Y ahí están Austria y Suiza. A Romano hasta se le cae la cuchara al ver a Austria.

—¡Austria!

—Guten Natch, Römer —saluda con un gesto suave de la cabeza igualmente pomposo. Y es que Romano no se lo puede creer.

—¡Pero cómo te atreves a venir aquí! —chilla.

—Espera —levanta una mano con suavidad para intentar calmarle. Romano se pone en jarras y le mira, y luego mira a Suiza. Recuerda entre los castigos y los balazos...

—¿Qué haces aquí?

—He venido a hablar contigo.

—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar... Rompe hogares —lo murmura, porque a pesar de todo le tiene miedito. Ojos en blanco de Austria.

—¿Nos permites entrar?

Vacila un poquito... Y se quita de la puerta sin dejar de fulminarle. Austria pasa delante. Romano cierra la puerta y les sigue recogiendo su cuchara. Suiza pasa detrás mirando a Romano con cara seria y el ceño fruncido.

Austria entra hasta sentarse en algún lugar de sofá, apartando algunos juguetes de Vaticano. Le salta un poco el ojo con el desorden intentando tocarlo todo lo menos posible.

Romano no tiene ningún problema con el desorden en realidad y cuando Suiza se sienta una pelota hace un chillido aguuuudo que le hace dar un buen salto y sonrojarse un poco.

Romano se ríe con media mueca de lado en silencio.

Austria mira a Suiza, sonriendo un poco también y luego mira a Romano, quien le mira de vuelta muy digno, tomando su copa de vino de la mesa, sin ofrecerles nada.

—¿Y bien?

—Es más que evidente que Venetian está sacando las cosas de contexto y exagerando en general un montón de impresiones erróneas. No estoy aquí para atacarle ni pare defender a Deutschland puesto que no podría ser más imparcial entre ellos pero quiero que lo tengas claro antes que nada.

—¡TÚ te besuqueaste con Germania, lo vi con ESTOS ojos!—mismos niveles de exageración y drama. Hasta le señala acusatoriamente. Suiza levanta una ceja y mira a Austria de reojo.

—Deutschland tuvo una reacción desmedida a todo este asunto exagerado, Römer.

—¿Reacción desmedida... Besándote? Veneciano sabe lo que vio, lo que hacían y lo que buscabas. Y suele tener muy buen ojo para esas cosas.

—Ja. Reacción que también tuvo Italien, por cierto... e insisto que no estoy de parte de Deutschland, pero él no se está acostando con Rom cada noche.

—Menos mal que no estás del lado del idiota de Germania. YO estoy del lado de mi fratello y sabes perfectamente lo que eso significa.

—Yo estoy del lado de detener eso y por eso hasta me fui de la casa una temporada, eso es lo que consiguió Venetian.

Romano le mira con ojos entrecerrados y luego mira a Suiza dando un trago a su vino.

—¿Por qué está Veneciano tan seguro?

—¿Crees que si lo supiera estaría pasando esto? Deutschland está desquiciado, toda la casa es un desastre.

—Debes tener alguna teoría.

—Mi teoría tiene que ver con un gran malentendido y con que Venetian se siente inseguro por Rom.

—Es culpa del macho patatas —responde pensando un poco en Roma y lo tremendamente molesto que es.

—Probablemente y probablemente es por eso que Italien le está castigando, pero yo no tengo nada que ver.

—Él está seguro —insiste necio —. ¿Cómo sé que no mientes solo para salvar tu pellejo?

—¡Porque es absurdo hacer esto justo cuando voy a casarme!

Suiza se revuelve un poco con ese comentario.

—Podría ser tu última oportunidad para hacer algo que todos sabemos, llama tu atención.

—No tanto —se coloca bien las gafas y le mira fijamente, harto de esto—. No de ese modo, si así fuera, habría habido infinidad de momentos mucho más propicios.

—Pero Veneciano...

—Venetian está cegado por los celos desmedidos. Tú estás proyectándolos como siempre haces, pero debes ser consciente también de que así es, estoy seguro.

Romano le mira fijamente

—¿Viniste a decirme eso?

—Solamente en parte.

—Supongo que quieres que haga algo.

—¿Planeas negarte?

Romano toma otro trago al vino sin responder por unos largos segundos.

—¿Qué es lo que quieres?

—Lo que... quiero —se humedece los labios haciendo una pausa—. Es que nos cases.

—Waaas? —Suiza tomado por sorpresa. Romano por el contrario relaja un poco el ceño e inclina la cabeza sin dejar de mirar a Austria.

—Me refiero a que oficies tú la ceremonia —se explica.

Romano asiente levemente habiendo entendido eso justamente. Relaja más el ceño aun hasta dejar de fruncirlo del todo.

—Pero él no... ¡Pero el obispo! —Suiza intenta susurrarle a Austria, termina chillando un poquito igual.

—Él nos conoce desde siempre y es una de las mayores excelencias de la iglesia, Schweiz.

Romano sonríe un poquito de lado y le da otro trago al vino.

—¿No habías pensado en esto antes?—comenta el italiano mirándole a uno y luego al otro en ooootra actitud completamente diferente.

—Lo que no había hecho es comentárselo, en realidad...

—Tsk tsk tsk. Vamos a tener que trabajar en esa comunicación de pareja —sonríe Romano medio maligno.

Austria le mira de reojo. Suiza frunce el ceño y mira a Austria de reojito y luego se sonroja con lo que dice Romano. Se cruza de brazos.

—O tal vez quieras probar a irte entrevistando con toda la iglesia católica —le propone el austriaco a Suiza.

—Nein —protesta porque justamente estaba pensando que la idea no es del todo mala. Era completamente cierto que a Romano era, después del mismo anciano Vaticano, de los puntos más altos en la iglesia católica, aún hoy por hoy era perfectamente respetado y podría, sin problemas, decidir oficiar la misa en Berna sin que nadie se atreviera a hacer mucho revuelo. Para variar lo que le volvíiiiia a molestar era no tener ni idea de lo que pensaba Austria—. Romano no parece ser mala idea... De hecho podría haberme ahorrado una vergüenza —agrega refunfuñando.

—No se me ocurrió antes —se encoge de hombros y España vuelve del cuarto de Vaticano.

Romano le sonríe un poquito y... Es que con todo este asunto del drama de veneciano no había tenido ni tiempo de pensar en esta boda o alegrarse un poquito por ella. Quizás si Austria de verdad se casaba bien con Suiza podría desaparecer de la vida de su hermano al menos un poco, lo que implicaría que, bueno, quizás el idiota alemán podía suplicarle y arrastrarse lo bastante por los suelos como para dejarle de mascota de Veneciano.

—Oh!¡Hola! ¿cómo por aquí? —el español se acerca a ellos sonriendo. Suiza hace los ojos en blanco pero, cosa muy extraña, busca la mano de Austria para tomársela ligeramente posesivo.

—Han venido a pedirme algo que... estoy valorando —sentencia Romano con aire de desinterés copiado al austríaco.

—Spanien, guten natch —saluda Austria dejando que Suiza le tome la mano.

—¿Eh? ¿El qué?

—Que les case —mira a Austria, luego a Suiza y luego las manos... Consigue que Suiza se sonroje.

—Ooooh! ¡Que bonito! —exclama España riendo y toma a Austria de los hombros apretándole un poco en señal de afecto. Este carraspea.

Suiza fulmina un poco a España aunque bueno... No hay besos involucrados como con Francia, lo cual es un punto a favor del español.

—¿Y vas a hacerlo? ¡Tienes que hacerlo!

—Mmmm... No lo sé aun... —hace como que se lo piensa mirando al español aunque sonríe. Descruza la pierna humedeciéndose los labios y recarga un brazo en el respaldo del sillón en una silenciosa invitación a que España se acerque y se siente a su lado. La verdad... Le hace cierta ilusión.

Ahí va España.

—Pero venga, Romaaaaa —a España es que le pones mucho vestido de cardenal. Austria agradece que España sea el que ruegue. Suiza hace los ojos en blanco otra vez y mira a Austria de reojo, sintiendo los ruegos de España como propios.

—Habría que ver... Casi estoy tentado a decir que sí, aunque hay un punto que me incomoda —mira a Austria y se recarga en España haciéndole un poco suyo.

—¿De qué se trata? —pregunta Austria con suavidad ahora.

—Tu padrino y la situación actual con mi fratello no son compatibles.

—¿Lo que quieres es que cambie de padrino?

—Veneciano sería un excelente padrino.

—Lo sería, pero no estoy seguro que quiera ni acercárseme siquiera.

—Spagna.

—Römer, sé lo que estás intentando pero hacer más desgraciado a Deutschland no va a cambiar nada ni a ayudar en nada.

—Si. Va a hacerme más feliz a mí y a conseguir que te case. Eso es ayudar mucho.

—Está bien. Spanien será mi padrino si así lo quieres... pero eso significa que me lo voy a llevar hasta la boda para que me asista como hace Deutschland.

—Espera... ¿qué? —España aterrorizado desde YA.

—No. Spagna está cuidando a Vaticano mientras yo estoy con Veneciano —no crean que no se ha asustado con esto.

—Pues tendrás que llevarte a Vaticano contigo.

—Nonono. Se lo que estás haciendo —Romano señala a Austria—. Consíguete un padrino que no sea el idiota de Germania y que te asista y que no me joda a mí.

—Deutschland es la persona indicada, Römer.

—¡Es el enemigo! ¿Qué crees que va a decirme Veneciano si sabe que acepte sin esa condición?

—¿El enemigo? ¿Eso dice él?

—¡Eso digo yo!

—Entonces no te va a decir nada sobre esa condición.

Romano parpadea... Y es que de verdad no son muy listos.

—Pero... ¡No!

—O me llevo a Spanien o dejas que sea Deutschland. Tú decides —se sube las gafas—. Pero si accedes, puedo ofrecerte que Deutschland te asista a ti también en lo que requieras.

—¿Que me asista a mí? Y yo para que puedo querer que... —se calla con tres o cuatro ideas desordenadas en la cabeza.

—Sé que sabrás responderte solo a esa pregunta —le mira con intensidad.

A pesar de la sonrisa maligna que se le había formado en los labios, sabe perfectamente bien que este simple acuerdo puede de una u otra manera simplificar el reencuentro entre Veneciano y Alemania. Asume que a eso se refiere el austríaco. Romano frunce un poco el ceño.

—Vaaale —acepta y le sonríe un poco.

En realidad lo que quiere Austria es que si va a fastidiarle, sea él quien lo haga, no usándole, que era lo que pensaba hacer directamente. Pero bueno, Romano aún confía en tus buenas intenciones, Austria. Que al final también creo que Austria puede interesarse por que se arreglen. En concreto porque toda la humanidad, hasta Romano, están ya crispados con esto.

—Comprenderán los dos que parte de casarles incluye mi deber moral y religioso de asegurarme de que todas las cosas funcionen adecuadamente, ¿verdad? —pregunta Romano que evidentemente va a intentar ir por ese camino también. Austria mira a Suiza de reojo.

—Neeeein. Nein, Nein. No voy a hacer esto OTRA VEZ, ahora con él —protesta mirando a Austria.

—A mí me parece que no hay más remedio —comenta Austria.

—¿Vas a verles hacer...? —España, deja de hablar con Prusia tanto.

—Si lo hay, ahora vas a hacerlo TU —sisea Suiza aun en alemán para el austríaco, levanta las cejas cuando escucha a España—. Was?!

Romano se ríe un poco de la cara de Suiza, dándole un golpe a España y tomando otro trago de vino. Así suavecita la risa porque Suiza le da miedito.

—¿De veras quieres que me entreviste a mí?

—Ja, CLARO que prefiero que te entreviste a ti —Suiza muy muy seguro. Inocente. Vas a arrepentirte seguro.

—Está bien —se encoge de hombros—. ¿Cuándo? —le pregunta a Romano.

—No tiene que ser algo tan formal, podríamos hacerlo aquí mismo —los ojitos se le oscurecen un poco al italiano y sonríe levemente—. Si tengo más dudas, veremos qué sigue.

—Ahora mismo por ejemplo —asiente Austria.

—¡Voy por patatas fritas! —salta España corriendo que no quiere perderse esto. Suiza se tensa mirando a España de reojo y apretándole un poquito la mano al austríaco.

—Trae copas y más vino y algo para comer para todos —mira, Romanito puede ser amable cuando España lo hace... y cuando el chisme lo amerita.

—Pero eso significa que accedes —deja claro Austria. Romano le mira y se ríe un poco.

—¿Tan poco confías en mí que crees que puedo hacerte todo un interrogatorio y al final decir que siempre no?

—Peores cosas te he visto hacer. Aunque no creo que vayas a preguntar nada que no sepas.

Se ríe un poco más con eso y se encoge de hombros.

—Uno nunca sabe —se relame un poco los labios y mira a Suiza pensando que seguro él es el que termina sufriendo con esto. Muajaja—. Sí, encontraré la manera de casarles. El derecho canónico es un lío pero siempre hay manera de arreglar estas cosas, en especial cuando las bodas previas fueron hace algunos años.

Si alguien sabe moverse perfectamente bien por los laberintos de la iglesia católica es él, eso incluye hacer lo que sea necesario para que todo termine como debe terminar. Si, Austria, de todas tus opciones esta es sin duda la más lista y la mejor, aplausos para ti. No hay nadie mejor para casarles que Romano.

—De hecho puede que haga hasta más que unos años —comenta cuando España vuelve con platos de pan con embutidos, aceitunas, patatas fritas, berberechos, queso, vino y cerveza.

—Exactamente. Ninguna de las dos puede estar vigente aun en el plazo de una vida humana normal —asiente romano relamiéndose un poco porque tiene hambre desde que llegó—. Más complicado es el género, pero... Eso siempre puede ignorarse. Olvidemos los trámites y vayamos a —chisme, ejem—. la cuestión que nos interesa aquí. Veamos. ¿Cómo describes tu relación con Svizzera, Austria?

—Tormentosa —define en una sola palabra.

—Tormentosa. Una descripción excelente para unos futuros novios. ¿Por qué es tormentosa?

—Estaba haciendo una descripción general de todo lo que ha sido.

Suiza se sonroja en automático porque por alguna razón le parece que los tormentos son suyos, Austria siempre está tranquilo.

—Ah, ya... Hombre, definitivamente lo ha sido, separaciones, otras bodas... —Romano se encoge de hombros—. ¿Algún día valoraron contraer nupcias en algún otro siglo?

—Nein... —niega y sonríe un poco suspirando derrotado.

—Pero sí estaban juntos en algún otro momento, ¿no? —mira a España de reojo buscando confirmación porque es de esas cosas que sabe, solo que no sabe cómo. España asiente y Austria mira a Suiza.

—¿De verdad es necesario que toda la humanidad sepa nuestras intimidades? —susurra Suiza para Austria sonrojadito.

—Tú dijiste que querías que yo hiciera la entrevista —responde este.

—Apenas estamos empezando, además —interviene Romano.

—Pues podrías no contarles TODO —sigue Suiza.

—He dicho DOS palabras —se defiende, Austria.

—Pues sí, lo preocupante es lo que potencialmente puedas decir.

—Basta, Svizzera, no lo alecciones. Que diga lo que piensa abiertamente —indica Romano envalentonándose con su posición de cierto poder. Vuelve a mirar a Austria.

—¿Describirían este como un matrimonio por amor o por interés?

—Bueno, él es la persona más acaudalada del mundo —suelta Austria con cinismo.

—Por interés, entiendo —Romano sonríe un poco. El austriaco sonríe poniéndose bien las gafas y España niega con la cabeza. Suiza mira a Austria y frunce el ceño automáticamente indignado.

—No vas a ver un solo franco de ese dinero. ¡No es por interés! —suelta el suizo. Austria se ríe.

—Uy... Cada uno con una opinión distinta —Romano se hace el sorprendido.

—¿¡Por qué cada vez tienes que hacer esto complicado!? —protesta Suiza apretando los ojos sonrojado.

—No soy una persona simple —replica Austria, que además había sido con perfecto sarcasmo.

Romano le sonríe a España mirándoles hacer porque siempre le hace mucha gracia ver a los dos germanos intentando entenderse por el camino más tortuoso y complejo posible. España le guiña un ojo en complicidad.

—Entonces tú dices que es por amor y tú por conveniencia —resume Romano—. ¿Alguna otra diferencia radical que deba saber?

—Seguramente saldrán a medida que preguntes, ya que no nos hablamos apenas.

—¡Sí que nos hablamos, estás viviendo en mi casa! —protesta Suiza que no pueeeede evitarlo.

—Otra diferencia —Romano vuelve a sonreír divertido. Todos sonríen menos Suiza.

—Entonces, Svizzera, ¿tu consideras que su comunicación es apropiada?

—Desde luego que no, es ÉL el que no me dice las cosas. ¡Pero de ahí a que no nos hablemos!

—Hay que ser precisos, ¿verdad, Suiza? —suelta España.

—Y empiezan los reclamos además... —Romano se ríe.

Suiza les mira a todos volviendo a sentir esto un poco como una emboscada, porque además todos sonríen y se ríen y le ponen nervioso. España y Austria también se ríen y Suiza, el amargado que nunca entiende los chistes, rechiiiiina los dientes soltando un poco la mano de Austria.

—No entiendo a qué va esta conversación —protesta.

—Es una conversación informal, ¡ni siquiera le he hecho preguntas molestas!—se defiende Romano.

—Cálmate, nadie te está atacando —asegura Austria.

—Se están burlando —murmura

—Nein, nein, calma.

Romano hace los ojos en blanco e intenta dejar de reírse porque en realidad quiere martirizarle por un buen rato, no que le dispare en la cabeza.

—Vamos a las preguntas más serias entonces. Austria, ¿cómo convenciste a Svizzera para que se casaran?

—No le convencí, solo se lo pedí.

—Pero si él es una isla, no te deja ni pisar su casa para cruzar. Creo que no participaba ni en los boy scouts, claramente no le gusta juntarse con nadie... Algo debiste hacer para que dijera que sí —es que no deja de darle curiosidad.

—Es verdad —asiente Austria tranquilamente.

—Yo creo que tiene que ver con la infancia que pasaron —explica España.

—Es decir Svizzera simplemente confía ciegamente en él y a cualquier otro, como a Francia, lo habría mandado a volar —asiente Romano.

Austria se sonroja un poco con eso y Suiza tiene unos segundos de TRÁGAME TIERRA. Romano disfruta un poco de la cara de ambos.

—Es un poco fuerte así puesto, yo creo que Austria ha demostrado en los últimos tiempos ser merecedor —comenta España.

—Nadie dice que no, en realidad me parece que todo es mutuo y bastante simple... y que han tardado un montonal —apunta Romano sonriendo.

—Yo no confío ciegamente en él —suelta Suiza muy, pero muy tarde.

—Dijiste que lo harías —comenta Austria

Romano vuelve a mirar a España sonriendo y Suiza aprieta los ojos.

—Anda, no seáis malos.

—Te detesto —susurra Suiza para Austria de igual manera, se revuelve y por alguna razón es que siempre cae en este tipo de comportamientos que es TENER que decir las cosas. Podrías darle la vuelta, Suiza. Pero no.

—Esto es bonito y románico —Romano, eso podría sonar mucho menos a burla.

—Verdammt —Suiza del color del alto en un semáforo... Y con ese brillo igual—. Ja. Confío en él. Si no lo hiciera no estaría aquí aguantando todas estas imbecilidades.

—Ahí tienes tu respuesta —asegura Austria. Romano se sonroja un poquito con la respuesta de Suiza, un poco empático.

—Podrías devolverle la cortesía —propone Romano.

—Podría —asiente Austria porque sí que podría… pero no parece tener las intenciones de hacerlo realmente.

Romano inclina la cabeza y luego mira a Suiza... Finalmente mira a España de reojo sonrojándose más y pensando secretamente que menos mal que él está con España que le dice cada tres minutos que lo ama con pasión.

—Austria, venga, estás haciéndole sentirse mal y lo sabes —le empuja España también.

—Consideras que lo sé y me lo dices porque...

Suiza se revuelve otra vez odiando toda esta reunión.

—Detesto salir de casa —susurra para sí.

—Andaaaa —suplica España—, mira que carita, pobrecito.

—No te estás sacrificando por el bienestar de Svizzera —presiona un poco Romano.

—Vuélveme a llamar "pobrecito", Spagna —sisea Suiza en italiano, sacando vapor de agua por las orejas.

—¿Y pensáis que decirle cualquier cosa porque vosotros me lo pedís servirá de algo?

—Lo preocupante es que él lo diga y... Mira el color que trae. Y vele la cara que pone. Y aun así tú seas incapaz de decirlo —puntualiza Romano frunciendo un poco el ceño.

—No es que sea incapaz, es que no es el momento.

—Lo es si él espera que se lo digas, gírate y mírale. Ese es el problema con ustedes, no saben leer el ambiente —sentencia Romano señalando a Suiza. Éste podría esconderse bajo su balde ahora mismo sin que le molestara un pelo.

—No, no lo es. No presionéis más o esto va a acabar mal —pide Austria mirando a Suiza de reojo y sabiendo que seguramente eso va a incomodar aún más a Suiza que prefiere que estas cosas pasen cuando son solo para sí mismo.

—Se presiona para lo que conviene... Vale. Pasemos a otro asunto que siempre me parece que con los Germanos nunca esta uno lo suficientemente seguro de que el asunto les quede claro —se sonroja un poco y carraspea, pero... bueno, era importante señalarlo—. ¿Están conscientes de que en el matrimonio han de compartir el acto conyugal?

—Ja.

—Es decir, no puedes decirle siempre que te duele la cabeza o que hoy no quieres moverte —puntualiza un Romano que siempre ha pensado que Austria... Solo hacia lo que hacía porque era España.

España se gana el premio de la noche al morderse la lengua y no decirle a Romano que no debería preocuparse por eso.

—Porque si le dices a él todas las noches que "este no es el momento"... quizás variando un poco la cuestión, los dos podrían estar un poco más tranquilos —sigue sin mirar a España.

El ceño de Austria se va frunciendo a medida que Romano habla y su mirada se va volviendo más sombría. Cuando romano termina de hablar piensa que quizás se ha extralimitado un poco.

—Danke por tu consejo, Italien —habla en ese tono de voz firme y duro pero sin alzar la voz.

Romano vuelve a tener diez años, se encoge un poco en su lugar dejando su posición de seguridad y tranquilidad y haciendo cara de regañado.

—Es... I-Importante que... L-Lo sepan —se revuelve acercándose un poco a España, porque si alguien cree que estos muchachos no le siguen teniendo terror a Austria cuando él quiere, está completamente equivocado. Aun cuando Romano es rezongón. Conoce perfectamente cuando ha pasado el límite... Como ahora—. Vo-volviendo a... Los v-votos y el compro... Ehm... Compromiso.

España lo abraza, sinceramente acojonadillo. Suiza saca la cabeza del cubo imaginario donde la tiene y mira a Austria pensando que JUSTO POR ESO quería que le interrogarán a él.

—¿Ya tienen sus votos? —intenta Romano a ver si a Austria se le quita su aura de Hitler.

—Nein —niega Austria aun un poco tenso pero no tanto, Romano mira a España de reojo en busca de un poco de ayuda.

—Deberíais ir escribiéndolos —interviene el español asintiendo al italiano.

—E-Es una buena oportunidad para decir cosas que en otro momento cuestan —agrega Romano pensando que por eso él no podría casarse sin llamarle a España idiota pervertido.

—England va a ayudarme con los míos —sentencia Suiza a quien le parece que ese tema no es tan terrible.

—Ah ¿sí? —Austria le mira de reojo porque eso no lo sabía.

—Ehh... No sé si deberías saberlo. Solo, él escribe bien y yo soy un desastre, así que si le doy las ideas generales —realmente no se ha puesto a pensar en ello más allá de la idea práctica.

—¡Ja! Ni que escribiera tan bien —bufa España.

—Sigo impresionándome de que no haya ni un ser humano normal inmiscuido en esta boda —y con eso se refiere a latino, susurra el italiano para España, quien levanta las cejas y desfrunce el ceño sonriendo comprendiendo eso.

—¿Cómo va la música? —pregunta Romano teniendo la idea brillante de que ese tema debe funcionar. Lee en la cara de Austria que no—. ¿Quién va a hacer la comida? —otro cambio de tema

—¿Qué comida? —pregunta el austriaco descolocado ahora.

—D-De la boda —sí, ha olvidado por un momento el tipo de interrogatorio que es este. Austria mira a Suiza porque eso es algo de lo que él se ha ocupado.

—Un servicio de comida en Berna —responde el siempre practico Suiza. Romano vuelve a no poder creer que no hayan contratado comida italiana o francesa o hablado con Roma o ALGO. Así funcionan los germanos.

—Ah! —truena los dedos recordando otra cosa importante—. ¿Qué tal la vida post marital? Digo, ehm, la vida de todos los días. ¿Ya han hablado de cómo va a funcionar?

—Ja, siguiendo en la línea del motivo material del matrimonio —responde Austria suspirando un poco. Romano parpadea sin entender ese comentario del todo.

—Ni que tuviera un palacio —inclina la cabeza y mira a Suiza.

—Todo va a seguir como hasta ahora, Romano... —responde Suiza sin mirar a nadie, ignorando el asunto del palacio.

Austria hace un gesto con las manos para evidenciar la ironía anterior.

Romano les mira fijamente a los dos y... Aunque conoce bien a Austria, es el que menos ha convivido con los hermanos y aun le impresiona esta pareja en concreto.

—¿Están al menos un poquito ilusionados con su boda? —pregunta con cierta preocupación.

—¿Entonces por qué casaros? —pregunta España.

—Exacto. Él parece estar pasándolo incluso mal y tú... Bueno. Tú...

—¿Yo?

—Tú estás igual —de aterrorizante— que siempre.

Austria levanta una ceja y Romano se encoge de hombros.

—Te estás defendiendo demasiado, cariño. Eso es bueno normalmente, pero ahora hace que todos nos preocupemos —explica España a Austria abrazando a Romano.

—Vale, quizás me pasé con el comentario del sexo y eso, pero en serio que hacen dudar los dos. No digo que no se quieran pero... —complementa Romano asintiendo a lo que dijo España.

—¿Por qué creéis que hacemos esto si no precisamente porque QUEREMOS hacerlo? —pregunta Austria sin entender el problema.

—No lo sé. Así como son, puede haber veinte respuestas horribles a eso.

—¿Así como somos? ¿Crees que es muy fácil obligarnos a hacer algo a cualquiera de los dos? —insiste el austriaco sin poder creer que realmente estén pensando todos en esa clase de cosas.

—No, solo creo que podrían tener motivos que me dieran tristeza —responde Romano sincero, con suavidad.

—¿Cómo cuáles? —pregunta con preocupación.

—Como algo político o algo económico de verdad. Un acuerdo o... yo que se —mira de reojo a España que asiente.

—Nada va a cambiar tras la boda —asegura Austria porque le parece que eso realmente explica que todo esto no es para ir a aprovecharse del dinero de Suiza, si no que realmente lo hace solo para estar casado con él. Es que Romano le mira realmente sorprendido.

—Nein, yo no creo que sea así del todo —Suiza encuentra su voz en algún lado adentro del cubo imaginario por lo que veo.

—Evidentemente, los absolutos... estoy hablando a nivel práctico. Hay cosas que van a cambiar o realmente esto solo sería... una fiesta —sigue el austriaco.

—¿Cuáles cosas consideráis que van a cambiar entonces? —pregunta España.

—Pues... pues cosas —Suiza vacila después del comentario de los absolutos.

—¿No eres capaz de nombrar una? —pregunta el español.

—Nuestra concepción como pareja. Estar casado tiene cierto peso —responde Austria para quien todo está muy claro.

—Eso lo sabes tú porque has estado casado de manera que cambien cosas. Svizzera no, así que para él no tendrá peso alguno aunque te diga que sí —responde Romano. Suiza se tensa con ese asunto

—Eso lo sabe él también porque es una persona lo bastante inteligente y suspicaz para imaginar que si les decimos a todos que vamos a casarnos, como mínimo es posible que todos piensen que a partir de ahora estaremos casados y eso hace que no nos odiemos del todo —replica Austria frunciendo un poco el ceño.

—No sé por qué todo ha de ser siempre tan dramático con ustedes —Suiza protesta—. Va a cambiar todo, de manera práctica y radical, como está cambiando ya. Yo confío y él hace cosas para merecerlo. Hay otras múltiples cosas que son distintas. Quizás no de manera espectacular como a ustedes les gustaría.

—No es que queramos que sea espectacular, es que tal como habláis... —explica España—. Parece que fuerais a firmar los papeles para contratar un seguro.

—Exacto. Como si fuera un simple trámite. Insisto, no me han podido decir si les hace al menos una poca de ilusión —añade Romano.

—Será una cuestión emocional, en nuestra medida, en el tiempo correcto y en el lugar adecuado. De momento la situación requiere una visión práctica —replica Austria, frío como el hielo. Romano niega con la cabeza y mira a España.

—Cielos, ¿siempre ha sido así? —pregunta de forma bastante extraña.

—Eh... uhm... no. No del todo —lo que pasa es que tú eras una bomba de emociones que lo contagiabas todo. Suiza aprieta los ojos con la pregunta... Y la respuesta.

—Quiero irme a casa —susurra Suiza como primera advertencia.

—¡Spanien! —protesta Austria.

—¡Es verdad! Nosotros estábamos muy emocionados, ¿no te acuerdas? Y se lo decíamos a todos con ilusión y hablábamos de la preparación con alegría. Acabará como acabara fuiste quien fuiste y recuerdo perfectamente cómo fue mi boda con mi primer amor.

Austria no puede evitar sonrojarse con eso. Suiza traga saliva con esa descripción sin poder evitar compararse a sí mismo. Le suelta la mano al moreno. ¿Estaba Austria ilusionado? No, no hablaban de la preparación con alegría. Mira a Austria de reojo notando que además el sonrojo, sintiéndose un poco absurdo.

—Bah, tú eres un ridículo —suelta Romanito con pasión.

—Ja. Sí eres un ridículo —asegura Austria también—. Spanien, tú eras y siempre has sido como un huracán que te lo llevabas todo por delante y querías y necesitabas que yo demostrara mucho más mis sentimientos que Schweiz. No niego que eso me enseñó y ayudó, aun hoy, por ejemplo en mi música, pero es un caso completamente distinto.

—Tú sigues sin convencer. Mírale la cara —apunta Italia poniéndole una mano a España en la pierna marcando un poco "esto es mío"—. Y sigues sin poder decir que estas ilusionado.

—Lo sabrás a su debido tiempo.

Suiza se recarga en el sillón desvinculándose un poco de la discusión y cruzándose de brazos. España abraza de nuevo a Romano.

—Ya, cuando digas "acepto" con voz plana. Sigo pensando que están locos —murmura para España, que le atrae hacia así encogiéndose de hombros. Romano se le echa un poquito encima, pensando que huracán o no a él le gusta su español.

Austria suspira, dando por terminado esto y Suiza ya ni se mueve en realidad. Analizándose los zapatos con los brazos cruzados. El austriaco aprieta un poco los ojos pensando que le ha salido bastante mal a pesar de todo, pero bueno.

—¿Van a... Quedarse? Spagna puede prepararles un cuarto.

—Ja. Creo que se ha hecho tarde para volver a casa —mira a Suiza a ver qué opina.

—W-Was? —pregunta distraído cuando nota que le miran.

—¿Quieres quedarte a dormir aquí? Se ha hecho un poco tarde...

—Ehm... podemos quedarnos — responde aunque traga saliva pensando que querría ir a hacerse bolita a su casa y cama.

—Bien, decidido entonces —sonríe un poco Austria. Romano asiente no muy seguro él ahora y mira a España para que te vaya a preparar el cuarto. Así que ahí va él.

Austria se queda un poco abatido en el sofá porque en parte este es el motivo de enviar a Suiza a hacer esto y no él, que él se defiende demasiado bien y está muy a acostumbrado a esconder lo que de verdad siente, lo que no significa que no sea fuerte e intenso en su pecho. Suiza suspira también volviendo a mirarse las manos.

Austria mira a Romano, intentando saber qué conclusiones ha sacado de todo esto. Romano les mira a los dos, preocupadillo.

—Te estaré hablando si necesito documentos —indica con cierta formalidad—. Y volveré a hablar con ustedes más cerca de la boda.

—Bien —asiente Austria.

—Vamos, Spagna debe estar por terminar —deja su copa en la mesa y se levanta mirando de reojito a Suiza que sigue sin prestar mucha atención, mirándose las manos.

El austriaco se levanta también. Suiza tarda un par de segundos pero lo hace igual sin mirarles.

—Vaticano duerme en el cuarto junto a ustedes y a veces chilla en las madrugadas —Romano se encoge de hombros caminando hacia allá y dejando todo tirado, claro

—Que bien... —protesta un poco Austria. Romano sonríe de lado.

—Si chilla mucho pónganle el chupón. Habitualmente se calla después de una hora.

El austriaco le mira de reojo incrédulo. Romano se ríe un poquito.

—Pero estará bien, te lo aseguro —se detiene en la puerta del cuarto, que está abierta y les hace un gesto para pasar. España acaba de cambiar las sábanas y les sonríe.

—Ahí están. Si necesitan algo...

—Danke —agradece Austria mientras entran y España sale.

Romano asiente esperando que estando solos hablen y... Arreglen algo si hay que arreglarlo. Cielos los germanos son difíciles. Creo que hasta se le repega un poquito a España por contraste volviendo a comprobar que Veneciano esta DEMENTE por enamorarse de uno.

España le pasa una mano por los hombros y se lo lleva hacia su propio cuarto, porque también cree que necesitan estar solos y hablar. Suiza simplemente se quita los zapatos en cuanto están solos alineándolos junto a la cama

—¿Estás bien? —pregunta Austria empezando a desnudarse también.

—Ja —responde escuetamente quitándose los pantalones.

El moreno suspira y asiente sin añadir nada.

Suiza se va al baño en silencio y regresa solo un poco más tarde ya en camiseta con la cabeza mojada de haberla metido bajo el agua fría. No le mira mucho cuando se mete en la cama. Pero Austria sí que le mira mientras se pone crema en las manos. El rubio se acuesta boca arriba y le mira de reojo un poquito al final ya que se acomoda. En silencio.

—No pareces estarlo.

—Pues...—suspira—. Solo me dejaron pensando.

—¿En qué?

—En ti —se hace bolita esperando a que se meta a la cama.

—¿Y qué piensas? —lo hace.

Suiza se estira a apagar la luz y cuando se acuesta otra vez se le hace bolita junto, abrazándole. Austria se mueve un poco para abrazarle también

—¿Eres feliz? —pregunta suavecito.

—¡Ja! ¿Por qué crees que no?

—No lo sé. Quizás has sido más feliz en otros tiempos.

—Nein, no es así...

—Pero Spanien dijo...

—Spanien tiene una idea distorsionada.

—Parecías estar especialmente ilusionado y contento cuando te casaste con él y al parecer ahora no lo estas en lo absoluto.

—No... Es eso.

—¿Entonces?

—No es que no me ilusione, si no lo hiciera no te lo habría pedido.

—Pero no es lo mismo la primera vez que la tercera. No es lo mismo con Spanien que es, ¿cómo lo llamaste? Un huracán que se lleva todo a su paso. Que conmigo que tampoco parezco feliz.

—No es lo mismo contigo que te quiero desde antes de que pueda recordarlo.

Eso es bonito, sin duda. Suiza le abraza un poco más contra sí. Te dijo que te diría las cosas bonitas en su momento justo. De hecho, se relaja bastante con ello.

—Pero no les has podido decir una sola vez que sí te gusta la idea o te ilusiona. ¿Por qué?

—Porque tengo miedo —susurra. De todas las cosas que pensó que dirías esa no estaba incluida.

—¿Miedo?—pregunta e instintivamente sube una mano y se la hunde un poquito en el pelo. Debe hacer eso desde que era un niño muy pero muy pequeño.

—De ilusionarme y que me rompas el corazón.

—Que yo... Te...Yo no voy a hacer eso, es mucho más fácil que tu...

—No sería la primera vez que decides abandonarme cuando todo parece ir bien.

Suiza se humedece los labios

—Esa vez no iba todo bien, ahora sí que lo va —se le repega un poco—. Es muy muy en serio que voy a casarme contigo —le susurra con suavidad.

Austria cierra los ojos y sonríe un poco.

—Lo que estoy notando es que tú eres quien no está confiando ciegamente en mí.

—Ya sabes que no es sencillo y aun así lo intento —responde un poco culpable.

Todo esto es mucho mucho más tranquilizador que cualquier otra cosa que se hayan dicho. A él también le cuesta y siente empatía por el austríaco.

—Lo sé, pero tienes que hacerlo. Solo... Déjate llevar, es más fácil confiar que no confiar.

El moreno suspira porque en realidad, lo sabe, así eran cuando eran pequeños, pero cada vez que se relaja siente que acaba cagándola, como cuando se fue cuando las guerras mundiales.

—Estoy seguro de que podemos hacerlo bien —le acaricia el pelo—. Lo hacíamos muy bien de pequeños.

—Antes todo era más fácil.

—¿Qué hacíamos entonces que no hacemos ahora?

—Dejar que Vater tomara las decisiones.

—¿Qué decisiones de ahora nos contraponen? Además de todas en las que no estamos de acuerdo. Que son bastantes —le siiiigue acariciando el pelo—. ¿Qué puede salir mal?

—Espero que nada, sinceramente —le mira a los ojos.

—Seguro pueden salir muchas, pero las arreglaremos —le busca la mano entre las cobijas.

Austria asiente conforme con eso. El suizo le acurruca contra si sintiéndole más normal y más vulnerable. Se identifica. Austria se acerca para besarle y él le deja, devolviéndole el beso y dejándose llevar.

Puede que Romano oiga como es que no tiene que preocuparse del asunto sexual porque además Suiza ahora mismo no va a reprimirse en lo absoluto. De hecho un rato más tarde quizás Romano mande a España por Vaticano antes de que la despierten. Porque aunque Romano no lo crea, no lo hacen mal. Solo lo hacen diferente. Pero a los latinos les parece que es FATAL y ponen nerviosos a los germanos porque les hacen pensar que es un DRAAAAAMA.

Y es todo un drama hasta que están solitos, con la luz apagada y abrazados debajo de las cobijas, que en tres minutos lo arreglan. Porque además son prácticos y rápidos y directos... Y en general sinceros. Así que a la hora de la verdad, ¡tengan latinos! Lo hacen tan bien como ustedes.

xoxOXOxox

Suiza sonreirá un poco cuando a la mañana siguiente Vaticano llame nonno a Austria. De hecho puede que todos flipen cuando Suiza se despierte y encuentre que Austria a quien Vaticano ha despertado, la ha ido a sacar del cuarto de España y Romano y ahora está con ella en el comedor.

Puede que Romano NO QUEPA EL ASOMBRO y puede que Suiza se derrita un poco, pero no se lo va a decir a nadie.

Es que nadie se despertaba y estaba molestando y no es que a Austria no le gusten los niños. De hecho, seguramente le está enseñando algo así como... ha intentado cantarle para dormirla y con lo que le gusta a Vaticano que España le toque la guitarra seguro se ha puesto a cantar con él y ahora el austriaco está intentando que cante algo bien.

Suiza, que debe ser el despierto, porque Romano no cabra del asombro más tarde cuando se despierte él... Les espía bastante impresionado, sonriendo levemente porque además la niña es mona y creo que le hace algún caso (ejem... Y Austria está cantando). Mírales que monos quizás le tome una foto secreta de esas de placer culpable.

Dice España que la quiere esa foto. Suiza a regañadientes puede que se las envíe cuando vea además que la niña sale bien y España la pondrá en un marco en la mesita del comedor con las otras que tiene, porque le gusta la idea de su niña pequeña con el Abuelo. Es el sueño de Romano. Puede que hasta suelte una lagrimita secreta y Suiza va a hacer chocolate en una casa "desconocida"... Lo que hace estar relajado.

El chocolate que hay ahí... es belga. Lo siento, Suiza.

Gente idiota… pues va a prepararlo igual y hoy hasta va a gustarle. Puede de hecho que no quiera salir CORRIENDO y pasen una mañana familiar.

Suena el timbre de casa de Romano a eso del medio día siguiente y España es quien va a abrir. Es Germania más pálido que de costumbre y con ciertas ojeras. España parpadea... parpadea y vuelve a parpadear.

—Hallo.

—Qué... —España mira dentro y sale cerrando un poco la puerta a su espalda para que Romano no le vea—. ¿Qué haces aquí?

—Están mis hijos aquí.

—Sí.

—Yo quería hablar con ellos porque... Ehm... Ahora no puedo ir a casa de Deutschland.

—¿Por?

—Ya no soy su padre según él. Está muy enfadado.

—Pero estás en casa de papá.

—Pues supe que estaban aquí y pensé venir a verles.

—Pero... es que no sé si Romano.

—¿Vaya a matarme? ¿O a qué? ¡Si yo no he hecho nada!

—No está muy contento contigo.

—¡¿Conmigo?! ¡¿Pero si yo qué hice?!

—Parecerte a Alemania.

—¡Por todos los dioses! Ya estoy HARTO.

España levanta las cejas.

—¡Ya estoy harto de que todos hagan lo que se les da la gana conmigo porque "me parezco a Deutschland"! Me pareceré pero no soy él y yo no he hecho nada... Casi.

—Pues... sí, pero...

—¿Entonces no puedo ver a Österreich y a Schweiz? Es decir, no puedo ver a mis hijos porque Veneciano se ha vuelto loco.

—Es que... —se humedece los labios. Germania se cruza de brazos—. Vale, vale... espera —se mete dentro de la casa.

Germania gruñe un poco y asiente a la espera, sacándose un cigarrillo y España se va a preguntarle a Romano si le deja entrar.

Nah, no le deja, es un macho patatas.

Así que les pregunta a los otros dos si quieren salir. Suiza dice que sí, hombre, es su padre tampoco va a dejarle ahí, así que son ellos quienes salen a un segundo cigarrillo de Germania que les sonríe un poco al verles.

—Ah, mis hijos —se les acerca poniéndole a cada uno una mano en el hombro, sosteniendo el cigarrillo con los labios

—¿Qué haces aquí? —pregunta Austria temiendo un poco como España lo que Romano pueda decidir hacer con él solo por parecerse a Alemania… y estar en su jardín.

—Venir a hablar con ustedes. ¿Cómo están? Estoy metido en un lío.

—Was?

—Estoy en casa y está Veneciano y... Deutschland se ha enfadado. Solo quería decirles que de verdad... No está siendo tan simple y no importa lo que escuchen yo soy su Vater y no soy un traidor.

—Lo sabemos —asiente Austria. Suiza arruga un poco la nariz porque no aprueba en absoluto lo que ocurre.

Germania aun así suelta el aire aliviado.

—No puedo pensar siquiera en pararme por casa, Deutschland canceló mi teléfono y la tarjetita esa para pagar también —sigue explicando.

—En eso no puedo ayudarte... —niega Austria, Suiza aprieta los ojos.

—¿Y necesitas dinero? ¿Qué pasa con tu sueldo de la universidad?

—Tengo otra tarjeta que Deutschland me dijo que no usara más que para obtener quinientos euros a principio de mes. Esa no sé si funciona.

—Esa no es solución... —valora Suiza.

—No me importa que no sirvan, lo que me preocupa en sí es Deutschland que tiene razón.

—¿Razón en qué? —pregunta Austria.

—En estar tremendamente enfadado.

—Pues no le hagas enfadar.

—Es muy muy tarde —les mira —. Creo que necesito irme de casa un tiempo.

Austria mira a Suiza de reojo, quien levanta una ceja.

—¿Irte? ¿Con mi madre? —pregunta el suizo.

—Pensaba en tu casa.

—Nein —sentencia Austria. Germania vacila mirándole.

—¿Nein?

—Lo siento, Vater. En Bern estoy yo escondido. Y Deutschland va a venir para ayudar a organizar la boda y más a menudo a medida que se acerque el día. No quiero que acabéis enfrentados.

Germania cambia el peso de pie.

—Pero...

—Vas a tener que buscar otro sitio, no me parece mala idea que vayas con Helvetia.

—Es que con Helvetia, Rom va a venir a buscarme.

—¿Y?

—Quizás hasta con Veneciano, y... Nein, de verdad no creo que sea buena idea.

—Yo no creo que sea buena idea que Deutschland te encuentre en Bern.

—Podría ir a Wien —propone Suiza.

—Nein, necesito silencio en Wien para componer.

—Estás en mi casa componiendo... ¿No?

—Quizás pueda estar en Wien unos días, puedo ser silencioso —dice Germania.

—Quizás puedas ir a tu nuera y pedirle que ella y tu hijo favorito te inviten a conocer su nidito de amor en Budapest —responde Austria para quien en el momento de componer algo como esto que además lo tiene súper tenso necesita más que "la posibilidad" de ser silencioso.

—¿Y que Deutschland se quede solo? —pregunta Germania que ya había pensado en ir con Prusia antes que con alguien más.

—Pues habrá que ser.

—Ve con mutter, Vater. Es lo más fácil, lo más relajante y lo menos comprometedor con todos —pide Suiza.

—De hecho no creo que un par de días sin Preussen agobiando quizás no le harían daño a Deutschland —valora Austria. Germania se lo piensa un poco.

—Vale, le diré a Preussen —asiente Germania pensando que quizás la idea no sea tan mala. Lo que sea menos seguir en la casa—. ¿Creen que Deutschland algún día me perdone?

—Cuando Italien se calme.

—¿Si? Creo que dejó bastante claro que podía eliminarle de su lista de familiares.

—Está demasiado... —Austria aprieta los ojos—. Hablaré con él.

—Es que además evidentemente ahora va a ir a acostarse con Rom y... Es que no lo entiende, de verdad, no es que yo pueda hacer nada —se mesa los cabellos.

—No creo que se le pudiera reprochar...

Germania suspira y se pellizca el puente de la nariz.

—Nein. Y así es como todo termina siendo siempre una revoltura enorme. Porque pasa una vez y pasan todas las siguientes veces y al final, quien lo sabe, quizás Deutschland termine yendo a casa con constancia... —suelta el aire—, necesito largarme. Voy a hablar con Preussen y si tú pudieras hablar con Deutschland, Österreich, sería de mucho provecho.

—Bien, trataré de hacerle entrar en razón.

—Danke —le sonríe un poco y Suiza a regañadientes saca su cartera, se lo piensa un poco y saca una de las tarjetas. Se la extiende a su padre.

—¡Solo para emergencias!

Austria levanta las cejas porque ni él tiene una de esas.

A Germania no le parece tan impresionante, la toma y rebusca en sus bolsillos hasta dar con la cartera, donde tiene todo su dinero en efectivo junto porque no va a dejarlo en casa donde alguien pueda robárselo, así que trae un buen fajo. La guarda y Suiza piensa que YA se está tardando en hablar al banco para controlar el límite de crédito.

(En realidad, Germania debería tener la tarjeta de Roma. Ah, sí que la tiene, pero deteeeesta usarla, es dinero romano! No lo tomen a mal pero, esa sí que la usa para emergencias. Tampoco le digan a Suiza que se la dio solo por pensar que no tenía otra.)

—Danke, prefiero una de ustedes a usar esa que me dio Rom —apunta Germania haciendo que a Suiza le salte un ojo—. Me voy, gracias por salir a verme.

Austria hace un gesto de asentimiento con la cabeza.

—¿Cómo están, por cierto? ¿Cómo va la boda? —le toca la mejilla a Austria y despeina un poco a Suiza.

—Bien, danke, Vater.

—Me alegra. Todo ha sido un desastre desde que lo anunciaron, pero espero que se arregle antes de la primera nevada.

El moreno suspira.


Una competición a ver cuál es el sajón que lo hace peor todo ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición