Gracias por la espera, y espero les guste el capitulo. Especialmente a:

Guest.

Daluar.

FlowerNewCullen.

Lima.

engel17white.

Martina.

Team Ethan.

Iornela12CullenPattison.

26Fairy06.

AlynMyName.

LOURDESITA100.

RocioCullenMalfoy17.

Shira2000.

cameeRCCS.

ladyvani.

vanesaalex16.

lily jane.

Gisela.

Y en cuanto a sus reviews, gracias, y como toda persona que le gusta crear conflicto y misterio en su historia, solo puedo decir que si, se armo una buena aquí, si habrá una confusión gracias a los sentimientos con respecto a Alec, pero me los reservo para un momento mas oportuno. Si, si huele a final :c Lo admito, fui un tanto cruel con Ethan, pero su relación con Renesmee no seria miel sobre hojuelas, así que, que resista el hombre xd. Con respecto a en que terminara aquel pentágono amoroso [por el ángel, suena raro xd] sin revelar mucho, solo puedo decir que nada es lo que parece y que nada es eterno. Sh, ya ahora si dije mucho. Saludos, y espero les guste:3


Cap. 24 Medidas de tiempo.

POV. Ethan

-Entonces, ahora esperaremos a que él llegue- fue Seth quien rompió el incómodo y pesado silencio. Aunque eso no significo que una conversación se haya iniciado, porque nadie le respondió. Obviamente era una pregunta tonta porque todos sabíamos la respuesta, pero el solo lo había hecho por intentar aligerar el ambiente. Fracasó. Pero lo intento.

-¿Cuánto tiempo toma llegar desde Volterra?- insistió, alentando a una respuesta.

-Depende del vampiro- comento Santiago, como quien no quiere la cosa. Claramente más por hacerlo callar, que por hablar con él. Y Seth lo entendió, porque no dijo más nada, sino que desvió la mirada hacia el ventanal, observando como la oscuridad del cielo se aclaraba. Por mi parte, solo esperaba el momento en que Renesmee estuviera fuera de peligro para poder largarme. La simple espera me incomodaba, me sentía fuera de lugar. Como si fuera un actor extra en todo esto, alguien que no era realmente relevante.

Eche mi cabeza hacia atrás sin poder ocultar un suspiro de frustración, el cual resonó fuertemente por el silencio de la sala. Emmett me llamo, y para cuando alce la cabeza él ya estaba frente a mí, poco después, tomaba asiento a mi lado colocando sus manos sobre sus rodillas, evitando mirarme directamente. Él y yo no habíamos hablado mucho como para conocerlo del todo, pero comprendía algo de su relación con Renesmee: era el segundo protector. Es decir, claro estaba que Santiago tenia a la chica en cuestión encabezando su lista de prioridades, pero Emmett igual la protegía. Uno esperaba que fueran sus padres quienes la cuidaran sobre todas las cosas, pero no, eran esos dos vampiros quienes cuidaban de ella, tanto como a su propia vida.

-¿Estas bien?- soltó de prisa, logrando que embozara una media sonrisa por cómo había sonado.

-No lo sé.

-Ella está enamorada de ti. Lo sabes.

-También de Alec- gire mi cabeza a la izquierda, encarándolo.

-El solo viene de paso. No es algo de lo que debas preocuparte. Tú eres su cantante.

-Y ella la de él.

Si él me hubiera dicho eso antes, hubiera sonreído ampliamente sintiendo que solo yo tenía esa conexión con ella, pero ahora, ahora no. Lo único que tenía, lo que me hacía especial, había sido opacado dos veces en menos de veinticuatro horas. Primero, estuvo Derek, el primer cantante de Renesmee, luego llegaba Alec, donde la situación era a la inversa.

-Mira, yo tuve una cantante hace mucho. No pude resistirme y termine matándola. Si ella tan solo me hubiera importado, si significara algo para mí, eso no hubiera pasado. Y Renesmee se detuvo contigo, te aparto con tal de mantenerte sano y salvo…

-Sé a dónde vas con eso- le corte de manera un poco brusca.- Pero así como se detuvo conmigo, lo hizo con Derek.

-¿Qué?- exclamo Santiago, recordándome que estaba en una habitación repleta de personas con sentidos súper desarrollados.

-No lo sabes- musite. Y el negó con la cabeza, a pesar de que no había sido una pregunta. Renesmee me había contado eso hace un par de horas, más nunca considere que no se lo había dicho a nadie más. Solo ella, el tal Aro, Derek y yo sabíamos de esto. Nadie más.

-Vamos, habla. Ahora- Santiago sonaba verdaderamente molesto y no entendía el porqué.

-No te agrada el.

-¿Acaso te ha entrado algo por resaltar lo obvio?

-¿Por qué?- pregunte, ignorando su tono sarcástico. Él se pasó las manos por el cabello, mostrándose frustrado e iracundo. Claramente ese chico estaba en su lista negra.

-Intento asesinarme más de una vez- su voz fue profunda y grave. Si, razones de más tenia para odiarlo. -En todas aquellas veces de alguna manera u otra, ya fuera intencionado o no, Renesmee lograba salvarme. Ella tiene ese extraño poder sobre él. Pensé que era porque le temía, la respetaba, pero no es así, ¿Cierto? –asentí a manera de respuesta y el prosiguió.- Era porque no quería que lo despreciara más de lo que ya hacía. Y eso solo tiene una explicación. Ella…Ella lo convirtió.

-Imposible- replico al instante Bella. –Ella no tiene ponzoña. Lo sé, porque me mordió cuando nació y no sucedió nada.

-Pues de alguna manera lo logro, ¿Cierto, Ethan?

-Sí. Ni siquiera ella lo entiende, pero sucedió. En parte ella cree que por eso él tiene el mismo poder que ella.

-Don- me corrigió Carlisle, aunque la pronunciación me tenía sin cuidado. Solo importaba que había descubierto un secreto de Renesmee, uno que guardo con gran recelo de todo el mundo, excepto de mí. Ahora la culpa de añadía a mi enredo de sentimientos.

-¿De qué don hablamos?- intervino Jasper, acercándose a Emmet y a mí.

-Puede copiar cualquier don, tal como Renesmee.

-Eso explica porque Aro lo conservo de su lado.

-Entonces el chico es solo otra preciosa adqui…- Alice se detuvo a media palabra, quedando con los ojos en blanco y en suma quietud. Jasper volvió a su lado en un santiamén, borrando la teoría que recién comenzaba a formularse en mi mente sobre la cobriza trayendo recuerdos de nuevo. Todos estaban alertas, pero preocupados, incluyéndome. Solo Alice estaba petrificada. Perdida.

-¿Qué ves Alice?- pronuncio su esposo, colocando sus manos sobre los hombros de ella.

Ella no respondió al instante, sino que se mantuvo en silencio por un momento más, parpadeo tal como si se acostumbrara a la luminosidad y volvió su vista al ventanal detrás de mí.

-Llegara en dos minutos y medio.

Durante horas espere aquellas palabras, porque significaban que ella estaría bien, pero ahora esas palabras me provocaban un vacío en el estómago. Ya que no solo estaría aquí para tratarla, sino para estar cerca de ella, queriéndola, deseándola, mientras yo observaba todo desde mi lugar. Comencé a sentirme aún más incómodo de lo que estaba, removiéndome un poco en mi lugar hasta que Emmet me sujeto el hombro próximo a él, en un fuerte apretón.

-Debería irme.

-No lo creo, hombre. Ella te necesita. Créeme- dicho eso, se puso de pie extendiéndome una mano. –Creo que sería mejor que estuvieras cerca, para cuando él llegue.

Esa era una idea pésima, o de menos absurda, porque no había motivo para estar cerca sino era de ayuda, pero aun así tome su mano para apoyarme y ponerme de pie. Camine detrás de el con las manos en mis bolsillos en un tonto intento de parecer relajado o menos tenso, pero sabía que no engañaba a nadie. Llegue hasta donde estaba Santiago, próximo a la cabeza de la que por ahora era mi novia. Emmet se quedó a mi lado y los demás Cullen formaron una valla en forma de media luna alrededor del sillón, Carlisle quedo en una de las puntas, mirando hacia la puerta.

-Treinta segundos- musito Alice.

Podía sentir mis músculos tensarse, además de un deseo de rodear a Renesmee con mis brazos, pero me resistí y me mantuve quieto en mi lugar. Unos golpes en la puerta, que sonaron desesperados, me avisaron que había llegado la hora. Carlisle fue el único que hizo ademan en abrir, acercándose a la puerta con rapidez y dejándolo entrar sin decir palabra alguna, tal como le era costumbre por su sentido de amabilidad. Las prisas del asunto lograban cambiarlo. Tanto que solo se hizo a un lado para que el entrara, sin mirarlo realmente.

Si, así es el. Alto, fornido, cabellos castaños, ojos rojos y piel pálida. Más parecido a Santiago que a los Cullen. Al igual que en los recuerdos vestía de negro, con la capa colgando de su cuello. Lo mire de pies a cabeza y para cuando volví a sus ojos él también me miraba sin inmutarse.

-Así que tú eres el humano- soltó con tremenda frivolidad que me desconcertó por un momento, pero logre recomponerme rápidamente. Definitivamente los recuerdos no actuaban con justicia en cuanto a su forma de comportarse, pero su llamada con Santiago sí.

-Y tú el vampiro.

-Por supuesto, si has escuchado hablar de mí.

-Menos que tú de mí, eso seguro- no era mi intención seguirle en esta conversación infantil, pero las palabras parecían brotar de mi boca con facilidad y en un tono parecido al que el usaba. Aunque yo rara vez hablaba así, y el parecía ser así todo el tiempo.

-A lo que viniste, Alec- replico Santiago, mirándolo como si fuera capaz de saltarle encima si no atendía lo que debía. El aludido no dijo al respecto porque no era necesario, sus ojos ya lo hacían por él. Tres metros bajo tierra. Eso era lo que decían, y ni siquiera tenías que esforzarte mucho para adivinarlo.

Paso a paso se acercó, suavizando las facciones de su rostro con cada centímetro, tanto que para cuando estaba frente a ella, parecía una persona distinta a la que había entrado a la casa. Se veía compasivo, nostálgico y hasta perdido. Ahora si hacia juego con los recuerdos, ahora entendía porque ella se fijó en él. Sacudí mi cabeza borrando aquellos pensamientos, solo deteniendo mis ojos en esa escena por mero masoquismo. El saco algo de su bolsillo y se inclinó hacia su rostro.

-La última vez una porción de esto basto para devolverle fuerzas. Esta vez es más, pero no creo haga daño- se explicaba con temor y lentitud, como si estuviera preocupado por lo que pensáramos de él y sus acciones, cuando no parecía ser el tipo de persona al que le importaran los comentarios de los demás. Definitivamente era un buen actor.

-¿Eso es todo? ¿Para esto viniste?- inquirió Rosalie, sonando irritada y decepcionada de que las cosas no estuvieran tan complicadas. Algo dentro de mí me decía que no estaba molesta con él, sino con ella misma, con nosotros, por no poder hacer algo que parecía tan sencillo.

-Claro que no es todo. Conozco estos síntomas mejor que cualquiera de ustedes, sabré cuando será necesario volver a sacar sangre.

-¡Ni lo pienses!- refunfuño ella misma, recorriendo la distancia que la separaba de su sobrina a grandes zancadas. –No beberás de ella.

-No pretendía hacerlo. Pero deben de sacar sangre cada que su corazón comience a trabajar con demasiada fuerza. Más de la normal. Porque eso significa que la ponzoña intenta transformarla aunque sea imposible y sabes que mientras este débil eso no pasara- se detuvo examinando la expresión de la rubia, quien parecía no creerle en lo absoluto, como tampoco yo lo hacía. –Sonara estúpido y arriesgado, pero funciona. Lo hizo la vez pasada y lo hará de nuevo.

-Querida, tiene razón. Estar débil impide la conversión, porque el corazón no resiste el proceso.

-¿No puede morir al vaciarla de sangre, cada cinco minutos?

-No será cada cinco minutos. Y no la vaciaremos. Además, colocaremos sangre cuando su corazón llegue a un ritmo bajo- intervino Alec de nuevo, mirando con agradecimiento a Carlisle por apoyarlo.

-Pero si…-

-Rosalie- le llame, logrando que apartara los ojos del frente y me mirara. –Si Carlisle confía en esto, deberíamos entonces de confiar también.

-No me fio de el- espeto, haciendo uso de su sinceridad brutal.

-Ni yo lo hago. Pero ya está aquí, dejemos que pague el favor que le debe a mi novia.

Tal vez las palabra mi novia estaban de más en la oración, pero la cara de Alec cuando defendí si forma de proceder sobre Renesmee, era de lo más petulante que no pude resistirme. Parecía decirme que el sabía como ayudarla y yo solo era una carga. Y su reacción cuando pronuncie aquellas dos palabras fue una decepción total, que desvió la vista lejos de mí. No debería, pero me sentí bien. Y fue un tanto gracioso, que Santiago y Rosalie sonrieron, mientras que Emmet soltó una corta carcajada antes de que Esme lo reprendiera en silencio. Alec mantuvo la vista baja mientras se inclinabaa la altura de su rostro, alzando lo que traía consigo, dejándolo a la vista de todos antes de quitar el pequeño corcho que impedía que el líquido azulado se derramara del frasco de cristal.

-Y a todo esto, ¿Qué es aquello?- le interrogó Edward. Alec primero le dio de beber eso a Renesmee con la ayuda de Santiago, haciendo que tragara hasta la última gota a pesar de la inconciencia, antes de hacer alguna señal de responder.

-No sé bien. Marco fue quien lo preparo.

Esa respuesta no pareció complacer al padre, pero no replico nada. Se guardó sus comentarios tras una mueca y cejas enarcadas. Por mi parte lleve mis ojos a Carlisle, dado que el nombre no me parecía muy familiar. El atrapo mis ojos, asintiendo poco después con una expresión tranquila.

-Marco la quiere.

Eso fue todo lo que dijo, por lo que no tuve nada que discutir, pero Alec si tuvo algo que decir al respecto.

-La ama, de hecho. Es como la hija que nunca tuvo. Incluso creo que la ama más que cualquiera de ustedes, que dicen ser su familia.

-Tranquilo, muchacho- rezongo Emmet.

-Es verdad. Porque aunque lo nieguen, ustedes esperaban que ella fuera todo lo que soñaron. Una pequeña vegetariana- el pronuncio esos dos palabras con desprecio. –Pero ella no es así.

-No nos conoces, ni un poco y es por eso que no puedes venir a decirnos que no la queremos tal como es- Emmet hablaba lento, como si se estuviera midiendo, algo sumamente extraño en él.

-No creo que Bella piense igual que tu- la mirada de todos se fue hacia ella, quien nos recorrió a todos una y otra vez, sin decir palabra.

-Yo…- se quedó atascada ahí, con la boca abierta sin saber que decir.

-Ahí lo tienen- la sonrisa de Alec indicaba que había ganado y que se regodeaba en ello.

-Tú no eres exactamente la muestra de amor más puro y sincero hacia ella.

-¿Qué quisiste decir con eso, Santiago?

Alec se giró completamente hacia el en cuanto lo escucho decir aquello, su rostro era una muestra de furia total. En cambio, los Cullen se veían sorprendidos de que hubiera salido en su defensa, indirectamente, pero lo hizo.

-Oh vamos, no te hagas el tonto, la cambiaste por Corin en cuanto tuviste oportunidad.

-¡Eso es mentira!- replico alzando las manos al aire.

-¿Ah sí? Entonces ¿Cómo explicas su visión de ustedes dos en el bosque? ¿Lo que los vi haciendo en tu habitación? ¿El tiempo que pasaban juntos? ¿Lo que ella fue a gritarle en el calabozo?

-¡Yo no tuve nada con Corin! ¡Y nunca lo tendré! Porque no siento absolutamente nada por ella.

-De ser así, ¿Por qué no lo negaste en su momento?

Y eso fue suficiente para que Alec se quedara callado, pareciendo que había recibido una bofetada en el rostro. Santiago había dado en el blanco con su comentario, logrando que el vampiro guardara silencio. Y de nueva cuenta, ahí estaba yo, sintiéndome bien con respecto a eso, cuando estaba seguro de que no debería de alegrarme por ese tipo de cosas. El lastimo a Renesmee y eso no debía de olvidarlo jamás.

-Eso pensé- culmino Santiago, dando por hecho que Alec no diría ni una palabra más.

La habitación quedo en quietud, algo a lo que me había acostumbrado en menos de un día, ya ni siquiera me cuestionaba el porqué, simplemente me amoldaba a él, al igual que todos. Por lo que me incline cerca de donde aquellos rizos cobrizos descansaban, cuidando de no acercarme mucho por si algo llegaba a pasar, algo en lo que seguramente no podría ayudar, pero a pesar de eso, estaba lo suficientemente cerca como para observarla perfectamente.


-Ethan.

Aquella voz era inconfundible. Podría ser un susurro, o incluso algo más suave que eso y podría reconocerlo de cualquier forma. Por lo que en cuanto escuche aquella voz me acerque más a su rostro, encontrándome con que sus ojos chocolate al fin estaban a la vista. Lucía un tanto perdida, pero en el momento en que sus ojos se encontraron con los míos estos dejaron de vagar por todos los lados, quedando fijos en los míos, haciéndome sentir tan aliviando como nunca lo había estado. Su mano se elevó con lentitud hasta mi mejilla, donde no hizo ningún movimiento más, solo acuno mi rostro con suavidad y fragilidad. Yo deje que mi diestra se posara sobre la suya, moviendo un poco mi dedo índice en unas cortas caricias, sin deshacer el contacto visual con ella.

-¿Estas bien?- musito embozando una mueca de preocupación.

-May, debería ser yo quien preguntara eso. No tu- le susurre a lo que ella sonrió tenuemente.

-A mí solo me importa que tú estés bien. No me lo perdonaría si algo te llegara a pasar. Nunca. Jamás. ¿Lo entiendes?

Y fue ahí, cuando sus ojos brillaron en una mezcla de sentimientos que no comprendí, pero que me hicieron apreciarla más de lo que ya lo hacía, por la manera en que podía preocuparse por mí, sin importar que su amor pasado estuviera justo detrás de mí, observándonos, porque ella ni siquiera desvió los ojos hacia el por más de un segundo, porque en una habitación con bastantes personas, ella estaba conmigo, solo conmigo.

-Te amo.

-También te amo, Ethan.

Alec carraspeo, sacándome un suspiro de frustración. Renesmee rio ante mi expresión antes de volver sus ojos hacia él, desapareciendo todo rasgo de felicidad de su rostro.

-Supongo que debo darte las gracias- ni siquiera fue una pregunta, sino una declaración.

-Claro que no. Solo abonaba al favor que me hiciste, ¿Recuerdas?- duro pero suave. Con ella dejaba de ser menos grosero de lo que era con los demás.

-¿Podrían dejarnos solos un momento, por favor?- pidió mirándome a mí y a Santiago en especial. Asentí tras unos segundos pero Santiago negó. –Puedo sentarme. Te lo aseguro. Además, tampoco les pido que se vayan a cien kilómetros de aquí, solo necesitamos un poco de privacidad. Por favor.

Al final, el termino accediendo y tras ayudarla a que tomara asiento, se alejó del sillón, donde como un relámpago – y lo digo literalmente porque no vi cuando lo hizo- se colocó a su lado, mirando hacia sus manos, las cuales movía con intensidad.

-Estaremos fuera, por si necesitas algo- añadió Rosalie en un tono amenazador, para luego ser sacada por Emmett del lugar. Por mi lado tuve que "guiar" a Santiago hacia la salida, porque no dejaba mirar a Alec como si pudiera echársele encima en cualquier momento. Cuando cerraron la puerta, la única cosa que nos separaba de ellos, lo último que vi fue a Alec girando su rostro hacia May, gracias a la ayuda de la mano derecha de ella.

Nada de qué preocuparse. Me asegure a mí mismo, bajando los escalones del porche.


POV. Renesmee/May.

La habitación se vacío rápidamente, yo me apresure a hacer que Alec me mirara. Porque lo que me importaba en este preciso momento era arreglar el asunto con él. Porque se había arriesgado mortalmente con tal de venir en mi ayuda. Sí, me encontraba algo débil, pero nada que no se pudiera solucionar. Lo peor había pasado y él había tenido mucho que ver con ello.

-En verdad, gracias.

-Ya te lo dije, no necesito que agradezcas. Favor por favor. Es todo.

-Alec, basta.

-No. No basta. Te debo muchas cosas, entre ellas el salvarme la vida, pero sobre todo, el que me hayas sacado de esa tristeza que carcomía por dentro, desde décadas atrás. Sacaste lo mejor de mí, Renesmee. Aunque veo que ahora todo termino.

Suspire profundamente y coloque mis manos sobre mi abdomen.

-Siempre te voy a querer, tanto como viva e incluso después de eso, pero Ethan es mi presente. Quede en un profundo agujero luego de lo sucedido allá y el llego a rescatarme a pesar de que podría morir en el intento.

-No durara por siempre, lo sabes. Él es solo un humano.

Claro que lo sabía. Y aunque Ethan quería convertirse, eso era algo que no planeaba que sucediera, porque su humanidad no a cambio de mí, era un precio demasiado alto. Uno que no pensaba hacerle pagar.

-No quiero un por siempre, quiero un mientras dure. Disfrutar lo que pueda a su lado.

-Justo como creí, no piensas convertirlo.

-No. Porque no pienso condenarlo a una eternidad que jamás considero, o creyó que pudiera existir antes de mí. No llegue a cambiar su vida, era yo quien necesitaba un cambio- extendí mi mano hacia la suya, en un intento de tomarla, pero en un ágil movimiento la alejo de mí.

-Entonces aquí estaré esperando- aseguro. Le cuestione con la mirada, cosa que el comprendió rápidamente y embozo una sonrisa antes de responderme. –El no vivirá eternamente, yo si lo hare. Y cuando el fin llegue, estaré aquí, listo para reunir las piezas rotas de tu corazón.

-Eso podría durar mucho- comente, a la vez que miraba a un punto fijo lejos de él, intentado no demostrarle lo mucho que sus palabras me habían sorprendido y a la vez no creyéndole del todo.

-Suerte que soy un vampiro.

No respondí más, sino que apreté mis brazos que ya se encontraba entorno a mí, en un abrazo. Poco después, Alec besaba mi mejilla con lentitud y cuidado.

-Renesmee- sus labios seguían contra mi mejilla.

Me moví unos centímetros, dejando su rostro ahí y mirándolo de frente, a unos diez centímetros de distancia.

-¿Si?

-No puedo volver a Volterra.

-Lo imagine- hice una pausa. –Espero no causes problemas aquí.

-Y yo espero no intenten asesinarme mientras duermo.

-Tu no duermes.

-Eso es a lo que me refería.

Rodé los ojos sin poder evitar reír al respecto.

-Eres imposible, Alec Vulturi.

-Y tu hermosa, Renesmee Vulturi.


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