Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Tkegl, yo solo la traduzco.
CUTLASS
Capitulo veinticinco – Parlamentar
Edward dejó que Bella se deslizase al suelo, su tensa mandíbula y el pánico en sus ojos le dijo todo lo que necesitaba saber. Se giró lentamente, con las manos en alto, y se quedó dándole la espalda a Bella y enfrentando a su peor enemigo con una fría mirada.
―Aro.
―Sí, ―dijo el hombre con un gruñido. Hizo una señal con la pistola extendida para que Edward saliera de detrás de la estatua y él cumplió, manteniéndose todo el tiempo entre Bella y esa maldita arma. Sus hombres estaban en un estado parecido, desarmados y de rodillas, con los hombres de Aro de pie sobre ellos mientras les apuntaban con las espadas. Fijo la mirada brevemente en la de Jasper y luego en la de McCarty, y cada uno asintió ligeramente. Todos ellos sabían que si no peleaban, estaban muertos. Solo necesitaban esperar a la oportunidad correcta. Su hermana miraba con los ojos muy abiertos, agarrándose desesperada a la manga de Jasper. Deseó poder preguntar qué veía sobre los próximos minutos, pero no estaba seguro de querer realmente la respuesta.
Aro movió la mano libre mientras mantenía los ojos fijos en Edward. ―Te agradezco que hayas encontrado el tesoro para mí, Eddie. Lo habría hecho yo mismo, pero esto ha sido mucho más divertido, ¿no crees?
―¿Cómo nos has encontrado?
Aro inclinó la cabeza, su sonrisa se hizo más amplia. ―¿Todavía no lo has descubierto? Y yo que creí que eras un tipo bastante inteligente. ―Miró enfáticamente a la izquierda. Edward siguió su mirada, su mandíbula se tensó cuando vio a Newton salir de las sombras para inclinarse casualmente contra uno de los tronos dorados. El hombre movió los dedos a modo de saludo antes de escupir en el suelo, y la mano de Edward fue por inercia a su espada.
―No lo creo, Eddie, ―advirtió Aro, duro como el acero mientras presionaba la pistola contra la sien de Edward.
―Bastardo, ―escuchó sisear a Bella, aunque no estaba seguro de si iba para Aro o Newton.
Edward apretó los dientes y levantó las manos una vez más con la mirada fija en Newton. ―¿Qué te ha ofrecido para que nos traiciones?
Se encogió de hombros tranquilamente y rodeó el trono para sentarse en él, cruzando un tobillo sobre una rodilla mientras se relajaba. ―La Flecha, por supuesto. Y una parte de todo esto más grande de la que jamás conseguiría contigo.
Edward rio. ―¿Realmente crees que te dará la Flecha? Sabía que no tenías muchas luces, pero nunca creí que fueras un idiota.
―¡Cierra el pico! ―gruñó él, inclinándose ligeramente hacia delante y con los dientes negros apretados por el enfado.
Edward le ignoró. ―Hay una razón para que le llamen Aro el Despiadado, piojoso infame. Solo tienes valor para él cuando tienes algo que ofrecer. ¡Y tú, tú despreciable rata de cloaca amotinada, ya no tienes ningún valor!
―¿Rata de cloaca amotinada? ―murmuró Bella detrás de su hombro―. Bonito.
―No sabes de qué estás hablando, ―gruñó Newton, mirando a Aro―. Díselo, Capitán. Dile que está equivocado.
Aro solo rodó los ojos. ―No tengo tiempo para estas tonterías.
―¡No! ―gritó Newton, levantándose y caminando hacia ellos―. Dile que ahora yo soy el capitán. La Flecha es mía, como debería ser. Díselo.
―Ten cuidado, chico, ―advirtió Aro con una mirada furiosa―. Cogerás lo que te dé y estarás contento con ello.
―Pero... la Flecha, ―protestó―. Me dijiste-
―¡Atrás! ―gritó Aro―. ¡No me presiones, chico!
Edward miró a Jasper y pudo ver sus músculos tensarse incluso desde el otro lado de la sala. Estiró la mano discretamente hacia atrás para tocar la de Bella y sintió como ella se tensaba.
―¡Te he ayudado! ―le soltó Newton a Aro―. ¡Nunca habrías encontrado el tesoro si no hubiera sido por mí!
Sin advertencia, Aro se movió hacia atrás y le dio un puñetazo a Newton en la cara, la pistola no dejó de apuntar ni un momento a la cabeza de Edward.
―He dicho que no me presiones, ―gruñó―. Ahora ve a sentarte y cállate.
Newton se limpió un poco de sangre del labio, luego escupió en el suelo mientras miraba a Aro con los ojos llenos de odio. ―No vas a darme la Flecha, ¿verdad? ―preguntó en voz baja.
Aro rio. ―Los barcos son para los capitanes, ―dijo, como si eso lo explicase todo. Newton tensó la mandíbula y llevó la mano a la espada, sacándola mientras se lanzaba hacia Aro.
No dio ni dos pasos.
Sin pestañear, Aro movió el brazo a un lado, disparando su pistola y alcanzando a Newton entre los ojos. El Artillero Jefe de la Flecha -antiguo Artillero Jefe- cayó de rodillas, con los ojos como platos y un grito ahogado de asombro escapando de sus labios antes de colapsar en una arrugada pila entre monedas de oro.
La sala se sumió en un asombrado silencio, pero Edward no esperó a que Aro y sus hombres se recuperasen. Sacó su espada, empujando a Bella hacia atrás mientras la blandía en un amplio arco hacia su enemigo. Aro captó el movimiento lo suficientemente rápido como para cambiar su peso, y la espada de Edward chocó contra el cañón todavía humeante de la pistola.
Los hombres de Edward tampoco habían esperado. Se pusieron en acción al tiempo que Edward, golpeando a sus guardias y buscando sus armas. Pudo oír los sonidos de la batalla a su alrededor y sonrió satisfecho, pasando sobre el cuerpo sin vida de Newton para atacar de nuevo a Aro. El canalla soltó la pistola y sacó su espada justo a tiempo para interceptar el golpe, y Edward giró, atacándole desde otro ángulo.
Sus espadas se encontraron, cruzándose entre ellos mientras se inclinaban con las mismas expresiones.
―No puedes ganar, Eddie, ―gruñó Aro.
―Ya lo veremos, ―contestó él, empujando a Aro y saltado sobre una mesa para ganar ventaja sobre la altura. Vio a Bella al otro lado de la sala, con la espada sacada mientras corría a ayudar a Jacob. Black luchaba contra dos de los hombres de Aro al mismo tiempo, y Edward se tomó un momento para arrepentirse de haber dudado del hombre. Marcus vio a Bella y empezó a moverse hacia ella pero, antes de que Edward pudiese hacer algo, Aro fue a por él de nuevo con la espada destellando en la poca iluminación de la caverna.
―¡Smith! ―gritó mientras saltaba sobre la espada de Aro y luego esquivaba con un rápido giro―. ¡En tu flanco!
Bella giró justo a tiempo para agacharse bajo la embestida de Marcus. Pasó corriendo al lado de Edward y saltó a la plataforma de la estatua. ―¿Estás mirando mi flanco de nuevo? ―Le dio una patada en la cara a uno de los hombres de Aro, estremeciéndose un poco.
Edward rio mientras saltaba de la mesa a la plataforma para estar a su lado. ―Es un bonito flanco.
Marcus había llevado su atención a Jasper, que luchaba lado-a-lado con Jacob al otro lado de la sala. McCarty gritó victorioso al cortar la pierna de uno de los hombres de Aro, que cayó al suelo con un chillido antes de que el Aparejador Jefe se girase para encararse con otro que, aparentemente, había estado en la sala exterior. Edward se preguntó cuántos hombres habría llevado Aro con él. Ya les superaban en número, pero el tamaño de la sala igualaba un poco las posibilidades. Había un límite de capacidad, y Jenks y Allegheny se movieron hacia la puerta, derribando efectivamente a cualquiera que intentase entrar.
―Con viveza, hombres, ―gritó Edward, con la espada en alto―. Si alguno de estos bastardos deja estas cuevas para traer refuerzos, os abriré las tripas.
Sus hombres gritaron de acuerdo, luchando con mayor vigor, y Edward vio a Aro quitarse de encima a Crowley con los negros ojos fijos en Edward mientras se movía hacia él.
―Muy bien, ―murmuró Edward―. Ven a por mí.
- . - . - . - . -
A Bella le dolían los brazos, pero se obligó a mantener la espada en alto. Se estremeció al ver a Alice al otro lado de la sala, llevándose un golpe en la cabeza antes de caer al suelo. Jasper gritó su nombre y se agachó sobre ella, tocándole suavemente el cuello. Se dio la vuelta para luchar de nuevo y Bella suspiró aliviada al ver el pecho de Alice expandirse al respirar.
Edward saltó de la plataforma, abriéndose paso en la pelea hasta Aro, y el corazón de Bella se aceleró por la preocupación. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para pensarlo demasiado antes de que el hombre al que había golpeado en la cara se pusiera de pie con una mirada feroz. Bella tragó y deseó tener una jarra de ron.
―Pagarás por eso, moza, ―gruñó, limpiándose la nariz con el dorso de una mano mientras levantaba la espada con la otra. Bella dio un paso atrás, buscando con la mirada una forma de escapar. Sabía que su tamaño era una desventaja en la lucha cara-a-cara y su mente empezó a acelerarse para valorar sus oportunidades. Vio un escudo dorado inclinado contra la parte trasera de la plataforma y vislumbró su oportunidad. Cuando el hombre se lanzó a por ella, ella saltó hacia atrás, tropezando y cayendo de forma nada elegante de culo con un sonoro "oof".
El hombre saltó en la plataforma con una sonrisa maliciosa. ―No te preocupes, moza. Lo haré rápido.
Bella mantuvo la mirada firme en él mientras estiraba la mano hacia el escudo; sus dedos rozaron una pila de monedas. Sintió una ola de desesperación cuando se dio cuenta de que el escudo estaba demasiado lejos. El hombre avanzó, cerniéndose sobre ella, y ella se estiró más, tocando finalmente algo redondo y duro medio enterrado entre las monedas.
Una roca. Podía ser su única oportunidad. A su alrededor, la pelea se intensificaba con espadas chocando, y gritos de victoria y dolor; pero, detrás de la estatua, ella estaba escondida de nadie que pudiera ayudarla, escondida de Edward. Agarró la piedra desesperadamente mientras el hombre saltaba de la plataforma y se agachaba para gruñirla, apuntándole con la espada a la garganta.
―O acaso lo haga lento, ―dijo, echándole en la cara saliva y aliento rancio mientras le recorría el cuerpo con la mirada.
Bella fingió estar paralizada, abriendo mucho los ojos y esperando que se acercara más. Sus dedos encontraron un agujero en la roca y apretó su agarre. Contuvo el aliento mientras él daba un paso adelante y se ponía de rodillas, a horcajadas sobre ella. Su corazón se aceleró mientras él giraba la espada para que quedara plana contra su cuello y luchó, solo para quedarse helada cuando él presionó la hoja con más firmeza contra su piel.
―Me gustan guerreras, ―murmuró, lamiéndose los labios.
Bella se estremeció, su estómago se revolvió cuando él le pasó la nariz por la mejilla. La espada cayó al suelo cuando él la reemplazó con su mano y ella tragó, sintiendo sus dedos apretarse alrededor de su cuello.
Él levantó la cabeza. ―¿Te has quedado sin ganas de pelear? ―se burló, bajando la mano para romperle la camisa―. Buena moza.
Bella murmuró, ―bueno, no es una jarra de ron, pero... ―Balanceó la piedra con todas sus fuerzas hacia la nariz todavía chorreante del hombre. El aulló mientras la sangre salía más libremente y se unía a la nueva que salía del labio roto. Rodó de espaldas, presionándose las nuevas heridas con las dos manos. Bella se puso de pie de golpe y no gastó tiempo en darle una fuerte patada al hombre entre las piernas, el enfado y el terror le habían dado una oleada de fuerza. Él gritó, haciéndose una bola mientras ella le daba otra patada para no quedarse corta. Levantó la mano para lanzarle la roca a la cabeza, pero cometió el error de mirarla primero.
No era una roca.
Sus dedos agarraban los huecos oculares de la calavera de uno de los supuestos trabajadores de Mellick. Le faltaba la mandíbula y la macabra sonrisa hizo que el estómago de Bella se revolviera de nuevo. Gritó y tiró la calavera al suelo, golpeando la cabeza del pirata a pesar de que no estaba apuntando. Se cernía sobre su cuerpo, temblando y respirando entrecortadamente, cuando Edward saltó sobre la plataforma con la espada en alto. Observó la escena con diversión, hasta que se dio cuenta del temblor en las manos de Bella y el roto en su camisa. Su cara se oscureció por la furia y se giró lentamente al hombre que estaba tumbado en el suelo. Bajó la espada hasta que la punta rozó el cuello del hombre. El atacante de Bella se quedó helado, luego se giró hasta estar tumbado sobre su espalda con las manos levantadas sobre la cabeza. Edward presionó un poco más fuerte con su espada, hasta que salió una gota de sangre que se mezcló con la que salía de la nariz y la boca del hombre.
―¿Te atreves? ―siseó Edward―. ¿Te atreves a tocar a mi mujer?
Bella miró con asombro y horror, saliendo finalmente de golpe de su estupor para decir débilmente, ―¿Edward?
Él la ignoró. ―Ella es mía, ―escupió con los dientes apretados, con voz baja y mortal―, y tú vas a pagar.
Bella tragó una ola de náuseas. Había visto a Edward enfadado antes, pero nunca imbuido de tal furia fría. No tenía duda alguna de que estaba a punto de matar a un hombre frente a sus ojos. Para su sorpresa, levantó ligeramente la espada y luego acercó la espada propia del pirata con una patada.
―Cógela.
El hombre pestañeó sorprendido, pero se convirtió rápidamente en miedo al ver la helada determinación de Edward. Sin embargo, cogió la espada y se puso temblorosamente de pie. Sus nudillos se pusieron blancos mientras agarraba la empuñadura firmemente en las dos manos y preparaba los pies para el ataque de Edward.
Al final, sin embargo, sus preparativos importaron poco. Como un ángel vengador, Edward avanzó con la espada destellando en el reflejo de la luz del farol. Solo hizo falta un golpe para que la espada de su oponente saliera volando de nuevo, pero Edward no cedió. Giró sobre sí mismo y Bella cerró los ojos con fuerza, abriéndolos solo momentos después cuando sintió sus brazos rodeándola.
―Está bien, ―murmuró en voz baja contra su pelo―. ¿Te ha hecho daño?
Ella sacudió la cabeza, incapaz de hablar cuando vio el cuerpo tirado en el suelo tras él; la camisa del hombre estaba llena de sangre. Se dio la vuelta, agachándose con las manos en las rodillas mientras respiraba profundamente y luchaba contra la necesidad de vomitar. El grito de Edward le llamó la atención y levantó la mirada para encontrarle una vez más en la plataforma, luchando contra otro de los hombres de Aro. No... dos de los hombres de Aro. El propio Aro estaba entretenido con Allegheny, para la aparente irritación de Edward.
Bella tragó, evitando a propósito mirar al cadáver que tenía al lado. ―Este no es el momento, Smith, ―murmuró para sí, agachándose para coger su espada―. Puedes venirte abajo cuando la lucha haya terminado. ―Saltó sobre la plataforma y desvió el golpe de uno de los atacantes de Edward. Edward la miró, el alivio era evidente en sus rasgos.
―Que agradable de tu parte que te unas a nosotros.
Ella se agachó para coger el escudo que había visto antes mientras Edward peleaba primero con un hombre y luego con otro. Vio a Jasper acercarse, luchando contra su propio oponente.
―No podía dejar que te quedaras con toda la diversión, ―dijo ella, girando el escudo con las dos manos hacia uno de los hombres con los que peleaba Edward. Un fuerte sonido hizo eco por la cámara sobre los gritos y el choque de espadas. El hombre pestañeó asombrado antes de caer primero de rodillas y luego de cara al suelo.
―¡Aaaaaaaarrrrr! ―gritó Bella a su cuerpo inerte, dejando salir al mismo tiempo todo el enfado y el miedo que había sentido los últimos minutos.
―¿Acabas de decir 'Aaaaaarrrr'? ―preguntó Jasper mientras derribaba a su oponente y saltaba a la plataforma para recuperar el aliento. Edwrad y él intercambiaron una mirada de diversión, pero Bella solo levantó la barbilla tercamente.
―Es lo que dicen los piratas, ¿no?
Edward le dio una patada a su oponente y luego miró a Jasper de nuevo. Los dos hombre se encogieron de hombros y se giraron para saltar de nuevo a la refriega.
Los dos gritaron, ―¡Aaaaaaaarrrrr! ―por el camino.
Bella agarró su escudo, bajando de un salto para seguir a Edward. Él se abrió paso peleando hacia Aro, y ella usó su escudo para desviar golpes y dar algunos propios. La batalla parecía haberse puesto a su favor, con más hombres de Aro tirados en el suelo que de pie y peleando, pero Bella sabía que solo había una pelea en la cabeza de Edward. Era la misma que tenía ella en la suya. Su pecho ardió por la furia cuando tuvo un vistazo de la cara de Aro, con la boca retorcida en una sonrisa al ver a Edward yendo hacia él.
―Creo que es hora de que acabemos con esto de una vez por todas, Eddie, ―dijo.
Edward se apartó de en medio a otro hombre con un codazo antes de responder, ―por primera vez, estamos de acuerdo, viejo.
Se unieron en un frenético choque de espadas, muy igualados en habilidad y motivación. Bella miró con el corazón en la garganta cómo Edward parecía prevalecer al principio -la punta de su espada cortó a través de las costillas del viejo- y luego Aro, que creó una herida similar a lo largo del muslo de Edward. Aro aprovechó su ventaja, obligando a Edward a retroceder contra una mesa con rápidos tajos de su espada. Edward rodó sobre la mesa, poniéndose rápidamente de pie al otro lado e ignorando la sangre que bajaba por sus calzones. Marcus le dio un codazo en la cara a uno de los tripulantes de la Flecha y empezó a caminar hacia Edward con la espada lista, pero Aro le detuvo con un grito.
―No, ―dijo, subiéndose a la mesa―. Cullen es mío. ―Atacó sin más advertencias, su cuchilla cortó el aire. Edward desvió los golpes pero retrocedió, tropezando hacia atrás sobre su pierna herida. Bella vio demasiado tarde la obstrucción en su camino y, justo cuando abría la boca para gritar una advertencia, Edward cayó hacia atrás sobre el cuerpo sin vida de Newton; la espada cayó de sus dedos.
Aro rio, moviéndose para quedar de pie sobre Edward mientras él estaba tirado entre monedas y cadáveres. ―¿Cuándo aprenderás que nunca podrás ganar contra mí, Eddie? ―Sonrió ampliamente, regodeándose mientras Edward estiraba el brazo hacia su espada. Bella tragó, buscando con la mirada una forma de ayudar antes de que sus ojos se fijaran en la mesa que había detrás de Aro. Se movió hacia ella en silencio mientras Aro colocaba la punta de su hoja contra el cuello de Edward.
―Que lástima. La verdad es que prometías mucho, Eddie, ―dijo Aro, sacudiendo burlonamente la cabeza―. Pero en realidad no tengo mucho tiempo para gastarlo contigo. Después de todo, tengo que recoger un tesoro. ―Su cuchilla bajó por el pecho de Edward, deteniéndose con la punta sobre su corazón.
Bella subió a la mesa detrás de Aro; nadie le prestaba mucha atención, cada uno estaba concentrado en su propia pelea. Marcus miraba atentamente los actos de Aro, con la mandíbula tensa y el puño apretado alrededor de la empuñadura de su propia espada.
―Así que me temo que es hora de despedirse, ―dijo Aro, colocando la espalda recta de arriba abajo mientras ponía su otra mano plana en la empuñadura, listo para bajarla con fuerza.
Bella se puso de pie, agarrando el escudo con las dos manos mientras lo levantaba sobre su cabeza. El movimiento llamó la atención de Marcus y se movió hacia ella gritando una advertencia a Aro al mismo tiempo. Ella no esperó a que él reaccionase; con todas sus fuerzas, golpeó a Aro en la cabeza y el sonido metálico hizo eco por toda la cámara mientras Aro colapsaba al suelo. Edward la miró, pestañeando sorprendido, pero Bella no podía gastar más tiempo. Levantó el escudo de nuevo para aplastarle la cabeza a Marcus, pero el pirata levantó una mano y el golpe resultante le hizo caer de rodillas, aunque siguió consciente. Se puso de pie con la cara contorsionada por la furia y descendió hacia Bella con la espada en alto.
No dio ni dos pasos. Se tambaleó, la boca se le abrió por el asombro mientras Bella se encogía, sosteniendo el escudo contra su pecho. Miró asombrada como la sangre se extendía por su camisa hacia fuera desde la punta de una espada que salía de su pecho. Con un enfermizo gorgoteo, más sangre salió de su boca mientras caía de rodillas y revelaba a Edward detrás de él, con la espada enterrada en la espalda de Marcus hasta la empuñadura. La sacó y el primer oficial de Aro cayó al suelo; Bella apartó rápidamente la mirada de la hoja manchada de sangre. Le llevó un momento darse cuenta de que la sala se había sumido en el silencio; miró a su alrededor y se sorprendió al darse cuenta de que la pelea había terminado. Los hombres de Aro estaban de rodillas y la tripulación de la Flecha estaba de pie sobre ellos, esperando órdenes de su capitán. Edward limpió su espada en la espalda de Marcus antes de envainarla. Se detuvo sobre Aro, con los puños en las caderas, y luego miró a Bella con el ceño ligeramente fruncido.
―Maldición, Smith, ―gruñó, toqueteando a Aro con la puntera de su bota―. ¿Cómo se supone que voy a matar a un hombre que está desarmado e inconsciente?
Bella se cabreó. ―¿Preferirías que le hubiese dejado atravesarte con su espada? De verdad, ¿es demasiado esperar un poco de gratitud-? ―Entrecerró los ojos mientras los labios de Edward se retorcían y se dio cuenta de que estaba intentando provocarla, seguramente para quitar de su cabeza la macabra escena que acababa de presenciar.
Funcionó.
Bajó de un salto de la mesa, pasando con cuidado sobre los cadáveres que llenaban el suelo sin mirarlos directamente. ―Has dejado un buen desastre, Capitán, ―dijo, obligándose a usar un tono despreocupado―. Espero que planees limpiarlo tú. ―Sin embargo, fue incapaz de esconder el mareo que sintió cuando se acercó a él, y estiró los brazos para agarrarse a sus hombros y mantener el equilibrio.
―Maldición, ―murmuró―. Realmente tengo que empezar a controlar lo de los desmayos, ¿verdad?
Edward le rodeó la cintura con un brazo, instándola a apoyarse contra él. ―Creo que necesitamos un poco de aire fresco. Aguanta, Smith. Soy un hombre herido y no vas a hacerme llevarte en brazos, ¿no?
Bella forzó una risa, respirando profundamente por la nariz. ―Haré lo que pueda.
Edward gritó a los hombres que atasen a los prisioneros, dejando a Jenks, Crowley y Allegheny atrás para hacer guardia mientras él y el resto de la tripulación iba en busca de refuerzos al barco para asegurar el tesoro. Sorprendentemente, él no había perdido hombres en la pelea, aunque Jacob y Jasper estaban heridos. A pesar de sus heridas, Jasper insistió en llevar a Alice y la acunó dulcemente en sus brazos.
―¿Está bien? ―preguntó Edward, estirando el brazo para tocarle cuidadosamente la frente.
Jasper asintió. ―Respira con regularidad. Solo tenemos que llevarla a algún sitio tranquilo donde pueda descansar.
Se pusieron en marcha al exterior, desandando sus pasos a través del laberinto y los túneles, y recuperando las reliquias por el camino por si acaso. Bella se sintió mejor cuando vio la puerta que llevaba al exterior, incluso aunque había sido cerrada -aparentemente por Aro- y a Edward le llevó varios minutos descubrir cómo abrirla desde el interior. Alice gimió, moviéndose en los brazos de Jasper antes de que sus párpados se abriesen con un aleteo.
―Debería haberle visto venir, ―murmuró, arrastrando las palabras.
Jasper presionó un beso en su frente. ―No te preocupes por eso. Aro ya no es una amenaza.
Alice sacudió la cabeza, el movimiento la hizo gemir de nuevo. ―Aro no... el Rey... el hombre del Rey.
Antes de que pudiera decir nada más, la puerta se abrió hacia dentro y el aire fresco del exterior les resucitó al salir al sol de finales de la tarde. Animados por su éxito, la tripulación de la Flecha salió riendo y empujándose amistosamente unos a otros.
Solo para quedarse helados por el característico sonido de una pistola siendo amartillada. Bella miró a su alrededor con los ojos como platos, incapaz de comprender al principio porqué había al menos veinte hombres rodeando la entrada de la cueva.
Hasta que reconoció al que dio un paso adelante. Iba vestido con ropa de civil en lugar de su uniforme naval, pero su arrogante postura y los fríos ojos azules eran los mismos.
―Comodoro Hunter, ―murmuró asombrada.
Él inclinó la cabeza, tocándose el borde de su sombrero con el cañón de su pistola. ―Nos encontramos de nuevo, ―contestó.
- . - . - . - . -
Edward maldijo alto y de forma colorida al ver a Hunter y sus hombres. Miró a Jasper mientras Hunter se dirigía a Bella, esperando que entendiera la significativa mirada que le echaba.
Aparentemente lo hizo y, con disimulo, guardó la bolsa que contenía las reliquias en los matorrales que tenía al lado.
―La verdad es que me sorprende que no lo hayas captado antes, Cullen, ―dijo Hunter, llevando su atención al capitán―. No podía entender porqué Aro y Renard viajaban juntos y qué tenía todo eso que ver contigo. Por supuesto, una vez que atrapé a Renard, las respuestas llegaron un poco más fácilmente. ―Hizo un gesto con la mano y un par de sus hombres se hicieron a un lado para revelar a Renard y varios de sus hombres sentados en la arena, con las manos atadas a la espalda―. Es toda una victoria para mí, seguro que puedes imaginártelo, ―dijo con una sonrisa―. ¿Capturar a dos de los piratas más notorios del Caribe y un tesoro al mismo tiempo? Sí, toda una victoria.
Inclinó la cabeza con curiosidad. ―Por cierto, ¿dónde está Aro?
La cabeza de Edward daba vueltas. Había estado muy cerca y ahora estaba a punto de perderlo todo. Hunter no se detendría ante nada para destruirle y quedarse el tesoro. Por supuesto, no tenía ni idea de cómo encontrarlo pero, al mismo tiempo, Edward todavía tenía hombres dentro y no podía dejarles atrapados en el interior de la montaña. Miró a Bella... luego a Jasper... Emmett... Black. Sus hombres confiaban en él y él les debía mucho. Ojala pudiera hacer algo.
―Entonces, ¿le has matado? ―preguntó Hunter. Él se encogió de hombros―. No importa. Tú eres premio suficiente, supongo. Ciertamente suficiente como para hacerme ganar una buena recompensa. Combinada con el tesoro, estaré de vuelta en Londres en un abrir y cerrar de ojos, y dejaré estas malditas islas para siempre.
Edward inhaló bruscamente, una idea se le ocurrió de la nada. Puede que hubiera una manera. Tal vez podría salvar a sus hombres, si no a sí mismo.
―No está muerto, ―dijo, mirando furioso a Hunter.
―¿No? Bueno, ¿dónde está? Entrégale y puede que le pida al verdugo que ate bien el nudo para que no sufras demasiado.
Bella saltó. ―¡Bastardo!
Hunter levantó una ceja. ―¡Que vocabulario! Por supuesto, debería esperarmelo viniendo de la puta de Cullen.
Edward dio un paso adelante, pero Hunter le detuvo con un movimiento de su pistola. ―No lo creo, Cullen, ―dijo con una expresión desagradable que rápidamente se convirtió en especulativa―. Entonces, ¿sientes algo por la chica? ―Movió lentamente el brazo hasta que la pistola apuntó a Bella―. Movimiento equivocado, Capitán. Nunca desveles tu debilidad. Creí que ya sabrías eso.
Edward luchó por aplacar su furia, sabiendo que no sería bueno para Bella. ―La chica no tiene nada que ver en todo esto. Si quieres a Aro, tendrás que encargarte de mí.
―¿Y si simplemente me lo llevo?
―No puedes. No puedes encontrar el camino hasta él o el tesoro sin mi ayuda.
Hunter rio. ―Y, ¿por qué ibas a ayudarme?
Edward levantó las manos. ―Estoy interesado en un intercambio. Uno que creo que será beneficioso para los dos.
El comodoro le miró con curiosidad. ―¿Qué tipo de intercambio?
Edward se aclaró la garganta. Era hora de poner sus cartas sobre la mesa. ―Aro y sus hombres, además de la mitad del tesoro, a cambio del perdón para mí y mis hombres.
―¿La mitad? ―Hunter rio de nuevo―. ¿Por qué demonios iba a conformarme con la mitad?
―Porque nunca lo encontrarás sin mi ayuda, ―contestó Edward―. Está bien escondido, al igual que Aro.
Hunter empezó a caminar de un lado a otro, considerando. ―¿La mitad, dices?
―Suficiente para convertirte en un hombre muy rico.
Edward podía ver la batalla que se libraba en la cabeza de Hunter. Su odio por Cullen en un lado y su avaricia en el otro.
―Piénsalo, ―instó Edward―. Volverás como uno de los hombres más ricos de Londres. ―El brillo del interés en los ojos de Hunter le dijo que estaba haciendo mella―. Por no mencionar uno de los más poderosos.
―No lo suficientemente poderoso como para conseguirle un perdón a Eddie 'Un-Ojo' Cullen, ―contestó―. Eres infame, Cullen. Puede que sea capaz de ayudar a tus hombres pero, ¿a ti? De ninguna manera.
Edward consideró eso. ―Vale, entonces. Mis hombres. Se dejará tranquilo a cualquiera que desee dejar la Flecha.
―¡No! ―gritó Jasper―. ¡No, tenemos que ser todos!
―¡Cállate! ―soltó Edward―. ¡Mantente en tu lugar, oficial!
―Pero, Edward, ―dijo Bella en voz baja―. Seguirás siendo un fugitivo.
Él vio la angustia en sus ojos, la sintió él mismo. No habría futuro para ellos pero, la verdad, nunca había esperado tenerlo. Se volvió tenso hacia Hunter.
―¿Cuál es tu respuesta? ¿Aceptas?
―Si lo hago, ¿cómo sé que cumplirás tu parte?
Edward se tensó. ―Lo haré.
Hunter se dio golpecitos en la barbilla. ―Creo que necesito un poco más que eso. ―Se volvió hacia Bella―. Cogedla, ―les dijo a sus hombres.
―¡No! ―gritó Edward―. ¡Déjala fuera de esto! ―Miró horrorizado cómo dos de los hombres de Hunter cogían a Bella por los brazos y se la llevaban. Para su sorpresa, ella no peleó, sino que en su lugar le miró con tristeza.
―Está bien, Edward, ―dijo―. Solo dale lo que quiere y esto habrá acabado.
―Correcto, ―dijo Hunter, llamando a sus hombres con un movimiento de la cabeza―. Estaremos esperando en la playa. El resto de tus hombres serán liberados para ayudarte a recuperar el tesoro. Trae la mitad, y espero un recuento completo para asegurarme de que no me estás engañando, Eddie. Hazlo y tu pequeña moza pagará, no lo dudes ni un segundo. Trae la mitad junto a Aro y sus hombres, y perdonaré a cualquier miembro de tu tripulación que desee dejar atrás la vida pirata. En cuanto a ti, te daré ventaja antes de informar a mi comandante de tu última localización conocida. Una vez que esté en Londres, no volveré a pensar en ti ni en nada de esto.
Edward miró a Bella a los ojos y la vio instándole a aceptar. ―Déjame hacer esto, ―dijo ella en voz baja―. Está bien.
Con un suspiro, Edward asintió, enviando a Jasper y Emmett con Hunter para recuperar al resto de la tripulación y conseguir ayuda para Alice. Cuando desaparecieron de la vista, ordenó a sus hombres que volvieran a las cavernas. Les llevaría días sacar todo el tesoro.
Edward planeaba cortar ese tiempo por la mitad.
- . - . - . - . -
Dos semanas después, Charles Towne, Carolina del Sur
Bella estaba parada a la sombra de un retorcido roble, limpiándose lágrimas de los ojos. A unos metros, Edward se arrodillaba frente a una lápida tallada y trazaba suavemente el nombre con los dedos.
Elizabeth Jacobs Cullen
Su madre.
Había llevado a Bella allí diciendo simplemente que la necesitaba. Cuando había visto el pequeño cementerio en los límites de la propiedad de la familia Cullen, Bella había vacilado, sorprendida porque él compartiese algo tan personal con ella. Edward no la había presionado, dejándola al lado del árbol mientras se acercaba a la tumba de su madre y se ponía de rodillas, hablando en voz baja en la quietud del lugar. Bella no podía oír sus palabras, solo el bajo retumbar de su voz mezclada con la canción de los pájaros que estaban en las copas de los árboles.
Para ser honesta, estaba asombrada de estar ahí.
Hunter había mantenido su palabra, y nadie se había asombrado tanto por ello como Bella. Había medio sospechado cuando se la llevó que le pondrían unas cadenas y la entregarían para ser colgada. Sin embargo, había sentido que al menos tenía que intentarlo, hacer su parte para ayudar a los demás -Jasper y Alice... Jacob... todos los que iban a bordo de la Flecha. Había llevado día y medio a la tripulación sacar todo el Oro de Mellick, y Bella tenía la ligera sospecha de que Hunter había terminado con más de la mitad. La había devuelto a Edward, sin embargo, junto a perdones por escrito para los miembros de la tripulación que quisieron dejar el barco. Había habido sorprendentemente pocos, en realidad -Jasper, por supuesto, y Jacob... y un puñado más- pero la mayoría no tenía deseos de una vida normal. Habían recogido sus partes del tesoro y estaban listos para empezar de nuevo en otra aventura.
Habían parado en Charles Towne para dejar por fin a Jasper en su nuevo hogar. Cuando pusieron los pies en tierra Cullen, Alice se había vuelto hacia Edward con los ojos llenos de lágrimas.
―Gracias, ―había dicho ella, envolviendo a su hermano en un abrazo―. Gracias por liberarle.
Edward se había sonrojado y se encogió de hombros, inclinándose finalmente para besar a Alice en la mejilla. ―Sé feliz, ―había dicho él, repitiendo las palabras a Jasper con un golpe más masculino en el hombro.
Alice había mirado entonces de Bella a Edward, diciendo simplemente, ―a veces las cosas no pasan como habíamos esperado, Edward. Eso no significa que no podamos tener lo que queremos.
Edward había fruncido el ceño confuso. ―¿Qué demonios significa eso?
Alice había reído. ―Significa que deberías seguir tu propio consejo. ―Extendió la mano para agarrarle los brazos, apretando suavemente―. Sé feliz, Edward.
Jasper y Alice no dejaron pasar más tiempo y se casaron incluso antes de que hubiera pasado un día desde que habían vuelto. Desparecieron en una pequeña casa cerca de la de Esme y no se les había visto mucho desde entonces.
Bella sonrió al pensarlo.
En cuanto a Jacob, él despareció una noche sin despedirse. Bella se sintió un poco herida porque se hubiera marchado sin decir nada, pero esperaba volver a verle algún día. Incluso más, esperaba que él encontrase lo que estaba buscando.
Emmett, por otro lado, optó por quedarse en el barco, aunque planeaba usar su parte del tesos para entrar en el negocio de Rosalie y expandir el Wild Rose. Él no lo había dicho, pero Bella sabía que él esperaba que su dinero significase que Rosalie podría limitarse a dirigir el negocio en lugar de participar activamente en él. Ella no había pasado mucho tiempo con Rosalie, pero tras verlos juntos incluso durante tan poco tiempo, creía que Rosalie sentía lo mismo.
Edward cogió su daga, sacando a Bella de sus pensamientos. Le miró con curiosidad mientras él se la llevaba a una de sus rastas y la cortaba cerca del cuero cabelludo. Colocó el mechón en la lápida de su madre, luego se besó los dedos y los presionó sobre su nombre, inclinando la cabeza por un momento antes de ponerse pie y girarse hacia ella, limpiándose las lágrimas.
―¿Estás bien? ―preguntó ella en voz baja.
Él asintió, cogiéndole la mano y levantándola hacia sus labios. Ella estiró la otra mano para tocar el lugar de su cabeza del que había cortado el pelo, mirándole inquisitivamente.
Edward se aclaró la garganta, echando una mirada a la tumba de su madre. ―Cuando murió, juré que no acercaría una cuchilla a mi pelo hasta que la vengara, ―dijo, con la voz un poco rasposa―. Cada vez que veía mi reflejo, servía como recordatorio a mi propósito.
Bella tragó más lágrimas, retorciendo los dedos en las rastas que eran su pelo. ―Así que, ¿vas a cortártelo ahora?
Él se encogió de hombros. ―El juramento ha sido cumplido.
Bella asintió, girándose para marcharse del cementerio con los dedos entrelazados con los de Edward. La muerte de Aro no había llegado por la espada de Edward como él había esperado -tampoco por la de ella-, sino por la soga. Había sido colgado solo un día después de que Edward le entregara a Hunter, al igual que el resto de sus hombres. Poco tiempo después, el comodoro había puesto rumbo a Inglaterra y Bella no tenía dudas de que acabaría con un título además de con riqueza, no importaba lo mucho que la idea le revolviese el estómago.
Intentó sacárselo de la mente, concentrándose en Edward. Su futuro estaba un poco más embrollado. Edward volvería a la Flecha al caer la noche, no se atrevía a arriesgarse a estar e tierra más tiempo. Hunter ya no era una amenaza, pero Edward todavía era un fugitivo y era solo cuestión de tiempo que la Corona le persiguiese de nuevo. Bella, sin embargo, ya no era considerada una criminal; un hecho de debería haberla hecho sentir alivio, pero que en su lugar la llenaba de una sorda sensación de temor. Edward también había conseguido un perdón para ella, y ella solo podía tomarse eso como que él creía que era hora de que se separasen.
Sin embargo, sus actos parecían decir lo contrario. Desde que habían dejado la isla, él había sido una presencia constante a su lado -tocándola y besándola frecuentemente. Parecía vacilante a dejarla fuera de su vista, y Bella se preguntaba si estaría almacenando todos sus momentos juntos igual que ella... contando los días, las horas, hasta que finalmente tuvieran que despedirse.
Terminaron en la ribera del río, mirando una vez más el agua corriente. El sol estaba bajo en el cielo, provocando destellos dorados y rojos en el pelo de Edward. Bella se puso frente a él, estirando la mano de nuevo para tocarlo.
―No creo que debas cortártelo, ―dijo.
Él inclinó la cabeza, la esquina de su boca se levantó. ―¿No?
―Te queda bien. ―Se tragó un sollozo, dándole rápidamente la espalda.
―¿Smith? ―Estiró la mano hacia ella, pero la dejó caer a su lado―. Bella, está bien. Todo ha terminado. Puedes volver a casa. Tener la vida que mereces.
Y, con eso, algo saltó en el interior de Bella. Se giró hacia él con los ojos destellando. ―No quiero esa vida. Te quiero a ti.
Edward se apartó como si le hubieran golpeado. ―No seas ridícula. No tendrás ninguna vida conmigo.
―No me llames ridícula.
―Bueno, entonces no seas ridícula, Smith. Tienes que ir a casa, encontrar un buen hombre, formar una bonita familia.
―¡No quiero un buen hombre! ―gritó ella―. Te quiero a ti, terco y arrogante- ―buscó un insulto apropiado― -¡ratón, hijo de un ruin lobo de mar!
Edward pestañeó con la boca abierta, y Bella sintió no poco orgullo por haberle dejado sin palabras. Entonces él empezó a reír.
―¡No es divertido, bastardo! ―soltó ella. Edward solo se dobló con las manos sobre las rodillas mientras jadeaba para recuperar el aliento. Bella resopló molesta y se dio la vuelta para marcharse con fuertes pisadas.
Edward la detuvo con una mano en su brazo, dándola la vuelta y acercándola a él. ―Oh, Smith, ―dijo, con un brillo de diversión todavía en los ojos―. Me temo que te he arruinado para cualquier otro hombre. ¿Quién más querría a una moza con la boca tan sucia?
Bella luchó contra su agarre, todavía molesta, y le llevó un momento reconocer el significado de sus palabras. Levantó la mirada a él, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho. ―¿Qué estás diciendo?
Edward respiró profundamente. ―Maldición, Smith. Debería dejarte ir, pero soy un bastardo egoísta, ¿verdad? ―Apartó la mirada.
―Edward, ¿qué estás diciendo? ―Estiró la mano para girarle la cara de nuevo hacia ella.
Él la miró a los ojos, suavizando la mirada. ―Estoy diciendo que te amo, Smith. Dios me ayude, no quiero que vayas a ninguna parte si no es conmigo.
Bella soltó un grito ahogado.
Edward rio. ―Si hubiera sabido que eso te habría hecho dejar de hablar, te lo habría dicho antes.
Ella le pegó en el brazo. Fuerte.
Edward ignoró el golpe, poniendo la palma de su mano en la mejilla de ella. ―No puedo ofrecerte una vida normal, Bella. Desearía poder, pero no puedo.
―No me importa, ―susurró ella―. Yo también te amo.
Edward cerró el ojo, con una suave sonrisa en la cara mientras echaba la cabeza atrás, que le quedó en sombras por la luz del sol. Un momento después, volvió a mirarla; el amor era evidente en su cara. ―Te protegeré, Bella. Puedo prometerte eso. ―Bajó la cabeza hasta que le rozó suavemente los labios con los suyos―. Haré todo lo que pueda para hacerte feliz. Y también puedo prometer que nuestra vida juntos nunca será aburrida.
Bella soltó una risita, sintiendo una incontrolable ola de felicidad. ―Me creo eso. ―Él intentó besarla de nuevo, pero ella echó la cabeza atrás, obligándose a poner una expresión seria al pensar en Alice―. ¿No me dejarás atrás entonces? ¿Echándote de menos aquí mientras tú navegas hacia Dios sabe donde?
Edward suspiró. ―Nunca se me ocurriría. No, tú debes estar a mi lado. Después de todo, necesito a alguien que guarde mi flanco.
―Es un buen flanco.
Él rio, apretando su agarre, y ella se relajó contra él mientras sentía su calidez... su fuerza.
Hogar. Él era su hogar.
―Así que, ¿qué dices, moza? ―preguntó él con una sonrisita de satisfacción―. ¿Me dejarás hacer una mujer honesta de ti? Bueno, ¿un poco honesta, al menos? ―Sonrió ampliamente por la risa de Bella―. Cásate conmigo, Smith. Cásate conmigo y vayamos a tener una aventura o dos.
Bella creyó que merecía crédito por no hacerle esperar por una respuesta. Simplemente le sonrió, enredando las manos en su pelo y tirando ligeramente.
―Sí, Capitán, ―dijo ella―. Eso suena como un poco de buena diversión.
THE END
Hola!
Aquí os dejo el último capítulo de esta historia que a mí me fascinó por ser algo distinto a lo acostumbrado en el fandom. Espero que a vosotras también os haya gustado y os haya hecho disfrutar un rato.
Mañana subiré el epílogo y el próximo lunes y martes los dos outtakes.
Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
-Bells :)
