CAPITULO 25

-¿Te gusta?- susurró con voz ronca por el deseo en el oído de la muchacha, obteniendo como respuesta un suave jadeo y un fogoso beso en los labios. ¡Vaya si que le gustaba! Pensó Sasuke con satisfacción. Observo el rostro de Sakura perlado por el sudor y ya bastante sonrojado, tenía las mejillas intensamente coloradas. Paso la engoa por la comisura de los labios de ella y la deslizo hasta llegar al nacimiento de sus deliciosos senos, se apodero de uno y continuo restregando su virilidad contra la chica, aumentando la velocidad, solo falto un poco más para sentir como ella vibraba y se estremecía entre sus brazos, señal de que había alcanzado el orgasmo; la beso de nuevo en los labios y continuo con el movimiento de caderas hasta que se derramo sobre la ropa húmeda de Sakura.

Los fluidos de ambos empaparon la ropa de la muchacha.

Continuo besándola con dulzura en los labios, la bajo con delicadeza y se despojo por completo de la ropa, tomo la mano de la muchacha y la condujo a la tina.

-¿quieres tomar un baño conmigo?- al escuchar la pregunta fue consciente de lo que había ocurrido, se zafo de la mano del feudal y salió corriendo.

Soltó una risa cínica al ver como la muchacha salió corriendo como alma que lleva el diablo; "ni modo ella se lo pierde". Se dispuso a tomar un relajante baño, aunque era indudable que sería mejor y más placentero si ella se encontrara en esos momentos en sus brazos. Era una lástima que su plan fallara, su intención había sido desde un principio introducirla con lentitud al mundo de los placeres carnales que sabía que eran absolutamente desconocidos para la inocente y pudorosa Sakura; inicialmente la volvería loca, le enseñaría que su cuerpo era capaz de responder con ansia e ímpetu a cada una de sus arrebatadoras caricias cargadas de deseo, la haría consiente del placer que era capaz de proporcionarle y finalmente después de hacerla llegar una vez al éxtasis solo mediante sus experimentadas y osadas caricias se dispondría a poseerla por completo, a hacerla su mujer; todo esto con el afán de no asustarla. Lastima se lamento, jamás le paso por la mente que ella huiría despavorida. En fin ya habría oportunidad de poseerla en algún otro momento, al fin de cuentas ella no iría a ningún lado.

Sin volver la mirada atrás, corrió despavorida hasta llegar a su habitación, cerro la puerta deseperadamente como si eso la salvara de lo que acaba de suceder, ya no había duda alguna estaba enamorada del feudal; sollozando desconsoladamente por su falta de dignidad, y por su actual descubrimiento se arrojo en la cama. ¡Lo amaba! Y lo peor es que respondia con ansia a sus avasalladoras caricias, deseaba mas, ¡lo deseaba! Anhelaba perderse entre sus brazos, abandonarse a sus besos y caricias.

Era una perdida, hacia unos momentos había estado disfrutando de las caricias del feudal, como si de ello dependiera su vida, en fin ya nada podía hacer al respecto, lo echo estaba y nada lo podía cambiar. Se maldijo por amarlo; se limpio las lágrimas y corrió a la esquina donde tenía sus pocas pertenencias, las envolvió en un bulto con la clara intención de alejarse para siempre de ese maldito lugar. Inmediatamente se dio cuenta de que era una tonta, no tenía a donde ir, ni pensar en ir con sus padres y de paso tampoco tenía dinero, todos sus ahorros los perdió cuando fue en busca de Sai; con tristeza volvió a su cama, no tenía otra opción que quedarse en el palacio.

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Se adentro en la habitación llevando un trapo y un cubo de agua, para realizar la limpieza de la habitación, grande fue su sorpresa al encontrarlo ahí, lo observo embobada, era muy pero muy atractivo, le fascinaba su cabello negro y suave como la seda, se sorprendió ante sus pensamientos y expreso una disculpa.

-Disculpe señor me retiro.

-No importa limpia, ya me voy- dijo indiferente pasando de largo a su lado sin dirigirle una mirada.

Esa actitud la dejo perpleja, cada vez se convencía mas de que estaba loca, si la ignoraba sentía como su corazón se encogía y la desazón la invadía y a duras penas contenía las ganas de llorar, en cambio si por otra parte intentaba sobrepasarse con ella también se molestaba.

Enterró su tristeza en lo más profundo de su mente; después de todo que estaba pensando cuando comenzó a ilusionar con el feudal, era verdad que era muy guapo y que en ocasiones tenia atenciones con ella pero nada más, no podía esperar que el la tomara en serio, esa jamás sucedería, ni siquiera en su más acariciado sueno, pues ella no estaba a la altura de él.

Un recuerdo de lo sucedido el día anterior vino a su mente y sus mejillas se sonrosaron, aun podía sentir la calidez de los labios del feudal recorriendo su piel, sus caricias, sus suaves labios besando los suyos, sintió como una oleada de calor le golpeaba en la pelvis, jamás había sentido esto antes, era absolutamente desconocido este sentimiento de necesidad de tenerlo junto a ella y fundirse, necesitaba sentirse de nuevo entre sus brazos aunque solo fuera por unos instantes.

Paso el resto del día sumida en sus labores, escuchando como el resto de las siervas en edad casadera hablaban sin parar haciendo planes para el día siguiente, que sería el día del baile anual de la rosa.

Al entrar a las cocina le llamo la atención que tanto como Antonieta y las otras criadas, una llamada Martina y la otra Josefina la miraron sonriendo; se sintió incomoda, tratando de ignorarlas se lavo las manos.

-Sakura- Antonieta fue la primera en hablar- Te llego esto- dijo sonriendo extendiéndole un paquete, o mejor dicho una bolsa de seda.

Recelosa lo tomo.

-¿Quien lo trajo?- inquirió dudosa.

-Un mozo lo acaba de traer, ábrelo no nos mates de la curiosidad- la apremio Martina.

Con curiosidad, abrió el morral y saco un delicado vestido de seda, de color turquesa, era sencillo pero por la tela se podía dar cuenta de que era demasiado fino, también iban unos zapatos bordados con pedrería. Al paquete acompañaba una nota de impecable y elegante caligrafía: "Te estaré esperando en el baile de la rosa. No faltes Sakura Haruno".

Todas gritaron de excitación a excepción de Sakura que, estaba recelosa por el paquete, pero no cabía duda de que era para ella, la tarjeta no dejaba lugar a duda.

-¿Vas a ir?- inquirió Josefina.

-tienes que ir- le dijo Martina sin esconder su emoción- Debes lucir ese vestido te veras preciosa.

-Si muchacha debes de ir, para que descubras quien es el galán.

-No lo creo- expreso Sakura sin interés-No me importa quien allá enviado el vestido, te lo regalo Martina, toma- dijo extendiéndole el morral.

-No, no estás loca Sakura, las tres vamos a ir a ese baile y vamos a desvelar el misterioso del pretendiente. Que tal que es alguien muy pero muy guapo y te enamoras del, y hasta te casas.

Al escuchar las locas ideas de su compañera, se tenso, ella nunca se casaría, nadie querría casarse con una mujer que ya no era virgen.

Después de tanta insistencia decidió ir al baile, nada perdía, solo se quitaría la duda, de saber quién era el misterioso galán, solo eso y nada más.

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Llego el día tan esperado; como era costumbre a todas las siervas en edad casadera, se les daba la tarde libre.

Sakura se puso el vestido, no pudo evitar sonreír al verse al espejo, realmente le quedaba bien, ese tono le resaltaba el cabello.

Se reunió con Martina y Josefina que sonrieron al verla.

-Luces linda- dijeron las muchachas al unísono.

- Ese hombre se enamorara mas de ti, te lo aseguro- apuntó Martina sonriendo.

Sakura ignoro el comentario, era lo último que esperaba.

A paso lento se dirigieron a donde se celebraba el baile, era un palacete de los menos ostentosos de la villa, que se usaba para las fiestas de los siervos.

Temerosa de saber qué es lo que encontraría en el interior, se adentro con paso lento, sus amigas la observaron preocupadas, tal vez para Sakura era difícil encontrarse con alguien más después de que no se caso con ese atractivo muchacho con el que estuvo prometida, se lamentaron ambas.

Apenas hubo entrado escuchó su nombre.

-Sakura-se volvió sorprendida.