DE PASEO POR TOKIO
Después de la conversación que sostuvieron en los jardines de la Universidad de Tokio, Rukawa y Sakuragi habían caminado a paso lento hasta la salida, internamente ninguno de los dos quería que terminara ese paseo. Cuando llegaron hasta una de las avenidas principales, Rukawa se detuvo para ubicar un taxi.
Este... Kitsune...- Escuchó decir al Do'aho.- Ya que estamos aquí...¿podríamos visitar la Torre de Tokio?
¿Nunca has ido? – Preguntó el moreno.
Bueno...sí, pero era muy pequeño y casi no me acuerdo..- Se excusó el pelirrojo.
¿Fuiste con tu familia,- Se interesó el muchacho estoico.
Sí.- Hanamichi desvió su mirada sin querer ahondar en detalles. El zorro no dijo nada, pero en cambio consultó su reloj.
Oh, estas apurado.- Murmuró decepcionado Hana al ver el gesto.
Rukawa lo ignoró, solo se volvió e hizo para un taxi.
A la torre de Tokio.- Ordenó simplemente.
Hanamichi pensó que era una lastima no tener una cámara fotográfica con ellos, la vista era demasiado impresionante como para no tener un recuerdo.
Fiuuuuuuuu, esto es increíble.
El entusiasmo del pelirrojo hizo sonreír a Rukawa.
¿Qué edad tenías cuando viniste?- Preguntó el chico de ojos azules.
5 años, aunque casi no lo recuerdo. – Hana sonrió nostálgico.- Fue para mi cumpleaños.
El moreno dejó vagar su mirada por el paisaje y recordó también su primera visita a la Torre.
Yo tampoco recuerdo bien la primera vez que me trajeron. –Murmuró.- Solo que me peleé con otro chico.
Hanamichi lo miró perplejo por unos segundos y luego se hecho a reír.
A mi casi no me traen por lo mismo.- Recordó divertido.- Una vecina me quería traer pero casi no me dejan porque estaba castigado.
Pensé que dijiste que fue con tu familia.- Dijo sin pensar el zorro.
Hanamichi no dijo nada, solo dejó escapar un suspiro triste. Rukawa decidió respetar su silencio y no preguntar nada mas. Por varios minutos permanecieron así, en un total silencio.
Mi mamá estaba casi siempre enferma.- Lo escuchó decir de repente.- y era la vecina quien me cuidaba la mayoría de las veces. Yo la quería como si fuese de mi familia.
Hay veces que los extraños están mas cerca que la propia familia.- Murmuró el zorro con voz fría, recordando su propia experiencia.
Sí, pero nada reemplaza a tu verdadera familia, nada.
Hanamichi se mordió los labios evitando mirar a su compañero. Sus ojos se habían llenado de lágrimas y sentía un enorme nudo en la garganta. Le hacía tan mal pensar en todo aquello, lo hacía sentirse solo, le hacía recordar que realmente estaba solo en el mundo.
Una familia
Que no daría yo por tener una familia.
Fijó obstinado su mirada en el inmenso paisaje, tratando de buscar en él algo que aplacara su angustia.
Me peleé con ese chico por un conejo.- Escuchó decir de pronto a Rukawa.
¿Uh?.- Hanamichi lo miró sorprendido. La tristeza dio paso a la confusión en la mirada del pelirrojo. Sorprendido, volteó entonces a mirar a su compañero.
No recuerdo mucho, solo se que traía un conejo de trapo y ese chico insistió en que era suyo.- El tono neutro con que hablaba junto a su expresión de dignidad, hacía parecer aun mas ridículo aquel relato.- Así que nos peleamos.
La fértil imaginación del pelirrojo pronto aportó una imagen del Rukawa actual pero vestido de niño pequeño y abrazado a un conejo, por supuesto que el resultado fue una enorme risotada por parte del Do'aho, quien cayó sentado riendo con tantas ganas como hacía tiempo no lo hacía. Por su parte el Kitsune, aunque molesto por la hilaridad de su Hana, no podía menos que alegrarse al verlo ya sin esa tristeza de unos segundos atrás. Se había prometido que hoy Hanamichi disfrutaría junto a él, no quería que los malos recuerdos arruinaran ese día. Ya mas adelante tendrían la oportunidad de conversar sobre este y otros temas, para eso había tiempo, lo importante ahora era verlo feliz.
Habían pasado varios minutos y Hanamichi aun seguía riendo, el zorro entonces decidió interrumpir su diversión.
Aun no me dices porque te castigaron.- Preguntó molesto.
Hanamichi dejó de reír, pero mantuvo su expresión divertida.
La tarde anterior al viaje, estaba con unos amigos jugando en la calle y entonces pasó otro chico y me dijo algo, y bueno, terminamos peleando.- Relató un sonriente Hanamichi. Rukawa lo miró por unos momentos y tuvo la certeza que el pelirrojo había omitido algo.
¿Y que te dijo?
¿Uh?.
Algo debió decirte que te molestó y por eso peleaste.- Se explicó el zorro.
No lo recuerdo.- Trató de evadirlo Hana.
Sí lo recuerdas.- Lo retó.
¡Claro que no!
¿Qué te dijo?.- Volvió a insistir.
Te digo que no lo recuerdo.- A Hana ya se le había acabado la risa y ahora lo miraba enfurruñado.
¿Qué te dijo?.- Cuando Kaede Rukawa quería, podía realmente ser obstinado.
La mirada del Kitsune se fijó en la del Do'aho con terquedad, el pelirrojo adivinó que no lo dejaría tranquilo hasta que le contara todo, y ni pensar en engañarlo, sabía que se daría cuenta.
Quemcsaraconel.- Masculló con voz ininteligible.
¿Qué?.
Quemecasaraconel- Volvió a repetir con un gruñido.
¿Qué te casaras con él?- Esta vez si le entendió a pesar de lo rápido que lo dijo.
Sí, el muy estúpido pensó que era una niña.- Dijo molesto.
El zorro lo miró por unos momentos sin decir nada, y entonces ocurrió lo inesperado: Kaede Rukawa comenzó a reír. No era una risa estruendosa como la de Hanamichi, pero si bastante peculiar, y lo era porque hasta ahora nadie, fuera de su familia, había escuchado al estoico joven reír de esa forma.
Hana lo miró pasmado, el rey del hielo estaba frente a él riendo. Él precisamente, el tipo con menos expresiones faciales que existía en el mundo, y para peor, lo estaba haciendo a costa suya. El maldito desgraciado no se reía nunca, y ahora lo hacía a sus expensas.
No es gracioso Kitsune.- Gruñó Hana.- Ese niño era un idiota.
Jajajajajajajaja
Porque no vas a buscar tu conejo y me dejas tranquilo. – Se enfadó el Do'aho cansado ya de la risas del Kitsune.
El zorro trató de controlar su risa, pero era demasiado divertido ver la cara de molestia del Do'aho. Estaba visto que siempre le sacaría en cara la historia del conejo, pero él también podía chantajearlo con lo de la "petición de matrimonio".
Jajaja, esta bien, jaja.- Realmente se veía lindo enfurruñado.- Vamos Do'aho, no te enfades.
Hanamichi cruzó sus brazos sobre el pecho y esperó hasta que el Kitsune se tranquilizó completamente.
Si ya terminaste de reír, podríamos irnos ya.- Propuso el pelirrojo.- Tengo hambre.
Ambos jóvenes caminaron juntos hasta la salida.
¿Y que te gustaría comer Do'aho?.- Preguntó el moreno.
Conejo.
Ambos muchachos se miraron y sonrieron. El paseo por Tokio estaba resultando realmente inolvidable.
