Los personajes son creación de Stephenie Meyer y son de su total dominio. Nada es mío, tan sólo la trama es propiedad de mi imaginación.
SUMMARY: El engaño conlleva una reacción. Vengaza, tal vez. ¿Y qué si ese engaño se cobra la vida de tu madre? Harías lo que fuera. ¿Y si las cosas fueran peor de lo que parecieran?
GET AWAY TO A BETTER PLACE
CAPÍTULO XXIV
Go on
La Push, Forks (Washington)
10 de febrero, 10:16 am
En efecto, las magdalenas de Emily Young estaba deliciosas. Y pronto se acabaron.
El día de la llegada de Bella había sido bastante movido en la reserva. Después de la bienvenida, llena de comida, bebidas, risas y conversaciones, Jacob le enseñó su habitación. Bella cogió una ropa más abrigada y se volvió a reunir con los quileutes, quienes se encontraban sentados alrededor de una hoguera cerca de la orilla del mar contando viejas y emocionantes leyendas de la historia de los antepasados quileutes.
Cuando los más mayores se volvieron a sus casas, los más jóvenes (Jacob, Quil, Embry, Paul, Jared, Leah y Seth Clearwater y Bella) se quedaron aún contando sus historias y algunos chistes.
― Dinos Bella, ¿cómo conociste a Jake?― preguntó Embry esa noche.
― Jacob y yo tenemos varios amigos en común y, por casualidad, nos conocimos mediante ellos.
― ¿A qué te dedicas?― preguntó Leah, una chica muy exótica de ojos oscuros y espesas pestañas y larga melena negra.
― Soy licenciada en Bellas Artes, aunque no lo ejerzo. Por ahora he estado metida en varios negocios― respondió Bella―. Pronto empezaré a buscar trabajo relacionado con lo que realmente me gusta. Pero antes debo resolver algunos problemas.
― ¿Y qué piensan tus padres?
― Yo...eh...― la mirada de Bella pasó por las caras de todos los presentes quienes esperaban su respuesta―. Mis padres-...
― Oigan, ¡por qué no hacemos en estos días una excursión por el bosque?― interrumpió Jacob―. Bella todavía no conoce la zona.
Y en ello estaban. Casi todos los chicos y chicas más jóvenes de la reserva se habían apuntado a la excursión.
Después de cuatro días, Bella los conocía ya a casi todos. Para ella, Quil era el más simpático, junto con Seth, el más joven. Embry era un chico bastante tímido, pero muy agradable. Paul era al que todos molestaban, pues se irritaba con gran facilidad, era Jared quien conseguía relajarlo y evitar las bromas de los demás. Leah había sido una de las personas más difíciles de conocer para Bella. La joven quileute no hablaba mucho y no participaba mucho con el grupo.
― ¡Nos vamos!― gritó Jake―. ¿Dónde está Bella?
― Ya estoy aquí― dijo ella quien venía junto a una pequeña maleta a la espalda.
― Bella, ¿qué ropas son esas?― dijo él riendo a lo que la joven morena respondió con una significativa mirada.
― ¿Qué tiene de malo mi ropa?― preguntó Swan―. Siempre estás con lo mismo.
― La gente de por aquí no viste así, Bella. Y todos van a fijar sus ojos en ti y tus piernas con esos...¿pantalones? Y no es nada agradable.
― Jake ―dijo Bella―, son pantis. Y nadie va a fijar los ojos en mi, y si así fuera no debería serte desagradable.
― Ya, ya...― aceptó Jake―. Vale. ¿Lista?
― Sí― respondió―. ¿Quiénes vamos a ir?
― Quil, Seth, Paul, Embry, Jared y...― dijo Jake pensativo― no sé si Leah se apuntó.
― De acuerdo. Andando― dijo Bella caminando hacia el oeste.
― Bella...
― ¿Sí?
― Es por el otro lado― dijo Jake ocultando su sonrisa, mientras señalaba con su dedo índice el este.
― Oh, claro.
[...]
La Push, Forks (Washington)
10 de febrero, 12:48 pm
El cielo se encontraba totalmente encapotado, el suelo húmedo y sus botas sucias y llenas de barro. Los árboles, altos y frondosos, de un verde intenso, la rodeaban a cada paso que daba. Se oían pequeños riachuelos que pasaban cerca de allí. El olor, limpio y fresco, inundaba el lugar. Se sentía cómo este se introducía en el cuerpo, lo recorría velozmente y dejaba una sensación de relente. La brisa bailaba entre las ramas de los árboles moviéndolas produciendo sonidos que, en ocasiones, a Bella le daban escalofríos.
― Jake― dijo Bella mirando a su alrededor―, ésto es precioso.
― Deberías venir cuando está nevado― dijo él―. Es aún más impresionante. Si nos da tiempo, quizás podamos ir a los acantilados. Eso sí que es impresionante.
― ¿Los que se ven desde la playa?
― Sí. Algunos chicos se tiran desde allí. Están locos― dijo moviendo negativamente la cabeza.
― ¿Tan alto?― preguntó Bella con los ojos abiertos como platos―. ¿Y tú también...?
― No...― dijo Jake acercándose a la joven morena―. Tranquila. Yo no.
― ¡Oh! Mucho mejor, porque me moriría si saltases desde esos acantilados. Es una locura. Nadie-...
Pero Bella no pudo seguir hablando. Los labios de Jake sobre los suyos la silenciaron. Como acto reflejo, Bella respondió al beso. No era como si fuese la primera vez que se besaban. Sin embargo, algo no se sentía bien. Quizás era la mano de Jacob sobre su mejilla, o quizás la otra en su cintura. Las sensaciones que Bella sentía en aquel momento no correspondían a lo que realmente debería ser. Aquello se sentía mal, como si no debiera estar pasando.
Aquello hizo que Bella se fuese separando. Ella negaba con la cabeza. Realmente se sentía mal.
― No― dijo en un susurro―. No, Jake. Por favor, no.
― ¿Qué pasa?― preguntó él sin comprender.
― No quiero que vuelvas a besarme― dijo Bella evitando mirar al chico frente a ella, quien la miraba con el ceño fruncido, sin poder entender―, pro favor― pidió levantando la mirada.
― ¿Por qué?― preguntó Jake empezando a intuir la razón―. No me digas que es...― dijo Jake con una mordaz sonrisa.
― Jake, nos están esperando. Será mejor que-...
Sabía lo que se avecinaba y deseaba no haber abierto la boca, no le agradaba el giro que habían tomado sus vacaciones. Se suponía que eran unos días de paz, calma y, sobre todo, olvido. Ahora quería echar a patadas a Jacob por remover todo ese amasijo de pensamientos, hechos y sensaciones que habría querido olvidar.
― No. Dime, ¿es por él?
― Eso no importa ahora Jake. Tú tienes novia y...
― Ella no es mi novia. Tan sólo es...
― Pues no juegues con ella, entonces― dijo Bella con un poco más de fuerza―. Sólo no vuelvas a besarme, por favor. Ella merece un respeto.
― No te salgas por la tangente Bella. Los dos sabemos que no es Ayla― sentenció Jacob con voz grave―. Es Edward― pronunció con acidez―. Pensé que si habías venido era porque ya no estabas con él. Pero me equivoqué.
― Jake― la voz de Bella se volvió ruda y cortante―, no importa las razones. He venido aquí para estar con mi amigo, para pasar unos buenos días con él y agradecerle lo mucho que me ha ayudado. Lo único que puedo darte son momentos divertidos, como dos amigos, Jake. No intentes nada más. Mañana me voy, quiero terminar bien. Por favor.
Después de esas palabras Bella empezó a caminar de nuevo por el camino por donde los demás habían seguido caminando. A la media hora, todos se pararon en una zona más despejada de árboles y con algunas rocas que sirvieron de asiento. Allí comieron y charlaron. Después dos horas más, hicieron el camino de vuelta por otra zona.
[...]
La Push, Forks (Washington)
11 de febrero, 08:54
Como había sucedido durante su camino hacia el pueblo, el cielo permanecía gris, encapotado por espesas nubes grises, rayando el negro. Ese iba a ser el clima que la acompañase durante su camino desde el pueblo, hacia Seattle. Al fondo, se oía el sonido de las olas rompiendo contra las rocas de los acantilados de la costa de la Push. El olor a salitre inundaba todo el pueblo y se metía en las casas de los que allí vivían, los cuales tenía ese característico olor.
Ella realmente no quería irse. El último acontecimiento con Jake no había sido muy cómodo, y él no podía entenderlo. Y ella no podía explicárselo.
Esta había sido la primera vez que visitaba La Push, e iba a echar de menos el lugar. Sus gentes, sus costumbres, sus leyendas, su esencia. Las sensaciones que sintió Bella en ese pueblo hicieron que se sintiese mejor, y aquello le recordó que si no fuera por lo que le había pasado, no hubiese conocido a Jake y no hubiese conocido La Push. Jake era una persona magnífica, su sentido del humor la habían hecho reír más de lo que recordaba que podía. Y en cierta forma se sentía culpable, Jake la quería y ella quería quererlo tanto que él lo hacía, y sabía que si así fuera, se sentiría completa y feliz. Pero tenía la costumbre de escoger el camino más difícil.
Así que con esos pensamientos, se bajó del coche alquilado en el que se había montado para ya marchar y regresó hacia la playa, donde estaba Jake. Ella no quería terminar mal con él, Jake era genial y no merecía nada de lo que ella le hacía sentir. Jacob merecía alguien mejor y Bella sabía que encontraría a la mujer perfecta para él.
― Jake ―dijo Bella con una sonrisa. Ella estaba dispuesta a hacer de esta despedida un momento mejor―. Te quiero― pronunció mientras se acercaba al quileute, el cual era el primer plano de una postal costera para enmarcar―. No quería irme sin habértelo dicho.
― Bella, tanto tú como yo sabemos que no nos queremos de la misma forma y-...
― Tampoco quiero irme dejándote con una sensación de amargura ―cortó Bella en frente del chico de cabellos negros como el ónix―. Estos días que he pasado aquí han sido geniales, Jake. Creía que había olvidado cómo reír; sin embargo, tengo la sensación de que nunca había reído tanto antes.
En un arranque de valor Bella le dio un abrazo, uno de los que caracterizaban a Jake.
― Gracias ―y el abrazo de lobo llegó cuando los brazos de Jake la rodearon―. Tengo que irme y aunque no lo creas, me cuesta, quisiera quedarme porque tu familia es estupenda. Y tú también lo eres― dijo Bella mirándole directamente a los ojos con una sonrisa―. Y quiero que recuerdes que siempre estaré aquí para cuando lo necesites, y aunque no pueda darte lo que tú realmente necesitas, sé que alguien llegará, Jake. Alguien que realmente te querrá. Más que yo.
Y después de respirar profundamente el aire costero que rodeaba La Push, Jake habló:
― Gracias a ti, porque esto era lo que realmente necesitaba. Pasar unos días con mi mejor amiga.
― Y yo con mi mejor amigo.
― Te quiero tanto, Bella...― dijo Jacob abrazando fuertemente a la chica morena y besar sus cabellos.
― Yo también te quiero, Jake.
La sensación de amargura desapareció. Bella tenía la sensación de haber hecho lo que debía. Ella realmente necesitaba a Jake, y ahora sabía que hiciera lo que hiciera, él siempre estaría ahí. Porque ahora debía partir y no sabía cuándo volvería, pero él la esperaría, y ella esperaría el momento de volver a verlo, y esa vez en otras circunstancias, unas más felices.
Hola,
Lo siento, no hay razones que acrediten esta tardanza, pero lo siento igual.
Gracias por leer y hasta pronto,
A. Ameretat
