Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.
El porqué de las cosas
Capítulo 25
"El juicio del corazón"
Por Lady Yomi
No sabía cuantas horas había pasado sentado en uno de los asientos desvencijados del tren, observando a la luna moverse a través del cielo nocturno por una ventana.
¿Probablemente fuera medianoche? honestamente lo tenía sin cuidado la hora que fuese. Estaba demasiado alterado como para pensar con claridad.
Lo único que su cerebro se empeñaba en hacer era en repetir una y otra vez los montones de recuerdos que había descubierto esa tarde.
Los momentos que Sadie y ese hombre que ya no existía habían compartido, volvían a sucederse frente a sus ojos como una película que se rebobinaba de forma automática sin que pudiera hacer nada para detenerla.
Una película donde el actor principal lucía justo como él:
«—Me disparaste, estás bajo arresto de la compañía para la que trabajo, ¡y además te niegas a decirme en donde está mi mentor! ¡¿Qué diablos quieres que haga por ti?! ¡¿Darte un abrazo y echarme la culpa de lo que has hecho sólo porque se te da la gana?!
—¡No es como lo piensas! ¡Si yo te digo en donde está él... irás y lo arruinarás todo!
—¿Lo ves? Sigues insistiendo en la mierda que me dijiste en tu consultorio.
—¿Qué?
—En eso de que alguien como yo no puede hacer más de lo que tú has hecho por él...
—Oh... —Sadie arqueó los labios en un gesto amargo— ...no lo has olvidado.
—¿Cómo lo haría? —se cruzó de brazos dándole la espalda, la mirada perdida en la vista nocturna que la ciudad de Midgar ofrecía a través del cristal del elevador—. La persona a la que le confié una parte de lo que soy... sólo se burlaba del estúpido campesino que la consultaba mientras fingía entenderlo.
—No, no Zack... —meneó la cabeza con torpeza—. Nunca quise burlarme de ti, sólo temía que-
—¿Que fuera demasiado imbécil como para entenderlo?
—¡N,No...! ¡Pero eres parte de Shinra y no puedo dejar que Angeal falle! ¡Lo que él está haciendo es demasiado importante para la gente de los suburbios!
—¿Así que... él se ha convertido en un enemigo de Shinra? —su voz fue casi un murmullo— ¿Qué pasó con sus sueños... y su honor?
—Quedarse en Shinra sólo lo hubiera deshonrado. No tienes idea de lo que está pasando en este lugar...
—Pruébame.
—¿Eh...?
Volteó sobre sí mismo, enfrentando a su acompañante con una mirada lejana e impersonal:
—Demuéstrame que no crees que soy un idiota incapaz de comprender lo que está ocurriendo.
—¡No puedo...!
—No tienes que hacer algo como morir para ayudarlo.
Sadie se pasó el brazo por el rostro, frotándolo con vergüenza:
—¡No tienes idea! ¡Es algo demasiado... demasiado importante como-
—¡Basta! —Zack la tomó por los hombros con brusquedad, su mirada fija en la de ella—. ¡¿Recuerdas lo que me dijiste hace un tiempo... sobre buscar la razón detrás de mis sueños?!
Silencio. Sadie no dijo nada, sólo se limitó a encogerse de hombros con la cabeza gacha.
—¡Quiero ser un héroe para proteger a las personas que me importan... y mientras más alto llegue mejor podré hacerlo! ¡Voy a ser el mejor Soldado de Primera clase que nunca hayan visto... mejor aún que el mismísimo Sephiroth!
La joven se agitó, tratando de soltarse del agarre al escuchar la campanilla que indicaba que habían llegado a destino.
—¡Jamás serás... —ahogó un sollozo al ver como las puertas se abrían, dejando ver un pelotón de soldados que les bloqueaban el paso— ...un héroe si vas por ese camino Zack Fair!»
El Zack del presente soltó un suspiro mientras observaba fijamente las estrellas. Las mismas de donde le había parecido oír la voz de Sadie la noche pasada.
Ella había estado en lo correcto. Diablos que lo había estado...
Cerró los ojos lentamente viendo como todo a su alrededor se llenaba de oscuridad; luchando por reconciliar el odio que sentía por Shinra con la lealtad que lo habían programado para sentir.
Porque Zack Fair, el original... el que consideraba un millón de veces más humano que él, en algún momento creyó con todo su corazón en los ideales de la compañía. Mentiras disfrazadas de verdades, dolor disfrazado de heroísmo.
Cierto era que tras escapar del laboratorio con Cloud había abierto los ojos a la farsa en la que había basado sus sueños, pero... pero ahora tenía que cargar con la culpa de saberse responsable de haber quebrado un corazón más a causa de su ceguera.
Ella trató de decirle la verdad con sutilezas durante meses, al igual que lo habían hecho Genesis y Angeal... e incluso Sephiroth más tarde. Pero su terquedad no le permitió aceptarlo hasta que le tocó experimentarlo en carne propia.
Si les hubiera prestado atención ni Cloud ni él se hubieran convertido en ratas de laboratorio. Era culpable de tantas cosas que empezaba a pensar que quizá no le dieran diez vidas para expiar los pecados que había cometido.
Quería decir que no merecía vivir esos días que le habían obsequiado... ¡pero! Pero sabía de sobra que Sadie lo sermonearía como siempre. Repetiría las palabras que le había dirigido aquella noche en la que se había enterado de que no era más que un muerto vivo:
«—Nunca permitas que las circunstancias te definan. El destino es mucho más fuerte que nosotros, tiene la capacidad de sacudirnos hasta quebrarnos los huesos, sí— bajó la voz hasta que casi fue un susurro, pero sin que la misma perdiera toda su intensidad —pero los huesos se sueldan a sí mismos y nos podemos levantar tarde o temprano. Aún a los tumbos hay una forma de continuar—.
—Sadie —meneó la cabeza, sintiéndose como si le hubieran dado un fuerte golpe en la nuca. El fantasma de las nauseas que las sobredosis de mako le producían volvió a nublarle los sentidos y no pudo evitar desviar la mirada mientras se hacía a un lado—. ¡Tú... estás viva! No eres... como yo.
La joven soltó un gruñido y le tomó el rostro entre las manos, obligándolo a que la viera de frente:
—¡Recuerda... a Angeal!
—Angeal...
—¡Sí! ¡Angeal! —Sadie apretó los dientes y escupió las palabras que durante tantos años le habían carcomido el corazón y la razón—: ¡¿Recuerdas todo lo que nos esforzamos para que volviera en sí?! ¡¿Y cómo te atacó una y otra vez porque pensaba que eso era lo que debía hacer?! —sintió nacer un sollozo dentro de su pecho y frunció el ceño para no dejarlo salir—. ¡Tú puedes elegir quien quieres ser...! ¡¿O es que tu estúpido honor sólo sirve para cuando las cosas van bien?!
—Tú... —se sentía como dentro de un sueño pesado, la revelación de que la mujer de verdad había estado allí le llegó de forma lenta y enrevesada—...Sadie, de verdad estuviste presente cuando él murió.
Asintió con el rostro endurecido ante la sutil mención de la muerte de aquel hombre al que ambos adoraban —Sí. Ya te dije antes que estuve ahí... y sé que no quiero verte partir de la misma forma que él. No quiero.
—¿Por qué?
—¿C, cómo que por qué? —arrugó el entrecejo, desviando la mirada—. Yo no sé el famoso lenguaje del planeta del que Aerith hablaba... no puedo ver a nadie en ti excepto... a Zack. Aunque sea verdad que eres... otra cosa, yo elijo verte como a él. Esa es mi elección y voy a pelear por ella.»
Zack volvió al presente con fastidio, pasándose una mano con rudeza por la frente. ¿Por qué se empeñaba en ayudarlo cuando él no había hecho más que traerle problemas? ¿Por qué diablos insistía en caminar frente a él, despedazando a los monstruos que lo asediaban como si su vida se fuera en eso?
Su mente le respondió con un nuevo recuerdo que lo arrojó directo en aquella tarde donde Sadie y él mismo reían tirados en la hierba que crecía junto al hogar de los Fair:
«—¿Por qué haces esto, Sad? No soy más que un problema para ti... ¿no has tenido muchos ya? Te aseguro que Angeal no te culpará si vas a ocuparte de tus asuntos de una vez y dejas de arrastrar a un muerto bueno para nada por todo Gaia.»
Sadie había sonreído de una forma genuina y honesta, una que pocas veces le había visto desde que salieron del laboratorio, al responder:
«—Es ahí en donde te equivocas. Jamás has sido una carga, Zack.»
Una llamada entrante hizo repiquetear el PHS de la dueña de sus pensares, lo que provocó que las imágenes que se repetían en su cabeza se desvanecieran como el humo:
—Diga. —Contestó con la voz ronca y grave.
—Soy yo, Cissnei. —La mujer habló de forma profesional y distante—. Escucha, acabamos de pasar por Gongaga. La señora Cadence y Kunsel vienen conmigo... calculo que podremos reunirnos contigo mañana en la mañana.
—Es demasiado tiempo...
—Sí, lo sé. Pero hacemos lo que podemos. Me imagino que esos tipejos sabían que no estábamos contigo, de lo contrario no te habrían pedido que fueras a Ciudad Cohete; todavía estás tan lejos de allí como de la mismísima Costa del sol.
—Sí, ya lo sé Ciss... —Zack se pasó la mano por el rostro, tratando de no perder la calma—. Sólo que... ¡me siento un inútil... aquí sentado mientras ella está pasando Gaia vaya a saber que cosas en manos de esos bastardos de Shinra!
Cissnei hizo una pausa larga, respondiendo con su tranquilidad habitual al retomar la palabra:
—Trata de dormir, Zack —y sin decir más cortó la llamada.
El ex Soldado tuvo que luchar contra la urgencia de no partir el aparato en mil pedazos contra el suelo.
—Despierta... Sadie.
—¿Quién...? —la mujer abrió los ojos con dificultad, sintiendo que sus párpados pesaban una tonelada. Estaba acostada en una cama tibia y limpia, cuyas sábanas resplandecían a causa de los tubos de luz fluorescente que pendían sobre ella.
—Te sentirás un poco extraña ya que tuvieron que sedarte para tratar tus heridas —el hombre resopló por lo bajo mientras le acariciaba la frente con una mano que encontró áspera y fría al tacto—. Les dije a esos malditos que no te pusieran una sola mano encima pero... no me hicieron caso alguno. Ojalá me perdones por esto.
—¿Quién está ahí?
Enfocó la mirada y encontró la respuesta en el rostro arrugado y cansado de Angeal Hewley.
—¡ANGEAL! —quiso gritar pero el nombre escapó de su garganta en un hilo de voz—: ¡¿Angeal que estás haciendo?! —se puso a sollozar sin siquiera notar que lo hacía—. ¡Pensé que estabas muerto! ¡Muerto! ¡¿P, por... por qué?!
El hombre sonrió con melancolía. Su cabello estaba completamente encanecido y vestía una bata de laboratorio:
—No quiero verte llorar, Sadie. —Le limpió las lágrimas con el dorso de su mano—. Soy igual que Zack.
—¿Qué...?
—Soy una copia.
—Oh. —Asintió con torpeza mientras una mueca se formaba en sus labios. Una mueca que no era ni sonrisa ni llanto—. ¡Yo... yo quería...! ¡Quería...! —trató de sentarse en la cama pero notó con frustración que su cuerpo estaba demasiado cansado como para hacerlo—. ¡Angeal! ¿Tú me... tú me salvaste... verdad?
La expresión amable abandonó el semblante de su escucha y fue reemplazada por una de amargura. Retiró su mano del rostro de la joven mientras buscaba las palabras indicadas:
—No quiero que te formes una idea apresurada de todo esto. Debes dejarme explicar las cosas con tranquilidad.
—Oh... yo... claro. Te... te escucho. —Aguantó las ganas de abrazarlo mientras entrecruzaba los dedos sobre su pecho de forma nerviosa. ¿Era posible que él no se hallara tan feliz de verla como ella a él?
Antes de que Angeal lograra pronunciar una sola palabra hicieron aparición en la sala el Profesor Ciretan Hojo y Reed, el sujeto que la había secuestrado. Sadie dejó caer la mandíbula de terror, profiriendo un grito de angustia cuando sus macabras sonrisas se posicionaron lado a lado de su querido Angeal.
—Yo también quiero escuchar el cuento. —Bromeó Reed mientras apoyaba una mano sobre el hombro de Angeal—. A ver que tan mal nos pintas, viejo.
El ex Soldado apartó el hombro con rudeza, elevando el tono mientras los miraba con los ojos en llamas:
—¡LES DIJE QUE NO ENTRARAN TODAVÍA!
—Sorpresa, sorpresa. —Musitó Hojo encogiéndose de hombros—. No podemos acatar todos tus pedidos como si fueras el Presidente del mundo ¿verdad? Te dimos tu garantía, deberías estar agradecido.
—¡¿Qué hacen ellos aquí?! —la adrenalina ayudó a que Sadie ganara algo de control sobre su cuerpo. Logró sentarse en la litera, mientras su pecho subía y bajaba de forma enloquecida a causa de su respiración entrecortada—: ¡ANGEAL!
—Escucha; Sadie —Angeal se mordió el labio mientras sujetaba las sábanas de la cama con su puño—. Estoy trabajando para Shinra ahora.
—¡NO!
—No es lo que piensas. Sephiroth se salió de control; está tratando de destruir el mundo.
—¡N, no entiendo de que hablas!
—¡GUARDA SILENCIO! —la voz que bramó a través de la garganta de Angeal no parecía suya—: ¡Tienes que escuchar lo que te digo!
Sadie se quedó boquiabierta mientras las lágrimas escapaban copiosamente de sus ojos. Estaba demasiado angustiada como para pensar de forma objetiva. El sedante y sus propios sentimientos le estaban jugando en contra de todas las maneras posibles.
—Hay algo terrible dentro de él... ¡algo que puede apoderarse de cualquiera de las copias y obligarnos a realizar acciones impensables! ¡Tenemos que destruirlo antes de que él nos haga matarnos entre nosotros!
—Angeal... —la mujer lo interrumpió con un hilo de voz— Sephiroth... está muerto.
—Sí... podrías decirlo así. —Fijó sus ojos cansados en los suyos—. Pero también lo estoy yo ¿verdad? Y sin embargo me tienes aquí.
—¿Es... una copia?
—No... es algo más... —miró de reojo a Reed, quien bostezaba de aburrimiento—. Pero aún así tiene la fuerza para influir en los seres como yo de maneras funestas ¡es... necesario detenerlo!
—Shinra está trabajando en eso muchachita. —Declaró Hojo mientras se sacaba los anteojos para limpiarlos con un paño que llevaba en el bolsillo—: No somos tan malos como ustedes los de Avalancha aman canturrear en sus reuniones infantiles. —Sonrió de forma orgullosa—. Encontramos una forma de matarlo, pero para eso necesitamos la ayuda de tu amigo.
—¿Angeal? —Sadie volteó lentamente hacia él, la sospecha dibujándose lentamente en sus facciones—: ¿Para qué... te necesitan a ti?
—Lo... lo siento. No puedo decírtelo.
—Debes estar bromeando. —Dejó escapar una risita nerviosa—: ¿Dices estar ayudando a los tipejos que te pusieron en la tumba... y no quieres decirme el porqué?
—Lo que importa es que me negué a trabajar con ellos hasta que me aseguraron que de hacerlo, evitarían que fueras víctima de esta batalla horrible. —Le dirigió una sonrisa desganada, mientras bajaba la voz en un intento de que sólo ella lo escuchara—. Quería tenerte cerca... saber que estarías a salvo, al menos esta vez.
—Angeal... —Sadie apretó los labios al notar que sus mejillas enrojecían furiosamente—. N, no... no entiendo nada de esto pero-
—No tienes por qué entenderlo a la perfección. —Le tomó una mano entre las suyas y Reed soltó una carcajada al divisar un gesto que se la hacía una cursilería total—. Sólo tienes que quedarte conmigo. Te protegeré... haré lo que no hizo el original. ¡Lo prometo!
Se hizo un silencio denso entre ambos, silencio en el que Sadie quiso dejarse hundir para siempre. ¿Qué... era todo esto? ¿Por qué... las cosas habían dado un giro tan dulce... pero a la vez tan insoportable?
Cuando volvió a pronunciar palabra lo hizo con una tristeza que a Angeal le resultó tan inesperada como lo que escuchó venir de sus labios:
—¿Y Zack? ¿Qué hay con Zack? ¿No es... él también un clon?
—Ah... —Angeal meneó la cabeza mientras apretaba el agarre de sus manos sobre las de Sadie—. ¿Y qué pasa con eso?
La mujer frunció el ceño levemente. —¿Acaso él sí va a convertirse en una víctima de todo esto?
—Bueno... —se aclaró la garganta mientras le dirigía una mirada nerviosa al científico. Este interpretó el gesto como una señal para volver a participar de la conversación:
—Si Hewley hace las cosas bien; el ser que vive dentro de Sephiroth y puede controlar a las copias jamás logrará privarlo de su autonomía. Mientras no se convierta en una amenaza para Shinra no tenemos porque dar un sólo cuerno por él.
—¿Qué tal, Sadie? —Angeal forzó una sonrisa mientras la veía a los ojos nuevamente—. Si te quedas aquí conmigo quizá puedas decirle que no intervenga en nuestros esfuerzos por detener a Sephiroth. El vendrá a entregar a Rita Cadence y tendrás la oportunidad perfecta para velar por su seguridad.
—Rita Cadence —Sadie entrecerró los ojos, sintiendo como poco a poco iba recobrando su agudeza mental habitual. Probablemente el efecto del sedante la estuviera empezando a abandonar—. ¿Para qué la quieren aquí?
—Eso a ti no te importa. —La cortó Ciretan Hojo con un chillido agudo—. Basta de tanta charla. Es hora de que te pongas a trabajar otra vez Hewley.
—Déjame hablarle por tan sólo un moment-
—No. He dicho que basta y es basta. —El científico le indicó a Reed que custodiara a Sadie con un movimiento perezoso de su mano—. Querías la chica. Te traje la chica. Yo quiero que te pongas a trabajar. Te pones a trabajar ¿queda claro?
Angeal suspiró en derrota, poniéndose de pie:
—Queda claro. —Le dirigió una mirada larga a Sadie, quien desvió la suya con rudeza—. Sé que estás confundida y molesta. Nada de esto es como yo esperé que fuera tampoco. Nuestra reunión... —se cortó a sí mismo, dándole la espalda mientras abandonaba la habitación—. Si precisas alguna cosa no dudes en decirle a Reed. Vendré a verte cuando pueda.
—¿Acaso tengo cara de ser una maldita dama de compañía? —gruñó el sujeto mientras chasqueaba la lengua por lo bajo—. No voy a mover un sólo dedo por esta basura humana, que les quede claro.
Hojo se encogió de hombros y tomó una planilla que descansaba sobre la repisa más cercana, dispuesto a seguir los pasos de Angeal:
—Déjalo que diga lo que quiera. Mientras haga lo que le pedimos bien puede creerse que le contaremos cuentos a su novia antes de dormir.
Sadie no le prestó atención a nada de lo que dijeron antes de irse. Su cabeza era un enredo y no lograba ponerse de acuerdo consigo misma acerca de lo que tenía que hacer.
Su mente repasó los sucesos que ocurrieron en torno a la muerte de Angeal de forma automática, buscando incongruencias que confirmaran el mal presentimiento que le daba toda la situación que experimentaba desde que había despertado:
«Una estocada había atravesado el pecho de la criatura que antes fuera el hombre que amaba.
Estaba en el aire, atravesado por la espada que Zack sostenía entre sus manos, observándolo con una media sonrisa que expresaba todo el agradecimiento que conseguía sentir.
—¡NO...OOO! —Zack soltó el arma y Angeal cayó al suelo con un golpe sordo—. ¡Angeal no...! ¡No me digas que me sobrepasé...! ¡No... yo sólo... estaba tratando de defenderme y...! ¡ANGEAL NO! —se llevó ambas manos a la cabeza, arrodillándose junto al cuerpo con la mirada clavada en la espada que sobresalía del pecho de su víctima.
—Has... hecho bien... chico —declaró el ex Soldado con esfuerzo—Esto... es lo que debía pasar y... no podía confiar en Sephiroth para hacerlo. Él me... hubiera llevado... a Shinra... y ya nunca habría sido libre otra vez.
—¡¿LIBRE?! —El pecho de Zack subía y bajaba violentamente a causa de los sollozos que no lograba contener—. ¡No estás libre viejo... te estás muriendo!
—Zack... abraza tus sueños —sujetó su vieja espada por el mango y se la extendió lentamente— Y... defiende tu honor.
El más joven movió la mano vacilante, deshaciéndose en un llanto amargo cuando su mentor colocó la vieja espada que adoraba en la misma.
—¿Siempre... Zack?
—Siempre— asintió apretando los dientes —¡Siempre Angeal!
El ex Soldado sonrió levemente, fijando la mirada en Sadie. Quien lo veía con el rostro desfigurado por el dolor desde el rincón en el que se había recluido:
—¿Habrá... espacio para mí entre los seres que duermen en este mundo?»
Y después no dijo más. Nada... hasta ese día que a la mujer le había tocado enfrentar sin ninguna clase de aviso previo.
—¿Por qué... por qué de repente te importa tanto salvar el planeta? —musitó casi para sí misma—. No tiene sentido... hiciste todo lo que pudiste para morir. ¡Para jamás caer preso en las trampas de Shinra otra vez! ¿Y sin embargo estás aquí otra vez?
Se llevó una mano a la sien e hizo una mueca cuando la herida de su frente le recordó que estaba allí con un ardor repentino. El honor... el maldito honor era todo lo que siempre le había importado a Angeal. A él le importaban dos pepinos cosas como sacrificarse en pos de salvar el mundo de una posible extinción.
Lo sabía bien. Recordaba haberlo oído decir que no aprobaba los métodos que Avalancha usaba cuando se unió al grupo terrorista en secreto. Siempre repetía que su idea de heroísmo consistía en ser "un ejemplo para los demás", un conjunto de ideales caballerescos hechos carne en la forma de un héroe de cuentos.
Angeal Hewley quería ser perfecto. Pretendía abarcar todas las virtudes que uno le atribuye a los valientes corazones de antaño... y eso jamás le hubiera hecho posible el trabajar bajo el mando de una compañía que pretendía salvar al mundo de un monstruo misterioso, con la única finalidad de poder seguirlo secando a cambio de dinero.
Si en algo ese hombre era estricto; era en su código moral. Quizá el cambio se debiera a su condición de copia... pero era poco probable considerando que Zack no había cambiado ni una décima de su personalidad. Zack seguía siendo exactamente la misma persona.
Zack.
La sola mención de su nombre la hizo volver a la realidad. La realidad de que quizá él estuviera culpándose por lo que le había ocurrido como siempre solía hacer. Suspiró mientras fijaba la mirada en sus propias manos amoratadas y rasguñadas. A lo mejor estaba malherido... y solo. Sin nadie que pudiera consolarlo o darle una palabra que lo hiciera sentir menos mal.
Sonrió con amargura mientras trataba de ponerse de pie. ¿No debería estar loca de alegría? Angeal estaba a su alcance, diciéndole que sólo había pensado en volver a tenerla a su lado una y otra vez. Declarando su disgusto hacia sus actos de años atrás, junto con la firme voluntad de protegerla como no hizo en el pasado.
Y aún así... Sadie se encontraba presa de una melancolía miserable. Un sentimiento agrio que le carcomía el alma. Similar a ese que sintió durante los cuatro largos años que tuvo que vivir en un mundo donde Zack Fair ya no existía.
¿Por qué no podía mantener la felicidad inicial que sintió al ver el rostro de Angeal otra vez? Quizá... se debía a que nada de lo que lo rodeaba tenía sentido. ¡Pero...! Lo que rodeó a Zack en un principio tampoco lo tuvo; jamás espero encontrarse con un clon en lugar del original y... y sin embargo su lealtad para con él no menguó ni siquiera un poco. Sino que deseó protegerlo del dolor con muchas más fuerzas que antes.
—¿Qué es lo que te está pasando? —se reprochó mientras trataba de que sus piernas no temblaran bajo el peso inesperado que le supuso su propio cuerpo al levantarse—. ¡Vas a terminar estropeando la única oportunidad que tienes de obtener lo que siempre quisiste, Sadie! —se sostuvo de la repisa con fuerza mientras apretaba su labio inferior con los dientes.
Ahora le tocaba decidir de una vez por todas el rumbo que tomaría su vida. ¿Se arrepentiría de su juicio tanto como lo hacía con muchos de los que ya había dejado atrás?
Se oyó responderse a sí misma que sí. No tenía la más mínima duda de que se afligiría toda la vida a causa de lo que estaba a punto de hacer. Pero ya no importaba nada de eso: él hombre que ya había elegido en el interior de su corazón valía cualquier culpa que la obligaran a cargar.
Ahora... y siempre.
Nota de autor:
¿Quién creen que sea el elegido de Sadie? ¡No se precipiten y piensen con detenimiento! Hay muchos puntos a favor (y en contra) tanto para Zack como para Angeal, así que conviene masticarlo detenidamente. ¡Cuéntenme lo que pensaron del episodio en cuestión y compartan sus teorías acerca de que creen que va a pasar de ahora en adelante! ¡Estoy ansiosa por saber más de mis lectores! ¡Gracias por todo!
