Capítulo XXV
La noche anterior
Desperté con un fuerte dolor de cabeza ¡Caña! ¡Uf qué mal! Miré el techo y me di cuenta de inmediato que esta no era mi casa ni cama. Cerré los ojos recordé al instante el día y la noche anterior. Estábamos en el departamento de Phillip, junto a Robert y Josh. Almorzamos juntos y después vimos uno de los tantos clásicos del fútbol inglés: el partido de fútbol más esperado de toda la semana, el Chelsea vs. Manchester, obvio, yo era hincha del Manchester hasta las entrañas, al igual que Phillip, en cambio Robert y Josh morían por el Chelsea. Tomamos unas cervezas, inicialmente, mientras duraba el partido, y después, como ganó nuestro equipo, obvio, celebramos con ron y finalmente continuamos con whisky. Cuando llegamos al Chivas Regal ya eran casi las nueve de la noche. Todo iba bien hasta que me acordé de ella, de mi amada y adorada y reticente Isabella. Cuando la recordaba generalmente todo iba por etapas, primero, reía, luego contaba nuestras anécdotas, que mis amigos escuchaban por enésima vez y que no estaban exentas de burlas, hasta que finalmente me bajaba nostalgia y quedaba al borde las lágrimas, porque sentía que la amaba aún más en ese momento, todo lo que sentía se acentuaba en un mil por ciento y quería correr a pedirle que volviera conmigo, entonces fue cuando tuve la maravillosa idea de decirles…
Su piel es el manjar más dulce que he probado. Sus ojos marrones intensos me envuelven en una brújula de amor; sus pechos redondos y bien contorneados me hacen viajar a la gloria ¡La amo, la amo tanto, tanto! Que en ocasiones pienso que moriré de asfixia sin ella. Sin embargo, sé que existe una mínima esperanza, no sé que es en verdad… es como si nuestros genes se hubiesen reconocido, hay algo entre nosotros que nos atrae… y esa sensación queda en evidencia, cuando nuestras pieles se tocan y parece que este roce dará origen a una vida…
Las risotadas no se hicieron esperar.
–¡Estás realmente mal perro! –Robert me golpeó la espalda.
Me puse en la puerta de entrada del departamento, dispuesto a salir cuando mis buenos e inseparables amigos decidieron acompañarme, porque se dieron cuenta que de todos modos iría a verla.
Durante el camino a Robert se le ocurrió decir.
–Y qué ¿Le harás una serenata?
Y todos rompieron a reír al unísono y yo, vaya, no lo encontré mala idea. La canción vino por osmosis, sólo era cuestión que llegáramos. Cuando ya estuve bajo su ventana comencé a cantar, jajaja, y mis amigos, eran el coro más ridículo que he escuchado en mi vida, realmente debió ser una escena de lo más absurda de lo que se había visto este último tiempo, pero yo la amaba y necesitaba que ella lo supiera, como fuera…
La vi asomarse por su ventana y noté que curvó sus bellos y carnosos labios en una sonrisa, tanto, que sus ojos marrones quedaron redondos de la sorpresa. Finalmente le pedí que bajara, quería verla frente a mí, no planificaba besarla, sólo quería tenerla conmigo. Se demoró en llegar abajo un poco más de lo normal, no tengo ni idea qué le pasó, sólo sé que por fin estaba en frente de mí y no pude abstenerme de arrodillare ante ella, lo digo y reconozco, ha sido una de las noches que he hecho más ridiculeces en mi vida, pero es sólo porque la adoro. Su cara fue de conmoción y me dijo.
–Ethan hace frío y está lloviendo ¡Te vas a enfermar! –su voz era dulce y melódica, la más bella que había oído en mi vida.
–Mi vida no me pidas que me vaya si yo te adoro –no pude evitar acariciarla, su piel era como un imán para mí– además… ¿Qué más enfermo puedo estar? Si mi corazón está hecho pedazos sin ti… –era toda la verdad, aunque sonara exagerado.
Vi que se estremeció, sentí que un corrientazo pasó por su cuerpo frágil y perfecto.
–Ethan n… no te hagas esto –sentí que pasó sus perfectas y pequeñas manos por mi pelo mojado por la lluvia.
Entonces fue irresistible tuve que besarla. Primero quise saber si me aceptaba, y luego, cuando me di cuenta que no me rechazó, la besé con todo ese amor que sentía dentro de mí y necesitaba traspasárselo urgentemente. Luego, la vi indecisa y se fue. Josh me gritó desde el auto.
–Y ahora vas a dejar que se vaya idiota ¡Anda tras ella estoy seguro que quiere estar contigo!
En ese momento me sentía absolutamente envalentonado por su amor y por el trago, así que la seguí. Cuando llegué me di cuenta que buscaba desesperadamente un número de teléfono, probablemente era el de su novio, pero en ese momento no me importó, yo sólo quería seguirla besando y amando a más no poder. Quité el móvil de sus manos y ella cedió rápidamente. La tomé fuerte por la cintura y no sé en qué momento estábamos sobre su cama, sus mejillas eran hermosas, extremadamente rosadas y su cuerpo estaba entrando en calor, entonces me di cuenta de sus intenciones, y aunque era lo que más yo quería en la vida ¡Tuve que decirle que no! ¡Ni yo creí lo estúpido de mi reacción! Pero, era mejor así, tan sólo con besarla, sentía que quería amarla por siempre, si estaba con ella, no querría dejarla en mi vida, y mi sed se acrecentaría a límites no conocidos por mí, realmente desconocía de qué modo podía reaccionar después, si ella continuaba con su novio, sería el infierno en la tierra.
Luego me dormí, en un principio fue para bajarme las revoluciones en verdad, pero después, caí en un sueño dulce y maravilloso, porque ante todo sabía que ella estaba a mi lado.
Desperté y ella dormía perfecta a mi lado. Su pelo castaño estaba revuelto y sus labios del color de las manzanas rojas, estaba entreabiertos. Dormía vestida. Sigilosamente me levanté, besé su frente acalorada y la tapé con una manta, antes que enfermara. Tomé uno de sus cuadernos y escribí.
Gracias por tu cariño mi hermosa princesa de ensueño.
Salí de la facultad y tomé rumbo al parque de la universidad. Tomé un taxi y llegué a mi casa, menos mal nadie notó la hora, porque sé que si no vendrían avalanchas de recriminaciones por mi horario. Llegué a mi pieza, me duché, pero me dormí nuevamente encima de la cama. De repente sentí la presencia de Grace a mi lado, sus expresivos ojos verdes me increpaban y estaba de pie junto a mí.
–Yo sé a la hora que llegaste hermanito… –sonrió y continuó –¿Dónde te habías metido? Acuérdate que hoy es la ceremonia –sus enormes ojos pardo se iluminaron.
–¡Oooh! Tienes razón no lo había recordado… ¿A qué hora es?
–En la noche, a las nueve…
–Y ¿Van todos?
–Absolutamente todos, incluso Eileen…
–Y ¿Ella se iniciará?
–No sé…, tú sabes su posición…
Me siguió intimidando con su mirada.
–Y tú Ethan ¿Te comprometerás? –sus ojos, ahora verdes, exigían la verdad. No sabía como decirlo, pero aún no me sentía preparado para renunciar a Isabella…
