25.- Trabajo VS Amor.

Poco más de una hora después, casi todo estaba listo para cuando llegaran los invitados, Kaori había cocinado ravioli, con salsa bolognesa en un recipiente aparte y envió por comida rápida a un local de sushi que estaba por el vecindario.

-Listo, ravioli con sushi, muy "Japoitaliano" y algunas botanas, no creo que me maten por no hacer algo tan elaborado. – Suspiró.

Mientras tanto, Francesco y los niños estaban limpios y arreglados, mirando las bolsas de compras y paquetes que él y Kaori habían comprado esa tarde. Por su parte ella había quitado su uniforme de trabajo de allí para esconderlo en su habitación antes que los gemelos lo vieran.

-No te preocupes, eso huele genial, apuesto que con la salsa todo quedará perfecto. – Francesco le habló desde el sillón cerca del sofá.

-Sí, eso espero…. Bueno, iré a arreglarme, aún tengo una media hora, me ducharé rápido. Oh, no permitas que los niños se acerquen aquí, todo está caliente. – Le advirtió la pelirroja.

-Ya escucharon, tesoros, nada de ir a la cocina. – Repitió el Italiano a sus hijos.

-¡Sí! – Confirmaron ambos, pero estaban más concentrados en los regalos que en otra cosa.

-¡Vaya! Qué lindo vestido púrpura, muy moderno, me encantan los cortes que tiene en los hombros, es sencillamente precioso. – Luccia admiraba una de sus nuevas adquisiciones, las mangas del vestido eran cortas, pero los cortes de los que ella hablaba eran como pequeños pétalos de flor que caían por los hombros, todo del mismo tono de púrpura y aunque era completo, la falda parecía una división que comenzaba desde la cintura.

-Tú madre lo eligió, creo que tiene muy buen ojo. – Comentó Francesco.

-Lo sé, tiene un gran sentido estético, oye nosotros vivimos en una casa pequeña, pero mamá sabe lo que es bueno. – Luccia defendió su punto.

-Princesa ¿Dónde sacas palabras tan grandes? – "Sentido estético" Otra vez lo había sorprendido.

-¿No lees revistas de moda japonesa? ¿O es posible que en Italia no haya? – Preguntó la niña.

-No, la verdad no suelo leer mucho…. Pero ya me quedó claro. – Sonrió y después miró a Lucciano. -¿Qué dices tú, Lucky? ¿Te gustan tus regalos?

-Sí, gracias…. – Sostenía una camiseta oficial del equipo de fútbol de Italia. – No creí que hubiera camisetas oficiales de la Squadra Azzurra en el centro comercial.- (Nota: Squadra Azzurra: "Escuadra Azulina o Azul." Es el sobrenombre de la selección de fútbol soccer de Italia.)

-Pues, hay de todas las selecciones en la sección de deportes ¿Nunca has ido a echar un vistazo?- El corredor preguntó curioso.

-No, porque cuando vamos de compras con mamá, sólo vemos lo que ella dice que es necesario. – Respondió el niño, dejando la camiseta a un lado y viendo una réplica de un Ferrari FR que tenía en otra caja. Después miró a su padre. – Oye papá…. ¿Extrañas las pistas? –

Francesco quedó viéndolo un momento, así como también al coche dentro de su caja.

-Yo…. Sí, me he perdido una, la próxima será el fin de semana. No llevo los entrenamientos que debo…. Pero, también quiero estar con ustedes, no puedo hacer tantas cosas, prefiero quedarme aquí. – Él decía todo neutralmente, pero por dentro estaba partido en dos, al recordar que las carreras eran una parte fundamental en su vida, que había nacido para eso y ahora... –Bueno, vamos a ordenar todo esto para poner los platos en la mesa, así ayudamos un poco a mamá antes de cenar ¿Qué les parece? – Inmediatamente sonrió, para así no pasar su angustia a los gemelos e ideó esas tareas para no pensar tanto en cosas que echaba de menos.

Lucciano y Luccia lo miraban, no muy convencidos de sus palabras, de todos modos comenzaron a ordenar todo cuando su padre lo dijo.

20 minutos después, Kaori estaba casi lista, se vistió rápidamente, colocándose unas calzas negras y un vestido rojo sin mangas encima, sólo un par de tirantes. Tenía 10 minutos para peinarse, ponerse un poco de maquillaje y perfume.

-Ay no, el tiempo, el tiempo…. ¿Pero ellos llegarán a la hora predicha? – Hablaba mientras corría de un lado a otro, tomaba su cepillo para el cabello y buscaba en un mueble su caja de maquillaje. –Afuera no se oye ruido ¿Qué habrá pasado? – Se preocupó porque desde su habitación hacía el living comedor no escuchó nada. O tal vez sus neuróticos pensamientos la tenían tan nerviosa que eran más fuertes que cualquier ruido.

Después de acabar, la pelirroja abrió despacio la puerta de su habitación y miró alrededor, Francesco y los niños estaban en el segundo piso, guardando todo lo que estuvo en algún momento sobre el sofá.

-Vaya, está todo ordenado…. Y la mesa, arreglada. Qué bonito. – Ella sonrió. –Lo único que lamento es no haber comprado otros pares de pantuflas para ir por la casa. Los que tengo son los que les presto a mi abuelo cuando viene de visita, y cuando Garou visita a los gemelos, él trae las propias…. Bueno, supongo que ya es tarde para eso. – Luego de sus reflexiones, fue a revisar la comida.

En dos minutos, el Italiano y sus hijos estaban de regreso.

-Ordenamos todo mamá. – Dijo Lucky muy satisfecho de su trabajo, colocándose a un lado de su madre.

-Gracias mi amor, fue de mucha ayuda, la mesa les quedó muy bonita. – Comentó Kaori.

Después de ese comentario, el timbre sonó. Todos miraron a la puerta, Kaori estaba ansiosa, esperaba agradar a la gente que trabajaba con el corredor.

-Yo voy. – Ofreció Francesco, y fue rápidamente a abrir. Cuando lo hizo se encontró de frente con casi todo su equipo. -¡Hola! Bienvenidos. Me alegro que les fuera fácil encontrar la dirección. –

En total eran 5 personas: Giussepe, el jefe y entrenador de Francesco, Carlo, el mecánico estrella del equipo, Salvatore o "Sal", quien conducía el camión que llevaba el FR del corredor a todos lados por carretera, Fausto, su representante legal en todos los eventos además de sostenedor del equipo y por último Evan, piloto de alto rango, un poco más joven que Francesco y quien había sido convocado como refuerzo.

-¡Francesco! Estás vivo, pensábamos que seguías perdido por el país. – Dijo Carlo como broma, Giuseppe había dicho a todos como estaba la situación.

-¿Quién te dijo que Francesco no estaba bien? – Sonrió el corredor y dejó entrar a todos, no sin antes hacerlos quitarse el calzado y dejarlo en la entrada.

-Con permiso, buenas noches. – Saludó amablemente Giuseppe, quién vio a Kaori y a los niños de pie cerca de la cocina.

-Hola…. Buenas noches…. – La pelirroja estaba tan nerviosa que saludó algo tímida.

-Mi nombre es Giuseppe Motorosi y mis acompañantes, el señor Fausto Bugatti, Carlo y Evan Maserati y nuestro chofer de carga pesada profesional, Salvatore Camionista.- Presentó a todos y se quedaron de pie allí mismo.

Los gemelos se ocultaron tras su madre, apenas asomaron un poco el rostro, ella les acarició la cabeza. Su reacción no era la que ella esperaba. Lucciano y Luccia miraron especialmente a Salvatore, quien era un hombre muy grande, alto, algo lo hacía verse un poco como un oso, más con mucha barba alrededor de su faz y cejas tupidas.

-Oye Ciccio, que chica más guapa…. Pero no es japonesa, yo pensé lo contrario ¿No tiene una hermana? – Susurró Carlo a su compañero, mientras mantenía una pose erguida, con las manos en los bolsillos de su chaqueta de vestir.

-No, no tiene. – Respondió Francesco un poco tosco.

-Bueno… ¿No quieren sentarse? Estábamos a punto de cenar ¿Gustan acompañarnos? – La pelirroja se acercó a todos, los niños aún permanecían cerca de la cocina. – Por cierto, mi nombre es Kaori, mucho gusto y ellos son mis hijos, Lucciano y Luccia. – Ella se presentó a sí misma, también a los gemelos aunque no dijeron nada posteriormente.

Obviamente no iba a contar la historia acerca de que los pequeños eran obra y gracia de una aventurilla que tuvo con Francesco hace más de 6 años. No veía al caso, hubiese estado muy fuera de lugar.

Luccia observó atentamente, como su madre había hablado con ellos, supuso que ella también podría. Pero primero, puso sus ojos en Carlo, sonrojándose un poco, realmente era un hombre muy atractivo, fue como ese amor caprichoso de una alumna hacia un maestro.

Tomó de la mano a su hermano y lo forzó a ir con ella.

-No quiero…. – Se quejó Lucciano, de todos modos fue.

-Hola, me llamo Luccia, tú eres el jefe de papá, te llamas Giuseppe ¿Verdad? – La niña le habló a uno de los más grandes, Giuseppe parecía de más edad que todos, el segundo era Fausto. Le dijo eso con tal confianza que Kaori casi se eriza como un gato.

-¿"El jefe de papá"? – Repitió Fausto, y miró a Francesco, interrogante, recibiendo en respuesta una sonrisa muy natural.

El hombre de traje gris, cabello castaño y bien peinado no sabía nada de nada, los únicos enterados allí eran Carlo y Giuseppe.

Fausto Bugatti, patrocinaba y arreglaba todo lo que tenía que hacer el corredor, sobretodo en comerciales, revistas y entrevistas, le decía cómo moverse, cómo vestir y hasta cómo llevar puesta una bufanda si era necesario, pero todo fuera del circuito.

-Sí…. Sí, yo soy el que entrena a Francesco, es un placer, pequeña Luccia y ¿Lucciano? ¿Verdad? – Dijo el viejo Motorosi a ambos niños con una amistosa sonrisa, luego llevó su mirada hasta Kaori. – Es un gusto, Kaori, no tienes por qué estar tensa, sólo vinimos a conversar y creo que nos encantaría acompañarlos a cenar ¿Cierto, caballeros? – Preguntó a su equipo.

-¡Claro! Yo tengo hambre, seguro que todo está delicioso, el olor de la salsa se podía notar desde afuera.- Esta vez la voz era de Sal, su tono era tan profundo, pero amable. Parecía un Santa Claus, más joven y de cabello oscuro. Curiosamente él no opinó respecto a la frase de Luccia.

Los demás estuvieron de acuerdo, aunque daba la impresión de que Fausto tenía ganas de irse rápido.

-Entonces, vengan por favor, o todo va a enfriarse. – Ofreció Kaori y pronto fue a servir los platos llenos de ravioli adornados cada uno con algunos rollos de sushi alrededor, y los potes de salsa bolognesa y soya que podían servirse a gusto. –Perdón porque no es una cena tan fina…. El tiempo no me dejó elaborar algo mejor. – La pelirroja se disculpó a la vez que dejaba un platillo para cada uno, mirando como todos tomaban un asiento.

-No hay problema, Kaori, nosotros comeremos lo que se nos sirva. Además se ve muy bien. – Dijo Carlo, acomodándose en una silla.

-Bueno, gracias. – Ella se apenó un poco.

Luccia se sentó en medio de Carlo y Evan, los primos Maserati, ambos eran tan lindos, que la niña estaba muy cómoda con su lugar. Qué lástima que fueran mucho mayores.

Generalmente a Lucky le gustaba sentarse en la cabecera de la mesa, porque era llamativo, pero ahora no quería que nadie lo notara, así que mejor ayudó en silencio a su madre a llevar un par de botellas de refresco. De cualquier manera, Fausto si estaba viendo bastante al niño, había algo en él…

-Motorosi. – Llamó el hombre de traje gris, a quien estaba sentado a su diestra. - ¿No crees que ese chico es demasiado parecido a Francesco? – Susurró.

-¿Tú crees? – Respondió el viejo corredor, como siempre con una pregunta que confundía a todos.

Bugatti no volvió a hablar, sino sólo para hacer un par de comentarios aparte.

Después de la cena, la pelirroja levantó todos los platos de la mesa, Luccia y Francesco la ayudaron a apilar todo cerca del fregadero. Ella limpiaría toda la loza después.

-Fue una gran cena, muchas gracias. – Dijo Carlo a Kaori, con una sonrisa.

-Sí, gracias. – Secundó Evan, con su voz tan suave que parecía un susurro, él era un hombre muy tranquilo, contrario a todo el ego de Francesco, tímido, sencillo, de rostro pálido, cabello rubio oscuro y corto peinado hacia atrás, con un par de mechones que caían sobre su frente, sus ojos color ámbar eran tan únicos y misteriosos como él mismo pero grandes y vibrantes como un par de soles.

-No hay de qué. – Respondió ella aún un poco ruborizada, luego llamó a sus hijos para llevarlos arriba. – Disculpen, los dejaremos con sus asuntos a solas, yo me retiro a preparar a los niños para dormir. Con permiso.

La pelirroja se llevó a Lucciano y a Luccia, que se despidieron de todos, luego dejaron al grupo de hombres sentados en el sofá y sillones del living-comedor.

-¿Y? ¿Qué les parecen? – Preguntó Francesco al grupo, una vez a solas.

-Son muy lindos.- Sonrió Salvatore, respecto a los niños.

-Sí, pero Francesco, no vinimos a hablar de ellos, vinimos por tu situación estos últimos días, no me imaginé que te encontraríamos en una casa particular con una mujer y dos niños pequeños ¿Qué pretendes? ¿Qué la prensa hable más de lo que ya puede? – Fausto estaba un poco molesto, habló un poco golpeado y entre dientes. -¿Te das cuenta que me estás costando miles de dólares cada vez que te ausentas de una carrera, de alguna grabación de comerciales? Estamos en poco más de la mitad de la temporada, sabes que no es un juego.

-No estoy jugando, señor Bugatti, entiendo completamente el punto, pero estas personas no son un juego, tengo una razón muy grande e importante para estar aquí. – Respondió Francesco.

-¿Qué puede ser más importante que tu carrera? Mira esto. – Fausto sacó desde dentro de su chaqueta una revista deportiva con un título enorme en letras amarillas redondeadas con rojo que puso sobre la mesita de centro. Esto ponía: "Gina Fiori anuncia su repentino rompimiento con famoso corredor de FR."

-Así que Gina está haciendo escándalo, qué tontería. No me importa lo que ella diga, yo sé lo que pasó entre nosotros ¿En qué le afecta que esto se haya terminado? En nada. –

-La verdad es que no tiene tanta cabeza, pero en eso tiene su grado de sinceridad, he leído el artículo y no ha dicho nada más que, ya no se agradaban, simplemente eso y que no se siente mal por eso, sigue trabajando. – Aportó Giuseppe, y era cierto, sólo decía eso.

-Pero Francesco, esa chica era una bomba, era perfecta para ti, para tu imagen. Para la imagen del equipo ¿Por qué? – Fausto aún no comprendía.

-Por eso, porque era una imagen, yo no lo amaba. No quiero pasar toda la vida con una mujer a la que no amo. – Respondió el corredor.

-No es necesario que se amen, ella estaba dispuesta a acostarse contigo y todo eso sólo porque sí. – Bugatti aun intentaba convencerlo.

-Fausto, escucha, mi edad de mocoso caprichoso ya se fue, no quiero una muñeca, quiero una mujer, una mujer real…. Alguien que me quiera honestamente y a quien yo pueda entregarle el mismo cariño, una persona con quien compartir la vida, no por imagen, sino por amor. – Se explicó Francesco, sinceramente.

-Eso toma tiempo, por lo mismo que ya no eres un mocoso, necesitas una chica a tu lado. Es más fácil comprar a alguien, si quieres puedo hacerlo ahora mismo. – Ofreció Bugatti a punto de sacar su celular para hacer las llamadas correspondientes.

-Ya la tengo…. – Respondió rápido antes de que el hombre con el quien hablaba cometiera una tontería.

-¿De qué hablas? – Fausto notó que los demás estaban muy silenciosos, así que los miró fugazmente.

-Díselo, Ciccio. – Recomendó Carlo entre un gran suspiro, sentado en el sofá junto a Giuseppe y Evan.

-Está bien…. Yo, tengo una mujer real, estoy con Kaori, quien vive en esta casa. – Reveló el corredor.

-¿Qué? – Fausto se quedó de piedra, comenzó a reír con confusión. Pero pronto pidió una buena explicación. Le pareció que era el único que no sabía nada de nada.

Continuará...

Disclaimer:

-Kaori, Luccia, Lucciano, Evan y Fausto son personajes que me pertenecen a mí, como esta historia. (c) Shadoru.
-Los otros personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.
-Nota: Salvatore Camionista es un nombre ficticio que le puse a "Sal" que es un personaje de Cars, originalmente es el camión que lleva a Francesco, pero como hay 3 personajes que se llaman Sal en la saga de Cars, decidí ponerle un nombre un poco más concreto.