Hola chicas, como estan? gracia por llegar hasta aqui, pense que no lo lograria, pero aqui estoy.
les dejo este capitulo que espero disfruten y como siempre le dejo mi cariño por todos sus comentarios. Gracias. tratare de regresar pronto, pero la verdad no he podido adelantar el siguiente capitulo y quiza me retrase, hare lo posible para que no suceda.
Reencontrando el Pasado
Capitulo 25
-Buenos días doctor Leblanc. – saludo Deborah amablemente - creo que no conocía a mi hija Natalie.
- No tenía el gusto, una pequeña muy hermosa, igual a su madre
-Gracias doctor Leblanc.
-Por favor Deborah llámeme, Dominic, estamos fuera de las batas blancas.
-Al parecer los reencuentros siguen, -comento, mirando a las chicas que se abrazaban con emoción - yo no había oído hablar de Candy, al menos nunca le puse mucha atención a su nombre y al parecer es una integrante de suma importancia para la familia Andley – Deborah mostro su molestia en su tono de voz. Cambiando su actitud al ver a su esposo que se acercaba a ellos.
-Dominic que gusto ver que pudieron venir a pasar el fin de semana con nosotros.
-William, un placer saludarte – respondió estrechando la mano del rubio – no creo que podamos quedarnos hasta mañana, partiremos por la tarde.
-No lo creo, esas chicas son inseparables, le garantizo que no se irán – sonrió divertido – es más casi diría que mañana partirá solo de regreso a Chicago.
-Tendré que agradecer la advertencia – rio Dominic, en movimientos estudiados.
Una vez que todos se saludaron; Annie, Candy y Paty entraron a la villa juntas, como en los días del colegio. Candy alcanzo a lanzarle una mirada de disculpa a Dominic.
El día entero Dominic lo paso lejos de Candy, igual platicaba con Deborah, que tampoco lograba integrarse al grupo de mujeres, que hablaba con Archie, a quien descubrió grandes cualidades, muy parecidas a su hermano, charlo con William como si de grandes amigos de toda la vida se tratara.
Después de la comida todos se dispersaron y Dominic aprovecho para escaparse al jardín, le parecía un lugar muy relajante y prefería integrarse con la armonía de la naturaleza, que con los gritos de los niños en la casa o las risas alegres de todos los reunidos.
Camino por la propiedad reconociéndola como una villa de campo muy lujosa, podía constatar que los Andley habían gozado de un estatus social bastante elevado, eso explicaba los suaves modales en la educación de Candy.
En el interior de la villa, la rubia logro escabullirse de Paty y Annie que la habían monopolizado, vio a Dominic salir de la casa y fue tras el con total disimulo. Lo que no esperaba era que Albert la siguiera, nadie había notado que no la había perdido de vista en todo el día, a pesar que había estado junto a Deborah la mayor parte del tiempo.
Candy salió por la cocina y unos pasos atrás de Ella, Albert.
-¿A dónde vas? ¿A recorrer viejos caminos?
- Albert!... no te escuche venir
- Iba a pedir que nos preparen café y te vi pasar, quise saludarte sin tantas miradas encima, además que las chicas no te dejan ni respirar.
- Si, están un poco intensas, no recordaba lo que era tenerlas a mi lado, creo que me acostumbre mucho a la soledad.
- Siempre haz sido la guía de ellas dos y de muchos mas, me extraña que no hayas hecho amigos en tu nueva vida.
- Me dedique mucho a mi carrera, pase incontables horas de quirófano y consultas junto a Dominic, el me ha ensenado muchísimo. No tenia tiempo de socializar.
- Te has convertido en una mujer sumamente enigmática y hermosa, no puedo negar que me has deslumbrado.
- No digas eso, tu esposa es una mujer muy elegante y bella.
- Deborah es una mujer bien educada, nació en cuna de oro y es delicada y bien dijiste muy elegante, su belleza es parte de toda disciplina que tienen las mujeres de alta sociedad – respondió Albert mientras le ofrecía su brazo a Candy, para caminar rumbo a las caballerizas. – misma disciplina que tu te negaste a llevar y de igual forma te convertiste en una mujer tan atractiva como lo eras agora.
- Te equivocas, yo no soy la mujer que tu crees. Me volví gris y callada, creo que hasta invisible.
- Eso es lo que tú ves, pero no es lo que expresas con los demás, a mis ojos te veo como una mujer llena de misterios y físicamente deslumbrante- insistió Albert mirándola intensamente. - ¿quieres ir a cabalgar mañana por la mañana?
- …no creo que nos quedemos, venimos solamente por hoy.
- ¿Pero no trabajas mañana o sí?
-No, pero tenemos otros compromisos y Dominic y yo decidimos irnos esta noche.
- Yo hablare con él, ustedes tienen que pasar la noche aquí.
- no es necesario, yo puedo arreglarlo, pero preferimos retirarnos,
-Candy sabes que solo hace falta que le diga a las chicas tus planes, para que te detengan, ¿Cierto?
-Pero no lo harás – respondió Candy sonriéndole ampliamente.
-No lo hare, no habrá necesidad, tu decidirás quedarte.
- ¿eso crees?
- Si, por que querrás saber que hable con Terry y eso te lo diré mañana que cabalguemos juntos.
- ¿Cómo? ¿hablaste con Terry?
- Si, te veo mañana a las 6 de la mañana aquí en las caballerizas. – sin decir más el rubio dio la vuelta y siguió su camino de vuelta a la villa.
Candy se quedó de pie pensando en lo que le había dicho Albert. No quería quedarse en la villa a pasar la noche y tampoco deseaba hablar de Terry. Permaneció de pie por un par de minutos sin moverse, tan solo pensaba en la idea de quedarse y cabalgar con Albert por la mañana, como aquella vez en su luna de miel.
Los pasos de Dominic fueron discretos, pero los habría escuchado de no ser porque estaba distraída en sus pensamientos.
- ¿Cuánto por tus pensamientos?
- ….. Dominic … - respondió sorprendida y hasta asustada – no te oí llegar
- Lo note, tus pensamientos te llevaron a otro lado o ¿a otras épocas?…
- Pensaba la mejor manera de negarme a permanecer esta noche.
- ¿Albert te lo pidió? – pregunto sin reservas mirando el desconcierto de Candy.
- Si, era lo que hablaba conmigo hace unos minutos.- respondió Candy, devolviéndole la mirada- debiste acercarte, no mirarnos de lejos.
- Confío en ti Candice, no tengo que vigilar tus actos – respondió Dominic en un tono molesto - además que no soy quien para pedirte cuentas.
- Eres mi esposo, no en papel, pero si en actos.
-No vamos a tomar ese tema ahora, será mejor que vuelvas.
-¿vienes conmigo?
-Te alcanzare en unos momentos.
- No tardes – respondió Candy notando el cambio en Dominic, sentía como si la rechazara y estuviera molesto con ella.
Candy no estaba lejos de la verdad, Dominic comenzaba a cambiar involuntariamente y sin darse cuenta. Su subconsciente armaba un plan para protegerse de lo que seguramente sería un corazón roto.
Amaba a Candice como nunca antes había amado a nadie, ella lo había llevado a situaciones que nunca creyó vivir. No había sido educado para vivir en amasiato y lo había hecho por lagos años por complacer a su mujer. Había viajado a destiempo por el temor de Candice a volver a América, había trabajado en construcción en lugar de su apasionante carrera, lo había tomado por ella, a pesar que mas tarde salieran corriendo de ahí despavoridos.
Había sido paciente y comprensivo, ahora no podía tolerar el ver a su mujer en compañía de quien había sido su único esposo, porque sin importar que hubiera sido anulado, para ellos había sido real.
Suspiro fuerte y cerro los ojos, odiaba sentirse como adolescente enamorado, por sus manos pasaban casos médicos de vida o muerte y no se alteraba tanto, como con la idea de perder a Candice.
Tenía que recobrar su cordura y centrarse nuevamente, camino de regreso hasta el jardín frontal, mientras su mente debatía cómo actuar ante la interacción de Albert. Se negaba a disputarse a Candice, ella tenía que decidir en donde quería estar y no el forzarla a seguirlo. No soportaba la sensación de inseguridad, al no saberse ciegamente elegido por esa mujer,
Más tarde cuando regreso a la casa, encontró al grupo divertido contando historias de su juventud, pudo notar el rostro de Deborah, marcando una gran incomodidad disfrazada de sonrisa.
Candice parecía ser el centro de atención, mientras William Andley al lado de su esposa, le dedicaba una mirada sublime a la rubia.
- Dominic ¿en dónde te habías metido? – pregunto Albert, intentando integrar a Dominic.
- Estaba maravillándome con esta propiedad, es majestuosa.
-Siempre ha sido un lugar muy bello, y los alrededores son igual o más hermosos, podríamos visitarlos mañana – respondió William, asegurando que se quedarían.
-No creo que podamos quedarnos. - respondió Dominic mirando a Candy
-Es lo que les explicaba – respondió Candy poniéndose de pie, para ir a hasta Dominic y tomar su mano - podríamos regresar otro fin sábado, pero no podremos quedarnos.
-Es una lástima, podríamos ir a cabalgar por los alrededores y comer en el jardín o ir al lago.
-No los comprometas querido, ya se han disculpado por el día de mañana no debemos insistir. – intervino Deborah con una sonrisa perfectamente dibujada.
-Pero debes prometerme que volverás pronto - intervino Paty, poniéndose de pie.
-Volveré, pero me encantaría que aceptes la invitación de Annie y vayan tú y la pequeña a Chicago, entonces podríamos vernos más seguido.
-Lo pensare, se animó a decir Paty.
-Piénsalo y me lo haces saber cuándo estés en Chicago. – le respondió Candy, aun de la mano de Dominic. – ahora creo que Dominic y yo nos retiramos antes que se haga más tarde.
Tras despedirse, Candy y el doctor salieron de Lakewood para regresar a su departamento en Chicago, Candy iba pensativa y respondía en monosílabos ante el escrutinio de Dominic.
Candy pensaba como podría derribar las paredes de la depresión y la derrota de Patricia y por otro lado como abrir a Stear al mundo nuevamente.
-¿Cuándo puedes recibir a Stear en el hospital?
-¿Cómo? - la pregunta tomo de sorpresa a Dominic que no oculto en la expresión de su rostro.
-Tengo que convencerlo de ir a verte y espero que se pueda hacer algo.
-Lo único que necesito es el día y la hora en la quiera ir y yo lo arreglare.
-Tengo que convencerlo, no se aun como hacerlo, pero lo hare.
El silencio se hizo nuevamente, pero dejo a Dominic más tranquilo al saber lo que había en la cabeza de la rubia, que viajaba a su lado con la mirada distraída. Sabía que ese silencio no duraría por siempre, en algún momento su actitud mostraría lo que su cabeza y su corazón estaban digiriendo en esos momentos, lo único que tenía que hacer era esperar y ver cuál sería su decisión.
Las charlas con Stear, comenzaron de forma suave por parte de Candy. Quería hacer todo lo que estuviera en sus manos para hacer su vida plena nuevamente.
Las visitas a los Cornwell aunque no eran cotidianas si eran regulares, al menos dos o tres veces a la semana, se había negado a ir a Lakewood de esa manera sacaría a Paty de ahí.
Albert le había enviado un ramo de rosas al trabajo, con una tarjeta que la hizo cimbrar.
"Una rosa por cada año de luto que aunque separados, vivimos juntos."
Un día después apareció en el restaurante para comer, se las había arreglado para ser asignado a una de las mesas de Candy.
- Buenas tardes…. Señor Andley –saludo Candy amable, esbozando una sonrisa cuando lo reconoció
-Buenas tardes señora Leblanc ¿Cómo le va?
-Huy eso sonó extraño, pero creo que me va muy bien.
-Me suena más extraño a mi decirlo – respondió sonriendo suavemente – pero tienes razón te va muy bien
-¿Qué haces aquí?
-Vine a comer algo y por un poco de compañía.
-¿no tendrías que estar en casa por esas dos cosas? Seguramente tu esposa te espera con los brazos abiertos.
-Llegare a casa en breve y … seguramente comería solo, como ya es costumbre y la compañía aunque agradable no es la que busco por ahora.
-¿Qué se te antoja de comer?
-Todavía hace calor ahí afuera, así que algo frio me vendría bien. Tal vez un sándwich con una ensalada ..
-Te traeré el mejor de la casa.
-¿Y crees que podrías sentarte a comer conmigo?
-Solamente si deseo que me despidan`.- su respuesta fue acompañada de una sonrisa suave. – ya casi salgo, quizá podría llegar al postre, pero aquí no son muy buenos.
-Entonces te invitare un café fuera de aquí.
-Te invitare un pastelillo, en un lugar que acaban de abrir aquí cerca. Tenia planeado llevar algo a casa, así que podríamos caminar un poco.
-Acepto.
-Entonces regresare en un momento con tu comida.
Albert vio moverse a la rubia por el lugar, regalando sonrisas y sirviendo amablemente. No podía evitar dejar que sus pupilas se movieran como imanes sobre la mujer que su corazón siempre había reclamado.
Sentía que con ella, una parte de el mismo había vuelto. Se sentía cómodo y tranquilo a su lado, aun no se explicaba como había sucedido todo tan rápido en el pasado para perderla sin piedad.
Una vez que Candy cambio su uniforme por su ropa de calle, salió casi corriendo al encuentro de Albert, se sentía mas viva y alegre que nunca.
-Estoy lista, espero no haberte echo esperar mucho.
-No te preocupes, yo te esperaría por siempre.
-Albert, no digas esas cosas - trato de retarlo, mientras lo miraba como una adolescente y recibía la misma dosis - anda vamos.
-Mi auto está del otro lado.
-No necesitamos tu auto, la pastelería está a unas cuadras de aquí, podremos caminar y después me ayudaras a encontrar un carruaje.
-Como tú digas, pero me gustaría llevarte a tu casa.
-Lo sé y te lo agradezco, pero es mejor así.
-Está bien, es inútil discutir contigo, lo se mejor que nadie -dijo ofreciendo su brazo
-Me alegro que lo sepas
Caminaron unos pasos en silencio, disfrutando de la compañía del otro, se miraron un par de veces y se regalaron una sonrisa esplendorosa, uno encontraba en el otro la belleza física que había resplandecido en ellos y sin duda encontraban el sabor a hogar que habían compartido de siempre.
-Gracias por las flores y sobre todo por la tarjeta.
-Es tan solo un símbolo del lazo que nos unirá por siempre.
-Si, algo muy doloroso.
-No te pongas triste, nuestro angelito siempre estará velando por nuestra felicidad, te lo aseguro.
-Sé que así es.
-Te tengo una sorpresa. - Albert quiso cambiar la dirección de la conversación, por lo que cambio su voz, por una más animada.
-¿de qué se trata?
-Es una sorpresa, no puedo decirlo pero quiero que mañana después del trabajo me esperes a que pase por ti, avisale a Dominic que llegaras tarde
-Dime de que se trata, no puedes dejarme así hasta mañana.
-Pues tendrás que hacerlo, por que no te diré nada, pero confía en mi es una grata sorpresa.
-Confiare en ti, pero creo que deberías adelantarme algo.
Su alegre discusión prosiguió hasta la pastelería, donde tras sentarse a tomar un café y comer una delgada rebanada de pastel. Candy dedico varios minutos a escoger los pastelillos que llevaría a casa.
Albert se burlaba de ella por su indecisión, pero termino mirándola con curiosidad al ver el esmero que ponía en escoger los pastelillos que quería, entonces cayo en la cuenta que buscaba los pastelillos del doctor Leblanc, comprendió que en esos momentos en la mente de la rubia, solo habitaba Dominic.
-Listo.
-Creí que no terminarías nunca.
-No te burles, siempre que vengo aquí, busco lo que se que va a alegrar la noche de Serge y Dominic.
-¿Serge? ¿Quién es Serge?
-Un amigo que vive con nosotros,
-Debe ser un amigo muy cercano.
-Lo es, de hecho es amigo mío, Dominic se ha encariñado con el, pero es como un hermano para mi.
-Por su puesto es amigo tuyo y lo tienes viviendo con ustedes, de eso no me cabe duda,
-¿te estas mofando de mí?
-En lo absoluto, de hecho estoy reconociendo y admirando a la Candy que conozco y de la que me enamore.
-Es un buen hombre y le gusta la tarta de frutas, Dominic es un poco más difícil de complacer y no lo culpo, su paladar es más exigente por todas esas delicias que preparan en Paris.
-Pero tiene a su chica que buscara la manera de complacerlo.
-Seguramente tuvo un día difícil en el hospital y quiero que tenga una velada placentera y que disfrute un pastelillo.
Unas cuadras más adelante, Candy subió a un carruaje y se despidió de Albert, no tardó mucho en llegar a casa, la cuadra que camino para llegar a su departamento, pensó en encontrar a Serge y Dominic seguramente leyendo y escuchando música suave. Experimento un sentimiento de súbita alegría, de calor de hogar. Todo pensamiento había desaparecido de su cabeza, tan solo pensaba en su alegría al ver la sonrisa de Serge y Dominic, cuando vieran los pastelillos.
Apenas abrió la puerta, vio la mirada de los dos hombres que la recibían con una sonrisa. Como había imaginado, en cuanto les mostro el paquete de la pastelería los dos se alegraron por saber que disfrutarían una dulce velada.
Una vez que saludo a Dominic con un suave beso, fue hasta la recamara a cambiar su ropa. Serge fue a la cocina para comenzar a poner la mesa y Dominic siguió a Candy hasta la habitación.
-Hoy tuviste un largo día, ¿había muchos comenzales? – pregunto Dominic mientras le acercaba su ropa y zapatos de descanso.
-Estuvo normal, me retrase un poco porque tuve una visita inesperada.
-Creo que no es difícil adivinar.
-Albert fue al restaurante a comer. – el rostro de sorpresa de Dominic le mostro a la rubia, que no era en quien estaba pensando..
-Sí que es sorpresa, suponía que las chicas habían ido a buscarte.
-No todavía, porque estoy esperando ver a Paty aparecer cualquier día.
-Aparecerá veras que si – la animo el doctor, tratando de contener el vacío en su estómago – y a que se debía la visita de William, no creo que su intención haya sido ir a comer un emparedado
-Fue a decirme que tenía una sorpresa para mí y que la llevaría mañana a mi salida del trabajo.
-Ya veo, se le está haciendo costumbre recibirte después de tu día de trabajo.
-No es así, solo fue hoy para avisarme que mañana ira con una sorpresa y que tal vez llegaría retrasada a casa.
-Que considerado.
-Vamos Dominic tu eres un hombre de mundo, libre de sentimientos de inseguridad.
-Me sentiría menos inseguro, si la mujer que amo hubiera aceptado casarse conmigo hace años.
-Nunca hemos necesitado de un papel que nos una, para cuidarnos el uno al otro y ahora que incluso vivimos juntos, nuestra relación ha crecido y creo que estamos más sólidos como pareja que nunca.
-¿Entonces te casarías conmigo ahora?
-¿Cuál es la necesidad de casarnos? Cuando confiamos el uno en el otro y nos apoyamos y somos mejores personas cuando estamos juntos. Paso el día entero pensando en este momento del día, pasarlo contigo y hablar del día, comer un pastelillo y dormir en tus brazos…
-Si ya tenemos todo eso que es lo más difícil de conseguir, ¿por qué no casarnos? – pregunto Dominic, mirando los ojos verdes que lo miraban con ternura. - he pensado que quizá te niegas porque nunca has pensado en el para siempre conmigo.
-Estas sacando las cosas de proporción y es solo por la visita de William Andley - dijo Candy mirando los ojos de Dominic - aun si veo a ese hombre por todos los días mi vida, jamás significara una amenaza para ti.
-¿tú me amas Candy?
-Te acabo de explicar lo que veo en nuestra relación, te he confesado que paso todo el día ilusionada esperando verte y pasar este tiempo contigo, ¿acaso todo eso no tiene un significado? - respondió Candy, ante la expresión de insatisfacción de Dominic - … te amo Dominic Leblanc, ahora vamos por esos pastelillos o Stear terminara comiéndolos el solo.
-¿Qué será esa sorpresa que te tiene William?
-No lo sé, pero si quieres puedes venir a atestiguarlo por ti mismo. – respondió tomándolo de la mano, para dirigirse a la cocina, donde Stear los esperaba con la mesa puesta.
Candy no pensó mucho en la sorpresa de Albert, de igual forma lo sabría al día siguiente, por lo que se dedicó a disfrutar de los pastelillos y la compañía de los dos hombres que la hacían reír y la escuchaban divertidos, una vez que la merienda termino se refresco y se metió en la cama a descansar, sin darse cuenta sus sentidos estaban concentrados en lo que estaba viviendo en esos momentos y los brazos que la estrechaban.
Pensó en todas las mujeres que había visto en los últimos años tratando de ganarse la simpatía y en muchas ocasiones los favores del médico. El había ignorado a una por una con delicadeza, situándola a ella en un lugar que al parecer no estaba dispuesto a darle a nadie más
Se sintió afortunada y orgullosa de ser la dueña del corazón de ese hombre tan valioso. No podía negar que lo admiraba profundamente como profesional y como persona, sus atributos físicos eran sin duda muy atractivos, casi magnéticos, su personalidad seria y recta le añadía encanto.
Con el había experimentado un amor muy diferente al de Albert o Terry, no existía esa urgencia por explotar su amor, por el contrario era un amor sereno, sin quiebres, ni recovecos, lleno de libertad y confianza.
Quizá añorara los detalles y mimos, pero a cambio tenía la fortaleza de un brazo que la había levantado de lo más profundo de los avernos y la impulsaba a ser ella misma, a triunfar en su carrera y a refugiarse en la pasión de su alcoba por las noches.
Nunca se había detenido a comparar a nadie, pero esa noche en brazos de Dominc y después de pasear con Albert no pudo evitar compararlos.
Eran hombres triunfadores, buen mozos y tan diferentes uno del otro, tan claro como que uno era su pasado y el otro su presente.
