Notas del traductor: Me encantó leer sus opiniones… En lo personal, opino que Narcissa lo intentó muy tarde, pero más vale tarde que nunca… Y al final de cuentas Draco ya está un poco más querido.
Ah, dice Jillian que hay notas al final.
El maestro de pociones estaba convencido de que Dobby había estado lidiando con una ilusión causada por todas las maldiciones cruciatus de Lucius, hasta que vio al chico por sí mismo. Muy pocas cosas lo sorprendían, pero el ver a Draco compartiendo comida con su madre con calma, era una imagen que nunca habría esperado ver.
Se quedó sin palabras cuando hizo notoria su presencia.
—¡Amo Severus!
El joven saludó a su protector de la infancia con una sonrisa feliz. Severus hizo un gesto casi imperceptible. Sus ojos estaban fijos en Narcissa, aun cuando se dirigía a Draco.
—Vine a la mansión Malfoy hoy, por solicitud del Señor Tenebroso. ¿Cómo es que tú estás aquí también? Lord Voldemort no es conocido por su trato amable hacia los discapacitados mágicos.
Draco se calmó un poco.
—Estoy aquí porque así lo ordenó él. Dos de sus seguidores me trajeron de vuelta a la mansión en contra de mi voluntad.
—¿Y usted, señora Malfoy? —preguntó fríamente.
—Estoy aquí por mi hijo.
—Así parece. —Los detalles de sarcasmo casi la hicieron hacer un gesto, pero Narcissa Malfoy no era cualquier mujer boba.
—Así es, Snape. Tengo que admitir que no esperaba que tú supieras de la existencia de mi hijo. ¿Cómo es que te enteraste?
—Unos elfos desesperados tratando de salvar a su joven protegido de una dolorosa muerte. Dígame, señora Malfoy. ¿Quién de ustedes utilizó la maldición cruciatus en un indefenso niño de tres años?
Narcissa palideció, pero su voz se mantuvo fuerte.
—Lucius lo hizo, pero yo no me opuse en ese momento.
—¿Y ahora?
—Moriría por mi hijo —reconoció con simpleza.
—Parece ser que Draco la ha perdonado. —Draco asintió con ganas—. Tiene una inocencia poco común y una buena voluntad. Bastante único para un nacido de los Malfoy. Sin embargo, eso no explica por qué el Señor Tenebroso lo quiere aquí. ¿Usted sabría por qué?
—Para nada. Bella y Lestrange lo trajeron aquí en contra de su voluntad. Lord Voldemort lo dejó a mi cuidado y ha permanecido en su cuarto desde entonces. No quiero que esté cerca de ellos, dado que Voldemort se ha reservado sus razones para sí.
Severus miró de reojo al chico, mientras éste doblaba su servilleta y ponía las cubiertas en las bandejas de plata, para que los elfos se las llevaran. Estaba tratando de ser discreto, mientras escuchaba con atención al intercambio entre su madre y el maestro de pociones. Parecía que no había superado su naturaleza inquisitiva.
Después de unos momentos de silencio, Draco se atrevió a hacer su pregunta.
—Amo Severus, señor. ¿Sabe algo acerca de Harry? Me refiero a Harry Potter…
Severus entrecerró los ojos cuando el detestado "Elegido" fue mencionado. Había olvidado que Potter había confesado que conocía a Draco y que, de hecho, lo consideraba un amigo.
—El bienestar del Niño que Vivió no es algo a lo que dedique mi preocupación, Draco. No obstante, estoy enterado de que el insufrible cretino está vivo y a salvo, aunque bastante desgastado por los esfuerzos del Señor Tenebroso.
Draco contuvo el aliento, sin poder contener su pánico.
—Pero, señor, eso significa que Harry está en peligro. Debe haber algo que podamos hacer.
—Nunca he entendido la fascinación de todos por Potter. No he conocido a un mago más descuidado, con la excepción de Neville Longbottom. Potter no tiene talento extraordinario. Ha logrado escapar de algunas situaciones delicadas por la simple combinación de suerte del tonto y de sus amigos más talentosos que él. Es mediocre, por decir lo menos, aunque es tan fastidioso y egocéntrico como lo era su padre.
—Señor, por favor no hable de Harry de ese modo. Él es un gran mago. Él… —comenzó Draco.
—No nos preocupemos por Potter, ya que nos sobrevivirá a todos, pues su tipo de estupidez no puede borrarse tan fácilmente de la pila genética. Ahora lo que me preocupa es tu bienestar. Me imagino que esta preocupación la comparte usted, señora Malfoy.
Narcissa asintió seriamente.
—Mi compromiso para ese fin no es menor que el tuyo. Sin embargo, imagino que querrás más prueba, una prueba mágica, de mi parte.
En respuesta, Narcissa estiró la mano y miró a Severus a los negros ojos. El hombre tomó su mano. Narcissa cerró los ojos y concentró su magia en sus palabras.
—Severus, ¿prometes cuidar a mi hijo, Draco, por más difícil que eso pruebe ser?
—Sí —respondió con simpleza.
—¿Y prometes, hasta donde tus habilidades te lo permitan, protegerlo de cualquier daño?
—Lo haré —juró Snape.
Draco miró fascinado mientras el juramento pasaba entre la bruja y el mago. Chispas rojas sellaron su promesa. Le era desconocida ese tipo de magia fuerte y arcana, pero sentía que algo importante acababa de suceder, y él había estado en el medio de todo.
~TBC~
Notas de la autora: Me encanta escribir a Snape. Puede que se mi personaje favorito y quedé muy infeliz cuando lo mataron. Lamento la longitud del capítulo, pero dos cosas significativas suceden en el siguiente: Harry regresa y aprendemos algo importante acerca de Draco. Lo tendré listo en cuanto pueda.
Notas finales: ¿No aman a Snape?
Adigium21
