Hola!! Esta vez vuelvo pronto, en principio este es el penúltimo capítulo, aunque tal vez haga un epílogo, no estoy segura. Depende de vosotros.

En este capi también habrá saltos en el tiempo, así que estar atentos. Espero que os guste.


**************

CAPÍTULO 25

**************

29 Octubre 1982

¿Cuántas veces, y de cuantas maneras se puede romper un corazón y continuar bombeando sangre, esa sangre que estás segura de haber derramado en forma de lágrimas hasta quedarte seca?

Infinitas, esa es la respuesta. Claro, que esta vez me lo he ganado a pulso. No tengo excusas, pero no me importa y, ahora de verdad, ya no me importa nada. Ya no lloro, hace casi un año que dejé de hacerlo.

- Black, tu turno.

Me giro hacia Snape, que me señala con la varita a la mujer que está tumbada en el suelo. La miro con indiferencia.

- Avada Kedavra - pronuncio con voz firme. Un destello verde en los ojos de Marlene McKinnon y después, nada.

- Bien hecho, Natasha - me dice Bella - Esa no iba a soltar prenda, ¿te has dado cuenta de la forma tan estúpida que tienen de morir?

- Lealtad a la Orden del Fénix - contesto - Un nombre estúpido para un grupo inútil, pero, ¿qué se podía esperar de ellos?

Bellatrix se carcajea, y nos sonreímos cómplices. Después su mirada se centra en el mortífago que está inclinado sobre el cuerpo inerte, con desprecio.

- ¡Yaxley! Ya te has divertido suficiente, ¡vámonos!

Tras su orden, todos nos desaparecemos.

************

Un año antes.

2 Agosto 1981

Leo la carta dos, tres veces más. Esa es la carta que llevo más de un año esperando y ahora me llega a modo de consuelo. Lily ya ha tenido a su hijo, y quiere que le conozca, que sea su madrina, quiere venir a mi casa, a la mansión Black. Me quedo mirando el pergamino sin parpadear a penas, paso con suavidad mis dedos sobre las palabras en relieve de mi antigua amiga y, lentamente, una sonrisa se me empieza a dibujar en los labios.

Cuando esa misma tarde suena el timbre, bajo apresurada las escaleras. Por fin he salido de la habitación, y me he vestido, lavado y maquillado hasta parecer una persona normal. Cuando llego frente a la puerta, me quedo unos segundos parada ante ella, dudando. Un Black nunca duda me parece escuchar la voz de Reg. Hago una mueca, claro, un Black no duda en lanzarse de cabeza a la muerte. Sacudo la cabeza, eso ahora no importa, voy a ver a Lily y a James. Respiro hondo y tiro de la puerta para abrirla.

Están los tres, los Potter. James, alto y definido, y como no podía ser de otro modo, con el aspecto de haberse bajado de una escoba hace unos segundos. Lily, una cabeza más baja que su marido, con su llamativa melena pelirroja, sus increíbles ojos verdes, y una sonrisa tensa en los labios. Y por último, en un cochecito para bebés, está Harry, con una pelusilla negra en la cabecita, con unos ojos almendrados con el color aún sin definir, tan pequeño…

- Hola - les saludo, sin tener muy clara mi forma de actuar. - Adelante.

Me aparto un poco de la puerta para que puedan pasar, después les guío hacia la sala del té, les señalo un sillón donde pueden sentarse.

- Kreacher - digo sin alzar la voz - ¿Puedes llevarte los abrigos de los señores Potter? - no suelo hablarle así, pero a Lily le disgusta el maltrato a los elfos domésticos, este en concreto me mira, abriendo al máximo los ojos por haberle pedido coger el abrigo de una sangre sucia y un traidor. Le miro con dureza - Sin rechistar, y tráenos té…, por favor.

- Sí, señora - contesta con los dientes apretados antes de hacer una reverencia. - Enseguida.

Cuando el elfo desaparece, nos sumimos en un silencio incómodo durante unos segundos. Lily sonríe, algo menos tensa que al principio. Tal vez podamos retomar aquella confianza de antaño, volver a ser las amigas que éramos. Quizás quedemos la semana que viene para comer, y me cuente que James se deja siempre la tapa del váter levantada, que Harry no les deja dormir por la noche, a lo mejor podemos intercambiar recetas sin importar que yo odie cocinar. Es posible que también me cuente cómo la madre, o la abuela de James se entrometen continuamente en su matrimonio. Yo también sonrío, lo más ampliamente que puedo.

- Bueno, y ¿qué tal la vida de padres casados? - pregunto.

- La de padres bien - contesta James apretando la mano de Lily, y se acerca de forma confidente a mí antes de susurrar - La de casados no tanto, mi esposa es muy celosa.

- ¡De eso nada! - exclama mi amiga medio en broma medio en serio - Lo que pasa es que miras a todas las que pasan por tu lado. - Se gira y me mira - ¿Verdad que Régulus no…? ¡Oh, Dios mío! Lo siento, Tasha, yo no quería…, no pretendía…

Intento que no se me note la mueca en los labios, respiro mientras ella se disculpa, y sé que lo hace sinceramente, no quería herirme. Y me ha llamado Tasha. Me obligo a sonreír.

- Tranquila, Lily - digo, y me alegro de escuchar mi voz firme - No, la verdad es que yo con Reg no tenía ese tipo de problemas. James, no deberías hacer eso.

Y en ese momento me doy cuenta. No volveremos a ser las amigas que fuimos. No puede haber confianza, y sin confianza no hay amistad posible. No, yo no tenía ese tipo de problemas con Reg, porque él era homosexual y estaba enamorado de vuestro amigo Remus, me hubiese gustado contestarle.

- Bueno, dejando eso a un lado, nos va bastante bien como casados - dice James.

- Ya lo veo - contesto evitando mirar los ojos de Lily - Y aquí tengo la prueba de ello.

Señalo al cochecito desde donde el pequeño Harry me mira, o al menos eso me parece ver a mí.

- ¿Quieres cogerlo? - me pregunta Lily. Yo la miro con los ojos casi desorbitados.

- Gracias Lily, pero no he cogido a uno de estos en mi vida, no sé hacerlo, y tampoco me quiero arriesgar con tu hijo.

- Uno de estos, es un bebé, Tasha - dice James - Además, no me irás a decir que a una Gryffindor le da miedo coger a un bebé.

Gryffindor, es cierto, soy una Gryffindor, ya ni me acordaba…

- Es demasiado pequeño - digo.

Lily sonríe y se levanta para coger a su hijo en brazos.

- Quédate sentada, y yo te lo pondré en los brazos - dice - No te muevas, y mantenle sujeta la cabeza.

Yo asiento, mientras sigo sus indicaciones temo hasta respirar. Doy un respingo inconscientemente cuando sus dedos rozan sin querer mi antebrazo izquierdo, pero pasa desapercibido.

- Bueno, ¿qué tal os ha ido todo en este tiempo?

Lily y James intercambian una mirada, incómodos.

- Bien - me responde James - Unos días mejor que otros, pero no nos quejamos.

- ¿Y a ti? - me pregunta Lily.

Y volvemos a lo mismo de antes, no hay y no puede haber confianza. Tantas cosas que me gustaría compartir con ella, todo lo que me ha pasado durante un año, tantos momentos en los que me hubiese gustado que ella estuviese conmigo: la muerte de mi madre, mi boda, mi infiltración como espía en los mortífagos, mi reconciliación con Sirius, la verdadera razón de la muerte de mi esposo…

Tantas cosas que contar, y ninguna puede salir de mis labios.

- Bueno, digamos que ha sido… intenso.

- Comprendo - contesta Lily, seguramente que haya llegado a la misma conclusión que yo.

Se remueve incómoda en el sillón. Silencio, también incómodo; antes este tipo de silencios no existían entre nosotras. De pronto el pequeño Harry comienza a llorar, salvándonos a todos de esta situación.

- ¿Qué pasa, qué he hecho? - pregunto preocupada, evitando moverme.

- Nada, tranquila Tasha - dice James sonriendo, cogiéndome de la mano mientras Lily levanta al bebé. Yo miro la mano que rodea la mía con ternura. Algo se agita en mí, algo que no puede salir. - Los bebés lloran, eso es todo.

- Tiene hambre - dice Lily - Hace ya un rato que debería haber merendado.

La excusa perfecta.

- Deberíamos irnos, Lils - dice James mirándola. Ella le mantiene la mirada unos segundos antes de asentir.

- Tienes razón - dice metiendo a su hijo en el carrito - Lo siento, Tasha.

- No te preocupes - digo haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia - Ya nos veremos.

- Pronto, tienes que venir a ver nuestra casa - propone.

- Claro, cuando…

Me interrumpo cuando comienza a arder mi antebrazo, mi marca, mi condena. Mantengo el gesto lo más sereno que puedo.

- ¿Qué te ocurre? - Lily se acerca a mí preocupada, apoya una mano en mi hombro, y yo me aparto.

- Yo… - respiro hondo - Lo siento, pero no me encuentro muy bien.

- ¿Has ido a San Mungo? ¿Quieres que llame a Beth?

- Tranquila, Lily - digo intentando sonreír a pesar de que el dolor es cada vez más intenso. Tengo que ir ya - No he ido a San Mungo, pero me ha visto un sanador. Ya me ha pasado esto con anterioridad, está controlado, solo tengo que acostarme un rato.

- De acuerdo - me mira no del todo convencida - Ya nos vamos.

Kreacher nos está esperando en la puerta con los abrigos. Me los da a mí, pues no quiere acercarse a Lily. Le miro acusadoramente antes de que desaparezca.

- Iré - contesto.

- Hasta pronto, Tasha - James se acerca y, para mi sorpresa, me abraza levemente.

- Adiós - contesto antes de que Lily se haga eco del gesto de su marido con más ímpetu.

- Te he echado de menos.

- Yo también, Lils - contesto elevando mi brazo derecho para devolverla el abrazo, pero no me da tiempo, pues se aparta y mi brazo izquierdo vuelve a arder con más fuerza que antes. - Adiós, chicos.

Cuando la puerta se cierra, yo desaparezco.

*************

Presente

29 Octubre 1982

Como siempre, las habitaciones del Señor Tenebroso están sumidas en la oscuridad, pero ya no me importa, ni tampoco el frío. Tengo órdenes de reunirme con él tras haber acabado con McKinnon, para prepararlo todo, así que aquí estoy.

Esta noche se presenta una gran batalla, o eso suponemos todos, pues el Lord lleva tiempo planeando esta noche. Algunos mortífagos van a atacar el callejón Diagon y sus alrededores muggles. Mientras los del círculo, vamos a atacar con nuestro Señor el ministerio de magia. Rookwood va a ocupar el papel de nuevo ministro cuando el Señor Tenebroso se haga con el poder ministerial, pero como Augustus está bajo el mandato del Lord, pues este será la máxima autoridad mágica. Estamos todos deseosos, aunque él, el mago más poderoso de todos los tiempos, está más preocupado por la noche de Halloween que es dentro de dos días, no sé por qué, la verdad, pero tampoco se lo voy a preguntar.

Si tuviese una bola de cristal para ver lo que nos depara el futuro inmediato… Y no solo al mundo mágico, sino a mí.

Llamo a la puerta, y esta se abre dejándome pasar. El Señor Tenebroso está, como de costumbre, sentado en su gran asiento, acariciando la escamosa cabeza de Naginni.

- Natasha, ¿ha ido todo bien?

- Todo perfecto, mi Lord - contesto.

- Bien - dice.

- ¿Preparada para esta noche?

- Sí, señor - contesto - Estoy ansiosa porque llegue.

- Yo también, yo también - responde. Se queda unos minutos en silencio, y yo, insegura, doy un paso hacia atrás dudando entre retirarme o no - ¿Sabes, Natasha?

Su voz interrumpe mi retirada.

- No, mi Lord, dígame.

- Has progresado mucho, estoy contento contigo.

Sonrío, hinchándome de orgullo.

- Gracias, señor.

- Esta noche vas a operar en el grupo de Bella, por lo que me ha dicho trabajáis bien juntas, ¿no?

- Así es - contesto asintiendo con efusividad. Vaya, en el grupo de Bella, wow, es en la que más confía. - Gracias, mi Lord.

Él asiente con la cabeza, y después hace un gesto indicando que ya puedo retirarme. Cuando salgo de su habitación me encuentro con Alec.

- ¿Qué tal ha ido? - me pregunta.

- Genial -contesto - Esta noche voy a estar en el grupo de Bella.

- Eso es estupendo - dice, después se acerca a mí apoyando una mano en mi cadera, empujándome hacia la pared - Habrá que celebrarlo, ¿no?

- Claro - contesto antes de unir mis labios con los suyos.

*************

2 Agosto 1981

Llego a las cuevas y están todos esperándome. Nada más poner un pie en el círculo caigo al suelo al ser alcanzada por la maldición.

- No puedes permitirte llegar tarde, señora Black. - dice el Señor Tenebroso. - Ya nos hemos encargado de Régulus, no hagas que me tenga que encargar también de ti.

Lo dudo, pienso, pero enseguida me obligo a centrar mi atención en el hombre justo cuando él deja de prestármela a mí. Me levanto del suelo, y ocupo mi lugar en el círculo, justo en el extremo opuesto al lord, soy la última mierda de los mortífagos.

- Os he reunido hoy para informaros de que si todo sale bien, va a unirse un nuevo compañero a nuestras filas - dice señalando a una figura algo rechoncha y bajita situada a su lado. - No os revelaré su identidad…, hasta que haya superado todas las pruebas. Es posible que haya traidores entre nosotros, y esta adquisición va a ser muy importante para el futuro de esta empresa.

La silueta se mueve, y algo en ese gesto me resulta familiar, pero ahora mismo no le ubico. Es igual, no creo que sea importante, por mucho que el-que-no-debe-ser-nombrado diga que sí. Le escucho sin escucharle realmente mientras suelta uno de sus discursos.

Tras su consentimiento, la reunión se disuelve y yo vuelvo a casa.

15 Septiembre 1981

Ayer estuve en casa de Lily y James, es muy bonita, pero el gato no dejaba de frotarse contra mi pierna… . Al rato de llegar yo, vino Beth. Si antes de que llegase ella ya el ambiente era incómodo, pues no había nada de lo que hablar, solo de biberones, pañales, etc., cuando llegó Beth, todo empeoró.

- ¿Hoy no me vas a saludar con un cruccio? - ese fue su saludo.

Y así fueron las cosas durante el tiempo que estuve allí. Lily le dirigía miradas de advertencia, y a mí de reproche, aunque se empeñase por ocultarlo. Eso me hizo sentir bien, Lily era capaz de olvidar los errores que yo podía haber cometido.

Volví a casa con la promesa de que Lily me llamaría o escribiría para vernos de nuevo.

************

20 Octubre 1981

Vaya, hoy he visto a Peter, he estado de nuevo en casa de los Potter, y estaba él allí. Está algo más gordo que la última vez que le vi, y más calvo. Bueno, es igual. James me ha contado que el mes que viene se van a ir Lily, Harry y él a algún lugar hasta que pase el peligro. Él querría quedarse, pero no puede poner en peligro a su familia. Yo lo entiendo, aunque en verdad me da pena que se vayan justo ahora, pero tienen razón, cuanto más lejos estén, mejor.

Sirius no para de escribirme constantemente, pero no quiero hablar con él. ¿Por qué no se da por enterado? Verle me hace pensar en Régulus, y no me apetece. Y me hace recordar lo feliz que creí que podía llegar a ser durante un tiempo para después quitármelo todo. No, tengo que pensar en mí, y Sirius tiene que quedar en el pasado. Lo hemos intentado más de tres veces y en todas ellas ha habido algo que hacía que la relación fallara, y esa relación nos hacía daño a ambos. Además me sentiría tan mal por el simple hecho de mirarle, ahora que Reg (su hermano y mi esposo) está muerto…

Evito ir a casa de James y Lily por temor a encontrarme con él, pero hasta el momento no lo he hecho y ya no creo que lo haga puesto que seguramente hoy ha sido el último día que he ido a Godric´s Hollow. James y Lily se van la semana que viene y me han dicho que se pasarán por casa para despedirse, así que…

*********

Presente

29 Octubre 1982

- ¿Te habías imaginado alguna vez que acabaríamos así? - me pregunta Alec mientras se abrocha los botones de su túnica. Yo le miro alzando una ceja colocándome las medias.

- ¿Así, cómo? - le pregunto.

- Juntos - contesta. Yo suspiro.

- No estamos juntos - le digo, lo mismo que mil veces antes.

- Bueno, ya me entiendes… - dice. Sonrío de medio lado.

- ¿Revolcándonos juntos? - pregunto.

- Es una forma de decirlo - dice respondiendo a mi media sonrisa y acercándose a mí.

- La verdad es que no - contesto apartándome de él - Puedes venir después a mi casa, y lo celebramos de nuevo.

El me mira mientras me retoco el maquillaje corrido por el sudor.

- ¿Estabas demasiado ocupada con Black, como para pensar en mí? - insiste. Freno el latigazo que amenaza con alcanzarme ante la mención desdeñosa a mi marido.

- De alguna manera tenía que pagarle por la posición y la fortuna que me dejó, ¿no crees? - respondo esforzándome por no mostrar ninguna vacilación en mi voz. Régulus hizo su elección y yo la mía. Él eligió morir, y yo vivir. Le hice la promesa de mantener en secreto el verdadero motivo de su muerte, y pienso mantenerla. Pero no quiero morir por la misma causa.

- No me refería a Régulus - dice Alec mirándome fijamente, estudiando mi reacción.

Y mi reacción es de furia, una furia salvaje que me esfuerzo por no dejar ver. No por sus palabras, sino por Sirius. Guardo silencio manteniendo su mirada hasta que estoy segura de que puedo controlar la ira de mi voz.

- Lo de Sirius fue divertido - contesto con indiferencia - Cuando empezó a ser cargante, se acabó. Espero que no ocurra lo mismo contigo.

- Descuida.

************

15 Diciembre 1981

Mi cuerpo ha soportado en estos últimos meses tantos cruciatus que me sorprende que no se haya inmunizado contra su dolor. Constantemente el-que-no-debe-ser-nombrado me interroga sobre los Potter, alguien le ha informado de que sigo en contacto con ellos, pero yo no suelto prenda. No voy a delatarles, ya deben de estar a salvo en Nueva Zelanda, donde me dijeron que se iban. Yo insistí en que no me dijesen su destino, pues el Señor Tenebroso entra en mi mente con frecuencia, de momento he conseguido ocultarle la información, pero no sé cuanto tiempo podré seguir así. Puedo soportar que me torture mientras intenta sonsacármelo, pero al meterse en mi cabeza es probable que lo descubra tarde o temprano.

Estamos todos reunidos en las cuevas, en círculo, con Bellatrix, junto a Turner a su izquierda y Lucius a su derecha. Yo, de nuevo frente a él, entre Crabbe y Goyle. Denigrante, la verdad. El motivo de esta reunión parece ser que el mortífago misterioso ha conseguido pasar todas las pruebas y hoy se nos revelará su identidad.

- Queridos amigos - dice quien-no-debe-ser-nombrado - Como todos sabéis, llevo tiempo en busca de los Potter - me mira burlón, y yo me encojo sobre mí misma - Algunos de vosotros sospechabais que habían dejado el país, yo nunca lo creí, y ahora gracias a nuestro nuevo colega he sabido que siempre he tenido razón y que los Potter siguen en Londres, ocultos bajo el hechizo Fidelio…

Mi mente ha dejado de escucharle. ¿Cómo que siguen en Londres? Ellos me dijeron que se iban, ellos no me mentirían en algo así, ellos…, siguen sin confiar en mí, y yo he sido tan imbécil como para creerme que me habían vuelto a aceptar, que me habían perdonado y que contaban conmigo de nuevo. ¡¿Cómo he podido ser tan ingenua?! He soportado cientos de maldiciones por no descubrirles, he sufrido incontables veces por que el secreto que me habían confiado no quedase al descubierto cuando el Señor Tenebroso se inmiscuía en mi mente, … y todo por una mentira. ¡Por una absurda mentira!

- … ¿te ocurre algo, Black? - me está hablando a mí, está avanzando hacia a mí y me está agarrando de la cara; pero no soy del todo consciente, todo mi cuerpo bulle de furia, por lo que no pongo ningún impedimento cuando penetra en mi cabeza - ¡Vaya! Así que te habían mentido, no me esperaba algo así de los siervos de Dumbledore, es vil y rastrero engañar así a un amigo… Tienes suerte de contar con una familia como nosotros. Yo, personalmente te voy a informar de todos los movimientos de los que se hacen llamar tus amigos. Tu cuñado va a ser el guardián secreto de los Potter, confío en que no hayas perdido el contacto con él y que sepas convencerle para que nos preste su ayuda. Al fin y al cabo sois familia, ¿no?

Cállate, por favor cállate. De nuevo me han traicionado. Ojala estuviese aquí Régulus.

- Supongo que necesitarás algún tiempo para asimilarlo, Natasha - continúa - Tu primo Lucius te acompañará a casa, pero antes quiero que conozcas a vuestro nuevo compañero, quien nos ha brindado esta valiosa información, aunque creo que ya os conocéis: Peter Pettigrew.

**************

1 Enero 1982

Ya ha llegado mi límite, no puedo seguir intentando proteger a Sirius y a Lily, no voy a conseguir hacerlo y además el-que-no-debe-ser-nombrado va a matarme en el proceso, después de sacarme la poca información que tengo. No es que tenga especial interés en mantenerlos con vida…, quiero decir, evidentemente no quiero que mueran, y tampoco quiero ser yo quien dicte su sentencia de muerte, así que ya he tomado mi decisión. Es hora de terminar.

*************

5 Enero 1982

Acabo de llegar a casa, he ido a hablar con Sirius, a verle por última vez. No ha sido tan difícil como me imaginaba, le he dicho lo importante que ha sido para mí, pero que ya era demasiado tarde para que hubiese nada más entre nosotros, que nuestra relación tanto de amistad como sentimental había tocado fondo y que, además era peligrosa para ambos. Que era mejor que no volviésemos a estar en contacto. Y que adiós. También le he prevenido contra Peter, no tenía intención de hacerlo pero… supongo que aún le quiero lo suficiente como para evitarle cierto sufrimiento. Confío en que no esté extremadamente furioso conmigo, y no ignore mi advertencia.

Quiero guardar su imagen en mi retina, no he visto nunca una belleza como la suya. Ni, estoy segura, la veré.

****************

7 Enero 1982

Lord Voldemort estaba reunido con Peter Pettigrew, quien le estaba poniendo al corriente de las debilidades de Natasha Black-Greengrass. Por lo visto, esta guardaba tanta lealtad hacia Sirius porque estaba segura de que era la única persona que iba a estar siempre con ella, que no la iba a abandonar por muy mal que estuviesen las cosas. Al fin y al cabo, de momento nunca lo había hecho aunque ella en ocasiones hubiese pensado que si.

El Señor Tenebroso ya se había dado cuenta de ello, no por algo era el mago más poderoso de todos los tiempos, como también había observado el cambio de la joven cuando se enteró de la verdadera ubicación de los Potter, vio la furia y el dolor en sus ojos, y lo confirmó tras entrar en su mente. Ella quería venganza por haberla mentido mientras ella luchaba por ocultar aquella mentira, pero Natasha aún no sabía que aquel sentimiento era venganza; hasta cierto punto, sentía que merecía la desconfianza de sus antiguos amigos. No se atrevía a dar el paso; bien, pues él mismo le daría el último motivo que la empujase definitivamente a esa venganza.

- Haz venir a Blake Samuels y a Yaxley - le ordenó a Peter Pettigrew - Tengo un encargo para ellos. Y otro para ti.

- Lo que vos queráis, mi Lord - dijo el mortífago inclinándose ante el mago oscuro.

- Necesito que me consigas algo de Sirius Black y de Elisabeth Davis.

- De acuerdo, señor.

- También quiero que Snape me traiga poción multijugos. - añadió Voldemort. - Puedes irte.

Peter Pettigrew hizo otra reverencia antes de abandonar la estancia.

Sí, Samuels y Yaxley representarían bien el guión. Pensó el Señor Tenebroso acariciando la escamosa cabeza de la serpiente que tenía a sus pies.

*****************

8 Enero 1982

Aún estoy algo desorientada, lo último que recuerdo es a Beth en mi casa, (¿qué haría allí?) corriendo hacia a mí con los ojos desorbitados mientras sentía que mi cuerpo caía al suelo.

Ahora estoy en St. Clean, y Alec Turner está junto a mi cama, Lucius también ha venido a verme y a enseñarme fotos de Draco, que está guapísimo. Parece ser que este año la cigüeña ha venido cargada. Tricia Nott-Selwyn, también ha dado a luz, su hijo se llama Theodore Nott. Espero que tenga los mismos ojos que su tío. La tía Daphne también ha tenido una niña que se llama como ella.

Bueno, me desvío del tema, consciente de que los medimagos a menudo ignoran la medicina muggle, decidí quitarme la vida con los métodos de estos últimos: una buena botella de whisky de fuego, con un bote entero de pastillas. Pero por lo visto Beth, con eso de que es medio muggle, me hizo un lavado de estómago y mi propósito de terminar con todo ha sido un frustrado intento fallido… En fin, tendré que enfrentarme a la realidad. Hablaré con Dumbledore para ponerle al corriente de todo lo que sé: lo de los Horrocruxes, lo de Régulus, y lo de Peter. También iré a ver a Beth, y tal vez, bajo la protección del director de Hogwarts pueda volver a hablar con Sirius, sí, eso me gustaría.

- ¿Ya estás despierta? - me pregunta Alec. Yo le miro algo desconcertada, la verdad es que no sé qué hace él aquí, conmigo. Si ha estado aquí estos días, dudo que Beth, Remus e incluso Sirius hayan podido entrar a verme.

- Alec, ¿por qué estás aquí? - le pregunto con la voz algo ronca.

- No he creído conveniente que estuvieses sola - contesta - Y Lucius está bastante liado en casa, pero se ha pasado varias veces a ver cómo estabas.

- ¿Y no ha venido nadie más? - insisto. Él me mira con extrañeza.

- Tu padre, por supuesto, y Blake me comentó que había pasado cuando estabas dormida - dice y tras unos segundos en silencio vuelve a hablar - ¿Quién más iba a venir? ¿Esperabas a alguien?

Suspiro.

- No, en realidad no.

- Bien, porque me ha dicho la sanadora Waldorf que cuando despertases ya podía llevarte a casa y echarte la bronca que te mereces por hacer semejante tontería. - dice tendiéndome la ropa para que me vista - ¿No crees que tu padre ya lo ha pasado lo suficientemente mal? ¿De verdad se merece lo que has hecho? ¿Y los demás, los que te apreciamos?

¿Los que me aprecian? Nadie lo hace, pero en cualquier caso, ¿por qué se incluye él en ese grupo? No entiendo nada.

- Tu primo se puso como loco cuando se enteró - prosigue mientras yo me meto tras un biombo para vestirme, y continúa dándome la charla cuando salimos de la habitación y bajamos a recepción. Yo apenas le escucho.

- Señora Black, tiene que firmar aquí - la bruja regordeta que está tras el mostrador me tiende una carpeta llena de hojas que yo firmo sin leerlas, después se la devuelvo - Espero que se mejore.

- Gracias - respondo sin mirarla, sólo quiero acostarme y no levantarme en una larga temporada.

- Vamos, salgamos a pasear para que te de un poco el aire - dice Alec, yo le miro con intención de negarme - Prometo no seguir dándote la charla, pero no voy a dejar que te encierres en tu casa otra vez, tienes que ver de nuevo el sol, que aunque parezca mentira se ve.

Pone una mano en la parte baja de mi espalda para guiarme mientras salimos del hospital, y el aire frío me da en la cara, pero eso no tiene importancia, porque lo que me deja realmente fría es lo que veo en frente nuestra.

Sirius Black y Elisabeth Davis compartiendo un tórrido beso en frente del hospital donde han evitado que me quitase la vida.

Ese hecho fue el que marcó el verdadero principio del fin.

**************

Presente

29 Octubre 1982

Estoy en casa, Kreacher me ha preparado un baño y estoy deseosa para meterme en él. Necesito relajarme, mi conversación con Alec me ha hecho recordar la furia y la sed de venganza que sentí hacia Beth y Sirius, ahora también la siento, aunque en menor medida, pues me desquité bastante viendo la cara de mi querida amiga cuando el pobre Jorge Samuels caía sin vida frente a sus narices. Recuerdo el regocijo que sentí cuando quiso avanzar hacia a mí, furiosa, pero Sirius la detuvo envolviendo el cuerpo de ella con sus brazos.

Me obligo a respirar profundamente mientras introduzco una pierna en la bañera, no puedo dejar que mi ira interfiera en la batalla de esta noche, tengo que tener la mente fría y despejada, aunque la verdad tampoco creo que vaya a haber demasiada diversión. Los aurores estarán demasiado ocupados manteniendo la calma en el callejón Diagon, por lo que el ministerio estará vacío, estarán los dos guardias de turno, y algún idiota que se haya quedado a trabajar hasta tarde. Y la ministra, por supuesto, pues tiene una cita con mi primo Lucius, quien va a donar una buena suma de galeones para reforzar las investigaciones de departamento de misterios. Rookwood, como jefe de los inefables también estará presente. Sonrío con placer anticipado, de veras me gustaría estar presente cuando Millicent Bagnold se encuentre con dos mortífagos apuntándola con sus varitas.

- Señora, el señor Turner está aquí - me informa Kreacher - Le he dicho que espere en el salón de té mientras usted termina de bañarse.

- Hazle subir, Kreacher.

- Pero… - la objeción del elfo queda interrumpida por mi mirada - Como ordenéis, señora.

Minutos después estoy compartiendo la bañera con Alec, y una hora más tarde salimos ambos para enfundarnos en sendos albornoces.

- ¿Estás preparada? - me pregunta mientras se viste.

- Siempre - contesto - ¿Y tú?

- Siempre - responde. Continuamos vistiéndonos en silencio - Dentro de unas horas cambiará el mundo mágico. Y todo gracias a nosotros.

- Sí - contesto - Ya casi es la hora. Deberíamos ir ya a reunirnos con el Lord.

Avanzo para salir por la puerta y coger mi varita cuando Alec me agarra del brazo, deteniéndome.

- Natasha, sabes que siempre hay un miembro de la Orden del Fénix haciendo guardia en el ministerio, ¿verdad?

- Sí, lo sé - respondo mirándole con extrañeza - ¿Y qué?

- Que seguramente vengan los demás. Vas a tener que enfrentarte a ellos.

Sé a quién se refiere por ellos.

- Ni que fuese la primera vez - contesto librándome de su agarre.

- Sí que lo es - me contradice, yo le miro con molestia. - Has estado en los mismos enfrentamientos que ellos, pero nunca les has atacado directamente.

Touché. Pero sé lo que contestar a continuación.

- Cierto, pero yo siempre me he decantado por el ataque psicológico - contesto - Disfruto más cuando les observo al ver morir por mi propia mano a las personas que quieren o han querido. Jorge, Peyton,… no me importaría, si hoy se diera el caso, de que fuese el turno de uno de ellos dos. Elisabeth, preferiblemente.

- Espero de veras que estés segura de lo que dices - me dice Alec. Merlín, que pesado puede llegar a ser.

- Lo estoy - contesto cogiendo mi varita - Vámonos.

Coge mi mano, pero yo la suelto. Me desaparezco segundos antes que él.

La noche va a ser divertida, estoy deseosa de que empiece. Sonrío antes de subirme la capucha de mi capa negra, yo no uso máscara, quiero que me miren a los ojos mientras intentan sobrevivir a mi varita.

Es la hora.

*

Ella tampoco sabe que esa noche acabará todo.

***************

************************

*******************************


*************

Vaya, parece que los mortífagos no saben que uno de ellos les ha dado el chivatazo a la Orden, seguramente Snape.

Natasha ha sido totalmente manipulada, y la pobre no se ha dado cuenta. ¿Se enterará de la verdad? Si lo hace, ¿cómo reaccionará?

El próximo capi es la batalla. ¿Cómo acabará?

Bsts. Eli.