Capítulo 25:

Temor…

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Aún sin ver la señal delatadora de la reconciliación exhibida en el cuello de Hermione, a la Sra. Weasley le tomó menos de 45 minutos percibir que ya no estaban discutiendo. Lo hubiera descubierto antes, mas el hecho de que Ron no había bajado a desayunar la había conducido a una sensación falsa de seguridad. No fue hasta que ella asomó su cabeza en la pequeña habitación del piso principal que se dio cuenta que no todo era lo que parecía.

Como lo esperaba, Hermione estaba haciendo exactamente lo que le había instruido. Era Ron el que estaba vagando. Ni siquiera había tocado los anaqueles superiores de la alacena. De hecho, no estaba ni cerca de la alacena. Simplemente estaba parado allí, en medio del cuarto, con un trapo de limpiar todavía en su mano, comiéndose con los ojos a Hermione, que estaba de rodillas restregando el piso. La mirada en su rostro y el hecho de que sus ojos estaban fijos en su parte trasera, era más que suficiente para darle un indicio de lo que él estaba pensando.

-¡Ronald Weasley!- siseó ella, justo antes de descender sobre su hijo, agarrarlo por la oreja y sacarlo de la habitación.

-¿Qué…?- comenzó a protestar cuando de pronto cambió el hilo de sus palabras-. ¡AUUUU!. ¡MAMI!

Tomada completamente por sorpresa, Hermione se giró para ver de qué se trataba tal conmoción, pero ni Ron ni su madre estaban en algún lugar donde pudieran ser vistos. Soltando la escoba de baldear en el cubo de agua a su lado, se levantó y se dirigió a la puerta, justo a tiempo para ver a la Sra. Weasley empujar a su hijo hacia las escaleras. No tenía indicio alguno de lo que había acabado de acontecer, pero fuese lo que fuese había sido suficiente para que su madre los separara.

Ron no había retornado al ella terminar con el piso o los anaqueles llenos de libros, lo que significaba que probablemente no regresaría. Ya con sus quehaceres completados, Hermione decidió limpiar también el armario.

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La Sra. Weasley estaba sentada en la mesa de la cocina, conversando tranquilamente con Tonks y Remus cuando un grito horripilante resonó por la casa. Por una fracción de segundos todo pareció detenerse, incluyendo su corazón. Dejando caer la taza al suelo, Molly saltó de su silla y corrió hacia las escaleras con sus compañeros en sus talones.

-¡NNNNOOOOOOOOOO!

A la hora en que el trío llegó al pasillo, el retrato de la Sra. Black maldecía como una batahola infernal, pero ni siquiera su chillería era suficiente para apagar los gritos angustiados que emanaban del cuarto directamente enfrente de ella. Ignorando el cuadro, Molly entró empujando la puerta de la habitación, donde encontró a Hermione abrazando sus rodillas al lado de una figura tendida de bruces.

-¿Qué sucedió?- preguntó Lupin, empujando a Molly adentro de la sala, intentando pasar por la puerta.

Fue entonces que se dio cuenta que Hermione estaba arrodillada sobre su hijo más joven. Con un gemido de terror, cubrió su boca y sostuvo un sollozo.

-¿QUÉ SUCEDIÓ?- gritó Lupin nuevamente, mientras avanzaba lentamente hacia Hermione. Sabía que era demasiado tarde. Había visto esos ojos abiertos sin vida en muchos rostros para sostener alguna esperanza. Ella no necesitaba responderle la pregunta para él saber que había sido la maldición Avada Kedavra. Pero necesitaba saber quiénes lo habían hecho y por dónde se habían ido.

-Hermione- dijo Lupin suavemente al agacharse al lado de ella-. ¿Quién hizo esto?

-¿QUIÉN SALIÓ DE ESTE CUARTO?- gritó Tonks al retrato de su tía-. ¿POR DÓNDE SE FUERON?

-¡TÚ, MESTIZA INMUNDA, SALTE DE MI CASA!

-¡RESPÓNDEME, VIEJA BRUJA!. ¿SUBIERON POR LAS ESCALERAS O SALIERON POR LA PUERTA DEL FRENTE?

-Hermione- Lupin intentó de nuevo, la desesperación evidente en su voz. Pero para el caso, era como estar hablando con la pared. Ella no contestó. Ni siquiera parecía saber que alguien más estaba en la sala. Tan sólo continuó meciéndose de aquí para allá, su ser completamente concentrado en el cuerpo enfrente de sí.

-¡HERMIONE!. ¿QUÉ SUCEDIÓ?- gritó Lupin, agarrándola por los hombros y sacudiéndola mientras hablaba-. ¿QUIÉN HIZO ESTO?

-Vol…Vol…Voldemort…- tartamudeó ella entre sollozos.

Molly soltó un gemido y Tonks, dándose por vencida con el retrato de su tía, fue inmediatamente a su lado.

-Mamá, escuchamos a alguien gritar- dijo Ginny, corriendo adentro de la sala tan rápido que casi chocó con las dos mujeres paradas cerca de la puerta.

-¿Qué pas…?- su hermano comenzó a preguntar detrás de ella. La escena enfrente de él era tan espantosa que por un momento todo lo que pudo hacer fue quedarse parado y dejar la mirada fija sobre su propio cadáver.

-¡QUÉ DEMONIOS PASA AQUÍ!

Todos, excepto Hermione, se viraron y miraron boquiabiertos a Ron, mientras él trataba de entender lo que estaba viendo. Instantáneamente expresiones de alivio centellearon en los rostros de los adultos y antes de que Ron pudiera pronunciar otra palabra, Molly lo tenía dentro de un abrazo muy apretado.

-Suéltame- dijo Ron, desatándose de su madre-. ¡MADRE!. ¡SUÉLTAME!- gritó él, empujándola para llegar a su novia que todavía estaba llorando histéricamente en el piso, ignorante de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

-Hermione- dijo Ron, colocando sus manos sobre sus hombros al arrodillarse a su lado-. Todo está bien.

Ella no lo escuchó. No lo vio. Ella no estaba allí. Estaba perdida detrás de un manto de dolor. Ron se dio cuenta al mirarla más detenidamente.

-¡HERMIONE!- gritó, asiendo la cara cubierta de lágrimas y moviéndola hacia la suya-. Mírame- demandó él-. Estoy aquí mismo-. Tomó un segundo o dos, mas finalmente vio una centella de reconocimiento en los ojos de ella.

-¿R-Ron?- preguntó ella, aún cuando se le tiró, abrazándolo como si su vida dependiera de ello.

-Sí- dijo él con torpeza, mirando fijamente su propio cadáver mientras la abrazaba.

-Aléjala de aquí- ordenó Lupin, inclinándose para ayudar a Ron a levantar a Hermione.

La agonía de Hermione parecía aumentar en cuanto el trance y el susto se desvanecían. Ron había esperado que parara de llorar al darse cuenta que él estaba bien, mas en vez de disminuir, sus sollozos parecían tornarse aún más altos. Ella continuó abrazándolo desesperadamente y su cuerpo se estremecía cada vez que respiraba profundo.

Molly todavía estaba horrorizada, a pesar de que su hijo se encontrara parado ahí, vivo y coleando. Quería concentrarse en él, pero sus ojos se movían hacia aquella forma sin vida en contra de su voluntad. Y esa era sólo una de las batallas internas que estaba luchando. Más que nada deseaba tocar a su hijo. Deseaba abrazarlo y sentir que él era real. Pero él la había apartado de sí. Había sido echada a un lado. Sabía que no había nada malicioso en ello. Podía ver eso ahora, Hermione precisaba del contacto más que ella. Arthur tenía la razón. El primer instinto de Ron era el de consolar a Hermione. Todos los demás, incluyéndola a ella, venían en segundo lugar. Mas entender eso y aceptarlo no detenía el dolor.

Tan pronto en cuanto tuvieron a Hermione a una buena distancia, Lupin la soltó, apuntó su varita al cadáver y avanzó. Él estaba a un metro de distancia cuando de pronto hubo un sonido fuerte, resonante y el cuerpo se transformó en un orbe blanco y resplandeciente.

Ron dejó salir una risa pequeña a pesar de sí mismo.

-Es sólo un boggart- le dijo a Hermione, el alivio evidente en su voz-. Siempre has sido una miedosa cuando se trata de boggarts.

-¡Cállate!- gritó Ginny, encarando a su hermano-. ¿Cómo puedes insultarla en un momento como éste?

-¡RIDDIKULUS!

-Por lo menos McGonagall no la está persiguiendo por la casa, gritándole porque suspendió los TIMOs.

-Idiota insensible- refunfuñó sobre su cuello, al golpearlo débilmente en el brazo.

-¿Te sientes mejor ahora?- preguntó Ron, visiblemente aliviado por el hecho de que ya estaba hablando.

-No- contestó Hermione, mientras el fuego en sus ojos era asfixiado por el dolor de lo que había presenciado.

Ron observó impotente como lágrimas frescas recorrían sus mejillas. Irritarla había funcionado por un minuto, pero obviamente no había sido suficiente. Perplejo de qué más hacer, simplemente se quedó parado y silencioso, abrazándola mientras ella lloraba.

-Quizás deberíamos dejarlos solos- le susurró Tonks a Lupin.

Molly pareció salir del trance en el que estaba cuando Lupin tocó su brazo.

-Sí, tal vez sea lo mejor- concordó ella, asintiendo con la cabeza y colocando un brazo alrededor del hombro de Ginny-. Vamos, querida- añadió, llevando a su hija al vestíbulo.

-Sólo era un boggart, Hermione- dijo Ron nuevamente-. No era real.

-Lo será- replicó tan suavemente que no la hubiera oído si la boca de ella no estuviera a milímetros de su oreja.

Una expresión de dolor cubrió su rostro en cuanto el significado de esas palabras lo golpearon.

-No sabes eso- respondió Ron, apretándola instintivamente.

-Sí que lo sé- dijo ella irritada-. No te atrevas a mentirme. Ambos sabemos que es la verdad.

-Hermione…

-¡NO!- gritó ella, alejándose de su cuerpo para mirarlo a los ojos-. Ambos sabemos lo que va a suceder. Te conozco, Ron. Sé lo que piensas. Te lanzarás enfrente de Harry para bloquear esa maldición perversa. Te sacrificarás a ti mismo en cuanto tengas la oportunidad- dijo ella, mirando al piso delante del armario donde su cadáver había estado.

-Quizás eso no acontezca- dijo Ron con una voz tensa. Incapaz de mirarla a los ojos, la atrajo hacia su pecho y la abrazó para que no consiguiera a ver la culpa en su rostro.

-Será mejor que creas que no sucederá- lloró Hermione, apartándolo-. No permitiré que suceda. Y será mejor que ni pienses en defenderme tampoco-, añadió, sus ojos brillando con furia-. Te juro que si te mueres intentando salvarme, nunca te lo perdonaré.

Sin pensar, él dio un paso hacia detrás al mirarla con asombro. Es el dolor hablando, pensó, forzándose a darle una sonrisa débil.

-¡JAMÁS!- gritó Hermione-. ¡TE ODIARÉ POR EL RESTO DE MI VIDA!

Ron palideció ante aquellas palabras duras. Podía ser el sufrimiento el que hablaba, mas ella lo había golpeado donde era más vulnerable y eso dolía. Se quedó ahí parado, mirándola con su frente fruncida mientras luchaba en contra de sí para no rebatir.

-No, no lo harás- proclamó él después de un silencio prolongado.

-Sí que lo haré- murmuró Hermione, en cuanto su cólera se apaciguó y el dolor llenó sus ojos una vez más-. Lo haré- dijo ella de nuevo, como para reafirmárselo a si misma. Mirándolo a través de sus lágrimas, Hermione podía ver que Ron no le creía, ni ella a sí. ¡MALDITA SEA! pensó al cubrir la distancia entre ellos y dejar caer su cabeza en contra de su pecho.

-Todo estará bien- dijo Ron, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros, tranquilizándola.

-No, no lo va a estar. No si tú…si tú…No puedo- murmuró ella-. No me pidas que lo acepte porque no puedo. No lo aceptaré. Y no estoy siendo irracional.

Realmente sabe lo que estoy pensando, caviló Ron con una sonrisa culpable.

-Me niego a dejar que eso suceda- dijo ella obstinadamente-. No me quedaré sentada mientras ese malvado bastardo se lleva a todos los que quiero. No deseo acabar como el Profesor Lupin. No seré dejada atrás. Si uno de nosotros tiene que morir, seré yo.

-¡NOOO!- gritó Ron y para sorpresa suya, Hermione comenzó a reír levemente.

-No puedes vivir con mi muerte más de lo que yo puedo vivir con la tuya.

-¡NI LO PIENSES!- gritó Ron, mirándola fijamente con una mezcla de cólera y miedo en sus ojos.

-Voy a descubrir una manera de deshacerme de ese maníaco de una vez y por todas- indicó Hermione, su voz llena de determinación-. Sé que hay una forma. Tan sólo tengo que hallarla. Y cuando lo haga…

-No vas a acercártele- interrumpió Ron-. ¿Me estás escuchando? No estoy jugando. Esta no es tu batalla.

-Esta lucha es tanto mía como tuya- contestó-. Y voy a estar parada justo al lado tuyo y al de Harry cuando tengamos que enfrentarla.

-No.

-Sí.

-¡NO!

-No me lo puedes impedir.

-Ni dudes que no puedo.

-¿Estás planeando en hechizarme?

-Si es preciso.

-No lo harás.

-Si lo haré. Si es preciso.

-No, no lo harás.

Sí que lo haré, pensó él.

-La verdad es que no quiero discutir contigo- dijo Hermione, su voz levemente temblorosa al apretar su abrazo-. No ahora; ¿vale? No tengo la fuerza para ello. Podemos discutirlo mañana. En este momento sólo necesito que me abraces. Por favor.

-Está bien amor- dijo Ron, soltando un suspiro al descansar su mentón sobre la cabeza de ella.

-¿Ron?

-¿Si?

-Nunca te podría odiar-, dijo ella suavemente-. Te amo.

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Páralo, pensó Ron cuando su estómago gruñó inquietantemente una vez más. Sabía que no había almorzado y le importaba un comino. No tenía la menor intención de abandonar el sofá, no importaba cuán fuerte su estómago protestara. Hermione no había hablado mucho desde que la condujo hacia el estudio del primer piso, mas eso no importaba. No necesitaba hablarle para consolarla. Siempre y cuando se quedara sentado a su lado, ella estaría contenta.

Afortunadamente, su madre estaba en todas, lo cual no era sorpresa alguna. Ella miró a Hermione por la esquina de un ojo al entrar a la habitación y colocar la bandeja de sándwiches enfrente del sofá.

-Cerciórate de que beba todo el té- le dijo Molly a su hijo silenciosamente al salir.

Aunque le dio un poco de trabajo, eventualmente Ron consiguió que se lo bebiese. Sabía que la única razón por la que lo había bebido era para callarlo, mas la verdad, no importaba. Lo significativo fue que lo bebió. No fue hasta que ella terminó, que él se dio cuenta que no era un té normal. Obviamente su madre había colocado algo en el té, probablemente una poción de sueño, porque ya estaba durmiendo tan pronto bajó la taza.

Ron permaneció sentado ahí, con la cabeza de Hermione apoyada sobre su hombro y consideró dejarla dormir en el sofá. Pero al final decidió que no sería tan buena idea. Sus hermanos aparecerían en cualquier momento y no deseaba que la perturbaran.

-¿Mione?- dijo Ron, tocándola con el codo gentilmente. Él no esperaba que se despertara, mas no costaba nada intentar. Con sus sospechas sobre el té confirmadas, realizó que la única manera de llevarla a la cama era cargándola.

No fue una tarea difícil. El cuarto estaba a pocas puertas del pasillo y ella pesaba casi nada. La parte más dura había sido la de abrir la puerta del cuarto con ella en sus brazos. Una vez entreabierta, él simplemente la abrió con el pie y la llevó adentro.

La mirada amenazante que recibió del grande gato pelirrojo que había estado durmiendo en medio de la cama de ella detuvo a Ron en la mitad del camino.

-Muévete- demandó él, decidido a que el gato no lo intimidara.

Crookshanks se desenroscó y se levantó sin prisa. Sin embargo, en vez de hacer lo que se le ordenó, miró a Ron desafiante y sacó sus uñas intencionadamente al estirarse.

Ese pequeño desgraciado me está amenazando, pensó Ron al fruncir sus ojos.

-Es tu última oportunidad, bola de pelo- advirtió él al acercarse a la cama-. Muévete o te aplastaré. Y no me mires así- agregó él mientras el gato de Hermione paseaba al pie de la cama y se sentaba, sacudiendo su cola-. Yo no planeé esto. ¿Cómo estaba supuesto a saber que no era un té normal?

Listo, es oficial, pensó Ron al colocar a Hermione en la cama y sacarle sus zapatos. Te has pasado de límites, amigo. Cálmate. Le estás dando excusas a un maldito gato.

-Me puedes mirar todo lo que quieras- dijo Ron, al sentarse en el borde la cama de Ginny y observar a Crookshanks recolocarse al lado de Hermione, como algún tipo de centinela silencioso-. Porque no voy a ningún lado. Así que será mejor que te acostumbres.

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Hermione estaba despierta en el cuarto, abrazando su almohada a su lado mientras intentaba calmar su rápida respiración. Las lágrimas aparecieron en los rincones de sus ojos al enterrar su cabeza en la almohada y regañarse a sí misma. Tan sólo era un sueño, se recordó por lo que parecía la centésima vez. Sin embargo, por algún motivo el saberlo no la confortaba mucho. Podía haber sido un sueño, pero había sido alarmantemente real.

Acostada allí, escuchando la respiración constante que provenía de la cama de Ginny, no pudo evitar envidiar la paz que su compañera de cuarto encontraba en sus sueños. Claro está, no se podía decir cuánto tiempo duraría. Hermione sabía que Tom Riddle todavía perseguía a su joven amiga en sus sueños. No ocurría con tanta frecuencia como en veranos pasados, pero él aún hacía acto de presencia.

Con un suspiro, Hermione salió de la cama y asió su bata. Dormir ya no era una opción para ella; no esta noche por lo menos. Cada vez que cerraba sus ojos, imágenes de su sueño atormentaban su cabeza. El destello de una luz verde. El sonido escalofriante del cuerpo al caer al suelo. Sus ojos. Aquellos penetrantes ojos azules que normalmente estaban tan llenos de vida, risas y travesuras, mirándola fijamente, apagados, vacíos, sin vida.

El cuerpo de Hermione se estremeció involuntariamente al verlos de nuevo. Dispuesta a desaparecer la imagen que la atormentaba fuera de su mente, cogió el primer libro que vio sobre la mesita de noche y salió del cuarto.

No fue hasta llegar al estudio que le echó un vistazo al título del libro que llevaba en la mano y casi lo dejó caer del susto. Maldiciones que matan De todos los libros que tenía en su cuarto, tuvo que agarrar justamente ése. El destino era cruel. Bill se lo había retornado esa misma mañana. Había estado tan apurada por llegar al cuarto de Ron que lo había tirado encima de sus libros escolares en vez de ponerlo en su baúl, donde debería estar. Y ahora se encontraba en su mano, burlándose de ella.

Definitivamente que no estaría leyendo ese libro esta noche. Por un momento, Hermione consideró volver a su cuarto y buscar algo más con que distraerse, mas no quería arriesgarse y despertar a Ginny.

Lo que realmente quería era a Ron. Quería escabullirse furtivamente dentro de su cuarto, subirse en su cama y abrazarlo con fuerza. Quería sentir el calor de su cuerpo, scuchar los rítmicos latidos de su corazón. Quería observar su pecho ascender y descender con cada gloriosa respiración. Si tan sólo hubiera una manera de hacerlo sin tener que despertarlo. Pero eso era imposible.

-No, eso no funcionará- murmuró y se forzó a descender las escaleras. Tal vez un vaso de leche caliente, pensó dirigiéndose a la cocina.

No fue hasta llegar al frente de la puerta de la cocina que se dio cuenta de una luz proveniente del otro lado. No estaba segura qué hora era, pero sabía que debía de ser por lo menos las dos o tres de la mañana. Los miembros de la Orden entraban sin anunciar todo el tiempo, pero aún así, era demasiado tarde para una reunión.

Colocando su oído en contra de la puerta, Hermione procuró por alguna señal de voces, mas el cuarto estaba silencioso. Era obvio que alguien todavía estaba ahí. Ella podía ver la luz pasar a través de la grieta bajo la puerta. Quizás pusieron un encantamiento imperturbable en la puerta, pensó dándole un ligero empujón. O quizás no, añadió al abrirla y revelar a la Sra. Weasley sentada en la mesa, sola.

-¿No consigues dormir, querida?- preguntó la Sra. Weasley, bajando la copa de la que estaba bebiendo.

-Pesadillas- admitió Hermione, forzándose a entrar en la habitación y sentarse a la mesa.

-¿El boggart?- presionó la Sra. Weasley.

En vez de hablar, Hermione dejó caer sus ojos a la superficie de la mesa y asintió con la cabeza.

-Bebe un poco de té, querida- dijo la Sra. Weasley, levantándose, sacando el hervidor de la estufa y llenando una copa-. Te ayudará-, agregó ella, volviendo a la mesa y colocando la jarra enfrente de Hermione.

-No…no, gracias- dijo Hermione, mirando fijamente y con inquietud el líquido marrón delante de ella. Sabía que la Sra. Weasley estaba tratando de ayudar, pero no estaba dispuesta a beber más ese té. La podía hacer dormir, pero también le quitaría la habilidad de reaccionar a las cosas que ocurrían a su alrededor y eso podía ser peligroso.

Por la tarde había escuchado a Ginny tratando de despertarla para cenar. Su mente estaba esciente. Había oído cada palabra que Ginny dijo, mas su cuerpo, simplemente rehusaba a obedecerla. Sus párpados habían estado tan pesados que apenas era capaz de abrirlos. Había querido levantarse, pero no conseguía gobernar su cuerpo. Por ningún motivo permitiría que eso sucediera de nuevo. Seguro, las posibilidades de que Grimmauld Place fuese atacado eran mínimas, mas se maldeciría si permitiese que algún Mortífago la encontrara en estupor inducida por una poción.

-Te ayudará- volvió a decir la Sra. Weasley de modo alentador-. Es una mezcla especial-, añadió ella-. Para noches sin sueños. Ginny pasó por eso después que…-, se detuvo, incapaz de mencionar a Riddle o a su diario-. No tendrás más pesadillas- le prometió a Hermione con una sonrisa consoladora.

-¿Cómo lo hace?- preguntó Hermione, alzando la copa y pretendiendo beber un sorbo.

-¿Hacer qué, querida?- contestó la Sra. Weasley, tomando un gran porción de su propio té.

-¿Cómo vive con este miedo constante?- elaboró ella.

La pregunta fue tan directa, que tomó a Sra. Weasley por sorpresa. Sus ojos se ensancharon levemente al colocar su copa en la mesa y mirar a Hermione de forma alabadora por un momento. Estaba entristecida por el hecho de que alguien tan joven tuviera que lidiar con tanto. Su primer instinto era el de protegerla, pero muy en el fondo sabía que era demasiado tarde para eso. Reconoció el dolor en los ojos de la joven mujer y supo que nada que ella hiciera lo haría desaparecer.

-Desearía que existiera alguna artimaña que te pudiera enseñar- contestó la Sra. Weasley, al sentarse nuevamente y mirar a Hermione-, mas no la hay. Tan sólo vives con ello, porque no tienes otra opción.

-A veces me agobia-, dijo Hermione sinceramente-. Me preocupo por mis padres y lo que les sucederá. Me preocupo por Harry y cómo todo esto le está afectando.

-Sí- suspiró la Sra. Weasley-. Todos nos preocupamos por Harry.

-Él ha pasado por tantas cosas y ahora, la muerte de Sirius…se culpa a sí mismo por lo sucedido. No quiere hablar con ninguno de nosotros acerca de ello. Nos está alejando y tratando de superarlo solo- indicó Hermione, antes de darse cuenta de lo que estaba revelando y detenerse.

-¿Y estás preocupada por Ron?- preguntó la Sra. Weasley, después de un silencio prolongado.

-Sí- admitió Hermione, pero estaba reacia a decir más. No podía decirle exactamente a la madre de él que la razón por la que Ron no se aplicaba a los estudios o hacía planes para el futuro era porque no pensaba que tendría uno.

Al estar sentada, fingiendo que bebía su té, los ojos de Hermione descendieron sobre el libro que había colocado encima de la mesa-. No le permitiré que lo haga- murmuró ella para sí misma, al bajar la copa.

-¿Hacer qué, querida?

-Permitir que desperdicie su vida- contestó Hermione tranquilamente.

-¿Quién, querida?- preguntó la Sra. Weasley con una expresión afligida. Seguramente que está hablando acerca de Harry.

-Hallaré la manera de detenerlo- respondió Hermione con rabia, sus ojos todavía sobre el libro.

-No puedes bloquear la maldición del Avada Kedavra-, dijo la Sra. Weasley, el ritmo de su corazón aumentando al ver las palabras Maldiciones que matan en la cubierta del libro de Hermione.

-Ya verá- dijo Hermione, su voz endurecida por la determinación.

La Sra. Weasley se quedó tan desconcertada por la tenacidad y el desafío que vio arder en los ojos de Hermione que por un momento no supo cómo responder. La mirada en su rostro fue suficiente para mostrar cuán seria estaba. Estupefacta, la Sra. Weasley permaneció sentada y observó a Hermione levantarse de su silla, agarrar el libro de la mesa y salir de la cocina.

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¡HOLA QUERIDOS LECTORES!

Muchísimas gracias a todos aquellos que dejaron sus "reviews." ¡Son un encanto!

Nota: Les habré mencionado que este era uno de mis capítulos favoritos y la verdad es que lo es. De acuerdo a la autor/a original, lo que deseaba demostrar con este capítulo era que los miedos de Hermione habían cambiado desde su tercer año escolar; los grados escolares y demás menesteres académicos continúan siendo importantes, pero ya no son lo más importante para ella. Aparte de eso, ya verán la influencia de este capítulo en los que están por venir y en el desarrollo y alegato de la historia, principalmente en el secreto de Hermione. Mas no les sigo contando porque revelaría demasiado. ¡Espero de verdad que les haya gustado y gracias por todo su apoyo!