¡Hola a todos!

Oigan, casi nos quedamos sin actualización esta semana D: Temí que no lograría subir esto a tiempo pero finalmente quebrante algunas reglas y otras pocas normas y pues... aquí está. Mi beta reader Mara me va a regañar cuando sepa que hay nuevo capítulo y no le he mandado a su correo el siguiente para que lo revise pero... pss bah, luego la contento con... Helsa apasionado o algo así.

No les quitó más tiempo y los dejo para que disfruten de la lectura :D


-¿En verdad se conocen?-volvió a cuestionar Elsa-¿De dónde?

-Bueno… nosotros… eehh…-tartamudeó el recién llegado.

-Cuando éramos pequeños mi padre solía invitar a su familia a pasar el verano en nuestra finca. Desde entonces nos hicimos buenos amigos, prácticamente crecimos juntos en ese lugar.

-Oh, ya veo.

-Ah, sí. La misma finca, por cierto-comenzó el moreno, fingiendo hacer memoria-en la que pagaste tu condena si mal no recuerdo, Hansy.

-Hans, por favor. Y sí, tú lo has dicho: pagué mi condena.

-Vaya, me alegra saber que te has reformado.

-Dije que pagué mi condena, no que me reformé-respondió Hans con una enorme sonrisa de autosuficiencia.

Guardaron silencio, tratando de averiguar si eso último había sido una broma.

-Y… ¿qué te trae por aquí?

-Qué curioso, Alex,

-Alexius, por favor.

-Sí, perdona. Qué curioso, Alex-ver a su antiguo amigo rodar los ojos le pareció divertido-eso mismo iba a preguntarte yo, pero recordé que su majestad ya me había explicado algunos días atrás la razón de tu temprana llegada.

-¿Días?-preguntó Elsa en un susurró, más para sí misma que para el resto-Pero fue esta mañ…

Alexius frunció el ceño.

-Sí, bueno, entonces supongo que no hay mucho que agregar.

-Sólo que eso es trampa.

-¿Qué?

-Que eso es trampa: llegar antes que el resto, es trampa.

-Bueno, tanta trampa como la tuya, supongo.

-Oh no, yo llegué aquí porque mi barco naufragó y la reina Elsa y su maravillosa y siempre amable gente fueron en mi auxilio y se preocuparon por mi recuperación. Y aunque ya sabía que habría un baile, le prometo que mi intención siempre fue embarcarme lo antes posible hacia Vakretta, mi lugar de destino. Lamentablemente el médico sugirió lo contrario, así que pues… aquí me tienes.

Tanto Elsa como Anna y Kristoff miraban a Hans con cierta indignación, pero no se atrevieron a contradecir su enorme mentira.

-¿Ya sabías que habría un baile? Yo me puse en marcha en cuanto recibí la invitación, y de eso fue no hace muchas semanas. Me sorprende lo bien que luces entonces Hans; o el médico es capaz de hacer magia o el naufragio no fue tan grave como lo haces ver.

Aunque en apariencia Hans se mantuvo sereno, la forma en que arrugó su nariz evidenció lo mucho que le había disgustado el comentario.

-De hecho-comenzó Elsa con timidez-la tripulación completa murió. El príncipe Hans fue rescatado junto con un último miembro pero… lamentablemente también falleció.

-Oh-exclamó el moreno con sincero pesar-lamento mucho escuchar eso. No pensé que… bueno… lo lamento Hans.

-Descuida, no es tu culpa. Yo tampoco sabía que tu invitación había sido enviada tan tarde-Alexius volvió a mirarlo con las cejas fruncidas, a lo que el pelirrojo agregó encogiéndose de hombros, restándole importancia al asunto-como la mía llegó a las Islas del Sur varios meses atrás, yo pensé…

-¡Hans!-lo reprendió Elsa.

-Por favor perdóneme su majestad-dijo con expresión de cachorro reprendido-no sabía que era un secreto, jamás creí que yo estuviera disfrutando de algún trato preferencial.

Elsa acarició el puente de su nariz con un par de dedos y respiró profundo.

-Príncipe Alexius si le parece…-comenzó.

-Por favor, sólo Alexius. Y hágame el favor de tutearme.

-Bien, Alexius, ¿te parece si entramos al palacio? La cena será servida dentro de poco, mientras tanto pediré que te escolten hasta tu habitación.

-Le agradezco la invitación su majestad-hizo un ademán para invitarla a caminar a su lado-vamos entonces.

-Gracias. Y siéntete con la libertad de tutearme.

El príncipe sonrió satisfecho. Comenzaron a caminar y cuando el caballero estaba por comenzar la conversación, unos pasitos veloces acercándose llamaron su atención; Friederick llegó corriendo hasta ellos, justo entre los dos, y tomó fuertemente la mano de su madre, quien amorosamente le sonrió. El pequeño respondió de la misma manera para después girarse hacia el príncipe y, asegurándose de reojo que su madre no lo veía, torció la boquita en un gesto de profundo y sincero desprecio que indignó al príncipe.

Algunos pasos atrás comenzaron a andar Anna, Kristoff y Hans. Con la princesa al centro del grupo, después de un momento habló:

-No te agrada ese sujeto ¿cierto?

-¡En lo absoluto!-respondieron Hans y Kristoff al mismo tiempo, para sorpresa de ambos y de la pelirroja.

-Ojalá que se ahogue con un trozo de ternera-escuchó Anna decir a Hans a su derecha y en voz muy baja.

-Ojalá que tropiece en los escalones y se rompa las piernas-escuchó a la izquierda susurrar a su novio. Y para aumentar su asombro, él agregó-y si no, entonces como quiera se las rompo yo.

-Tuve la oportunidad de conocer Arendelle varios años atrás-comenzó el recién llegado-era yo un niño, y su belleza me asombró. Pero ahora que tengo la oportunidad de ver todo con mayor detalle he de decir que me siento asombrado.

-Me alegra saber que el lugar…-forcejó un poco con el pequeño Friederick, quien la jalaba con insistencia-que el lugar ha sido de su agrado.

-Oh, es verdaderamente…

-Vamos moma, teno hambe.

-Tranquilo Friederderick-le dijo antes de regresar su atención al príncipe-Y ¿cómo estuvo tu…

-Moma mila, si grito aquí, me ecucho ota vez-comenzó a tomar aire con toda la intención de que su madre escuchara el maravilloso eco que producía la bóveda de la sala por la que cruzaban en el momento.

-Friederick no-rápidamente su madre le tapó la boquita, haciéndolo desinflar el pecho con decepción-¿En qué estaba? Ah, sí, ¿qué tal tu viaje?

-Exce…-el niño, sin soltar la mano de su madre, comenzó a corretear alrededor-excelente. Fue una buena…

-Basta-susurró Elsa al niño y esbozó una sonrisa a su invitado-lo siento mucho, él normalmente no… ¡FRIEDERICK!-con un movimiento veloz retuvo en el aire la manita que, conociendo tan bien a su pequeño, supo que viajaba directamente hacia su nariz-eso no se hace-le susurró entre dientes, ganándose una mirada retadora por parte del pecosito.

-Descuida, yo me encargo-se acercó Hans hasta ellos, sorprendiéndolos a ambos, y de cuclillas ante él le dijo con severidad-Esa no es forma de comportarse, menos si hay visitas Friederick.

-Pero yo…

-Tu madre se ha esforzado mucho por educarte, deberías demostrarle que su trabajo ha dado frutos.

-¡No quelo!-gritó el chiquitín enfadado. Pero fue cuando Hans le lanzó una mirada glacial que, bajándola cabeza, susurró-Peldón moma.

Elsa estaba boquiabierta, y de no ser porque repentinamente sintió la mirada del pelirrojo encima, no hubiera logrado recobrar la compostura a tiempo.

-Amm, bueno, así está mejor. Entonces, ehh, ¿Kai?-llamó a la vez que buscaba a su alrededor-¿Kai?

-Dígame su majestad-respondió el hombre apareciendo de inmediato a su lado.

-Oh, hola. ¿Serías tan amable de acompañar al príncipe Alexius a su habitación? Tal vez quiera lavarse o refrescarse un poco antes de la cena.

-Por su puesto.

-Tu corte descansará en la misma ala que tú-continuó la rubia-para mayor comodidad de todos.

-Te lo agradezco mucho Elsa-respondió el príncipe, y haciendo una reverencia tomó la mano derecha de la reina y la besó, tomándose el descaro de mirarla a la cara mientras lo hacía con una sonrisa.

El gesto le provocó una mezcla de bochorno y desprecio, pero trató de componer la mejor de sus sonrisas. Lo vio partir, en silencio, y este se hubiera mantenido de no ser por la voz de Anna al decir:

-Pues… no está tan mal.

Elsa la miró de reojo antes de suspirar.

-Supongo. Bueno, si me permiten, iré a ver si todo respecto a la cena está en orden. Con permiso.

Torpemente giró hacia la derecha y comenzó a caminar con paso presuroso. Fue un momento un poco confuso que Friederick aprovechó para correr escaleras arriba. Hans lo vio partir pero no se molestó en seguirlo. Pronto su vista pasó de la pequeña figurita desvaneciéndose en la lejanía a la pareja parada frente a él.

-¿Sabes?-comenzó Kristoff-Nunca creí que conocería a alguien a quien podría aborrecer más que a ti.


Alexius daba vueltas por la habitación, furioso, sin dejar de apretar los puños.

-¿Su hijo?-preguntó-¿Eso fue lo que dijo? ¡¿SU HIJO?!

-Le aseguro que no sabía absolutamente nada respecto al niño, su alteza-respondió un hombre calvo parado junto a la puerta, el consejero de su mayor confianza.

El moreno respiró profundo, logrando calmar un poco sus ánimos.

-Te creo Athan, te creo. Es sólo que…-se pasó la mano por los cabellos ensortijados-no contaba con esto, me toma completamente desprevenido.

-Es sólo un pequeño inconveniente alteza, confío en que todo saldrá bien.

-¿Un pequeño inconveniente?-preguntó volviendo a alterarse-¡Es un bastardo, Athan! ¿Tienes idea de lo bochornoso que será ver subir al trono y ser coronado a un bastardo, ¡en lugar de a mi propio hijo?!-dio un par de vueltas más por la habitación-Y a todo esto, ¿de dónde salió ese bastardo?

El príncipe espero impaciente por una respuesta, pero al no escuchar alguna se giró hacia su consejero para encontrarlo muy pensativo.

-¿Sucede algo Athan?

-Bueno… quizás…

-¿Qué?

Sólo entonces el hombre pareció salir de su trance y continuó:

-Hace unos años, cuando recién se comenzó a esparcir la noticia de los poderes de hielo de la reina Elsa y lo ocurrido durante su coronación, también circulo un extraño rumor que, por sonar demasiado descabellado, muchos decidieron ignorarlo.

-Ajá, ¿y sobre qué era?-el hombre se acercó a él, lleno de curiosidad.

-Decían que… que mientras estuvo encerrada en el calabozo aquel verano, ella… yació al lado del príncipe Hans. Ahí, en el lugar.

Alexius frunció el ceño, estupefacto.

-¿Dices que…? Pero, ¿tú crees que sea verdad? ¿Qué ese niño, Friederick, es… SU bastardo?

-Bueno, la edad del niño podría coincidir.

-¿Sí? Me parece muy pequeño.

-Quizás es genético, su majestad es una mujer menuda.

-Pero no lo son ni Hans ni sus doce hermanos.

Se miraron un rato, en silencio y buscando más piezas para armar ese nuevo rompecabezas.

Mientras tanto, del otro lado y recargado contra la puerta como tantas veces había visto hacer a su tía Anna, se encontraba el pequeño Friederick; llamado por los gritos amortiguados provenientes de la habitación había decidido abandonar un momento a Olaf para tratar de averiguar de qué se trataba, aunque lo mismo hubiera dado que no lo hiciera, puesto que no había entendido nada de lo que había alcanzado a escuchar.


Trató de sacudirse las locas teorías que su consejero acababa de sembrar en su cabeza y bajó a toda prisa para reunirse con su majestad; la encontró a unos pocos metros del comedor, luciendo despampanantemente hermosa a pesar de la evidente ansiedad que la hacía retorcer las manos. Al percatarse ella de su presencia y mirarlo para sonreírle, al príncipe le dio un vuelco el corazón. "Tiene que ser mía" pensó con una enorme sonrisa. "Definitivamente la quiero para mí".

Se saludaron cortésmente y en silencio caminaron uno al lado del otro. Una vez que llegaron al comedor, el príncipe invitado se apresuró a abrir la puerta y caballerosamente invitó a la reina a entrar. Ella, de buena gana y agradeciendo con una sonrisa y una inclinación de cabeza se adentró, y Alexius estaba a punto de seguirla cuando Hans, saliendo de la nada para cortarle el paso y adelantándose, entró antes que él. El movimiento fue rápido y pronto todos estaban acomodados en sus lugares: Elsa en la cabecera, Anna a su derecha y al lado de ella Kristoff, y Hans a la izquierda de su majestad. El niño, un poco desconcertado y celoso, se acercó a su padre y le dijo:

-Quelo estal con mi moma.

-¿Qué te parece si te sientas aquí a mi lado, campeón?

El pequeño torció su boquita en desacuerdo pero no se resistió cuando Hans lo alzó para acomodarlo en la silla al lado de él.

-Amm-comenzó el moreno de pie, desconcertado-¿No se supone que ese es mi lugar, Hans?

Los asistentes lo miraron aturdidos.

-¿De qué hablas?

-Soy un invitado de su majestad y según las reglas de etiqueta debo…

-Yo también son invitado aquí.

Alexius forzó una sonrisa y meneó la cabeza.

-El invitado de mayor importancia es quien debería ir…

-Bueno, puesto que yo tengo más tiempo aquí y he logrado entablar una buena relación con su majestad-miró a Elsa y le guiñó un ojo seductoramente, lo que hizo a la rubia darse una palmada en la frente, avergonzada-creo que merezco el honor de sentarme a su lado.

El recién llegado, haciendo acopio de todas sus fuerzas para mantener la calma sólo sonrió.

-Su majestad-comenzó-tal vez…

Pero para su decepción la atención de la reina estaba en algo mucho más importante: el pequeño Friederick de pie sobre la silla sosteniendo el cucharon del platón de puré de papa y a punto de servirse una segunda y enorme porción.

-No cielo-dijo poniéndose en pie-con eso es suficiente.

-Quelo zanaholias.

-Por supuesto, te acercaré el… no, amor, esos son los guisante.

-Quelo guisantes.

-Pero no te gustan los guisantes, no te los vas a comer. A ver, déjame ayudarte con…

-¿Su majestad?

Elsa alzó la vista de la mesa y con toda tranquilidad respondió:

-Lo lamento Alexius, comprendo lo que dices pero… Friederck te vas a ensuciar las mangas-pasó su atención del niño al príncipe-pero por favor toma asiento en donde gustes y… ¡Friederick!-lo reprendió una vez más su madre al verlo tomar un trozo de pan con la mano.

-Tranquila-dijo Hans-yo me encargó-y comenzó a servir en el plato del pequeño zanahorias y un pequeño trozo de carne.

Elsa los miró con atención antes de agregar un despreocupado "gracias" al que Hans respondió con una inclinación de cabeza.

Por su parte Alexius, resignado, se sentó al lado del pequeño.

La cena dio comienzo acompañada de un tenso silencio interrumpido sólo por el eco de los cubiertos al chocar. Después de unos minutos Anna se aventuró a preguntar:

-¿Qué le pareció su habitación, príncipe Alexius?

-Oh, magnificas mi querida Anna, ¿te molesta si te llamo Anna?

-Amm, ehh, no, ese es mi nombre… supongo.

-A mí sí me molesta-susurró Kristoff, ganándose un codazo por parte de su novia.

-Debió de ser un viaje muy largo-continuó Elsa-has de estar agotado.

-Lo estoy. Pero creo que mi emoción por finalmente haber arribado… y haberte conocido, es mayor que el cansancio.

-Oh-las mejillas de la rubia se colorearon notoriamente-también ha sido un gran placer poder ponerle rostro a todas esas cartas que estuvieron llegando en días pasados.

-Moría de ganas por pisar tierra firme-dijo con emoción-no dejaba de pensar que, si mediante cartas dabas la impresión de ser una mujer verdaderamente inteligente y educada, entonces una conversación de frente seguro sería de lo más estimulante.

Hans atendía a la conversación discretamente mientras cortaba la carne en el plato de su hijo, quien no dejaba de meter la mano para tomar trozos de zanahoria y llevárselos a la boca.

-Bueno, pues… gracias.

-Y espero que sea pronto cuando tenga la oportunidad de pasar un poco de tiempo contigo, Elsa.

El silencio esta vez fue absoluto, quedando los cuchillos y tenedores suspendidos en el aire.

-Ah, bueno pues… eso…

-Eso es trampa.

-¡Hans!

-Pasar más tiempo con un pretendiente que con el resto no es justo.

-¡Mira quién lo dice!-le espetó Alexius.

-Mi caso es completamente distinto; yo estoy aquí en calidad de refugiado, por el momento.

-Claro, y pretendes que te crea ¿no?

-Honestamente mi amigo-en la voz de Hans se podía apreciar cierta alteración-tú opinión me anda valiendo varias hectáreas de ver…

-¡HANS!

-…dura lista para cosechar.

Hubo un enfrentamiento de miradas entre ambos príncipes que terminó abruptamente cuando Elsa suspiró, cansada de tanto drama. El silencio volvió, esta vez cargado de más tensión. Y Friederick, en su inocencia, consideró que era el mejor momento para lanzar la pregunta que tanto le había carcomido desde unas horas atrás:

-Moma, ¿Qué es un bastaldo?

Los adultos lo miraron con la boca abierta.

-¿Perdón?-preguntó su madre.

El niño masticó un trozo de carne y dio un traguito a su vaso con jugo de uva, su favorito, antes de volver a preguntar:

-¿Qué es un bastaldo?

-¿Bas… taldo?

-¡No!-la corrió Friederick-bastaldo.

-¿Bas…? ¡¿Qué?!

-¿Bastardo?-lanzó Anna la pregunta con cierta aflicción. El pequeño asintió con la cabecita. Anna y su hermana se miraron, horrorizadas-Fried, ¿dónde escuchaste eso?

Se limpió la boquita con la servilleta, lenta y despreocupadamente, crispándole los nervios a los adultos antes de mirar a Alexius y responder señalándolo:

-Él lo dijo.

La tensión en el aire podía cortarse, en ese mismo momento, con el cuchillo para untar mantequilla.

-¿Él?-preguntó Elsa.

-Sí. Él dijo que yo-se señaló con un dedito inocente-era un bastaldo.

La rubia, incrédula y aterrada, miró a su invitado quien a esas alturas había perdido el color en el rostro.

-¿E-estás seguro amor?

-Sí. Dijo: Fielelick su bastaldo.

-Su majestad-comenzó de inmediato Alexius intentando defenderse-le puedo expli…

Se cortó, lívido, cuando una furiosa Elsa alzó una mano en señal de que parara. Lo miró sólo un par de segundos pero él sintió que la sangre se le helaba. Volviendo la reina la atención a su plato dijo con voz trémula.

-Comprendo, descuide. No es el momento de hablar al respecto pero…-revolvió un poco la comida con el tenedor, visiblemente afectada, antes de empujarlo con brusquedad sobre la mesa.

-Su majestad-se acercó presuroso un hombre del servicio-¿Hay algo mal? ¿Quiere que…

-Té-fue todo lo que dijo-Por favor quiero un poco de té.

El resto de la cena fue de lo más incómoda, y tristemente los platos terminaron casi como empezaron, salvo el de Friederick que quedó completamente vacío.


Iba ya de regreso a su habitación, maldiciéndose por su descuido, maldiciendo su larga lengua y maldiciendo al horripilante pecoso enano. Sentía que estaba a punto de reventar, le urgía encerrarse y descargar su furia contra un par de almohadas, cuando sintió un fuerte apretón sobre su hombro que lo hizo dar media vuelta bruscamente.

Se encontró con el rostro furibundo, del príncipe sureño a solo unos centímetros del suyo.

-Hans-susurró con veneno antes de sacudírselo de encima.

-Podría destrozarte la nariz en este mismo instante, maldito imbécil, o lanzarte por la ventana con la esperanza de ver tu cráneo estallar contra el suelo.

-Lo último que esperaba era encontrarme contigo en este maldito lugar. De todas las personas terribles y aborrecibles en el mundo, ¡tenía que venir a toparme contigo!

-Pero que terrible inconveniente ¿no?-sonrió con malicia-Vienes a tratar de seducir a la reina Elsa y te encuentras con la persona que conoce hasta tus más oscuros secretos.

-Supongo que tengo suerte entonces, porque si logró aceptarte aquí después de las atrocidades que cometiste contra ella, su familia y su reino, fácilmente logrará aceptarme a pesar de mi pasado.

-Yo no estaría tan seguro. Además, seamos honestos Alex: si termina botándote de una patada no será por tu pasado, será por la asquerosa persona que eres.

-Eso tendrás que probarlo.

Hans soltó una carcajada que hizo hervir la sangre a su oponente.

-No será necesario, mi estimada alimaña, tú mismo cavaste los primeros dos metros de tu tumba hace sólo un par de horas.

Alexius sonrió con desdén.

-¿Te refieres a lo ocurrido durante la cena?-bufó antes de soltar una carcajada-Eso no tiene importancia.

-Iluso.

-¡Es un niño! ¿Quién le creería a un mocoso?

El pelirrojo apretó los dientes, tratando de contener el impulso de saltarle encima.

-Es un niño, no un idiota.

-¿Cuál es la diferencia?

-Escucha imbécil-comenzó, sintiéndose cada vez más acalorado.

-No sé de donde haya salido esa pequeña y despreciable criatura, pero te aseguro que no permitiré que un desgraciado bastardo se entrometa en mi camino.

-¡Deja de llamarlo así!

El recién llegado retrocedió un par de pasos y sin dejar de sonreír agitó la cabeza desconcertado.

-¿Por qué te interesa tanto, Hans? Es sólo un inmundo mocoso, una basurita en el camino, es un…

-Es mi hijo-siseo Hans con los dientes tan apretados que creyó que se le pulverizarían las muelas.

-¿Qué?

-Y donde me entere que vuelves a hablar así de él…

-¿Estás de broma?

-¿Te parece que estoy bromeando?

Alexius lo miró un momento, como escaneándolo de pies a cabeza, para finalmente soltar una ruidosa carcajada.

-¡Ahora lo veo! Esas pecas y esa nariz… con razón había algo en él que me resultaba repugnante.

-Si no me dolieran justo ahora cada uno de los músculos del cuerpo, ya te habría matado a golpes. Pero si fuera tú, no tentaría a la suerte.

-¿Entonces es verdad?

-¿Qué?-preguntó Hans perturbado.

-Eso de que…-comenzó con cautela y retrocediendo unos cuantos pasos más-tú y la reina…

-¿Nosotros qué?

-Ya sabes, que hiciste lo que mejor sabes hacer con las damas-Hans entre cerró los ojos, tratando de encontrarle sentido a sus palabras, por lo que el moreno decidió terminar-Que la hiciste gozar como a una de tus muchas putas.

-¿De qué mierda estas…

-¿Lo hizo bien? Al parecer no congeló tu miembro, de lo contrario no seguirías andando con toda esa arrogancia encima. ¿Sabes que me da curiosidad? Saber si es muy ruidosa o sigue siendo igual de recatada que en la cena, ¿gritó mucho mientras le hacías al niño?

Todavía no había terminado de formular su pregunta cuando Hans ya se había lanzado hacia él; Alexius reaccionó muy lento, y por un momento entró en pánico al notar que no lograría esquivar el cuerpo veloz que se dirigía a él, pero lo que hizo que su corazón se detuviera por breves segundos fue un rayo azul y que dejaba un viento helado a su paso, que terminó chocando contra el suelo justo frente al pelirrojo.

Hans trató de dar un paso más, pero sus pies no respondieron y por el contrario, el frío que le recorrió desde los tobillos hasta las rodillas le engarrotó los músculos del cuerpo, lleno de temor.

-¡Alto!-gritó Elsa acercándose a toda velocidad.

-¡Su majestad!-exclamó Alexius alarmado-nosotros… bueno yo no…

-No es necesario que expliques nada-respondió furiosa.

-Sólo quisiera hacerle saber que…

-Todo lo que necesito saber está frente a mis ojos.

-Es que él…

-Es un provocador-respondió, sorprendiendo a su invitado-eso lo sé. Lo que no logro comprender es-se giró hacia Hans, quien trataba de sacar su pies del hielo que los mantenía congelados al suelo-¿cómo haces para lograr que todos caigan en tus provocaciones?

-¡¿Mis provocaciones?! ¡FUE ÉL QUIEN LLAMO BASTARDO A FRIEDERICK! Además dijo…

-No me interesa.

Hans se enderezó, y desde toda su altura la miró dolido.

-¿No te interesa lo que él piense al respecto o no te interesa Friederick?

-No me refiero a eso.

-En mi defensa, Elsa-comenzó Alexius a sus espaldas, haciéndola girarse hacia él-fue Hans quien me abordó; yo iba a mi habitación cuando apareció y comenzó a gritarme.

-Insultaste al niño-se defendió el sureño.

-Eso no te consta. Así son los niños.

-Ah, ¿entonces lo estás llamando mentiroso?

-Deja de poner palabras en mi boca.

-Deja entonces de abrirla o permíteme cerrártela con mis puños.

-¿Quieres tratar, principito maniaco?

-Vuelve a llamarme así y terminaré cerrándote la tráquea también.

-Inténtalo.

-¡Pues acércate!

Alexius, cayendo en su juego, se encaminó directo a él remangándose la camisa, mientras Hans cerraba su puño derecho con todas sus fuerzas.

-¡BASTA!-gritó de nuevo la rubia interponiéndose entre ellos y colocando sus manos sobre el pecho de cada uno en un intento de poner distancia-Esto es una niñería, exijo que se conduzcan con mayor propiedad en MI palacio.

Ambos príncipes se miraron, tratando de asesinar al contrincante con la mirada. Finalmente Alexius retrocedió, aunque sin quitarle la vista de encima, y los músculos y la quijada de Hans terminaron por relajarse. Solo entonces Elsa derritió el hielo que lo ataba a su lugar.

-Eso está mejor-dijo ella-Ahora, espero que esto no se vuelva a repetir, o me veré en la penosa necesidad de echarlos a ambos de aquí.

-¡Pero fue él quien comenzó! ¡Ya te lo dije!

Elsa se dirigió enojada hacia el pelirrojo.

-Hans es eso… Hans, ¿te encuentras bien?-preguntó al verlo respirar agitado.

-No… claro que no-respondió entrecortado-el muy imbécil se…

Dejó la frase en el aire cuando la mano helada de la reina se posó sobre su mejilla izquierda.

-Dios Hans, estás caliente.

-¡Por supuesto! Si no fuera por ti ya le hubiera puesto una…

-Ve a tu habitación-lo interrumpió tajante.

-¿Qué? ¡¿Por qué?! ¿Acaso me estás castigando o alguna estupidez por el estilo?

-Ahora Hans, vete.

-Pero él…-Elsa le lanzó una mirada tan fría, que sintió escalofríos subirle por la espina dorsal-Agh, maldita sea-se giró y comenzó a alejarse murmurando algo completamente incomprensible para el otro príncipe y su majestad.

Cuando Hans estaba lo suficientemente lejos Elsa se dirigió a Alexius.

-Lo lamento mucho-dijo con sincero pesar.

-No es tu culpa-respondió él mirando al suelo y comenzando a sentirse como un adolescente estúpido-no debí dejar que me orillara a esto.

-No, me refiero a…-Alexius la miró confuso-me refiero a todo el asunto de Friederick. Creo que… debí mencionarlo en alguna carta o mandar algún comunicado o…-exhaló, agotada-Prometo que te lo explicaré todo, de verdad lo haré, pero…-miró hacia atrás, al lugar por el que había desaparecido Hans-no será ahora.

-Comprendo.

-Perdóname por favor, en gran parte esto es culpa mía.

-No, Elsa, culparte por esto sería injusto.

-Y sin embargo es necesario-suspiró y comenzó a retroceder-te prometo que lo explicaré todo, hasta el último detalle-comenzó a andar con más prisa y antes de girarse agregó-perdóname Alexius, de verdad lo siento-y echó a correr por el pasillo, dejando al príncipe solo y confundido.


-¡¿Qué diantres fue eso?!-preguntó Elsa histérica cerrando la puerta detrás de ella.

-¡Debiste escuchar todas las porquerías que ese idiota dijo sobre Friederick!-gritó Hans con las mejillas cada vez más encendidas y pequeñas gotitas de sudor perlándole la frente-Es un imbécil Elsa, es evidente que ese sujeto jamás lo aceptará como su… ¿qué estás haciendo?-preguntó cuándo ella se acercó y comenzó a desabotonarle la ropa.

-Te quito la camisa-respondió sin abandonar la tarea.

-¿Por qué?-en su voz se podía percibir lo alarmado que se encontraba.

-Quítate la camisa y túmbate en la cama, Hans.

-¡¿Qué?! Elsa, no… ¡este no es momento para fornicar! Pero si así lo deseas-terminó velozmente la tarea que las manos inexpertas de la reina habían dejado a medias y procedió a deshacerse de la prenda.

Ella lo miró con ceño fruncido y los brazos cruzados.

-No vamos a hacer esas porquerías-le dijo-ahora métete en la cama.

-No entiendo.

-La fiebre volvió Hans, es evidente que no te has recuperado. Demonios-comenzó a levantar las mantas y a esponjar las almohadas-jamás debí de permitir que te levantaras, debí hacer a Friederick comprender que necesitabas más reposo.

-¿Por qué eres tan mandona?

-¡¿Disculpa?!

-¿Por qué tienes que mandonear a todos y en todo momento? Te la pasas dándome órdenes y diciéndome qué hacer y qué no hacer. Y normalmente la lista del "no" es más larga que la primera.

Lo miró entre contrariada y ofendida antes de caminar hasta él y señalarlo con un dedo.

-En primer lugar: yo soy la reina, para eso estoy aquí, ¡ese es mi deber! Así que perdona si mandonear a la gente resulta ser algo natural en mí.

-No, no a todos, a aquel idiota no le…

-Segundo: tal vez no te sentirías tan abrumado con mis órdenes ¡si las obedecieras! Tal vez no estaría todo el tiempo sobre ti si no fueras un imbécil.

-¿Yo, un imbécil?

-Le gritaste y amenazaste a mi invitado.

-Ya te dije que él es un idiota.

-Lo trataste terriblemente mal Hans, te comportaste de una manera verdaderamente inapropiada cuando arribó al palacio.

-Lo traté como se merece.

-Viene con la intención de pretenderme.

Para sorpresa de Hans, esa frase hizo que se le acelerara el corazón.

-Lo sé, yo sólo… yo… lo conozco, y sé la clase de persona que puede llegar a ser.

-¿Clase de persona?

-Es un ser asqueroso, y sólo estoy tratando de hacerte ver que…

-Hans, nadie te pidió tu ayuda.

-Lo sé-respondió bajando la mirada frustrado.

-¿Entonces? ¿Por qué lo haces?

-Porque deberías saberlo.

-O tal vez debería descubrirlo por mí misma. Después de todo, ¿por qué tendría que confiar en ti?

Ambos permanecieron callados, lo único que se escuchaba era la respiración entre cortada del pelirrojo. Finalmente la miró y con tono sombrío dijo:

-Porque de lo contrario terminará haciéndote daño.

-¿Tanto como el que me hiciste tú el verano de mi coronación?-recordar aquellos momentos de pronto la llevaron al borde de las lágrimas-¿o como el que me provocas cada vez que amenazas con llevarte a Friederick?

Hans suspiró y negó con la cabeza.

-No entiendes, solo trato de evitarte problemas.

-Pero tu ayuda no me interesa Hans-se acercó a él, cada vez más exaltada-Por si no lo has notado, cada vez que intentas ayudarme las cosas terminan saliendo mucho peor.

Hans rodó los ojos exasperado.

-Eso es una patraña, lo único que trato de hacer es protegerte.

-¿De qué? ¿De él?

-¡Obviamente!

-¿Y eso porque te interesa? No tiene sentido tratándose de ti, es decir, ¿en qué te beneficiaria?

-En que no te casarías con él.

-Aún no he dicho que lo vaya a hacer.

-Pero lo estas considerando.

-¡Por supuesto!

-¡Lo ves! Ahí está el problema.

-¿Por qué no habría de hacerlo? ¿Tienes alguna razón lo suficientemente poderosa para que no lo haga?

-Pues sí, de hecho sí.

-Bien-lo retó Elsa-¡pues quiero pruebas!

Sin previo aviso Hans se abalanzó sobre ella y tomándola por la cintura con fuerza atrapó sus labios en un apasionado beso. Elsa gimió en una mezcla de sorpresa y terror, pero antes de que pudiera reaccionar Hans metió una mano entre sus cabellos platinados y la pegó más a su cuerpo, obligándola a profundizar el beso.

Le resultó extraño: hacer caso a sus más bajos y ardientes instintos, que se regocijaban mientras recorría con su lengua el interior de la boca de la reina, mientras la voz de su conciencia le recriminaba por aquel terrible acto. Su cuerpo estaba tenso y el corazón le latía a máxima velocidad. Para su sorpresa, pronto sintió un par de manos heladas subir lenta y lujuriosamente, como acariciando cada fibra de los músculos de su abdomen y pecho, hasta llegar a sus hombros y volver a bajar de la misma forma. Supo que su corazón tenía todavía otras cinco velocidades más en el momento en que la lengua de ella comenzó a responder a la suya, y pensó que si terminaba infartándose a causa de tanta emoción, no le molestaría morir después de haber saboreado aquel suculento beso.


¿Y bien? ¿Cómo quedó? No saben lo nerviosa que me ponía subir este capítulo pero bueno, "lo hecho, hecho está".

Les deseo una excelentísima semana, disfruten lo que queda de agosto y nos leemos pronto. Bye bye! ^_-