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Lo dejo en buenas manos.

«Tenemos miedo de querer demasiado

Por miedo a que a la otra persona

No le importe en absoluto. »

Eleanor Roosevelt

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Cuando la luz que rige tu mundo se extingue cuesta mucho encontrar el camino correcto.

Esa noche que corrí con Bella al hospital y ella no paraba de sangrar sentí que mi mundo comenzaba a desmoronarse frente a mí. La única mujer a quien yo le había entregado todo estaba muriendo en mis brazos. Pero mi chica era toda una luchadora ella supo salir adelante…

-¿Señor? –Taylor irrumpe en mi oficina con el teléfono en la mano.

Su expresión me asusta, me levanto de un salto y apoyo mis palmas en mi escritorio.

-Es el señor Swan. –Murmura con voz rota.

Taylor jamás pierde la compostura, a Taylor jamás se le quiebra la voz. Maldita sea.

Tomo de prisa el teléfono y lo acerco a mi oído.

-¿Jefe Swan? –Digo con voz neutra tratando de controlar mis nervios.

-Christian… -Otra voz quebrada, baja y muy ronca- no sé cómo decir esto

Dejo salir todo el aire de mis pulmones y mi intento de permanecer sereno se va a la mierda.

-¿Charlie que sucede? ¿Bella está bien? ¿Ha sucedido algo? –Pregunto frenéticamente caminando de un lado a otro tirando de mi cabello.

-Ella se ha ido, muchacho. Bella se ha ido… -Susurra y luego rompe en un sollozo fuerte.

-¿Qué… qué quieres decir? –Digo en un susurro agónico casi sin aliento.

-Bella ha muerto…

…y es ahí donde mi mundo se detiene. Lanzo el teléfono contra la pared de la oficina sin esperar que continúe. Toda la habitación da vueltas y se vuelve borrosa.

-¿Señor? –La voz de Taylor se oye lejana para mí.

Bella ha muerto

De un solo manotazo aviento todo lo que está sobre mi escritorio hacía el suelo, el maldito dolor es insoportable, mi Bella se ha ido… nuestras fotos caen en un sonido sordo y el marco de cristal estalla en mil pedazos.

…y mi maldita vida ha vuelto a ser la misma mierda que era antes de que ella la iluminara, oscura y llena de soledad.

Recuerdo el día que la conocí, mierda no había ser más hermoso sobre la tierra que ella. Frágil, dulce, única.

Recuerdo el día que se entregó a mí por primera vez…

…el primer día que yo hice el amor.

Puro.

Único.

Lento.

Recuerdo el día que le pedí matrimonio y ella acepto.

…el día que nos casamos…

…el día que la deje marchar para que fuera feliz.

El maldito día que la perdí.

Siento un grito desgarrador salir de mi garganta. La he perdido, mi Bella se ha ido.

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POV Bella.

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Hace dos semanas que mis bebés llegaron al mundo, y hace solo apenas unos días que los tenemos en casa. La doctora Greene y Matt quisieron mantenerlos unos días en el hospital para ver su evolución dado lo prematuros que fueron y realmente se me hicieron los más largos de toda mi existencia.

Eran las tres de la madrugada y yo estaba como boba apoyada en el umbral de la habitación de mis niños viendo como ellos dormían plácidamente en sus cunitas. Llevaba noches despertándome a la misma hora y viniendo aquí a comprobar como estaban, era como si algo muy en el fondo me dijera que los cuidara más que nunca.

Escucho un grito proveniente de nuestra habitación y sé que es Christian cuando siento mi pecho oprimirse con una tristeza enorme. Me giro para correr de regreso a la habitación pero unas imágenes nublan mis ojos y el vínculo de nuestras almas se activa mostrando lo que él está viendo.

-Bella ha muerto…

Bella ha muerto

ha muerto

Jadeo sorprendida al descubrir su dolor en aquel momento. Sé que no es un simple sueño, es un recuerdo.

Rompo la conexión y me encuentro arrodillada y con Gail a mi lado, ella está asustada. Parpadeo varias veces y miro en todas direcciones aún se escuchan los gritos de Christian. Sin prestar atención a lo que ella me está diciendo me levanto y corro hasta nuestra habitación y trepo en la cama apartando de un empujón a Taylor. Me siento a horcajadas sobre él y trato de despertarlo.

-¡Christian! ¡Christian! –Mi tono es urgido mientras le tomo de los hombros y lo sacudo.- Estoy aquí. Estoy aquí.

Él se sobresalta y abre los ojos asustado. Mi corazón se oprime al saber lo que pasa en estos momentos por su mente.

-Bella…

Bella ha muerto

-…Estas aquí. –Su voz es un susurro entrecortado.

«Tengo miedo…»

Su susurro mental me toma desprevenida, él está usando la conexión. El miedo de perderme lo está superando.

-Claro que estoy aquí, te amo, estoy aquí… -le susurro una y otra vez tratando de calmarlo.

Christian se incorpora quedando sentado debajo de mí y me rodea la cintura atrayéndome aún más hacia él. Veo como Taylor con discreción se retira de la habitación cuando yo acaricio el cabello de mi esposo con suavidad.

-Bella… fue horrible, he tenido un sueño… -susurra contra mi pecho.

-Shhh, lo sé, tranquilo estoy aquí, estoy aquí.

-Bella. –Dice mi nombre en un suspiro, siento su pánico asfixiante recorrerme el cuerpo.

-Todo está bien, Christian. Deja de pensar en ello. Estoy aquí junto a ti y te amo. Por favor cálmate.

Hago uso de mi energía y trato de relajarlo. Christian ha sufrido mucho en el pasado pero estoy segura de que nada le dolió tanto como mi muerte. Él ha callado todo este tiempo respecto al tema pero sé que no se puede aplazar más, necesito saberlo todo para poder ayudarlo a alejar esos temores. Cuando lo siento relajarse hasta el punto de dormirse de nuevo me incorporo sobre mis rodillas aun sosteniéndolo contra mi pecho para no despertarlo y con cuidado lo recuesto en la cama y me deshago de su agarre a mi cintura. Acaricio su mejilla y él susurra mi nombre. Respiro profundo y me alejo de allí, no creo poder dormir de nuevo. Cuando salgo de la habitación miro hacia la de mis bebés y veo a Sawyer de pie en la puerta. Lleva una sudadera de capucha y un pantalón de deporte pero esta descalzo, al menos sé que he logrado persuadirlo de que descanse más ahora que ya he dado a luz.

Camino hacia él y cuando me ve noto la preocupación en sus facciones.

-Él está bien. –Susurro antes de que pregunte.

Asiente y se hace a un lado para que yo entre en la habitación. No me sorprende ver que Gail y Taylor están allí tratando de calmarlos. Debí suponer que los gritos de su padre los despertaría.

Ver a Taylor arrullar a Michael es tan desconcertante como enternecedor. Estos son grandes hombres que una vez me ofrecieron miradas serias y hoy por hoy incluso se encargan de mis bebés. Sonrió y me acerco a él.

-Creo que me hare cargo yo, Taylor. Gracias. –Susurro y él me sonríe.

Michael se sobresalta en sus brazos y mira en todas direcciones hasta encontrarme. Tiendo mis brazos hacia él y me regala una sonrisa amplia y sin dientes.

Dios mío. Cuanto lo amo.

Suspiro enamorada y lo tomo contra mi pecho besando su pequeña cabecita. Taylor sale de la habitación cerrando la puerta tras él y dejándome a solas con mis bebés y Gail. Camino hacia la mecedora ubicada en medio de las dos cunitas y me siento en ella acomodando mejor a Michael entre mis brazos y descubriendo uno de mis pechos. Él inmediatamente coloco su boquita y comenzó a chupar, su manita sobre mi pecho apretándola en puño como en un intento de reclamarlo como suyo. Sonreí y acaricie su cabecita tratando de peinar su alborotado cabello.

Levante la mirada hacia Gail y ella me estaba sonriendo mientras mese a Alex quien está encantada en sus brazos. Siento como la boquita de Michael baja la intensidad y lo miro cerrar cada vez más seguido sus ojitos, no sin dejar de mirarme, mi bebé se está durmiendo de nuevo.

Cuando cae rendido cubro mi pecho y lo coloco contra mi hombro para sacarle los gases y luego lo recuesto en su cunita. Gail me entrega a Alex y se retira de la habitación.

Mientras alimento a una inquieta Alexis pienso en todo lo que he perdido, en mis amigos, en mi familia. Pero estoy segura qué de tener que elegir de nuevo, elegiría a mis hijos por sobre todas las cosas.

Suspiro afligida. Sí, los elegiría a ellos, pero aun así extraño las llamadas de Renée, los regaños de Charlie y a mi Annie. Sin mencionar lo mucho que he lastimado a los Cullen. Mi corazón se oprime al recordar la mirada de rencor que vi en todos la última vez que los vi. Sacudo la cabeza y miro a mi pequeña Alex, ya está dormida así que retiro mi pecho y la coloco sobre mi hombro y recuesto mi mejilla en su cabecita mientras le saco los gases.

Mientras me meso distraída en la mecedora siento una presencia cerca, muy cerca. Jamás creí volver a sentirla. Me levanto con cuidado de no despertar a Alex y camino hasta el ventanal. Corro un poco la cortina y miro hacía los árboles que rodean el jardín. Pero entre la penumbra muy poco logro distinguir, sé que él está ahí en alguna parte. Mi corazón se acelera en una mezcla entre emoción y miedo. Esto no puede ser, no puedo permitirlo.

Abrazo a Alex, casi escondiéndola bajo mis brazos y retrocedo unos pasos dejando caer de nuevo la cortina cubriendo el cristal.

«¡Vete! Por favor, vete…»

Mi susurro mental es casi una súplica.

«¿Por qué? »

No me sorprende que él responda de la misma manera, sabe de mis dones.

«Porque mis bebés estarían en peligro. ¡Vete Edward!»

Su presencia se acerca hasta estar junta a la puerta que da a la piscina y luego se aleja de inmediato y me siento cruel al tratarlo de esta manera. Pero conozco a los Ancianos, sé que si se enteran de que ellos están cerca de nuevo son capaces de cualquier cosa. Necesito mantener a mis bebés a salvo, pero también quiero que ellos lo estén.

Recuesto a Alex en su cunita y enciendo el monitor por si se despiertan de nuevo. Dejo la puerta entreabierta y llevada por la curiosidad bajo hasta la puerta que da a la parte trasera de la casa. Hay un paquete junto a ella. Abro la boca sorprendida y corro hasta la alarma y la desactivo para abrir la puerta y tomar el paquete. Cuando entro activo de nuevo la alarma y camino hasta la chimenea, me arrodillo junto al fuego y abro de prisa el paquete lanzando el papel del envoltorio al fuego. Dentro de la cajita hay dos cadenas plateadas muy finas y delicadas pero hermosas. Cada una tiene un dije, uno con una letra "A" y otro con una letra "M". Mi corazón se oprime de ternura. Edward sabe cómo se llaman mis bebés y les ha comprado dijes de plata. Tomo la "A" y la acaricio entre mis dedos, los diamantes que la adornan son tan transparentes que se puede ver el plateado de la lámina de la letra. En cambio la "M" tiene pequeñas piedritas de esmeralda incrustadas y es entonces cuando sé que Edward no solo sabe cómo se llaman si no que posiblemente los ha visto porque los dijes combinan con sus ojos. Subo de nuevo a la habitación de mis pequeños y con cuidado les coloco las cadenitas alrededor de su cuello. Ellos son inteligentes y sé que no tiraran de ellas, además es una linda forma de agradecerle el regalo.

Dejo la cajita en la mesita junto al monitor y un poco más tranquila voy hasta mi habitación y me recuesto junto a mi esposo. Como siempre Christian parece sentir mi presencia y me abraza atrayéndome hasta su cuerpo. Suspiro profundo y me dejo llevar por el sueño.

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Cuando me despierto el cansancio me avisa que no he dormido más de unas pocas horas. Me estiro en la cama buscando a mi esposo pero él no se encuentra por ninguna parte, ahora entiendo que me despertó.

El monitor que comunicaba con la habitación de los bebés sonó dejándome oír los gorgoteos y risa de Alex. Sé que es ella porque mi esposo está desaparecido.

Camino en silencio por el pasillo y de pronto las risas de Alex se unen a la voz de Christian. Sonrió al notar que he tenido razón. Christian ha hecho esto todas las mañanas desde que volvimos a casa.

-Eres tan hermosa. Estoy seguro de que tendré muchos problemas cuando crezcas, no creas que voy a dejar que alguien se te acerque tan fácilmente, Alexis Grey. –Dijo entre jocoso y gruñón.

Contrario a las veces anteriores no pude evitar soltar una risa ante eso, sinceramente iba a tener que lidiar con muchos problemas con Christian cuando nuestra hija tuviera novio. Ambos se giraron a mirarme, pero mientras Alex batía sus bracitos emocionada de verme, Christian hizo una mueca de horror, como si lo hubieran descubierto en un terrible secreto. Pero se recompuso rápidamente y me miro frunciendo el ceño. Fingiendo estar desinteresado.

-¿Desde hace cuánto estas ahí?

-¿Te refieres a hoy? ¿o ayer? ¿o tal vez el día anterior? –Dije entre risas mientras caminaba hasta la cunita de Michael quien jugaba enérgicamente con sus pies.- ¡Hola, mi príncipe!

Michael dio un grito de alegría al verme y agito sus brazos hacía mí. Si Alex tenía una debilidad por Christian estoy segura de que la de su hermano era yo. Lo tome en brazos y le di un sonoro beso en la mejilla.

-¿Me has estado espiando todos estos días? –Pregunto Christian intrigado.

-Sip. Todos y cada uno de ellos. He de reconocer que me intriga ver como Christian Grey, el magnate y serio dueño de todas esas grandes compañías le hace caras y le habla como idiota a una bebé de solo unas semanas de nacida. –Me burlo de él.

Él gira la cara y esconde su expresión de mí, lo he avergonzado y lo estoy disfrutando. Mucho.

Estoy a punto de continuar cuando él habla de nuevo.

-¿Qué tiene de malo? Después de todo es una conversación entre padre e hija. –Musita nervioso, con la voz cargada de una emoción desconocida.

Sonrío con ternura y sigo con mi juego.

-¿Solo tiene unas semanas de nacida? –Preguntó retóricamente- Creo que le pediré a Taylor que coloque cámaras de seguridad y luego subiré el video a YouTube. Ya verás que supera el record de visitas en una hora.

-Isabella… -Me mira entre aterrado y divertido.

-Cuídese, señor Grey. Puede que un día de estos su publicista le llame para avisarle.

Él enarca una ceja y no puede contener la amplia sonrisa que parte su cara en dos.

-¿Eso es una amenaza, señora Grey?

-Considérelo una advertencia. –Digo tratando de usar su voz seria.

Christian se ríe y se acerca a mí besándome suavemente en los labios.

-Buenos días a ti también, nena. –Susurra contra mis labios.

-Buenos días, Christian.

Michael gorgotea entre mis brazos y me agarra el pecho con posesión. Lo miro sorprendida y luego me giro hacia el reloj de pared que cuelga en la habitación.

-No puedes tener hambre, mi amor. Hace tres horas que comiste. –Susurro sorprendida.

Él hace un intento de llorar al ver que no le doy lo que quiere y miro a Christian con una ceja arqueada.

-¡Aléjate de mis hijos!

Él se ríe fuertemente entendiendo lo que le he querido decir.

-Yo no le he dicho nada, lo juro. Él simplemente es mi hijo.

Sacudo la cabeza intrigada de ver lo mayores que parecen mis pequeños. Camino hasta la mecedora y descubro uno de mis pechos el cual de forma rápida pasa a ser posesión de Michael. Hago una mueca al sentir como trata de morderme.

-¡Hey! Con cuidado, eso no es de caballeros. –Musito solo para él pero su padre me escucha.

-¿Ah, sí? ¿Entonces yo no soy un caballero según tú?

Mis mejillas se tiñen de rojo intenso y bajo la mirada. Mierda.

-Touché, señora Grey.

Me muerdo el labio tratando de contener la risa. Idiota.

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Giro una y otra vez el rollo de pergamino entre mis manos, debatiéndome una y otra vez si leerlo o no. Mis bebés están dormidos en su corral junto a los ventanales en el gran salón de la casa, los miro y no sé qué hacer. Si lo leo recordare todo lo que sucedió en el consejo con los Ancianos, y si no lo leo seguiré con la incógnita de qué es exactamente lo que debo hacer aquí en la tierra. No he visto o hablado con ninguno de mis guardianes desde que desperté aquí de nuevo pero sigo sintiendo el llamado de las almas al morir. ¿Quién está haciendo mi trabajo? ¿Amriel, de nuevo? Por otra la voz de Gabriel vino a mí solo una sola vez y fue en un momento donde mis bebés estaban en peligro, peligro por los Cullen.

-¡Aggs! –Gruño molesta y lanzo el rollo en el sillón.

Se supone, según ellos, que debo mantenerme lejos de los Cullen para proteger a mis bebés. Pero ¿Por qué? ¿Quién los protegerá a ellos si no estoy cerca? Camino de un lado a otro mordiendo mi pulgar. ¿Qué debo hacer? No puedo traicionar el reino de nuevo. Pero tampoco quiero que le suceda nada a la que una vez fue mi familia. Mis amigos.

Tomo el teléfono y marco el número de la casa que una vez me acogió como una más de la familia. Tres tonos después, él contesta.

-¿Diga? –Su voz es gruesa y cálida.

Es hogar y es tristeza.

Es mi padre.

-¿Hay alguien ahí? –Dice gruñón- Si averiguo que esto es una broma estarás en problemas.

Su amenaza me hace sonreír entre lágrimas. Cuanto lo extraño, añoro todas y cada una de sus facetas. Quiero a mi padre de regreso pero no puedo tenerlo. Tranco la llamada de prisa y cubro mi boca para que Gail, quien está en la cocina preparando el almuerzo, no escuche mi llanto. Mi vida se ha enredado tanto que ni yo misma sé que estoy haciendo.

El timbre suena y yo seco rápidamente mis lágrimas y me giro de cara al ventanal. Mis bebés siguen durmiendo, ruego desde lo más profundo que no sea ninguno de los Grey. No quiero que despierten a los niños.

-¿Señora? –La voz de Taylor me saca de mis pensamientos, me giro para mirarlo y me quedo estática al ver quiénes están detrás de él.

Trato de componer mi rostro, no quiero que Taylor se altere también.

-Los señores Cullen quieren hablar con usted. –Siento la tensión en su voz, ha notado mi nerviosismo.- Tengo que ir a buscar al señor Grey, pero si gusta puedo enviar a Sawyer en mi lugar.

Es una clara amenaza para ellos. Sonrío entre divertida y cariñosa.

-Ve tranquilo. No quiero que Christian se moleste porque llegaste tarde.

Él asiente un poco reticente y se va, pero noto que no camina hacia la puerta si no hacia su oficina, puedo adivinar que va a poner en sobre aviso a Sawyer. Sacudo la cabeza divertida, la sobreprotección está asegurada con los hombres de esta casa. Los nervios hacen destrozos en mi estómago pero los controlo lo mejor que puedo y me giro hacia los recién llegados.

-Debo disculparme por eso, desde que he dado a luz mi esposo incremento la seguridad. –Digo de manera formal y les sonrío educadamente- ¿Qué puedo hacer por ustedes?

Tanto Esme como Carlisle me sonríen ampliamente. Su corazón es tan grande que no están molestos conmigo. El nudo en mi estómago se incrementa y mis manos juegan con el teléfono girándolo nerviosamente.

-¿Crees que podamos hablar con sinceridad? –Pregunta Carlisle.

Su voz me remonta a otras épocas.

-¿Es sobre mi padre? –Titubeo, sin saber que más decir- ¿Usted trabaja con él y con mi hermano, no es así?

Pero Esme da dos pasos hacia mí y yo instintivamente los retrocedo y me coloco entre ellos y el corral donde duermen mis bebés delatándome por completo.

-¡No! –Jadeo asustada y levanto las manos para que se detenga.

-Bella… ¿Qué es lo que sucede, cariño? –La suave voz de Esme me rodea y soy incapaz de contener las lágrimas.

-¿Nos recuerdas, no es así? ¿Tú sabes quiénes somos?

-Deben irse. –Susurro.

-¿Por qué? –Pregunta Carlisle asombrado.

-Me aleje de ustedes por mis bebés. –Digo con sinceridad.

-Sabes que no les haremos daño. Son hermosos, Bella. –Los ojos de Esme son tristes y cautelosos.

Respire profundo y seque las lágrimas de mi cara. Si Sawyer llegaba a venir al salón y me veía así se iba alterar.

-Gracias, de todo corazón gracias. Por haber cuidado de mí en el pasado, por haberme querido, y acogido como una más de la familia. Debo pedirles disculpas por el dolor que les he causado, en un momento no sabía que lo estaba haciendo pero ahora, estos meses, ha sido en cierta forma apropósito. Debo mantenerme lejos de ustedes o mis bebés pueden sufrir las consecuencias y ellos… ellos son todo y más para mí. Pondría en riesgo cualquier cosa por estar cerca de ustedes pero no a ellos. Jamás a ellos. No lamento haber fingido no recordarlos, si eso mantiene a Michael y Alex conmigo. Espero lo entiendan.

Carlisle dio unos pasos y tomo a Esme por los hombros. Me miro durante unos largos minutos y luego asintió.

-Entendemos, de verdad lo hacemos ahora que sabemos el porqué. Y no tienes nada que agradecernos, lo hicimos de todo corazón y las puertas de nuestra casa y familia siempre estarán abiertas para ti. –Dijo con voz cálida.

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Luego de que Carlisle y Esme se marcharan tome mis bebés y me encerré en la habitación. Ciertamente no tenía hambre y mucho menos ganas de hablar con alguien. No sé cuánto tiempo estuve ahí tendida en la cama con mis bebés hasta que escuche la puerta abrirse.

-Puedo sentir tu tristeza, nena. ¿Qué sucedió?

Me giro y veo a Christian sentado en la orilla de la cama deshaciendo el nudo de su corbata. Estas dos semanas él ha estado trabajando solo hasta el mediodía y luego pasa las tardes con nosotros. Hoy aunque envié a Taylor por él, hubiera deseado que trabajara hasta tarde.

-Esme y Carlisle vinieron hace un rato. –Susurro

Él instintivamente mira a los bebés quienes están sumergidos en su propio mundo, jugando con un chupón y agitando sus manos y pies.

-Ellos están bien, es solo que… no lo sé, me siento muy mal al alejarlos…

Christian viene hasta donde estoy yo y me abraza desde atrás atrayendo mi espalda a su pecho. Apoya el mentón en mi hombro y me besa la mejilla.

-¿Has averiguado algo? ¿Ellos saben algo? –Pregunta despacio. Sacudo un poco la cabeza y el suspira.- No hay otra salida, Bella. Debes leer el pergamino.

-Tengo miedo. –Susurro.

Sus labios rosaron mi cuello suavemente y sus brazos se apretaron más a mí alrededor.

-Isabella… has estado conmigo en tantos momentos difíciles y has sido fuerte por los dos. Como anoche… –dice bajito- ahora debes serlo por los niños. Sabes que lo que sea que dice allí cambiara nuestras vidas pero también sabes que aclarara nuestras dudas.

Me da un beso en el pelo, me suelta y se levanta para terminar de cambiarse el traje por algo más cómodo.

-¿No estas molesto porque los vi?

Él se detiene a medio camino al vistiere y me mira frunciendo el ceño.

-No, nena. Confío en ti. Además son ellos los que han venido hasta ti. –Se encoge de hombros restándole importancia.

Sonrío un poco ante su comportamiento. Tal vez él está aceptando por fin de que no le dejare. Ojala eso signifique que sus pesadillas se irán.

-¿Puedes vigilar a los niños un momento? voy a buscar algo. –Le digo y no espero su respuesta.

Me levanto con cuidado de la cama y saliendo de la habitación, corro escaleras abajo. Tomo el pergamino que está sobre el sillón y lo desenrollo. Son marcas antiguas, lenguaje celestial y no es precisamente una carta como yo creía. Es un canto. Comienzo a leerlo en voz baja y siento como mi piel arde, algunas marcas que casi se han desvanecido vuelven aparecer en mi piel, dibujándose así mismas como ondas en el agua. Cuando termino mi cabeza duele mucho, mi piel arde como si tuviera quemaduras y mi cuerpo está débil. Caigo de rodillas en el suelo y acaricio mis brazos suavemente. Pero no soy capaz de asimilar muy bien lo que sucede realmente con mi cuerpo porque lo recuerdo, recuerdo todo lo que sucedió en el consejo con los ancianos.

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Entre en el salón mi di una rápida mirada por la estancia, nada que no esperara. Los cinco Ancianos en sus sillas justo al fondo, Los siete Arcángeles a mi derecha y mis cuatro Guardianes a la izquierda. Tal parece que los Ancianos no quieren nada de público, solo están los que deben estar. Aunque a decir verdad me sorprende que los Ángeles Cazadores no estén. Me detengo en el centro del salón y me arrodillo bajando la mirada a mis manos entrelazadas sobre mi regazo.

-Isabel, sabes cuales son los cargos de los que se te acusa, ¿deseas decir algo en tu defensa?

La gruesa y poderosa voz del anciano mayor lleno la estancia y retumbo en mi pecho. No le temía a Malik, pero dado su rango era normal que mi cuerpo se agitara ante un superior. Era como el peso que tiene la orden de un macho alfa ante su manada. Me mantuve callada, era lo mejor.

Mire por el rabillo del ojo a mi derecha hasta donde estaba Gabriel, que al igual que los demás Arcángeles estaba con una rodilla apoyada en el suelo mirándome fijamente. Él me giño un ojo y yo apreté los labios para no sonreír. Posiblemente todos estaban esperando que hiciera una rabieta, dispuestos a castigarme de nuevo. Gabriel solo me estaba diciendo "bien hecho" de una manera silenciosa.

-No puedes quedarte callada todo el rato. –Gruño Malik- Necesitamos una explicación del porqué huiste del Reino sin nuestro permiso. O tal vez porqué ayudaste a unos condenados. Comienza hablar Isabel. Es mejor que lo hagas.

-¡Basta, Adriel! –Grita Cassiel levantándose de su silla.

Levanto la cabeza sorprendida. Muy rara vez los Ancianos estaban en desacuerdo en algo y por sobre todo nunca se llaman por sus nombres Angélicos, aquellos que tuvieron antes de ascender al trono. Malik mira a Lailah (Cassiel) con reproche.

-No voy a permitir que la atosigues así. Sabes que ella en el fondo no cometió ningún delito, solo te molesta que todo en este lugar no se te informe…

-¡Cállate, Lailah! –Gruño Malik interrumpiéndola- Y te voy agradecer que en el futuro te dirijas a mí con respeto. El hecho de que tú dejes que te llamen por ese nombre no quiere decir que los demás también lo queramos.

-Eres un hipócrita. –Cassiel bajo los escalones y se colocó de frente a Malik, justo delante de mí.- Tanto Isabel como cualquiera de los Arcángeles tienen permitido bajar a la tierra cuando quieran. Más aun ella que debe recoger personalmente las almas humanas.

-No me contradigas delante de ellos, Lailah. –Grito Malik.

y yo estaba disfrutando del espectáculo.

Separe un poco mis pies y me deje caer sobre mi culo para ver mejor.

-¡Basta ustedes dos! –Grito Nakir sobresaltándonos a todos- Creo que lo mejor es que dejen a Isabel explicarse y luego veremos qué hacer. Todos.

Él hablo mirando solamente a Malik pero al escuchar mi nombre di un brinco. ¿Por qué tenía que ser el centro de atención aquí? Todos se giraron a mirarme de nuevo y me sentí terriblemente cohibida. ¿Cómo explicarlo?

-El código dice que…

-¡El código dice que debes seguir las reglas! –Grito Malik.

Lo mire entre aburrida y molesta. Quiere que me explique y no me deja.

-Recuerdo perfectamente las reglas. –Gruño entre dientes, perdiendo la paciencia.- Y si me permiten tengo que enumerar algunas cosas de ellas:

»No alteres la lista de alma: …y no lo hice.

»No tienes permitido ver sus vidas: ¿Por qué? Bueno de igual manera no lo hice, fue alguien más.

»Jamás abandonaras el Reino sin permiso de un superior: ¿Quién es mi superior a cargo? Hasta donde recuerdo Miguel no estaba en ese momento, así que no había nadie a quien notificarle mi partida.

»Jamás enfrentarás a un condenado sola: No estaba sola, mis guardianes estaban conmigo y el Clan Cullen también.

»Jamás pondrás tu existencia en peligro: ¿No les parece que esta regla es un poco egoísta? A fin de cuentas nuestro deber, más allá del puesto que ocupemos aquí, es proteger humanos, así que considero que no rompí esa tampoco.

»Jamás vincularas tu alma con la de un mortal: …¿Por qué no? He escuchado que uno de ustedes lo hizo una vez y ni siquiera le tomaron en cuenta esa falta, ¿Por qué yo no puedo hacerlo entonces? Es realmente hipócrita.

Sonreí triunfante. Todo era cierto. En teoría no había roto ninguna regla y ellos lo sabían y eso en el fondo es lo que más les molesta. Cassiel me sonrió y asintió de acuerdo conmigo. Mire hacia donde Gabriel y me volvió a guiñar un ojo sin moverse ni un centímetro para que no lo vieran. Levante el mentón y mire a Malik desafiante.

¡No me vas a volver a castigar, viejo sin arrugas!

-Me parece que ella tiene razón. –Opino Pahaliah. La mire y ella me sonrió.

Isabel uno. Malik cero.

-Estoy de acuerdo. –Apoyo Cassiel- ¿Harud?

-¿Por qué en lugar de castigarla no le dan una misión? –Dice y los demás lo miran frunciendo el ceño.

Esto no lo esperaba.

Remiel, el Anciano Harud, se levantó y vino hasta mí ignorando a los demás. Mire hacia arriba y lo vi frente a mi tendiendo sus manos hacia mí. Su túnica dorada caía ligera y sus ojos azules brillaban mientras me miraba. Tome sus manos y me ayudo a levantarme, luego me sostuvo contra su costado y miro a Malik.

-Lo cierto es que esta pequeña Arcángel me ha hecho abrir los ojos a muchas cosas. ¿Se les olvida que nosotros en algún momento pasamos por esta etapa? ¿Qué también fuimos Arcángeles? ¿Cassiel? ¿Adriel? –Dijo en voz suave mirando a Malik y a Cassiel, luego se giró hacia Pahaliah y Nakir, quien no había opinado aun- ¿Sashiel? ¿Qué me dices tú Eremiel? Aún no sabemos qué piensas tú al respecto. Todos sabemos que en el fondo ella tiene razón respecto a ese grupo de Vampiros que quieren sembrar el miedo entre los demás. Que quieren ser los dueños de todo. No condeno que ella haya bajado a enfrentarse a ellos, y menos si era para evitar que esa muchacha se transformara en algo tan vacío y oscuro como un hijo de la noche. –Me sentí feliz y ganadora por un momento hasta que fijo de nuevo su mirada en mí- Por otro lado Isabel, aunque las reglas tengan ciertos baches y logres pensar en una manera de romperlas deberías acatarlas más seguido, eres un poco rebelde y sé que te costara pero eso tal vez te mantenga alejada de los problemas.

Asentí frenéticamente y él sonrió.

-¡No puedo creer lo que estás diciendo Harud! Si permitimos que ella salga ilesa de su castigo los demás también harán lo mismo.

-Malik… ella ya ha sido castigada en el pasado y lo que ha tenido que vivir en su última vida humana no ha sido fácil.

-Pero tal parece que eso no le sirvió de nada. Continúa siendo una niña que evade sus responsabilidades. ¡Le dio la mitad de su alma a un simple mortal!

-Hasta donde sé no ha lastimado a nadie con esa decisión. –Contradijo Cassiel. Harud asintió haciendo un sonido con su garganta.

Pero mi mente inmediatamente se fue a Edward, a él lo había lastimado pero es de suponer que a ellos no les importaba su dolor.

-Tú mismo compartiste tu alma. Y si mal no recuerdo tu osadía si trajo consecuencias. –La declaración de Harud me dejo con la boca abierta.

¿Malik fue el Anciano que compartió su alma? Oh, joder. Esto cada vez es más interesante.

-¿Puedo decir algo? –Me atrevo a preguntar.

Harud y Cassiel me miran y asienten, Malik solo suelta un bufido y camina de un lado a otro.

-Estoy consciente de que mi decisión respecto a Christian fue apresurada pero si tuviera que volver a hacerlo créanme que lo haría. Si pudiera hacer eso mismo para recuperar a mi hijo también lo haría. Una y otra y otra vez porque son mi familia.

-Ahí está la respuesta a mi planteamiento. –Susurra Harud casi para sí mismo.

-¿Qué planteamiento? –Cassiel casi salta de felicidad, incluso parecen confabulados.

-Darle una misión a Isabel. Seriamos muy hipócritas si realmente no aceptamos que queremos la destrucción de los Vulturi. Y ella sabe de primera mano todo sobre ellos. ¿Por qué no asignarle esa tarea? Incluso podemos darle algo a cambio.

-¿Me estás diciendo que en lugar de castigar sus delitos la premiemos? –Jadeo Malik incrédulo.

-Si lo dices así suena frívolo, pero desde luego nadie hace nada de gratis y menos una misión como esa. Es casi suicida. –Harud se encogió de hombros.

Él y Cassiel estaban tan relajados que me contagiaban a pesar de haber usado el término "suicida".

-¿Qué debo hacer? –Pregunte tan rápido que temí no ser entendida.

Cassiel sonrió ampliamente y miro a Harud.

-Destruye ese clan de vampiros, a todos. Has que alguien más rija esa especie bajo nuestras órdenes y te daremos lo que quieras. –Dijo alto y claro y un escalofrió recorrió mi espina dorsal y se alojó en mis alas. Lo que yo quiera… -Ahora dinos Isabel, ¿Qué es lo que quieres?

Pronuncio la pregunta tan despacio que casi me sentí flotar entre sus palabras. Que es lo que más quiero.

-A mi hijo. Quiero a mi bebé. –Susurre.

Tuve que parpadear varias veces para alejar las lágrimas, lo deseaba a mi lado más que nada en este mundo y estoy segura de que Christian también.

-Pues yo voto por esta opción. Quien esté de acuerdo conmigo por favor no tema decirlo. –Dijo Harud sonriendo.

Vi como poco a poco Cassiel, Eremiel y Sashiel levantaron sus manos. Si contaba el voto de Remiel eran cuatro contra uno. Adriel no tenía alternativa, yo no sería castigada.

-Bien, creo eso es todo Isabel. Está decidido.

Cassiel levanta su mano colocando la palma frente a mi cara y puedo sentir mi aliento rebotar en ella y volver hacia mí. Una bola de energía dorada fluye de su cuerpo y yo cierro los ojos esperando con ansias mi regreso a casa.

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Días después aun no me atrevía a contarle a Christian lo que había descubierto, a pesar de que todo tenía sentido ahora no entendía porque entonces debo alejarme de los Cullen. En resumen mi tarea aquí en la tierra era eliminar a los Vulturi y me encantaba la idea, pero en el fondo sabía que no iba a ser fácil.

Mientras caminaba por el jardín observe el muelle y me dirigí allí. Las tablas de madera crujieron cuando camine sobre ellas. Metí las manos en los bolsillos de mi short de jean y observe mí alrededor, este era un lugar hermoso y yo no lo había recorrido todo aun. Levante la mirada al cielo y se veía hermoso. Era un día soleado y los rayos del sol se filtraban por entre las nubes alumbrando todo a su paso. Sentí nostalgia aunque no estaba segura del por qué. El viento sopló y sacudió mi cabello, cerré los ojos respiré profundo tratando de atrapar un poco de oxigeno pero en su lugar sentí algo bajar por mi nariz y baje la cara cubriéndola con mi mano.

Cuando la aleje, mis peores temores salieron a flote. Mi mano estaba cubierta de sangre. Jadee un sollozo y caí de sodillas sobre la madera del muelle.

Esto no puede ser.

«Debes encontrarle un lugar a tu corazón, Isabel.»

Gabriel hablo apresurado y asustado. Deje de tratar de limpiarme y levante la mirada al cielo. Casi pude imaginarlo inclinado sobre la piedra en el centro de su pabellón mirándome fijamente.

«¿Un lugar a mi corazón?»

«Si quieres permanecer en la tierra entrégale tu corazón a alguien que sepa cuidarlo o de lo contrario morirás y esta vez no podremos hacer nada al respecto.»

«¿En que puede ayudarme eso? Mi alma ya la tiene Christian, creí que eso sería suficiente para mantenerme aquí en la tierra.»

«El alma solo te ata a él. Son como uno solo, así que decide Isabel. O te deshaces de tu corazón o ambos tendrán que volver aquí arriba.»

«¿Y los bebés?»

«Ellos no están preparados para este lugar aún.»

Eso fue motivo suficiente para que me levantara y me quitara la camisa que cargaba y la apretujara contra mi nariz. Corrí dentro de la casa y subí la habitación. Christian estaba sentado en la cama con su laptop haciendo algo de trabajo. Levanto la mirada y al verme abrió los ojos como platos e hizo ademan de levantarse pero me apresure hasta el baño y sin deshacerme de mi ropa entre en la ducha y abrí la llave.

Mientras frotaba mi cara y mi cuello con mi camisa eliminando la sangre no pude evitar llorar. Extrañaba el Reino pero no quería volver allí, mucho menos sin mis hijos.

-¡¿Bella?! –Sentí la voz de Christian a mi lado pero no me gire.

Tire la camisa al suelo y solté la coleta de mi cabello.

-¿Qué sucedió? –Gruño asustado.

Me quite el short y la ropa interior, sentí los brazos de Christian girarme de cara a él y vi el miedo en sus ojos.

-Isabella ¿Qué mierda paso? ¿Por qué estas sangrando? ¿No me digas que es por….?

-¡No! –Cubrí su boca con mi mano- No es eso. Pero si no hago algo rápido puede que suceda algo peor. ¡Y no sé qué hacer!

Christian respiro profundo tratando de calmarse y me ayudo a salir de la ducha. Me envolvió en un albornos y seco mi largo cabello con una toalla. Luego me tomo en brazos y me llevo hasta la cama sentándose a mi lado.

-Ahora por favor, explícate.

No quería hablar al respecto así que le abrí mi mente y deje que él viera todo por sí mismo. Christian jadeo y me miro preocupado.

-¿Qué harás? –Susurro.

-Supongo que debo dejarlo al cuidado de alguien, pero no sé con quién.

Él no me respondió, se levantó y fue hasta el vestidor y cuando volvió traía un vestido y ropa interior en sus manos. Fruncí el ceño y él la dejo sobre la cama a mi lado.

-¡Vístete! Tenemos que salir. –Dijo apresurado antes de volver al vestidor.

Todos mis movimientos mientras me vestía eran los de un autómata. Christian me había elegido un vestido de encaje ajustado manga larga, verde esmeralda. Ya lo había usado con anterioridad, hace tal vez demasiado tiempo, pero no me queda tan ajustado en aquel entonces. Ahora parecía una segunda piel. Fui hasta el baño y me mire en el espejo. Desde que había dado a luz no había usado más que camisas abotonadas y shorts de jean, usar de nuevo un vestido y sobre todo contemplar mi cuerpo tan cambiado me abrumaba un poco.

Mis caderas eran anchas pero mi cintura era muy delgada y mis pechos habían crecido considerablemente aunque está claro que volverán a ser normales cuando deje de amamantar. Fui hasta el vestidor y vi a Christian vistiéndose, llevaba una camisa blanca y unos vaqueros negros. Se giró cuando me escucho acercarme y abrió los ojos como platos, detuvo el movimiento de sus manos que abrochaban los botones de la camisa y me miro de arriba abajo haciéndome sonrojar.

-¿Puedo usar algo más… suelto? –Digo avergonzada.

A pesar de la preocupación que se reflejaba en sus ojos hace unos minutos, su rostro ha cambiado totalmente y ahora muestra una lujuria incontrolable.

-La veo bien, señora Grey. –Ronronea con voz ronca.

Retrocedo dos pasos y levanto mi dedo hacia él.

-Ah, ah. Olvídalo Grey, aun no podemos. –Digo rápidamente amenazándolo.

Él suelta una risita y sigue abotonando su camisa.

-Yo digo que te queda estupendo.

-Me siento desnuda Christian. No voy a salir con esto puesto. –Refunfuño.

Camino hasta mi lado del vestidor y reviso los demás trajes buscando algo mejor que usar. Encuentro un conjunto de pantalón negro de corte alto con tirantes gruesos y una camisa blanca manga larga. Me coloco el pantalón y tengo que contonear un poco las caderas para que suba, escucho a Christian gruñir y le miro, pero su mirada esta fija en mi culo.

-No sé porque me miras así, estoy hecha una vaca. –Refunfuño.

Termino de colocarme el pantalón pero antes de subirme los tirantes me coloco la camisa y cuando estoy a punto de abrocharlo Christian tira de la tela y me acerca a él.

-No digas eso. Estás perfecta. –Siento sus dedos abrochar el pantalón y me muerdo el labio, no voy a caer en su juego.- Además me alegra saber que esto es gracias a que has tenido a mis bebés.

Se inclina hacia mí y me da un beso rápido. Bufo frustrada, me giro y tomo los primeros tacones negros que veo y me los coloco.

-¿Me puedes decir a dónde vamos? –Pregunto mientras peino mi cabello sobre mi hombro con los dedos.

-Aun no. ¿Crees que sea mala idea dejar a los bebés? –Pregunta de repente.

Algo en mi pecho se agita, no necesito maquillaje ni nada más, así que camino hacia la puerta de la habitación.

-Si me dijeras a donde vamos tal vez podría responderte eso. –Digo por sobre mi hombro.

Mis bebés están en su habitación durmiendo desde hace aproximadamente dos horas, ellos realmente no molestan para nada.

-Tal vez estén aun dormidos cuando volvamos. –Susurra Christian a mi espalda sobresaltándome. Lo veo caminar hasta Alexis y tomar el dije con la pequeña A entre sus dedos. -No me has dicho cuando le compraste estos.

Aparto la mirada cuando siento la suya en mí.

-Ha sido un regalo… -Susurro y salgo de la habitación.

No quiero ocultarle cosas pero tampoco quiero que discuta conmigo. Me detengo en medio de las escaleras y es exactamente como si un bombillo se hubiera encendido en mi cabeza.

¡Un dije! Es tan fácil regalar un dije…

-¿Bella? –Levanto la mirada y veo a Christian bajar las escaleras mientras se coloca una americana negra.- ¿Sucede algo?

-¿Hay alguien en casa? –Pregunto bajito.

Christian asiente y señala la cocina.

-Gail debe estar por ahí, y Sawyer y Taylor en su oficina. ¿Por qué?

Él se detiene a mi lado en el escalón y yo tomo sus manos entre las mías.

-No te muevas. –Susurro.

Cierro los ojos y concentro mi energía en nuestras manos. Siento como las marcas en mi piel arden al brillar, respiro entrecortadamente y susurro tan bajito como puedo el canto adecuado. Christian se sobresalta pero no dice nada, abro los ojos y lo veo mirarme fijamente con los ojos abiertos como platos. Cuando termino el latido de mi pecho ha desaparecido. Suelto sus manos y me apoyo en el barandal de la escalera con la respiración agitada.

-¿Qué has hecho? –Susurra asombrado.

-Abre tus manos.

Él baja la mirada hasta sus manos unidas y las separa con cuidado, en la palma de su mano hay una cadena con un dije plateado, son unas alas pequeñas y delicadas.

-¿Qué es esto?

-Mi corazón.

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-¿Puedo saber ahora si a dónde vamos? –Pregunto por décima vez mientras el conduce.

Christian me mira receloso y luego mira de nuevo hacia adelante.

-¿Prometes no enloquecer?

-¡Aja! –Refunfuñe.

-Voy a llevarte a un lugar donde sé que puedes dejar el dije en buenas manos.

No respondo, me ha tomado desprevenida. Minutos después es se detiene frente a un portal y luego avanza cuando esté se abre de par en par. La casa me parece conocida, pero estoy tan aturdida que no logro ubicarla. Christian se baja y poco después abre mi puerta y me tiende la mano.

-Vamos.

Él se mantiene a mi lado mientras subimos los escalones y antes de que lleguemos a la puerta esta se abre y Esme me sonríe ampliamente.

-¡Bella! Que sorpresa. –Ella viene hasta mí y me abraza.

Miro a Christian por pobre su hombro y él asiente con una media sonrisa. No soy capaz de reaccionar hasta que ella se separa de mí y ya es muy tarde para devolverle el abrazo.

-¿Qué haces aquí? Pasen, pasen. –Toma mi mano y prácticamente me arrastra fuera de la casa.

-¿Dónde está Edward? –Pregunta Christian.

Doy un respingo y me giro para mirarlo mejor, él es la serenidad en pinta. Con las manos en los bolsillos y paseando la mirada por la casa.

-¡Christian! –Chillo sin saber cómo sentirme.

Él me mira y enarca una ceja.

-¿Qué? A fin de cuentas lo hemos venido a ver a él. –Dice impasible.

Abro la boca y frunzo el ceño. ¿Christian quiere que le de mi corazón a Edward?

-No puedo dárselo a él… -Susurro consternada.

-Sé que esto te parece absurdo viniendo de mí, Bella. Pero es lo mejor, no creo que alguien más pueda cuidar bien de él. –Su mirada es intensa y puedo notar que no titubea, él realmente cree en esto.

Me giro hacia Esme que nos observa sin entender nada. Y le sonrío.

-¿Dónde está, Esme? Tenemos que hablar con él.

-Tienes. –Me corrige Christian.

Le miro de nuevo y él me regala una sonrisa tranquila.

-Pero…

-Nada, Isabella. Ve y habla con él, yo te esperare aquí.

-Está por allí, tal vez a unos kilómetros de distancia. Últimamente se la pasa alejado, Rosalie y Jasper no le han dado tregua a él y Emmett. –Dice apesadumbrada señalando el jardín trasero de la casa, hacia el bosque.

Miro por última vez a Christian y el vuelve asentir haciéndome una seña con la mano de que me vaya. Suspiro y camino hacía donde ha señalado Esme, su jardín es hermoso pero no tengo tiempo de detenerme a contemplarlo mejor, tomo el sendero junto él y me alejo de la casa adentrándome entre los árboles. El atardecer está cayendo cuando logro divisar la presencia de Edward. Poco después llego a un claro mucho más pequeño del que había en Forks y Edward está sentado en medio de él mirando el cielo naranja del atardecer.

-Dije que quería estar solo, ¿es tan difícil entender eso? –Gruñe sin mirarme.

El sonido de su voz me abruma, lo extraño mucho. Respiro profundo y camino dentro del claro en dirección a uno de los arboles más cercanos y me dejo caer bajo su sombra.

-¿Eso me incluye a mí también? –Dije en voz baja.

Lo vi sobresaltarse y mirar en todas direcciones hasta que me encontró.

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POV Edward.

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Ella estaba aquí, Bella había venido a verme. Me quede un buen rato mirándola, sentía que cada vez que mis ojos se posaban en ella estaba más y más hermosa. Hace días que no la veía por las noches, desde que había llevado los collares para los bebés. Ahora está frente a mí, sentada bajo la sombra de un árbol, llevaba puesto un pantalón de seda negro que le llegaba hasta las costillas y una camisa blanca que hacia resaltar su larga cabellera negra suelta sobre su hombro derecho. Sus ojos brillaban en el momento que me regalo una sonrisa. Levantó la mano que tenía apoyada en una rodilla y la agito hacia mí, saludándome.

-Te ves... –Susurre hechizado por su belleza.

-Terrible, lo sé. He quedado hecha una vaca. –Torció el gesto

-En realidad estás muy hermosa pero luces cansada.

Bella sonrió tristemente pero rápidamente se recompuso.

-Es por los bebes, duermo muy poco. ¿Puedo preguntarte cómo estás?

Sentí mi cuerpo tensarse.

-Sí.

-Bien, entonces ¿cómo estás?

Aparte la mirada, no podía responderle eso.

-No sé si tenga respuesta para eso.

Ella dejo salir una risita.

-Dijiste que podía preguntarlo. –Bromeo.

-Sí, pero no dije que fuera a responder.

Sonrió y no pude evitar responderle.

-Gracias por los dijes. Combinan con sus ojos. –Susurra mirándome fijamente.

-¿Se los has colocado? –Sinceramente creí que los iba a tirar a la basura.

Asintió y sus ojos brillaron.

-Tengo algo para ti. –Se llevó las manos al cuello y se quitó el collar que llevaba puesto.

-No tenías que darme nada. –Susurro.

Ella me ignora y se levanta viniendo hasta mí, estira sus brazos y rodea mi cuello con el collar.

-Lo sé, lo he hecho de todo corazón. –Murmura.

La tengo tan cerca que necesito alejarme unos pasos para pensar con claridad. Ella deja caer los brazos a los lados de su cuerpo e inclina un poco la cabeza mirándome confundida.

-No lo puedo aceptar.

-¿Y si te digo que lo cuides por mí? –Pregunta de repente con los ojos llenos de lágrimas.

-¿Cuidarlo? ¿Por qué? –Frunzo el ceño y me llevo la mano hasta el pecho donde está el dije, esta tibio y lo siento vibrar.

-Sí… ¿Podrás cuidarlo por mí? Por favor. –Su voz se quiebra.

-¿Me dirás por qué? –El dije a pesar de estar aún entre mis dedos no ha perdido el calor.

Ella niega lentamente con la cabeza y sonríe con los ojos llenos de lágrimas.

-Entonces... bien. Lo mantendré cerca.

La sonrisa de Bella se amplia y viene hasta mí y me abraza. La rodeo con mis brazos y siento su aroma, ha cambiado, aún tiene ese toque de fresas pero ahora está mezclado con lilas y coco.

-Gracias. –Susurra.

No le respondo, estoy asegurándome de disfrutar el tenerla cerca.

-¿Por qué has venido aquí? –Pregunto luego de un rato.

-Christian me trajo.

Doy un respingo y me alejo de ella para mirarla mejor, Bella se sonroja y baja la mirada.

-No sabía que veníamos aquí, y cuando hemos llegado me ha dicho que hablara contigo. –Explica- Él no está enfadado ni nada, al contrario creo que realmente quería que habláramos.

-Creí que él me odiaba.

Bella sacude la cabeza y sonríe un poco.

-No, Edward. Christian no te odia, él solo estaba molesto porque querías robarle a su esposa. –Trata de bromear pero sabe que está en lo cierto.

Frunzo el ceño y trato de recordar sus pensamientos cada vez que yo estaba cerca de ellos y ella extrañamente tiene razón, él solo temía que yo la apartara de su lado o que ella se enterara de aquello que el esconde con tanto ahínco.

-¿Lo ves? –Asiento y ella mira a nuestro alrededor- Este lugar me da paz. Se parece mucho al claro de Forks.

-A mí también. Esme me ayudo a arreglarlo, aunque le dejamos el trabajo pesado a Emmett, se divirtió un poco arrancando arboles de raíz. –Sonrió al recordarlo.

Ella me mira de nuevo y sonríe ampliamente metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

-Lo he visto, ¿te dijo? Está empeñado en coquetear conmigo. –Dice entre risas. Luego mira hacia el cielo, nostálgica- No sé si sabe que yo realmente los recuerdo, así como tus padres y tú pero creo que es mejor que se mantenga alejado. Aunque lo extrañe un montón.

-¿...qué? –Comienzo a preguntar pero ella me interrumpe aun sin mirarme.

-Necesitaba entregártelo. Confieso que no pensaba dártelo, bueno a nadie. Pero me alegro de que lo tengas tú. ¿Realmente lo cuidaras? ¿Lo harás Edward?

-Con mi propia vida. –Me apresuro a decir.- Pero ¿Podrías decirme porque es tan importante?

Bella posa su verde mirada en mí y luego se gira hacía el camino de regreso a casa. A mitad de camino estoy por detenerla cuando ella sola lo hace y me mira sonriendo.

-Una vez me dijiste que tu corazón era mío, Edward Cullen...

-…y sigue siéndolo.

-Quiero que cuides del mío, a fin de cuentas una gran parte de él, te pertenece.

Frunzo el ceño.

-¿De qué hablas?

-Me tengo que ir, fue bueno verte.

-¡Espera! ¿Te volveré a ver? –Digo apresurado. No quiero que se vaya.

Sonrió y me miro profundamente.

-Solo cuida de mi corazón Edward, lo he dejado contigo. –Susurro antes de desaparecer por entre los árboles.

¿Su corazón…? Toco las pequeñas alas en el dije y es entonces cuando me doy cuenta de que no está vibrando, está latiendo.

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POV Bella.

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Al volver evito entrar a la casa. Christian me espera apoyado en el auto con las manos en los bolsillos. Al verme me sonríe ampliamente y abre la puerta del auto para mí.

-¿Todo bien?

Asiento y le sonrío.

-Sí, todo bien.

De camino a nuestra casa Christian toma mi mano y la apoya en la palanca de cambios todo el trayecto. Cuando llegamos a la casa salto del auto y corro a la casa sin preocuparme por cerrar puertas. Escucho estridente risa de Christian al verme. Corro hasta la habitación de mis niños y me encuentro a Gail con Michael en brazos dándole el biberón con su fórmula. Pero Michael al escuchar la puerta se gira a mirarme soltando la chupa del biberón. No puedo evitar reírme por lo curioso que es.

-A penas se ha despertado, la pequeña Alex aún está dormida. –Susurra Gail pasándome a Michel.

Tomo a mi bebe entre mis brazos y le lleno la cara de besos.

-¡Hola, mi príncipe! –Chillo emocionada.

Michael suelta una risa a medio grito y yo me rio entre dientes.

-Deja algo para los demás, campeón.

Miro a Christian apoyado en el umbral de la habitación y su sonrisa es agridulce, me pregunto en que estará pensando.

Ambos bebés están sobre nuestra cama en medio de nosotros, ya han comido y están jugando con sus piecitos o en el caso de Alex con la mano de Christian.

-Esme me ha preguntado si no me molestaba que vieras a Edward, cuando te has ido. –Comenta Christian sin dejar de mirar a Alex.

Aparto la mirada de mis bebés y le miro con el ceño fruncido. Luce realmente relajado.

-¿Y qué le has dicho? –Susurro preocupada.

Christian me mira por un largo rato, sus ojos grises brillan de una manera increíble.

-Le he dicho que no, no me importa que lo vieras. Confío en ti nena. –Murmura y el pecho se me encoge.

-¿Por qué el cambio tan repentino? –Pregunto con voz ronca.

Christian sonríe y aleja la mano de entre las pequeñas manitas de Alex y me acaricia la mejilla. Cierro los ojos instintivamente ante su toque.

-Porque te amo. Y porque sé que tú me amas también.

Sonrió y abro los ojos.

-Claro, Christian Grey no tiene por qué envidiar a nadie. –Bromeo emocionada..

-No envidio a nadie, porque tú me quieres. –Susurra.

-Te quiero como a nadie.

-¿Te arrepientes?

-No, no me arrepiento porque tú existes, Michael, Alexis, incluso los Cullen. Puedo permanecer en la tierra cuanto tiempo quiera, con todos ustedes.

Él asiente y frunce el ceño.

-¿Estuvo bien dárselo a él?

-No podría dejar mi corazón en mejores manos.

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¡Hola! ¡Feliz año nuevo a todas!

Ya entramos en la recta final chicas, ni se imaginan lo emocionada y atareada que estoy. Espero les haya gustado.

No olviden dejar sus reviews, los leo todos con mucha atención.

Las quiero mucho.

xx

Maiia