PARTE 25
El cielo del domingo estaba despejado, el sol cada vez más alto sobre la costa de Cornwall. Demelza se había recostado sobre la manta y había sacado su libro. Lo tenía abandonado, en la última semana no había tenido tiempo de leer nada, había miles de tareas que hacer en la casa. En la clínica tenía más tiempo libre, pero desde que había llegado a Nampara no había parado un minuto. Ross le había dicho que no se exigiera tanto, que había cosas que no eran parte de su trabajo y no las tenía que hacer, pero a Demelza le parecía un sin propósito dejar tan bonita casa en el estado en que estaba cuando con un poco de voluntad y trabajo la podían arreglar. Prudie había sido de gran ayuda.
Ahora el sol comenzaba a calentar la arena, y de haber estado en cualquier otra playa Demelza se habría quitado la musculosa que llevaba, pero quedarse en bikini frente a su jefe no le parecía muy profesional que digamos. Ross estaba sentado a su lado, excavando un pozo en la arena con Julia. Al parecer a su hija le había caído muy bien, generalmente le tomaba un tiempo entrar en confianza con extraños. Demelza dejó su libro a un lado y miró con preocupación la pierna de Ross, le iba a entrar arena adentro del yeso, seguramente ya estaría lleno. Demelza se quedó un momento recostada y cerró los ojos, oía el ir y venir de las olas y a Julia hablando en ese particular idioma que solo ella entendía. Ross a veces le contestaba cosas sin sentido. Era un muy bonito día aunque se estaba tornando caluroso, Demelza suspiró.
"Pensé que estabas dormida." Le oyó decir a Ross. Al abrir un ojo vio que la estaba observando divertido.
"No estoy dormida."
"Si claro" dijo Ross irónicamente. Demelza se sentó a su lado y miró el mar y la extensión de arena que se desplegaba alrededor de ellos. "No puedo imaginarme como sería tener una playa para mi sola… ¿Venías mucho aquí cuando eras niño?"
Ross acomodó su espalda en la arena y al hacerlo se acercó a Demelza sin notarlo, "Si. Yo crecí aquí. Conozco cada rincón de esta playa como la palma de mi mano, siempre venía a jugar aquí o a pasar la tarde con mi madre y mi hermano. Aunque la mayoría de las veces era Francis quien me acompañaba. Solíamos pasar días enteros aquí. Cuando se hacía tarde mi padre o mi tío venían a buscarnos y nosotros nos escondíamos en una cueva, allí." Ross señaló una saliente sobre uno de los acantilados. Luego se quedó mirando un punto lejano en el mar, pensativo.
"Lo siento, no quise hacerte recordar…"
"No te disculpes, tu no hiciste nada." Dijo, sacudiéndose su ensimismamiento. Demelza cambio de tema.
"¿Cómo te sientes? ¿La pierna no te molesta, no te está haciendo esforzar mucho esa niña?" Ambos miraron a Julia, quien aún continuaba distraída ensanchando el pozo que había excavado con Ross. La niña se dio cuenta que la estaban mirando y les regaló una sonrisa. Era simplemente encantadora.
"La pierna no me duele, aunque tengo un poco de calor." Ross levantó su remera. Demelza se arrodilló a su lado y lo ayudó con su brazo. Un día más y le quitarían el cabestrillo.
Demelza ya había visto el torso de Ross desnudo muchas veces en las semanas desde que se conocían, pero nunca podía evitar que su mirada se detuviera unos momentos en su trabajado cuerpo. Su pecho estaba cubierto por abundante pelo negro y los músculos estaban bien marcados a pesar de que hacía tiempo que no hacía ejercicio. Realmente no podía comprender la decisión de esa mujer. Seguramente no estaría soltero mucho tiempo una vez que pudiera salir de la casa. Ross se recostó aún más sobre la manta, y puso su mano bajo su cabeza y cerró los ojos. Demelza lo observó un momento más y luego sacudió la cabeza y buscó algo en el bolso.
"Hora del protector solar, Julia." El sol ya estaba alto en el azul cielo y la sombrilla ya no daba casi sombra. Demelza cubrió a su pequeña hija entera con la crema y también le puso un sombrerito en la cabeza. Ross las espiaba con un ojo entreabierto. "¿Quieres?" - Demelza le preguntó, su cuerpo estaba todo al sol. Ross asintió.
Demelza tomó un poco de protector en su mano y comenzó a desparramarlo por los brazos de Ross, por sus hombros y su cuello. Ross volvió a cerrar los ojos. Demelza tomó un poco más de crema y la desparramo por su pecho, su cabello suave bajo la palma de su mano. "Espalda." Dijo ella. Ross abrió los ojos y se sentó sobre la manta, se hubiera dado vuelta pero la pierna enyesada complicaba las cosas. Demelza se arrodilló detrás y siguió desparramado la crema por su espalda. Julia se había ido a sentar a sus pies y lo estaba cubriendo con arena. Demelza vio lo que hacía pero no dijo nada, al parecer a Ross no le molestaba. Cuando terminó con Ross Demelza comenzó a desparramar el protector por sus brazos, Ross seguía observándola. "Ten, ponte en la cara." Ross le hizo caso sin decir palabra. Demelza continuó colocando la crema en su cara, cuello y piernas. Era todo lo que podía hacer.
"¿Te ayudo con la espalda?" dijo Ross, quien la había estado mirando mientras ella desparramaba la crema en sus piernas. Demelza pareció vacilar un momento pero luego puso algo de crema en los dedos de su mano izquierda y se sentó delante de él, dándole la espalda. Demelza se quitó la remera, y su esbelta espalda se reveló ante él. Su piel era blanca y su cintura pequeña. Demelza se corrió el pelo a un lado y se acercó un poco más para que él le colocara el protector. Ross respiró profundo y contuvo la respiración mientras sus dedos acariciaban su piel, desde los hombros, por debajo del elástico que sujetaba la bikini verde hasta el borde del short en su cintura. Puede que su mano se haya detenido más tiempo que el apropiado en la piel de su cintura, pero Ross no quería que el sol quemara su blanca piel. Demelza se colocó el protector sobre su abdomen y su pecho ella sola. "Gracias" murmuró.
Ross se volvió a recostar, Julia ya había cubierto su pierna de arena hasta la rodilla.
El clima continuó espléndido. Demelza llevó a Julia a caminar junto al agua, la risa de la niña se escuchaba por sobre el sonido de las olas. Ross le había dicho a Demelza que no se metieran al mar, las corrientes eran traicioneras en esa parte de Cornwall, ya las llevaría él cuando pudiera caminar. Cuando regresaron Ross había sacado el almuerzo que habían traído y lo había dispuesto sobre la manta. Sándwiches y ensalada para ellos, papilla y fruta para Julia. Demelza acomodó la sombrilla de nuevo para que los cubriera al menos algo y tomó a la niña en sus brazos, sus ojos se entrecerraban. Demelza se recostó a su lado y pronto los tres se quedaron dormidos bajo la sombra.
