Dicen que cuando Apheront sube un capítulo a medio día los perros caminaran sobre el agua. Hehe, no es gracioso. Bueno cómo ven yo actualizando a medio día, espero les guste


-(Bostezo) Esa fue una noche pesada- Murmuró Perla al despertar, al mismo tiempo que tallaba sus ojos con sus alas.

-¿Dormiste bien?- Preguntó Blu con una sonrisa mientras aterrizaba frente a ella con un par de frutas en las garras.

-No tanto, me duele un poco el cuello- Respondió con una sonrisa humilde mientras se levantaba del nido.

-Bueno, creo que puedo ayudarte con eso- Dijo Blu desplazándose detrás de ella, empezando a frotar su pico con el cuello de Perla.

-¡Blu!- Dijo entre risas –Hace cosquillas-

-Hehe, al menos dime que te hace sentir mejor-

-La verdad sí, ahora se siente bien-

Después de unos segundos más, Blu dejó de masajear el cuello de Perla.

-Espero que estés lista, debemos ir a vernos con Matt y con Ahri-

-Lo había olvidado por completo, hoy es el cumpleaños de Ahri- Dijo sorprendida –Espero no lleguemos tarde-

-Para nada, despertaste justo a tiempo, solo hay que darnos prisa-

El día era maravilloso, el sol brillaba en lo alto del cielo despejado, la brisa salada de la playa acentuaba las blancas olas cercanas a la costa, la ciudad de Río de Janeiro nunca se había visto tan bien.

Después de algunos minutos de vuelo, Blu y Perla llegaron al club de Samba, todo el lugar estaba más animado que nunca, aves entrando y saliendo, la música escuchándose al fondo.

-Blu, Perla qué alegría verlos- Dijo Rafael aterrizando frente a ellos.

-Bueno no nos íbamos a perder la fiesta de dos de nuestros mejores amigos- Respondió Blu.

-Por un momento creí que no llegarían a tiempo, me alegra que estén aquí-

-Igual a nosotros- Dijo Perla.

-¿Y qué estamos esperando? Vengan, hay que entrar, Matt y Ahri nos están esperando-

El lugar se veía igual de bien por dentro que por fuera, en el centro del lugar se encontraban Matt y Ahri, ambos conversando alegremente. De un momento a otro Blu caminó rápidamente hacia ellos.

-Blu creí que no vendrías- Dijo Matt con una sonrisa.

-Oye, no me perdería esto por nada del mundo, feliz cumpleaños Ahri-

-Gracias- Respondió ella, al mismo tiempo que lo abrazaba.

Perla solo los veía mientras caminaba hacia ellos "Esta vida es perfecta, después de todo lo que pasó en el Amazonas, es bueno poder relajarme con todos ellos" Pensaba felizmente mientras seguía acercándose, en eso Matt y Ahri la vieron de reojo, pero en vez de sonreír y saludar, la expresión de sus rostros pasó de alegría a disgusto.

-Blu dijiste que no la traerías- Decía Ahri en voz baja.

-Hablamos de esto, no la queremos aquí- Agregó Matt.

A pesar de que estaban casi susurrando, Perla podía escucharlos a la perfección

-¿Qué?- Se preguntó confundida, para luego acercarse más rápido hasta estar junto a ellos.

-Hola Perla- Dijo Ahri con disgusto sin siquiera dirigirle la mirada.

-Am… ¿Tienen algún problema conmigo?- Cuestionó indignada.

-Claro que no- Empezó a decir Matt –Solo el simple hecho de que engañaste a Blu, te acostaste con Roberto y ah sí, nos dejaste morir a todos-

Perla sintió como si algo la golpeara fuertemente en el cuello. En cuanto volvió a reaccionar se dio cuenta de que las plumas tanto de Blu como las de Matt eran un azul aún más oscuro de lo normal, al igual que las plumas rojas de Ahri.

-Pero… Yo… No fue mi intención solo…-

-¿No lo fue?- Replicó Blu -¿No esperaste todo este tiempo solo para quedarte con Roberto?-

-Como la manipuladora y egoísta que realmente eres- Agregó Ahri mirándola fijamente.

-Primero Ahri, luego Blu y al final yo… Ahora Perla… Solo faltas tú- Dijo Matt mirándola con furia, caminando lentamente hacia ella.

-E… Espera, por favor ten piedad… Jamás quise que algo así les pasara… Yo…- Un dolor punzante apareció en su abdomen, y un escalofrío le recorrió todo el cuello, lo último que vio fue la garra de Matt atravesándola, y la sangre escurriendo de su herida –Es hora de despertar Perla-

Con un grito ahogado y la respiración agitada, Perla despertó dentro de un árbol, se había recostado de tal manera que su cuello había quedado adolorido.

-¿Mamá? ¿Estás bien?- Preguntó Carla al verla despertar tan alterada.

-Sí… Solo fue una pesadilla…- Respondió Perla poniéndose en pie. Su aspecto era horrible, solo vestigios de lo que solía ser, sus plumas habían perdido brillo, su rostro solo reflejaba cansancio y tristeza y podían verse varios golpes a lo largo de su cuerpo -¿Qué hora es?-

-Bueno despertaste un poco tarde hoy, Bia y Tiago fueron por el desayuno ¿Segura que estás bien?- Volvió a preguntar.

-Sí, descuida estoy bien- Respondió con una pequeña sonrisa.

Habían pasado tres semanas desde que la "Paz" Había llegado a la selva, ahora que ya no había conflicto con Eduardo y los guacamayos rojos parecían haber desaparecido de la faz de la selva, aunque sonase cruel, todo era prácticamente perfecto, excepto para algunas pocas aves.

En todo ese tiempo, Matt no había puesto ni un pie fuera del árbol en el que se había quedado, no había hablado con nadie, a penas y comía, su aspecto de igual manera era desagradable, la herida de su ojo no había recibido la atención adecuada, si bien no era algo tan grave, varias de las plumas que había sobre la herida se habían caído, dejando ver los dos grandes cortes de las garras de Roberto. Por un momento casi parecía que sus ojos de color violeta se habían tornado oscuros, sus alas se veían delgadas y débiles, al igual que el resto de su cuerpo, sus plumas oscuras eran ahora opacas. Había perdido la motivación para vivir, su esposa, sus amigos, y lo único que podía pensar de sus hijos era que también habían muerto. El resto de las heridas de su cuerpo habían sanado casi por completo, pero la sangre seca seguía sobre sus plumas. Blu por otra parte, aunque también se encontraba en esa nueva tribu, aun no lograba despertar, los golpes que había recibido de aquella explosión habían ocasionado un gran daño interno, nadie sabía con exactitud si iba a lograr salir con vida de algo así, a menudo varias aves se encargaban de darle agua y un poco de comida, cualquier cosa para tratar de hacerlo reaccionar pero no había respuesta alguna.

-Necesito que envíen exploradores aún más lejos, seguramente hay más aves heridas- Decía Naia, hablando con una hembra Spix azul y macho de plumas rojas.

-Naia, hemos hecho de todo, no encontramos a nadie más- Respondió el ave escarlata.

-Bien, supongo que podemos supervisar la recolección de comida- Dijo Naia, se veía muy apresurada.

-Hay comida de sobra en el lugar, todos están bien- Respondió la hembra de color azul.

-E… Entonces debemos buscar algún estanque para…-

Las dos aves que se encontraban con Naia, solo la escuchaban decir cosas sin sentido, había empezado a comportarse así desde que Matt llego, y aun así, no había hablado con él desde su reencuentro.

-¡Naia!- Exclamó la Spix azul tomándola de los hombros –Todo aquí está en orden, no falta comida, no falta agua, no falta nada-

-Pero…-

-Mira, has hecho todo lo posible por mantener este lugar completo desde que perdimos a nuestro líder, y todos te queremos por eso, pero tienes que descansar un poco- Agregó el guacamayo rojo con una pequeña sonrisa -¿Por qué no tratas de hablar con tu hijo?-

Esa pregunta la dejó helada.

-Sí, el día en el que lo encontraste estabas más que dispuesta a hablar con él… Pero ya no lo has hecho desde hace casi un mes, solo te limitas a llevarle comida sin siquiera verlo bien-

-(Suspiro) No lo entienden… Él simplemente no quiere verme… Creí que si lograba recordarle todo lo… Poco que estuvimos juntos podría perdonarme pero… La verdad es que ahora que lo pienso es una gran estupidez- Explicó decaída.

-Escucha, no puedes evitarlo por siempre, y él no puede estar molesto contigo por siempre… Nadie ha tratado sus heridas desde que llegó… Si no haces nada… Podrías perderlo de nuevo… Esta vez para siempre- Dijo el guacamayo rojo.

-Sí… Supongo que tienen razón… Pero por ahora… Debo penar en lo que voy a hacer- Respondió empezando a volar.

Horas más tarde, Bia, Tiago y Carla habían hecho todo a su alcance para sobrellevar las horribles experiencias que se dieron en la selva, casi parecía que lo habían superado, aunque no era cierto, lo hacían únicamente por Perla y los hijos de Matt, ellos lo necesitaban, sentirse seguros.

Una vez más era hora de que Perla se fuera, todos los días a la misma hora, sin falta. Si bien, Bia, Tiago y Carla tenían una idea más o menos buena de lo que Perla hacía, preferían no creerlo, sobre todo porque lo estaba haciendo por ellos.

Al llegar a su lugar habitual, Perla se veía más asustada que de costumbre. Entró lentamente, divagando entre sus pensamientos hasta que se topó con Roberto.

-Oye, llegaste un poco más temprano hoy, ¿Algo importante pasó?- Preguntó en un tono altanero, a lo que Perla simplemente desvió la mirada.

-Solo… Quiero pasar un poco más de tiempo con mis hijos antes del anochecer…- Explicó resignada.

-Bueno, has cumplido tu deber puntualmente todos los días, creo que… Puedo hacer que esto termine temprano hoy…- Perla solo suspiró y se resignó a empezar con todo.

Mientras tanto en la tribu, Bia había salido a estirar las alas, y terminó sentada cerca de un estanque, siempre pensando en todo lo que pasó y cómo se pudo haber evitado, jamás debieron regresar al Amazonas en primer lugar, todo estaría bien. Matt y Ahri durmiendo en el árbol de alado al suyo cuidando de Yaqui y de Leo, Blu y Perla buscando el almuerzo juntos, y ella paseando con sus hermanos, todo eso, todo lo que alguna vez fue una vida perfecta se había esfumado para siempre.

-¿Bia?-

-¿Milo?-

-¿Me puedo sentar?- Preguntó tímidamente, a lo que Bia simplemente asintió -¿Cómo estás?-

-He estado mejor…-

-(Suspiro) Mira… Quiero saber qué está pasando… Entiendo que tus amigos murieran… No quiero hacerte recordarlo pero… Quiero que confíes en mí…-

-Milo no lo entiendes… Si te dijera lo que está pasando seguramente no me creerías… Ya perdí a muchos miembros de mi familia… No quiero perder a un amigo más- Respondió Bia con lágrimas en los ojos.

-Te juro que no me vas a perder- Dijo Milo con una sonrisa humilde. Bia lo pensó por un momento más, después se armó de valor y le contó todo… Por qué se habían ido del Amazonas en primer lugar, por qué jamás debieron regresar, lo que hizo Eduardo, lo que hizo Roberto, el líder de la tribu. Entre más contaba sobre lo que recién había pasado, Milo trataba de creer lo contrario, pero en el fondo sabía que algo iba mal con Roberto desde hacía un tiempo.

-Eso… Eso es todo lo que pasó…- Dijo Bia para terminar aquél amargo relato, las lágrimas corrían por sus mejillas, sollozaba y se abrazaba a sí misma con fuerza, tratando de superarlo, pero era imposible. Matt había, muerto, igual Blu, igual Ahri…

-No… (Suspiro) Lamento que hayas pasado por eso…- Dijo Milo con un nudo en la garganta.

-¿Qué sentido tiene seguir viviendo? Todo lo que solía ser mi familia… Todo se acabó…-

-Bia no digas eso… Hay razones para vivir… Aun tienes a tu madre… A tus hermanos, los hijos de tus amigos… Ellos también necesitan de ti… Y también yo…-

-¿Qué?- Dijo sorprendida.

-Bia… Quería que te quedaras conmigo… Pero jamás hubiese querido que fuera de esta manera… Verte sufrir así por todo…- Decía Milo acercando su rostro al de ella.

-Yo no quería quedarme… Pero quería que vinieras conmigo…- Admitió Bia.

-Sé que no puedo hacer nada para aliviar tu pena… Pero no me vas a perder a mí también…-

-Milo yo…- Sin decir nada más, Bia fue interrumpida. Milo la besó, repentina e inesperadamente, un beso profundo, en cuanto terminó ambos se sentían confundidos. Bia ya no sabía si estaba triste o feliz y Milo, no tenía ni la menor idea de lo que lo había obligado a hacer eso.

-Am… Yo… Creo que… Me voy- Dijo Milo con la voz temblorosa aunque con una gran sonrisa, mientras retrocedía lentamente, en cuanto se dio media vuelta Bia lo abrazó fuertemente por la espalda.

-Te quiero…- Dijo en voz baja.

-Yo también te quiero Bia…-

Un tiempo más tarde, esta vez más temprano de lo normal Perla regresó al nido. Sin sentirse exactamente bien quería disimularlo para estar con su familia, se llevó una muy grata sorpresa al ver a Bia jugar alegremente con Yaqui y Leo.

-¡Hola mamá!- Dijo sonriente al mismo tiempo que corría a abrazarla.

-Hola… ¿Está todo bien?- Preguntó confundida.

-Mejor que nunca… ¿Y tú lo estás?- Preguntó tímidamente. Perla examinó todo detenidamente, todos parecían estar felices, algo que no había pasado en un tiempo, lentamente una sonrisa se dibujó en su rostro.

-Mejor que nunca- Respondió mientras caminaba hacia todos.

De regreso con Matt. El día casi llegaba a su fin, el atardecer pintaba de color anaranjado todo el cielo. Las aves del lugar se preparaban para dormir mientras que otras se quedaban un poco más de tiempo para disfrutar del atardecer, en su mayoría eran parejas o familias enteras.

Naia después de casi un mes, estaba lista para hacer frente a su hijo, estaba parada en una de las ramas que daba a la entrada del nido, llevaba consigo el pequeño "Brazalete" que tenía guardado, dio un gran suspiro y entró.

-¿Hola?- Dijo tímidamente al entrar.

-Vete…- Respondió una voz casi inaudible y débil.

-No… No te escuche…-

-Dije que te fueras- Repitió Matt esta vez con un poco más de fuerza pero aun así era débil.

-No… No ésta vez…- Respondió Naia con firmeza, al mismo tiempo que caminaba hacia él.

-No… Quiero… Ver… A nadie…- Dijo Matt tratando de ponerse en pie, lo único que consiguió fue caer al suelo, ni siquiera podía mantenerse de pie.

-¡¿Estás bien?!- Exclamó Naia corriendo hacia su hijo.

-Apártate…- Respondió golpeando el ala de Naia, algo en su mente le rogaba que se fuera y lo dejara solo, pero sus instintos maternales, algo que no había usado en mucho tiempo le gritaron que debía quedarse.

-Escúchame bien, voy a quedarme aquí, y tú vas a escucharme ¿Quedó claro?- Dijo con firmeza, ayudando a Matt a sentarse, recargado contra una de las paredes del nido. Después de eso un incómodo silencio se apoderó del lugar, Matt estaba sorprendido.

-Hijo… Ya sé que pedirte perdón sería estúpido…- Dijo Naia al mismo tiempo que se sentaba frente a él –Fueron 9 años de tu vida que jamás podré recuperar… No estuve para verte crecer… Para cuidarte… Pero… No tienes idea de cuánto me alegra ver que lograste vivir-

-Lo dices como si hubiese sido fácil… Mi vida… En todo aspecto desde que me dejaste… Fue un asco… Me dieron por traidor en mi primer hogar… Trataron de matarme… 3 años después de eso casi lo lograron… Te perdí a ti… A mi hogar… Mis amigos… Y a mi pareja…- Dijo Matt con un nudo en la garganta, al mismo tiempo que las lágrimas empezaban a brotar de sus ojos.

-¿Ya tienes pareja?- Preguntó sorprendida.

-La tenía… La asesinaron hace tan solo un mes… Ella era lo único bueno de mi vida… Al final todo se fue al demonio otra vez… Los perdí a todos…- Matt solo estaba pensando en los malos tiempos, todas las desgracias que pasó hasta ese punto, ignorando por completo el tiempo que estuvo con Ahri, Blu y Perla en Río de Janeiro, las fiestas, sus hijos, todo lo bueno no valía nada para él en ese momento.

-Ninguna madre desea que algo así le pase a su hijo… Nada…-

-¿Entonces por qué no me buscaste?-

-Temía encontrarte… Temía descubrir que… Que no sobreviviste…- Admitió con lágrimas en los ojos.

-Simplemente te olvidaste de mí… Eso es mucho peor- Dijo Matt desviando la mirada.

-¡No! Eso jamás lo hice… Puedes culparme de rendirme, de no haber luchado por volverte a ver… Pero jamás me olvidé de ti… Nunca lo hice- Respondió al mismo tiempo que le mostraba el pequeño brazalete a Matt -¿Aun lo recuerdas?-

-Cómo… Pero eso fue… Hace mucho- Dijo tomándolo con sus alas.

-¿Recuerdas cuando lo hiciste?-

-Como si fuera ayer…- Respondió limpiando sus lágrimas con su ala –Robe flores de las ventanas de las casas de los humanos en Río… Y me rompí una garra tratando de cortar la liana… Cuando te lo di… Demonios aun me dolía… No podía dejar de llorar-

-Eras muy pequeño, ni siquiera podías abrir un mango tú solo- Dijo Naia con una sonrisa –Jamás me olvidé de ti… No había día que no deseara estar contigo, eres mi hijo… Esos dos ojos violetas lo demuestran-

Matt la miró fijamente, ella le sonreía como solo una madre podía hacerlo. Los recuerdos empezaron a llenar su mente, buenos recuerdos. Nuevamente Matt empezaba a sollozar, tratando de contener las lágrimas. Dejó el brazalete en el suelo y volteó su rostro, no quería verla de frente. Matt seguía tratando de contener el llanto, hasta que Naia lo abrazó fuertemente. Matt no supo cómo reaccionar al principio, poco a poco dejó de contenerse y empezó a llorar. Con sus alas tomó fuertemente a su madre sin querer separarse de ella.

-Ya, ya… Aquí estoy- Decía gentilmente, acariciando las largas plumas de la cabeza de Matt, en cierto modo, en ese momento parecía un niño pequeño –Te juro que no voy a dejarte otra vez…- Pasaron varios minutos antes de que Matt pudiese calmarse.

-Mírate, un adulto y aun lloras abrazando a tu madre- Dijo Naia acompañado de una pequeña risa, a lo que Matt simplemente sonrió. Ella acarició lentamente su rostro hasta que pasó por ojo izquierdo.

-Tsk…- Se quejó Matt al sentir el contacto con su herida.

-Hay dios… Tenemos que hacer algo con eso- Dijo Naia.

-Lo sé… Aunque va a dejar cicatriz… Es muy tarde para evitarlo-

-Es cierto pero al menos no vas a perder el ojo- Dijo entre risas.

-Qué graciosa… Te extrañé mamá-

-Y yo a ti… Mairon-


Y eso fue todo, honestamente es extraño actualizar a esta hora pero qué más da, espero les haya gustado y nos vemos luego

"See you next time"