Que lo disfruten.
Especial el Herrero y la Bestia.
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Aquí estaré.
Después de "el mágico Snoggletog" las nevadas llegaron agresivamente sobre toda la isla que cubrieron hasta el más pequeño rincón de nieve, era tanta nieve que era imposible a los habitantes salir de sus hogares, los cuales prevenidos se mantenían en sus comunidades o en otros casos hibernando.
Para los que residían en el castillo, todos se aislaron en uno de los tantos salones donde adaptaron fogones en distintos puntos de manera de que en la gran habitación no faltara el calor. Para los dragones, siendo de sangre fría, les era difícil mantener el calor, pero estar cerca del fuego era su solución, en especial para las crías que apenas tenían unas semanas de nacidas pero que en edad humanos se podrían decir que eran niños de 4 años.
—Mamá ¿por qué no podemos salir?
—Ya te lo dije Pihc, hay demasiada nieve allá afuera.
—Pero si le pedimos permiso a la reina Astrid. ¿Crees que podamos salir al menos al patio?
—A BestiAstrid no tenemos por qué pedirle permiso. —interrumpió Toothless. —En cuanto salga el sol te prometo que saldremos, así que ya deja de molestar a tu madre.
—Entendido papá. —respondió el pequeño e intimidado dragón.
—Ahora ven aquí, si quieres ser grande y tener dientes como tu padre más vale que te cuides.
El pequeño Pihc gruñó felizmente y no desaprovechó la oportunidad para acurrucarse cerca de su padre; mientras que Stormfly observaba feliz a su familia y no podía evitar pensar que a pesar de sus diferencias Toothless y Pihc eran parecidos, a excepción de que Toothless aun no respetaba a Astrid, mientras que su hijo admiraba a la guardiana con devoción al igual que al herrero Hiccup.
—Por cierto ¿dónde estarán esos dos?
La nadder miró todo su alrededor, viendo como los demás dragones descansaban con sus hijos; mientras que trolls y gnomos se entretenían con los cuentos de fantasías que Poppy relataba, a su vez que Kaiser, Sir Allard y las hadas preferían escuchar los cuentos de terror de Branch y Lavander. ¿Pero Hiccup y Astrid? Generalmente solían escuchar intercalados estás historias, pero ahora no estaban. ¿Dónde podrían estar?
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—Vaya, nunca me habías hablado de este lugar. —observó Hiccup maravillado la biblioteca que yacía oculta en uno de los tantos pasadizos del castillo.
—No vengo mucho aquí, desde que bueno… unas cosas que me pasaron. —rio Astrid nerviosamente. —Pensé que te gustaría, no sé… tal vez leer algo diferente a los cuentos de Poppy o Lavander y ese troll amargado.
—Sí, definitivamente… hasta cierto punto ya estaba harto… pero aquí hace algo de frío ¿no crees?
—Oh, sí… pero ¡ah! Mira allá una chimenea…—señaló nerviosa hacia donde estaba un hueco en la pared, con todo y madera lista para ser encendida.
—Y parece que alguien la dejó preparado para nosotros. —observó él esa peculiaridad.
—¡¿Qué?! Bueno, es que pensé… no sé… tal vez sí tratábamos de hacerla funcionar… o si querías leer aquí.
—Gracias, que considerada. —sonrió. —La voy a encender.
—¡Ah, no! Yo la enciendo…
—Insisto Mi lady, tú ya te moléstate en traer la madera. —apartó el herrero con suma delicadeza que dejó a Astrid más que congelada y con una sonrisa estúpida.
Y mientras que Hiccup se ocupaba en la chimenea, Astrid se daba golpes mentales por ser tan obvia y cobarde a la vez, y también le daba unos buenos golpes a su herrero por ser tan tremendamente ingenuo y amable con ella.
De la emoción pasó su mano con insistencia en un apartado de su brazo que había cubierto con una hombrera de metal y una venda la cual cubría su real piel, la única zona donde podía sentir el frío, ya que teniendo en gran parte la piel como de un reptil tenía cierta dificultad para sentirlo, y era peligroso, ya que si tenía una larga exposición al frío sufría de terribles calambres; y aunque llevara ropa esta era inútil para conservar el calor, lo único que la podía ayudar era estar cerca del fuego como los dragones.
Pasando unos minutos, Hiccup logró encender la chimenea y una vez que lo hizo entre ambos encendieron el resto de las antorchas que había alrededor de la biblioteca para iluminarla y para que hubiera más calor.
—Creo que ya está todo listo. —Comentó Hiccup teniendo una mejor perspectiva de su alrededor, la cual era muchos y polvorientos libros. — ¿Y qué me recomendarías leer?
—Eh… no sé, las pocas veces que vine aquí fue para tomar libros de geografía, cartografía, dragones y esas cosas…
—¿Libro de dragones? Eso sería interesante, me gustaría saber cómo tus antecesores los estudiaron…
—Hiccup, no los estudiaron en sí, lo que hicieron fue acecharlos para matarlos. —recordó la bestia avergonzada.
—Cierto, pero, es decir, igual podemos usar ahora su información en su contra y con ello salvar a más dragones. ¿no lo crees?
—Me encanta como le ves todo lo positivo. —suspiró Astrid casi ensoñada, aunque rápidamente se dio vuelta al considerar la tontería que había dicho.
Hiccup muy por dentro de su ser se sobresaltó con aquel sincero halago y se reservó el derecho de decir algo, últimamente le pasaba, de repente se sentía reprimido al momento de hablar.
—¿Te parece si buscamos algo? —fue lo único que alcanzó a decir y señaló a uno de los pasillos de la biblioteca.
Astrid asintió en el mismo estado de ensoñación y acompañó a su herrero a dar una caminata; al final de su recorrido ambos acordaron leer un libro titulado "El manual de dragones".
En este, el tatarabuelo de Astrid había ilustrado las imágenes de los dragones y narró sus características más notorias: estatura y peso aproximado; hábitat, dieta y muy detalladamente el método de matanza; esta parte siendo omitida por ambos lectores a petición de Astrid.
—Odio decirlo, pero tu viejo abuelo era muy listo. —comentó el herrero una vez terminaron el libro.
—Los odio. —refunfuñó la azulada desviando su mirada de aquel libro.
—Calma Astrid, tú no eres como ellos. —trató de consolar tocando su brazo, muy cerca de donde estaba el vendaje.
—¡Ah… creo que deberíamos irnos! ¡TENGO QUE REVISAR A LOS DRAGONES! —exclamó esta exaltada y con la piel de reptil totalmente azulada.
—Eh… sí, está bien.
Hiccup ya no pudo opinar más, pues Astrid salió hecha un rayo de la habitación, un acto que hizo al herrero cuestionarse sí había dicho algo malo o que la hubiera ofendido. Siempre que pasaban cosas así le preocupaba demasiado pues temía perder la amistad de la bestia por una tontería que dijera o hiciera, ya que si eso pasaba no sólo ella sufriría sino él también, no podía imaginarse cómo sería el mundo sin estar con una persona como ella.
—Pero ¿qué estás pensando Hiccup? —Sacudió su cabeza. —¿Por qué siempre tienes que dramatizar con ella? Nada de lo que imaginas pasa. ¿Por qué me tengo que preocupar tanto? ¿Y porqué hablo nuevamente solo? —rodó sus ojos con fastidio.
Puras preguntas sin resolver. Dado a que no tendría respuestas a sus incógnitas recorrió por última vez los pasillos de la biblioteca para tomar unos cuantos libros al azar y que leería en la tranquilidad de su habitación.
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Mientras tanto, Astrid en lugar de ir con los dragones corrió hacía la habitación de la torre la cual estaba más fría que un tempano de hielo, ahí se auto regañó así misma por ser tan cobarde para expresar lo que sentía y a la vez ansiosa por que Hiccup no le dijera nada.
—Por qué él siente algo por mí. ¿No? —se preguntó mientras se deshacía del vendaje que cubría su piel humana.
Sonrió al ver ese pequeño pedazo de piel, pero más lo que creía que significaba. El hechizo se estaba rompiendo y todo gracias a Hiccup. Porque él la amaba ¿no? Cuando se cuestionaba aquello también se ponía a dudar, ya que para ella Hiccup seguía siendo el mismo, salvo por el Snoggletog no había nada raro en él.
No quería crearse falsas expectativas, pero le resultaba difícil si Hiccup era tan encantador con ella y con el resto de los habitantes del castillo. Creyó que si era paciente tal vez cuando menos se lo esperara él se lo confesaría, y si no lo hacía ella tendría que buscar el modo de controlar sus sentimientos para poder decírselo.
—Sé paciente, sólo tienes que ser paciente aún queda tiempo. —se dijo así misma mientras colocaba de nuevo aquel vendaje, ya que su piel expuesta era un secreto solo de ella.
Una vez terminada la meditación, acudió hacia donde estaba la ventana a medio cerrar (esto por los enredaderas de rosas) y la abrió para poderse dar una idea de cómo estaba el panorama. La última vez que había abierto aquella ventana había sido tres días atrás y el cielo estaba nublado, mientras que en la superficie todo estaba cubierto de nieve, ahora cuando la volvió a abrir, el exterior inferior seguía igual, pero en lo alto, el cielo nocturno era visible en todo su esplendor, adornado de estrellas y de una inmensa luna llena.
La nevada había terminado.
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Al día siguiente.
Con la noticia de que la nevada había terminado, los habitantes del castillo que lo desearan fueron libres de salir a pasear en el exterior, aunque fuera por unos momentos, ya que el terreno seguía cubierto de nieve. La mayoría optó por quedarse por mera flojera y frío, sólo una familia dragones se encaminó hacía la salida para disfrutar del helado día.
—¿Ya ves hijo? te prometí que cuando dejara de nevar te llevaría a pasear. —alardeó Toothless a Pihc quien iba montando en su cabeza
—Sí, la reina Astrid fue muy amable al dejarnos salir.
—¿BestiAstrid? Esto lo hacemos los dragones por nuestra cuenta.
—No, ayer mientras dormías escuché que la reina le dijo a Hiccup que ya había dejado de nevar, por lo que no desaproveché y fui con ella para pedirle permiso de salir, ella me dijo que sí, siempre y cuando fuera una vez que amaneciera y aquí estamos.
—Ushh… hijo, eso definitivamente es de Stormfly. —balbuceó Toothless para sus adentros.
—Muy bien hijo, fue lo correcto. —opinó Stormfly feliz por su pequeño.
—Como sea… ¿qué te apetece hacer pequeñín? ¿Tirar plasmas, probar tu fuego interior o…
De repente el viento por encima de ellos se agitó tan violetamente que el pobre Pihc cayó de la cabeza de su padre hocico abajo hundiéndose en la nieve, todo por causa de Hookfang y sus 4 hijitos que empezaban a revolotear, todos rodeados de fuego.
—Y así hijos… es como se vuela. —presumió el pesadilla a sus maravillados críos: Verde, Rojo, Azul y Lila. (sus nombres)
—¿Qué se cree ese? —miró el furia molesto mientras sacaba a su atorado hijo. —¡Oye, ten más cuidado tonto!
—Oh papá, eso estuvo increíble… ¿crees que puedas enseñarme a volar? —preguntó Pihc maravillado agitando sus pequeñas alas.
—Sí, Toothless… muéstrale a tu cosa esa como se vuela. —presumió Hookfang como sus hijos ya podían elevarse unos centímetros en el aire, mientras que Pihc sólo que alcanzaba a impulsarse con un salto.
—Yo te enseñaré. —gruñó el dragón sintiéndose en una especie de reto. —¡Hiccup, ven aquí! —ordenó al herrero que apenas salía con Astrid al exterior.
—Oh, es cierto… tu tienes que llevar al herrero para volar. —se mofó Hookfang para quedar bien delante de sus pequeños que se mofaron también.
—Sí, y me enorgullezco porque con él he roto marcas que tú NUNCA tendrás.
—¡JA! En tú hocico. —le siguió Pihc con burla.
—¡Pihc! —regañó Stormfly temiendo porque aquella "sana" competencia empeorara.
—Oigan, ¿qué pasa? —llegó Hiccup sintiendo un poco pesado el ambiente.
—Pasa que Hookfang cree que puede ser más veloz que nosotros, ¿qué dices amigo? ¿Le demostramos lo contrario?
Hiccup sonrió con la idea, desde que era compañero de Toothless le encantaba volar así como toda la adrenalina que sólo se podía experimentar en lo alto del cielo.
—¡Claro que sí!
—¡Un momento! ¡¿qué?! —escucharon de repente detrás de ello.
—No te metas BestiAstrid, esto es solo cosa de dragones… y un herrero. —detuvo el furia. —Es sólo una "sana" y nada peligrosa competencia.
—Pero…
—¡Por favor reina Astrid! —rogaron Pihc así como los críos de Hookfang que igualmente respetaban más a la reina que al padre mismo.
Así como le pasaba con Hiccup, a Astrid se le hacía difícil decirles no a esos pequeños, por lo que, rodando los ojos, aceptó de mala gana que los dragones adultos tuvieran su reto, mientras ella se encargaría de la comida.
—Asunto arreglado. Stormfly ¿Harías la cuenta regresiva? —pidió Toothless a su dragona.
—Cuenta con ello. —Aceptó esta volando a lo alto de la torre para dar la señal desde ahí.
—Muy bien Hookfang. Volaremos desde este punto hacia la punta de la torre y después hasta la playa, el que llegue primero gana ¿estás de acuerdo? —condicionó Toothless.
—Estoy de acuerdo. ¿Están listos para perder? —retó el pesadilla prendiendo todo su cuerpo, algo que ganó unos cuantos "ohhhhh" de sus hijos.
—Listos. —respondió Toothless lanzando una plasma que impresionó a su hijo, mientras que Hiccup se preparó ajustando la cola de manera que esta se abriera.
—Comienza la cuenta. —gritó Stormfly desde lo alto de la torre. —En sus marcas, listos… ¡FUERA!
Y como dos asteroides, pesadilla, furia y herrero salieron disparados en dirección al cielo. Sus hijos por la velocidad del vuelo salieron disparados cayendo torpemente sobre la nieve.
Los primeros en salir fueron los pesadillas que derritieron la nieve a su alrededor, el que tuvo problemas fue Pihc, quien quedó nuevamente atascado.
—¡Ay, no puede ser! —escuchó decir a uno de los pequeños, pensó que la carrera ya había terminado por lo que puso más fuerza para salir de la nieve y recibir a su ganador padre.
Pero cuando salió todo el patio estaba vacío, su madre no era visible desde la torre y tampoco había señales de Toothless y de Hookfang.
—¿Qué? ¿Dónde? ¿A dónde fueron todos? —miró a su alrededor.
—¿Qué no es obvio tonto? —respondió uno de los críos "Verde". —Nuestro papá y tú papá no consideraron que nosotros queríamos ver.
—Yo no pienso esperar a que vuelvan y nos digan quien ganó. —espetó "Rojo". —¿Y si los alcanzamos?
—¿Cómo? —preguntó uno de sus hermanos.
—Fácil… nos vamos en la misma dirección que ellos. —señaló el pequeño hacia donde estaba la salida del castillo.
—¡Buena idea! —concordaron los pequeños.
—Pero… pero… ¿no será peligroso? —dudó Pihc.
—Bueno, en primer lugar, a ti no te invitamos. —comentó bravuconamente el pesadilla rojizo y el cual era el mayor de tamaño de todos. —En segundo lugar, no puedes volar eso nos atrasaría más, y en tercer lugar… —lo pensó. —En fin… quédate aquí.
—Pero… pero… la reina Astrid se va a molestar. —trató de disuadir el pequeño.
El argumentó de Pihc puso a pensar a los pequeños, que de cierta forma le tenían una clase de respeto, admiración y un poco de temor a la guardiana.
—Tienes razón. —meditó Rojo pensativo. —¡Por eso debemos de volver antes de que se entere y tú nos tendrás que acompañar para que no digas nada! Hermanos ¡atrápenlo!
Pihc tragó saliva al verse de repente rodeado por los cuatro pesadillas quien con sus hocicos amenazaban con atraparlo, sin embargo, él era más listo y aplicando una técnica que Hiccup y la reina denominaban como "sorpresa", se escabulló rápidamente entre los puntos no protegidos que habían dejado. Sin embargo, era demasiado pequeño a comparación de sus perseguidores que eran el doble de él por lo que el más grande no tardó en atraparlo en su hocico.
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La carrera hacia la playa había terminado, Hiccup y Toothless celebraban ruidosamente su victoria mientras que Hookfang se lamentaba cabizbajo el haber perdido y el haber sido tan altanero con aquellos que eran sus amigos.
—¿Y ahora dices Hookfang? —presumió el furia nocturna.
—Lo admito, eres más veloz a como eras antes de perder parte de cola. Hiccup y tú hacen gran equipo.
—Gracias Hookfang, creo que si entrenamos un poco podemos mejor tu nivel. — propuso Hiccup.
—Sí, pero creo que por el momento hay que regresar con los mocosos.
—Cierto, y no te preocupes… les diremos a todos que quedamos empatados. —dijo Toothless para animar a su amigo.
El pesadilla acepto gustoso también aquella propuesta y junto con el furia y el herrero volvieron al castillo.
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—Wow… eso fue rápido. —dijo Stormfly cuando vio a su dragón volver con el pesadilla. —¿Quién ganó?
—Digamos que quedó en empate. —se sonrieron los tres cómplices.
—Bien, entonces volvamos con los pequeños.
Los dragones descendieron a la superficie del gran patio, donde notaron que Astrid ya estaba en el exterior y aparentemente buscando algo.
—Hey Astrid, ¿qué pasa? —preguntó Hiccup una vez que bajó de Toothless.
—¿Dónde están esos mocosos? —miró Toothless a su alrededor tratando de ubicar a su pequeño hijo al igual que Hookfang.
—No lo sé. Salí para avisar que la comida ya estaba lista y no había nadie. —respondió Astrid. —¿No se los llevaron con ustedes?
—Ay no, esos mocosos. —gruñó Toothless lanzando una onda sónica para tratar de localizar algún ruido que fuera emitido por su hijo, pero no encontró nada. —¡¿Dónde SE METIERON?!
—Oigan, miren. —advirtió Astrid señalando algo en el suelo.
Los presentes bajaron la vista, notando que en la nieve se habían quedado las marcas de las pequeñas patitas de los dragones que se extendían hasta más allá de la salida del castillo.
—Lo que me suponía, esos impacientes mocosos se dieron a la fuga para buscarnos.
—Entonces no perdamos el tiempo ¡Sigamos las huellas! —sugirió Hiccup presuroso.
—Yo también voy.
—Y yo.
Se apuntaron Astrid y Stormfly de inmediatamente.
—Y yo, ya que… si no vuelvo con los mocosos mi dragona me matará. —balbuceó Hookfang para sus adentros.
—Pues andando, démonos prisa, porque creo que el clima cambiará otra vez. —dijo Astrid mirando el cielo azul que empezaba a oscurecerse por las nubes grises.
Viendo que el clima les favorecería unas cuantas horas, el equipo se apresuró a salir del castillo, teniendo como única pista las huellas en el camino.
—Sólo espero que no se hayan alejado demasiado. —Se lamentó Stormfly, quien se sentía responsable por no haberlos vigilado bien.
—Calma, son dragones muy pequeños, no creo que se hayan alejado demasiado. —dijo Hiccup para tratar de animarla.
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—¡Wow! ¿Ya lo notaron? Ya no se ve el castillo, creo que ya vamos muy lejos. —admiró el saltarin Verde.
—Sí, muy lejos como para volver por mi cuenta. ¡¿Ya me puedes soltar?! —rezongó Pihc a su captor.
En respuesta Rojo lo soltó como a un escupitajo, algo que provocó que Pihc cayera torpemente sobre la nieve.
—Como eres escandaloso, pero lo bueno es que ya no tendremos más atrasos. ¡hermanos, volemos!
Dada la orden de Rojo, los demás pesadillas agitaron sus alas para levitar unos centímetros en el aire.
—Un momento, ¡No me dejen! —corrió Pihc lo más rápido que podía mientras agitaba las alas.
Pese a lo que parecía, los pesadillas sólo lograron moverse alrededor de unos tres metros y luego descendieron cansados.
—Poco a poco hermanos, vamos rompiendo nuestra marca. —dijo Lila, la única hembra de los hermanos.
—Oigan, ¿Y qué hacemos con él? —señaló Azul al cansado Pihc que después de la carrera los había alcanzado.
—Oye Pihc, sí que eres torpe…—regañó Rojo. —¿Por qué no intentas volar?
—Eso intento… pero no puedo. —respondió el cansado dragón.
—Sí lo haces así, claro que no lo harás… tienes que hacerlo así. —enseñó Lila posicionándose con las alas como un aeroplano y mirando hacia el frente donde el pequeño sendero de nieve terminaba con unos arbustos.
Pihc la imito y se posicionó tal cual ella, extendiendo sus alas y con la mirada firme al frente.
—Te tienes que impulsar primero corriendo, cuando sientas que es el momento saltas y vas a ver que levitarás. ¡Vamos!... a la 1, a las 2, ¡A las 3!
La pesadilla salió corriendo dando el ejemplo, Pihc la siguió sin perder detalle de cómo lo hacía, y conforme corrió cuando sintió que era el momento se impulsó con sus patas y sus alas parecieron accionarse para permitirle impulsarse para pasar sobre los arbustos.
—¡Lo logré! —festejó feliz, sin embargo, sólo pudo mantenerse por breves segundos en el aire, pasado el arbusto descendió nuevamente en el suelo, más no de golpe.
—¡Muy bien hecho! —felicitaron los otros dragones que los alcanzaron.
—Veo que no eres tan tonto Pihc…¿Te parece si nosotros hacemos nuestra propia carrera? —retó Rojo.
Y de tal padre tal astilla, Pihc aceptó el reto gustoso.
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Cuando la densidad de la flora del bosque aumentó el equipo perdió el rastro de las huellas, por lo que optaron por separarse en grupos para buscarlos.
Hookfang tomó el lado este, mientras que Astrid y Stormfly buscaban en el oeste, Toothless y Hiccup siguieron en dirección al norte.
—No comprendo como Stormfly ni yo podemos localizarlos. —gruñó Toothless mientras lanzaba una onda sónica
—Tal vez sea por el clima, pero descuida… los encontraremos, sólo debemos enfocarnos en eso. —trató de calmar Hiccup.
—Ese mocoso se las verá conmigo cuando lo encuentre.
—No seas muy estricto. —rio el herrero. —Stormfly me contó que tus eras igual cuando pequeño.
El furia casi se cae de la impresión, y sí, muy por dentro de él lo admitió que era igual pero, ahora también se ponía en las escamas de su padre y lo mucho que debió de batallar porque él tuvo que cuidarlo solo, mientras que él compartía el trabajo con Stormfly.
—Lo sé amigo, pero, realmente uno cambia cuando se es padre, cuando tengas a tus propias crías lo entenderás.
El siguiente en enrojecer fue Hiccup, pues no esperaba ese comentario por parte de su amigo dragón, y comenzó a pensar. ¿él, cómo sería como padre? ¿Tendría hijos alguna vez? Y tal vez lo más importante. ¿Con quién los tendría?
Mientras él pensaba eso y se enrojecía más, Toothless siguió lanzando ondas sónicas, cuando lanzó una unos cuantos grados al noroeste percibió algo.
—Creo que ya los tengo amigo, ¡Andando!
El enrojecido Hiccup dejó sus fantasías de lado para apresurarse a montar a Toothless.
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—Creo que ya detecté algo. —olfateó Stormfly algo desde su extremo. —¡Andando Astrid!
La nadder no perdió el tiempo y voló hacía donde su olfato le decía, mientras que Astrid trató de alcanzarla corriendo y saltando por los diferentes obstáculos del bosque, sin embargo, que la dejaban muy atrás de la veloz dragona.
Cuando la dragona se percató de aquella peculiaridad y que, por supuesto su amiga iba muy por detrás a pesar de ser ágil, se volvió hacía ella.
—Stormfly ¡¿Qué haces?! ¡Andado! —apresuró Astrid a que siguiera volando.
Pero esta no dijo nada, sólo la observó.
—¿Qué pasa?
—Si quieres puedes subir en mí para ir más rápido…—invitó tímidamente esta.
Astrid se azuló, le sorprendía pues esas reacciones generalmente sólo Hiccup las provocaba, pero, ¿Subir en Stormfly? ¿Así como Hiccup y Toothless?
—Eh… no…—negó nerviosamente.
—¿Por qué no?
—Es que…
¿Por qué no podía aceptar? se preguntó la bestia para sus adentros, y melancólicamente recordó el cómo había tratado a Toothless cuando intentó matarlo, lo mala que había sido con los dragones por muchos años, y lo malvados que fueron sus antepasados.
—Astrid…
—¡Es que!... no… me siento digna…—balbuceó cabizbaja. —No merezco tal honor.
Stormfly se sobresaltó. ¿digna? ¿honor?
—¡Tonterías! ¡Eres la humana más hermosa que jamás haya conocido!
Astrid volvió a azularse de la vergüenza y al saber en qué concepto la tenía su preciada nadder.
—Astrid, yo siempre te he considerado mi amiga, me curaste mi patita, me has cuidado, siempre has estado ahí, por lo que tú eres la que me haría el honor a mí, si pudieras ser como… ¿cómo le dice Toothless a Hiccup? ¡Ah! ¡jinete!
La bestia evitó sonreír, pues no quería asustar a la nadder pero, se acercó a ella para poder acariciar su cabeza y juntarla con la suya.
—Muchas gracias Stormfly.
—Entonces ¿vamos? —invitó la dragona a que la montara.
La reina asintió gustosa, sin embargo, en ese momento unos gritos en el bosque la alertaron tanto a ella como a Stormfly. Alguien estaba en problemas.
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Después de mucha práctica, Pihc había logrado mantener el vuelo tanto como los pesadillas, que sorprendidos lo comenzaron a llamar el nadder furioso, por sus grandes habilidades.
—¿No les parece que ahora sí ya nos alejamos mucho? —observó Azul temeroso cuando llegaron a un punto donde había espacio con una capa blanca que dividía su extremo del otro lado del bosque.
—Creo que sí. —consideró Rojo viendo al cielo el cual se estaba oscureciendo. —¿Les parece una última carrera y volvemos?
Los hermanos estuvieron de acuerdo.
—¿Pihc?
—Sí, la última… ¿Hasta dónde? —preguntó este animado.
—Veamos… ¿Les parece desde este punto hasta el centro de esa capa blanca?
Los presentes estuvieron de acuerdo y se posicionaron para volar, Pihc, seguía haciéndolo como Lila le había explicado, aun no podía levitar sin antes impulsarse corriendo, pero de igual manera estaba seguro de que ganaría.
Cuando se dio la señal los dragones volaron velozmente hacia el punto central de la capa blanca. Rojo y Pihc fueron a la delantera, y llegaron empatados al centro de este.
—¡Buena carrera! —se felicitaron entre todos cuando los demás dragones llegaron; sin embargo…
—¡Oigan, ¿están tontos o qué?! —Un grito al otro extremo del bosque los alertó, se trataba de un castor que llevaba madera con él. —El lago no está completamente congelado ¡Se pueden caer!
—¡¿Un lago!? —observaron los pequeños por debajo de sus patas donde muy por detrás de la capa blanca se podía apreciar el fluir del agua y unos pececitos nadando.
Del miedo, los pesadillas involuntariamente encendieron sus cuerpos lo que ocasionó que se fracturara la capa de hielo.
—¡Apaguen ese fuego! —Gritó Pihc asustado.
Los pesadillas no pudieron hacerlo, el instinto les dijo entonces que levitaran y se alejaran volando. Los mismo quiso hacer Pihc pero primero tenía que impulsarse, pero al intentar hacerlo el hielo se fracturó más por debajo de sus patas.
—¡Amigos!
—Está atrapado Rojo, él necesita impulsarse primero. —advirtió Lila.
—Voy por él…—se adelantó el mayor para ir en su rescate.
—No lo hagas. —detuvo Azul. —No, si no te puedes apagar…
Rojo se observó así mismo, y aun seguía rodeado de flamas, y por el miedo le era imposible controlar su sudoración de gel de pesadilla.
—¡Iremos por ayuda! No te muevas.
Los dragones comenzaron a alejarse gritando a todo pulmón que necesitaban ayuda, mientras que a Pihc no le quedó de otra más que evitar moverse demasiado.
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El llamado de auxilio de los dragones a lo lejos no pasó desapercibido por el furia y Hiccup que se apresuraron a ir al lugar.
Toothless incrementó la velocidad sintiendo un mal presentimiento, sin embargo, de repente casi a punto de llegar hacia la fuente de aquellos llamados un enorme dragón se interpuso en su camino,
—¡Hola! ¿cómo están? —saludó Arroyin y el roba huesos que aparecieron de la nada delante de ellos.
Por la velocidad a la que iban Toothless no pudo detenerse y chocó cabeza con cabeza contra el roba huesos; Hiccup y Arroyin salieron disparados de sus compañeros cayendo sobre la nieve mientras que Toothless terminó desmayado y el Roba huesos medio atontado.
Hiccup se levantó pesadamente de la nieve, notando rápidamente cómo había quedado su amigo.
—¡Toothless!
—Pero que manera de saludar. — se quejó Arroyin sobando su cabeza. —¿Cómo estás Huesitos?
—Veo a tres de usted amo. —respondió este mareado y cayó desmayado.
—Oigan, eso no fue nada amable. —reprochó el troll al herrero y desmayado dragón.
—¡¿Están locos?! Se metieron en nuestro camino. ¡ustedes tuvieron la culpa! ¡¿Por qué salieron así de la nada?! —riñó Hiccup tratando de hacer reaccionar a Toothless.
—Oh, calma muchacho… ni que quisiera matarlos.
—Si que le dieron un buen golpe. —bufó Hiccup viendo que su amigo estaba bien pero que no despertaría en unos cuantos minutos.
De repente el llamado de auxilio se hizo más fuerte, el herrero reconsideró su otra misión y se volvió a donde provenían aquellos ruidos, viendo que eran los pesadillas que volaban apresurados hacia ellos.
—¿Pequeños qué pasó?
—Pich, peligro, lago… rápido. —contestaron apresuradamente todos al mismo tiempo.
Dándose una idea de lo que pasaba, Hiccup se apresuró a seguir a los pesadillas dejando encargado a Toothless con Arroyin.
Unos cuantos metros más adelante, el herrero llegó a la orilla del lago congelado donde pudo apreciar al pequeño dragón atrapado.
—Bien, iré por él. —se aventuró a pisar la capa de hielo.
—Ten cuidado. —rezaron los demás pequeños, que un no podían apagarse.
—¡Hiccup, por favor! —rogaba Pihc del otro extremo.
—Calma pequeño, ya voy…—respondió este cuidando cada paso que daba, analizando la manera en que pudiera sacar al pequeño de aquella fina capa de hielo.
Unos cuantos pasos cuidadosos después, logró acercó lo suficiente, sin embargo, estaba de pie sobre una capa muy frágil, por lo que optó por acostarse para continuar a rastras.
—Ven aquí Pihc, salta. —alzó su mano para que el dragón lo alcanzara.
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Por otro lado, Stormfly y Astrid había llegado hacia donde había escuchado los gritos, el lugar donde Toothless estaba desmayado al cuidado de Arroyin.
—¡Toothless! —chilló la nadder al ver su dragón inconsciente.
—¡¿Dónde está Hiccup?! —exigió Astrid respuestas al troll, que no hacía más que reposar en posición de flor de loto en la cabeza de su desmayado dragón.
—Oh, mi reina de escamas hermosas, él se fue siguiendo a unos pequeños en esa dirección. —respondió sin dar tantas explicaciones y sin perder su concentración.
No confiando mucho en desinteresada actitud de aquel troll, Astrid ordenó a Stormfly quedarse con Toothless mientras que ella investigaría que le había pasado a Hiccup y a los demás dragones.
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—Ya está amiguito, todo está bien. —suspiró Hiccup aliviado una vez que Pihc logró saltar y aferrarse a su brazo, ahora sólo tenían que volver a la orilla antes de que el hielo por debajo de ellos se fracturara más.
—¡Hiccup! —escuchó de repente detrás de él.
A como pudo, giró su cabeza viendo que Astrid había llegado y estaba con los asustados pesadillas.
—Tranquila…—susurró como si esta pudiera escucharla. —Ya volvemos. —dijo viendo que el hielo se iba rompiendo cada vez más.
Era ahora o nunca, tendría que moverse rápido si es que quería salvar al hijo de Toothless, por lo que rápidamente se puso en pie, pero con cuidado de no resbalar.
—¡Hiccup! —llamó Astrid asustada adentrándose al hielo para ayudarlo.
—¡NO! Quédate ahí. —ordenó él, incapaz de seguir su plan pues sentía como el hielo se hacía más frágil.
—¡STORMFLY, STORMFLY! —gritó Astrid a la única que podía sacar a su amado herrero y pequeño dragón de ahí.
Pero ella no llegaría a tiempo, pensó Hiccup quien se las jugaría contra el hielo, intrépidamente comenzó a correr, pero un paso en falso hizo que el hielo se terminara de romper.
—¡Hiccup! —corrió Astrid en su auxilio.
—¡Tómalo! —lanzó Hiccup a Pihc antes de hundirse en el agua.
Astrid alcanzó a tomar al dragón entre brazos, pero de Hiccup sólo quedó la imagen de él cayendo en el agua helada.
—¡perdóneme Reina Astrid! ¡Salve a Hiccup! —chilló el dragón al ver lo que había ocasionado.
—Pihc, tranquilo vuelve a la orilla ¡Rápido! —ordenó esta poniéndolo donde el hielo estaba firme.
Una vez que el dragón estuvo a salvo, Astrid se apresuró a ir a donde Hiccup había caído, por su mente pasaron muchas cosas, de que su herrero había sido arrastrado por el agua hacía otro punto cubierto de hielo, pero cuando el agua se agitó por donde había quedado el hueco, su mente dejó de volar, pues su herrero salió a la superficie y luchaba para aferrarse a él, pero cada capa de hielo que tocaba se rompía a la vez que su cuerpo cada vez más se entumía.
—¡Hiccup! —gritó yendo más lentamente cuando alcanzó la zona fracturada.
—¡Astrid no, no te acerques! —advirtió este.
Pero la bestia hizo caso omiso y hábilmente se echó sobre el hielo para deslizarse sobre este hasta llegar a una distancia considerablemente cercana del herrero.
—¡Astrid vete!
—¡Cállate y dame la mano! —estiró esta su brazo para que la alcanzara.
Pero Hiccup se negó, no la quería exponer a ella.
—¿Ah, no? Entonces me meteré al agua y te sacaré a como dé lugar ¡No me importa! —chilló al ver su negación.
—¡No, por favor Astrid! Vete…—riñó el herrero, quien poco a poco sentía que perdía el movimiento de sus músculos.
Viendo que lo perdería si no se movía, Astrid se movió rápidamente pese a los deseos de Hiccup y logró tomarlo del abrigo, era notorio que el hielo no resistiría, pero nada le importó a la bestia en ese momento que estaba más que dispuesta a sufrir el mismo destino que su amado; sin embargo, unos aleteos por encima de ellos dieron marcha atrás a ese destino. Stormfly había llegado y con sus garras tomó a Astrid, que a su vez ya tenía a Hiccup y logró ponerlos a salvo en tierra firme.
.
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Todos en el castillo quedaron sorprendidos al ver el estado en que había llegado sus amigos, Toothless atontado, los pequeños y Hookfang regañados y Hiccup en un punto de hipotermia.
No perdiendo el tiempo, Astrid llevó a Hiccup a la habitación que correspondía a este, ahí comenzó a quitarle apresuradamente toda la ropa; Hiccup por el frio se sentía un poco mareado; sin embargo, cuando Astrid le quitó la húmeda camisa, sintió de repente como esta pasaba sus rasposas manos sobre su pecho hasta su abdomen, en ese momento su mente volvió a su cuerpo al reconsiderar que ella lo estaba desnudado y tocando de una manera ¿muy atrevida?
Por parte de Astrid, esta estaba tan apresurada en darle calor que no estaba siendo consciente de lo que hacía, pues se reprochaba mentalmente ser de piel tan fría que no pudiera darle calor, sin embargo, dejó de pensar en aquello cuando le quitó la camisa y observó de cerca aquello que no había visto desde que él había llegado a la isla, y que tanta curiosidad le causaba desde que habían tenido la plática de cómo se hacían los bebés; el torso expuesto de su herrero la dejó sin aliento, a su parecer su Hiccup tenía una piel hermosa y muy suave y siguiendo sus instintos quiso sentirla, y así lo hizo, osadamente acarició su pecho hasta su abdomen donde este se contrajo un poco debido tal vez a cierto cosquilleo.
—Eh…
Y de repente, considerando lo que acababa de hacer, Astrid alzó su mirada y se encontró con la del enrojecido Hiccup, quien quedó tan entumido como ella al considerar la posición en la que estaban.
—Ah…¿quieres que te ayude con el pantalón? —reaccionó ella primera, tratando de hacerse la desentendida.
Hiccup enrojeció más.
—Creo que esto yo lo haré solo… ¿te importaría? —preguntó tímidamente, dándole a entender que tenía que salir.
Astrid entendió la indirecta y asintió tontamente y se alejó muy azulada de ahí, necesitaba darse un respiro después de lo que había hecho.
Hiccup pese al frio que tenía pudo sentir muy vivo a su corazón, que no hacía más que decirle que Astrid era demasiado inocente para ser consciente de lo que había hecho. Por qué era eso ¿verdad? Comenzó a cuestionarse.
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—Tonta, tonta… ¿se va a dar cuenta? —se recriminó Astrid apoyada en la puerta. —¿Y si ya lo sabe? —se preguntó nerviosa.
—¡Astrid, Astrid! Trajimos té. —llamó ruidosamente Poppy, quien junto con su sequito cargaban una tetera y una taza.
Astrid aun ida de su realidad, tomó ambas cosas y se sirvió del té que los trolls habían hecho y lo bebió de un sorbo como si de cerveza se tratara.
—Ah, no es para ti… es para Hiccup, nos contaron que cayó en agua helada. —comentó Poppy extrañada.
—Eh, sí… yo se lo daré… por favor vuelvan.
—Pero…
—¡Es una orden!
—Uy que carácter. —se quejó Copper nada discreto.
—En serio chicos, quisiera hablar un momento a solas con él.
—oh… ya entendí, picarona… así se hace. —felicitó Poppy por su osadía.
—No es lo que… ushhh ya váyanse. —ordenó la fastidiada reina.
Poppy entiendo las supuestas indirectas ordenó a todos irse, pero en realidad se quedaron cerca para observar, sin embargo, tomó algo de tiempo ya que Astrid se quedó delante de una puerta por varios minutos.
Cuando se armó nuevamente de valor, tocó la puerta un par de veces.
—Pueden pasar.
Y con aquel permiso, Astrid se adentró con todo y terera y taza a la habitación.
—Ah… ya te vestiste. —vio disimuladamente a Hiccup quien estaba cubierto y se secaba el cabello.
—Eh… sí. —respondió nerviosamente siguiendo su labor sentado en la cama.
—Los trolls trajeron un poco de té, debemos ponerte en calor otra vez. ¿te sirvo?
—Sí, claro…—agradeció Hiccup viendo cada paso que la bestia daba, hasta que finalmente se acercó para entregarle la pequeña taza.
El herrero dejó la toalla de lado para tomarla, seguía muy frio, por lo que él lo sintió como si hirviera dentro de él, así que bebió más despacio. Mientras tanto, Astrid tomó la toalla que había dejado de lado.
—¿Puedo? —preguntó tímidamente.
—Eh… sí, claro… si no te molesta. —contestó este casi ahogándose con el té.
Hiccup se sostuvo fuertemente a la oreja de la taza cuando Astrid comenzó a masajear su cabello con la toalla, e increíblemente le resultó un tacto muy suave de su parte, lo hacía con mucha delicadeza a diferencia de como él solía hacerlo.
—Ahora tu eres mi paciente, te cuidaré hasta que mejores.
Enrojeció, Hiccup pudo sentir sus mejillas calentarse pese al frio y eso sólo con unas cuantas palabras.
—Te lo agradezco. —balbuceó dándole un sorbo al té.
—Con esto supongo quedamos a mano. —siguió Astrid concentrada en su labor.
—Supongo. —sonrió él considerando aquello muy tierno de su parte.
Cuando termines el té, debes recostarte, prenderé la chimenea para que ayude a que recuperes el calor.
—No te preocupes yo puedo…
—Insisto. —dijo ella tal cual él lo había hecho cuando estuvieron en la biblioteca.
—Está bien. —sonrió para sus adentro y le dio otro sorbo al té.
Cuando terminó, Astrid prácticamente lo obligó a acostarse, y no sólo eso lo envolvió entre cobijas de lana para que se calentara, después encendió la chimenea, y una vez que terminó dijo que le llevaría la cena.
Hiccup se sintió raro con tantas atenciones, generalmente era él el que daba y ayudaba, ahora era todo al revés, y que Astrid fuera la que lo hiciera le agradaba aun más. ¿Por qué? Se seguía preguntando.
Pasado unos minutos, había logrado calentar un poco su cuerpo incluso comenzaba a dormitar, sin embargo, Astrid llegó con una comida que olía muy bien y el apetito pronto le quitó el sueño.
—Wow, ¿Tu cocinaste? —admiró el platillo bien servido que la bestia le había dado.
—Traté, pero me salió horrible, eso lo hicieron las hadas… yo sólo emplaté.
—Pues se ve y sabe muy bien, diles que se los agradezco.
—Claro, lo haré…—sonrió Astrid al verlo muy bien.
—Y por supuesto gracias a ti.
—No, yo no hice nada…
—¿Eso crees? —rio Hiccup. —Estuviste a punto de lanzarte al agua helada solo para rescatarme… ¿Por qué?
El corazón de Astrid bombeó a mil por hora, su secreto amoroso peligraba.
—Ah… yo… bueno.
—Sí…
—Es que… la verdad… (díselo, díselo) no me puedo imaginar… cómo sería un mundo sin una persona como tú.
Hiccup se sorprendió, pues aquello era lo mismo que pensaba él de su amiga bestia.
—Y… eres un buen amigo ¡¿sí?! Eso es…
Hiccup sonrió cansadamente para luego dar un gran bostezo.
—Bien, creo que es hora de que duermas un poco. —retiró Astrid los platillos.
—No, aún es demasiado temprano… además acabo de comer.
—Cierto, pero al menos abrígate bien.
—Sí, mi lady… —sonrió él. —Pero te lo juro, ya estoy bien… sólo siénteme.
Hiccup tomó la mano de Astrid, pero la diferencia de sus temperaturas fue evidente pues Hiccup sintió mucho más fría a Astrid.
—¡Estas heladísima! —exclamó espantado. — Creo que también te afectó el frio.
Astrid negó con la cabeza.
—Así es mi piel de reptil…, odioso la verdad.
—Oh, ya veo. —susurró Hiccup acariciando levemente su mano y recordando a la vez cómo ella lo había tocado.
Astrid se sobresaltó con su roce, pero, cuando nuevamente su vista se cruzó con la de Hiccup, este retiró su mano de la de ella.
—Creo que ahora si me recostaré él. —consideró él adentrándose entre las suaves colchas de algodón.
—Claro. —susurró Astrid cabizbaja, aunque de inéditamente ayudó a Hiccup a que quedara bien abrigado.
—puedes irte a descansar si quieres
—Me quedaré hasta que te duermas, claro sí tú quieres…—respondió esta tímidamente.
—No… no hay problema. —tartamudeó por dentro de las cobijas.
—Te haces el difícil. —se burló Astrid para suavizar un poco las cosas.
Pero funcionó ya que Hiccup se desabrigó el rostro.
—Bueno, es que no estoy tan acostumbrado a tantas atenciones, cuando me enfermaba en Berk mi mamá solía dejarme en casa descansado, y me quedaba solo hasta que ella o mi papá regresaban.
—¿Por qué? ¿No les importaba que estuvieras enfermo? —Preguntó la bestia ciertamente molesta.
—No, al contrario, lo hacían para protegerme, en Berk… catalogan a una persona de débil si se enferma con frecuencia, y yo pues lo hacía con mucha frecuencia. Mis padres no querían que sufriera de tal titulo por lo que optaban por ocultarme de mundo cuando enfermaba, mientras que ellos tenían que fingir que seguían en sus labores como si nada.
—Como si las enfermedades se pudieran evitar…—gruñó Astrid no estando muy de acuerdo con lo que él decía.
—Pues en Berk si se evitan, o al menos eso aparentan… creo que en realidad la tasa de mortalidad se da más por ataques de enemigos que por enfermedades.
—¿Tu pueblo sufre de constantes ataques? —preguntó ahora angustiada.
—Como no te imaginas, en uno de esos mi padre perdió la vida…
—¿Cómo?
—Me protegió de unos bandidos que me habían acorralado en el bosque, pero cuando los derrotó apareció otro de la nada y lo apuñaló por la espalda, delante de mis ojos…—recordó con rencor y con los ojos humedecidos. —El bastardo después se fue y yo… fue incapaz de verlo, no pude hacer nada más que ver como mi papá se había ido sin haber tenido la oportunidad siquiera de decirle adiós o lo mucho que lo amaba.
Astrid tomó su mano de manera de que pudiera consolarlo, esa parte de la historia de Hiccup la desconocía.
—Eso es horrible Hiccup, lo siento mucho… pero ¡Debes alegrarte de algo! tu padre debió amarte mucho que dio la vida por ti.
—Como no tienes idea. —se volvió él hacia ella y se sostuvo de su agarre. —Y casi deshonro su esfuerzo, pues hace más de un año otros bandidos casi me matan, pero sólo lograron cortarme la pierna.
—¿y te parece poco? Supongo que estuviste a punto de morir.
—Sí, no lo voy a negar, pero mi mamá y Gobber no me lo permitieron. —recordó con una risita.
—Me alegro, porque sino como te hubiera conocido. —consideró Astrid sonriendo para sus adentros. —Pero eso sí, debo decir que vienes de un pueblo que está tan loco como mis abuelos y padre.
—Cierto, y ¿sabes? Ahora que lo considero… eso bandidos siempre se van contra la gente más pobre y que está más expuesta. ¡que malditos!
—Aniquilación "av de svakeste".
—¿Qué dijiste?
—Significa: aniquilación del más débil, así es como mi tatarabuelo Hofferson I lo nombró en un viejo libro, donde decía que para controlar a la población se debía acabar con la gente más débil y que menos aportaba, y Hofferson IV fue el que se hizo famoso por aplicar dicho método en este reino con la matanza en masa de las hijas primogénitas.
—No sabía que alguien pudiera hacer algo así. —balbuceó Hiccup comenzando a hacerse ideas en su mente, que lo sobresaltaron y lo hicieron levantarse de la cama.
Al hacerlo el sostén que tenía con Astrid se deshizo, esta preocupada intentó acotarlo de nuevo, pero Hiccup esta ido.
—Hiccup, ¿qué tienes?
El herrero no respondió sólo se quedó viendo fijamente hacía la nada, con ideas perturbadoras sobre cierto habitante de su pueblo. ¿Y si Drago aplicaba dicho método también? Sin embargo, se sacudió al considerar que no podía ser así, ya que pese a su carácter él le daba oficio a todo habitante de Berk, unos mejores que otros, pero al fin y al cabo nadie estaba de inútil, su instinto lo tranquilizó diciéndole que el problema era que Drago tenía muchos enemigos.
La cabeza le empezó a dar vueltas.
—Hiccup…
El llamado de la bestia lo llevó de nuevo a la tierra, Hiccup se giró hacia a Astrid y con un no te preocupes se echó nuevamente sobre la cama.
—Creo que te tomaré la palabra y dormiré, me siento muy cansado.
—Adelante, yo me voy para que descanses. —se despidió Astrid posando su mano sobre la de él.
Lo que no esperaba es que Hiccup cambiara de posición para tomar su mano.
—No, por favor, sonará tonto, pero ¿No dijiste que estarías hasta que me quedara dormido?
—Oh, sí… Por supuesto, aquí estaré. —se aferró Astrid felizmente a él.
Teniendo agradable compañía, Hiccup cerró los ojos para dormir, dejando que Astrid velara por sus sueños.
Una vez que se quedó dormido, la bestia quiso acariciarle el cabello, pero de la pena no pudo hacerlo, más verlo dormir bastaba para ella, lo quería tanto, que siempre lo quería tener así para ella, para el castillo, que él rompiera la maldición para que, como en los cuentos de Poppy, se casaran después y tuvieran muchos bebés y vivieran felices para siempre.
Pero eso no sucedería si él no se lo confesaba, por lo que no quedaba de otra: ella tendría que decírselo.
¿Pero cómo?
Salió pensativa de la habitación que no despertó hasta que se encontró a varios espías frente a la puerta de la habitación.
Toothless (con un vendaje en su frente) Stormfly, Pihc, Poppy, Branch, Lavander, Sir Allard, Bo, Kaiser todos expectantes y preocupados por lo que le había pasado al herrero.
—¿Cómo está? —preguntó Toothless rápidamente.
—Se pondrá bien. —respondió Astrid en un suspiro.
Pronto los demás la imitaron sintiendo alivio.
—Quiero entrar a verlo, y cuando despierte darle las gracias por haber salvado a este hijo mío tan travieso. —regañó Toothless con la mirada a su avergonzado hijo. —Más vale que vengas también Pihc, tu principalmente debes agradecerlo.
—Claro que sí papá. —dijo el regañado dragón, subiendo a la cabeza de su padre.
—Sólo no hagan ruido, esperen a que despierte está cansado.
—Claro BestiAstrid, no te preocupes nosotros lo cuidaremos. —entró Toothless a la habitación junto con su familia dejando al resto de los visitantes afuera.
—Oye Astrid, escuchamos sin querer lo que platicaron. —insinuó Poppy.
—Claro, "sin querer", entonces si lo hicieron creo que has de saber lo que quiero hacer.
—¿Se lo dirá reina? —preguntó Branch expectante.
—Eso quiero yo… lo amo. —respondió Astrid con cierta angustia. —Y no sólo eso… quiero invitarlo a que se quede a vivir… por siempre aquí con nosotros.
—Ay Astrid… ¡¿Qué em…
Antes de que Poppy gritara ruidosamente Branch le tapó la boca.
—Recuerde reina, tranquilizarse para controlar sus sentimientos, y en lo que podamos apoyarla no dude en decírnoslo. Aunque lo mejor es que usted confíe en sus instintos y sentimientos.
—Ay que, amargado, yo iba a opinar que…
—Lavander muchas gracias por tu contribución, cierra la boca. —silenció Branch a la hada antes de que la oleada de ideas locas llegara.
—Yo opino lo mismo que el amargado. —concordó Bo.
—Otro amargado. —balbuceó Lavander.
Sir Allard sólo se pudo azul, mientras que Kaiser no sabía mucho de relaciones así que mejor calladito se vio más bonito.
—Silencio chicos, hacen demasiado ruido pueden despertar a Hiccup, es mejor que vuelvan al salón, creo que esto tengo que enfrentarlo sola.
El comentario de la reina extrañó a todos, en especial a Poppy pues meses atrás Astrid casi rogaba y lloraba por su ayuda. ¿qué había cambiado?
—¡¿Qué siguen aquí?! —regañó Astrid a todos al ver que no se movían.
"Uy, ya que mala, que carácter" fueron los balbuceos de todos los metiches que silenciosamente se marcharon a los refugios.
Una vez sola, Astrid miró la puerta que la separaba del herrero con su decisión por fin firme.
Le diría a Hiccup de una vez por todas lo mucho que lo amaba.
Continuará.
Ya falta poco para el final, paciencia, paciencia.
Notas curiosas: el titulo del fic es por la canción aquí estaré de Angelica Vale.
Sección de comentarios :D
lilu ghoul: se le caerán todas de una vez o se quedarás así, eso solo se puede saber en unos capítulos más. Saludos.
Vivi:Ese Kiba pronto se sabrá que es lo que tramó con Arroyin. Saludos.
Aki: XD sí es lo que se supone que crees, pero… ¿se revertirá a tiempo? Ya lo sabrás.
Dlydragon: a Hiccup le aplicaron su propio método, poco a poco empieza a ser más notorio su interés, aunque sigue algo despistado. Saludos.
Aglae: En realidad como spoiler debo decir que Astrid no es ningún de los caballeros, más bien a persona que queda atrapada entre en las enredaderas de espinas.
Kuronojinsei: XD los planes de Kiba en conjunto con Arroyin pronto saldrán a la luz, por lo pronto a disfrutar como Astrid batalla para confesar sus sentimientos. Saludos.
A los seguidores, favoritos y lectores anónimos. Hasta la próxima.
16 de septiembre de 2018
