HOLA MI QUERIDOS LECTORES/AS! AQUÍ LES DEJO UN NUEVO CAPÍTULO. SÓLO QUEDAN 2 MÁS PARA EL FINAL.

ESPERO QUE LES GUSTE, DESPUÉS CUÉNTENME QUÉ LES HA PARECIDO.


CAPITULO 23 ~ TE ECHABA TANTO DE MENOS

Niebla. Hojas secas bajo mis pies descalzos. Todos esos árboles rodeándome, yo quitándoles un poco de su oxígeno.

El sol derretía poco a poco la neblina, esas nubles peligrosas que tocan el suelo. Me di la vuelta, segura de que él estaría detrás de mí, cuidando cada paso que diera. Y no me equivoqué.

Un lobo enorme y rojizo me miraba con adoración. Para cualquier persona sería un monstruo o algo aterrador, para mí él era suave y adorable. No le temía, más bien me sentía cómoda con su presencia. Le sonreí y volví a girarme para continuar mi camino.

Un llanto. Un llanto de alguien inquieto y desesperado me había sacado de mi letargo caminar. Me giré para preguntarle a mi lobo si debería ir tras ese gimoteo, pero ya no estaba. Sólo la neblina volvía para envolverme y para aprisionar mi pecho de una manera muy dolorosa. El sollozo a lo lejos continuaba, parecía que me llamaba sin cesar. Pero ya no podía moverme. Miré mi cuerpo desde lo alto, yaciendo sobre la tierra seca en aquel bosque de tantos recuerdos.

- Levanta de una vez, pequeña dormilona. O no tan pequeña a decir verdad. – sentí la voz de mi tío Emmett llamándome mientras yo dormía a su lado en su precioso ship.

- No quiero entrar al instituto. – dije con voz ronca y estirando mis brazos.

- Qué bien, pues me vale mierda. – rió. – Entra que ya pronto sonará el timbre.

- De acuerdo. Ven a buscarme a horario. No te tardes o iré caminando. – le advertí.

- Vendré. Y si te sientes mal o algo, llámame. O a Rose o a quien sea.

- Ok.

Luego de dejar atrás a mi tío, emprendí el viaje hacia el edificio, ese tan parecido a una prisión. Realmente no tenía ganas de estudiar o simular hacer eso. Sino más bien tenía ganas de dormir. La noche no me había sido suficiente para hacerlo.

- Hola Nessie. – me saludó Renata haciéndome sobresaltar. No la había visto aproximarse a mí. Se la veía distinta, o quizás yo era quien lo estaba y comenzaba a ver a todos diferentes.

- Hola Ren. ¿Cómo has estado?

- Yo muy bien, pero ¿tú? – suspiró. – Me he cruzado con tu hermano hace unos días y me ha dicho que venía a avisar personalmente sobre tu malestar.

- No sabía que había venido hasta aquí. Es un exagerado. Todo va bien.

- ¿Segura? Se te ve fatal.

- Gracias, tú también estás muy linda. – medio sonreí. Sabía que mi aspecto no era el mejor.

- Lo siento. No quería ofenderte. Igualmente no me refería a eso. Tú siempre… siempre estás genial. Ahora lo estás, sólo que te ves más pálida.

- Aún estoy en recuperación. He vuelto porque me he hartado de estar en la cama. – dije mientras entrábamos juntas a la clase de Literatura.

- ¿Nos sentamos juntas? – me preguntó tímida.

- Claro.

La clase transcurrió lenta, muy lenta para mi gusto. Mis párpados pesaban pero las vibraciones que lanzaba mi estómago impedían que me durmiese. Tenía hambre.

Cuando terminó esa clase, nos dirigimos hacia Filosofía. En el camino me crucé a Tyan que me miró de reojo como queriendo decirme algo.

Desde que la relación con Jason había terminado, ni Tyan ni Mel habían vuelto a hablarme. No sé con qué cuento les había ido mi ex, creí que todo había quedado bien pero al parecer el rencor siempre lo opaca todo. Renata me había contado algo, pero no quise saber mucho. Ella estuvo en desacuerdo siempre por lo que ahora a ser un grupo de 5 pasamos a ser sólo las dos.

No me importaba lo que el resto pensara. Lo que sí me daba pena por ellos y por el cariño que alguna vez nos tuvimos todos. Desde un comienzo fuimos testigos de numerosas charlas, demasiadas risas compartidas. Con ellos había ido por primera vez al cine, a un boliche y mi primera pijamada. Tenía recuerdos muy bonitos, pero no iba a acercarme a ellos, simplemente ya formaban parte de mi pasado.

- ¿En qué piensas? – me preguntó Renata en medio de la clase.

- En nada, particularmente.

- ¿Has visto a Tyan como te miraba? – me preguntó con temor.

- Sí. No me interesa. Sea cual sea el cuento que le haya metido Jason. Nada me interesa, tengo la mente en otras cosas mucho más importantes. – dije fría, tanto que hasta a mí me había asombrado.

- ¿Jacob? – me sonrojé tontamente. Escuchar su voz aceleraba todos mis sentidos habidos y por haber.

- Quizás. – dije con una tímida sonrisa.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Seguro.

- ¿No has pensado que quizás… tú estés…? Bueno es decir, has estado enferma. De acuerdo a tus síntomas…

- Pregunta de una vez, me pones nerviosa. – medio grité y la mayoría de mis compañeros se dieron la vuelta, inclusive Tyan que compartía la clase con nosotras.

- ¿Estás embarazada?

- ¡¿Qué?! – esta vez sí que había gritado. El profesor me llamó la atención y bajé mi mirada sin querer mirar a nadie. Estaba haciendo todo un teatro.

Renata tampoco volvió a hablarme, hacía bien en quedarse callada. Sin querer había sacado a flote un tema muy feo para mí. Hermoso pero triste. La primera vez que había tenido náuseas lo había pensado. Me había ilusionado y un día a la salida del instituto llegué tarde a casa por ir a la farmacia a comprar un test de embarazo. Negativo.

Ese día comprendí lo que siempre supe. Que jamás iba a poder tener un niño. Y anhelaba mucho darle un bebé a Jake, pero para mí era imposible. Cuando dudé de mi infertilidad, estaba asustada porque no quería poner furioso a papá, porque no sabía cómo se lo iba a tomar Jake, porque no me sentí preparada del todo para ser mamá. Pero por otro lado, una urgencia de felicidad recorría mis venas, la extendía por todo mi cuerpo irremediablemente.

Me recuerdo en el baño, sentada sobre el retrete cerrado, moviendo mis manos ansiosas, esperando el tiempo indicado para saber la verdad. Me dolían los dedos de tanto que me los había estrujado, me sudaba la piel. Estaba muy nerviosa. Y cuanto vi el resultado…

- Anda, vamos. – me obligaba a levantarme Renata. Estábamos en la anteúltima clase y yo no había escuchado cuando el timbre había sonado. Estaba demasiado metida en ese triste recuerdo.

Salimos hacia el comedor y nos sentamos en una esquina, donde nadie nos molestaría. Mientras yo estaba en estado de trance, mi amiga había ido por nuestras bandejas con el almuerzo. Me di cuenta de cuando llegó porque el olor a comida había hecho sonar mi barriga.

- Parece que tienes hambre. – me dijo sumisa.

- Es que hoy no he desayunado. – dije comenzando a comer.

- Oye, respecto a lo de hoy… No quise ponerte así. Desde que lo he soltado te has puesto muy triste. Lo siento mucho. – soltó apenada. Le sonreí para que supiera que todo iba bien.

- No puedo tener hijos. Me encantaría en algún futuro. Pero no puedo. Por lo menos los míos propios. Tú sabes… el karma seguramente. – sus ojos se entristecieron a medida que iba soltando las palabras. Se sentía culpable. – Pero no te preocupes, de a poco lo voy asimilando. No te pongas mal, Ren.

- Lo siento. No lo sabía.

- Lo sé. Tranquila.

- He oído que hay muchas formas de concebir ahora. Con la tecnología…

- Lo sé. No te preocupes. Además aún soy muy joven.

- Sí. No estaría bien quedarse embarazada justo en este momento. – dijo intentando calmarme.

- ¿Embarazada? – dijo una voz detrás de mí. La reconocí al instante.

- Sí, estaría mal quedarse embarazada en estos tiempos. – dije de mala manera. - ¿Qué tiene? ¿Por qué te metes? – le pregunté bruscamente. Hasta a mí me sorprendió. Algo me andaba pasando, no podía controlar mis impulsos. Quizás mis hormonas andaban revolucionadas o algo. Quizás estar lejos de Jake me volvía vulnerable.

- Tranquila. Sólo… quería hablar contigo. ¿Podemos? – me preguntó Jason.

- ¿Qué deseas? – dije.

- Siento mucho todo lo que he hablado de ti.

- No sé lo que has hablado ni me interesa. – lo corté.

- Pero a mí me haría bien disculparme. No me he sentido de la mejor manera desde que hemos roto.

- Muy bien, te perdono. – le dije terminando con mi comida. Renata nos observaba en silencio.

- Estaba enojado.

- Jason, no tengo tiempo para ti. Escucha. – sonó a tiempo el timbre para regresar a clase. – Debo irme. Adiós.

Me levanté seguida de Renata y me fui hacia mi última clase.

Nuevamente no estaba prestando demasiada atención. Era más divertido respirar el aire que ingresaba por una de las ventanas abiertas. Me recordaba a cuando era pequeña y abría la ventana de mi habitación dejando entrar al viento y a algunas gotas de nieve. Mamá me retaba temiendo que enfermase, pero nunca pasó.

De pronto algo me sacó de mis recuerdos. Un olor. Un efluvio que había hecho que mi piel se erizara por completo. Mi ceño se frunció intentando entender si me estaba volviendo loca. Quizás el aburrimiento había hecho estragos conmigo. Inhalé un poco más. Ese aroma se había colado por completo en mi sistema, defenestrándolo, revolucionándolo, estremeciendo cada célula, cada tejido de mi cuerpo.

Mi corazón parecía querer salirse de mi pecho, hacía tanta fuerza en cada latido que dolía en los huesos. Miré por el rabillo del ojo a Renata que me miraba confundida. Bajé la cabeza para disimular mi inquietud. Definitivamente estaba desquiciándome. No era posible que él estuviese aquí, me lo habría dicho cuando hablamos por la noche, además no iba a dejar sola a la manada. No podía, no debía. Yo no tenía que ilusionarme.

Pedí que cerraran las ventanas, no quería oler más nada. Todos me miraron al escucharme pero me hicieron caso y luego la clase continuó. Intenté prestar atención a la clase, sin pensar en el olor a lobo que había sentido minutos antes.

Había funcionada un poco… sólo un poco.

Al sonar el timbre, caminé a paso acelerado por el pasillo. Renata no se molestó en seguirme ya que cuando hacía esto significaba que quería estar sola. Yo sólo quería llegar pronto a casa, deseaba que Emmett estuviese fuera así llegaba pronto a la mansión y me encerraba en la habitación para alucinar allí y no en el instituto.

Cuando ya estuve fuera me vi detenida por algo que amarraba mi brazo con fuerza. Cuando giré vi que Jason tenía las cejas clavadas en los ojos y me miraba un poco iracundo.

- Suéltame Jason. – le grité haciendo que todos se giraran a vernos.

- No. Primero necesito que hablemos. – me escupió. Mal momento para marearme. La vista medio que se me nubló pero mis pies me dejaron mantenerme firme. - ¿Qué sucede?

- Sucede que quiero que me sueltes. – le dije disimulando el malestar.

- Renesmee, necesito que hables conmigo, que me escuches. Te soltaré sólo si aceptas.

- No quiero. – volví a levantar la voz. – Déjame. Tengo que irme.

- No, primero hablaremos. – dijo decidido.

- Suéltala. – dijo una voz a mis espaldas. Creí volver a alucinar e intenté hacer que no había escuchado nada. Pero el rostro de Jason me decía que estaba aquí, que estaba detrás de mí, que no estaba fantaseando. Sonreí aún con la mano de mi ex rodeando mi frágil brazo. – Si no la sueltas, te juro que te arrepentirás. – inmediatamente Jason obedeció y antes de darse la vuelta bufó enfurecido.

Me quedé de espaldas. Estaba completamente paralizada. Mis piernas me temblaban, no sabía si estaba por desmayarme o su presencia era la que lo provocaba.

De repente sentí su piel suave recorriendo mis brazos. A su paso erizó cada parte de mí. Jadeé sin poder creérmelo completamente.

- Hola mi amor… - me susurró llenándome los ojos de lágrimas. Era absurda mi reacción desmedida pero no podía evitarlo. Me hacía tan feliz escucharlo de nuevo, sentirlo otra vez.

Me giré sin más y de un salto acomodé mis piernas alrededor de su cintura. Sentí sus carcajadas tan alegres como lo fueron las mías. Lo besé entero. Le besé las mejillas, la frente, sus hermosos ojos, su nariz… y finalicé en su boca. Sus labios embistieron con fuerza los míos. Ambos deseosos uno del otro, fue un beso desesperado pero tierno como siempre. Nos apartamos cuando se nos dificultó respirar.

- ¿Qué haces aquí? ¿Eres real? – le pregunté bajándome de encima suyo.

- Estoy aquí, Ness. Me gustó tu recibimiento. – me dijo con una sonrisa. Comenzamos a caminar, no supe muy bien hacia donde, mis ojos estaban fijos en su figura. Sus dedos entrelazaban a los míos con posesión, más no lo necesitaba, mi mano se aferraría de igual forma a él.

- No puedo creerlo, Jake. No puedo creer que hayas venido hasta aquí. – le solté sonriendo, tanto que me dolía.

- Digamos que son unas pequeñas vacaciones. No podía aguantarme hasta que finalizaras el instituto. Te echaba mucho de menos, amor. – me dijo tiernamente frenándose, bajando su cabeza a continuación para besar mis labios. Yo le correspondí sin dudarlo. También lo había echado mucho de menos. Nuestras charlas por teléfono nunca eran suficientes, me había hecho falta esto: sus besos, su calor, su presencia.

Un carraspeo nos sacó de nuestra perfección. Era Alice que se encontraba parada junto a su lujoso auto. Nos miraba con dulzura pero algo incómoda también.

- Siento interrumpir pero debemos ir a casa. Tu padre me echará la bronca, ni te digo Emmett. Tuve que hacer malabares para tomar su lugar y venir yo a recogerte. Claro… luego de pasar a buscar a Jake al aeropuerto. – sonrió satisfecha.

- Te debo una, pequeñaja. – le dijo mi novio, yo no podía sacar mi mirada de su rostro. Era simplemente perfecto, no tenía defectos, y si los tenía eran perfectos también.

- Recuerda tus palabras, chucho. – le soltó mi tía de broma.

Entramos al auto, yo aún seguía mirándolo. No podía dejar de hacerlo, estaba hipnotizada en su belleza, en sus ojos oscuros, en su piel cobriza y cálida. Me abracé a él en los asientos traseros del auto, hundiéndome en su pecho. Respiré de su efluvio sin medidas llamando la atención de Alice.

- Sabía que lo habías extrañado, pero parece que te lo quieres comer. – bromeó haciéndome sonrojar, pero no me importó.

- Si quieres eso, sólo tienes que pedírmelo, nena. – me soltó mi novio con una enorme sonrisa. – Aunque pensándolo mejor, no sé si volverá a suceder luego de que me enfrente a tu padre.

- ¿No sabe que has venido? – le pregunté un poco confundida. Nunca se le escapaba nada a él.

- No lo sabe. Llevo muchos años junto a tu padre y he aprendido cómo guardarle secretos. – suspiró Alice. – Antes de ayer recibí un mensaje de texto del chucho, me confirmaba su visita y bueno… me he encargado de todo hasta el día de hoy. – sonrió orgullosa, luego se puso seria. – Creo que me he metido en un serio problema.

- No te preocupes, mi cabeza rodará antes que la tuya. Te lo aseguro. – dijo medio burlón mi lobo, pero a mí no me había hecho mucha gracia. Si corriera el más mínimo peligro por venir a verme, jamás me lo perdonaría. – Tranquila, amor. No me pasará nada. De seguro Eddy se alegrará de verme.

- Si le llamas así, no lo creo. – le dije. – Sólo… no te pelees mucho con él.

Cuando llegamos a la mansión me puse más nerviosa de lo que ya estaba. Jake parecía tan sereno que me preocupaba. Alice se mordía el labio y refregaba sus manos nerviosas. Como era de esperarse, no tuvimos que entrar a la casa para ver el rostro enfurecido de Edward.

Nos estaba esperando en la entrada acompañado de Rosalie. Bufé. En estos momentos prefería a mi madre a su lado. Caminamos tomados de la mano, no era extraño para mí, pero mi tía Rosalie nos miraba con rechazo, lo que me afligió por completo. Pero seguimos sostenidos uno del otro.

- Hola Edward. – lo saludó mi Jake. Luego miró a mi tía. – Hola oxigenada.

Alice se rió divertida pero al ver el rostro enfurecido de su hermana se calmó.

- Hola papá. Jake ha venido… a verme. – le dije nerviosa.

- Pasen. – soltó haciéndose a un lado. Rose lo miró con desaprobación pero no dijo nada.

Dentro estaba mi madre que en cuanto vio a Jacob sonrió contenta. Caminó a pasos lentos hacia él y lo abrazó apretujándolo más de la cuenta, aunque mi amor no se quejó.

- Qué gusto verte. No sabes cuánto me alegra que estés aquí. – le dijo ésta a la vez que me miraba a mí. Por lo menos alguien se alegraba, además de mí.

- Lo mismo digo, Bells. Qué fría estás. – se burló. – Eres el hielo mismo.

- Y tú quemas. – le respondió divertida.

- No hacemos un buen equipo, ¿verdad?

- Hola mamá. – le dije feliz.

- Hola hija. Se te ve mejor. – me dijo con una sonrisa.

- Sí, ya sabes… He conseguido mi medicina. – dije tendiéndole la mano a Jake que me recibió al instante.

Nos sentamos todos en el sofá esperando a que mi padre dijera algo. De mientras Jake y yo sólo nos mirábamos adorándonos, contemplando cada facción que nos habíamos perdido de mirar en todos estos días.

- Si vienes a llevarte a mi hija… - comencé. Rodeé los ojos, y yo que creía que lo había entendido ya.

- ¡Edward! – lo regañó mi madre.

- No he venido a llevármela, Edward. He venido a verla porque la echaba mucho de menos. Además me dijo que no andaba muy bien y es mi impronta, no puedo soportar estar alejado de ella por mucho tiempo, y menos cuando me necesita a su lado. – soltó mi novio un tanto tranquilo.

- Ella está muy bien. Sólo se ha comido algo en mal estado. Ya está mejor, por eso ha asistido al instituto. Estás perdiendo tu tiempo aquí.

- Creí que trataban bien a las visitas. – dijo Jake irónico.

- Tú no eres bienvenido aquí, chucho. – le escupió Rosalie, provocando mi mirada enfurecida.

- Rosie, no seas tan dura. – le hablaba Alice.

- Déjala. Ella jamás me recibirá de mejor manera. – ahora mi lobo miraba a Edward. - ¿Cuál es tu problema? Quiero que me lo digas. Sabes perfectamente que lo mío con Nessie es puro.

- Ella tiene mucho por vivir antes de atarse a ti.

- Yo no la obligo. Ella me ha elegido también. Y bien sabes que ha luchado contra esto, pero el lazo que tenemos es más fuerte que cualquier cosa que intentemos hacer para separarnos. – dijo Jake con toda la razón, era cierto. Yo lo había elegido, desde el día de mi nacimiento, desde que estaba en la panza de mi madre. Desde antes de existir, nuestras almas ya estaban unidas.

- Tú eres más grande, tienes que entender que aún no sabe nada de la vida. Sólo ha conocido a dos hombres que han marcado su vida. Puede conocer a otro más y te hará daño a ti.

- Eso no pasará jamás. – le dije enojada.

- ¿Ahora te preocupas por mí? – me interrumpió Jake, que comenzaba a temblar. Siempre tan temperamental.

- No me interesas en lo más mínimo, perro.

- ¡No lo llames así! – le grité. – Tienes que entender que él ahora es parte de mí. Es mi vida por completo. Si intentas separarnos moriré. El día que Jake no esté a mi lado, dejaré de vivir. ¡Te lo juro!

- No, amor. – me dijo Jake de inmediato, y sin importarle a quienes teníamos a nuestro alrededor, me fundió entre sus brazos. Sentí su calor abrazarme y comprobé que era cierto, que si él me faltara me moriría sin dudarlo. Mi vida dependía ahora de ese hombre.

Observé por encima del hombro de mi novio, el rostro afligido de mi padre. Mis palabras y mis pensamientos no le sentaban bien, pero no quería ser cruel, esa no había sido mi intensión, más bien quería que entendiera que ahora era feliz. Completamente feliz, como él lo era con mi madre.

Jake se apartó y me miró con sus ojos hermosos y preocupados.

- No digas eso nunca más, Nessie. – su voz era angustiosa.

- Lo siento. – me disculpé, había sido muy bruta. No sólo había hecho sentir mal a mi padre, sino que a Jake también. Y por cómo se veía mi madre, a ella también la había dañado.

- Renesmee, sólo quiero que estés segura. – me dijo mi padre acercándose a mí. Tomó mis manos con dulzura y las besó. – Eres mi niña. Sólo quiero que seas feliz.

- Papá. Yo lo soy. Jacob es mi felicidad ahora. – acaricié su rostro.

- Yo… yo la cuidaré. Daría mi vida por ella si fuese necesario. – agregó mi novio.

- Lo sé, Jacob. Creéme que lo sé. – le respondió mi resignado padre.

Sonreí pues me di cuenta que Edward, mi hermoso y perfecto padre, estaba comenzando a comprender que lo nuestro era más puro que la naturaleza misma. Cuando fue caminando hasta mi madre quise levantarme para correr a abrazarlo, pero algo me detuvo en cuando mis pies se afirmaron en el suelo.

Oscuridad. Voces lejanas.

Jake gritando mi nombre, no sabía que podía escucharlo, él seguía gritando preocupado.

Dos brazos fríos me levantaron y me recostaron sobre algo acolchonado. El sofá supuse.

Ahora mi madre le hablaba histérica a mi padre, no sabía lo que decía, pero conocía demasiado bien el tono en sus palabras.

- Amor… - me susurró mi lobo mientras sus dedos cálidos acariciaban mi mejilla. – Despierta…


GRACIAS A CADA UNO/A DE USTEDES POR LEER A DIARIO MI HISTORIA. REALMENTE LA ESTOY HACIENDO CON MUCHO CARIÑO. JAKE Y NESSIE ME ENCANTAN. DESDE QUE LEÍ EL LIBRO ME ATRAPARON COMPLETAMENTE ES POR ESO QUE COMENCÉ A HACER ESTA HISTORIA, Y QUISE COMPARTIRLA CON USTEDES SIN SABER LO QUE IBAN A PENSAR. PERO POR SUERTE, LOS COMENTARIOS SIEMPRE HAN SIDO POSITIVOS. ASI QUE GRACIAS!

AVISO: Doy clases de inglés, por lo tanto, me ha tocado hacer un trabajo lejos de casa, me quedaré allí hasta el sábado. Si logro volver antes, subiré el próximo cap. Lo que sí deben saber, es que para el domingo el FINAL estará subido :D Disculpen las molestias.