Esta historia es de HuskyWalker que amablemente me permitió traducirla. Muchas gracias a LatexoHPo por betear.

Recuerden que esta historia es M con razón y Slash

Capítulo XXV.

No gritó.

No chilló.

No se enfureció.

No hizo nada.

Todo lo que hizo fue quedarse parado frente a su cama, parpadeando y seguro de una cosa.

El Destino realmente necesitaba un hobby. Y si ya tenía uno necesitaba otro con urgencia.

Podía recomendarle varios.

Cocinar, unirse a un club de lectura, o salvar a todos los gatitos del mundo.

Cualquier cosa sería mejor que seguir haciendo su vida miserable.

Harry suspiró y pasó una mano por su cabello. Sabía que había sido mala idea acceder ir al baile. Todavía no salía de la casa y las cosas ya habían comenzado a salir mal.

El disfraz que había ordenado era, supuestamente, un traje de pirata con pata de palo y un parche en el ojo y todo eso. Estaba en el baño cuando llegó la lechuza que traía el paquete. Harry la vio marcharse justo cuando entraba a su habitación.

Lo que aquello fuera no era, estaba claro, un traje de pirata. A menos que recordara mal lo que sabía sobre los piratas y en lugar de patas de palo y parches en el ojo usaran una especie de extraño vestido blanco.

Los únicos que podía recordar usaban algo como eso eran los griegos y romanos. Ambas culturas habían tenido excepcionales brujas y magos. Así que quizá no causaría mucho daño si llegaba a la fiesta con ese traje.

Si alguien preguntaba siempre podía decir que quiso honrar a los griegos y romanos.

Asintiendo para sí mismo se sacó la toalla que lo envolvía. Aunque era el único viviendo en casa —Ares estaba de caza— no quería correr el riesgo de enseñarle a Hubert sus partes más privadas.

Tomó su vestido, a falta de una mejor palabra, y se sorprendió al notar lo suave que se sentía entre sus dedos. Más se sorprendió cuando notó que calzaba en su cuerpo a la perfección. Algo le dijo que era trabajo mágico.

Se puso las pequeñas sandalias agradecido de que estaría dentro de una casa. El traje mostraba más de su cuerpo de lo que querría.

Cuando se acercó a la puerta sintió una extraña sensación en la cabeza y en la parte baja de la espalda.

Supo que algo había sucedido y se apresuró hasta el baño. Entonces lamentó ponerse el disfraz.

Harry se detuvo frente al espejo con los ojos abiertos. Habían desaparecido sus orejas humanas, en lugar de ellas ahora tenía orejas como de ciervo o algo así. El brillo dorado en la piel de su rostro le indicó que era, efectivamente, un ciervo.

Apartó los ojos del espejo cuando sintió algo moverse en su parte trasera y casi se cae de espaldas. Giró la cabeza y miró: una pequeña colita café se movía ante la frustración que estaba sintiendo.

Gruñó. Sintió el deseo de golpear su cabeza contra algo duro. Tom había puesto hechizos acolchonantes en cada superficie de la casa. Harry sospechó que Hubert le había dicho a Tom que él se golpeaba la cabeza contra la pared cada vez que estaba frustrado. Lo que resultaba en una batalla por encontrar algo contra que golpearse.

Aún seguía buscando.

Oyó el reloj de abajo y supo que tenía que irse o llegaría tarde. Ya no había forma de evitar asistir al baile.

—Aquí vamos— fue lo último que dijo antes de lanzar el polvo flú y entrar a la chimenea.

Al igual que las demás ocasiones en las que había ido a esa casa, terminó en el estudio. Elfos domésticos esperaban por los invitados que habían decidido llegar por flú.

Harry se enderezó y se aseguró de que su disfraz cubriera lo más posible. No que hiciera mucha diferencia.

—El amo mago trabajador vino otra vez. El amo estará feliz de que el amo mago trabajador haya llegado. Muy feliz, sí.

Harry sintió sonrojarse por la atención que el elfo estaba atrayendo. Sangrepuras de diferentes edades y países, aunque la mayoría eran de Gran Bretaña, lo miraban.

Sus disfraces variaban desde figuras de la historia hasta criaturas mágicas. Damas vestidas como ninfas, hadas, veelas y reinas. Harry estaba seguro de que también había vislumbrado a una Cleopatra antes de dejar el estudio.

Los hombres vestían disfraces más masculinos. Piratas, caballeros, vampiros, demonios e incluso unos cuantos hombres lobos. Todos los disfraces despedían magia y parecían estar hechos de los más finos materiales.

Pasando a través de unas grandes puertas, aunque no tan grandes como las de Hogwarts, Harry sintió las miradas que se posaban en él. Sintió cómo su ligero rubor aumentaba y deseó salir huyendo. Al parecer tenía esa sensación cada vez que estaba en esa casa.

Sintió que se movían sus orejas y su cola, como si intentaran mostrar la incomodidad que estaba sintiendo.

Estaba conciente de la poca ropa que vestía. Combinando con la contextura de su cuerpo fácilmente podía ser confundido con una chica. Especialmente porque su cabello ya le pasaba de los hombros.

Decir que Harry estaba impresionado sería lo mismo que decir que a Dumbledore le gustaban los caramelos. Sabía que la familia Nott no era una de las más ricas, pero se acercaba más a los Malfoy que a los Weasley.

Murciélagos embrujados volaban entre calabazas flotantes. La habitación estaba iluminada por velas. Mesas de comida y alcohol estaban ubicadas alrededor de las paredes, y había espacio donde se podía conversar en forma privada.

Harry encontró un rincón oscuro donde esperaba nadie lo molestara. Sabía que había potenciales clientes, pero ahora necesitaba recuperar su valor Gryffindor para atreverse a hablar con ellos.

Aunque estaba en las sombras aún sentía miradas posadas sobre él de cuando en cuando. Pero aquellos que parecían querer conversar con él encontraban a otras personas. Otros lo fulminaban con la mirada, como si supieran que no pertenecía a ese círculo.

Harry sabía que habría sido tratado diferente en su tiempo. La gente allí siempre lo miraba con la boca abierta o hablaban sobre él como si no pudiera escucharlos, aunque estuviera cerca de ellos.

O lo trataban como en su segundo año en Hogwarts, cuando todos pensaban que era el heredero de Slytherin.

Así que no era nada que no hubiera tenido que soportar antes. Podría decir que ahora le gustaba más. Al menos lord Nott no estaba a la vista. Harry planeaba irse a casa lo más pronto posible sin parecer mal educado. Aún más cuando notó al regordete profesor y el disfraz que había escogido.

Si Salazar Slytherin hubiese estado vivo habría matado al hombre, lo habría maldecido horriblemente o habría salido corriendo bañado en llanto. No estaba seguro de cuál.

Harry fingió un bostezo cuando el profesor Slughorn se acercó para que no viera su sonrisa. A diferencia de los otros disfraces el del profesor se veía hecho a mano, a falta de una mejor termino para describirlo.

—Buenas noches, profesor. Un placer verlo.

—Buenas noches mi querido Evan. Bueno, debo decir que es una sorpresa verte. No es que me moleste, pero de todos modos es una sorpresa. Casi no te reconocí así.

Harry sintió el rubor reaparecer. Por suerte no se notaría por el brillo en su cara y las sombras a su alrededor.

—Gracias, profesor. Y si me permite decirlo, me gusta su disfraz. Sólo un verdadero Slytherin podría usarlo.

Harry quería vomitar, pero al mismo tiempo se sintió orgulloso de sí mismo. Tal vez Tom y el Sombrero Seleccionador tenían razón. Quizá debió ser ubicado en Slytherin.

— ¿Lo crees? Claro que como Jefe de Slytherin me pareció una idea perfecta y una buena forma de honrar a un gran hombre.

Harry asintió y escuchó sólo la mitad de lo que le decía el hombre mientras escaneaba a la multitud. Muchos ya habían comenzado a beber y más de alguno parecía haberlo hecho en exceso.

— ¿Puede decirme cómo está Tom? Me escribe y a veces nos vemos los fines de semana que va a Hogsmeade, pero me gustaría saber de boca de su Jefe de Casa cómo le está yendo.

Harry tomó el cáliz que el profesor Slughorn le ofrecía y bebió un poco de vino. Lo encontró demasiado dulce para su gusto, pero no dijo nada.

El profesor de Pociones no necesitó mucho tiempo para decirle lo que opinaba de Tom

—El señor Ryddle es un jovencito muy educado que siempre entrega sus tareas a tiempo y ayuda a los demás estudiantes. Puedo decir que estamos orgullosos de tenerlo en nuestra Casa. Podría decir también que podemos esperar grandes cosas de él.

Harry sonrió con suavidad. Al parecer Tom no había cambiado desde la última vez que había hablando con el profesor Slughorn. O por lo menos lo que pensaba de Tom no había cambiado. No tenía dudas de que el chico podía convencer a cualquiera para que creyera lo que él quisiera.

—El seño Ryddle me ha contado que estás trabajando haciendo protecciones— cambió la conversación el profesor.

—Sí, comencé en el verano. Estoy trabajando con Gringotts. Ellos clasifican las ordenes y me envían las que aceptan. Dividimos las ganancias— respondió Harry mirando de reojo la cabeza del lord que quería mantener lejos de él. Bebió del cáliz y regresó su atención al profesor de Pociones—. Esa es en realidad la razón por la que llegué aquí. ¿Y usted? Pensé que los profesores se quedaban todo el tiempo escolar en Hogwarts.

—No, es sólo lo que la mayoría hace, pero somos libres de salir si lo queremos. Estoy aquí porque soy amigo de la familia. Ayudé a unos de sus primos a convertirse en aprendiz de un Maestro de Encantamientos. Algo así no se olvida.

Harry estaba seguro de que si el profesor luciera más orgulloso su cabeza explotaría.

—Ya que usted es amigo de la familia, ¿podría decirme si lord Nott está en algún tipo de relación?

El profesor Slughorn frunció el ceño. Harry no estaba seguro si se debía al cambio de tema o porque no conocía a la familia tan bien como decía.

—Sé que el querido lord Nott está casado, después de todo fui invitado ala boda. Si recuerdo correctamente, lady Nott está en Italia por el momento. Espera a su primer hijo.

Así que hasta el momento Tom había tenido razón. Aquello le hacía preguntarse a Harry qué otras cosas le había dicho que eran ciertas.

— ¡Evan! Comenzaba a preocuparme de que nunca te encontraría. Si el elfo no me hubiera dicho que llegaste habría pensado que no habías venido.

Harry, con pura fuerza de voluntad, no frunció el ceño. Había esperado terminar la fiesta sólo hablando con el profesor Slughorn y luego irse a casa. Al parecer necesitaría un cambio de planes.

Como le había dicho, lord Nott vestía una armadura de caballero. Harry se habría impresionado si no hubiera visto a otras personas más caminando con el mismo disfraz.

—Buenas noches, lord Nott. ¿Su esposa disfruta su estadía en Italia?

Por alguna razón el hombre palideció.

—Eh…, ella está bien.

—Qué bien. ¿Es cierto que está embarazada?

—Sí, pero no nos preocupemos por ella. Ella no está aquí ahora— asintió lord Nott lentamente.

—Es una pena, me habría encantado conocerla.

Harry asintió para sí mismo. Desde que Tom le mencionó que lord Nott estaba casado no podía dejar de pensar qué tipo de mujer sería su esposa. Después de todo era extraño conocer al hombre tanto tiempo y nunca haber visto a su esposa.

—De todas maneras, qué lindo disfraz, Evan. Aunque me hubiera gustado verte como princesa, creo que este traje es bastante bueno. Sin duda deja muy poco a la imaginación.

Harry se estremeció cuando lord Nott se le acercó. El aliento del hombre olía a alcohol. Aparentemente ya había bebido demasiado.

—En realidad ocurrió una especie de error. Supongo que ahora alguien anda en un disfraz de pirata en vez de mí. Y si no fuera porque es mágico no tendría ningún disfraz que usar.

Cerró la boca cuando sintió que una rodilla forzaba sus piernas a separarse.

—L-lord Nott, ¿qué está haciendo?

Harry intentó mantener su voz firme, pero el lord sólo sonrió y se acercó aún más. Cuando se presionó contra su cuerpo Harry comenzó a entrar en pánico. Aunque el hombre usaba una armadura, Harry podía sentir su erección.

Lord Nott estaba tan cerca que podía sentir el calor de su piel contra la suya. A diferencia de las veces que había estado así de cerca con Tom, Harry se sentía disgustado. Quería que el hombre se alejara.

El hecho de ser más bajo le hizo sentirse conciente de lo débil que era en realidad en comparación con el otro mago. Una mirada alrededor le mostró que la gente no les prestaba atención o no querían involucrarse.

—Evan, me preguntaba si podrías acompañarme afuera. Esas protecciones de las que me hablaste suenan interesantes y quisiera oír más sobre ellas.

Harry respiró profundamente cuando lord Nott lo soltó y se alejó de él. Ambos habían olvidado que el profesor Slughorn estaba allí.

—Claro, los dejaré con lo suyo— declaró lord Nott y antes de irse miró directamente a Harry—. Con suerte, me pondré al día contigo después, Evan.

Cuando ya no pudo ver a lord Nott, el cuerpo de Harry comenzó a temblar. Era como si alguien hubiera lanzado un balde con agua fría sobre su cabeza. Mirando al piso se dio cuenta de que había soltado el cáliz que tenía en la mano y ahora el vino se esparcía como si fuera sangre.

Su enfoque en el vino rojo se interrumpió cuando sintió una mano en su hombro, no pudo evitar estremecerse. Levantó la mirada y vio al profesor Slughorn mirándolo con preocupación.

— ¿Estás bien, Evan?—. Harry asintió no confiando en su voz para hablar. El profesor lo ayudó a mantenerse en pie. Mientras Harry se apoyaba en la pared el otro hombre se aseguraba de que todo estuviera bien con el disfraz—. Creo que algo de aire puro nos hará bien ambos. ¿Has visto los jardines? Son impresionantes. Me recuerdan a uno de mis antiguos estudiantes, al que ayudé a conseguir una maestría en Herbología…

Mientras caminaban alredor del jardín Harry comenzó a relajarse lentamente, escuchando la historia del profesor sobre el éxito de uno de sus conocidos.

Aunque Harry había visitado la casa principal, la mayor parte del tiempo había trabajado en el jardín. Los hermosos alrededores lo ayudaban a relajarse y concentrarse en su trabajo.

No eran los únicos en el jardín. Harry divisó parejas, algunas casadas, aunque no la mayoría, caminando en la oscuridad. No tenía ni que suponer lo que estaban haciendo allí.

Harry se dio cuenta muy pronto de que su disfraz no era para estar afuera. Demasiada de su piel estaba expuesta al frió aire. Tiritando se abrazó a sí mismo, intentando mantenerse en calor. Tenía frío pero no quería dejar de lado al profesor Slughorn.

El profesor pareció darse cuenta de su malestar y comenzó a guiarlo hacía dentro. En silencio Harry se preguntó si se vería muy maleducado si se fuera de inmediato a casa. Quizá sí, pero dudaba que alguien lo extrañara. Bueno, alguien que realmente le importara.

Cuando volvieron a entrar Harry sintió que su cuerpo se tensaba. El aire olía a una mezcla de sudor y perfume. Risas y voces fuertes bombardearon sus oídos.

Decidiendo que ya tenía suficiente por esa noche, Harry se giró para preguntarle al profesor si lo acompañaba al estudio para dirigirse por flú a casa. Se quedó mirando el lugar donde se suponía estaba Slughorn. Pero el hombre no estaba a la vista.

Mirando alrededor una última vez, decidió marcharse. Había estado en la casa principal lo suficiente como para saber el camino. Al menos suponía que podía encontrar el camino hacia el estudio, donde estaba la chimenea.

Cruzó el salón hasta llegar a las grandes puertas intentando no tropezar con nadie. Cada vez que divisaba lo que podía ser una armadura se escondía tras algún otro invitado.

No le importaron las mirada que le dirigían los sangrepura. En esos momentos estaba más enfocado en marcharse sin más accidentes.

Los oscuros pasillos fueron más difíciles de maniobrar de lo que había creído. Normalmente el sol iluminaría todo, pero ahora sólo había unas cuantas velas. Harry trató de mantenerse alejado de las sombras.

Llegó al estudio sin perderse ni tropezar con nadie. Se relajó al ver la chimenea. Pronto estaría en casa y podría olvidar lo sucedido.

Se agachó para tomar algo de polvo flú y escuchó que algo se movía tras él. Antes de que pudiera girarse algo se estrelló contra él tirándolo al piso.

Trató de girarse y quedó de rodillas. Harry parpadeó adormilado. El poco alcohol que había consumido ya había nublado su cerebro haciéndole difícil pensar.

— ¿No sabes que es de mala educación marcharse sin despedirse del anfitrión?

La voz sonaba cerca de su oído, enviando escalofríos por su espina. Atacó donde escuchó la voz. Se juró hacer algo respecto a sus ojos. No quería nunca más estar casi ciego como ahora por haber perdido los anteojos en la caída.

Una mano le agarró la muñeca y lo jaló, provocando que cayera boca abajo en el suelo. Harry luchó cuando sintió un peso en su espalda.

— ¿Qué diablos cree que está haciendo…?

Sus palabras terminaron en un grito cuando sintió que la otra persona le mordía el hombro sacando sangre antes de que una lengua caliente la lamiera. Gruñendo, Harry se giró y removió tratando de liberarse. La única reacción que consiguió fue una risa.

—Te ves tan adorable. Es difícil creer que te hayas vestido así sólo para complacerme.

Harry giró la cabeza y fulminó con la mirada a lord Nott.

—A menos que quiera salir lastimado le sugiero que salga de mi espalda.

Se dio cuenta de que Nott ya no usaba la armadura. Esa debió ser la razón por la que el hombre lo atacó de esa manera sin que él lo escuchara.

En lugar de hacer caso a su advertencia, lord Nott le tomó de ambas muñecas con fuerza y las forzó encima de su cabeza en una dolorosa posición.

—No te preocupes, amor. Me aseguraré de que disfrutes de esto. Deberías considerarte afortunado de que yo, un lord sangrepura, deseé usar mi tiempo en un humilde mestizo como tú. Todo es por este precioso cuerpo que tienes.

La lucha de Harry se detuvo cuando sintió una palmada en su trasero. Sangre voló a su cabeza y sus ojos se abrieron cuando se dio cuenta de que en su pataleo su ropa se había subido, por lo que su trasero no estaba protegido por nada más que su calzoncillo.

—Dime, querido Evan, ¿todavía eres virgen?

La pregunta provocó que Harry comenzara a removerse de nuevo.

— ¡Déjeme ir, maldito bastardo!

Nott sólo rió. No era la risa encantadora que había oído antes, sino una que podía competir con la de Voldemort.

—Sólo déjamelo a mí y me aseguraré de que esto sea agradable.

Cuando sintió que el peso se movía de su espalda, Harry lanzó una patada y su pie conectó con algo tras él. Escuchó a lord Nott lanzar una palabrota y le soltó las manos.

No queriendo perder la oportunidad, Harry luchó por acercarse a la chimenea. Si sólo pudiera irse estaría a salvo.

A mitad de camino fue atacado por la espalda. Cayó y golpeó su barbilla contra el suelo. Un sabor metálico llenó su boca.

Un hechizo susurrado y sintió que sus muñecas eran atadas, casi cortándole la circulación. Unas manos separaron sus piernas y subieron su disfraz. Escuchó a Nott moverse tras él y ropas cayeron al piso mientras una mano del hombre se mantenía en su espalda para que no se moviera.

—Quería hacer esto bueno para los dos, pero ahora tendremos que ir de inmediato al acto. No te preocupes, sé que lo disfrutarás. Es la única cosa útil para lo que sirven los de tu clase.

Lágrimas llenaron sus ojos y empeoraron la situación. No quería… ¡Maldición! Ni siquiera estaba seguro de que le gustaran los hombres. Y aún si así fuera él era el que debía decidir con quién lo haría.

No quería que nadie le quitara esa opción.

Sintió que le bajaron los calzoncillos y algo duro en su trasero. Los ojos de Harry se abrieron. Era demasiado grande para ser un dedo y no sabía cómo algo de ese tamaño cabría dentro de sí.

Maldijo voz alta y pateó nuevamente, intentando darle a lord Nott lo más fuerte posible. Al mismo tiempo intentó liberarse retorciendo su cuerpo de forma dolorosa.

Fulminando con la mirada al medio desnudo Nott, Harry se obligó a sacar su magia, instándola a hacer algo para salvarlo de esa situación.

Sintió un jalón en su cuerpo y cerró los ojos con fuerza. No quería saber lo que sucedería.

Aterrizó en un suelo duro y se hizo una bola para protegerse de algún ataque. Su cuerpo temblaba tanto que dolía. Lágrimas rodaban por sus mejillas y sintió el aire frío en la parte baja de su cuerpo, que dolía más por lo fuerte que había sido agarrado.

— ¡Evan! ¿Qué te sucedió? ¿Fuiste atacado por seguidores de Grindelwald? ¿No se supone que las protecciones no los dejan entrar?

Después de lo que le parecieron horas, las lágrimas finalmente se detuvieron y su cuerpo temblaba pero ya no con tanta fuerza. Se sentía vacío, frío y cansado, y sólo quería dormir y nunca más despertar. El cuerpo le dolía y sabía que al amanecer tendría unos desagradables moretones.

Con una débil sonrisa abrió los ojos y levantó la cara. Hubert flotaba a su alredor mirándolo preocupado.

—Estoy bien, sólo cansado.

Hubert resopló.

—Mentira. Luces como si hubieras vuelto del infierno. Así que, ¿vas a decirme quién te hizo esto o debo llamar a alguien?

—Nott.

— ¿Quieres que él venga aquí?

— ¡No!—. Harry se sentó ignorando el dolor de su cuerpo, sintió que las lágrimas volvían a caer—. No. Y si es posible no querría ver nunca más a ese monstruo. Oh, Santo Cielo. En realidad intentó violarme.

Decirlo lo hacía sonar más real. Ya no podía negarlo más.

Hubert se sentó a su lado y lo miró con cuidado. En esos momentos a Harry no le importaba. Mientras estuviera a salvo no le importaba. Sabía que las protecciones alrededor de la casa mantendrían a las personas afuera; se había asegurado de eso.

Finalmente se levantó del piso y lentamente subió las escaleras hacía el baño. Tomaría un largo baño caliente para quitarse la sensación de las manos de Nott en su cuerpo. Después se acostaría y no se levantaría hasta que ya no se sintiera cansado.

Hubert lo siguió todo el camino. Harry no pudo hacer que el fantasma saliera del baño. Hubert lo miró y se aseguró de fijarse bien en cada moretón. Sabía que Tom querría saber todo al respecto. Y si Evan no se lo contaba, él mismo lo haría.

N/A. Okay, consideré terminar aquí el capítulo. Pero luego pensé: ¿Qué le sucedió al disfraz de Harry? Bueno, sólo hay una manera de saberlo.

Horace regresó a Hogwarts unos minutos después de medianoche. Se había quedado más de lo que había planeado originalmente. En lugar de haber estado con antiguos alumnos o gente que conocía, había pasado el tiempo buscando al señor James. Había pensado que el joven mago lo había estado siguiendo y de repente, al darse la vuelta, no lo encontró en ninguna parte.

Temiendo que algo le hubiera pasado comenzó a buscarlo por todas partes. Y entonces se dio cuenta de que ni el señor James ni lord Nott estaban en el salón.

Tenía el creciente sentimiento de que algo le había sucedido y convenció a otros magos que conocía de que lo siguieran. Tratando de ocultar la verdad, dijo que el señor James no se había sentido muy bien y había decidido irse a su casa, pero estaba preocupado de que el mago se sintiera peor de lo que había dicho.

Horace y los demás magos se habían dividido en parejas. De esa manera podrían encontrarlo más pronto.

Él se dirigió al estudio. Por lo que sabía de aquella mansión, aquél lugar era el único que tenía una chimenea conectada al flú esa noche. Si el señor James quería ir a casa tendría que ser por ahí.

Y eso era algo que lord Nott también sabía.

Normalmente, Horace habría mantenido su nariz fuera de asuntos ajenos, no tenía nada que ver con él. Pero el señor James era el tutor de Ryddle, y Horace sabía que Ryddle algún día será alguien grande. Y el haber sido adoptado por otro mago en lugar de vivir en un orfanato sólo le abriría más puertas al chico.

Como Jefe de la Casa de Ryddle era su deber asegurarse de que sus estudiantes llegaran lo más lejos posible en la vida.

Mayormente porque le servía a él mismo después.

Llegaron al estudio justo a tiempo de escuchar a alguien desaparecer. Horace frunció el ceño. Sabía que las protecciones que Evan había puesto en la casa principal y sus alrededores no permitían que nadie se apareciera.

Abrió la puerta y Horace escondió una sonrisa al notar quien estaba allí.

Lord Nott yacía solo en el suelo. Estaba desnudo de la cintura para abajo y tenía el trasero al aire. El lord murmuró para sí mismo, confundido, como si no tuviera idea de lo que estaba sucediendo. Mirando alrededor, no vio a nadie más allí.

Al parecer el señor James había logrado escapar por sí mismo.

—Horace, no creí que volverías tan tarde.

Horace levantó la mirada y abrió los ojos. Parado en la escalera estaba el subdirector Dumbledore, vestido en un traje negro de pirata. No era algo que hubiera creído se pondría voluntariamente el otro profesor.

—Hola. Sí, me atrasé un poco más de lo que había planeado. Pero muchos de mis antiguos estudiantes estaban allí y simplemente olvidé el tiempo—. No creyó que fuera necesario informarle a Albus lo que había sucedido. Después de todo, un Slytherin no revelaba información, a menos que le beneficiara—. Si no te molesta mi opinión, no creí que fueras del tipo de los que usan negro.

Ante sus palabras el subdirector frunció el ceño.

—Sí, me temo que ocurrió un error. Supuestamente usaría un traje griego con orejas de ciervo y cola. Pero en su lugar me llegó esto.

Horace aguantó un escalofrío. Prefería no mencionar dónde había terminado su disfraz. Al menos algo bueno había salido de que Evan recibiera el disfraz equivocado: menos niños traumatizados. Estaba seguro de que sus cerebros se habrían derretido si hubieran visto a Dumbledore vestido así.

—Bueno, me iré a acostar ahora. Como dijiste, ya es tarde y ya no somos jóvenes.

Horace si dirigió a las mazmorras donde estaban sus habitaciones. Hablaría con Tom por la mañana y le contaría lo sucedido. Ya que era fin de semana de Hogsmeade, el chico podría asegurarse de que el señor James llegó a casa a salvo y nada malo sucedió.

Si no, Horace tenía un antiguo estudiante que había ayudado a entrar a la carrera de leyes. De seguro el joven ayudaría a su viejo profesor.