Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.
Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)
Capítulo Veinticinco: ¡Qué demo…! ¿Qué?
Era bien entrada la noche antes de que realmente llegáramos a la autopista 78 de Memphis. Seguimos a Jasper y Emmett en el Taurus de vuelta a la cabaña donde Edward, Carlisle, Sam y Ben esperaron pacientemente a que recogiéramos las pocas pertenencias que habíamos adquirido durante nuestro tiempo ahí. Edward dio un suspiro pesaroso mientras yo correteaba por la cabaña, limpiando cualquier desorden que hubiéramos hecho, sintiéndome de algún modo culpable en la posibilidad de que los dueños de la cabaña vinieran a casa a encontrar un desastre. Me pregunté por un momento quién era el dueño. ¿Garrett simplemente nos encontró una cabaña abandonada para escondernos… o la cabaña pertenecía a Garrett? No había pertenencias personales en ella. Nunca encontré alguna fotografía o carta, además de la que él dejó envuelta en la botella de vino. Mordisqueando mi labio inferior, con Edward y los otros esperando en la planta baja, hurgué en el viejo escritorio en mi habitación encontrando una pluma de tinta. Metiendo una mano bajo el colchón, saqué la nota que había metido allí, la nota de Garrett. Dándole vuelta, le escribí un mensaje rápido, dejando la nota en el cofre de cedro en el que la encontré.
Querido Garrett,
No estoy segura si este mensaje te llegará, pero espero que lo haga. Lamento lo que Jasper y Edward te hicieron esta noche. Solo puedo esperar que no te hayan lastimado demasiado. Conociendo a Jasper, él te perdonará fácilmente por ayudarme. Edward no perdona tan fácilmente, pero tal vez un día él deje el pasado atrás y tú y yo podamos ser amigos. Gracias por intentarlo, Garrett, y espero que algún día encuentres la verdadera felicidad con alguien.
Sinceramente,
Bella
Me llevé solo la ropa con la que dejé Memphis, sintiéndome de algún modo culpable con la idea de irme con las cosas que Garrett me compró. Dejando todo como estaba, el gel de ducha en la ducha, las pantuflas amarillas de pato arruinadas en la parte de abajo del armario, dejé mi recámara prestada, deteniéndome el tiempo suficiente para entrar al baño. Ahí estaban las tres pruebas de embarazo, alineadas sobre el tocador. Agarrándolas, las metí en mi bolsillo, preguntándome si me volvía en una persona extraña el querer guardar las pruebas empapadas de orina como recuerdo. Bajando las escaleras, me encontré con Edward esperando pacientemente cerca de la chimenea, su cabello color bronce en su estado habitual de desorden. Un brazo permanecía en el cabestrillo y el otro frotaba frenéticamente su frente, viéndose solo un poco relajado cuando sonreí y me acerqué a él, dejando un beso en su mejilla.
"Dios, te he echado de menos," susurró, acercándome con su brazo libre. Me miró confundido cuando las pruebas de embarazo de plástico duro lo picaron desde mi bolsillo. Las saqué, y con timidez las sostuve para que las mirara.
"Ya hablé con una obstetra," admitió, mirando las pruebas en mis manos antes de que las volviera a meter en mis bolsillos. "Es la mejor en Memphis. Nos dará un lugar en su agenda tan pronto como nos instalemos de nuevo en casa." Sus palabras no me sorprendieron. Sabía que Edward encontraría solo al mejor doctor para atender a su futuro hijo. Cómo es que siquiera me pregunté cómo se sentiría él de que estuviera embarazada, no lo entendía.
"Las cosas ya no serán tan estresantes para ti," murmuró, sus ojos verde pino haciéndose más amenazadores con sus pensamientos. "Ahora que nos deshicimos de ese hijo de perra, James. Tiene suerte de que lo dejara en manos de Carlisle mientras te buscaba. Si no, hubiera tenido una muerte lenta y dolorosa."
"¿Hay un peor destino que morir en llamas después de quitarte los genitales?" Una voz sedosa preguntó. Me di la vuelta para ver a mi futuro suegro acercarse a nosotros, rodeando mi cintura con un brazo y dándome un apretón. Mi cuerpo se tensó, sin estar acostumbrada al nuevo y mejorado Carlisle Cullen, y me pregunté si su actitud fue por el cambio repentino ese día en el hospital, o si poco a poco cambió su opinión sobre mí entre más lejos estuviera de él. Dicen que la ausencia aviva el cariño, y sin duda, ese parecía ser el caso cuando se trataba de Carlisle Cullen.
"Morir en llamas es mi más grande miedo," confesé cuando Carlisle me soltó de su agarre, caminando hacia el área de la cocina donde estaba su vaso de whiskey. Tomó un trago, murmurando de acuerdo mientras yo continuaba. "Tal vez, fue por eso que quise que él ardiera… porque para mí no hay un destino peor."
"Bueno, ya no tienes nada de qué preocuparte, querida," respondió Carlisle, después de tomar otro trago y dejar el vaso en la encimera. "La familia Black ya no existe, salvo por Billy, o lo que queda de él en esa casa de asistencia. James está muerto. Ya no tienes nada de qué preocuparte, Bella. Solo descansa y deja que Esme y Alice te consientan los siguientes meses."
"¿Qué pasa con Leah?" Pregunté, viendo como Edward me daba una sonrisa engreída. "¿Todavía está en fuga o también la encontraron?"
"No la encontramos, la policía lo hizo," Edward se echó a reír, él y Carlisle intercambiaron sonrisas idénticas. "A Leah la buscaban en Georgia por un asesinato que tuvo lugar hace algún tiempo. Jasper sugirió que había regresado a casa con algunos de sus compañeros de la vieja milicia. No se necesitó persuadir mucho a la policía de Tennessee a trabajar con la de Georgia para rastrearla." Creí escuchar que Edward murmuró la palabra 'Lola' al tomar un sorbo de su whiskey, pero no podía estar segura. Mis hombros físicamente cayeron en alivio después de enterarme que Leah estaba en la cárcel.
Emmett bajó ruidosamente las escaleras, silbando alegremente ante el prospecto de ir a casa, agarrando las bolsas de lo que compró en la tienda de artículos para caza. Ignoró la mirada curiosa que Edward le dio cuando salió, arrojando las cosas en el maletero de la SUV de Edward. Sam me dio un pequeño abrazo, bajo la vigilante mirada de mi prometido que estaba cerca. Había extrañado mucho a Sam. Las lágrimas brotaron en mis ojos al ignorar su vacilante abrazo y lo agarré con fuerza, apretándolo hasta que hizo una mueca por el dolor. Edward se aclaró la garganta y solté a Sam, dándole a Edward una mirada furiosa tan intensa que agachó la cabeza. Ben también recibió un abrazo, aunque no tan fuerte, considerando que Sam fue alguna vez mi guardaespaldas personal y éramos amigos mucho más cercanos.
Jasper estaba extremadamente callado mientras nos ayudaba a cargar el vehículo, viéndose pensativo y sin su acostumbrada sonrisa tranquila y despreocupada. Me pregunté si estaba relacionado con ver a Alice después de todo este tiempo. ¿Estaba preocupado que ella estuviera enojada con él por dejarla en Memphis sin información a dónde nos dirigíamos? ¿Le preocupaba que ella hubiese seguido con su vida, ya que su relación era muy joven y reciente? No había duda en mi mente que Alice no era alguien que estuviera sentada golpeteando su pie con impaciencia, esperando a que su hombre regresara a casa.
Cuando subimos a la enorme SUV, me acerqué a Edward, sentándome junto a su lado bueno, enredándome en su cálido abrazo. Aún olía igual; como a jazmín, menta e incienso. Inhalé, inclinándome hacia el frente para darle un besito en la piel sensible de su cuello, mi cabello largo formado una cortina de privacidad a nuestro alrededor en el asiento trasero.
"Nena, si no dejas de hacer eso, voy a tener que tomarte justo aquí, con toda esta gente en el coche escuchándote gemir," susurró, enviando escalofríos por mi cuerpo, y que la piel de mis brazos se erizara. Seguí mordisqueando mientras su mano se acercaba al calor entre mis jeans y se quedaba ahí.
"¿Me hace menos hombre admitir que me aterra tocar a mi prometida embarazada?" Susurró, con sus mejillas ligeramente rojas.
"Cariño, no hay nada que pudiera hacerte menos hombre," le susurré en respuesta, bajando mi mano y acariciando su erección dura como la roca. Una expresión incómoda cruzó por su rostro mientras lo acariciaba hacia arriba y abajo sobre la tela de sus pantalones, él respiró dificultosamente mientras trataba de mantener un rostro neutral. Desafortunadamente, mi hermano estaba sentado en el asiento directamente frente a nosotros.
"¿Hay una bolsa para vomito en este transporte? Porque estoy a punto de vomitar por todo el maldito lugar," murmuró Emmett, la parte de atrás de sus orejas de color rojo. Carlisle se rio entre dientes junto a él, pero se veía algo incómodo con nuestra demostración de afecto. Haciendo un puchero, me aparté un poco de él, mordiendo mi labio inferior, y observando su guapo rostro cuando me sonrió con coquetería.
"Tendremos tiempo suficiente para eso más tarde, cariño," susurró, dejando un beso en mi sien. "Me gustaría esperar hasta que vieras al médico primero. Llámame irracional, pero de verdad, creo que primero deberían revisarte. No sé nada sobre el embarazo."
"Tal vez podamos hablar con Esme sobre eso," sugerí, mis mejillas sonrojándose ligeramente al pensar en hablar con la madre de Edward sobre sexo en el embarazo. Él se rio bajito al ver la expresión en mi rostro, sacudiendo su cabeza divertido.
"Cuando se entere que estás embarazada… no creo que consigas decir una sola palabra," murmuró, con una sonrisa torcida en su guapo rostro.
Sus palabras me hicieron pausar antes de fruncirle el ceño en confusión. "Espera, ¿no le dijiste a Esme que estaba embarazada?" Pregunté, viendo como sacudía su cabeza. "¿Y qué hay de Alice? ¿Carmen? ¿Tia? ¿Rose? ¿Alguien sabe?"
"Cuando el investigador vio lo que compraste, en seguida llamó a Carlisle que a su vez me llamó a mí. Después que hablé contigo y me confirmaste que las pruebas fueron positivas… no deseaba nada más que gritárselo al mundo," confesó, sus ojos verdes resplandeciendo en el vehículo poco iluminado. "Pero después de hablar con Carlisle, decidimos guardar el secreto entre él, Sam, Ben y yo. Él… no quería que Esme y Alice se preocuparan más de lo que ya estaban. También mencionó que muchas mujeres no anuncian su embarazo hasta después del primer trimestre…"
Pensé en sus palabras con cuidado, asintiendo con aire pensativo. "Eso tiene sentido. Tal vez no deberíamos decirle a nadie del bebé hasta que estemos seguros que todo está bien con ella." Mi mano bajó a mi vientre por su cuenta. Edward bajó la vista al ver la acción, sus cejas fruncidas en confusión.
"¿Ella?" Preguntó, inclinando su cabeza para mirarme a los ojos. "¿Qué te hace pensar que es una niña? ¿Qué pasa si el bebé es un niño?"
"No lo es," susurré, dándole una sonrisa serena cuando la visión de mi pequeña de cabello castaño rojizo cruzó mi mente. "Es una niña. Ya la he visto en mis sueños." Sacudió su cabeza en desconcierto, riéndose bajito al mismo tiempo que desviaba sus ojos de los míos y miraba por la ventanilla oscura junto a él, con su brazo bueno descansando en mi rodilla.
Supe el momento en que entramos en Memphis. Las chicas todavía estaban trabajando en las calles, llevando puesta su ropa diminuta y gastada bajo sus abrigos sencillos y un poco sucios. Vi de pasada las luces de neón de color rosa fuerte de un club de striptease, y el perfil en neón de una mujer desnuda recostada de espaldas, moviendo sus piernas en el aire sobre ella. Las luces azules intermitentes reflejándose en los rines plateados de los coches que la policía detenía, con hombres arrojados en el capó para registrarlos. Un hombre mayor con un abrigo largo salió de un club de blues, su cabeza oculta bajo la vieja fedora marrón que llevaba puesta. Abrió el maletero de un viejo Buick y colocó dentro con cuidado un estuche de guitarra, palmeando su dura superficie con ternura antes de cerrar el maletero. Me pregunté brevemente por qué nos dirigíamos al centro de Memphis en vez de Germantown, pero el agotamiento se apoderó de mi cuerpo y me quedé dormida, mi rostro descansando en el hombro de Edward.
Desperté en algún momento más tarde con Edward sacudiendo suavemente mi brazo mientras yo babeaba en silencio sobre su hombro. Mirando alrededor con ojos soñolientos, noté la vista familiar a mi alrededor. No estaba tan iluminada, y estaba un poco abandonada ya que era entresemana, pero la calle Beale era un lugar que nunca podría olvidar.
"Nos vamos a quedar en el loft… hasta que encontremos una nueva casa para quedarnos," Edward me explicó en voz baja mientras yo miraba alrededor en confusión. Estábamos solos excepto por Sam, que abrió la puerta y me esperó pacientemente, con una pequeña sonrisa en su rostro bronceado.
"¿Dónde están todos?" Pregunté, saliendo del vehículo con la ayuda de Sam. Edward me siguió, envolviendo su brazo ileso alrededor de mi cintura mientras Sam cerraba la puerta de la SUV y nos escoltaba por la calle vacía hacia el loft de Edward.
"Volvieron a nuestra casa," explicó, abriendo la puerta principal del club y asintiéndole a Sam que nos dijo adiós en voz baja al caminar por la calle, con sus manos presionadas casualmente en sus pantalones al caminar con su cabeza en alto, mirando a su entorno de vez en cuando. "Creí que ya no querrías quedarte en la casa, después de todas las cosas que ocurrieron ahí."
"Edward," suspiré, sacudiendo mi cabeza mientras él me guiaba por el abandonado club, entrando a las escaleras y subiendo los escalones lentamente. "Ese es tu hogar, nuestro hogar. Si nos vamos, si dejamos que esos fantasmas nos ahuyenten, es como si ellos hubiesen ganado. Y estoy harta de huir, cariño." Nos detuvimos en la cima de las escaleras y él me miró por un momento, su rostro una máscara de seriedad antes de abrir la puerta del loft.
"Supongo que no lo pensé desde esa perspectiva," murmuró cuando entramos al loft, sus suaves lámparas proyectando un ligero resplandor en la habitación. Se dio la vuelta, tomando mi rostro con su mano, mirándome profundamente a los ojos, y dijo, "Bella, si de verdad quieres regresar a esa casa, regresaremos a esa casa. Sinceramente, no me molesta, pero sí, creí que te molestaría."
"No voy a huir del único hogar que realmente he tenido en mi vida," le dije, rodeando su cuello con mis brazos y dejando un suave beso en sus labios. Me sonrió en respuesta, tirando de mí hacia la cama donde me desvistió poco a poco hasta dejarme en ropa interior, dejando suaves besos en mi vientre, tan cariñosos y delicados que tragué el nudo de emoción que se formó en mi garganta. Edward me miró, sonriendo con ternura al pegar su rostro a mi estómago, respirando hondo y murmurando alegremente. Finalmente nos metimos a la cama, con nuestros brazos y piernas entrelazados al caer en un profundo y pacífico sueño.
Despertamos horas después con un golpeteo insistente en la puerta del loft. Las viejas costumbres no se olvidan, y nos levantamos disparados de la cama, con Edward sacando un arma cargada de alguna parte cerca. Tendríamos que hacer algo sobre el problema del arma una vez que el bebé estuviera aquí.
"¡Sé que están ahí dentro!" Una pequeña voz amortiguada dijo mientras el golpeteo continuaba. "¡Me mantuve alejada tanto como pude! ¡Abran la puerta!"
Edward refunfuñó, volviendo a meter el arma bajo el colchón al mismo tiempo que salía de la cama en su bóxer. Corrí para agarrar una de sus camisetas que olían maravillosamente y un bóxer, poniéndomelo y enrollando la cintura. Él siguió murmurando mientras metía sus piernas en unos jeans y se ponía también una camiseta. Después de un último vistazo para asegurarse que yo estaba decente, caminó despreocupadamente hacia la puerta donde los golpes y los gritos continuaban, suspirando pesadamente al mismo tiempo que pasaba los dedos por su sexy cabello desordenado. Abrió la puerta y entró Alice con el rostro rojo con Rose siguiéndola de cerca.
"Te tomaste tu tiempo," Alice le dijo bruscamente a su hermano, volviéndose hacia mí con una enorme sonrisa en su rostro cuando se lanzó por la habitación, arrojando sus brazos a mi alrededor mientras yo jadeaba. Edward reaccionó al ver la acción, fulminando a Alice con la mirada antes de lanzar una mirada preocupaba hacia mi vientre. Rodé mis ojos al verlo, abrazando a Alice con fuerza antes de que finalmente me soltara. Rose tenía una caja de pastelillos y un portavasos con cuatro vasos de café en sus manos. Los dejó en la mesa de la cocina y cruzó la habitación, poniéndome en sus brazos y dándome un suave apretón.
"Me alegra tanto que estés bien," confesó, apartándose y mirando mi rostro. "Aunque estoy un poco cabreada con Jasper y Emmett por huir contigo de la forma en que lo hicieron, sin siquiera informarnos que estaban bien. Hemos estado muy preocupados. Esme está destrozada emocionalmente, pero decidió pasar más tarde. Dijo que deberíamos dejarte a ti a Edward en paz, pero no pudimos mantenernos alejadas."
"Me alegra que vinieran," les dije con honestidad, ignorando a un gruñón Edward que estaba cerca de los vasos de café olisqueando. "¿Qué hay en la caja?" Pregunté al mismo tiempo que mi estómago gruñó ruidosamente, para mi vergüenza. Ellas se rieron al ver mi rostro rojo y anunciaron que trajeron donas. Nos desplazamos a la mesa y nos dimos un atracón de donas mientras Alice me daba los detalles de su reunión con Jasper. Edward hizo como que iba a vomitar, disculpándose finalmente al salir de la habitación para tomar una ducha, dejándonos riendo detrás de él.
"Fue genial," Alice suspiró, con una expresión soñadora en su rostro al picar su dona antes que una sombra de duda cruzara por sus delicados rasgos. "Pero entonces… no lo fue."
"¿A qué te refieres?" Pregunté con curiosidad, abandonando el café por un vaso de leche. Le añadí abundante jarabe de chocolate, revolviéndolo en el vaso con una cuchara y tomando un gran trago mientras gemía. ¡Ahhh, eso estuvo bueno! Me miraron de forma extraña y me encogí de hombros, reuniéndome con ellas a la mesa.
"Se va a ir a casa," dijo Alice con tristeza, provocando que me congelara con el vaso de chocolate pegado a mis labios. "Tomó un permiso para ausentarse en su trabajo para cuando vino aquí, pero el tiempo se acabará pronto. Si no hubiesen encontrado a James cuando lo hicieron… supongo que hubiera tenido que renunciar para quedarse aquí y cuidarte. Pero ahora James está muerto y Jasper va a volver a Mississippi."
"Oh, Alice," murmuré, estirando mi mano para palmear la suya pequeña cuando sus ojos se llenaron de lágrimas. "Jasper… Jasper está enamorado de ti. No se quedará lejos por mucho tiempo."
"Lo sé," dijo bajito, abandonando la dona y limpiando sus dedos pegajosos en una pequeña servilleta. "Dijo que se va a transferir de Jackson a Memphis, pero podría llevarse meses. ¿Qué tal lejos está Memphis de Jackson?"
"Unas cinco horas," admití, dejando mi vaso vacío sobre la mesa, sintiéndome muy mal de repente cuando una oleada de náuseas me invadió. "Más o menos." Alice abrió la boca para decir algo en respuesta, pero se detuvo cuando vio la expresión en mi rostro. Sudando frío, empecé a dar arcadas cubriendo mi boca con la mano, levantándome de un salto de la mesa y volcando la silla en el proceso. Edward seguía en la ducha, así que corrí a la cocina, agarrando el bote de la basura de debajo del fregadero y vomitando violentamente en él.
"¡Oh, Dios mío!" Alice chilló al mismo tiempo que ella y Rose corrían para ver cómo estaba. "¿Estás bien?" Asentí, decidiendo no hablar mientras jadeaba por aliento. Estar enferma siempre me daba una sensación de falta de aire. Alice llenó un vaso con agua del grifo y me lo dio, observándome con cautela mientras enjuagaba mi boca con el líquido antes de escupirlo, varias veces en el fregadero, humillada. Ella enjuagó el fregadero, con su rostro contraído por la preocupación mientras seguía mirándome.
"¿Qué pasa?" Escuché decir a Edward, entrado disparado a la habitación. Estaba sin camisa y llevaba puestos unos jeans, que colgaban de la parte baja de sus caderas, con gotas de agua todavía pegadas a su pecho. Sin el cabestrillo, pero con un largo vendaje que se aferraba a su cuerpo en su lugar. Dejó su brazo herido cerca de su cuerpo, como si el cabestrillo todavía estuviera ahí.
"Nada, solo me sentí un poco mal," murmuré, mi rostro poniéndose rojo cuando se acercó a mí, mirándome de arriba abajo como una mamá gallina. Agarró la caja de donas de la mesa, demandando saber dónde las compró Alice y procedió a actuar como un maniático, arrojando todo lo que quedaba de donas en la basura y demandando que me pusiera algo de ropa para que pudiera llevarme a emergencias. Obviamente, no sabía nada sobre mujeres embarazadas o las náuseas matutinas.
Accedí a ir al hospital, dándole a Alice y a Rose una sonrisa acuosa cuando se fueron, dándome una última mirada incierta al cerrar la puerta detrás de ellas. Desapareció mi sonrisa y la cambié por un ceño fruncido.
"Edward," siseé mientras él corría por la habitación buscando su camisa y su estúpido cabestrillo. Se detuvo por un momento, percibiendo el tono enojado en mi voz. "Estoy embarazada. Siento náuseas por las mañanas. Es normal, Edward. No puedes andar corriendo por todos lados como un loco cada vez que vomite."
"Voy a llevarte al hospital o con el obstetra. Fin de la discusión," murmuró, ignorándome por completo mientras se ponía con cuidado su camisa de vestir. "¿Dónde está mi teléfono? Estoy seguro que puedo conseguir que despeje su agenda…" Empezó a murmurar, ignorándome y puse los ojos en blanco y bufé, agarrando unos jeans, una blusa y mi ropa interior, desapareciendo dentro del baño para tomar una ducha. Cuando volví a la habitación Edward estaba paseándose de un lado al otro con impaciencia, hablando frenéticamente en su móvil, con el ceño fruncido en su rostro. Terminó la llamada y me dio una sonrisa forzada.
"Así que, al parecer a la gente no le gusta trabajar el día después de Navidad," suspiró, metiendo el teléfono en su bolsillo. "Pero hizo una excepción, considerando que ya la puse al tanto de tus circunstancias. Está preocupada por tu nutrición, o falta de ella mientras huías y el estrés bajo el que has estado. Nos recibirá en su oficina para hacerte las pruebas ella misma."
Rodé mis ojos, entrelazando mi cabello mojado en una larga trenza suelta mientras terminaba de arreglarme. Por supuesto que convenció a la pobre mujer de abandonar a su familia el día después de Navidad para ver a su prometida, que solo tuvo un ataque de náuseas matutinas. Sam nos encontró en la esquina, bostezando con cansancio y con ojos adormilados por la falta de descanso de la noche anterior. Era ya bien entrada la tarde, y la irracionalidad de Edward sobre mi salud y el hecho de que no había tenido una buena noche de descanso en mucho tiempo, realmente empezaba a irritarme.
Minutos después llegamos a una clínica muy elegante. El exterior era de piedra gris con bonitos setos colocados intrincadamente alrededor de los costados. Había un paseo curveado desde el estacionamiento y Edward sujetó mi mano fría con la suya sudorosa mientras caminábamos, eludiendo mis ojos al contemplar su nerviosismo. Sería lindo si no fuera irritantemente sobreprotector, prácticamente cargándome hasta la puerta principal del edificio mientras sus ojos se movían rápidamente por el suelo en busca cualquier obstáculo invisible que pudiera lastimarme. Entramos al cálido edificio y esperé ansiosa mientras Edward saludaba a la amable doctora que esperaba pacientemente en la recepción con una sonrisa, y un historial vacío con una etiqueta naranja que decía 'VIP' frente a ella sobre el escritorio.
Ella se puso de pie y estrechó su mano mientras hablaban en voz baja mientras yo esperaba incómoda cerca, rodeando mi torso con mis brazos. Ella desapareció por un momento, antes de pasar por una puerta abierta y estrechar mi mano cordialmente. Su nombre era doctora Marcy y era una mujer bonita a finales de sus cuarenta con suave cabello castaño, ojos del mismo color y una sonrisa gentil. La mujer no pareció ni un poco indignada por nuestra visita improvisada al darme un portapapeles con una pluma y montón de papeles, pidiéndome rellenarlos a mi entender. Edward me acompañó al vestíbulo mientras yo mordisqueaba la tapa de la pluma y me tornaba roja, escribiendo la fecha de mi último periodo que podía realmente recordar. Edward susurró la información médica de su familia, sus ojos moviéndose alrededor de la sala vacía con nerviosismo, sujetando una revista para padres con sus pálidas manos. La doctora nos acompañó fuera del vestíbulo y hacia un amplio pasillo que conducía al fondo del edificio tan pronto como terminé de rellenar el papeleo, colocando su mano en mi espalda baja con una sonrisa.
"Edward, puedes sentarte en la sala de reconocimiento y esperar a Bella," le informó, haciendo un gesto hacia una habitación cerca, con la puerta abierta. Me miró dudoso y asentí, viendo como entraba con aire preocupado a la habitación, sentándose en una silla cerca de la puerta asomándose para verme donde estaba parada en el pasillo. La doctora se rio entre dientes, guiándome a la báscula donde me pesó y tomó registro de mi altura. Luego me llevó a una estación cubierta por varias formas de instrumentos de tortura esparcidos sobre la superficie.
"Necesito sacarte un poco de sangre," me dijo con gentileza, haciéndome un gesto para que me sentara en una pequeña silla. Hice lo que me pidió, cerrando mis ojos y tomando respiraciones profundas mientras ella me hablaba en voz baja durante el proceso, explicando que estaba a punto de picarme con la aguja y extraer la cantidad de sangre que necesitaba para las diferentes viales. Después de eso, colocó un recipiente para muestras transparente en mi mano, explicando que también necesitaba una muestra de orina. Entré al baño más cercano, orinado incómodamente en el pequeño recipiente, recordándome el momento en que oriné en las tres pruebas de embarazo. Después de lavarme, salí del baño, dándole el recipiente mientras ella me daba otra suave sonrisa, guiándome a la habitación donde Edward esperaba con ansiedad.
"Hay una bata y algo para cubrirte en el extremo de la mesa de exploración, Bella," me dijo, haciendo un gesto hacia la acolchada mesa de exploración cubierta con un papel delgado. "Hay una pequeña habitación aquí donde puedes quitarte la ropa y ponerte la bata, querida. Prefiero que la uses con los cordones al frente, en vez de en la espalda, cielo." Asentí cuando hizo un gesto hacia una puerta en la sala de reconocimiento, y entré después de lanzarle una última mirada a Edward. No me estaba prestando atención, sus ojos amplios miraban el póster colocado en un costoso marco en la pared, mostrando el interior del útero de una mujer con múltiples etapas del crecimiento del feto.
No pude evitar que se me escapara una risita cuando lo vi tragar con fuerza, su manzana de Adán subiendo y bajando y su rostro poniéndose más pálido a medida que cerraba la puerta detrás de mí. La habitación era muy pequeña, con un espejo de cuerpo entero en un lado y una banca acolchada en el otro. Había un pequeño cubo de basura en el suelo y la banca tenía una canasta de toallitas húmedas y panty protectores. Me quité la ropa, poniéndome la bata rápidamente con la abertura hacia el frente, cerrándola nerviosa con los pequeños cordones verdes. Al volver a entrar a la sala de reconocimiento, encontré los ansiosos ojos de Edward cuando se levantó disparado de la silla, ayudándome a subir a la mesa.
"Señor Cullen, necesito hacerle a Bella un papanicolau. Tal vez, esté usted más cómodo esperando afuera por un rato…" Sugirió, mirando a los ojos amplios de Edward. Asintió sin decir nada, dándome un suave apretón en la rodilla cuando salió silenciosamente de la habitación. La doctora me dio una sonrisa cómplice cuando sacudí la cabeza asombrada.
"Padres primerizos," explicó, tomando mis signos vitales y pidiéndome que me recostara para examinar mis senos. "Todos actúan de la misma forma. Nerviosos. Emocionados. Pero principalmente nerviosos." Las dos reímos, y la mujer me hizo sentir muy cómoda mientras me explicaba todo lo que estaba viendo durante mi examen pélvico y papanicolau. Después de terminar la exploración, me dio una brillante sonrisa, lavándose las manos otra vez y secándolas con toallas de papel que arrojó a la basura.
"Bella, por el tamaño de tu útero y la información que me diste sobre tu último periodo, calculo que tienes aproximadamente unas diez semanas de embarazo," me dijo, recargándose en la encimera cerca del lavamanos mientras observaba mi rostro contraído por la confusión.
"Pero, eso es imposible," murmuré, tirando de mi floja trenza, retorciéndola en la punta. "Utilizaba anticonceptivos cuando Edward y yo tuvimos intimidad por primera vez. Admito que me volví… olvidadiza… este último mes o algo así, pero no es posible que tenga tanto tiempo."
La doctora me miró con preocupación, echando un breve vistazo a la puerta antes de preguntarme en voz baja, "No es apropiado de mi parte preguntar, pero, ¿hay alguien más con quien hayas intimado alrededor de ese tiempo?"
"No," le dije a la mujer, frunciendo el ceño al pensar mientras ella seguía mirándome preocupada, con una expresión familiar en su rostro.
"Tengo un historial de violación," le dije con voz baja, respondiendo a sus preguntas sin formular. Una doctora me dijo una vez que habría cicatrices internas que un médico meticuloso detectaría fácilmente, lo que obviamente había hecho ella. "Pero eso fue varios años atrás. Edward es el único hombre con el que estado."
La doctora Marcy se relajó visiblemente, palmeando mi rodilla de forma maternal. "Algunas veces estás cosas solo pasan, cielo. Los anticonceptivos no son siempre infalibles. Diría que probablemente quedaste embarazada justo en época de Halloween." ¿Halloween? Esa fue la primera vez que Edward y yo hicimos el amor. Sacudiendo mi cabeza, me reí bajito al pensar en la ironía de la situación. La doctora Marcy no cuestionó mi risa, solo preguntando si me gustaría que Edward volviera a la sala.
Asentí con aire pensativo, y ella se levantó de su banco, abriendo la puerta y llamándolo. Él no tuvo que caminar mucho, ya que estaba paseándose de un lado al otro del otro lado de la puerta. Entró disparado, golpeando a la pobre mujer con preguntas sobre mi salud y la salud del bebé antes que la doctora Marcy le pidiera que se sentara.
"¿Les gustaría escuchar el latido de su hijo?" La doctora nos preguntó mientras nos mirábamos el uno al otro con los ojos muy abiertos. Asentí rápidamente, la idea de escuchar el corazón de mi bebé llenó mi cuerpo de emoción. La doctora Marcy me pidió que me recostara al mismo tiempo que ponía una cubierta sobre mi cuerpo, subiendo mi bata solo lo suficiente para descubrir mi abdomen. Chorreó algo frío y húmedo sobre mi vientre, y encendió una máquina que estaba cerca, presionando algo metálico contra mi piel en el sitio exacto donde descansaba nuestro bebé. Un fuerte y extraño ruido de zumbido saturó la sala mientras la doctora nos daba a Edward y a mí una mirada peculiar.
"Vaya," murmuró, moviendo el aparato alrededor de mi vientre, reposicionándolo aquí y allá. Un ruido amortiguado llenó la sala ante que el zumbido frenético comenzara otra vez, aumentando al doble.
"¿Qué pasa?" Edward preguntó, sujetando mi mano mientras miraba el rostro de la doctora. Ella mordió la esquina de su labio pintado de rojo, mirando nuestros rostros mortificados al mismo tiempo que reposicionaba el aparato una vez más.
"Supongo que tienen que comprar dos de todo, porque por lo que puedo escuchar, hay dos latidos ahí dentro," nos dijo con una pequeña sonrisa.
"¿Dos de todo?" Murmuré, la sangre dejando mi rostro. "¿Gemelos? ¡Qué demo… ¿Qué?"
La mano de Edward soltó la mía cuando la palabra 'gemelos' escapó de mis labios. Su guapo rostro se puso aún más pálido y su boca se abrió y cerró. Edward intentó decir algo, pero las palabras nunca salieron de su boca cuando sus ojos rodaron dentro de su cabeza. La amable doctora y yo gritamos por el horror cuando se deslizó de la silla, desmayándose eficazmente en el piso de la clínica.
¡Gemelos! El pobre Edward no pudo con la emoción jajaja. ¿Se imaginan cómo se pondrá Esme cuándo sepa que será doblemente abuela? ¿Y Alice? Sin duda muy buenas noticias para la familia después de haber pasado por momentos tan difíciles, pero, la historia no ha terminado, todavía nos faltan algunas cosas por ver, y por supuesto, estoy segura que querrán ver un poco de la vida de estos dos. A algunas les preocupaba Leah, pero como ya vieron en este capítulo, Edward y Carlisle se encargaron de que la policía la atrapara y ahora está en la cárcel. Pero conociendo a esta autora sin duda algo tiene por ahí debajo de la manga, ya lo veremos. Por lo pronto, ¿qué les pareció este capítulo? ¿Qué fue lo que más les gustó? Recuerden que me encanta saber su opinión sobre las historias, ver lo que disfrutan de leer lo que con tanto cariño traduzco para ustedes. No olviden que sus reviews es el único pago y agradecimiento que recibimos de ustedes. Salgan de la sombras para saludar y decir que les gustó más del capítulo, y a las que siempre dejan un review. Gracias por ser tan constantes, por ustedes seguimos aquí.
Muchas gracias a quienes dejaron un review en el capítulo anterior: Gabriela Cullen, JessMel, Laliscg, Lore, andresotoseneca, MariePrewettMellark, May Cullen M, DenniChavez, freedom2604, Vrigny, paupau1, bealnum, J, Shikara65, torrespera172, anakarinasomoza, glow0718, alejandra1987, nydiac10, dushakis, kaja0507, Tecupi, Mafer, Lizdayanna, rjnavajas, patymdn, liduvina, cavendano13, Maryluna, Sully YM, bbluelilas, EriCastelo, Pili, Liz Vidal, Esal, Tata XOXO, Hanna D.L, Ali-Lu Kuran Hale, lagie, Kriss21, aliceforever85, Adriu, Vanina Iliana, maries24, Lady Grigori, injoa, tulgarita, PRISOL, Katie D.B, Manligrez, jupy, Bertlin, miop, Flor Santana, Yendry Villachica, Brenda Cullenn, Melany, Rosy Canul, saraipineda44, angryc, Yoliki, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos vemos muy pronto en el siguiente.
