Buenas noches a todos, a qui les traigo otro capitulo de esta hermosa historia

Ni los personajes ni la historia me pertenecen, todos los derechos a sus respectivos autores


Mientras el juego estaba detenido Natsu llamó a Jim Biederot. Esperó que el quarterback no advirtiese el temblor en su voz.

—Vamos a hacer cambios para la siguiente jugada, Jim.

Cuando terminó de darle las instrucciones, los ojos de Biederot se habían entrecerrado indignados por encima de las manchas negras antirreflectantes de sus pómulos.

—¡Esas son una mierda de jugadas! Perderé cada balón que toque.

—¡Haz lo que he dicho o te mando al banquillo! —le aseguró Natsu.

Biederot le echó una mirada que era pura furia y se echó encima de Charlie CLyon, uno de los asistentes. En unos segundos, había agarrado el auricular de Charlie y gritaba algo en él.

Natsu supo que Jim hablaba con Gary Hewitt, el desagradable entrenador de los quarterbacks, que se sentaba con Tully en el palco de entrenadores en lo alto del domo. Antes de que Hewitt comenzara a ponerlo a parir, también, intentó tragarse su miedo para poder pensar fríamente.

Vastia había dicho que vigilaba por televisión, lo cual quería decir que podría ver cualquier movimiento inusual en el campo o en cualquier parte del estadio que estuviera dentro del alcance de la cámara. Como consecuencia, Natsu no se podía arriesgar a avisar a la policía. Una vez que supieran que Lucy había sido secuestrada, acordonaría toda la zona, incluyendo el campo, para hacer preguntas. Aún peor, podrían incluso suspender el partido, una circunstancia que podría perfectamente hacer que Vastia perdiera el control.

Él brevemente pensó si usar o no su auricular para contactar con Gray, pero temía que Vastia pudiera intuirlo si prestaba atención. Aunque Natsu no conocía todos los recovecos del sistema interno de comunicaciones, sabía que Vastia sólo podía haber contactado con él desde dentro del estadio. Lo que quería decir que, incluso ahora, podía oír a escondidas las conversaciones entre el campo y el palco de entrenadores. Eso también implicaba que Lucy estaba retenida en algún sitio cercano.

Se golpeó la frente con la manga intentando discurrir qué hacer para comunicárselo a Gray. Sabía que no podría aclarar nada por el auricular así que agarró su portapapeles y garabateó una nota rápida, escribiéndola lo suficientemente en clave para que no tuviera sentido para ninguna otra persona que la leyera.

«Hablé con el jugador que debatíamos en descanso. Tu valoración negativa de la situación era correcta. Es urgente que no hagas nada más sobre el asunto. Te lo explicaré después del partido

Le pasó la nota a uno de los hombres del equipo y se dijo a sí mismo que Lucy saldría de esto ilesa. Cualquier otra cosa era inconcebible.

Por primera vez, consideró como afectarían sus propias acciones sobre la propiedad de los Stars una vez que todo hubiera acabado y Lucy estuviera a salvo. Aunque no había ningún precedente, suponía que la NFL anularía el partido a no ser que los Stars conquistasen, a su pesar, el campeonato, lo cual iba a intentar impedir. Una vez que la NFL se enterase de que había tirado la toalla, asegurando la pérdida de los Stars, programarían un nuevo partido y ella tendría todavía posibilidades de conservar el equipo.

Y luego un pensamiento desagradable lo golpeó. ¿Qué ocurriría si la policía no creía que había sido secuestrada? Si Vastia se escapase, no habría ninguna prueba tangible aparte de su testimonio. Natsu era el único que podría

avalar la historia, y su relación personal haría que se tuvieran reticencias sobre su testimonio. Incluso podrían decir que ella se había inventado el secuestro simplemente porque habían perdido y no quería perder los Stars.

Entonces la NFL no dejaría que el partido se volviera a jugar.

Se obligó a encarar el doloroso hecho de que si no notificaba nada a la policía, podría costar que Lucy perdiera los Stars. Bueno, no podía hacer ninguna otra cosa. No pondría en peligro su vida, por nada en el mundo.

La voz de Gary Hewitt sonó a través de su auricular.

—¿Natsu, qué demonios pasa? ¿Por qué le has dicho a Jim que no haga pases largos? Ese no es nuestro plan. Él nunca ha tenido una racha de pases como esta.

—Solo hago algunos cambios —le espetó Natsu—. Nosotros llevamos la ventaja, así que haremos una jugada inteligente.

—¡Estamos sólo en el tercer cuarto! Es demasiado pronto para ponerse conservadores.

Natsu no podía estar más de acuerdo, así que simplemente se quitó su auricular y clavó los ojos en el campo. No importaba lo que tuviera que hacer, iba a salvar a Lucy.

Mediado el último cuarto los Sabers habían anotado puntos en su primera aproximación mientras el juego conservador de los Stars no había movido demasiado la pelota, reduciendo su ventaja a siete puntos. El abucheo de los hinchas era tan fuerte que las ofensas estaban haciendo pasar un mal rato a Biederot. Los asistentes de Natsu estaban furiosos, los jugadores lívidos, y, en el minuto dos del último cuarto, los Sabers habían empatado a diecisiete; el locutor de la televisión empezó a perder la paciencia.

«—¿Os podéis creer lo que estáis viendo? —Gritaba prácticamente a las cámaras—. Durante toda la temporada, Natsu Dragneel ha sido uno de los entrenadores más agresivos de la NFL, y es terrible ver como está replegando el juego. ¡Éste no es el tipo de fútbol que los aficionados quieren ver!»

Lucy trató de ignorar la valoración comprensiblemente ruda del comentarista sobre Natsu, igual que había tratado de ignorar las puyas de los hinchas. No quería pensar lo que esta humillación tan pública estaría haciendo en el orgullo de Natsu, también supo que nunca lo había querido más.

Sus muñecas, en carne viva por su lucha por liberarse de las cuerdas, sangraban. Ignora el dolor, se dijo a sí misma. Sigue intentándolo. Todo lo que había oído que decían los jugadores, se lo repitió a sí misma, pero comenzaba a pensar que los nudos nunca se aflojarían.

Vastia había atado sus muñecas con un nudo en ocho, luego había asegurado los extremos al poste vertical del respaldo de la silla. Aunque sus dedos estaban pegajosos de sangre intentó aflojar el apretado nudo doble que la mantenía atada a la silla, sin rendirse. Olvida el dolor. Sigue intentándolo.

Vastia tenía los ojos clavados en la pantalla, tomó una calada de su cigarrillo, y tosió. El aire era tan espeso por el humo que ella apenas podía

respirar. Algunas veces creía que la había olvidado, pero en cualquier momento la volvería a mirar con los ojos tan vacíos de cualquier tipo de arrepentimiento que no dudaba que la mataría.

A los cinco minutos del cuarto tiempo, los Sabers se pusieron por delante. En el banquillo las emociones de los jugadores y los asistentes reflejaban desde furia a desaliento. Mientras, la afición había comenzado a insultar a Natsu, que estaba solo, aislado de los jugadores y entrenadores. Sólo su férrea disciplina controlaba la rebelión que se estaba manifestando en el banquillo.

Sabers 24, Stars 17.

Cuando los Sabers hicieron el saque, Biederot tiró su casco contra el banquillo, golpeándolo con tal fuerza que la reja se soltó. Natsu sabía que era sólo cuestión de tiempo que Jim ignorase la amenaza de sentarlo y comenzara a realizar sus propias jugadas. Quedando menos de diez minutos y con los aficionados cada vez más encrespados, ya no podía mantenerlo en el terreno de juego.

Toda su vida Natsu había sido un jugador de equipo y decidió que seguir adelante él solo era demasiado arriesgado. Rezando por no cometer un error fatal, llamó a Jim y Bobby Tom poco antes de que la ofensiva volviera al campo.

La cara de Jim estaba roja de furia, Bobby Tom estaba totalmente rígido.

Los dos comenzaron a insultarlo.

—¡Siéntame, gilipollas! No me saques, porque no quiero ser parte de eso.

—¡No hemos trabajado tan malditamente duro para joderla de esta manera!

Los enfocaba una cámara. Natsu los cogió por los hombros y agachó la cabeza. Su voz era baja y ronca.

—¡Callaros y escuchad! Lucy ha sido secuestrada. El hombre que la tiene está chiflado. Dice que va a matarla si ganamos este partido. —Sintió en los brazos como se tensaban, pero no levantó la vista porque estaba seguro de que la cámara le seguía enfocando—. Vigila la televisión. No puedo dejar que el equipo sume puntos porque ha amenazado con hacerle daño si obtenemos más puntos. —Contuvo la respiración y levantó la cabeza—. Creo que lo hará.

Biederot juró por lo bajo, mientras Bobby Tom parecía que fuera a asesinar a alguien.

Natsu dejó que cada uno mostrara sus emociones mientras que les explicaba las siguientes jugadas.

—Que parezca real. Por favor. La vida de Lucy depende de eso.

Veía que le querían hacer un montón de preguntas, pero no había tiempo, y para su alivio, ni siquiera discutieron.

En el segundo sótano debajo del domo, Lucy oyó la alegría del gentío. Sus dedos ensangrentados seguían todavía en el nudo, y sus ojos fijos en la televisión. Ella dejó de respirar cuando Jim lanzó un pase largo sobre el centro a Bobby Tom. Bobby Tom extendió su cuerpo esbelto, el sutil perfil que había

sido fotografiado tantas veces, con su peso oscilando sólo en la punta de sus pies. ¿Cuántas veces esa temporada lo había visto detener con fuerza la pelota en el aire, exactamente en esa postura, desafiando la gravedad sin esfuerzo alguno, como un bailarín de ballet?

Pero esta vez no fue así. La gente gimió cuando la pelota se escapó de sus dedos. Bobby Tom cayó en el suelo y ella recordó respirar.

Era el primer pase largo que Biederot tiraba en la segunda mitad y ella se preguntó si el control que Natsu mantenía sobre el hombre se habría roto. Se negó a pensar lo que significaba. No ahora. No cuando el nudo que la ataba a la silla finalmente había cedido.

Se había excitado totalmente cuando el nudo se soltó, pero en ese momento el pequeño triunfo se había evaporado al percatarse que no valía de nada. Aunque ya no estaba atada a la silla, sus muñecas seguían atadas la una a la otra por un nudo en forma de ocho que no podría desatar. Estaba libre de la silla, pero eso no era suficiente cuando Vastia tenía una pistola y ella no podía usar los brazos.

La cámara tomó un plano de cerca de Bobby Tom. Ahora mismo no sentía dolor y pasaron varios segundos antes de que se diera cuenta de que había algo que no estaba bien. Cuando Bobby Tom perdía, lo abandonaba su acostumbrado buen humor. Se golpeaba la cara y se maldecía a sí mismo. Pero ahora, en la pequeña pantalla de la tele, ella pudo ver que su expresión estaba desprovista de cualquier emoción.

Lo sabía. Toda su intuición le decía que Natsu le había dicho lo que sucedía. Sabía cuanto significaba ese partido para Bobby Tom, y sólo podía imaginar lo que le había costado perder deliberadamente la pelota. Su cólera ardió mientras clavaba los ojos en la espalda de Vastia. No podía robarles su día.

Los Stars sacaron la pelota y los Sabers comenzaron su siguiente jugada, mientras el reloj del marcador continuaba avanzando.

7:14, 7:13, 7:12…

Los Sabers comenzaron una serie de jugadas. Mientras, ella pensó en la forma en que sus hombres habían vuelto de los partidos: sucios, cojos, ensangrentados. En su mente los veía en el avión de regreso, en la carretera, con sus rodillas envueltas en hielo, los hombros vendados, mientras tomaban calmantes para no sentir el dolor y poder dormir. Todos esos hombres se habían desvivido por los Stars.

6:21, 6:20, 6:19…

Con tan poco tiempo disponible, sabía que no podría desatar el último nudo antes de que se acabase el tiempo. Se estaba aflojando, pero no lo suficientemente rápido. Tenía la horrible sensación de estar decepcionando al equipo, de que de alguna manera no se estaba esforzando lo suficiente.

5:43, 5:42, 5:41…

Portland acumuló otro gol de campo. Sabers 27, Stars 17. Había tomado una decisión. Podía jugar a lo seguro y quedarse donde estaba, esperando que

la dejase ir al final del partido. O podía jugarse el todo por el todo, e intentar recuperar la libertad.

La cara de Natsu apareció en la pantalla, y tomó una decisión. No iba a perder los Stars sin pelear. Iba a jugársela. Sólo tenía una oportunidad, e iba a agarrarla ahora mismo.

5:07, 5:06, 5:05…

Vastia se encorvó hacia adelante, atacado por otra acometida de tos.

Ella plantó sus pies y se impulsó contra el suelo. La silla salió volando.

Él se giró torpemente cuando oyó las ruedas. Con una exclamación ruda, levantó el puño para golpearla. Ella levantó las piernas y golpeó duramente con el tacón en su ingle.

Él dio un grito de dolor y se dobló adelante. Ella se levantó, sacando los brazos de detrás de la silla, con las muñecas todavía atadas. Corrió hacia la puerta. Cogiendo la manilla de espaldas, la abrió y salió rápidamente al vestíbulo.

Corrió torpemente con dirección al ascensor tirando de las muñecas atadas. Pero aunque las cuerdas estaban cada vez más sueltas, aún no podía liberarse. Oyó un gemido detrás de ella y giró la cabeza para ver a Vastia tambaleándose al atravesar la puerta.

Ella se movió hacia una puerta metálica que ponía "Escaleras" y tropezó, apenas recuperó el equilibrio antes de seguir. Otra vez perdió unos segundos preciosos al girarse para abrir la manilla de la puerta. Un trozo de cuerda se deslizó sobre sus dedos haciéndole al proceso incluso más difícil. Vastia, todavía encorvado, se movía hacia ella.

—Perra —dijo jadeando.

El terror la atravesó como un relámpago al ver que buscaba la pistola de su cadera. La puerta de la escalera se abrió. Se lanzó hacia adentro, gritando y encorvando los hombros cuando virutas de hormigón saltaron de la pared delante de ella, salpicándola de escombros.

Dio un grito sofocado. Antes de que le pudiera disparar otra vez, empezó a subir trabajosamente las escaleras, tirando frenéticamente de las cuerdas, tan enmarañadas que hacían sus movimientos torpes. Estaba llegando al descansillo cuando finalmente uno de los nudos se soltó. Se libró del resto oyendo la horrible respiración dificultosa que venía de debajo, el sonido aumentaba en la escalera vacía.

—¡Puta!

Ella giró y lo vio al pie del hueco de la escalera, con la cara púrpura y sin aliento como si lo estuvieran estrangulando. Petrificada, clavó los ojos en la pistola que apuntada directamente a ella.

—No… —él se apoyó en la pared, agarrándose el pecho— no voy a dejar… La pistola se movió, liberándola de su momentánea parálisis. Atravesó el

descansillo, girando hacia el tramo siguiente de escaleras. Sonó otro disparo, dando en la pared detrás de ella. No se atrevió a detenerse para ver si la seguía

y subió rápidamente las escaleras restantes. Cuando alcanzó la puerta, oyó un grito de dolor casi inhumano. Abrió la puerta a la vez que un ruido sordo, de un gran peso golpeando el suelo, hacía eco en el hueco de la escalera.

Salió precipitadamente al vestíbulo, tratando desesperadamente de orientarse. Oyó el ruido de la gente y se dio cuenta de que había salido en el extremo más alejado del pasillo que daba al vestuario de los Stars. Sin perder tiempo, se dirigió al túnel que comunicaba con el campo, sacándose la chaqueta azul con lentejuelas al mismo tiempo que las cuerdas ensangrentadas.

Un guarda de seguridad vigilaba la salida del túnel. Se giró cuando oyó el estrépito de sus zapatos. Mientras corría hacia él, miró boquiabierto sus arrugadas medias de red rotas y sus muñecas ensangrentadas.

—¡Hay un guarda al pie de las escaleras del fondo del vestuario! —Intentó controlar su respiración—. Creo que está teniendo un ataque al corazón. Ten cuidado. Está loco y tiene una pistola.

El hombre clavó los ojos en ella como si hubiera perdido el juicio. Antes de que la pudiera detener, corrió por delante de él hacia el campo. El guarda situado en la valla la reconoció y abrió la portilla. La ofensiva de los Sabers estaba en el campo. Miró el marcador.

2:58…

Y luego, todo lo que vio fue la cabeza de Natsu.

Los problemas entre ellos se evaporaron mientras corría hacia el banquillo. Los jugadores bloqueaban su camino, y ella tiró de sus camisetas para apartarlos.

—¡Dejadme pasar! ¡Dejadme pasar!

Uno por uno se hicieron a un lado, claramente asombrados de verla. Bobby Tom y Jim Biederot la divisaron y se acercaron hacia ella.

—¡Natsu!

Él se giró rápidamente cuando la oyó decir su nombre. Su cara mostraba unas profundas emociones que ella nunca visto y se lanzó a sus brazos.

—¡Lucy! ¡Gracias a Dios! Oh, gracias a Dios, Lucy… —Repetidas veces masculló su nombre mientras la sostenía apretada contra su pecho.

La cámara los enfocó; en el palco, Gray giró sobre sus pies y corrió a la puerta. Entretanto en la cabina de emisión, los comentaristas intentaban explicarse los unos a los otros, por qué la dueña de los Stars abrazaba al entrenador que llevaba dos cuartos conteniendo el juego y llevando a su equipo al desastre.

Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello y lo besó con fuerza. Él devolvió el beso y la abrazó tan fuerte que apenas podía respirar.

—¿Podéis ganar todavía? —murmuró.

—Mientras tú estés a salvo, es igual. El resultado no tiene importancia. — Su voz estaba ronca por la emoción, y ella se echó hacia atrás lo justo para ver que sus ojos se llenaban de lágrimas—. Pensaba que te había perdido —dijo él— Te quiero tanto. Oh, Dios mío, cómo te amo.

Ella guardó las palabras como un tesoro para recordarlas más tarde. Por ahora, sólo podía pensar en él y lo que había hecho por ella.

—Quiero que ganes. Has trabajado tan duro…

—No es importante.

—Sí. Sí, lo es. —Se dio cuenta de que estaba llorando. Él la abrazó con fuerza.

—No llores, cariño. Alegrémonos de que estás viva.

Ella se percató de que él pensaba que ella quería que ganase por ella.

—No lo entiendes. ¡No quiero que ganes por mí! ¡Quiero que lo hagas por ti!

—Nos llevan diez puntos, cariño. Quedan menos de tres minutos…

—Entonces es mejor que te pongas a ello.

Él le retiró el pelo de la cara, con los ojos tan llenos de amor que todas las dudas que había tenido sobre sus sentimientos se evaporaron.

—Tendríamos que puntuar en dos jugadas para ganar y ahora mismo los hombres me odian.

—Les hablaré.

—Lucy…

Ella ahuecó la mano en su mejilla.

—Te amo, entrenador. Ahora pon manos a la obra. Es una orden.

Dejar sus brazos requirió toda su fuerza de voluntad, pero mientras se apartaba a un lado vio que él aun estaba deslumbrado por su declaración. Apenas había dado dos pasos cuando Bobby Tom y Jim se acercaron a su lado.

—¿Estás bien? —La cara de Bobby Tom estaba pálida de preocupación—. Joder, Lucy, nos tenías muy asustados.

—Estoy bien. —Agarró sus brazos—. Quiero ganar este partido. Quiero que Natsu lo gane.

—Si tuviéramos más tiempo…

Lucy se dirigió a Jim.

—No me preocupa eso. No dejaré que le ocurra. Ni a ninguno de vosotros.

Se dio media vuelta y se dirigió hacia Darnell. De alguna manera tenía que restaurar la fe de los jugadores en su entrenador, pero tenía muy poco tiempo. Él se alarmó al ver las condiciones en las que estaba, y dio un paso adelante.

—Lucy, ¿que te ocurrió?

Tan rápido como pudo, se lo explicó. Tratando de recobrar el aliento al final, dijo—: Natsu sólo trataba de salvarme. Diles a los demás defensas que vamos a ganar este partido…

Antes de que le pudiera preguntar nada más, los jugadores que no estaban en el campo la rodearon, y repitió su historia. Mientras la bombardeaban a preguntas, los Sabers sacaron la pelota.

Natsu recuperó su auricular y comenzó a gritar instrucciones. Jim lo golpeó en el hombro y saltó al campo con la ofensiva.

La pausa de dos minutos terminó.

Natsu se encorvó hacia delante con las manos apoyadas en los muslos. Los Stars jugaban sin desorden. Lucy se clavó completamente las uñas en las palmas mientras la acción comenzaba a desarrollarse.

Jim pasó el balón entre sus muslos y comenzó la conexión. En la siguiente jugada perdió el balón a un paso del screen. Y luego en la siguiente, no completó el pase

Uno de los asistentes llegó a su lado y comenzó a envolver sus muñecas en gasa. La historia de lo que había sucedido se había propagado por el equipo, y Webster Greer se puso a su lado como si fuera un guardaespaldas.

Jim conectó por primera vez desde la línea de treinta y ocho yardas, y el domo reverberó de alegría.

La defensa de los Sabers intentó repeler el avance en desorden. Con la boca seca, Lucy miró como se movía su equipo para llegar a las diecisiete.

1:10…

Biederot conectó con Collier Davis. Lucy gritó cuando Davis regateó. Los aficionados perdieron el control.

En el banquillo de Natsu se amontonaba el resto del equipo y el coordinador de equipos especiales.

Los Stars puntuaron. Sabers 27, Stars 24.

0:58…

El kicker de los Stars se adelantó, la afición anticipó la jugada del onside kick (24), sabiendo que los Stars tenían que volver a tener la posesión de la pelota. La jugada onside kick era una maniobra que Natsu había obligado a los jugadores a practicar centenares de veces durante la temporada, hasta que la pudieron realizar con los ojos cerrados. Pero esto no era un entrenamiento, y el otro equipo sabía lo que podía significar esa jugada.

Lucy recorrió con la mirada a Natsu; le pareció feroz y maravilloso.

La pelota giró alocadamente cuando salió disparada del lateral del pie del kicker. Apenas atravesó las diez yardas requeridas antes de que golpear las manos de un halfback (25) de los Sabers. Trató de sujetarla, pero no pudo. Elvis Crenshaw lo arrolló.

La pelota rodó sin dueño, y veintidós hombres fueron a por ella. Los cascos chocaron y los gritos de los hombres eran audibles en los banquillos incluso sobre los gritos de los hinchas.

Sonó un pitido y los árbitros empezaron a retirar a los jugadores del montón humano. Lucy clavó los dedos en el brazo de Webster.

Uno por uno, llegaron hasta la parte más baja de la pirámide, hasta que sólo hubo dos jugadores sobre el terreno, uno de jersey azul cielo y otro de color carmesí

Natsu dio un grito de júbilo.

Retiraron al jugador de los Sabers, dejando sólo a Darnell Pruitt agarrando el balón.

El ruido de la afición fue ensordecedor. Darnell se levantó de un salto y levantó los brazos al aire. Los Stars habían recobrado la pelota en la línea de cuarenta y ocho yardas.

0:44…

Natsu dio una palmada en la espalda a Biederot para que corriese al campo. En el primer juego, Jim completó un pase sobre la línea de cuarenta y dos yardas.

0:38…

La defensa de los Sabers, anticipando que el ataque continuaría, se colocó para proteger la posición. En vez de eso, fueron arrollados en una de las jugadas más dulces que Natsu había visto nunca. Sobre la línea veintidós.

0:25…

Los Stars no completaron los dos pases siguientes y Lucy trató de prepararse para la derrota.

0:14…

Biederot pidió una pausa y habló con Natsu al borde del campo. Mantuvieron un diálogo furioso. Jim volvió a entrar corriendo.

La atmósfera en el domo era electrizante. Cuando los equipos se situaron, Lucy miró al marcador. Era el tercer tiro y estaban a veintidós yardas todavía.

Jim hizo otro pase incompleto.

0:08…

Natsu hizo señales como loco para que los jugadores volvieran a formar a toda prisa. Pero en vez de un gol de campo que les proporcionaría un empate y una muerte súbita, los Stars iban a intentar un touchdown (26). Cuatro pases y aun estaban a veintidós yardas.

Jim se salió de la formación y buscó su blanco favorito, el mejor receptor de Lucy, el pies ligeros de ocho millones de dólares, de Telarosa, Texas.

Bobby Tom dio un quiebro en la línea de ocho yardas para perder a su marcador. La pelota se dirigía vertiginosamente hacia él. Dio un salto y la arrancó con fuerza del aire, con un gesto tan gracioso que fue casi femenino.

Los defensores se abalanzaron sobre él.

Se dio la vuelta hacia la línea de gol. Tropezó. Mientras se recuperaba miró hacia un lado. Se giró hacia el otro lado.

Pero Brewer Gates, uno de los defensas estrella de los Sabers, se dirigía hacia él.

Bobby Tom sabía que lo iban a golpear, pero dejó su cuerpo sin protección alargando la pelota delante de él y dirigiéndose a la línea de gol.

Con dientes al descubierto y el rugido de una trituradora de huesos, Gates se abalanzó para intentar detenerle en la línea de dos yardas.

Y fue directamente lanzado al aire por Darnell Pruitt.

Bobby Tom cayó en la tierra con dureza, con cada músculo de su cuerpo de corredor extendido. Su cabeza sonaba y él trató de despejarse.

0:01…

A través de la rejilla del casco, siguió la línea de sus brazos hasta sus manos. Acunaban a la pelota directamente encima de la línea de gol.

Los brazos del árbitro subieron rápidamente al aire, dando señal del gol.

Los gritos de los aficionados hacían temblar las paredes curvas del estadio.

Lucy reía y lloraba. Webster la abrazó, luego Elvis Crenshaw. El pandemónium se desató en el campo y en las gradas como si se hubiera dado un disparo de salida.

Intentó acercarse a Natsu, pero no pudo a través del mar de jerséis azules que la rodeaban. Se subió al banquillo y le divisó abriéndose camino entre los hombres para alcanzarla. Su cara estaba surcada por una amplia y enorme sonrisa; tenía los ojos medio cerrados. Ella levantó un brazo al aire y se rió. Detrás de él, ella vio a varios de los jugadores subiendo un enorme envase de plástico verde a gran altura. Se rió más cuando lo vaciaron sobre su cabeza.

Una ducha de hielo y Gatorade se derramaron sobre él. Encorvó los hombros y gritó como si hubiera recibido el bautismo de la victoria.

Parte de la afición lo abucheó. No conocían el drama que había tenido lugar detrás de los banquillos, y todavía querían la sangre de Natsu por haber llegado a un final de partido tan desesperado.

Él negó con la cabeza, esparciendo gotitas en todas partes aclarándose los ojos lo suficiente para poder ver a Lucy otra vez.

Bobby Tom rodeó con el brazo los hombros de Natsu y presionó contra su pecho la pelota del partido.

—Es para ti, compañero.

Se abrazaron. Natsu agarró firmemente la pelota contra su pecho y otra vez giró en dirección hacia Lucy.

Se pasó por la cara el puño seco de su camisa y vio que ella estaba todavía de pie en el banco. Parecía una diosa alzándose sobre un mar de jerséis azules que no paraban quietos, con su cabello rubio brillando intensamente bajo las luces. Era la criatura más bella que había visto nunca y la quería con todo su corazón. La fuerza de sus sentimientos ya no le asustaba. Haber estado tan cerca de perderla hacía que no quisiera volver a correr el riesgo.

Los hombres se preparaban para subirlo en hombros, pero no quería ir a ninguna parte sin ella. Se giró hacia ella mientras los jugadores lo levantaban por los pies y comenzaban a subirle. Ella se reía. Él se rió. Y luego todo su ser puso en alerta cuando algo en las gradas detrás de ella reclamó su atención.

En un mar de hinchas desatados. Lyon Vastia se mantenía en una quietud extraña. Cada músculo de su cuerpo estaba rígido de odio mientras miraba a Natsu desde la primera fila. Natsu vio, con el reflejo de la luz, que llevaba una pistola en la mano antes de que levantase el brazo.

Todo ocurrió en cuestión de segundos, pero cada fragmento de tiempo se convirtió en un fotograma, una imagen de horror que recordaría siempre. Natsu, oscilando a gran altura sobre los hombros de los jugadores, habría sido un blanco manifiesto, pero Vastia, con el pensamiento de un loco, había encontrado la mejor manera de destruir al hombre que odiaba. Los flashes lo cegaban, lo acosaban con preguntas y Natsu veía con impotente horror como Vastia levantaba el brazo para que la pistola apuntara directamente detrás de la cabeza de Lucy.

Una masa de guardas de seguridad se dirigían hacia Vastia.

La mayoría pistola en mano, pero no podían usar sus armas en medio de tal multitud.

En primer plano, Lucy, ignorante del peligro que corría, todavía se reía. Natsu no tenía ningún arma, nada para defender a la mujer que amaba con todo su corazón. Nada excepto la pelota del partido que acunada contra su pecho.

Él formaba parte de un exclusivo club de quarterbacks geniales, pero mientras cerraba la mano sobre el balón, reconoció que ya no estaba en la plenitud de la vida. Instintivamente, las puntas de sus dedos se colocaron correctamente sobre algo que le era más familiar que los contornos de su cara.

Los nombres de los inmortales pasaron como un relámpago por su mente: Bart Starr, Len Dawson, Namath y Montana, el gran Johnny U. Él mismo. Ninguno de ellos se había jugado nunca tanto.

Echó hacia atrás el brazo y lanzó la pelota. Lanzó por encima de las cabezas de la gente, bajo y duro, una espiral feroz, tan perfectamente ejecutada como cualquier pelota en la historia del fútbol profesional.

En la primera fila de las gradas, Vastia se retorció lateralmente cuando la pelota lo golpeó ruidosamente en el hombro. La fuerza lo tumbó en los asientos y la pistola voló de su mano.

Lucy, que finalmente se había percatado de que algo andaba mal, se giró justo a tiempo de ver a un montón de guardas de seguridad convergiendo detrás de ella en las gradas. Antes de que pudiera ver que sucedía, Bobby Tom y Webster la cogieron y ella, también, fue llevada al túnel de vestuarios.


24 Onside kick: Es el intento del equipo atacante de recobrar la pelota, pateándola una corta distancia hacia la parte baja del campo. Normalmente debe recorrer diez yardas antes de golpear a un jugador del otro equipo, para que sea válida. (N de T)

25 Todos los corredores se llaman genéricamente Running Backs, pero los hay de varios tipos. Uno de ellos es el Halfback (llamado también a veces tailback) es el corredor que recibe la mayoría de los handoffs y que lleva todo el peso del juego de carrera. (N de T)

26 Es la jugada más directa para puntuar. Se trata de pasar el balón a un jugador bien situado, normalmente el receptor, y que él culmine la jugada haciendo que el balón pase la línea de fondo. (N de T)

Nalu Forever!

Luce Dragneel