Hermione abrió lentamente los ojos, se sentía mareadas, confundida, pero ligera, con un alivio que no se comparaba con nada. De repente recordó todo… ¡su hijo! ¿Dónde estaba su pequeño? Lo había tenido y recordaba que lo había escuchado llorar y que por solo unos segundos lo logró a ver, antes de desmayarse… o de dormirse… ¿Cuánto rato había transcurrido?

Recordaba esa cabecita calva y una piel blanca, un chillido suave y un rostro angelical. Ese era su hijo, pero, ¿dónde estaba? ¿Quién lo tenía?

Intentó levantarse pero una mano, misma que ya conocía, le impidió levantarse.

—¡Draco! —su voz la escuchaba ronca. ¡Estaba disfónica! Debía ser por los gritos del parto.

—Bruja celosa… tranquila, amor mío. Estás bien. Y procura no hablar, tu voz está cansada —Hermione sonrió pero las preguntas regresaban. Estaba demasiado ansiosa.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Dónde está mi hijo? ¿Por qué no está conmigo?

—Hace poco más de media hora que nuestro hijo llegó al mundo. Tú estás en la sala de recuperación y a Scorpius Malfoy lo están vistiendo. Una vez que tú te sientas mejor, lo traerán.

—Malfoy Granger, que no se te olvide —cerró los ojos y respiró profundo. Estaba cansada, se sentía sudorosa y como que toda su extremidades inferiores estuvieran adormecidas.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Draco al cabo de unos segundos mientras le acariciaba el rostro.

—Como si hubieran pasado una sandía por el orificio de un limón —dijo seria con los ojos cerrados, pero Draco simplemente rió—. No te rías. Me dijiste que me iban a poner medicamentos para el dolor, ¡pero no fue así! ¡Sentí todo!

—Hermione, te pusieron todos los medicamentos necesarios y los calmantes que se usan. Lo que pasa es que estabas tan nerviosa que no te diste cuenta, por eso, te dormiste luego del parto. No te desmayaste.

—Pero…

—Hermione, todo salió bien.

—¿Y por qué me duele todo?

—Porque acabas de parir… nada más amor mío. Eres madre… y yo he estado al lado de la mujer más fuerte del mundo. Te amo Hermione.

—Yo también te amo Draco… ¡pero te vi besándote con… ¡Ay!

—¿Te puedes calmar? Relájate y deja de pensar en tonterías. Astoria me besó, pero nada más. Debí habérselo impedido, pero cuando reaccioné, ya lo había hecho. Además, que estés tranquila, te informo que se fue del país y es probable que nunca más la veamos.

—Pero por qué te besó —a pesar de estar adolorida, cansada y sudorosa, no se olvidaba de lo que había visto. Draco rió y se acercó tomándole el rostro.

—Porque soy bello.

—¡Imbécil! —Hermione giró el rostro, pero Draco le tomó la barbilla y la obligó a mirarlo.

—Imbécil, bello y que te ama —le dio un beso en los labios, beso que ella no correspondió y volvió a girar la cabeza hacia el otro lado. En ese instante la puerta se abrió y Draco salió de inmediato al encuentro de una enfermera que lo llamaba.

Hermione estaba mirando hacia el velador pues no quería ver a su esposo. De repente sintió que él se sentaba en la silla del lado de la cama.

—Mira Hermione.

Ella giró el rostro y ahí estaba Draco con una pequeña vida en brazos… su hijo envuelto en una manta de algodón color celeste.

—¡Oh, mi hijito!

Draco lo acomodó en el cuenco de los brazos de Hermione y ella no pudo evitar llorar.

—Es… es… igual a ti, Draco.

—Sí, es un Malfoy… Malfoy Granger… Te amo, mi bruja testaruda.

—Y yo a ti, Draco. Te amo con toda mi vida.

Hermione besó la pequeña cabecita de su hijo, mientras derramaba lágrimas de felicidad al igual que Draco que estaba sentado en la silla con la vista totalmente nublada. Ese nuevo sentimiento era infinitamente superior a cualquier sentimiento que pudo experimentar en su vida. Eran padres y ese amor, complemente nuevo y el más fuerte de todos.

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Lucius Malfoy había despertado con ganas de hacer muchas cosas, sentía que tenía muchas energías (contrario a lo todos pensaban, considerando que estaba ya en el supuesto último mes de vida), llenándolo de ganas de vivir. Incluso el día anterior había pretendido ponerse de pie de su silla, luego de un par de fallidos intentos, lo había logrado.

Ahora sentía que podía caminar y hacer una vida normal. Entendía perfectamente que eso no era normal, que todo se debía a la mejoría de la muerte, pues presentía que estaba cercana, y que solamente se encontraba gastando los últimos cartuchos que le quedaban.

Se sentó alegre en la cama, con la fuerza de un adolescente se desperezó e hizo la prueba. De inmediato sus pies se posaron en la alfombra y su cuerpo, cual acostumbrado, se puso de pie. Sonrió. Al fin las piernas sostenían su cuerpo después de años de estar sin movimiento.

Y, lo mejor de todo, no tendría necesidad de usar magia para ingresar al baño (que bastante desgastado lo dejaba luego de hacer los conjuros) pues por hoy, iría por sus propios medios… ¡al fin!

Caminó por la habitación, como quien hace un calentamiento previo a la práctica de un deporte, levantó las piernas, movió los brazos y los dedos. Realizó movimientos que, aparte de estarle vedados, prácticamente los había olvidado debido a la inactividad.

Fue al baño y vio que su cabello estaba demasiado largo y hacía días que no se rasuraba. Tomó una tijera y con un movimiento de su varita cortó unos cuantos centímetros de cabello, mientras que con otro movimiento la barba había desaparecido, dejando al descubierto un lozano hombre.

Sonrió feliz al verse saludable, aunque sabía que solo era una ilusión, pero la iba a disfrutar al máximo por el tiempo que durara.

Luego de bañarse (pausada y tranquilamente), se vistió, eligiendo sus mejores atuendos y, mientras estaba frente al espejo peinándose y tramando la mejor forma de presentarse ante los demás miembros de la familia para darles la sorpresa de su mejoría, sintió que nuevamente esa voz se apoderaba de él, escuchaba una risa fuerte, tanto que instintivamente se cubrió los oídos y ya no aguantaba más, simplemente sintió que caía en un sueño profundo…

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Hermione bajó las escaleras con su bebé en brazos. Scorpius ya tenía un poco más de un mes y era un bebé sano y adorado por la familia. Draco, que acababa de cerrar la puerta de acceso principal a la casa, al verla sintió que se le doblaban las piernas del susto. ¡Debía utilizar el sillín del elevador! ¿Qué tal si resbalaba y caía por la escalera con el niño? ¡Había días en que Hermione simplemente era irresponsable!

—¡Ten cuidado! — le gritó fuerte antes de llegar corriendo a su lado y ayudándola a descender los últimos dos escalones.

—Está todo bien, tranquilo —le dijo con una sonrisa nerviosa. En el corto tiempo transcurrido había bajado todos los kilos que subió de más durante el embarazo. Había hecho un poco de ejercicio suave para tonificar músculos y como leche maternal tenía muy poca, en común acuerdo con el médico obstetra muggle, optó por cortarla definitivamente y darle al bebé leche sustituta.

Así que con todo, y claro, una que otra poción mágica de su suegra para perder peso rápidamente, volvía a tener su armonioso cuerpo, eso sí con unos pechos uno poco más pronunciados, los que a Draco volvían loco.

Lamentablemente todavía el médico tratante no le había otorgado el alta… y ya hacía un par de meses que Draco no la había tocado y la falta de sexo le estaba pasando la cuenta… que hasta en sus gestos y en lo acelerado de sus actos se lo solía demostrar. A veces incluso hasta discutía con Hermione y la hacía sentir mal.

—Debes tener más cuidado

—Draco, no vamos a discutir de nuevo. Yo me siento bien, ¿qué crees que me puede pasar al bajar unos escalones?

—Granger, no andas por la vida sola. Por último, levítalo y lo bajas al primer piso, pero no lo cargues. ¿Qué tal si se te dobla un pie y caes? O se te resbala de los brazos o…

—Es mi hijo y jamás le pasará nada malo conmigo.

—También es mi hijo, por si lo has olvidado.

En ese instante Narcisa también bajaba las escaleras. Los miró sonriente y de brazos cruzados. Esas discusiones sin sentido y de enamorados le recordaba a sus primeros años de matrimonio con Lucius.

—Otra vez discutiendo… ¡Parecen recién casados! Anda Hermione, dame al niño y descansa un instante. Y tú Draco, deja de andar viendo fantasmas por ahí. Con su madre o con su abuela, nada malo le pasará a tu hijo. Así que cálmate.

Hermione le entregó el bebé a Narcisa, mientras Draco esbozó una sonrisa en tanto su madre se dirigió hacia uno de los sofás en donde se sentó con el niño en su regazo.

Draco tomó la mano a Hermione y ella lo miró a los ojos.

—Perdóname, Draco. Creo que a veces soy muy apresurada. Ambos somos padres primerizos, juntos aprenderemos a ser padres.

—Sí, Hermione. Reconozco que yo he tenido poco tacto para decir las cosas —dijo acercándose a Hermione y tomándola de la cintura, luego suavemente le levantó la barbilla y la miró a los ojos—. ¿Cómo te has sentido?

—Bien. He estado muy bien.

—Y, ¿qué ha dicho el médico? —Hermione sonrió porque sabía a qué se refería su marido y le habló al oído…

—La próxima semana —Draco rió y la levantó en vilo, dando una vuelta con ella.

—¡No te voy a soltar en toda la noche!

—¡Draco, deja ya… me puedo caer!

—Madre, la próxima semana te vamos a dejar a Scorpius por dos días.

—¿Dos días? ¿Van a salir? —preguntó Narcisa sin entender pues estaba tan interesada hablándole al bebé que no escuchó lo que Draco y Hermione decían.

—No. Nos vamos a encerrar a recuperar el tiempo perdido en la famosa «cuarentena».

Narcisa rodó los ojos y meneó la cabeza. Si hubiese estado viva su madre, seguro le daba un síncope. Draco hablaba en forma tan desinhibida que a veces prefería reír.

Mientras él besaba a Hermione y bajaba sus manos hasta el trasero de ella, en forma poco disimulada delante de su madre, Luna apareció en la mampara de vidrio que daba al jardín. Traía una carpeta para la firma de algunos documentos. Draco soltó a Hermione, quien sonriente y arreglándose el cabello, abrió la puerta.

—Hola Hermione. Hola Draco. Señora Malfoy, buenos días —Narcisa la saludó desde el sofá—. Te traigo unas órdenes de compra para que las puedas firmar. Giovanni dice que por el monto de la compra prefiere que tú las vises antes de poder tramitarlas.

Mientras se acomodaban en los sofás que estaban frente a la chimenea, para que Hermione firmara, Draco se sentó al lado de Narcisa para ver cómo su hijo dormía plácidamente en los brazos de ella.

En ese momento, Lucius Malfoy bajó desde el segundo piso en el ascensor que originalmente pertenecía a Hermione, mientras su silla de ruedas levitaba hacia la planta inferior. Ese era un procedimiento que él realizaba a diario, por tanto a nadie le sorprendía, mientras todos seguían en sus actividades.

—Deben fijarse bien en la calidad de este lino, estoy pidiendo lino amarillo oro con líneas de amarillo pálido dos-tres-ciatrp, el grosor debe ser en lino cambric, que es el más delgado…

—Hermione, no te preocupes, Bruno conoce a cabalidad todos los tipos de telas, así que no te preocupes.

Lucius, luego de acomodarse en la silla de ruedas, avanzó en esta, saludando solo con un movimiento de cabeza, deteniéndose al lado de Narcisa quien estaba a su vez cerca de la chimenea. Nadie le tomaba importancia, pues hacía rato que solo se dedicaba a escuchar las conversaciones y en muy raras oportunidades intervenía; Narcisa estaba hablando con Draco de lo lindo que era el bebé y Luna le indicaba a Hermione en dónde firmar. Así que ese era el momento de actuar.

—¿Me dejan cargar a mi nieto?

Hermione lo miró sonriente y le asintió. En cambio Draco, dudó unos segundos mientras Narcisa lo acomodaba en los brazos de su marido, en ese momento Scorpius se movió y despertó. Pero solo sonrió al ver a sus abuelos frente a él.

—Es todo un Malfoy. Mira que heredar nuestro cabello, Draco. Y tus ojos… son grises —dijo Lucius sonriente al reparar en las suaves pelusas blanquecinas que el pequeño tenía como cabellera.

—Así es, padre. Espero que herede la inteligencia de su madre.

—Draco tú eres más inteligente que yo —dijo Hermione y Draco le guiñó un ojo, poniéndose de pie y acercándose al sofá en donde estaba ella junto a Luna.

Narcisa se acercó a una bandeja con panecillos dulces que estaba en un mueble de arrimo a solo unos pasos detrás del sofá en donde se encontraba sentada anteriormente. Fue entonces que Lucius, en forma rápida, se puso de pie y sacó su varita, de tal forma que con un brazo cargaba al bebé y con la otra sostenía la varita en ristre.

Todos quedaron atónitos, sin saber qué hacer. ¿Qué pretendía Malfoy? El instinto de Hermione, fue ponerse pie e intentar acercarse al hombre pero este apuntaba con la varita, tanto a ellos como al bebe en forma intermitente.

—¡No se acerquen! —gritó fuerte y claro, dando a entender que no iba a titubear en lanzar alguna maldición a quien se interpusiera en su camino.

—Padre, ¿qué haces? ¿Qué pretendes? ¡Dame a mi hijo, por favor!

—Lucius, por favor, deme a Scorpius. No le haga daño… ¡Es su nieto!

Lucius rió, pero no dijo nada, dio una patada y la silla de ruedas le entregó el espacio necesario para, con que con su varita lograra asir la vasija con polvos flu que reposaba cerca de la chimenea. Tomó rápidamente un poco y, sin que nadie pudiera hacer nada, escapó en forma rauda por la chimenea con el niño en brazos.

Lo que vino luego fueron los gritos desgarradores de Hermione intentando seguirlo por donde mismo se había ido y Draco tomándola de la cintura.

—Draco, ¿qué demonios ha hecho tu padre? ¿Qué quiere con mi hijo?

—No sé, pero creo que algo trama… ¡Astoria algo me dijo y no le creí!

—¿Astoria? ¿Qué tiene que ver ella con mi hijo?

—Calma hija, deja que Draco te explique.

—¡No hay tiempo para explicaciones! ¡Quiero a mi hijo conmigo!

Hermione estaba totalmente fuera de sí. Lloraba, gritaba y daba vueltas alrededor de la sala, con Draco detrás intentando calmarla, pero ninguno sabía qué hacer. Lucius podría haber ido a cualquier lado.

—Ese día que vino, algo me intentó decir en relación a que mi padre algo se traía entre manos con nuestro hijo, pero no pudo seguir hablando porque…

—¡Draco! ¿Y ahora me lo dices? ¿Qué relación tiene Astoria con tu padre? ¡¿Por qué ella sabe algo que nosotros no?! ¡Dios mío! ¿A dónde se llevó a mi hijo? —ahora Hermione lloraba abrazada a Draco, él le acariciaba la cabeza sin saber qué hacer.

—Madre, ¿tienes idea a dónde pudo haber ido mi padre?

—No sé hijo, pero «eso» que se llevó a tu hijo, no era él. Conozco a Lucius y sé que para él ante todo está la familia. Hijo, piensa… ¡es el hechizo! ¡Ese maldito hechizo que hizo Bellatrix!

Narcisa conocía muy bien a su marido. Sabía que en el pasado él había tomado decisiones poco asertivas al aliarse con Voldemort durante la guerra, pero muy caro lo había pagado: en la cárcel, con ese hechizo que lo mantenía postrado y con una sentencia de muerte. Aunque siempre tuvo sospechas acerca de ciertas actitudes de su marido respecto al embarazo de Hermione. Siempre le causó cuidado por qué su marido, otrora opositor acérrimo de los famosos libertadores del mundo mágico, de un día para otro festejara que Granger, siendo quién era, tuviera una relación con Draco y para colmo, ella fuera a tener un hijo.

En varias ocasiones quiso abordar esa inusual aceptación de su marido hacia Granger, pero éste nunca quería dar respuestas. Ahora entendía que algo se tramaba. Sintió una especie de punzada en el pecho. El dolor de la angustia se hacía tangible. Miró con lágrimas en los ojos a su hijo que abrazaba a Hermione mientras ella con cuerpo pesado se sentaba en un sofá…

¿Y si el amor de Draco y Hermione era falso?

¿Y si todo había sido armado por Lucius?

¿Y si todo era un plan que venía adosado al hechizo de Bellatrix?

¿Y si el niño era la llave de una sucia jugada de su hermana?

Draco, conocedor de su madre, soltó por unos instantes a Hermione y se puso en cuclillas frente a ella, tomándole las manos.

—Madre, ¿qué ocurre? ¿Qué sabes de todo esto? ¿Mi padre te ha dicho algo? ¿Sabes a dónde fue?

—No hijo, él no me ha dicho nada. Solo que… —miró a Hermione y a su hijo, pero esta vez no pudo contener el llanto.

—Madre, habla por favor…

—Narcisa, ¿qué ocurre? —Hermione también se acercó, mientras Luna que estaba estática en su lugar y pensando cuál era su mejor forma de ayudar, así que desapareció e iría por Bruno. Era hora de hablar con la verdad.

—¿Hijos, ustedes se casaron realmente enamorados?

—Así es madre, ¿por qué nos preguntas eso?

—Draco, tú estabas de novio con Astoria, todos pensamos que te ibas a casar con ella, pero de un día para otro, arreglaste un viaje a Australia y al poco tiempo supiste que ibas a ser padre y luego te casaste.

Hermione se puso de pie y comenzó a analizar la situación. Las cosas encajaban como en un puzzle. Ahora recordaba lo que ese día había sucedido…

—Draco, aquel día en que nos encontramos en Australia, yo estuve sola luego del desfile…

Antes de seguir hablando, por la mampara de vidrio ingresó Luna junto a Bruno y a Giovanni. El primero traía al segundo arrastrando de un brazo. La fuerza de Bruno no era acorde con su rechoncho físico. Pero tenían otras cosas en qué pensar que en lo extraña de esa actitud.

—¡Habla idiota! —dijo Bruno soltándolo del brazo. Giovanni se arregló la chaqueta y la corbata. Antes de hablar carraspeó un poco y empezó:

—Hermione… es mi culpa.

—¿Tu culpa? ¿Tú ayudaste a Malfoy a huir con mi hijo?

—No, Hermione, a eso no. Pero fui yo los unió… a ustedes… ¡Esperen, déjenme que termine! — vio que Draco se acercaba con puño en alto para azotarlo en su rostro, pero Hermione se interpuso. Era imperioso saber la verdad, antes de trenzarse a golpes—. Soy un squib que tu padre, contrató para que trabajara con Hermione y allanara el camino para que ustedes estuvieran juntos.

—Eso quiere decir, entonces, que mi matrimonio con Hermione… ¿no es real?

—De ninguna manera. Tu padre, Draco, de alguna forma se enteró de tú estabas interesado en Hermione y quiso unirlos. A mí me contactó para que un día en especial Hermione y tú se encontraran. ¿Recuerdan qué comieron aquel día?

—¡Nos diste un filtro, maldito squib!

—¡Draco, por favor, deja que hable! —si Draco no se calmaba, Hermione estaba dispuesta a silenciar a su marido con magia.

—Insisto, no se trata de eso… Pero lo que comieron… bueno, les levantó la libido —Draco miró a Hermione sin entender.

—¿Qué comiste, Hermione?

—¡No me acuerdo, Draco! ¡Y sinceramente, creo que estamos perdiendo el tiempo en esta estúpida conversación! ¡Debemos encontrar a nuestro hijo!

—Lo sé… pero hay cosas que deben saber… Aquella vez yo arreglé todo para que estuvieran juntos en la noche. Durante el día me preocupé de que cada uno tuviera acceso a un menú afrodisiaco para ambos, incluso el bar del segundo piso estaba vacío especialmente para ustedes. Todo el escenario era propicio para que se unieran. Ustedes se enamoraron sin magia.

—Pero, ¿con qué fin mi padre haría eso? Él era uno de los primeros en oponerse a mezclar su tan preciada sangre pura.

—El hechizo, hijo… algo tiene que ver. Estoy segura. El hechizo que le hizo Bellatrix.

—Claro, Narcisa… además, el libro… el libro que yo vi en la biblioteca ¿te acuerdas Draco lo que te conté?

—Sí, Hermione. Lo recuerdo, por lo mismo le pregunté a mi padre en relación a ese libro… y ahora que me lo dices… recuerdo que no supo qué responder. Incluso titubeó en lo poco dijo.

Bruno caminó y le tomó la mano a Hermione y miró a Draco. A estas alturas tanto Draco como Hermione sabían que Bruno era algo más que un simple diseñador muggle. Si bien no tenían información que avalara esa sospecha, pues Blaise Zabini no había logrado sacar nada en claro, las dudas de Draco, más las que Hermione ya tenía, hacía que ambos desconfiaran de él, estando a la espera de que fuera él mismo quien les contara la verdad.

—Lamento mucho que esto haya ocurrido. Pero hace tiempo que sospechamos que tu padre se trae algo con tu hijo, Draco.

—¿«Sospechamos»? ¿Tú? ¿Tú y quienes más? ¿Quiénes están metidos en este complot en contra de Hermione y de mí? ¿Sabes, acaso qué quiere mi padre con mi hijo?

—No, Draco. Nadie está en contra de ustedes. Pero no es mucho lo que hemos logrado descubrir. Solo tenemos sospechas de que algo tiene que ver con el hechizo por el cual tu padre ha quedado libre de Azkaban. Y sí, somos varios los que hemos estado preocupados por ustedes… pero debo decirles que no es el momento de entrar en detalles. Debemos actuar. Mientras más perdamos el tiempo en explicaciones, más tiempo gana tu padre.

—¿Qué harás tú Bruno, si eres un…?

—¿Muggle? No Hermione. Soy mago, deberías haberme reconocido hace tiempo. Eres una bruja poco perceptiva… en cambio tú Malfoy…

—Suponía que no eras un muggle normal.

—Debemos dar aviso al Ministerio —dijo Hermione, pensando que ellos solos no podrían contra un mago tan hábil como lo era Lucius Malfoy, eso sin mencionar el hechizo que padecía, el cual podría darle poderes que nadie imaginaba.

—Yo lo haré —indicó Luna realizando un par de movimientos con la varita, enviando de inmediato su patronus con el mensaje al destino señalado.

—Yo creo saber en dónde puede estar —señaló Narcisa, quien se había mantenido en silencio, pensando y analizando para sí los posibles paraderos de su marido.

Sin esperar una respuesta del ministerio: Draco, Hermione, Bruno y Luna, emprendieron camino hacia la antigua Mansión Malfoy que era el lugar en donde, según Narcisa, podría estar escondido, puesto que ese lugar, luego de ser confiscado por el Ministerio de Magia, nunca más había vuelto a ser habitado. Se encontraba en total abandono, siendo el sitio preciso para que Malfoy pudiera ir allá a concretar su plan.

Giovanni se quedó junto a Narcisa, aguardando a que el ministerio enviara a los aurores y explicarles lo que acababa de ocurrir. Para todos era una pérdida de tiempo esperar respuesta del Ministerio. Ellos podrían hacer más y rápido.

Aparecieron en las afueras de la mansión y se encontraba en las mismas condiciones que Hermione la recordaba: lúgubre, oscura, descuidada y con las ventanas tapiadas. Tal como si el sol se negase a iluminarla.

—Los muggles no la ven —dijo Luna.

—Draco, esto ha de tener algún hechizo para que nadie entre —supuso Hermione.

—Ha de ser así, pero yo conozco el hechizo con el cual podremos ingresar todos. Esto ha sido propiedad Malfoy por siglos y tiene sus ventajas ser uno de ellos, en algunas ocasiones. Síganme.

Draco adivinando los pensamientos de su esposa, esos que estaban muy ligados a cierta noche durante la guerra en donde fue torturada y marcada por su tía Bellatrix, le tomó la mano y le besó el brazo en donde tenía esa cicatriz.

—Tranquila, amor mío, encontraremos a nuestro hijo. No estás sola en esto. Nunca te dejaría sola.

—Draco, si tu padre le hace daño a nuestro hijo... yo… yo me muero.

—No amor, nada de eso pasará.

—Pero y si ya…

—No amor, tranquila y tengamos calma. Vayamos —Draco se mostraba seguro y sereno, pero realmente se sentía desolado pues temía por la vida de su hijo. Aun así, debía mantener la cordura y mostrarse fuerte para apoyar a Hermione. Era una heroína de guerra, pero en ese entonces no era madre y ahora estaba en peligro la vida de su hijo. Dos escenarios distintos y su rol había cambiado, por tanto sus fuerzas también. Ya no estaba sola. Nunca más lo estaría.

Abrieron el portón de fierro forjado y avanzaron por el camino de piedras luego de la entrada principal justo en el momento que chocharon la barrera invisible que impedía el avance. Draco sacó su varita e hizo una especie de triángulo en el aire y luego pronunció unas palabras en estonio: «Ukse lahti lai» y volvió a realizar el mismo movimiento, en ese instante el escudo que impedía el paso se desvaneció.

Caminaron con varita en alto por el camino abovedado del puente que unía el portón de acceso con la casa. No se veía nada sospechoso que les indicara que allí había alguien. Sin embargo, todos sabían que Narcisa no se equivocaba y que Lucius debía estar allí.

Hermione iba aparentemente más tranquila, pero sin darse cuenta apretaba más de la cuenta la mano de Draco, quien no decía nada porque entendía la desesperación de ella, sin embargo, cada cierto rato le brindaba una mirada para calmarla, pues sabía que para ella el tiempo en esa casa se había detenido. Debía aún sentir el dolor físico que sufrió, los gritos y los insultos de Bellatrix y la desesperanza de creer que no recibirían ayuda. Para él también era doloroso ese recuerdo. Era lo peor que había vivido durante la guerra, ver cómo la torturaban y él sin poder hacer nada. Un movimiento en falso y todos hubiesen muerto.

Ingresaron a la casa con un simple «Alohomora» y la puerta principal se abrió. Lo que vieron adentro dejó a Draco sin palabras. Estaba todo roto, regado por el piso. Insultos con algún tipo de pintura mágica, en alusión a los Malfoy, amenazas de muertes y dibujos obscenos.

—Fue en otro tiempo, amor. Ya todo ha cambiado —dijo Hermione intentando que Draco no considerara ni se fijara mayormente en los escritos. Él asintió.

—Por acá —Bruno y Luna que iban un poco más adelante se habían desviado hacia las mazmorras, lugar que ella conocía. Draco y Hermione se abstuvieron de subir las escaleras y siguieron a Bruno y a Luna. Caminaron despacio por el pasillo y al final se enfrentaron a una puerta que daba hacia las celdas más profundas de la mazmorra. Despacio y sin hacer ruidos, descendieron lentamente. Ese lugar era lúgubre pero había un poco de luz, entregada por las antorchas de las paredes que estaban encendidas; esa luz era la que había alertado a Bruno y a Luna dando la pista necesaria a seguir.

Cuando llegaron a la primera celda, en la cual se encontraban cuatro antorchas prendidas, lo primero que vieron fue al bebé acostado en el piso en medio de unos papeles y a Lucius a un lado hecho un ovillo con su cuerpo, sudoroso y temblando.

—¿Qué has hecho, padre? Por favor devuélveme a mi hijo.

Entre sollozo y sollozo Lucius, temblando por el miedo miró a Draco, y agotando las últimas fuerzas que le quedaban, con un movimiento de su cabeza, indicó a Draco que podía tomar al niño, que no se esperó y, arriesgándose a recibir un rayo de la varita de su padre, la cual reposaba al lado de este, se apresuró a tomar a Scorpius, que estaba despierto pero tranquilo.

De inmediato se lo entregó a Hermione que lo besó y acurrucó entre los brazos, retrocediendo con su hijo unos pasos, pues temía que algo pudiera ocurrir entre Draco y Lucius.

Pero Lucius, estaba quieto sentado en el piso, debido a que su inmovilidad había regresado y nuevamente se le veía demacrado y enfermo. Él sabía que moría, que ya no había espacio para volver atrás. En ese preciso instante giró la cabeza hacia ambos costados, como buscando algo, momento en el cual una figura color plata y translúcida que estaba adosada al techo, descendió poniéndose a un lado de Lucius y frente a los recién llegados.

Bruno dio unos pasos junto a Luna, dejando protegida por ellos a Hermione y al niño, mientras ellos dos y Draco apuntaban con sus respectivas varitas, tanto a Lucius como al espectro, que no era otra figura, más que Bellatrix Lestrange, con su mismo rostro malévolo y sonrisa diabólica la que los miraba desafiantes.

—Bella… —intentó hablar Lucius con un hilo de voz, pero el espectro soltó un sonido agudo y gritó:

—¡Lucius estúpido! ¡Debiste haber llevado a cabo todo el proceso!

—¿De qué proceso hablas? —preguntó Draco.

—Quería sacrificar a mi hijo. Lo leí en ese libro de rituales…

—¡Hermione sal de aquí, llévate a nuestro hijo! —le gritó Draco y Hermione de inmediato se alejó del lugar.

—¡No te lleves al niño! —gritó la mujer pero simplemente no podía avanzar, pues no tenía fuerzas—. Este bueno para nada, recitó la letanía para sacarme de su cuerpo, pero debió haber matado al niño antes… ¡Y no lo hizo! ¡Prefirió, morir! ¡Pero yo no lo permitiré!

Draco miró a su padre, que seguía tirado en el suelo mirando en forma triunfante al espectro de Bellatrix.

—No puedes hacer nada, malnacida, no lograrás lo que quieres. No, conmigo muerto.

—¡Nooo! —gritó con fuerza la mujer. Volando con las pocas fuerzas que le quedaban hacia el cuerpo de Lucius. Pero este ya había previsto lo que ésta pensaba realizar.

—Hijo, te amo. Cuida a mi nieto y sé feliz con tu mujer

—¡Padre, no!

Lucius Malfoy, puso la varita en su corazón y dijo:

—¡Avada Kedavra! —justo en el momento que la mujer intentaba regresar al cuerpo de él...


NOTA DE LA AUTORA.-.-.-.-.-.

SORPRESA! JAJAJAJ ACTUALIZACIÓN NO ANUNCIADA! JEJEJE

Bueno les cuento que ya nos queda muy poquito de esta historia y por lo mismo les agradezco el tiempo que han invertido en leer! Y por lo mismo, no dejen de comentar.

Mil abrazos, Gin