¡Hola de nuevo!
Aquí vengo con el siguiente capítulo; pero, antes que nada, tanto la autora como yo queremos agradecer, de todo corazón, todos los favoritos, follows y reviews que hemos recibido. ¡Mil gracias, de verdad!
Sin más dilación, os dejo leer…
Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.
Capítulo 25: La charla
Rose se despertó de un sobresalto, los restos de su temible pesadilla aún persistían en su aterrorizada mente. Las lágrimas caían constantemente de su rostro mientras lanzaba una mirada de pánico a su madre. Hermione estaba durmiendo profundamente en la cama con el pelo desordenado sobre su almohada.
Ella sabía que su madre estaba increíblemente cansada después del trabajo que habían hecho ese día. Cuando Hermione fue a buscarla a la guardería del Ministerio, Rose percibió que ella y su tío Harry habían trabajado muy duro. Por lo tanto, a pesar del miedo en su corazón, no quería despertar a su madre.
Rose tenía la intuición de que su madre había estado llorando mucho por ella durante los últimos días. Su madre y Draco nunca llegaron a contarla nada, pero Rose sabía que algo grande y malo le había sucedido cuando se despertó en San Mungo. Siendo la pequeña chiquilla curiosa que era, millones de preguntas corrían dentro de su cabeza. Sin embargo, extrañamente, sabía que no podía preguntárselo a su madre en voz alta, por temor volver a verla llorar.
Odiaba muchas cosas en la vida; por ejemplo, cómo la Sra. Figg siempre la forzaba a usar esa bufanda que le picaba alrededor del cuello o Sophie Boot alardeando de que sus padres eran los mejores (¡no había duda de que la mejor era su madre, en serio!) y cómo la gente parecía siempre mirar mal a Draco cuando él era bueno y amable y hacía todo lo posible por no decir malas palabras. Pero lo que más odiaba era ver llorar a su madre.
Entonces, tomó una decisión. Rose saltó de la cama que compartía con su madre y se estremeció un poco por el frío. Las sombras parecían aterradoras esa noche, pero ella las ignoró con firmeza, reuniendo el coraje de Gryffindor que sabía que había heredado de su madre y su padre para aventurarse fuera del dormitorio de Hermione.
No pasó mucho tiempo hasta que llegó a la sala de estar. La inconfundible figura de Draco estaba tumbada en el sofá y, a pesar de sus lágrimas, Rose se rio cuando lo escuchó roncar.
Rose se acercó rápidamente al rubio y lo sacudió para despertarlo.
—Draco —susurró con urgencia—. ¡Draco, despiértate!
El rubio gimió enfadado y apartó su mano.
—Rose —dijo con voz todavía ronca por el sueño—. No quiero comer galletas esta noche.
Le dio la espalda y enterró su cabello rubio debajo de su edredón. Frustrada y asustada, Rose lo sacudió para despertarlo una vez más.
—Draco, por favor, despierta —suplicó.
Sus ojos se humedecieron y su labio inferior tembló. Su coraje de Gryffindor se estaba agotando, y necesitaba que Draco se despertara. ¡Ahora! Aspiró profundamente y sintió que Draco se ponía rígido contra su mano. Inmediatamente, se levantó del sofá y la miró con preocupación. Agarró su varita e iluminó la lámpara más cercana desde el sofá, generando suficiente luz para verla.
—¿Por qué estás llorando? —exigió, agarrando sus dos muñecas para examinarla críticamente—. ¿Dónde está tu madre?
—Mamá está dormida —su voz se había calmado considerablemente ahora que Draco estaba despierto. Su pesadilla volvió a ella una vez más y sus lágrimas aumentaron—. D-Draco, he tenido una pesadilla.
Sus ojos brillaron con alarma mientras la acercaba a él.
—¿Has soñado...? —hizo una pausa y tragó saliva—. ¿Has soñado con los mismos hombres enmascarados del sueño del otro día?
Sus ojos se abrieron con incredulidad.
—¿Cómo lo has sabido? —preguntó maravillada.
—Supongo que he acertado —murmuró. Sus ojos grises se oscurecieron con preocupación mientras ella, sin decir palabra, levantaba la mano y retorcía los dedos. Suspirando, se levantó sin esfuerzo y la llevó a sus brazos. Rose estrechó le envolvió con sus brazos y piernas y enterró su cara contra su cuello. Los abrazos de Draco siempre eran cálidos y reconfortantes; Rose ya se sentía mucho mejor siendo sostenida por él—. ¿Te preocupan? —preguntó—. ¿Estas pesadillas?
Ella asintió lentamente con la cabeza contra su cuello.
—Pero está bien —continuó—. Me siento mejor ahora, Draco.
—Tal vez deberíamos decírselo a tu madre…
—¡NO! —exclamó en voz alta, sorprendiendo a Draco. Las mejillas de Rose se colorearon cuando frunció el ceño—. Mamá es... ella siempre está llorando por mí... —su labio inferior temblaba de vergüenza—. No quiero que llore más.
Draco soltó un resoplido cariñoso.
—Eres una amenaza encantadora. Tu madre nunca dejará de preocuparse por ti —la movió en sus brazos buscando una posición más cómoda—. Todavía creo que deberíamos decírselo a tu madre. Ella sabría qué hacer.
Ella no supo qué responder porque sabía que era la verdad. Tal vez su madre sabría qué hacer para evitar que esas pesadillas volviesen a asustarla por las noches. Pero por ahora, quería que su madre descansara.
—¿Me puedes cantar una canción? —preguntó, ensanchando inocentemente los ojos y haciendo sobresalir su labio inferior.
Hacía años que Rose había descubierto que cuando hacía eso, la gente parecía hacer lo que pedía. El tío Harry siempre se estremecía y le compraba las cosas que realmente le gustaban, lo que hacía que su madre se enfadase. Para su gran sorpresa, Draco la miró con enfado.
—No —respondió secamente.
—Por favor, Draco, por favor —gimió, apretando sus brazos alrededor de él—. Mamá siempre me canta cuando tengo una pesadilla.
—Yo no soy tu madre —señaló con el ceño fruncido.
—Pero pronto serás mi papá, ¿verdad? —insistió. Un ceño fruncido apareció en su rostro, pero Rose continuó—: ¿Verdad, Draco? Y para ser mi papá, tienes que cantarme cada vez que tengo una pesadilla.
Él gruñó e hizo un movimiento para ponerla de nuevo en el suelo, pero ella se agarró a él con más fuerza.
—Vuelve con tu madre y duerme, amenaza —advirtió.
El pánico se apoderó de su pequeño corazón, dándose cuenta de que Draco no estaba cediendo. La idea de volver a su habitación, con su madre durmiendo, mientras las sombras en la habitación se cernían sobre su cama la aterrorizaba en pedazos. El recuerdo de los hombres enmascarados que giraban sobre ella probablemente la mantendría despierta. Unos sollozos desesperados escaparon de sus labios y enterró su cara contra el cuello de Draco.
—¿R-Rose? —la llamó con preocupación en su voz mientras suavemente le frotaba la espalda.
Rose ya no sabía qué hacer. No sabía cómo convencer a Draco para que cantase y disipase sus pesadillas. Tal vez debería haber despertado a su madre en vez de a él. Rose se odiaría a sí misma si su madre se volvía a echar a llorar, ¡pero estaba tan asustada! ¿Qué debía hacer?
Sin embargo, sus gritos se calmaron en shock cuando escuchó la voz baja y áspera de Draco. Ella reconoció al instante "Somewhere Over the Rainbow", pero sus letras eran incorrectas y extrañas. Su canto era malo, también; su madre cantaba la canción mejor, después de todo.
Pero esto serviría, pensó. Draco comenzó a mecerla un poco y Rose se sintió reconfortada. Ya no sabía las letras, pero estaba tarareando por lo bajo, y eso fue suficiente para Rose.
—Gracias, Draco —suspiró con los ojos ya cerrados. Lo sintió sonreír contra su cabello y Rose le devolvió una sonrisa adormecida.
Ella realmente quería a Draco. Mucho.
Hermione rodó sobre la cama, esperando sentir el calor de Rose a su lado. Cuando lo único que sintió fue frío y vacío, abrió completamente los ojos y se incorporó.
—¿Rose? —la llamó en la oscuridad de la noche. El pánico aumentó cuando no escuchó ninguna respuesta.
La castaña se convenció a sí misma de que estaba siendo demasiado paranoica. El secuestro de Rose todavía estaba demasiado fresco en su mente y solo tenía que asegurarse de que su hija estuviera a salvo.
Recuperando apresuradamente su varita, Hermione revisó su baño. Su corazón latía con fuerza al comprobar que, de nuevo, Rose no estaba a la vista. Todos los pensamientos racionales volaron por la ventana cuando corrió hacia el dormitorio de Rose. No le importó abrir la puerta con demasiada fuerza.
Unas lágrimas temerosas se formaron en sus ojos al ver que Rose no estaba por ninguna parte. Hermione corrió ciegamente por las escaleras hacia la sala de estar con la intención de despertar a Draco y decirle que su hija había desaparecido. Otra vez. Mentalmente se maldijo por ser demasiado complaciente al pensar que Rose estaba a salvo. Pero había olvidado que el mundo era un lugar peligroso. Como Auror, ya debería haber aprendido esto de memoria.
—Dr-
Las palabras se apagaron en sus labios mientras observaba la escena ante sus ojos. Draco estaba de espaldas a ella, con Rose dormida en sus brazos. Todavía no había percibido la presencia de Hermione mientras tarareaba la inconfundible melodía de "Somewhere Over the Rainbow", meciendo suavemente a Rose para dormirla.
Su corazón se estremeció al verlo, su mente se convirtió en un desastre revuelto. Las emociones amenazaban con estallar su corazón y Hermione no tenía ni idea de qué hacer.
Se quedó quieta y vio que Draco finalmente se daba la vuelta. Su nana terminó instantáneamente cuando su mirada sorprendida se posó en ella. Un hermoso rubor se extendió por toda su cara con vergüenza de haber sido pillado. Al mismo tiempo, entrecerró los ojos, acusatorio.
—Granger —dijo bruscamente en un susurro—. ¿Qué demonios haces ahí?
Salió de las sombras y se acercó a su hija dormida y al hombre que, sin saberlo, había atrapado su corazón. Sus ojos estaban muy abiertos con asombro e incredulidad, cuestionando cómo un hombre tan maravilloso había entrado en su vida. Hermione pateó mentalmente al Destino por haber hecho que tardase tanto tiempo en darse cuenta de que él era la persona indicada para ella, el único hombre para ella, y lamentó todos los momentos perdidos que había tenido y en los que se había alejado de él. Pero, de nuevo, tal vez si se hubiese dado cuenta demasiado pronto, Rose podría no haber existido. Hermione tampoco quería eso.
—¿Hermione? —la llamó. Su furia avergonzada se había derretido completamente y había sido reemplazada por una preocupación sincera.
—Yo... pensaba que Rose había desaparecido —respondió sin aliento. Dio unos pasos más hacia adelante y se detuvo cuando estuvo a unos centímetros de Draco.
Una mirada de comprensión cruzó sus rasgos.
—Ha tenido una pesadilla —explicó suavemente. Los ojos de Hermione se ensancharon mientras sonreía con tristeza—. Los mismos hombres enmascarados —Draco gruñó y protegió su agarre alrededor de Rose—. Espero que Lestrange se pudra en Azkaban por haberse atrevido a poner una mano sobre Rose —el corazón de Hermione zumbó cuando una lágrima se deslizó lentamente por su rostro—. ¿Por qué estás llorando? —preguntó, alarmado. Draco distraídamente trazó un dedo contra su mejilla húmeda y frunció el ceño—. Rose está a salvo, Granger. Te dije que os protegería a las dos.
Sus mejillas se enrojecieron más con sus palabras y apartó la mirada de los brillantes y vidriosos ojos de Hermione.
La mente y el corazón de Hermione le instaban a que finalmente le dijera que él le había robado el corazón durante los últimos meses, y tal vez llevar su amistad al siguiente nivel. Le dolía el cuerpo y la mente por todo lo que había ocurrido, y Hermione supo que empezaría a volverse loca si seguía resistiéndose a él.
Su mano parecía tener una mente propia, colocándose contra su cálida mejilla. Draco se puso rígido bajo su toque, sus ojos se agrandaron un poco con su dulzura.
—Draco —dijo cariñosamente, dando otro paso adelante—. Yo... —una enorme sonrisa floreció en su rostro y a ella no le importó que él pensase que estaba loca. Pidió ayuda a Merlín, porque estaba desesperada. Temía que la rechazase, pero... pero lo había visto en sus ojos. Había visto cómo a veces la miraba cuando pensaba que ella no le miraba a él. Había visto cómo a veces se impedía acercarse a ella para tocarla. Había visto cómo su respiración se enganchaba cuando estaba cerca de él—. Draco, yo…
Hizo una pausa al ver que Rose se movía y, somnolienta, abría los ojos.
—¿Mamá? —preguntó con voz ronca, antes de dejar escapar un enorme bostezo.
Hermione supo que el hechizo ya estaba roto. Suspiró por la interrupción y negó con la cabeza cariñosamente a su hija, antes de levantarla de los brazos de Draco.
—Draco me ha dicho que has tenido una pesadilla, cariño —dijo suavemente. Rose entró en pánico y miró a Draco con enfado, quien simplemente puso los ojos en blanco—. No es culpa de Draco, Rosie —aplacó Hermione—. No te enfades con él.
—Pero mamá —respondió su hija llorosa—. Estás... estás llorando otra vez. ¡Y es por mi culpa!
Hermione estaba confundida por las palabras de Rose y le lanzó una mirada a Draco.
—No quería molestarte porque cree que te está haciendo llorar demasiado estos últimos días —explicó.
El corazón de Hermione se hinchó mientras miraba con cariño a Rose.
—Oh, cariño, mamá prefiere que le cuentes que estás teniendo pesadillas —advirtió ligeramente. Abrazó a su hija contra su pecho y suspiró—. Lamento haberte preocupado, Rosie. Mamá se siente un poco emocionada estos últimos días. No es por ti. Lo prometo. Era una mentira piadosa. Por supuesto que había llorado mucho por su hija, pero Rose no necesitaba saberlo.
De alguna manera, sus palabras tuvieron efecto porque Rose se relajó en sus brazos.
—He vuelto a ver a los hombres enmascarados que asustan, mamá —confesó finalmente, sorbiéndose los mocos delicadamente cuando las lágrimas llenaron sus ojos una vez más—. Estaba muy asustada —la niña se secó las lágrimas y lanzó una brillante sonrisa hacia Draco—. ¡Pero ahora estoy bien! Draco me ha cantado "Somewhere Over the Rainbow", pero se ha equivocado en la letra. Y su voz no es bonita.
—Gracias, amenaza. Me alegra saber que aprecias el esfuerzo que he hecho —gruñó Draco con una mirada fulminante.
Hermione se rio entre dientes mientras Rose le sacaba la lengua al rubio.
—¿Estás mejor ahora, Rosie? ¿De verdad? —preguntó tentativamente. Tocó las mejillas de su hija y limpió las lágrimas restantes. Rose asintió vigorosamente con la cabeza, haciendo que sonriese—. Está bien. Como has sido muy valiente, creo que te permitiré comer una galleta esta noche —Rose se quedó sin aliento por la sorpresa y Hermione añadió apresuradamente—: Sólo una, jovencita.
—¡Oh, mamá, eres la súper mejor! —chilló la pelirroja mientras envolvía el cuello de Hermione con sus brazos.
Hermione sonrió y miró por encima del hombro de Rose.
—También te permito comer con nosotras, Draco —le invitó, con el vientre revuelto cuando una sonrisa diabólica se extendió por su hermoso rostro.
—¿Te enfadarás si me como más de una?
Rose sacudió la cabeza y fulminó a Draco con la mirada.
—¡No es justo! —se quejó—. Mamá ha dicho que solo podemos comer una.
Draco puso los ojos en blanco y gruñó todo el camino hasta la pequeña cocina. Rose charló por los codos, pero Hermione solo escuchaba a medias sus aventuras con Frank Longbottom y la guardería.
Se sentía como si fueran una familia de verdad. Se sintió repentinamente completa por el deseo de finalmente confesarle sus sentimientos.
Tal fue su felicidad que incluso fingió ignorancia cuando pilló a Draco entregándole furtivamente otra galleta a Rose, quien inmediatamente la metió por completo dentro de su boca y se rio.
Su corazón saltó a su garganta cuando vio que Harry ya estaba esperando en una mesa cerca de la enorme ventana del restaurante Muggle. Inicialmente, Hermione había planeado llegar al menos diez minutos antes que su mejor amigo para reflexionar sobre lo que iba a contarle, pero Davies la había acorralado para hablar sobre el nuevo caso que le habían asignado. Por eso llegó quince minutos tarde a su cita para comer con su mejor amigo. Y su cabeza todavía estaba hecha un lío.
Tras los eventos de la noche anterior con la pesadilla de Rose, Hermione había decidido decirle finalmente a Harry que estaba albergando sentimientos no tan platónicos hacia Draco Malfoy. No era que las cosas fuesen a cambiar si Harry no le daba su bendición porque, maldita sea, era una mujer adulta capaz de decidir por sí misma.
Aún así, Harry había sido el primer amigo de Ron. Ella siempre fue la "sujeta-velas" en su maravillosa amistad. Hermione, a los once años de edad, a veces se sentía ajena a ellos y eso la había ofendido, pero llegó a aceptarlo al ver florecer su amistad ante sus ojos.
Por eso, Hermione no pudo evitar sentir que, si comenzaba a salir con Draco, también podría estar traicionando a Harry.
—Supongo que Davies te ha dado otra charla sobre tu nuevo caso —la saludó Harry una vez que se sentó en la silla frente a él.
A pesar de sus nervios, se sorprendió.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó.
—De verdad, Hermione, te conozco desde hace años —señaló con una amplia sonrisa—. Siempre, por muy doloroso que sea para los demás, llegas a tiempo. Al ver que estamos trabajando bajo el mando de un jefe de departamento bastante exigente, supuse que Davies te había dado una de sus infames "charlas" tras asignarte un nuevo caso.
Ella le dedicó una pequeña sonrisa y asintió.
—Davies puede llegar a ser un poco intenso —dijo, lo que provocó que Harry resoplara ante su grosera subestimación—. Pero es mejor Davies que McLaggen, ¿no?
—Oh sí —sus ojos se abrieron cómicamente ante la perspectiva de trabajar con Henrik McLaggen—. Todavía no puedo entender cómo Malfoy pudo sobrevivir trabajando bajo las órdenes de ese bufón durante un mes entero —ante la mención de Draco, el nerviosismo que había estado sintiendo volvió con toda su fuerza. Harry parecía estar preocupado por su repentino cambio de actitud—. ¿Ocurre algo, Hermione? —preguntó, cogiendo su mano—. Tengo la sensación de que tienes algo importante que decirme.
"Oh, a la mierda", pensó para sí misma, y luego, sin vacilar, soltó:
—Me gusta Draco.
Su agarre se aflojó, pero su rostro permaneció impasible.
—Bueno —dijo lentamente—, admito que todavía es un maldito imbécil, pero mentiría si dijese que no lo encuentro... ehh... algo tolerable. Más tolerable, por decir algo.
—No, no, Harry —insistió—. Quiero decir, que me gusta de gustar. Y si debo ser sincera conmigo misma, me gusta muchísimo.
Su mejor amigo la miró con confusión durante un rato, antes de que darse cuenta de lo que su rostro reflejaba. Sus ojos esmeralda se abrieron con sorpresa.
—Oh —se quedó sin aliento. Hermione se preparó para un arrebato inevitable, porque en realidad, no sería Harry Potter si nunca tuviera episodios aleatorios de emociones explosivas, pero, para su mayor sorpresa, Harry logró esbozar una pequeña sonrisa. Por supuesto, era rara y casi desequilibrada, pero no obstante era una sonrisa—. Supongo que te ha costado darte cuenta.
—¿Q-qué? —escupió.
Harry suspiró y le dirigió una mirada aguda.
—Es dolorosamente obvio, Hermione —complementó—. Entre Ron y yo, sabes que yo no era el que tiene la cabeza dura.
Hermione se quedó boquiabierta.
—¿No estás...? ¿No estás enfadado?
—¿Por qué debería estarlo? —preguntó. Parecía estar genuinamente sorprendido de que ella pensara que se enfadaría—. ¿Debería enfadarme?
—No —respondió ella apresuradamente—. Quiero decir... ¿Sí? ¿Tal vez? Estamos hablando de Draco Malfoy, Harry. Y Ron era... —tragó saliva y miró hacia la mesa—. Ron era tu mejor amigo.
Se instauró un silencio entre los dos. Hermione se preparó para el arrebato de Harry, pero al ver que seguía calmado se sintió muy confundida. Harry la apretó en un abrazo fuerte y reconfortante que hizo que los ojos se le humedeciesen.
—Tú también eres mi mejor amiga —susurró Harry contra su oreja. Podía escuchar su sonrisa y Hermione se sintió un poco estúpida por estar demasiado emocionada por sus palabras—. Y quiero que seas feliz, Hermione. Has pasado por muchas cosas. ¡Diablos! Hemos pasado juntos por muchas cosas, y merecemos ser felices. Aunque todavía sea malditamente extraño y surrealista, creo firmemente que Malfoy te hace feliz.
Ella sonrió contra su cuello.
—Me hace muy feliz —susurró ella en respuesta.
Harry suspiró y se apartó.
—Maldita sea, todavía es extraño ver que puede "manejar" a Rose tan bien —dijo—. Creo... Creo que Malfoy podría convertirse en un padre brillante para Rose. Más de lo que podría serlo yo.
Las mejillas de Hermione se tiñeron de rojo.
—Sólo he dicho que me gusta, Harry —le advirtió—. En ningún momento he dicho que me vaya a casar con él.
Aunque, a decir verdad, había pensado en eso bastante a menudo.
Resoplando, Harry negó con la cabeza.
—Como he dicho antes, es dolorosamente obvio, 'Mione —dijo con cariño y una sonrisa. Sus mejillas se inflamaron más, y Hermione no pudo evitar sonreír tímidamente—. Para ser sincero, sé que, en caso de que te dijese que es una mala persona y te prohibiese salir con él, no me harías caso.
—Me conoces demasiado bien —dijo con una sonrisa brillante.
Él imitó su sonrisa y la atrajo a sus brazos una vez más.
—Eres como una hermana para mí, Hermione —continuó—. Por eso creo que es mi obligación darle a Malfoy la charla del hermano mayor y amenazar con hacer estallar sus pelotas si te hace daño a ti o a Rose.
—No estamos saliendo todavía, Harry.
Harry volvió a resoplar.
—De verdad, Hermione, tus sentimientos no son los únicos que son dolorosamente obvios —señaló—. Nunca te has fijado en la mirada empalagosa que te dirige Malfoy cada vez que estás en la misma habitación que él.
Sus mejillas se enrojecieron un poco al sentir que su corazón se llenaba de esperanza.
—Puedo cuidarme yo solita, muchas gracias —le recordó—. Ya tengo una lista de hechizos a la mano por si se atreve a hacernos daño.
Ella sintió cómo el pecho de su amigo retumbaba por la risa.
—Ahora, me siento un poco mal por el pobre idio- ¡Ay! ¡Hermione! —gimió, apartándose para frotarse su dolorido hombro.
Ella sonrió brillantemente y besó las mejillas de Harry.
—Gracias, Harry —respondió ella con sinceridad—. Yo... Esto significa mucho para mí.
—Eres mi mejor amiga —reiteró, apartando con cariño un mechón de pelo rizado detrás de su oreja—. Quiero que seas feliz.
Hermione se sentía enormemente agradecida al universo por haberle dado a Harry Potter.
Al día siguiente, Hermione se encontró en el mismo restaurante en el que había estado con Harry. Pero esta vez era Theodore Nott quien se sentaba frente a ella.
Se sorprendió cuando Theo irrumpió en el DALM y prácticamente la arrastró fuera del edificio del Ministerio. Hermione trató de buscar a Harry para pedirle ayuda, pero su amigo con gafas no estaba por ninguna parte. Por lo tanto, no tuvo más remedio que dejar que Theo Nott la llevara a dicho restaurante.
Un camarero ya había tomado sus comandas, pero Nott todavía no le explicaba el motivo de haberla llevado ahí. Hermione lo observó en silencio y notó que su actitud relajada y sarcástica parecía haber desaparecido por completo. De hecho, Nott estaba extremadamente serio y Hermione se sintió un poco nerviosa.
Cuando llegaron sus comandas, Hermione se dispuso a cortar su pollo sin decir una palabra. Se preguntó si debía ser la primera en romper el silencio, pero dudaba que fuese una buena idea.
—¿Qué sientes por Draco?
Hermione se atragantó con la carne de pollo y bebió apresuradamente su vaso de agua. Le miró y se dio cuenta de que Theo estaba impasible y estoico. Estaba empezando a desconcertarla.
—La verdad, Nott, es que eso no es asunto tuyo —señaló con el ceño fruncido.
—Sí que es mi maldito asunto, Granger —dijo bruscamente, inclinándose más hacia la castaña. Hermione estaba asombrada por la vehemencia en su voz—. Draco es una de las personas más importantes en mi vida en este momento. Sin él, podría haber muerto hace años por todas las jodidas cosas por las que pasé —Hermione se estremeció ante su confesión—. Así que sí, Granger, este es mi maldito asunto porque una de las cosas que llevo deseando fervientemente desde el final de la guerra es ver a Draco feliz... Maldita y verdaderamente feliz —Hermione se quedó boquiabierta al escucharlo, mirando cómo Theo se recostaba contra su silla—. Tanto tú como yo sabemos que este mundo no perdona a Draco —continuó, esta vez en voz baja—. Francamente, Granger, Draco no podrá soportarlo si descubre que se está haciendo ilusiones por nada; que simplemente lo mantienes cerca porque es jodidamente bueno con tu hija. Si esta es tu única intención, entonces realmente pienso deberías irte a la mierda y hacer que siga ilusionándose —sus ojos brillaron peligrosamente ante su insinuación, pero Theo aún no había terminado. La mirada del castaño se había suavizado considerablemente, y ella pudo ver que Theo Nott se había familiarizado con ella durante los últimos meses—. He visto a Draco luchar durante años contra sus sentimientos, Granger —su voz era más suave y triste, y Hermione no podía entender por qué sus ojos estaban llorosos—. Tu embarazo y el posterior matrimonio con Weasley fueron dos de los peores días de su vida; confía en mí —una lágrima se deslizó por su rostro y Theo suavizó aún más su tono de voz—. Te ha estado esperando durante tanto tiempo, Granger —dijo con una sonrisa triste—. Si no tienes intención de corresponder nunca sus sentimientos, entonces tienes que decírselo para que deje de esperar y finalmente pueda seguir adelante.
Ella soltó una carcajada, ligeramente divertida de que Nott comenzase a incomodarse por sus lágrimas.
—Draco es muy afortunado de tenerte como su mejor amigo —gruñó finalmente en respuesta —las mejillas de Theo enrojecieron—. Pero Nott, tu pequeña charla ha sido completamente injustificada —continuó con una amplia sonrisa—. Me gusta Draco. Mucho, si fuera honesta conmigo misma —Theo no se molestó en esconder su suspiro de alivio, lo que provocó que su sonrisa se ensanchara—. De hecho, hablé con Harry ayer en este mismo restaurante, y confesé mis nuevos sentimientos por Draco —ella se sonrojó y tímidamente lo miró a los ojos—. Harry me dijo que le iba a dar a Malfoy la charla del hermano mayor. Nunca pensé que yo recibiría una al día siguiente.
El mago de cabello castaño que estaba frente a ella se aclaró la garganta nerviosamente y sus mejillas se enrojecieron una vez más.
—Sí, bueno... —se frotó la nuca—. No estaba seguro de lo que sentías por Draco y tengo el extraño presentimiento de que el bastardo está a punto de hacer algo al respecto. Pensé que debía tener esta charla contigo antes de que hiciese algo que le pusiese en ridículo.
—No va a hacer el ridículo —aseguró con una bonita sonrisa.
Theo sonrió infantilmente y se inclinó más cerca de ella una vez más.
—Mantengamos esta conversación en secreto, ¿vale? —sugirió—. Si Draco se entera de que he desvelado el secreto que mejor ha guardado durante años, no dudará patearme el culo durante un milenio entero. Estoy seguro de ello.
Hermione sonrió. Sus ojos brillaban con picardía.
—Depende —dijo lentamente—. Todavía no te he perdido por llevar a mi hija a una de tus citas.
—Con Luna —razonó—. La hermosa, brillante y encantadora Luna Lovegood.
—Aún así —respondió ella, levantando una ceja perfectamente arqueada.
Theo resopló y sacudió la cabeza.
—A veces, me pregunto por qué no te sortearon en Slytherin —confesó.
—¿Tal vez porque soy nacida de muggles y tu fundador odiaba a las personas como yo? —sugirió amablemente.
Él se rio y asintió con la cabeza.
—Tal vez si Rose fuese sorteada en Slytherin en lugar de...
—Mala suerte, Nott —dijo con una sonrisa—. Ella es una verdadera Gryffindor.
—Muy cierto —dijo con un suspiro de derrota—. Qué lástima.
—Ey, Malfoy.
Draco levantó la vista de las filas de suministros de Quidditch que estaba inspeccionando y frunció el ceño.
—Potter —saludó cortésmente. Entrecerró los ojos con desconfianza ante lo obviamente incómodo que estaba El Niño Que Vivió. Junto a él estaba Ginny Weasley, quien simplemente se encogió de hombros ante el extraño comportamiento de su novio—. ¿Buscando nuevos suministros, Weasley? —Draco arrastró las palabras, se apoyó en uno de los estantes y levantó una ceja. Aunque todavía se sentía terriblemente incómodo con Potter, Weasley era alguien con quien podía bromear fácilmente. Le caería algo mejor si dejase de mirarle con diversión cuando él y Hermione estaban interactuando.
—Necesito comprar unos guantes nuevos para mi próximo partido —respondió con frialdad y con un toque de desafío en sus ojos.
El sonrió ladeadamente.
—¿Asustada de los Tornados, Weasley?
Ginny se burló con confianza y cruzó los brazos contra su pecho.
—Ya te gustaría a ti, Malfoy —respondió mientras las comisuras de sus labios se contraían.
Draco se permitió sonreír con sinceridad. Potter estaba realmente atónito con la expresión en su rostro.
—En fin, tengo que irme —se despidió—. Buena suerte en tu partido, Weasley.
Ginny simplemente asintió y le devolvió la sonrisa mientras Potter seguía teniendo esa expresión extraña en su rostro. Draco levantó una ceja ante su inusual comportamiento, pero no le dio importancia y se dio la vuelta.
—Ey, Malfoy! —lo llamó Harry antes de que pudiera salir completamente de la tienda.
Frunciendo el ceño, miró a Harry.
—¿Qué pasa?
Se quedó en silencio durante un minuto, como si estuviera debatiendo si decirle algo o no. A su lado, Ginny puso los ojos en blanco y le dio un codazo en las costillas. Potter hizo una mueca de dolor, respiró hondo y lo miró.
—Si le haces daño, te mataré. ¿Me escuchas? —le amenazó.
Draco no necesitó preguntar a quién se refería Harry. Ginny soltó una carcajada y sacudió la cabeza con cariño, empujando a su novio hacia las filas de guantes para evitar que hiciera un ridículo mayor.
El rubio, ciertamente un poco nervioso por las palabras de Harry, frunció el ceño ante su retirada.
No había pasado nada entre él y Hermione todavía.
Draco estaba muy confundido.
Nota de la Autora: ¡El siguiente capítulo será enteramente Dramione! :)
¿Qué os ha parecido este capítulo? ¿Qué me decís de la tierna escena tras la pesadilla de Rose? ¿Y de las charlas de Hermione con Harry y Theo? ¿Y de la amenaza de Harry hacia Draco? ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!
Con cariño,
WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.
