¡Hola lector s! Les dejo este capítulo con mucho cariño, la verdad, creo que es el que más me costó escribir hasta el momento, pero disfruté mucho con él.
Les doy mil gracias por gastar una parte de su tiempo en mi historia y también por dejar sus comentarios, que siempre sirven de motivación extra para escribir.
Espero que disfruten de la lectura
LunaStorm
Eve Riddle parecía vagar sin dirección alguna por un ancho camino en las afueras de Hogsmeade. Sin hacerse notar, había desaparecido de la vista de todos sus alumnos y ahora, sola, se armaba de valor por reconducir su rumbo hacía a un incierto, pero a su vez esperado, encuentro. Su fingida expresión de despreocupación, mantenida durante todo el viaje, ahora ya no estaba presente en su rostro. Poco a poco tomaba conciencia y escrudiñaba, cada vez más inquieta, todo lo que había a su alrededor. La tensión empezaba a hacer mella en ella y ponía todo su esfuerzo en evitar que se percibiera, pero el frio ambiente y el crujir de su andar por la nieve no ayudaban en la tarea. Sabia a donde debía dirigirse, pero no cuando seria interceptada, pero lo que más la turbaba era la sensación de que alguien ya controlaba sus pasos, privándola así de comprobarlo y sacar su varita para defenderse y descubrirse así misma haciendo añicos la coartada de Severus Snape.
Sus intuiciones no eran del todo erróneas, ciertamente, alguien seguía sus pasos en la lejanía. Alguien que sin hacer ruido ni sombra dejaba a su rastro varias pisadas en la densa nieve, y a su vez, desconocía por completo los propósitos de aquel paseo. En verdad, no era alguien, sino varios, Harry, Ron y Hermione, escondidos por completo debajo de la capa de invisibilidad, cubrían, sin saber, la retaguardia de su profesora en la distancia.
Eve, inconscientemente, aceleró su paso. Empezó a vislumbrar a lo lejos un pequeño edificio rodeado por una valla de alambre, estaba llegando a su destino y aún esa sensación de que alguien seguía sus pasos no había desaparecido. Su mente, empezó a trabajar rápidamente buscando una solución para ponerse a la defensiva y sacar su varita con algún pretexto pero este pretexto parecía no querer presentarse.
Los tres Gryffindors, refrenando las ganas de comentar lo que estaban presenciando, continuaban avanzando hacía su profesora cada vez con más dificultad por la incomodidad de avanzar juntos y en silencio. Y sea por la tensión o bien por las ansias de descubrir el motivo por el cual su profesora se dirigía hacia la Casa de los Gritos, un leve empujón de uno de ellos hizo impactar al otro contra un árbol, creando a si un pequeño desprendimiento de nieve que resonó rompiendo el silencio del lugar.
El ansiando pretexto que Eve esperaba llegó. Simulando sobresalto, sacó rápidamente su varita apuntando en dirección al inocente árbol de sus espaldas y fingiendo nuevamente, hizo notar el acto de negarse y reprenderse a sí misma por haberse asustado tontamente de ese hecho. Pero su propósito dio resultado, ahora, varita en manó continuó andando aparentando normalidad.
Harry, Ron y Hermione, lamentándose en silencio por su torpeza, cesaron la marcha. Por suerte, la profesora no se había percatado de su presencia y des de allí podían aún vigilarla y ver como se había detenido frente al vallado de esa estremecedora casa, apoyándose ligeramente en él, contemplando el lugar como quién contempla un hermoso paisaje.
Eve Riddle, no prestaba atención a las vistas, se concentraba para percibir esa presencia que le inquietaba, sabía que provenía de algún lugar del camino que ella había recorrido y que ahora quedaba a su izquierda, así pues agudizó su oído en esa dirección mostrando, eso sí, absoluta fascinación por el paisaje.
En ese mismo momento…
— ¡Expelliarmus! — pronunció una voz desconocida que parecía provenir de la derecha de la profesora.
Al instante, la varita de Eve salió despedida a varios metros de ella, dejándola expuesta y a merced de su agresor, y temiendo, muy a su pesar, que no solo uno había venido a por ella ya que aún percibía esa sensación de control por el lado opuesto. Por instinto se giró hacia su atacante y esta vez no tuvo que fingir, ella misma se vio sorprendida y a la vez frustrada ante el ataque. Su oportunidad de salir con vida había desaparecido junto a su varita.
— Vaya, vaya… ¿Señorita Sanders, verdad? ¿Qué la trae por aquí? — pronunció un hombre corpulento de mirada perdida.
Harry, Ron y Hermione contemplaban la escena sin escuchar palabra de la conversación, pero no tardaron en reconocer al Mortífago, Rodolphus Lestrange, por los numerosos carteles que se encontraban de él. Para los tres Gryffindor, ahora, las evidencias eran claras, Eve Sanders era una de ellos.
— ¡Harry, vámonos de aquí, rápido!— susurró Ron con temor.
— ¡No! Acerquémonos, quiero saber que están diciendo. — contestó Harry con un hilo de voz.
— ¡Estás loco! — contestó su amigo aferrándolo por el brazo.
Hermione Granger parecía no prestar atención a sus amigos, su vista había virado hacia otro lado, lejos de su profesora y parecía desconcertada ante la presencia de un hombre vestido de negro que contemplaba también esa escena sin ser visto.
— Snape… — susurró Hermione haciendo un gesto con la cabeza en dirección a su profesor de pociones captando así, rápidamente, la atención de sus dos amigos.
En la contemplada escena, Eve se sabía sin salida, pero aún así, la farsa debía de continuar, el pretexto que le había conducido a este encuentro había sido planeado hasta el último detalle con Dumbledore y ella cumpliría su parte hasta el final.
— ¿Quién… es usted? — pronunció con simulada voz temblorosa ella. — ¿Dónde está…?
— ¿Qué le ocurre profesora, a caso esperaba alguien más? Creo que va mal informada…— le cortó el Mortífago sin mostrar emoción alguna.
No era necesario contar más. A oídos del Mortífago, Severus Snape había cumplido su parte atrayéndola hasta allí y ahora lo único que a ella le quedaba era resistir ante el interrogatorio de su padre manteniéndose callada hasta el final, un final que deseaba que fuera rápido.
— ¿Qué es lo que quiere? — fingió preguntar la profesora con miedo en la voz.
— ¡Aquí las preguntas las hago yo, asquerosa sangre sucia!—escupió el Mortífago— ¡Crucio!— lanzó inmediatamente el hombre impactando contra el cuerpo de Eve. —Creo que me divertiré un poco contigo antes de llevarte frente a mi señor— pronunció el hombre al ver su víctima retorcerse.
Eve cayó al suelo al instante fulminada por un dolor inaguantable que le nubló la visión y le quitó de golpe todas sus fuerzas. Incapaz de pensar e incapaz de actuar padecía dolorosamente ante la macabra maldición de tortura que parecía permanecer en ella aún cuando ya solo quedaba el malestar de esta.
Ante aquella visión, los tres alumnos Gryffindor reaccionaron con confusión y esta incrementó al ver la mirada estática de su profesor. Severus Snape parecía no saber reaccionar o quizás no querer reaccionar.
— Harry, no creo que sea una de ellos, tenemos que hacer algo— pronunció Hermione al ver sufrir a su profesora.
— Snape, tenía que venir hoy a Hogsmeade pero al final…—dijo para sí mismo Harry tratando de comprender lo que sucedía.
— ¿Qué es lo que quieres decir? — preguntó Ron cortando los pensamientos de su amigo.
— Que le ha tendido una trampa. ¡Vamos! — continuó Harry sacando su varita.
— ¿Y Snape? — le cortó Ron, con cierto temor.
— No creo que quiera descubrir sus verdaderas intenciones con nosotros delante— apuntó seriamente Harry mientras contemplaba como el Mortífago lanzaba nuevamente la maldición cruciatus a su profesora.
Las conclusiones de los muchachos estaban en parte en lo cierto, la mente de Severus Snape barajaba a gran velocidad las opciones tratando de poner sangre fría a una situación que le dolía tanto como la tortura que padecía ella. Estaba deseoso de actuar y lanzar a Rodolphus la maldición asesina des del momento en que las palabras sangre sucia salieron de su boca, pero algo en el ambiente se lo impedía. Ese instinto adquirido con los años de espía le hacía captar a alguien más allí, no disponía de tiempo pero, si había una única opción de salvarla, debía de estar seguro de poder hacerlo con la certeza que ella pudiera huir sin dificultad.
— Ron, cuando quite la capa corre hacia Hogsmeade, pide ayuda, trataremos de distraerle— le dijo Harry a su amigo.
—No pienso dejaros aquí— protestó al instante Ron
— ¡Hazlo Ron!— repitió nuevamente Harry — ¡Vamos!— gritó desasiéndose de la capa y corriendo varita en mano al mismo tiempo que pronunciaba. — ¡Expelliarmus!—
El hechizo lanzado por el muchacho impactó desgraciadamente en el suelo mientras Ronald Weasley corría con todas sus fuerzas pero en contra de su voluntad hacia Hogsmeade. El Mortífago, viéndose sorprendido, golpeo el cuerpo semiinconsciente de la profesora arrojándola a unos metros de él. Rápidamente, busco a su nuevo objetivo y una muchacha castaña entró en su ángulo de visión. Sin pronunciar palabra, con solo un movimiento de varita, un destello se estrello contra el cuerpo de la chica haciéndola volar unos metros atrás para hacerla terminar impactando contra el suelo. Y al momento, el Mortífago apuntó su varita dirección a su otro objetivo, el chico de ojos verdes.
— ¡Hermione!— gritó Harry
—Estoy bien, Harry— trató de pronunciar Hermione con cierta dificultad.
— Potter…, Harry Potter— escupió el Mortífago con asco. — Creo que mi señor estará más que complacido cuando no solo le traiga a dos asquerosas sangres sucias…— dijo mientras miraba con asco a Hermione y a Sanders tendidas en el suelo.
Todo sucedía a gran velocidad, la entrada de Potter des de la nada hizo comprender instantáneamente a Severus Snape de quién era la presencia que le turbaba impidiéndole actuar, y lo maldijo por ello. Pero unas efectivas palabras pronunciadas con dificultad le detuvieron nuevamente.
— ¡Avada Kedavra!
