Capítulo 25: Sentimientos de un padre.
"Yo le quería, hasta la locura." Afirmé. "Es posible que sea culpable de haber intentado una herejía imperdonable, pero no me arrepiento, ya no."
Había ido allí a calmar a aquel hombre, a contarle que su hijo había estado conmigo todo ese tiempo y a disculparme por no haber caído en que igual ellos no sabían dónde estaban y haberle obligado a dar muestras de vida; pero en lugar de eso, había acabado por hablar de algo de mi pasado que me había marcado y me había llevado al punto moral que ahora estaba.
Observé en silencio a Billie, seguía pálido como la leche, mudo y mostrando una sorpresa enorme.
Ahora me estaba comenzando a odiar y dar asco yo misma. Podía sentir cómo él tenía una sensación rara encima e intenté cerrar ese sentido para evitar sentirme peor aún.
Hubiese esperado que él me dijese que le daba asco, que me fuese, que llamase a los otros miembros de la manada para que me cazasen hasta sacarme fuera de los territorios, que me prohibiese acercarme a su hijo… que reaccionase con el odio que yo y mis acciones pasadas merecían, pero en lugar de eso al salir de su asombro empujó la silla de ruedas hasta la cocina.
Tan pronto como él salió del pequeño salón yo me derrumbé y me apoyé en mis brazos.
"¿Qué he hecho?" Murmuré para mí en mi idioma.
Posiblemente Billie hubiese ido a coger un cuchillo carnicero, haría bien matándome y yo lo tendría merecido.
Un vampiro, nunca, jamás en la vida debería enamorarse de un licántropo y viceversa. Aunque yo ya no fuese del colectivo vampírico, no podía negar mi naturaleza. Era un vampiro me gustase o no. Era un vampiro un tanto especial, de acuerdo, pero vampiro al fin y al cabo.
"Ten, tómate esto." Me dijo Billie de pronto sacándome de mis ensoñaciones. "Te hará bien."
Levanté la cabeza y vi que estaba allí, delante de mí empujándome una taza con algo dentro tapado con un plato de café. No me había dado cuenta de que había llegado allí, no le había oído llegar ni lo había presentido. Había dejado mis sentidos con la guardia bajada por un momento mientras me auto-compadecía.
"Vamos, quema un poco, pero seguro que después te sientes un poco mejor." Me insistió.
Con cuidado destapé la taza y me encontré con una infusión.
"Es tranquilizante." Me dijo. "Un viejo remedio de las mujeres Quileutes para los males que no son físicos sino que provienen de dentro."
Mis males no eran físicos, eran heridas que se habían hecho hacía mucho tiempo en mi corazón de piedra y hielo, viejas cicatrices de heridas que se habían cerrado demasiado dolorosamente, que yo me había forzado a cerrar deprisa para poder seguir con mi vida… Esas viejas cicatrices aún dolían si las tocaba, y acababa de abrirlas con Billie para que me entendiese.
"Supongo que a ti también te doy asco." Le dije.
"No sé." Afirmó. "La verdad es que no puedo entenderlo. No pareces un vampiro, tienes un corazón demasiado grande como para serlo; por mucho que lo escondas te preocupas y mucho por tus amigos, tienes amigos y de lo más variado… eres una asesina que hace un trabajo perfecto y sin dejar ni huella en falso, pero en cambio eres también capaz de sufrir. Nunca pensé que uno de los de tu clase pudiese sufrir."
"No sé si todos pueden." Le dije. "Supongo que no soy el ejemplo perfecto de mi raza."
"No." Me dijo. "Eres el perfecto ejemplo de tu especie, pero a la vez eres un caso excepcional que no se parece en casi nada a lo que debería ser un vampiro."
Eso se debía a las habilidades que había tomado de algunas víctimas; no, se debía al alma de Carrick que ahora fluía por mí.
El regalo que Carrick me dio fue su vida, me hizo más fuerte y a la vez más humana.
Estuvimos un buen rato en silencio, solo Billie y yo hasta que llamaron a la puerta y le llevaron a Billie un paquete de correos.
"Será mejor que me vaya." Afirmé. "Supongo que estarás ocupado y yo solo estoy distrayéndote."
"Jacob dijo que habías prometido venir a verle cuando acabases tus asuntos con los Cullen." Me dijo. "Deberías esperarle."
"Le esperaré." Afirmé. "Pero le esperaré en un sitio donde no moleste. Estaré en el garaje. Creo que ya es hora que vuelva a lo de mi hobby."
"¿Tu hobby?" Me dijo.
"Tengo un precioso coche que estoy arreglando aquí cerca." Afirmé. "Tu hijo y sus amigos me echan una mano, la verdad, yo mucho, lo que se dice mucho, tampoco entiendo de mecánica."
"Vale, le diré eso cuando aparezca." Me dijo. "Después de que haya hecho un par de cosas en casa."
"Desde luego." Afirmé yo antes de irme por la puerta trasera.
(Salto espacio-temporal)
Estaba acabando de ponerle el dibujo de las llamas que planeaba hacerle a la carrocería en la parte frontal, sobre el negro metalizado y brillante que ya llevaba tiempo asentado en su segunda capa de pintura cuando oí pasos acercándose.
Ni siquiera me alarmé ya que sabía que por los pasos eran dos personas, y solo había un par que fuese así de ruidosos acercándose al garaje.
"Hola." Me dijo Quil. "Aquí llega la caballería."
"¿Has estado toda la noche aquí pintando?" Me preguntó Embry mientras acababa de cubrir la parte cercana que no quería pintar de otro color y los cristales con el techo.
"No, he estado mirando el amanecer en el porche frontal hasta que se ha levantado Billie y hemos desayunado, o medio desayunado en mi caso. Hemos estado hablando y cuando le han llamado para entregarle un paquete le he dicho que me salía aquí para evitar molestarle en su casa."
"Pero que chica tan obediente." Dijo Embry poniéndome su manaza en la cabeza y frotándomela para llevarse un manotazo mío.
"Aparta, que no me puedo entretener en hacer el tonto." Afirmé apuntándole con la pistola de pintura a presión.
"¿De dónde has sacado eso?" Me preguntó Quil. "Jacob no tenía eso aquí."
"Lo he tomado prestado de un taller clandestino." Afirmé cargando la pintura amarilla metalizada en la cubeta de la pintura en la pistola. "Digamos que voy a hacer mi nuevo coche un poquito más… bonito."
"Ya veremos si queda algo del antiguo coche." Dijo Embry. "Le has cambiado todo, pieza a pieza."
"Soy bastante exigente con mis vehículos." Afirmé poniéndome una mascara de pintor que había encontrado por allí para apretar un segundo el gatillo y comprobar la presión y cantidad de pintura que salía. "Los necesito para trabajar y por ello necesito que reúnan unas condiciones." Afirmé. "Seguridad, velocidad, buen sistema de frenos y motor…" Dije contando cualidades de un vehículo que se ajustase a mis necesidades y ritmo de vida.
"Con todo eso no me extrañaría que fuese un supervehículo." Afirmó Embry. "El coche fantástico."
"Los míos no hablan." Afirmé.
"¿Ya sabe Jacob que estás tocando nuestro trabajo?" Me preguntó Quil sentándose en el banco de trabajo.
"Supongo." Afirmé. "Le dije a Billie que le esperaría aquí entreteniéndome en mi nuevo hobby."
Pintar un coche era algo más costoso de lo que pensaba, incluso para alguien con una velocidad de reacción y movimientos tan superior a lo humano como los Cullen o yo. Esto por ahora había que hacerlo despacio, a un ritmo humano, y luego tendría que secar solo antes de que pudiese darle una segunda capa.
"¿Qué se supone que es ese dibujo?" Me preguntó Quil.
"Sorpresa." Afirmé. "Calculo que en dos días podré tenerlo acabado." Añadí levantando un momento la pistola para contemplar el efecto y compararlo con mi imagen mental antes de darle un par de retoques más y seguir con los laterales.
En realidad el dibujo era en tres colores: amarillo, naranja y rojo, todos metalizados y brillantes. Y Embry había cogido los botes para mirarlos.
"Unos chorretones de sangre en un cuello bonito." Afirmó Embry bromeando.
"Vaya, me has pillado." Afirmé bromeando. "Pensaba pedirte que posases para hacerlo más real, pero creo que ahora que me has descubierto ya no tiene gracia."
Era increíble lo fácil que me resultaba hacer reír a esos chicos tan solo bromeando con ellos. Mientras acababa de pintar los laterales pude percibir que Jacob se acercaba, lento y como dudando un poco.
Para cuando llegó yo estaba acabando un poco los laterales y estaba concentrada en el trabajo.
"¿Por qué no has esperado?" Me dijo.
"Déjalo, no deja que nadie le ayude." Afirmó Quil. "Eso sí, creo que le gusta la charla mientras trabaja."
"Me ahorro poner la radio y escuchar esa cosa rara que aquí llamáis música." Afirmé.
"Claro, seguro que la señorita vampiro le gustan cosas como Marilin Manson." Afirmó Embry.
"Pse, no a todos los vampiros nos gusta la música gótica." Afirmé levantando la pistola para ver el efecto y dándole un par de disparos más para dejarlo a mi gusto y parar la pistola de la corriente. "Los hay que preferimos otra música."
"¿Por ejemplo?" Me preguntó Quil.
"Ritmos africanos, música céltica, pop… OH, y también algo de punk." Afirmé. "Me encantan los Pistol."
"Genial, ni hemos oído hablar de ellos." Afirmó Quil. "¿También te gusta Spears?"
"¿Britnie Spears?" Pregunté. "Alguna canción. ¿Y a vosotros?"
"¡¡Yuck!!" Dijeron los tres a la vez.
"Por favor, eso es para niñitas blancas que bailan en sus cuartos." Afirmó Embry.
"Perdón, olvidaba que los 'machotes indígenas' no perdéis el tiempo con eso." Afirmé con sorna. "Os lo pasáis peleándoos y arreglando coches con la esperanza de que alguna de esas 'niñitas blancas' acaben con vosotros en el asiento trasero."
"Dong." Dijo Quil mientras todos se reían. "Punto para la señorita."
"Bueno, pues le doy otra capa lenta y luego lo dejo secar un poco antes de dejarlo por hoy." Dije volviendo a ponerme la máscara y cogiendo de nuevo la pistola de pintura a presión. "Prefiero esperar a que se seque antes de darle la siguiente capa con el naranja."
"Podrías hacerlo esta noche." Afirmó Jacob. "Te echaría una mano."
"Los chicos a dormir, que vosotros necesitáis dormir y yo necesito un entretenimiento para las noches de insomnio permanente que tengo."
"Se me ocurren otras formas mejores de matar el rato." Afirmó Jacob mirándome.
Eso me dio que pensar y me miré de arriba abajo. Tarde reparé en que tenía una pinta rara, de una de esas chicas de las revistas que los adolescentes guardan debajo del colchón. No me había dado cuenta de que trabajando y jugando con las herramientas, no solo me había manchado un poco sino que me había hecho varios desgarrones, uno de ellos en el abdomen que dejaba entrever más de lo que debería.
"Muy gracioso, Jacob Black." Dije cogiendo unos clavos y poniéndomelos como si fuesen agujas que luego doblé para juntar ambos trozos de tela como si fuesen imperdibles.
"Venga, no te enfades." Me dijo cogiéndome por la cintura suavemente. "Era una broma."
"Jacob Black, aparta tus manos de mí si no quieres que te las arranque de cuajo." Le dije.
Eso le hizo retroceder unos pasos.
"Que por poco me haces disparar la pistola contra una zona que no es." Le dije en un tono un poco más suave. "No se te ocurra volver a cogerme así cuando esté trabajando, que luego hay que repetirlo porque sale mal."
"Ya pensaba que te habías enfadado de nuevo." Me dijo Quil.
"Ah, que os parece normal que sin más ni más me agarre como si fuese a saber qué de él ¿no?" Les dije disparando la pistola tras volver a ponerme la máscara. "Muy bonito, unos licántropos sobones y caraduras."
"Anda que… a las tías no hay quien os entienda." Afirmó Embry.
"Algún día aprenderás a entendernos." Afirmé ahora ya divertida. "Por cierto, ir pensando en algo para luego. Cuando acabe estoy libre de nuevo."
(Salto espacio-temporal)
"Esta es." Afirmó Quil señalando una película en la cartelera del cine. "Miedo, terror… tripas."
"Lección número 73." Les dije. "Cuando vais con damas deberíais permitir que estas eligiesen."
"Vale, elige." Me dijo Quil.
"Pero no seas muy mala…" Me pidió Embry.
"Vale, la de aventuras suena bien." Afirmé. "¿Contentos?"
"¡Gracias!" Me dijeron.
Al final, después de limpiarme un poco la pintura que me había caído en puntos diminutos al pintar, habíamos decidido ir al cine para seguir practicando un poco sus modales. Por cierto, ya habían superado el nivel de comer con más o menos delicadeza, al menos hasta el punto de comer con la boca cerrada y no hablar con la boca cerrada… y comer más o menos una cantidad considerada normal cuando comiesen con una chica en una cita o algo así.
"Eh, permíteme." Me dijo Jacob cuando fui a pagar en la taquilla. "Norma nº 25: Un caballero siempre invita a su dama. Yo pago."
"Y las palomitas corren a mi cuenta." Afirmó Seth.
"La coca-cola de la mía." Afirmó Quil.
"Vaya, parece que algo ha entrado en estos cráneos de cemento armado." Afirmé bromeando y haciendo un gesto de 'adelante' con las manos.
Era gracioso, pero cumplieron sus palabras y Jacob me pagó mi entrada, Seth las palomitas y Quil el vaso de refresco.
Mientras nos repartíamos los asientos sonreí al verles pelearse porque todos querían sentarse junto a mí. El problema era que estábamos dos en una fila y tres en otra.
Al final yo dije que iba al baño y mientras les dejé que se repartiesen ellos los sitios, por lo que cuando regresé, me encontré con que me tocaba sentarme entre Jacob y Quil mientras Embry estaba al lado de Quil y Seth al de Jacob. Yo era el centro geométrico de todos.
Era curioso porque cuando empezó la película, resultó que tampoco era tan interesante y le pillé las intrigas desde el primer momento; así que me pasé toda la película pensando en mis cosas mientras observaba la pantalla, parando de vez en cuando a observar a los 4 chicos comer palomitas como si se muriesen de hambre y beber refresco sonoramente
"La boca cerrada…" Les reñía de vez en cuando. "Beber con suavidad… si no metéis mucho ruido…"
Era gracioso, porque pedían perdón pero al cabo de un rato parecían olvidarlo y volvían a hacerlo.
El que ya era otro caso era Jacob, que aprovechó la oscuridad para pasarme el brazo por encima con disimulo y sonreír cuando le miré con duda.
Sin embargo no lo retiró y ese descaro me hizo sonreír divertida.
Cuando me hizo acercarme más a él sonreí con ironía y acerqué mi boca a su oreja.
"No tientes tanto tu suerte." Le susurré.
"Quien no arriesga no gana." Afirmó sonriendo.
"Tú traspasa la línea de seguridad y no solo no ganarás sino que perderás algún miembro." Afirmé dándole una palmada en el pecho.
"No te arriesgarías en un sitio como este." Afirmó él divertido volviendo a rodearme. "Además, las parejas vienen aquí a esto. Es parte del entrenamiento ¿no?"
"Dudo que necesitéis esta ayuda." Afirmé soltándome. "Para esto os bastáis vosotros solitos."
"Eh, tortolitos." Nos riñeron los otros en broma. "Dejar eso para otro rato, queremos oír la peli."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Billie)
Ring ring… Ring ring…
"Ya va, ya va…" Murmuré moviéndome para coger el teléfono. "Al habla Billie Black."
"Buenas tardes Billie." Me dijo Charlie por teléfono. "¿Te pillo en mal momento?"
"No Charlie, estaba solo." Afirmé. "Estaba viendo la tele."
"¿Aún no ha aparecido Jacob?" Me preguntó.
Jacob, claro, se me había olvidado comentarle que ya había regresado. Estaría preocupado ya que era mi amigo desde hacía años.
"Ah, sí." Afirmé. "Llegó hace un par de días. Resulta que el muy desconsiderado se fue a hacer una ruta en moto y se le olvidó mencionarlo. Luego se quedó sin gasolina y tuvo un accidente, ha estado de periplo todo este tiempo y el muy idiota se le olvidó llamar para contármelo."
"Espera un momento…" Me dijo. "¿Me estás diciendo que se escapó de casa para ir a pasear en moto y se perdió?"
"Algo así." Afirmé. "Ya sabes, los jóvenes necesitan aventuras. Ya le he dicho que la próxima vez no se vaya sin decirme a dónde ni por cuanto."
"Supongo que le habrás puesto un castigo de los que hacen época." Me dijo.
"Arresto domiciliario." Afirmé. "Solo le he dejado salir hoy porque iban a darle unas clases de urbanidad con otros chicos de la reserva."
"¿Clases de qué?" Me dijo.
"Al parecer algunos chicos se quejaban de que no podían ligar, así que una dama se ha ofrecido para enseñarles unos cuantos trucos como comer con propiedad y ciertas… bueno, ciertas maneras."
"Son adolescentes." Me dijo Charlie divertido. "Me gustaría ver cómo lo hacen."
Estuvimos hablando un buen rato más, sobre nuestros hijos, sobre otras cosas… Cuando colgué me di cuenta de algo, le había dejado ir no por las clases sino porque sabía que iba a estar bien cuidado. La duda era… ¿bien cuidado por sus amigos o por la dama vampiresa?
Estaba comenzando a dudar si no estaba comenzando a ver a la dama, de una raza peligrosa para nosotros, como a una más.
Ella era un vampiro mientras que Jacob y los otros chicos eran licántropos, eso sería un problema, si ellos se transformaban cerca de ella posiblemente la atacasen, o viceversa; si a ella le entraba sed estando cerca de ellos…
No, ella tenía control, sí. Ella no iba a tener sed, tenía bolsas de sangre siempre encima, al menos eso me habían dicho el resto, si tenía sed se tomaría una; y además, si alguno de los chicos amenazaba con transformarse seguramente ella podría calmarlos con tocarles, ya le había visto hacerlo antes.
Era raro, por un lado me sentía intranquilo sabiendo qué era cada uno y cómo ambas especies eran enemigos por naturaleza; pero por otro lado, me sentía tranquilo sabiendo que ella era una persona realmente sabia, como Carlisle solo que en femenino…
"Billie ¿estás bien?" Me preguntó Sue Clearwater. "Estás muy callado."
"Bah, preocupaciones de padre." Afirmé. "Me preocupo demasiado por mi hijo."
"Es parte de ser padres." Me dijo ella dejándome una tarta en la cocina para volver a sentarse conmigo. "Si a mí me pagasen por cada vez que me preocupo por mi Leah y mi Seth…"
"Tienes razón." Afirmé.
"Por cierto, Leah dijo algo de que la chica nueva se iba a llevar a Seth con otros chicos a la ciudad." Me dijo.
"Ah, sí." Afirmé. "Están en un programa de aprendizaje de buenos modales para poder ligar."
"Estos chicos…" Dijo ella. "¿Acaso estás preocupado aún por la huída de Jacob o es más bien por las lecciones?"
"Un poco ambos." Afirmé.
"¡No te preocupes!" Me dijo. "Están con esa chica. No la conozco mucho, pero parece una buena chica. Cuidará de ellos…"
"Sí." Asentí. "Tienes razón."
Ahora ella estaba con ellos, nunca había dado muestras de odiar nuestra especie, mi hijo la adoraba hasta límites insospechados, era amiga de los otros chicos… Sí, no tenía nada que temer, ella se encargaría de cuidarles mientras estuviesen con ella.
(Salto espacio-temporal)
"¡Wala!" Dijo Seth. "¡Que peli más buena!"
"Jo, anda que no ha molado ni nada cuando el tío descubre esa pista que había bajo la cama y…"
"¿Y que se veía desde que entraron al cuarto?" Pregunté. "Un poco cantoso que enfocasen allí todo el rato mientras enfocaban al protagonista."
"Espera, que la chica es ahora Sherlock Holmes." Dijo Embry.
"Solo soy observadora, nada más." Afirmé. "¿Tengo que recordarte cuál es mi trabajo?"
"Vale." Me dijeron.
"Bueno, pues ahora… ¿Quién sabe después de ir al cine en una cita qué hay que hacer?" Les pregunté.
"Irnos a un sitio más tranquilo." Afirmó Embry divertido. "Donde no nos molesten."
"Animal." Le murmuré yo.
"Creo que primero habría que preguntarle a la dama si necesita comer algo." Dijo Quil.
"Venga ya." Dijo Jacob. "Ya nos hemos atiborrado de palomitas. ¿Cómo va a tener más hambre?"
"No es que tenga hambre o no." Dije yo. "Es por educación. Quil se lleva otro punto. Aunque antes de pasar a lo del hambre… ¿no pensáis que lo más lógico sería algo que ya hemos hecho un poco?"
"Caminar." Afirmó Embry.
"¿Hablar sobre la película?" Me dijo Jacob quitándose la chaqueta y echándomela por encima. "Es agradable mantener una conversación de vez en cuando." Afirmó citando mis palabras.
"Bien citado." Afirmé. "Pero la próxima vez intenta decir algo de tu cosecha."
"Cine, charla sobre la película, preguntar si tiene hambre… llevarla a cenar, supongo." Dijo Quil. "¿Y luego?"
"Luego… a veces un paseo tranquilo suele ir bien." Afirmé.
"Un paseo a la luz de la luna…" Dijo Embry. "Y nosotros vomitando."
Vale, tuve que aguantarme la risa ante su franqueza, todos nosotros; pero entonces Seth y Jacob hablaron.
"¿Y si te gusta la chica por qué ibas a vomitar?" Preguntó Seth.
"Eso." Le apoyó Jacob. "Es una excusa perfecta para poder acercarte a ella con la excusa de que no se pierda."
"Veo que sois bastante… humanos." Afirmé. "No, no. No hay nada malo en ello. Me dais envidia."
"¿Y eso?" Me preguntó Quil.
"Aún a riesgo de hablar más de la cuenta y sonar como un hombre…" Dije. "Los de mi especie no tenemos… urgencias de ese tipo. Impulsos de regirnos por las hormonas. A decir verdad dudo incluso que tengamos de eso."
"¿Y no tenéis…?" Me preguntó Seth.
"No." Afirmé.
"¿Pero nada de nada?" Me preguntó Embry. "Ni cuando un tío…"
"No, lo siento." Afirmé. "Nada de nada. No hay esas urgencias. La… bueno, la atracción física es evidente que existe de algún modo, pero el resto es más… animal. Demasiado peligroso para cualquier mortal, un error de cálculos y control y podríamos matar al otro."
"O sea, que de sexo nada." Me dijo Embry. "Jacob … lo siento, tío."
"¿Y quién te ha dicho que no me importe morir en sus brazos?" Le dijo él bromeando.
"Además ¿quién os ha dicho que no tengamos?" Le pregunté yo inclinando levemente la cabezas.
"¿Eh?" Dijeron. "Pero si acabas de decir que…" Me dijo Quil.
"Que no tenemos esas necesidades. Y que es algo más bien de instinto animal por lo que es peligroso con un humano." Afirmé. "No que no podamos."
"Entonces…" Me dijo Quil.
"No me tentéis…" Les dije con una sonrisa diabólica.
"Pero sí o no." Preguntó Seth.
"Conozco a algunos machos de vampiro con fuerza suficiente como para aguantar lo suficiente." Afirmé. "Pocos, pero los hay."
"Mira que bien." Me dijo Embry. "Aquí tienes a unos cuantos machos de licántropo bastante más fuertes que cualquier vampiro."
Yo tan solo solté una medio risa mientras Jacob le lanzaba un gruñido gutural de algo entre aviso y amenaza.
"¿Seguro que sois fuertes?" Les pregunté.
Cuando les vi asintiendo simplemente cogí una barra de acero, con dos dedos y la doblé hasta hacer una forma de una rosa suavemente antes de partirla en dos para sacar dos rosas idénticas. Entonces sonreí más ampliamente y cogí una que puse en mi mano y la oculté en ella para abrirla y mostrarles un montón de polvo metálico.
"¿Podéis imaginaros lo que podría hacer esto en los huesos de una persona normal?" Les pregunté divertida. "Y eso que no he hecho apenas fuerza."
"Vale, vamos a dejarlo." Afirmó Quil. "Era solo una broma."
"Supongo que en tres casos iba en broma, uno de ellos en semi-broma." Afirmé para luego mirar a Jacob. "Lo de ese tipo de relaciones con cualquier otro que no sea uno de esos machos vampiros lo llevo a rajatabla. Prefiero no tentar mi auto-control demasiado. Odiaría tener que decepcionar a ninguno de vuestros padres y madre."
