Dan esperaba a su hermana y Lyra sentado al lado de la entrada de la Sala Común de Gryffindor junto a Alex. Sabía que irían allí una vez el director terminara con su charla y había decidido subir para darles sus cosas. La pelirroja recorría la palma de su mano con un dedo una y otra vez.
- Se han pasado un poco. – Se atrevió a comentar. Sus miradas se cruzaron y ella se encogió de hombros. – Es tu hermana y sé que no quieres escuchar esto, pero se merece la expulsión por lo que ha hecho.
- Ya lo sé… - Dan suspiró. Estaba realmente preocupado. – Espero que hayan encontrado la manera de librarse.
- Al final siempre lo hacen. Ella dice que es el gen Potter, ¿no?
- Sí, mi padre no fue precisamente un buen alumno y también se libró, igual que mi bisabuelo con todo eso de los Merodeadores o mi abuelo, aunque sus circunstancias eran distintas.
- ¿A quién se supone que has salido tú, Dan? – Alex empezó a reír y él puso los ojos en blanco.
- No lo sé porque, por lo que cuenta mi tía Lily, mi madre tampoco era el mejor ejemplo a seguir. Quizás mis abuelos maternos fueran algo más tranquilos.
- Menuda familia, ¿nuestros hijos serán también así? – Su puso completamente roja al decir aquello. Desde aquel día no había vuelto a insistir y no había pasado nada más entre ellos, estaba esperando que él diese el paso esta vez. – A ver, quiero decir, si alguna vez tenemos hijos…
Dan la besó y acarició su mejilla con ternura. Sabía que se estaba esforzando por no forzar las cosas con él e ir a su ritmo y le estaba muy agradecido por ello.
- Me encantaría tener hijos contigo, Alex, aunque sean como mi hermana.
- Sabes de dónde vienen los niños, ¿verdad? – La voz de Leah los interrumpió y ambos giraron la cabeza. Ella estaba seria, pero forzó una de sus sonrisas. – ¿Me esperabais?
- Sí. – Los dos se pusieron de pie y Dan les dio sus bolsos. – Aquí tenéis vuestras cosas.
- Gracias.
- ¿Cómo ha ido la cosa?
- Mal. – Su hermana suspiró. – Una más y estamos fuera de Hogwarts. Han venido papá y mamá y me han dicho que si hago alguna otra cosa me enviarán a Beauxbatons y luego han empezado a discutir sobre quién de los dos tiene la culpa de que yo sea un desastre.
- Bueno, ya sabes cómo son. – Dan suspiró. Cuando era pequeño siempre que sus padres empezaban a discutir, él lloraba y ellos paraban para consolarlo, pero con el paso de los años aquello había dejado de funcionar. Discutir era el deporte favorito de sus padres. – Se les pasará en un rato.
- Eso espero. – Apretó un poco los labios. – ¿Sabías que a mamá estuvieron a punto de expulsarla?
- ¿Qué dices? – Abrió mucho los ojos. – ¿Por qué?
- No tengo ni idea, papá solo ha dicho eso. – Se encogió de hombros. – Oye, gracias por traerme esto, pero quiero subir a descansar un poco antes de la siguiente clase, ¿te importa si terminamos esta conversación luego?
- No te preocupes, después nos vemos. – Le dio un beso en la mejilla y tanto él como Alex se fueron.
Lyra y Leah entraron a la Sala Común pero, mientras la rubia subió directamente a su dormitorio, la morena se fue hacia el ala opuesta. Abrió la puerta del dormitorio de los chicos de último año y sonrió al ver que Chad estaba solo, tumbado en el suelo bocabajo escribiendo algo.
- Hola. – Lo saludó antes de atrancar la puerta. – ¿Te importa si me quedo un rato?
- No, siéntate. – Se sentó en el suelo y ella se dejó caer junto a él, acurrucándose un poco. Chad la abrazó y empezó a acariciar su pierna lentamente. Leah sonrió. – ¿Es verdad lo que dicen?
- ¿Cómo te has enterado?
- No eres la única que tiene ojos en todas partes. – Sonrió de medio lado.
- Si lo que dicen es que Lyra y yo nos hemos vengado de Remus y han estado a punto de expulsarnos, sí.
- ¿Expulsaros? – Chad se separó un poco de ella y abrió mucho los ojos.
- Sí. – Asintió. – Una más y acabaré en Beauxbatons. Mis padres están furiosos conmigo.
- Seguro que se les pasa pronto, no te preocupes. Lo importante ahora es que habéis conseguido que no os echen.
- Sí, bueno, explícales eso. – Suspiró. – Incluso se han puesto a discutir entre ellos, mi madre cree que mi comportamiento es culpa de mi padre.
- No creo que sea tan sencillo. – Murmuró él. – Pero tú no te preocupes, estoy seguro de que lo arreglarán y todo estará bien.
- Eso espero, estaban muy decepcionados y enfadados conmigo y ¿por qué no me estás dando mimos?
- Qué tonta. – Volvió a abrazarla y a deslizar su mano por su pierna y ella suspiró. – No puedes venir aquí cada vez que quieras huir de todo.
- ¿Por qué no? – Se subió a horcajadas sobre él y lo besó. – Solo quiero olvidarme de todo durante un rato.
- Esta no es la solución. – Murmuró a apenas unos milímetros de su boca. La besó otra vez antes de ponerse de pie y obligarla a hacer lo mismo. – Ven, vamos.
- ¿A dónde?
- A volar un rato, te vendrá bien para despejarte, pero yo dirijo la escoba. – La cogió de la mano y ella lanzó una carcajada. – Vamos Potter, no tenemos todo el día.
- ¿Has visto la cara del profesor Carraway cuando me ha dado la redacción? – Matt dio una palmada que atrajo la mirada de muchos otros alumnos que iban por aquel pasillo. Jane lanzó una carcajada. Las cosas entre ellos iban cada vez mejor y no se habían puesto raras después de su conversación. No estaban saliendo y ni siquiera se liaban muy a menudo, pero cada día se sentían más a gusto el uno junto al otro. – Es la primera vez que saco un Extraordinario en esta asignatura y todo gracias a ti.
- Te dije que si seguías mis instrucciones te iría bien. – Dijo ella.
- Eres una profesora dura, pero buena. Al final tus jornadas intensivas han servido para algo. – Matt la cogió del brazo y la detuvo. Ella lo interrogó con la mirada y él sonrió. – Déjame darte las gracias en condiciones.
La llevó hasta un pasillo y retiró un tapiz que cubría un pasadizo. La levantó un poco haciendo que enredara sus piernas alrededor de la cintura y la apoyó contra la pared antes de besarla con dulzura. Siempre tenía ganas de hacer aquello, pero se controlaba. Ojalá pudiera besarla todas las veces que le apetecía, pero quería ir con calma. Enredó una de sus manos en el pelo mientras recorría su pierna con la otra. Jane sonrió después del beso y suspiró cuando notó sus labios en su cuello. Se agarró a sus hombros y lo besó con pasión cuando sus labios volvieron a encontrarse. Seguía pensando todo lo que le había dicho, pero no se atrevía ni a repetírselo, ni a dar un paso en falso. Recordó la conversación que ambos tuvieron, todo lo que él le dijo: que no le había molestado – ni mucho menos – lo que le había confesado y que no iba a sentirse incómodo con ella; que la respetaba y no se habría aprovechado de la situación jamás; que no iba a forzar las cosas y quería que todo fuera con tranquilidad.
- Oye Matt. – Murmuró cuando se separaron, tratando de recuperar el aliento.
- ¿Sí?
- Si vas a hacer esto cada vez que te ayude en una asignatura deberíamos estudiar juntos más a menudo.
- Todo lo que tú quieras.
Siguieron besándose durante un rato, hasta que ambos se dieron cuenta de la hora que era y se dirigieron corriendo hacia el comedor, cogidos de la mano y sin parar de reír. Les gustaba aquello, el no ser nada y poder comportarse así, el no sentir la necesidad de poner etiquetas, de darle un nombre a aquello que sentían y tenían. Se sentaron en la mesa de Slytherin junto a Orion y Dan que hablaban el uno con el otro preocupados.
- ¿Qué ocurre? – Les preguntó.
- ¿En qué mundo vives que no te has enterado? – El rubio la miró con una ceja enarcada. – Han estado a punto de expulsar a tu prima y a mi hermana.
Ambos chicos les resumieron lo que había pasado en la clase de Transformaciones y ella buscó rápidamente a las dos chicas en la mesa de Gryffindor. Lyra hablaba con Adèle y las otras chicas de su dormitorio mientras Leah sonreía por algo que le estaba diciendo Chad. Parecía que estaban bien y le sorprendió un poco. Si hubieran estado a punto de echarla de Hogwarts a ella estaría encerrada en su habitación llorando y lamentándose.
- Son muy fuertes y orgullosas, no tenéis por qué preocuparos. – Dijo Matt entonces. Los dos chicos lo fulminaron un poco con la mirada y él sonrió. – Dejad de hacer eso, os pasáis el día mirándome mal.
- ¿Por qué será? – Masculló Orion entre dientes.
- Pues no lo sé porque soy un buen chico, ¿verdad, Jane?
- El mejor. – Contestó ella, sonrojándose un poco al recordar los besos que se acababan de dar y acariciándose un poco el cuello de forma inconsciente. – Todo un caballero.
- ¿Lo veis? – Él sonrió al ver el rubor en sus mejillas. No sabía ocultar nada, pero era realmente adorable. Por Merlín, aquella chica le estaba afectando mucho.
- Bueno, lo que tú digas. – Dan no estaba muy conforme, pero sabía que su amigo se estaba comportando así que no dijo nada. A lo mejor iba realmente en serio con Jane.
- Lo que me recuerda, ¿tienes ya pareja para el baile de Navidad, Jane?
- Ni siquiera lo han anunciado todavía. – Lanzó una carcajada y negó con la cabeza.
- ¿Eso es un no?
- Lo es.
- Vale, ¿quieres venir conmigo? – Miró a los dos chicos. – ¿Tengo que pediros vuestro permiso o algo así?
- Hombre…
- ¡Orion! – La rubia lo miró enfadada y él le dedicó una sonrisa. – Tenéis que dejar de sobreprotegerme, ¿por qué no sois así con vuestras hermanas?
- ¿Crees que Leah me haría caso en algo?
- No veo que Lyra ligue mucho y Cassie y Carina son demasiado pequeñas todavía, así que no me preocupan aún.
- Pues yo sí que me preocuparía por Cassie, ya está en cuarto, ¿tengo que recordarte cómo eras tú a su edad? – El rubio palideció y ella sonrió. – Y sí, Matt, iré contigo al baile.
- Genial.
Todos siguieron comiendo, aunque Orion se removía un poco incómodo y miraba de reojo la mesa de Ravenclaw. No se había parado a pensar en cómo era él un par de años antes y ahora, por culpa de Jane, estaba preocupado por Cassie. ¿Tendría algún novio o algo así? Suponía que no porque ya se habría enterado, pero aún así… Le echaría un ojo más a menudo. No le quitó la vista de encima durante el resto del almuerzo, aunque ella no se dio ni cuenta de nada, demasiado nerviosa cómo para pensar o hablar de otra cosa que no fuera su cita con Ed.
- Tía, estoy súper nerviosa, tienes que ayudarme a elegir la ropa. – Le repitió a Sophie por décima vez, que se limitó a poner los ojos en blanco.
- Ya te he dicho que sí, ¿quieres tranquilizarte?
- Es que es mi primera cita y además con Ed. – Suspiró. – Tiene que ser todo perfecto.
- Lo será, ya verás. – La morena sonrió.
- ¿Y si me besa?
- ¿Y si te besa quién? – Cassie se giró y se encontró con la mirada interrogante de Marianne.
- Esto…
- ¿Tienes una cita y no se lo cuentas a tu prima favorita?
- He quedado mañana con Ed. – Murmuró, sonrojándose. – Y no para estudiar.
- ¿Qué? – Buscó a su amigo con la mirada y lo vio hablando con las gemelas. ¿Cómo que iba a salir con su prima pequeña?
- No le digas que te lo he dicho, por favor. – Suplicó. – No sé si quiere que la gente lo sepa.
- Es muy mayor para ti.
- Solo dos años.
Marianne suspiró. Tendría que hablar muy seriamente con él. Una cosa era saber que a su prima le parecía mono y lo quería como profesor particular y otra era aquello, además, ¿a él no le gustaba Emma? Definitivamente iban a tener una larga conversación antes de aquella cita.
