Nyaaaa ya sé qué hacer! ¿No es genial? Saben qué no es genial? OCHO HORAS SIN INTERNET. Y la grabacion del servicio diciendo "ya identificamos que no se pueden visualizar las páginas de internet. Estamos trabajando para resolverlo a la brevedad". OCHO FRIGGIN HORAS!!!

Aunque terminé el Prólogo de Oshiete Kudasai, lo cual es genial, pensé que jamás lo terminaría. También terminé otro capítulo de The Espada Guide to Pregnancy, nyaaaaa. Pero no publicaré nada hasta que termine 30 Days (falta tan poquito T-T)

Tengo que planear bien este capítulo, luego me pondré a escribir. Nyaaaa

Day 24 Celebrated.

Desperté a sólo seis… ¿seis? ¡Mierda! Eran tan pocos días… Sí faltaban sólo seis días para la ejecución. Seis como el número tatuado en tinta negra en mi espalda, ese que me hizo sentir tan orgulloso desde que lo obtuve la primera vez.

Esa mañana, lo primero que encontré al abrir los ojos, fue el apacible rostro de Ulquiorra durmiendo a mi lado. Sonreí para mí mismo, preguntándome si había sido la presencia de Ulquiorra a mi lado lo que ahuyentó mis pesadillas por esa noche.

Contemplé a Ulquiorra con fascinación por un rato. Me gustaba verlo dormir porque su expresión tensa y monótona se relajaba, y a veces hasta dejaba escapar un suspiro. Aunque me era imposible generalizar, pues podía contar las veces que había visto dormir a Ulquiorra con los dedos de mis manos.

Noté que sus pequeñas manos envolvían una de las mías, y amplié mi sonrisa. A pesar de su reputación y su apariencia, tener a Ulquiorra a mi lado me transmitía una sensación de calidez difícil de describir.

Sabía que el bastardo se quitaría si se daba cuenta de que lo observaba, así que fingí estar dormido en cuanto noté que él empezaba a despertarse. Aunque no podía ver lo que hacía, sentí que su el ritmo de su respiración cambiaba de sereno a ligeramente agitado, y luego a ese ritmo muerto que tanto me desagradaba. Luego lo sentí moverse y sus manos soltaron las mías. Escuché sus pasos alejarse y tuve que contener un gruñido de decepción.

-Pierdes tu tiempo, Sexta.

No necesitó explicarme más, y seguramente no lo hizo, para proteger su orgullo. Normalmente, me diría breve y cortantemente cómo una vez más había fracasado en tratar de superarlo. Y usaría palabras complicadas que yo no entendería. Pero probablemente su breve y complicada explicación tendría que ver con lo bien que él me conocía, tanto como para notar, sólo por el ritmo de mi respiración, que estaba fingiendo dormir. Y Ulquiorra aún trataba de negar cualquier cosa que lo relacionara conmigo.

Abrí los ojos y me volteé para quedar bocarriba. Vi a Ulquiorra volver a su posición habitual junto a la ventana y dirigir su mirada hacia el exterior. Arrugué el ceño. No habían pasado más de cinco días desde que hice que Kuro-baka trajera el chocolate para Ulquiorra. Y como Ulqui es Ulqui, yo era incapaz de negarle cualquier cosa, y se los di todos, bajo la condición de que no volviera a mostrar esa expresión vacía, que me partía el alma con sólo verla. Y aunque después de comerse los chocolates, había estado unas tres horas en estado de felicidad suprema (e incluso se había dignado a mirarme un par de veces), después se olvidó del trato y volvió a mirar por la ventana como si nada hubiera pasado.

Ulquiorra nunca ha sido una persona emotiva. Conseguir que arqueara una ceja con curiosidad era ya todo un mérito. ¿Arrugar la nariz? Probablemente lo vi hacerlo unas tres o cuatro veces en la vida, cinco si mucho. Llorar, sólo una vez. Enfurecer y gritar, tal vez dos veces. Y sólo lo vi sonreír una vez, cuando me hizo esa estúpida broma con el puto estambre. Por eso, con el tiempo me vi obligado a aprender a reconocer sus gestos, mínimos y casi invisibles. Su respiración se aceleraba casi imperceptiblemente cuando estaba molesto, se cortaba cuando estaba excitado, se hacía más intensa cuando estaba triste. Con el tiempo aprendí a leer sus emociones por sus ojos, y no me importa si eso suena ridículo o estúpido, así siempre fueron las cosas con Ulquiorra. Tras un par de años de conocerlo, había aprendido a valorar la forma en que sus ojos ardían cuando se enfadaba, o la manera en la que brillaban cuando estaba feliz.

Recordé que hacía unos diez años, estando los dos juntos en una misión en el mundo real, habíamos pasado por un parque donde había muchos niños humanos con sombreros ridículos y corriendo por todas partes. Ulquiorra los miró con cierta curiosidad, y luego volteó a mirarme con esa expresión de "odio admitirlo pero no tengo ni puta idea de qué coño está pasando" (aunque Ulquiorra nunca usaría 'palabras vulgares' como esas).

-Sexta, ¿qué están haciendo esos humanos?

Era normal que Ulquiorra preguntara cosas sobre los humanos, tenía una curiosidad innata, y le jodía de sobremanera que existiera algo que no pudiera comprender. Arrugué el ceño y miré a los enanos más detenidamente. Había una mesa con regalos, y la zona estaba decorada con globos de colores y serpentinas. Una mujer llamó a los niños a la mesa y los hizo sentarse alrededor de un pastel con velas, también de colores. Se veía realmente estúpido, si me lo preguntan, y estuve a punto de decirle a Ulqui que era sólo una idiotez de humanos, pero sabía por experiencia que esa respuesta sólo lo enfadaría.

-Tsk. Es sólo una estúpida fiesta.

Parpadeó perplejo un par de veces. Esa era, tal vez, la muestra de emoción que se permitía con mayor cotidianidad. Supe lo que quería preguntar. El cabrón ni siquiera tenía idea de lo que era una puta fiesta. La verdad, a veces era un poco molesto que no recordara nada de su vida humana.

-Quiero decir… es una tontería que los humanos hacen en fechas importantes. Como cumpleaños o aniversarios.

Volvió a parpadear con perplejidad. Este juego de no entender nada estaba empezando a fastidiarme. Me sentía como aquel día en que intenté explicarle para qué servía la televisión. Cada explicación derivaba en más y más dudas, hasta que me harté y lo mandé al carajo. Luego me sentí culpable y me pasé una semana leyendo manuales y diccionarios (sí, señores, leyendo) para tratar de darle una explicación satisfactoria.

-El cumpleaños es cuando celebran que sobrevivieron un año más. Lo hacen cada año en el día de su nacimiento y ponen esos globos estúpidos y reciben regalos y mierda de ese tipo. Y el aniversario es como la misma mierda, pero es para recordar otras cosas como bodas y esas tonterías.

Él guardó silencio un momento, luego hundió las manos en sus bolsillos y caminó hacia la mesa donde los niños miraban con ansias el pastel. Uno de los mocosos dio un respingo, pero ninguno pareció notar a Ulquiorra. Cuando quedó aparentemente satisfecho, volvió a mi lado y me miró. Y supe por esa mirada que lo que saliera de su boca me lo tomaría como una orden que no me atrevería a obedecer. Porque el cabrón manipulador traía esa cara irresistible que gritaba "Pero yo quiero…".

-Los motivos de esta "celebración" me parecen absurdos y sin fundamento…-hizo una pequeña pausa, y su mirada de perrito perdido se hizo aún más lastimera –pero esos humanos tienen chocolate.- y señaló a la mesa con su dedo índice. Eché un vistazo y noté que la mayoría de los niños estaban comiendo barras de chocolate y tenían sus estúpidas caras infantiles manchadas. Suspiré resignado.

Tomé su muñeca y nos alejamos del parque, hacia un distrito comercial. Llegamos a una gran tienda departamental y dejé a Ulquiorra afuera. Noté con cierta satisfacción que tenía una expresión de desconcierto, y que a la vez trataba de asomarse al interior de la tienda, como esperando ver chocolates adentro. Ulquiorra siempre sería Ulquiorra, un frío bastardo con cara de "tengo tantas emociones como una pared", pero no podía hacer nada contra el chocolate.

Salí de la tienda unos minutos más tarde cargando con una bolsa grande. Ulquiorra tenía una expresión de reproche y aburrimiento en el rostro. Su mano derecha estaba hundida en su bolsillo y en la izquierda sostenía un pequeño libro de bolsillo titulado "Comportamiento Humano". Ulquiorra solía llevarlo a todas partes, por si era necesario mezclarnos con los humanos. Aún así, por su propia naturaleza, y por su mala costumbre de tomarse las cosas demasiado literalmente, siempre terminábamos sobresaliendo o metiéndonos en problemas (si es que no terminaba peleándome con algún humano pendejo que se burlara de mi cabello).

Traté de aplacarlo con una de mis famosas sonrisas malvadas, pero sólo logré que me mirara con reproche. Guardó el libro en el bolsillo de su pantalón y se quedó mirándome en silencio por unos segundos, con su expresión en blanco y ambas manos hundidas en la tela de su hakama.

-Aizen-sama nos encomendó una misión, Sexta. No desperdicies el tiempo con cosas de humanos.

Sí, bueno, él era así. En un momento me rogaba por chocolates (no, tachen eso, Ulquiorra no ruega. Sólo me convence de hacer lo que él quiera que haga porque es un bastardo manipulador y yo soy un pendejo manipulable), y al siguiente instante me decía, indirectamente claro, que había conocido piedras con un coeficiente intelectual mayor al mío.

Pero esa vez sólo lo ignoré (inserte risa maniática) y lo tomé por la muñeca, fingiendo que no escuchaba sus protestas y amenazas mientras lo jalaba por las calles medio vacías de la pequeña ciudad donde estábamos. Seguimos caminando hasta una pequeña zona verde, un poco extraña pues parecía haberse camuflageado con el ambiente de la ciudad. Había una ladera de poca altura, y al pie de ella un… algo. Muy pequeño para ser un río, muy grande para ser un arroyo. Vamos, tenía agua y se movía, no me pidan más.

Estaba a punto de jalar a Ulqui para bajar la colina cuando escuché gritos agudos a mi espalda. No entendí muy bien qué decía, pero capté a medias la palabra 'azul', y pensando que alguien se burlaba de mí (sin pensar que no traíamos gigais), me di la vuelta con los puños apretados y mostrando los colmillos mientras soltaba la primera palabrota que se me cruzó por la cabeza.

Me detuve antes de gritar nada cuando me topé con un niño de cabello naranja. Se veía realmente estúpido y… niño. Pequeño y con enormes ojos café. Tenía una caja de cartón en la mano. Curiosamente, estaba seguro de que había robado una caja idéntica de la tienda departamental (porque Aizen rara vez nos daba dinero, lo que necesitábamos lo conseguíamos robando, aprovechando que los humanos no podían vernos).

El niño me miraba y sostenía la caja con los brazos extendidos hacia mí.

-Se le cayó esto, señor.

Me tardé un segundo en reaccionar a las palabras del mocoso. Le arrebaté la caja con brusquedad, haciendo que casi cayera hacia atrás y emitiera un gemidito asustado y estúpido.

-Tché. ¿Qué coño me ves, mocoso? Ve a llorar con tu mamá, enano pendejo.

El enano empezó a temblar con terror y sus ojos se llenaron de lágrimas. Rodé los ojos con fastidio y di media vuelta mientras el mocoso cabezón empezaba a llorar. Mientras seguía caminando con Ulquiorra, escuché un "Ya, Ichigo, no llores. No pasa nada.", y supuse que se trataba de la madre del mocoso, pero no le di importancia.

Ulquiorra ya no protestaba mientras caminaba a mi lado, pero me miró por el rabillo del ojo y pude notar cierto aire de reproche en su expresión, aunque no tan perceptible como hacía un rato, fuera de la tienda. Parecía estar molesto por mi interacción con el mocoso, pero no supe si fue porque me había degradado a hablar con un humano, o porque había dicho demasiadas groserías frente al niño. Tampoco se lo pregunté.

Finalmente bajamos hasta el… vamos, que no sé cómo llamarlo, y si me invento algo, Ulqui me regañará por ser "basura ignorante". La cosa que es muy pequeña para ser un río y muy grande para ser un arroyo. El punto es que llegamos a un lado de la cosa y me senté en el suelo. Ulquiorra se quedó de pie y me miró desde arriba. Era un poco raro ver a Ulquiorra desde abajo, siendo que yo era más alto que él. Su rostro no mostraba ninguna expresión, y ninguna clara intención de sentarse. Bufé con fastidio, y al final tomé su muñeca y lo jalé hacia abajo, forzándolo a sentarse.

-Sería un buen momento para que me explicaras lo que tienes en mente, Sexta.

Le lancé una de mis características sonrisas mientras empezaba a hurgar en la bolsa para asegurarme de no haber olvidado nada.

-Vamos, no te pongas así. Relájate por una vez en tu vida.

Ulquiorra no respondió, y se quedó mirándome con la expresión en blanco, esperando que prosiguiera, y como rogando que no fuera alguna estupidez lo que yo tenía en mente. Por desgracia para él, me temo que era bastante cercano a una estupidez.

-Creo que la mejor forma de hacerte entender una fiesta es hacer una. Y como no tengo ni puta idea de cuando es tu cumpleaños, ni me acuerdo del mío, decidí que celebráramos nuestro aniversario.

Su mirada pasó de la bolsa de la tienda a mis ojos, a la bolsa, a mis ojos, nuevamente a la bolsa, y finalmente se detuvo en mi cabeza, como si esperara alguna prueba fehaciente de que me había deschavetado.

-Me temo que no entiendo lo que pretendes, Sexta. Dijiste que los humanos celebran aniversarios para recordar fechas importantes. ¿Qué fecha supones que podemos celebrar?

Resoplé con cansancio. A veces Ulquiorra me lo ponía muy difícil. Yo me descosía por complacerlo, aunque fuera un poco, y él me agradecía con respuestas inteligentes, y casi siempre insultantes, en las que ponía en duda mi capacidad cerebral.

-¿No es obvio? Se supone que celebremos todos los años que hemos estado juntos. Podrás ser muy inteligente y todo, pero eres un poco tonto para las cosas simples.

Me miró algo ofendido. De entre nosotros los Espada, Ulquiorra se destacaba no sólo por su alto rango, sino por ser uno de los más inteligentes (no es que los demás nos destacáramos por ser particularmente brillantes). Supongo que se sentía insultado de que alguien como yo, que después de Nnoitra y Yammy era lo más alejado de un genio entre nuestro ejército, lo llamara tonto. Desvió la mirada, avergonzado por no entender del todo nuestro tema de conversación actual.

-Absurdo, la fecha ni siquiera concuerda- musitó en un volumen prácticamente inaudible.

Lo miré con curiosidad y algo de sorpresa. No parecía algo común que Ulquiorra hiciera algo tan… romántico como recordar la fecha de nuestro aniversario. A duras penas había logrado que admitiera que le gustaba mi cabello, y sólo porque, aparentemente, le gusta el color azul.

-¿Huh? ¿Tú te acuerdas de la fecha?

La verdad, jamás me había molestado en intentar recordarlo. Quiero decir, ni siquiera recordaba mi propio cumpleaños. Simplemente no le daba importancia a las fechas. Empezó a importarme el tiempo y los días ya estando encerrado, y sabiendo que podía contar los días que faltaban para ver morir a Ulquiorra.

-Por supuesto que no. Nosotros los Arrancars no llevamos un calendario como el de los humanos. Pero sí llevo la cuenta de los días.

Una desventaja de ser Ulquiorra, es que era demasiado obvio cuando se sonrojaba. Aún el color más tenue contrastaba notoriamente con su color de piel, y era tan raro verlo con alguna expresión en el rostro que el mínimo cambio resultaba muy evidente. Sonreí de oreja a oreja.

-¿Y cuántos días son, entonces?

Clavó su mirada en la mía, ignorando el casi imperceptible, e increíblemente adorable sonrojo que seguía presente en su rostro.

-Treinta y tres años con ciento sesenta y cuatro días

Me resultó increíblemente adorable que contara los días con tanta exactitud. Por supuesto que no se lo dije en voz alta, o podría intentar asesinarme. Sin mencionar que Grimmjow Jaegerjaquez no va por ahí diciendo que le gustan las cosas adorables. Arruinaría completamente mi imagen.

Busqué en la bolsa de la tienda y saqué una caja de chocolates adornada con un moño verde.

-Ten entonces. Feliz no-aniversario.

Estoy seguro de que abrió la boca para decirme lo absurdo que el término "no-aniversario" era, y que en realidad sólo lo usaba para cubrir mi falta de atención en cuanto a la verdadera fecha; pero se quedó callado y tomó la caja de chocolate entre sus manos. Alzó la mirada para fijar sus ojos en los míos, y sentí gran satisfacción al verlos centellando, como solían hacerlo cuando estaba casi feliz.

Posó su mirada en la caja y luego volvió a mirarme. Noté que estaba algo avergonzado, aunque esta vez no entendía por qué. Finalmente, y después de deslizar sus pulgares sobre la tapa de la caja un par de veces, como considerando las cosas, abrió la boca para hablar.

-Sexta, yo no…

Aunque ya sabía qué iba a decir, quise esperar a que terminara. Sin embargo, su oración no pasó de ahí, y desvió su mirada que había logrado volver a su usual estado de estoicidad absoluta (sí, Grimmjow Jaegerjaquez sabe usar palabras grandes. Es lo que pasa cuando estás mucho tiempo con Ulquiorra).

Sonreí y desaté el listón verde de la caja de chocolates. Lo amarré a la muñeca de Ulquiorra antes de que pudiera preguntarme lo que tenía en mente y le lancé una mirada sugestiva.

-No te preocupes, abriré mi regalo cuando estemos en un lugar más… privado.

Él suspiró, con una mezcla de fastidio y resignación. Supongo que llegó a la conclusión de que valía la pena darme gusto en una tontería una vez al año, con tal de conseguir chocolate. Alzó la mano en la que estaba amarrado el listón, y me miró fijamente.

-De acuerdo. Feliz no-aniversario, Sexta

Desde entonces, Ulquiorra solía recordarme de nuestro verdadero aniversario, y aunque lo hacía con ese tono desinteresado y expresión plana de siempre, sabía que de alguna manera, él también esperaba con ciertas ansias la fecha. A veces, cuando me aburría, sin importar qué día fuera, le preguntaba cuánto tiempo llevábamos juntos, y siempre me contestaba con exactitud mecánica, casi automática.

-Oye Ulquiorra ¿Aún recuerdas cuánto tiempo llevamos juntos?

Sus ojos abandonaron la colina de la ejecución por un instante, concentrándose fijamente en los míos, mientras su boca se movía, probablemente sin su propio consentimiento, para responder mi pregunta.

-Cuarenta y un años y trescientos cincuenta y nueve días.

Estuve a punto de sonreír con satisfacción, al ver que realmente la reacción era casi automática, y que a pesar de que aseguraba odiar y despreciar cada célula de mi existencia, seguía recordando la fecha y contando lo días. Pero me detuve a procesar el número que me acababa de decir, y aunque no soy la mente más brillante de Hueco Mundo, hasta yo pude hacer un cálculo tan sencillo como ese.

Abrí la boca para hablar, pero sentí mi garganta seca, y ningún sonido brotó de ella.

Faltaban seis días para nuestro aniversario número cuarenta y dos. Y faltaban seis días para la ejecución de Ulquiorra.

To be continued

Me tardé toda la vida, lo sé!!! Pero al menos salió más largo (creo). No tienen una idea de lo atareada que estoy (son las 5 de la mañana, por dios, y me estoy forzando para poder acabarlo)

Creo que me quedaron algo OOC en este capítulo, traté de mantenerlo al mínimo, pero fue difícil T-T.

Nya, Ichigo salió en chibi en este capítulo! No sé por qué me dio por meter a chibi-Ichi-Fresa. Jaja, y Grimmy lo maltrata. Gato Malo.

T-T Lo último se me ocurrió hace como media hora, originalmente el capítulo se iba a terminar cuando Ulquiorra le decía la cuenta de los días, pero pensé que lo haría más dramático (tal vez excesivamente dramático, lo dejo a su criterio), que la fecha de la ejecución coincidiera con el aniversario. Supongo que me ayudará para el último capítulo.

Estuvo un poco sope la celebración, por un momento pensé en poner a Grimmjow a soplarle serpentinas a Ulqui, pero pensé que sería un exceso de OOC.

Por cierto, el 42 es porque Ulqui es 4 y 4+2 son 6. Ja! No sé qué significan esos números en Aritmancia-Numerología (como se llame) pero me gustan. Ja!

Nos acercamos al final! Saldré de vacaciones en un mes, y espero dedicarle las tres semanas a escribir y hacer vectores. Tal vez ponga un link a mi deviantart en mi profile para que puedan verlos, tengo varios de Grimmy y Ulqui con ropa casual, Nya!!

Hagan sus apuestas, morirá Ulquiorra? Grimmjow se sacrificará por él? Huirán a Karakura? Ichigo comerá pastel de fresas? El final está decidido desde el capítulo 3, así que en realidad nada de lo que digan al respecto cambiará las cosas, pero no estoy diciendo aún si Ulquiorra vivirá o no.

El siguiente capítulo fue a sugerencia de una lectora. Me gustó la idea, así que la usaré. Tengo que estructurarlo bien, y creo que será corto, pero con algo de suerte, no tardará tanto. De hecho, ya todos los capítulos de aquí en adelante están planeados, sólo tengo que darles forma Nya!

BTW, por millonésima vez pido: no me fastidien (y no me gusta usar esa palabra, pero no se me ocurre otra) si me tardo en actualizar, tengo una vida, y aunque amo a Grimmy y a Ulqui y me hacen el día con cada Review que me mandan, no puedo dedicarle tanto tiempo como quisiera a escribir. El año que viene entraré a la Universidad y tengo que mantener un buen promedio, lo que me está costando porque tengo un par de maestros cretinos. Además, creo que es mejor tardarme y que salga un capítulo decente, a terminarlo todo a la carrera y que quede mal hecho.

Nos vemos en el próximo capítulo! Y disculpen por mis notas enormes! Envíen reviews para saber qué tal les pareció, la verdad no estoy muy convencida con éste cap.