La Hechicera tiene una Charla Incomoda
El viernes luego de mi clase de gimnasia, me contagie del jubilo que emanaba hasta por los poros de mis compañeros. Salte a los brazos de Jacob quien me esperaba fuera del gimnasio con la capucha de su sudadera gris sobre su cabeza, estaba lloviendo muy ligeramente. Como si eso fuera nuevo.
-Hola - saludo muy contento sosteniendo mis piernas alrededor de su cintura.
-Hola - sonreí antes de darle un beso.
Jacob me bajo con cuidado y caminamos tomados de la mano hasta mi conejito, abrió mi puerta con rapidez para que no continuara mojándome.
Rodeo mi auto y subió en cuanto quite el seguro. Esa mañana había ido por el, por que su auto estaba en el taller de Harry Clearwater, para no tener problemas camino a Port Angeles. Jake no quiso que fuera yo sola a recoger a mis amigas al aeropuerto y mis padres no pudieron estar mas de acuerdo. Edward e Isabella confiaban plenamente en Jacob Black, conocían a su padre y Charlie y Renee no decían mas que maravillas de mi novio.
Ademas les gustaba que hecho de que gracias a Jake, deje de odiar el pueblo.
-Ya tienes todo listo para la llegada de las chicas? - pregunto Jacob con una sonrisa.
-Sip. De hecho... te importaría ayudarme a subir las colchonetas que compro mama? Llegaron esta mañana y dijo que yo tendría que subirlas, ya que se lastimo la cintura "cuando cargo unas cajas" - entrecomille la frase y lo dije con un tanto de asco.
Si, claro. Cajas. Desde cuando se le llama así al sexo?!
-No inventes escusas solo para atraerme a la trapa mortal de tu habitación - mascullo Jake cambiando la estación de mi auto, sin preguntarme.
-Que?
-Nada - soltó unas risitas.
-No es... no es una trampa! Pero si no quieres ver mi habitación y besarme sobre mi cama, esta bien - me encogí de hombros.
Di vuelta una calle antes y estacione el auto frente a su casa.
-Listo -abrí su puerta acercándome a el-. Vete - moví mi mano despectivamente.
-No soy un perro al que se abandona en la carretera, sabes? -estiro el brazo para cerrar de nuevo la puerta- Vamos a tu casa.
-No. Bájate. No vaya ser que use mi magia negra, como la hechicera que soy, para que caigas en mis redes y corrompa tu inocencia.
-Es una oferta?
Respire profundo, tratando de alejar los malos pensamientos de mi cabeza.
-No.
Di vuelta en herradura y en menos de un minuto ya estaba aparcando frente a mi casa.
Camine hasta la puerta y me fije que no estaba el auto de mama. Una sonrisa maliciosa apareció en mi rostro.
Al entrar a casa le mostré a Jake las colchonetas aun envueltas en plástico transparente, que descanzaban en el suelo del recibidor.
-Donde esta tu habitación? - pregunto Jacob quitándose su chaqueta de de piel, quedando solo con la sudadera.
-Tranquilo! Apenas entras a mi casa y ya me quieres llevar a mi habitación? - bromee.
-Desde que te conocí te he querido llevar a una habitación.
Mi respiración se detuvo, junto con mi corazón.
Tomo la primera colchoneta y subió las escaleras sin que le dijera realmente, donde estaba mi habitación. Una vez arriba se limito a mirarme.
-La ultima puerta - señale la puerta blanca al final del estrecho pasillo.
Jake giro la perilla, empujando la puerta suavemente. No entro de inmediato, se quedo mirando un momento mi habitación.
Las paredes eran blancas, pero todo lo demas tenia mucho colorido. La colcha de mi cama era rosa fucsia, sobre esta había cojines verdes, morados, naranjas, amarillos; uno de cada color. En las paredes había coloridas pinturas al oleo de Londres y de París. La de París era mi favorita, era de una agradable escena, con personas caminando sobre calle empedrada y otras tomando cafe afuera de un restaurante, sentados en esas mesas adorables que tienen una gran sombrilla. Justo a la mitad y como fondo del cuadro, esta la Torre Eiffel. La de Londres era una hermosa vista nocturna de mi edificio favorito: El Parlamento, con un primer plano del Big Ben. Ambos regalos de mi madre.
Sobre mi escritorio estaba mi laptop con cubierta morada. Las cortinas eran blancas con un patrón colorido. Había decidido esa decoración, ya que si no había color alguno en Forks, al menos lo tendría mi habitación.
No había ropa abandonada en las sillas, ni los cajones a medio abrir. Mama me había hecho limpiar durante la semana.
Mi dormitorio era la antítesis del de Jacob.
Mi novio... -me encanta decir novio en mi fuero interno- se aclaro la garganta y entro muy despacio.
-Deja esa pegada a la pared -le señale el lado izquierdo de mi cama-. La otra ira a los pies de mi cama y la otra al lado derecho.
-Como usted diga, jefa.
Bajamos por las otras dos colchonetas y las acomodo donde le había ordenado.
-Listo. Ahora... que me ofreciste a cambio de mi ayuda? Ah si. Besarnos en tu cama - murmuro con una amplia sonrisa, haciendo que me temblaran las piernas.
-Mi mama no esta, Jake - voltee el rostro a la izquierda evitando que me besara.
-Mejor - sus labios besaron mi cuello.
Paso la lengua por mi piel y mordió suavemente mi lóbulo, mientras sus manos se aferraban a mis caderas. Mi respiración se volvió frenética.
Pronto me encontré en posición horizontal, sobre mi cama y mis piernas enredadas en su cintura. Sus manos se abieron paso bajo mi blusa, mientras mis manos hacían lo mismo, acariciando su espalda. Aquello era delicioso, sexy, ardiente y algo pecaminoso.
Su piel era suave y cálida. Mientras sus dedos trataban en vano de abrir mi sostén, las mías viajaron a su abdomen y note algo raro. Bueno no raro... Estaban ligeramente marcados.
Yomi.
Mis manos comenzaron a avanzar por si solas, hasta que toque el borde de sus pantalones. Me tuve que obligar a mi misma a no continuar.
Escuche el traqueteo que hace el auto de mama y aventé a Jake, hasta casi tumbarlo de la cama.
-Baja a la cocina - murmure asustada.
Jacob obedeció.
Arregle un poco mi cama y mi cabello. Cuando baje estaba en la cocina, estaba sirviendo dos vasos con refresco de naranja.
-Renesmee!
-No grites Isabella, estamos en la cocina.
Cuando mama entro, Jake y yo estábamos sentados en la pequeña mesa, viéndonos totalmente normales e inocentes. Como si no hubiéramos pasado la ultima media hora en la cama de mi habitación, metiendo mano donde no deberíamos.
-Ah. Hola, Jake.
-Hola, señora Cullen - saludo con su usual cortesía.
Mama se fue a la sala.
-Ya tengo que irme -se levanto y yo junto con el-. Mañana vengo por ti a las diez. Harry quedo muy formal de llevarme el auto a las cinco.
-Claro. Gracias. Quieres que te lleve?
-Vivo a cincuenta metros - se burlo.
-Pero esta lloviendo.
-He vivido toda mi vida en esta area -se acerco a mi con una sonrisa y puso su mano derecha en mi mejilla-. Llovía cuando nací, cuando aprendí a caminar, cuando me mude a Forks, cuando te conocí. Llovía hace rato cuando estabamos en tu habitación -susurro en mi oido, haciendo que me estremeciera.
-De acuerdo. Te veo mañana.
Me despedí de Jake en la puerta de mi casa y con un sonoro suspiro camine hacia las escaleras.
-Jake te ayudo? - cuestiono mama con los ojos en una revista.
-Si.
-Traje las sabanas - señalo unas bolsas blancas.
-Gracias mama - tome las bolsas y vi que había comprado un juego de sabanas verde, uno amarillo y uno naranja.
-Los compre de esos colores para que también sirvan para tu cama... Tu revuelta cama - murmuro casi para si.
Maldición! Entro a mi habitación sin permiso. Según yo había dejado bien alizadas las sabanas.
-Solo... sean prudentes, si? No quisiera que quedaras embarazada a esta edad.
-Mama! - grite encolerizada y roja como un tomate.
-No quiero que tengas un bebe que podría pasar como tu hermano. Yo también tuve tu edad, señorita.
-Ya me se el discurso. Tu y papa me hablaron cuando tenia diez años - exclame enfadada subiendo las escaleras.
-Pero aun no conocías a Jacob - alcance a escucharla antes de darle un portazo a la puerta.
Es el cumpleaños de Nessie! Ya se, eso lo he puesto en todos los fics, pero es ke el anio pasado se me paso por completo jijiji
