Disclaimer: Los personajes pertenecen a Takeshi Konomi.
-.-Trenzas-.-
Admiró las largas trenzas.
Sakuno sonrió ante su reflejo frente al espejo de su mesa de noche. Las trenzas estaban a cada lado de su rostro, llegaban hasta muy cerca de su cintura y terminaban con dos cintas color rosado. Esa había sido su apariencia desde que tuvo uso de razón. Todas las noches, después de bañarse, se daba la tarea de armar cada una de las trenzas para así dormir tranquila. Aunque se sintiera muy cansada después de las actividades del día, no podía faltar a esa costumbre.
Le trajo muchos recuerdos de infancia.
Cuando era pequeña, su abuela la sentaba en su regazo, y con la ayuda de un cepillo, solía peinar el cabello castaño muchas veces. Notaba su felicidad cuando comenzaba a armar las trenzas, y le colocaba cintas de diferentes colores cada mañana. Era como una especie de ritual. Cada trenza podía tomarle unos minutos, pero pareciera que hubiesen transcurrido muchas horas, pues siempre terminaban con alguna historia o una anécdota de juventud de su abuela. Era muy divertido compartir momentos juntas.
La situación cambió cuando ella creció y el tiempo con su abuela se redujo. Ahora se encontraba en el primer año de escuela, no necesitaba que alguien más hiciera las trenzas por ella, y tomó por costumbre atarlas de esa manera. Hasta ese momento le pareció la forma correcta de manejar la situación, pues si llevara coleta, moño o cualquier otro peinado, sería indiferente a los demás. Era libre de escoger que hacerse en el cabello. Sus días de escuela transcurrieron normalmente.
Hasta que Ryoma se quejó que su cabello era muy largo.
Muchas veces pronunció que su "postura era errónea y que su cabello era muy largo". Obviamente lo hacía con la mejor de las intenciones para que pudiera mejorar sus habilidades en el tenis, y tal vez le dio crédito a sus palabras, ya que no por nada era un prodigio con doce años; sin embargo; no estaba segura qué sentir cuando le mencionaba esa frase.
¿Realmente funcionaría mejor si no tuviera el cabello tan largo? ¿Ryoma lo diría en serio o se trataba de una broma? ¿Debía prestar atención a su consejo?
Incluso, esa semana que bailaron en su cabeza todas aquellas preguntas, trató de variar de estilo de peinado, para probar posibilidades. Después de mucho tiempo, por primera vez trató de hacerse un moño en la cabeza, pero fue el peor error que pudo cometer; terminó con una pelota de tenis en la frente porque el moño se soltó en medio del entrenamiento, y no la dejó ver por dónde iba. Era mucho cabello para soportar la redecilla en el cabello. Algo similar ocurrió cuando se decidió hacer una coleta, cada segundo tuvo que mover el cabello hacia otro lugar pues le molestaba a la hora de usar la raqueta; ese día, terminó sentada en una silla durante el entrenamiento porque no le dio a ninguna pelota.
Por si fuera poco, entre los fracasos por arreglar el problema, Ryoma le echó en cara su falta de seriedad en el juego y siguió obteniendo la misma frase de él. No parecía apreciar su esfuerzo.
Suspiró ante los recuerdos de esa semana.
Vio nuevamente a la Sakuno sonriente en el espejo, y se preguntó cómo sería no tener las largas trenzas de siempre, pues no llevar el cabello largo significaba deshacerse de ellas. Estaba segura que las memorias no se borrarían de la mente, pues aún podía escuchar los cuentos de su abuela cada vez que se sentaba en su regazo. Los eventos del pasado no cambiarían así tuviese un florero en la cabeza. Todo se mantendría intacto.
Asintiendo, llevó la mano hacia la mesa de noche y cogió las tijeras que ahí se encontraban. Ella quería mejorar en el tenis. Quería avanzar con su entrenamiento y no quedarse más en la silla.
Tal vez, toda costumbre debía terminar.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
—¡Sakuno-chan! —gritó Tomoka.
Sakuno detuvo su caminata hacia la puerta principal de la escuela para voltear al llamado de su amiga. Tomoka vino corriendo hacia ella, muy sonriente y saludándola a viva voz.
—Ohayo, Tomo-chan —sonrió.
—Te veo diferente —expresó, con el mismo entusiasmo de siempre.
—¿E-En serio?
—Tus trenzas… —Señaló con el dedo— tienen listones de girasoles.
—Sí —aceptó—. Mi abuela me los regaló ayer en la noche.
—Son muy bonitos —agregó—. Como quisiera tener el cabello largo —hizo un puchero con la boca—, pero demora mucho en crecer.
—Crecerá, Tomo-chan —dijo, suavemente—. Toma su tiempo, pero crecerá.
—Tienes razón. —sonrió. Iba a reanudar el paso, pero entonces vio el reloj, y sorprendida, añadió—. ¡Necesito ir primero a la sala de profesores! Te veo en el salón de clases.
Asintió ante la abrupta salida de su compañera. Apretó el libro que llevaba entre los brazos y echó un vistazo hacía los listones de girasoles que tenía en ambas trenzas. Las largas trenzas seguían ahí.
Esa noche, no pudo deshacerse de su cabello. Por más que intentó usar las tijeras, caían al suelo cada vez que llegaban a alguna de sus trenzas. Entre varios intentos fallidos, su abuela llegó y le hizo entrega de los listones de girasol; le dijo que había crecido mucho pero que, a sus ojos, seguía siendo la misma pequeña que se sentaba en su regazo, sin importar el tiempo que pasara.
No. No era el momento para deshacerse de sus trenzas. Había tomado una decisión.
Caminó unos pasos por las puertas de la escuela, dispuesta a dirigirse hacia el salón de clases para llegar temprano. En su paso por la reja, chocó con alguien, y el libro que llevaba en el brazo, cayó al suelo. Por inercia se acomodó el flequillo. Notó a la persona que le pasó el libro rápidamente.
—Ryoma-kun —se sorprendió.
—Toma, se te cayó —dijo, despreocupado.
Titubeó. No pensó encontrárselo tan rápido.
Debía hacer algo.
—¡No me rendiré! —exclamó.
—¿Ah? —Se mostró confuso.
—Sé qué a Ryoma-kun no le gusta mi cabello largo porque es un impedimento en mis entrenamientos, pero… —expresó, en una mirada segura a su compañero— no me desharé de ellas. Le mostraré a Ryoma-kun que puedo mejorar, incluso con la "molestia" que debe generar mis trenzas. ¡Alcanzaré a Ryoma-kun! —finalizó.
Hubo una ligera pausa.
Lo notó sorprendido a causa del monólogo que hizo en medio de la entrada de estudiantes, pero no lo dejó responder. Caminó dentro de la escuela en pasos seguros, mientras mentalmente se avergonzó por el intercambio.
Pensó que todo acabaría en se instante, pero sintió un peso extra. Detuvo el paso, y alzando la mirada, vio que el libro, que dejó olvidado con su compañero, estaba sobre su cabeza. Ryoma se lo devolvía de una manera poco usual.
—Ryuzaki.
Un sonrojo se formó en el rostro, y esperó por su inminente veredicto.
—¿Q-Qué?
—Está bien —dijo, en una sonrisa de medio lado—. Te quedan bien los listones de girasoles en las trenzas. —Bajó la visera de la gorra.
—¿Eh?
No la dejó hablar porque Ryoma empezó a caminar hacia la escuela. Quitándose el libro de la cabeza, asintió sonriente ante la respuesta.
Ryoma había aceptado sus trenzas.
-Fin-
N/A: Creo que esto nació porque siempre es difícil deshacerse de un recuerdo, y más si tiene relación a algo físico ;)
¡Gracias por leer!
