustrar mis planes. Eres hijo ilegítimo, el bastardo...—dijo con voz siniestra y un gesto perverso—, asesinado el 17 de Enero de 1718.
Y antes de que Anthony tuviera tiempo de reaccionar, unas sombras aparecieron alrededor que se encargaron de sujetar el cuerpo del hombre. Aquellos espectros que al parecer fueron invocados, sujetaban a Anthony por las muñecas y tobillos obligándolo a estirarse, alzándolo y dejándolo a la voluntad de Darzahel para que éste hiciera con él lo que quisiera.
Si hubiera tenido tiempo para desviar mi mirada, lo hubiera hecho... Lo siguiente que había presenciado me había recordado lo despiadado que era Brick... no, mejor dicho Darzahel, el demonio. Aunque yo tratara de aferrarme a su antiguo nombre, no podía llamarlo así, no podía ver en esa criatura al humano que una vez conocí.
Pues Darzahel era un monstruo. Uno que con sus garras, atravesó el pecho de Anthony. Con su mano derecha perforó el cuerpo del castaño. Pude oír el sufrimiento en el alarido de ese sujeto, vi como la sangre comenzaba a escapar y manchar la muñeca de Darzahel que seguía incrustada en el pecho de Kurth. Vi la expresión de ese pobre ingrato, incrédulo de que su vida fuera a terminar así.
La sonrisa retorcida de su asesino lo atemorizó hasta el último segundo de su lenta y dolorosa muerte. Pues Darzahel se deleitaba del pavor que Anthony le mostraba. Pasaron unos segundos cuando de un movimiento, el oscuro ser sacó su garra del pecho de un moribundo lord, extrayendo de éste el corazón.
Anthony ya había escupido mucha sangre desde el momento que fue brutalmente perforado, de sus ojos, ya solo se mostraba una vista opaca carente de vida, y ahora, su rostro y cuerpo estaban inertes.
Darzahel exprimió el órgano sin poner mucha fuerza de su parte. Y por si no fuera suficiente, recitó unas palabras que me helaron la sangre.
"Jer lem alceum jox ajktrah, le zein cu tempez xhe Cárceres.
Jer lem alceum at io aztra... ae ij ceres at lum zhae."
"Tomo tu alma como ofrenda, de un condenado que sufrirá en el segundo infierno.
Tomo tu alma para mi poder... y te castigo por tus pecados."
Luego extendió su brazo hacía el cuerpo inmóvil de Anthony, y de la nada, una extraña presencia salió de éste yendo directamente a fundirse al cuerpo de Darzahel; Era el alma de aquel que fue mi prometido.
Quise gritar, pero me quedé petrificada y mi voz no salió, ¿eso era lo que me esperaba?, ¿moriría brutalmente con el corazón extirpado? Tanto había sido el impacto de aquella escena que, aún con mi herida del hombro, pude ponerme de pie, aprovechando que aquel demonio se encontraba ocupado absorbiendo la energía vital de aquel lord.
Quise irme de ahí, a pesar de que él me encontraría, pero no era para retrasar mi muerte, siendo que ya estaba predispuesta a aceptarla... sino que, era por mi hermana Bellota por quien estaba preocupada.
Como pude me alejé corriendo, y me atreví a mirar atrás para descubrir que él ya no estaba ahí, supe que no me había retirado lo suficiente pues aún distinguía el cadáver de ese hombre, pero para mi gran asombro, Darzahel obstruyó mi camino sin que me percatara una vez que volví a fijar mi vista al frente.
Ahí estaba, serio y mirándome directamente a los ojos.
No supe que hacer o decir, estaba todavía tan absorta en lo que había pasado que recordé que debía temerle a ese demonio.
—¿Qué le ha ocurrido a mi hermana?—me atreví a preguntarle, sabiendo con seguridad que él tenía la respuesta.
Él ladeó su cabeza, y me sonrió levemente. Su afilada mirada se clavó entonces a la dirección donde se había escuchado aquel estruendo, en donde yo sospechaba que había estado Bellota, luego, se volvió a girar hacía mi con un gesto distante.
—Está muerta.
.
.
No sabía que le estaba ocurriendo y que se supone que debía pensar... Si estar asustada por el cambio drástico de Boomer, o estar en sí temiendo por mi vida. De cualquier forma, no tenía las cosas claras, mis ojos se mantenían acuosos que apenas distinguía la silueta de su cuerpo aún encima de mí. Me quedé callada por unos segundos más que se hicieron eternos.
—Dilo—fue lo que dijo a mi oído al mismo tiempo que separaba más mis piernas.
—Boo-mer...—susurré su nombre con dolor mientras le veía—, ¿P-Por qué haces esto?
Si quería asustarme para que terminara huyendo de él, necesitaba más que forzarme a invocarlo o incluso que me terminara violando... había algo más detrás de sus verdaderas intenciones. Si quería protegerme haciendo que me alejara de él, o si quería en verdad hacerme daño.
Se quedó callado. Serio. Inexpresivo.
—¿Q-qué está sucediendo?—ya no sabía si tiritaba por el miedo que él me inducía, o por el miedo de que todo esto significara perderle. Si era un engaño o no, lo que sea que tramara, yo lo seguía amando.
De repente, dejé de sentir peso encima, y capté en seguida que él se había quitado, dejándome en el suelo. Una vez que tuve libertad de moverme, me senté lentamente mientras lo miraba atentamente, con la espera de que me dijera algo o hiciera su siguiente movimiento.
—¿No entiendes que hago todo esto para protegerte?
Ahí estaba, se veía desesperado y yo le estaba causando muchos problemas. Era como si él no supiera que hacer para convencerme de que realmente quería que me salvara, aún si eso implicaba que yo lo terminara odiando por querer causarme miedo... pero había comprobado que eso era inútil. Yo no podía dejarlo atrás, y él comprendía el porque.
—Debes irte. Escapar, si no me obedeces tendré que recurrir a otras medidas.
—Aunque quieras intimidarme y actuar como el cruel demonio de mis pesadillas... no lo haré—era muy insensato de mi parte elegir así, pero era algo que no me importaba.
Se mostró irritado, se notaba en como me veía, pero más que nada sospechaba que se sentía impotente.
—Debes sobrevivir, Burbuja...
—¿Por qué deseas eso?—se quedó callado. Pero solo negó con su cabeza.
—Soy débil—se quejó—... No puedo matarte, porque eres la primera humana que ha logrado cautivar a un demonio.
.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.
Gina había ido directamente a la orilla, al bote donde se suponía que Ian y el señor Utonio estarían. No había tiempo, tenían que salir rápidamente de ese lugar, de ese pueblo ahora maldito. Se aseguraría que al menos Ian estuviera a salvo, era su primo después de todo, y si algo le pasaba a la única familia que conservaba, ahí si que no se lo perdonaría.
Llegó tan rápido como pudo y vio que el niño y el hombre estaban ahí, listos para en cualquier momento irse.
—¡Gina!—gritó el pequeño castaño—¡Gina!, ¡¿Qué ha pasado!?
Se quedó seria, y bajó la mirada, avergonzada, mientras que apretaba sus puños con fuerza, entonces, Ian supo que significaba.
—Estaba demasiado lejos cuando se vio aquel extraño rayo... Y no pude...—dijo ella con la voz entrecortada—. No pude salvarla... Traté de, de cargar el cuerpo, pero... no pude. Los demonios del Phoena han llegado hasta allá, que no tuve ni tiempo de recogerla... Casi me alcanzaban... y tuve... tuve que dejarla
—No... ¡No!—gritó de repente, negando constantemente con la cabeza con rabia, sorpresa e impotencia—¡¿Quién!? ¡¿Qué ha pasado!?
—Bellota, ella... ella está...
Utonio, quien estaba al tanto de todo, solo sintió como su mundo comenzaba a caer, una de sus hijas estaba...
—¡NO!—exclamó con coraje el muchacho—¡MIENTES!
—¡Está muerta, Ian!—respondió Gina, para hacerlo entrar en razón. Ian se había derrumbado en la arena, con la cabeza baja mientras que unas lágrimas caían, dejando caer las gotas en sus manos y el suelo.
—¡NO PUEDE ESTAR MUERTA!—alzó la voz de repente, encarando a la muchacha. No podía creer que su mejor amiga estuviera muerta, se rehusaba a aceptarlo. Ian no pudo soportarlo, quería romper en llanto, pero más que nada, quería por lo menos ser útil y salvar a las otras dos chicas.
Se sentía igual de impotente como cuando asesinaron a su abuelo, una rabia se intensificó y la adrenalina se hizo presente en él.
—¡Ian, será mejor que nos vayamos, el pueblo se está consumiendo y si no nos vamos nos consumiremos con él!—pero Ian, en vez de obedecer, esta vez se apresuró a coger al caballo, precisamente a Giles, animal que una vez le perteneció su querida amiga pelinegra.
Reunió todo el coraje que pudo y se aseguro de buscar a las demás, al menos quería lograr salvar a las otras. Y a pesar de que Gina le estuviese gritando, la dejó atrás junto a un Utonio destrozado.
Ya no escuchaba la voz de Gina, se había adentrado al bosque importándole poco si iba solo... y sin el libro sagrado que había olvidado en el bote.
.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.
Sentí como sus palabras llegaban cálidas a mi corazón. Aquello no fue mentira, lo sabía.
—Si tengo que mostrarte mi verdadera forma para que quieras huir de mi, lo haré. Pero debes salvarte—finalizó, con seriedad, y supe que esta vez me estaba contando toda la verdad—. Por que tienes que sobrevivir.
Me quedé congelada incapaz de responder. Me estaba suplicando que lo dejara, que me fuera. En sus ojos tan azules vi la desesperación de protegerme. No dudé en acercarme a él y abrazarlo con fuerza. Me aferré a él como si fuera mi propia vida. Temía que fuera a ser la despedida.
—¿Qué pasará contigo?—pregunté temiendo la respuesta.
—No importa. Tienes que irte ya.
Lo encaré y no resistí el impulso por besarle. Él correspondió con anhelo, y fue como si ambos nos aferráramos a conservar aquel suave tacto para recordarlo. Porque esto se sentía como si fuera el último beso.
Pero tuvimos que detenernos. Él se había separado bruscamente de mí y optó una posición que me protegía, poniéndose frente a mi. Boomer miraba a un punto definido, con odio.
—Oh, la bella parejita—una espectral voz sonó y con ella, salió un demonio de melena azabache. Era el hermano de Boomer—. Hazlo ya hermano.
Se veía tan distinto, entonces un miedo recorrió mi espina dorsal cuando vi la sangre en sus filosas garras. Aquel demonio era el encargado de matar a mi hermana...
Llevé mis manos para cubrir mi boca, pues quería gritar. Empecé a temblar desenfrenadamente...
¡Bellota, la había matado! Él pareció percatarse de que yo ya sabía lo que le había hecho, y sonrió cruelmente.
—Tu hermana cedió ante mí hasta su último respiro. Fue encantador como su cuerpo comenzó a enfriarse...
Boomer solo le dedicó una mirada fría, y esa criatura lo notó.
—¿Qué pasa, querido hermano? ¿No opinas lo mismo que yo? Es hermoso sentirte más fuerte... ¿Qué sucede, por qué no has adoptado tu forma real, eh?
—Burbuja—me llamó, pero sin quitar su vista de su hermano—. Vete.
—¿Por qué la humana sigue viva? Deberías haber acabado con tu parte hace tiempo. Los demonios del Phoena ya han arrasado con el pueblo, pronto el banquete dará su fin y ni siquiera te haz quitado parte de tu disfraz...
—Vete—me ordenó nuevamente, esta vez asentí y quise irme lo más rápido que podía, pero de repente, había chocado con algo firme.
—¿A dónde vas?—me miró perversamente el demonio de ojos verdes. Quise alejarme pero me sujetó de las muñecas, lastimándome. Sin embargo, me zafé rápidamente, pues Boomer se había puesto entre los dos— ¿La sigues defendiendo, no te bastó con el castigo de aquella vez? Es inútil. Mátala... ¿o acaso quieres que yo lo haga por ti?
Rio cruel. Pero Boomer seguía frente a mi, dándome la espalda, pendiente de cualquier movimiento que se atreva a realizar aquel demonio ahora más imponente que nunca.
—Asesínala, o me encargaré de hacerlo yo con ustedes dos, par de bastardos—sonreía, su gesto era cínico.
—Burbuja—dijo inexpresivo—, invócame y corre. No voltees para atrás.
La criatura de ojos verdes se preparó para perseguirme, pero Boomer le obstruía el paso. Justo cuando iba a correr, escuché como alguien gritaba mi nombre.
—¡BURBUJA!—aquella voz... ¡Era Ian!
—¡¿Ian!?—exclamé con cierta satisfacción y miedo.
—¡Rápido hay que irnos!—gritó con desesperación, pero al momento en que su mirada se cruzó con la de los dos demonios presentes, su expresión se volvió lúgubre. Ian estaba furioso y me sorprendí de verlo así, sus mejillas tenían marcas de que había llorado—¡Tú! ¡Asquerosa bestia!
Se refería al demonio pelinegro. Pero éste parecía ignorarlo pues se centraba más en mi.
—No logro comprenderte...—exclamó con un tono aburrido dirigiéndose a Boomer—, has preferido traicionarnos por esa niña. Siendo que pudiste ser merecedor de una grandeza inigualable.
—No quiero ser tu sombra, Letherian—respondió secamente. Letherian, ¿ese era el verdadero nombre de aquella criatura?— Darzahel se ocupará pronto de la otra chica y de su bebé, un híbrido, no tienes lo suficiente como para vencerlo si quieres iniciar una rebelión.
—No sabes lo que planeo hacer... además, no espero apoyo de tu parte, siempre has sido fiel a nuestro hermano mayor—comentó el otro, molesto—. Pero nunca te creí capaz de traicionarle de esta forma.
—Yo no le debo nada. Le serví en la guerra contra nuestro padre y le serví en la guerra civil contra los ángeles después de eso. Saldé mi deuda con él ya hace unos siglos atrás.
¿Guerra civil contra los ángeles? ¿De qué hablaban? No entendía nada. Ian se mostraba igual de perplejo, pero mantenía la cautela para acercarse hacía a mí y ayudarme a montar el caballo. Pude hacerlo sin problema porque había retrocedido lo suficiente sin llamar la atención, la gran figura de Boomer le había obstruido la vista al otro demonio.
Ian no quiso quedarse por más tiempo y se apresuró a tomar las riendas del caballo e irnos. Me giré a ver hacía atrás antes de alejarnos por completo, pero mi sorpresa fue tan grande porque aquel demonio, Letherian, se acercaba a gran velocidad.
—No escaparan—dijo con simpleza al momento en que casi nos alcanzaba. Pero Boomer había logrado detenerlo.
Ian solo mantenía su vista en el camino tratando de ignorar lo que ocurría a sus espaldas. Nos alejamos lo suficiente pero yo seguía visualizando a esos demonios que ahora comenzaban una encarnizada lucha. Entonces, vi como herían gravemente a Boomer, supe entonces lo que tenía que hacer...
Tenía que nombrarlo si no quería que lo mataran.
.
.
Corrí. Corrí tanto como pude. Me fui del cementerio con un nudo en la garganta. Escuchar que mi hermana había sido asesinada fue el suficiente motivo para que yo saliera de mi trance. Ahora me acercaba a la casona y vi como el granero estaba destruido. Paré de golpe mi desesperado andar, no me atreví a acercarme. Algo me decía que si lo hacía, me arrepentiría. No tenía idea de lo que aquel demonio le habría hecho a mi pobre hermana, pero reuní el coraje para entrar.
Una vez dentro, alcancé a notar una mano que sobresalía. Me acerqué rápidamente, pero no supe como reaccionar ante la imagen. Era el cuerpo de Bellota, pálido, inerte.
—¡Bellota!—grité su nombre mientras me agachaba y me agachaba para recogerla, abrazarla. MI corazón latió deprisa.
Ella estaba con sus ojos entrecerrados, estaban sin su distinguido brillo. Su gesto me destrozó en mil pedazos, ella había sufrido morir, su agonía estaba gravada en su cara. La abracé con más fuerza, y hundí mi cara en su cuello.
—¡Lo siento... Lo siento tanto!—susurraba entre mi llanto mientras cerraba mis ojos con fuerza y me aferraba a su tieso cuerpo. Ni pulso, ni color en sus mejillas, ni calor. Mi adorada hermana que me solía sonreír con altanería cuando era rebelde... ya no estaba.
Lancé un desgarrador sollozo al momento que miraba al techo de ese destruido granero.
Lloré así por un largo rato. Luego, decidí dejarla. Verla me hacía sentir miserable. Acaricié su negro cabello por última vez, y le deposité un beso en la frente. No lo soportaba, pero como pude, salí de aquel lugar, pero apenas lo hice caí de rodillas, aún con mi herida sangrando. Pero yo ignoraba el dolor, porque otro dolor era más fuerte que el físico.
Había perdido a una hermana. Y yo aún estaba viva cuando eso ocurrió. Me mordí el labio, haciéndolo sangrar, mi vista se nubló y unas pequeñas gotas cayeron al suelo, dejando las manchas en la tierra. Las nubes estaban demasiado oscuras, pero la lluvia negra había dejado de caer hace rato.
Darzahel no me había seguido en cuanto lo dejé. Parecía que no le importaba si se retrasaban más las cosas. Porque sabía que de igual forma podía alcanzarme con facilidad. Así que ahí estaba, destrozada, esperando mi turno.
Pero no seguí hincada en la tierra, porque había sentido una presencia a un lado mío. Volteé, pero no era Brick. Era una criatura deforme, horrenda y enorme que estaba a punto de atacarme.
Me sorprendí tanto, pero pude evitar su zarpazo. Sin embargo, no era el único monstruo que comenzaba a aparecer, porque una horda se aproximaba hacía donde yo estaba. Lo siguiente que hice fue levantarme y volver a correr. Aquellas bestias que habían estado en el pueblo habían llegado hasta los dominios de mi familia, lo que significaba, que todos en el pueblo estaban muertos.
Varias bestias comenzaban a perseguirme, lo cual me hizo volver a correr. Estaba agotada, pero mis pies hacían caso de mi instinto. Pero era inútil, hacía donde yo fuera, me topaba con esas cosas. Fui desviándome hasta llegar a los jardines de mi madre, después de eso, entre a la casona cerrando con llave la puerta trasera, aunque sabía que eso no los detendría, ellos eran mas grandes que una puerta.
Entonces, recordó aquel pasaje secreto que había descubierto hace mucho tiempo atrás, aquel escondite la llevaba a los calabozos. Sabía que podía mantenerse a salvo... al menos por unos momentos más.
.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.
—Majestad...—pronunció una chillante voz, el demonio pelirrojo guio su vista hacía abajo, de donde provenía ese llamado—Las puertas al infierno pronto se cerrarán.
—Ghollium—dijo con su grave voz, refiriéndose al pequeño demonio de apariencia deforme que ahora le seguía, pues Darzahel emprendía su caminata hacía la mansión Utonio donde sabía que Bombón estaría—. ¿Por qué las bestias del Phoena siguen aquí?
Ghollium carraspeó un poco, intimidado por la dureza de su rey. Se notaba que éste estaba molesto.
—Eh... el banquete ha terminado, pero no se irán hasta que usted se los ordene, mi señor.
—Si se acercan a la mujer y le matan, me encargaré de eliminarlos uno por uno... empezando contigo—Ghollium tragó grueso pero solo asintió, aquello había sido una clara orden de que él tenía que encargase de aquellos seres y llevarlos de regreso.
—Mi rey, la humana tiene su marca, dudo que le hagan daño...
—Sabes que esas criaturas no tienen razonamiento si siguen con hambre...—luego, el demonio de mirada rojiza observó a su lacayo de forma que aquel pequeño ser solo decidió asentir para cumplir con el mandato.
Así pues, aquel elegante demonio siguió caminando yendo directamente por una de las entradas de los calabozos, directo hacía Bombón.
.
.
—Solo sirves como esclavo—soltó Letherian, con desdén—. Después de todo naciste con ese fin, ¿recuerdas el motivo por el cuál fuiste procreado principalmente? Más que un hijo de Cruxus le ibas a servir como alimento para volverse más poderoso. ¿No te parece gracioso? Es justo lo que hará Darzahel con su pequeño engendro. Y una vez que este rey acabe con ello, te matará a ti por no cumplirle. Esta vez no habrá piedad.
—No me importa morir—dijo el demonio rubio—, pero si muero, ustedes portarán el peso de aquel tratado por no ser completado. Darzahel no podrá consumir al completo la esencia de esa humana, así no podrá volverse tan fuerte como para acabar con los cielos.
Letherian le dedicó una sonrisa socarrona.
—Lástima que no vayas a estar vivo para ver que te equivocas...
Dicho esto, Letherian acertó un fuerte golpe provocando que el demonio de ojos azules cayera lejos, chocando con unos árboles. Apenas podía resistir aquellos impactos con ese cuerpo, el demonio rubio supo que no resistiría más.
—¿Cuándo es qué te volviste tan débil?—preguntó el demonio de ojos verdes mientras se acercaba a paso lento dispuesto a seguir maltratando a su hermano—, ¿Dónde quedó aquel demonio inexpresivo que acabó con el frente de los ángeles del segundo cielo?
Luego, lo sujetó del cuello, mientras ponía presión.
—¿Cuánto más es necesario para acabar contigo?—el pelinegro, quien mantenía a su hermano alzado, miraba con atención como agonizaba— ¿Cómo deseas morir? ¿Degollado? ¿Destrozado en pedazos? ¿O prefieres que te aplaste el cráneo?
Se dio un silencio, pero la criatura de ojos azules rio con superioridad mientras veía fijamente a su hermano, esto hizo que el otro se molestara.
—Acaba conmigo entonces, Letherian...—retó—, comienza lo que hace cinco siglos no pudiste comenzar... por ella.
Aquello fue suficiente para provocar al pelinegro.
.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.
Ian me había tratado de detener. Pero fui más rápida, como pude me había bajado del caballo, pues no soporté el saber que estaba él en peligro y moriría por mi culpa.
Ahora volvía a estar tan cerca, demasiado cerca como para ser testigo del horror. Aquel demonio, llamado Letherian, estaba golpeándolo, matándolo lentamente. Le hacía varias heridas profundas en el torso, y Boomer de vez en cuando escupía sangre mientras mantenía un gesto de dolor.
No pude soportarlo, no pude aguantar por más tiempo...
Letherian volvió a arrojarlo lejos, fue entonces cuando aproveché en acercarme.
Boomer estaba grave, pero no había caído inconsiente. Su vista dio con la mía y pude notar que estaba asombrado por verme.
—E-Escapa...—me ordenó con dificultad—, d-debiste... haberme dejado.
Sujeté su rostro entre mis palmas, negando con mi cabeza.
—No puedo hacerlo—respondí.
Pero antes de que tuviera otra cosa que decirme, sentí como una fuerte presencia estaba detrás de mi. No tuve que girarme para saber quien se trataba.
—Oh, vaya. Tu paga ha regresado a ti...—decía con burla, al momento de que se acercaba amenazadoramente—, volvió, después de todo quiere decir que siempre te perteneció desde un principio... es lo que los mortales dicen, ¿o no? La dejas ir y si regresa es tuya, y si no, nunca lo fue...
Letherian hizo una mueca de fastidio al analizar dicha frase.
—¡Aléjate de él!—le amenacé, él me miró.
—Estúpida. ¿Qué te hace pensar que podrás ayudarlo?
Lo miré, retándolo. No pasó mucho para que comprendiera lo que trataba hacer. A causade esto, la critura de ojos verdes se apresuró a atacarme. Para nada le convenía lo que estaba a punto de hacer... Así pues, me giré para ver al muchacho que se mantenía tumbado en silencio. Reuní el suficiente valor para susurrarle al oído, y prometerle que todo estaría bien.
—Hiciste mucho por mi...—me aferré él—, ahora quiero ayudarte a ti.
Entonces, lo recordé. Recordé mi pesadilla para revivirla. Recordé los gritos de mi yo pequeña al despertar, recordé su nombre y de mis labios salió con total seguridad y miedo, pronuncié con cautela en su oído, mientras mi nerviosismo se apoderaba de mis manos que temblaban con furia.
—Despierta... Hereoth...
.
.
Estaba perdida. Había dado muchas vueltas por aquellas celdas.
Afuera, había un caos. Un incendio, las criaturas destruían todo a su paso. decidí entonces detenerme, y dejar de buscar una salida, a fin de cuentas, ¿por qué me esforzaba en salvarme, siendo que Brick me mataría? Me asomé por los barrotes de una prisión para ver si podía verle. Pero no hizo falta que siguiera haciéndolo, pues escuché como unos pasos se aproximaban. Era él.
Lo vi, tan temible y peligroso.
—Amor mío...—pronuncié tristemente.
—Mi dulce humana...—contestó él, acercándose—. Ya es tiempo.
Quedó frente a mí, y descubrió mi hombro herido. Había perdido tanta sangre, que podía apostar que estaba demasiado pálida. Entonces, él posó una mano en mi vientre, un gesto que pudo conmigo. Pues nuestro hijo que nunca nacería, también moriría...
—Darzahel...—lo llamé, él me vio—. Brick... bésame... por última vez...
Lo hizo. Se apoderó de mis labios y degusté aquel sabor que tanto extrañaría. Así duramos por unos segundos más, hasta que dejó de hacerlo. Luego, una de sus garras se encargaron de destrozar mi vestido, y revelar su sello.
Complacido, insertó su larga uña ahí, provocando que poco a poco perdiera el equilibrio. Estaba inyectándome un veneno.
No pude conmigo misma, y terminé cayendo. Pero él me sujetó, en sus brazos, y se encargó de recostarme, esperando que la agonía fuera menos dolorosa así.
—Por favor...—supliqué en susurro, viendo sus frías facciones—, por favor, prométeme... que nunca me vas a olvidar.
No sabía que pasaría conmigo una vez que mi parte halla finalizado. Entonces, temí por la idea de que mi amado y oscuro rey me olvidará, a mi, y a nuestro hijo...
—No puedo prometer nada. Sabes exactamente lo que soy—explicó él, mientras veía como mi sangre contaminada se esparcía por todo mi cuerpo.
—Lo sé, pero..., si alguna vez sentiste algo por mí, sé... sé que lo harás—extendí mi mano y la posé en su mejilla, acariciándola con cariño. Poco a poco mi cuerpo comenzaba a sentirse pesado, de forma que mi vista se hizo borrosa.
Lo vi. Por última vez. Sus ojos rojos. Su bello rostro.
Sentí dolor. Sentí la muerte de mi pequeño, cómo el veneno lo mataba lentamente. Sentí tristeza, sentí un vacío.
Pero no gritaba. Ya no podía. Poco a poco mi pulso se hizo lento... sentí miedo, sentí todo y nada.
Esa era yo, en los brazos de su asesino, su amado asesino.
—T-Te A-Amo...
Y así, al decirlo. Le di la bienvenida a la eterna, eterna oscuridad...
La muerte me había llegado.
.
.
Todo había pasado tan deprisa. Pensé que sentiría el impacto del ataque de ese demonio, pero aquel mortal golpe nunca llegó.
Abrí los ojos, y me di cuenta que delante de mí estaba él...
Hereoth. Príncipe de los infiernos, el tercer hijo. Estaba diferente, estaba cambiado, era mucho más grande y su apariencia era más demoniaca. Su alas me cubrían y me abrazaba con un brazo, un agarre muy protector. Su otra mano, con largas garras, detenía la mano de su hermano. El gesto de este demonio yacía inexpresivo, pero miraba con sus oscuros ojos azules a su enemigo.
Letherian sonrió, parecía complacido pero a la vez se notaba frustrado.
—Bienvenido de vuelta, Hereoth.
A lo lejos escuché como Ian gritaba mi nombre, y al voltear a verlo, sentí como fui empujada. Había sido Hereoth quien me había apartado. Ian no lo pensó dos veces y me obligó a irme.
Pero, había algo peculiar. Hereoth debía de verse imponente, poderoso y revitalizado, sin embargo, parecía aun exhausto. Y su hermano también lo había notado.
—Es una lástima que tu invocación haya sido de esa manera—luego, se zafó del agarre de Hereoth con brusquedad—. ¿Cómo una niña inocente puede traer tu forma real al completo?
Hereoth no dijo nada.
—Muere, hermano.
Mi corazón se hizo un puño. Y mis orbes no creían lo que veían.
Letherian, de un rápido movimiento había atravesado nuevamente el pecho del demonio rubio, yendo justo al centro. Luego, sacó y repitió el proceso varias veces.
Grité. Grité histéricamente que quise detener yo misma aquella atrocidad. No había servido de nada el llamarlo. Estaba igual, en desventaja. Ya estaba nuevamente montada al caballo pero esta vez no pude bajarme. Ian cabalgó lo más rápido que pudo, sin darme tiempo de procesar lo que había visto.
—¡NO!—mi mundo se volvía turbio. La mirada mórbida del demonio pelinegro se quedó grabada en mi cabeza mientras veía como el cuerpo de Hereoth era cortado por la mitad, separando su torso de las piernas.
—¡NOOO!—quería ir, pero cada vez nos alejábamos más y yo veía la imagen de Boomer... irse.
Vi como se convertía en cenizas... como se desintegraba poco a poco. Mi garganta sufría por mis gritos enloquecidos, mis ojos se nublaban.
Habíamos logrado salir del bosque. Sentí como Ian me obligaba a bajar del caballo para que subiera al bote. Sentí como mi padre me abrazaba, como Gina me hablaba... pero yo los ignoraba.
Me quedé hecha piedra. Mirando hacía el frente repasando una y otra vez aquello. Sentí un vacío que se apoderó de mi mente, de mi cuerpo... de mi alma.
Lo habían asesinado y yo lo había presenciado.
Boomer había muerto.
.
.
.
Me siento... no sé como me siento. Acabo de asesinar a varios en este capítulo que no sé por donde empezar... (se retuerce en una esquina una vez analizando lo escrito)… Carajo, ¿¡qué he hecho?! D: Quizá me odien por haber matado a Boomer... Hereoth, su nombre demoniaco. Es curioso es algo así como; "Lo invocan... muere" :I (chiste cruel). Pero, hey, antes que nada y quieran matarme a mí, las cosas no se acaban aún pues como verán, quedaron muchos huecos por cubrir.
ESTE NO ES EL FINAL DE PT. :3
Muchas cosas pueden pasar de ahora en adelante, las incógnitas de ahora son; "¿Qué pasará con Burbuja?" "¿Qué rayos pasará con Brick, con Butch?" "¿Realmente este fue el final de nuestro amado rubito?" Así que, lo siguiente que haré es comenzar una especie de segunda parte, pero los capítulos lo seguiré subiendo por aquí mismo.
Este capitulo me fue muy difícil de escribir, tanto por las situaciones como por lo tedioso que me fue narrar a cada rato una muerte para hacerla aceptable. Si se fijan, no me entretuve tanto con la muerte de Bombón porque sabíamos como moría. Con Bellota no detallé el momento exacto, simplemente no podía narrarlo. Con Anthony, supongo que se esperaban más... pero, ¡oigan! Es muy complicado para mi puesto que confieso que yo nunca llegué a odiar tanto a ese sujeto xD. Mis muertes no fueron tan "gore", pero en mi mente las expresiones eran tan profundas...
Admito, he cometido pecado con el final. Pero espero y no perder su atención con esto (porque, como bien dije, todo puede pasar. Puede que él siga vivo... o puede que no...) Espero me sigan leyendo, que apenas vamos por la mitad señores B| (señoritas en su gran mayoría, pues tengo más lectoras femeninas xD).
Y bueno. No sé si tenga tiempo de contestar a sus reviews, pero los agradecimientos no deben faltar:
asdesirad.. Lia-sennenko... KatieBJ... Azur Hartzler... Anonima-Traumada... sliper-moon... Lady Sofi... dickory5... Mimichibi-Diethel... Roberta rdl... breathingforsomething... Deyitha... lady-faint-hearted... Sthefynice... PAULA... Mi-Nombre-Es... Ariana Matsubara... Gitana-urbana... CallMeEverdeen... Morita123 (gracias por los reviews dejados en los primeros capitulos).
Muchas gracias a todos ustedes por leer y comentar. No tengo palabras para agradecerles. Igual, agradezco mucho a los lectores que me apoyaron hace unos días con unos problemillas que hubo, muchos, aunque no me dejen review y sean lectores entre las sombras, cooperaron para que todo se resolviera :)
AVISO: PT continuará, y les traeré sorpresas. Ya sea que hoy o mañana suba un post a mi blog (indicado en mi perfil de aquí) sobre datos curiosos acerca del infierno. Y, como forma de tributo, pondré la biografía y detalles de los personajes muertos.
PREGUNTA: ¿Cuál fue tu parte favorita y qué piensas acerca de ello?
Y una cosa más antes de irme...
¡Ian sigue vivo, sobrevivió al capítulo! (tenía que decirlo).
Nos estamos leyendo :3 dejen sus reviews que son mi sustento para traerles las actualizaciones. ¡Los quiero!
Lady.
