Fantasmas del pasado

Ambos jóvenes seguían sentados a varios metros del mar. Gaara abrazaba por detrás a Sai y enrollaba sus piernas con las de él. Su mentón seguía apoyado en el hombro del azabache.

"Creo que ya dejé ser el demonio que solo se ama sí mismo"

Sai se consideraba en esos momentos, la persona más afortunada del mundo. Esas palabras que salieron de la boca del pelirrojo se las había logrado grabar en su mente. Sabía que en algún momento de su vida, algo tendría que cambiar para mejor y estar con Gaara a ese nivel de cercanía, era uno de los hechos que más felicidad le daba.

—Eso fue muy adorable. – respondió Sai en voz baja.

El menor apoyó sus labios en el hombro del artista, y comenzó a morderlo suavemente por esa zona. Luego le fue echando bloqueador por los brazos y manos. A esa hora el sol se estaba escondiendo y no era necesario echarse protector solar, pero aun así, Gaara seguía masajeando el cuerpo del mayor cuidadosamente.

—Oye, deberíamos buscar conchas.- dijo el joven de ojos verdes deteniéndose bruscamente.

—No pienses en eso. – le respondió Sai dándose media vuelta y tomando las mejillas del menor con ambas manos. —Tenemos que aprovechar este rato a solas. El director Danzou me dijo que iba a reorganizar mi viaje al exterior del país y si todo marcha como lo planeado, estaré viajando el próximo fin de semana.

El pelirrojo bajó la mirada un poco deprimido y luego volvió su mirada a los ojos de Sai.

— ¿Por cuánto tiempo te irás?

—Un fin de semana.

—No es tanto.

—Para mí sí lo es. – le dijo Sai en un tono de preocupación.

—Creo que te estás volviendo muy dependiente de mí. – le dijo Gaara mirándolo seriamente.

El azabache se sorprendió de lo que decía, en cierta parte, tal vez tenía razón, ya que no podía dejar de pensar en él cada día. Se sentía tan seguro y feliz estando con él, que no pensaba en otra cosa. Lo más raro de todo es que él no se había crecido en un entorno cariñoso o acogedor, por lo que no era algo a lo que estuviese acostumbrado. Tal vez pensaba que en el fondo, como Gaara era la primera persona que amaba en su vida, debía ser así. O tal vez solo tenía miedo de perderlo y quería disfrutar cada segundo con él.

Se notaba que Sai había empezado a deprimirse. Todo le daba vueltas en su cabeza y no lo dejaba tranquilo. El pelirrojo notó el repentino cambio de ánimo desde lo que había dicho hasta el momento, por lo que se puso a pensar en algo para alegrarlo.

—Tienes razón, soy muy dependiente de mis sentimientos. Supongo que ahora me estoy dado cuenta, ahora que tengo a una persona especial. – dijo Sai tristemente sin saber la solución a su problema.

—Eso no es del todo malo. – Gaara levantó la voz para llamar toda la atención de su amigo. —Debes tener en cuenta que no todo es para siempre. En cualquier momento puede haber un cambio dramático en tu vida y tendrás que afrontarlo. Mientras tanto, vive el presente de la mejor forma. Solo mírame, me tienes aquí, al frente tuyo, no has dejado de sujetarme las mejillas. No me voy a escapar, porque yo quiero estar contigo. – agregó el menor con total sinceridad.

El joven de ojos negros levantó la mirada y le sonrió animadamente. Lo acercó a él y le besó su frente. Luego comenzó a repartirle cortos besos en la cicatriz del menor y lo abrazó. Gaara se dejó llevar y parecía descansar en el cuerpo del mayor. Le agradaba recibir ese tipo de afectos y se volvía costumbre sonreír aunque fuese discretamente cuando se trataba de Sai.

—Podríamos quedarnos un rato más aquí. – dijo el artista al oído del menor. —Cuando volvamos a nuestra habitación, no podremos estar tan juntos, ya que Naruto también estará ahí.

—Por mí no hay problema. – le contestó Gaara sonrojándose levemente y echándose hacia atrás para recostarse en la toalla llevándose consigo a su amigo.

— ¿Quieres que te eche de nuevo protector solar? – preguntó Sai sonriendo más animado.

—Esta vez no lo ocupes. – le respondió Gaara moviendo su cabeza hacia un lado.

—Oh, entiendo, quieres hacer algo parecido a lo que hicimos esta mañana. – dijo Sai con sus ojos brillantes.

Gaara no respondió, tan solo se quedó mirando hacia un lado e hizo un puchero. Por supuesto que eso quería y hasta hace unas horas atrás, eso quería que sucediera. No le importaba hacer ese tipo de cosas en ese lugar, después de todo, en esa época del año todavía no llegaba mucha gente a la playa, estaba atardeciendo, y se encontraban bien resguardados entre tantas rocas y vegetación.

—Cuando me provocas de esta forma, no puedo negarme. – dijo Sai sentándose, sin apoyar todo su peso, en el abdomen del menor y curvando su espalda para comenzar a besar el cuello del pelirrojo. El joven de ojos verdes se sonrojó al escuchar esas palabras salir de la boca de su amigo, su voz había sonado tan varonil que lo único que quería era volver a escucharlo. Casi como si el azabache leyera sus pensamientos se le acercó a su oído para hablarle de nuevo en ese tono. —Esto comienza a excitarme demasiado, Gaara. – añadió utilizando una voz más grave y disfrutando el sabor de la piel del menor.

El pelirrojo entre abrió su boca y observó el cielo anaranjado. Sai comenzaba a tocarlo con sus labios toda la zona del cuello. Lo mordía, lo besaba y a veces pasaba sutilmente su lengua. Solo cuando hacía esto último, posaba sus boca y lo succionaba con fuerza. Gaara cerraba sus ojos dejando ver sus oscuras ojeras que ennegrecían ambos párpados. Tenía ligeros espasmos acompañados de gemidos casi inaudibles. Los dedos del artista pasaban sobre su pecho haciendo presión en uno de sus pezones. Luego lo apretaba entre sus dedos y lo movía incesantemente con su dedo índice. El menor sentía un cosquilleo, cada caricia era algo nuevo para él y le agradaba esa sensación. Los besos de Sai poco a poco iban bajando por su cuerpo, y en cuanto hacía esto, sus manos iban también bajando por la zona del abdomen. Finalmente y para mayor placer del menor, se posaron sobre sus genitales. Lo masajeó sobre el bañador y luego hizo una breve pausa para acomodarse, le dio un beso cerca del ombligo y luego posó sus manos sobre el bañador holgado del menor. Lo fue bajando lentamente haciendo que el pelirrojo se asustara y juntara sus piernas. Sus mejillas se enrojecieron rápidamente y se sentó apoyando sus manos sobre el suelo. Le incomodaba que Sai fuera tan despreocupado y lo desnudara a orillas de mar. Pero más que quejarse, levantó un poco sus caderas para que el bañador se le deslizara por su cuerpo lentamente y el azabache se lo pudiera quitar sin problemas. Lo lanzó lejos y luego lo miró con una sonrisa lujuriosa en sus labios. El pelirrojo se sorprendió al ver esa expresión tan lasciva en su amigo. Él lo conocía mejor que nadie, pero no conocía por nada del mundo esa faceta de él.

El joven artista se mordía los labios al ver a ese hermoso chico al frente de él, completamente desnudo y excitado. Con sus manos comenzó a masajear los oblicuos del menor y poco a poco se fue acercando a la erección del más joven. Tomó el miembro viril y lo masturbó en toda su longitud, enfocándose en la parte superior, dónde sabía que lo disfrutaría más.

Gaara tenía sus brazos un tanto extendido y se aferraba a la toalla que tenía debajo para evitar demostrar por completo sus emociones. Su respiración se encontraba agitada y su pecho se movía de arriba abajo por la estimulación que recibía en su entrepierna. Sus piernas estaban ligeramente separadas y Sai aprovechaba de masajearle la zona interna de sus muslos con una de sus manos. El menor no dejaba de suspirar al sentir las yemas de los dedos sobre su glande. Quería estar más tiempo sintiendo ese placer, pero ya no podía seguir aguantando por mucho tiempo. Sus pies los tenía un poco tensos y sus ojos completamente cerrados. Abriendo su boca cada vez más, eyaculó sobre la mano de Sai. Gaara se relajó sobre la toalla e intentaba controlar su respiración que seguía un poco agitada. Cuando entre abrió sus ojos, vio el cielo oscuro, pero igual podía ver con claridad lo que había a su alrededor. El pelirrojo se sentó y notó que en el horizonte, todavía había rastro de tonalidades rojizas. Era cosa de minutos para que todo quedara completamente oscuro.

—Gaara, debemos regresar pronto, estamos muy lejos de la posada y nos costará llegar cuando sea de noche. – dijo Sai sonriéndole. Su mano seguía manchada de semen y como notó que el menor seguía perdido en el horizonte, aprovechó la oportunidad de lamer su mano para limpiarse.

El joven de ojos verdes alcanzó a ver cuando Sai ya terminaba de limpiarse.

— ¡No hagas eso! – regañó el menor dándole una suave patada en la mejilla para separar su mano de la boca. —No te lo vayas a tragar.

—Demasiado tarde, Gaara. – dijo tomándolo del pie que tenía rozando su cara. —Ya no he dejado rastro. – añadió haciendo un pequeño masaje a la planta del pie y contemplando al joven desnudo. Como su pierna la había estirado para darle esa patada, su cuerpo tenía una pose de elongación bastante atractiva para sus ojos.

—Suéltame – exigió el pelirrojo avergonzado al notar la descarada mirada de su amigo.

Buscó su bañador con la mirada y al ver que tenía una playera como prenda más cercana, se vistió solo con eso y se sentó estirando lo más que podía la tela para cubrirse parte de los muslos.

—Tú, ¿ya terminaste? – preguntó Gaara tímidamente.

—No.- respondió Sai bajando la mirada y sonrojándose. Se sentó en la arena y se dio media vuelta para comenzar a tocarse. Creía que si le pedía ayuda a Gaara, este volvería a negarse.

El pelirrojo luego de ponerse su bañador y arroparse con un polerón fue gateando hasta quedarse frente a frente de Sai. Lo miró preocupado y luego observó más abajo para ver al azabache masturbarse con ambas manos. Aun llevaba puesto el bañador negro, solo que se lo había bajado un poco.

Gaara quedó un rato paralizado. Estaba dispuesto a ayudarlo, pero le sorprendió el tamaño del miembro viril de su amigo. Jamás había sospechado que era bien dotado. Le incomodó bastante la diferencia de tamaños y eso que él no solía acomplejarse en esos temas, ya que se consideraba normal.

Dejando de lado esos pensamientos, acercó sus manos a la entrepierna del mayor y lo masajeó al mismo ritmo que él llevaba. El azabache le agradaba que Gaara lo estuviese ayudando. Al principio le inquietaba que solo lo mirara como un bicho raro cuando se estaba tocando solo.

— ¿Es normal lo que estamos haciendo? – preguntó Gaara un poco nervioso mientras tocaba con sus manos la enorme erección. El solo hecho de estar tocando a Sai ya lo ponía nervioso, pero el silencio que había y la mirada fija que tenía su amigo en él comenzaba a afectarle.

—Somos humanos. Y también estamos en la época de la adolescencia. – le respondió Sai sonriéndole. —Es normal excitarse y responder a estos estímulos. – agregó cerrando los ojos y comenzando a suspirar.

Gaara estaba sonrojado al escuchar esas reacciones y ver la expresión del artista. No había tenido la oportunidad de verlo durante la mañana, ya que Sai le había tapado los ojos y lo tenía contra la pared. Pero ahora era distinto. Lo tenía al frente y él era el responsable de darle placer al mayor. Con torpeza movía sus manos de arriba hacia abajo. Sai separó más sus piernas y apoyó sus manos hacia los lados. Dejó que solo Gaara se encargara de masturbarlo.

Unos minutos después, el azabache comenzó a hacer señales de que estaba por acabar, el pelirrojo se puso aun más nervioso y comenzó a tocarlo más rápido. El hinchado miembro que tenía en sus manos estaba caliente y duro. Con sus dedos presionó el glande y comenzó a frotarlo cuidadosamente. Se le veía tan fascinado que parecía como si estuviese jugando con un juguete.

—Gaara, ya no puedo más… - dijo Sai cerrando sus ojos con fuerza.

El azabache mostró una expresión tan placentera que Gaara lo quedó mirando embelesado. Ni si quiera bajó la mirada al sentir un líquido caliente recorrer sus manos. Se detuvo a mirar fijamente el rostro de Sai sin poder creer que él pudiese tener ese tipo de expresiones. Era la primera vez en su vida que veía una persona tan atractiva. Era extraño ya que nunca le había dado tanta importancia la belleza física, pero en esos momentos comenzaba apreciar al hombre que tenía al frente. Todo en él le parecía bello; Sus labios gruesos, su perfecta piel pálida, sus profundos ojos negros, y su cabello tan oscuros y lacio.

El menor al ver que también era observado por el artista, miró hacia un lado y luego hacia abajo, notando recién que tenía sus dos manos manchadas. Sai le sonrió tiernamente mientras le acariciaba la cabeza. Gaara comenzó a mirar hacia todos lados para buscar el bolso de su amigo.

— ¿Tienes pañuelos desechables? – preguntó el pelirrojo inquieto.

—Sí. – le respondió el mayor abrazándolo sorpresivamente.

—Oye, quiero limpiarme. – se quejó Gaara que no había correspondido el abrazo, pero que igualmente se dejaba abrazar.

Sai lo soltó y fue a buscarle algo para limpiarse. Cuando ya estaban listos, guardaron la toalla que tenía extendida en la arena y caminaron en dirección a la posada. Estaba todo el camino oscuro y solo veían muchas luces lejanas que provenían del alumbrado público. Gaara comenzó a preocuparse porque no conocía el lugar y no sabía a dónde ir. Sai sentía lo mismo. Sin embargo ninguno de los dos lo demostraban y solo caminaban lentamente por la playa, sintiendo el calor de la arena.

De pronto, divisaron una débil luz de un farol de mano. Los dos estaban un poco asustados cuando vieron acercarse ese ser con la luz a la altura de las rodillas. El susto lo llevó a estar ansiosos por pelear, sabía que si era alguna persona con malas intenciones, sería fácil darle una paliza entre los dos. El suspenso iba subiendo por cada paso que daba el desconocido hasta que lograron notar que se trataba de Kushina.

— ¡Chicos! – exclamó la pelirroja sorprendida y acercando la luz a su rostro. —Por Dios, pensé que se los había llevado la marea. – añadió angustiada.

—"Qué trágica…" – pensó el pelirrojo mirando hacia un lado.

—Tía Kushina, por un momento pensé que era un delincuente. – dijo Sai sonriendo y rascándose la nuca.

Kushina miró el rostro del joven de ojos verdes que parecía entre molesto e indiferente, y luego escuchó esas palabras del azabache. Suspiró y dejó el antiguo farol negro en la arena. Cuando lo fue bajando se podía notar que andaba con un chaleco delgado de mangas largas sin abotonar y debajo llevaba un vestido parecido al que tenía durante la tarde, pero de color beige.

Una vez que tenía sus dos manos desocupadas, le dio un coscorrón a cada uno y luego volvió a tomar su farol.

—No sé que tanto habrán hecho. – dijo Kushina sonrojándose. —Pero recuerden que deben comportarse cuando estén con Naruto. Él no sabe nada.

Gaara no dijo nada a las palabras de la mujer, se quedó callado todo el camino de regreso esperando que Sai diera alguna explicación.

—Tía. – dijo el azabache evitando que la mujer se hiciera alguna idea en la cabeza. —Estuvimos buscando conchas de caracoles, pero no tuvimos mucha suerte. Luego estuvimos conversando y el tiempo pasó volando. Llevamos un buen rato perdidos.

Más que mentir, Sai estaba omitiendo una gran cantidad de detalles en su relato, pero al menos Gaara ya se encontraba más tranquilo. No quería quedar mal frente a esa mujer después de todo el daño que le había causado hace bastante tiempo.

Finalmente había regresado a la posada y cada quien se fue a su habitación. Esa noche todos durmieron tranquilamente para recuperar energías.

El día domingo se habían levantado temprano, desayunaron en la posada y luego fueron a jugar en la playa. Gaara había hecho un castillo enorme y Sai se preocupaba de decorarlo con detalles minuciosos. Naruto y Minato jugaban a orillas del mar en tanto Kushina tomaba sol llevando un pequeño bikini.

En la tarde jugaron un poco de fútbol y todos fueron a nadar al mar. La pelirroja a penas se metió al agua, ella prefería quedarse sentada tostando su piel.

El lunes fue algo similar, Sai y Gaara disfrutaban pasar el rato con los demás. Igual se daban un tiempo a solas para hacerse algún cariño, pero nunca llegaban muy lejos.

Lo más notable de todo, fue que el azabache ya no se encontraba tan pálido como había llegado. Su piel había tomado un poco más de color al estar tantas horas bajo el sol.

Esa misma tarde, todo el grupo estaba guardando su equipaje en la camioneta. Ese fin de semana había sido muy provechoso y relajante, sobre todo para Sai y Gaara, ya que se habían vuelto más cercanos. Kushina les sonreía de una forma especial cada vez que los veía juntos.

A cientos de kilómetros de la playa, en el Instituto ANBU, el director se encontraba sentado en una enorme silla de cuero junto a su escritorio de madera. Las paredes y el piso eran también de madera, había una gran alfombra persa al medio de la habitación y una repisa repleta de libros grandes y viejos. Danzou parecía impaciente, leía con apuro el periódico cuando de pronto, llamaron a la puerta. El anciano lo hizo pasar y se sorprendió al ver a un joven adulto de cabello gris y tez blanca.

—Shin. – dijo el hombre sonriendo amablemente. —Cuánto tiempo sin verte. Me alegra que hayas aceptado mi invitación.

—Señor Danzou. – dijo el menor intentado ser lo más respetuoso posible. —Este lugar me trae buenos recuerdos, no pensé que se enteraría tan pronto de mi llegada a Konoha.

—Eres un ex alumno después de todo. ¿Cómo no podría invitarte? Por cierto, cómo te ha ido en el extranjero.

—Muy bien, no quiero alardear, pero me recibí con honores y ahora estoy estudiando una carrera corta para dedicarme a la agronomía. – respondió el joven sonriendo tímidamente.

Sus ojos negros se parecían mucho a los del artista, y cuando sonreía se volvían muy similares.

—Dime, ¿tienes interés en hablar con Sai? – preguntó el anciano cambiando por completo su tono de voz y frunciendo el ceño.

—Sai. – dijo el joven bajando la mirada. —No he hablado con él después de muchos años. Me extraña que no haya querido contactarse conmigo después de esa pequeña discusión que tuvimos antes de irme a estudiar al extranjero. Tal vez todavía me odia.

—Él ya ni se acuerda de ti. – le dijo fríamente. —Ahora tiene cosas más importantes de qué preocuparse. Su carrera como artista ha sido realmente exitosa, sin duda es un talento innato gracias a su crianza.

—Señor Danzou, no entiendo. – comentó un poco molesto. — ¿Para qué me mandó a llamar? Entiendo que fui un ex alumno y usted mismo me consiguió contactos para irme al extranjero contra mi voluntad cuando era niño.

—Tengo ojos y oídos en todo este pueblo. No entra ni sale nadie sin que yo me entere. Cuando supe que habías llegado anoche al pueblo, pensé que querrías venir a mi Instituto para hablar con Sai. Así que te mandé a llamar para decirte que te mantengas alejado de este lugar si no quieres tener problemas.

— ¿Me está amenazando?

—Solo te estoy advirtiendo. Mantente lejos del pueblo durante los fines de semana y por ningún motivo hables con alguien del pueblo acerca de tu pasado en el Instituto. No quiero que Sai se entere de tu presencia, ¿Me entendiste?

—Veo que aun no ha cambiado. – le respondió el joven molesto. —No me preocupan sus advertencias.

—Shin, estoy hablando en serio. Si me entero que hablaste con Sai o que él se entero de tu presencia, te juro que no responderé ante mis actos. Recuerda bien tu lugar, y recuerda quién soy yo. No tienes oportunidad de desafiarme en este pueblo.

El joven apretó uno de sus puños y apretó los dientes. Le hubiese golpeado ahí mismo, pero sabía que eso no era lo correcto para solucionar los problemas. Tragó saliva y se marchó de la habitación sin decir alguna palabra.

Al rato, llegó un hombre con traje negro y lentes oscuros. Era uno de los tantos trabajadores de Danzou. Al entrar, hizo una corta reverencia y cerró la puerta cuidadosamente.

—Señor, hemos conseguido información muy valiosa sobre Sabaku no Gaara. – le dijo acercándose lentamente con un gran sobre en sus manos.

—Espero que sea algo interesante. Dejé ir a esos dos con Minato sin vigilancia, así que espero tener algo verdaderamente valioso para hacer mi siguiente jugada. – dijo el anciano un poco deprimido.

La llegada de Shin al pueblo lo mantenía preocupado, sabía que ese joven sería una piedra en el camino. Después de todo, ponía en peligro su credibilidad con Sai ya que él mismo le había mentido al artista, hace varios años atrás, que Shin había muerto en un accidente de auto.

—Señor, es más interesante de lo que se imagina. – dijo el hombre esperando de pie.

El anciano comenzó a leer rápidamente el informe que tenía en sus manos provocando una intensa mirada al leer cada palabra de la hoja. Sumado a eso, una diabólica sonrisa se le estaba formando en los labios causando que todas sus arrugas se le acentuaran en el rostro.

—Sabaku no Gaara. – pronunció en voz alta. —Ese muchacho es verdaderamente peligroso. Me pregunto si querrá que Sai se entere de su repugnante pasado.

A esa misma hora, tipo nueve de la noche, iba el artista junto al pelirrojo y la familia Namikaze en la carretera en dirección a Konoha. Kushina iba en el volante y Minato dormía con un antifaz en los ojos al igual que Naruto. En cambio, Sai y Gaara estaban despiertos, sentados uno al lado del otro, tapados por una ligera manta en las rodillas donde escondían sus manos que tenían entrelazadas. Ninguno de los dos se podía imaginar que en esos momentos, Danzou preparaba un verdadero plan siniestro para separarlos.

Continuará…


¿Cuál será el plan de Danzou? Compartan suposiciones.

Liz, gracias por comentar. Tal vez Gaara malinterpretó toda la situación al igual que todos (?), pero al menos se salió con la suya... Lo único triste es que apareció Danzou dispuesto a derrumbar todo ese avance :'(

Saya! Gracias por tu comentario. Yo ahora estoy feliz de tener tiempo para actualizar el fanfic y tengo todos los ánimos del mundo para terminar esta historia. Tenías razón con lo de Danzou... Ese viejo estaba esperando tener una buena carta para dar su siguiente paso :C