Capitulo XXV
Sus pasos resonaron en la cubierta, la cual estaba manchada de la sangre de aquellos piratas que se habían atrevido a abordarlos; a pesar de que había jurado llevar ante la ley a todos los piratas que capturara con vida, podía hacer excepciones si estos se resistían. Habían pedido piedad en el momento que se vieron derrotados, pero Remus no se había detenido, por unas simples suplicas sin valor, arraso con todos los que pudo, dejando solo en ese momento, a tres criminales con vida.
-"Capitán"- Peter el segundo al mando extendió una caja plateada a su superior –"solo tiene una bala"- anuncio.
-"Solo necesito una"- dijo con la nariz apuntando al cielo.
Los pobre grumetes temblaban de miedo, eran tan solo chicos que jugaban a ser piratas, ni siquiera rebasaban los dieciocho años, y la verdad jamás llegarían a la mayoría de edad. Como si de la escuela primaria se tratase, los marines los obligaron a formarse por estaturas, para facilitar la ejecución, con una sola bala.
-"¡Piedad!"- gritaban orinados del miedo ante su inminente muerte.
-"¿Piedad?"- Remus saboreo la palabra, como si fuese nueva para el –"piedad"- repitió checando el revólver que usaría –"yo gritaba esa palabra para que no me mataran los infelices que atacaron mi isla"- dijo a la nada –"personas como ustedes mataron y violaron a mi madre y a mis hermanas, quemaron vivo a mi padre, y crucificaron a mis abuelos"- sin pensarlo dos veces les dio justo entre ceja y ceja, y con un disparo hubo tres cuerpos en el piso –"piedad"- rio –"la palabra más inútil que he oído"-.
Ni un minuto de silencio se gurdo ante los enemigos caídos, como si no hubiera pasado nada, los marines se pusieron manos a la obra para regresar su navío a su antigua pulcritud. Por suerte los tiburones tendrían carne fresca para cenar, aunque solo fuese "sangre podrida" como solían llamar Remus a los infames piratas.
-"¡Pitt!"- grito el capitán un poco molesto.
-"A sus órdenes almirante"- respondió su mano derecha, deshaciéndose de su chaqueta que anteriormente había sido de un blanco impoluto.
-"Fija el rumbo hacia mi tierra natal"- se aliso el uniforme, que a pesar de haber estado en batalla aún seguía impecable.
-"Como ordene"-.
-"¡A estas gloriosas noches de batalla!"- grito estirando las manos al cielo –"lo único que hacen es que tenga pesadillas, y no deje de saborearme aquello que nunca pude tener"- suspiro con resignación y guardo sus potentes manos en los bolsillos de uniforme.
Sus queridos y preciados subordinados pasarían una noche realmente maravillosa, recogiendo los despojos de aquellos miserables que habían atentado contra sus vidas, mientras el, como buen capitán iría a tomar una sienta en compañía de un muy preciado cartel de "Se busca".
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Nanami remaba con una lentitud desesperante, y cada que lo hacía decía "adentro y afuera" en un idioma distinto, cada vez; parecía que no le importaba mucho que un enorme barco pirata le fuese pisando las enaguas, ni que tenía ya día y medio sin ingerir alimento. Era un viaje de rutina, algo que hacía más o menos cada tres meses, desde hace veintidós años, así que su cuerpo estaba más que acostumbrado a solo mantenerse de agua por casi tres días. Claro sus viajes anteriores eran de isla en isla, sin saltos ni dificultades en el camino, pero ahora con la siguiente isla a solo horas de hundirse, era más practico ir a Yue sin escalas.
-"¡Eh Nanami!"- grito Usopp desde el Sunny.
-"Si"- dijo la sacerdotisa, dejando su labor de lado, para mirar hacia atrás.
La distancia entre el Sunny y la balsa de madera era aproximadamente de dos metros exactos, el mismo Usopp lo estaba cuidando, pero al pasar las horas se le era complicado cuidar que, de un momento a otro, el barco se comiera aquellos troncos roídos por las polillas.
-"Porque no subes"- dijo sonriente –"ya casi cae la noche y has de estar exhausta"-.
Nana movió con algo de dolor sus hombros, sus pequeñas manos estaban casi engarrotadas por estar en la misma posición más de un día entero. La proposición se le apetecía gloriosa, pero, si era sincera no quería importunar a su querida hija, que no le había dirigido la palabra desde su escueta conversación.
-"No quiero molestar"- dijo estirando sus dedos para desentumecerlos.
-"No te preocupes por Nami"- dijo el narizón rascándose la melena –"ella está dormida"- dijo en un susurro demasiado alto.
-"Pero cuando despierte…"- se interrumpió así misma pensando en una y mil posibilidades, si ella llegase a subir al león.
-"No dirá nada"- sus pulgares se elevaron en aprobación –"¡Eh Luffy sube a Nana!"- grito.
Antes de que la pelirroja pudiese protestar, una mano de goma la tomo, de la cintura y fue jalada hacia arriba, y aterrizo de sentón en el suave pasto ante la mirada atónita de un esqueleto que bebía te.
-"Mil disculpas en nombre de mi capitán"- el esqueleto le tendió su mano libre para ayudarla a ponerse de pie –"es algo imprudente"- y de un jaloncito la reincorporo –"no me habían dicho que usted solo se ve unos tres años mayor que su hija"- dijo con elocuencia dando una reverencia en modo de saludo –"así de que dígame ¿no le molestaría mostrarme sus pantis?"-.
Nanami estaba confundida, jamás en su vida había visto a un esqueleto parlante, y estaba segura de que eso no era cosa del bien, tenía que haber una fruta del mal de por medio, si un ser de ultratumba caminaba entre los vivos. Sus ojos vagaron desde los pies del difunto, hasta su prominente afro, para después captar la pregunta un tanto atrevida.
-"¿Mis pantis?"- repitió un poco confusa.
-"Si"- a pesar de no tener ojos, se le podía ver en el rostro huesudo la ansiedad por la respuesta.
-"No hay problema"- iba a mostrarle su ropa interior sin pudor a un extraño, cuando una mano se interpuso.
-"Brook"- dijo con reproche la joven madre –"ella es una mujer madura, no andes con ese tipo de jugarretas"-.
-"Si Rebe-chan"- al esqueleto por una extraña razón le sangraba la nariz, a pesar de que hace tiempo no tenía ni siquiera un corazón que la bombeara.
Nanami se había quedado con su falda hasta un poco más arriba de las rodillas, y era algo de admirar, a pesar de su edad tenía unas muy preciosas piernas. Si bien no entendía nada de la situación, miro con duda a la chica que ahora la tomaba de los hombros para dirigirla en dirección contraria.
-"Has de perdonar a Brook"- rio guiándola hacia las escaleras –"sus años de soledad, y sin compañía femenina, lo han dejado un poquito atrevido"-.
-"Es una petición normal"- Nana recordó que una ocasión unos viajeros la saludaron mostrándole sus ropas intimas –"en las islas del oeste, se acostumbra a mostrar inclusive su parte intima para mostrar su estado civil, o su pureza"- explico.
-"Si"- dijo algo incomoda –"pero son tradiciones viejas y ya olvidadas, y lo que Brook quería, era, era,"- no encontraba las palabras correctas para explicarse.
-"Una imagen sensual con la cual masturbarse en la noche"- soltó sin pudor la sacerdotisa –"aunque a su falta de piel, órganos, y todo, me da a entender que es imposible que él tenga pene"-.
Rebecca se ahogó con la risa, y para simular tosió un poco ante el poco pudor de la mujer para decir aquello. No es que ella fuese una mojigata, de eso nada, y su abultado vientre lo decía perfectamente, pero es que Nanami lo decía con algo parecido a la inocencia, a pesar de que era un tema hablado solo por los adultos.
-"Joven Trafalgar"- dijo apartándose de la chica para subir a toda velocidad las escaleras.
Law detuvo su camino hacia los arboles de mandarinas de Nami cuando oyó la voz de Nana, en sus manos llevaba una cobija con conejos bordados, y el nombre la navegante; ella había caído dormida hace apenas media hora.
-"Nanami-ya"- saludo.
-"¿Mi hija?"- pregunto con ansias –"¿Cómo está?"-.
Law se giro a mirar a Nami completamente dormida, estaba recostada en un camastro, con un libro posado en su vientre y una mandarina a medio comer. No había querido hablar con él desde ayer, y había peleado con Luffy después de la comida. Estaba molesta por no ir detrás del Polar Tang e ir a una ridícula aventura a la tierra que la había visto nacer.
-"Porque no platicamos esto con un café"- sugirió haciendo desaparecer la cobija en sus manos, para después sostener un libro sobre las corrientes marinas del norte.
-"Prefiero él te de azares con algo de miel, y el jugo de un limón"-.
-"Me lo temía"- sonrió de lado, para encaminarse a la cocina.
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Despertó con una suave nana, que se oía a lo lejos, Brook la solía cantar en las noches que las ballenas salían a tomar aire. El sol se había escondido hace más o menos una hora y media, y por el olor, la cena estaría en menos de lo que tarda un bostezo.
-"Nami"- la rasposa voz de Zoro se oyó entre las sombras.
-"¿Sí?"- dijo la pelirroja antes de bostezar.
-"Tu madre está a bordo"- comunico saliendo de las sombras que lo cobijaban desde hace unos cuantos minutos –"te pediría que fueses sensata y no armaras revuelo"-.
La navegante se estiro y soltó un gemido de satisfacción por su siesta que se alargó más de lo debido. Ella podía levantarse y comenzar a lanzar pestes como Apolo, pero no era ni el momento, ni el lugar, si su inútil capitán había subido a borda a esa mujer, ni las amenazas más mortales que tenía reservadas para ese idiota, lo harían cambiar de opinión.
-"Es su nave"- dijo cobijándose con la frazada de conejos –"lo que yo opine no es relevante"-.
-"Creo que ese es un error"- Zoro se sentó a la orilla del camastro –"lo que tu opines y digas es completamente relevante"-.
-"Ja"- sonrió complacida –"¿Quién diría que un día tu vendrías a consolarme?"- recogió sus pies, para pegar sus rodillas al pecho –"eres como el hermano mayor que jamás pedí"-.
-"Y tu la insolente hermana que jamás desee"-.
Rieron un poco mientras Zoro con algo parecido al cariño le jalo las mejillas dulcemente, ignorando a la sacerdotisa que los miraba con una bandeja en las manos; sus pies estaban clavados en el suelo de madera del barco, mientras miraba como su hija, el fruto de su vientre, conversaba con aquel espadachín como si de hermanos se tratase.
Había sido un error haberla abandonado, había sido un terrible error haberla dejado a su suerte, en las inocentes manos de Nojiko, mientras ella solo desvariaba por haber comido una fruta del diablo. Si tan solo pudiese retroceder el tiempo, para no soltarla, y verla crecer, pero era imposible, ahora debía ser fuerte y tratar de recuperar por lo menos un instante del tiempo perdido.
-"Nami"- susurro esperando que su voz fuese escuchada a pesar de las risas que compartían los chicos –"Nami"- volvió a repetir viendo que aún no era escuchada.
Sus manos se aferraron fuertemente a la bandeja, mientras sus ojos se comenzaron a cristalizar, sabía de antemano que tal vez sería ignorada, y no quería poner mucho énfasis en llamar a su hija, pero, esperaba que fuesen más conscientes de su alrededor.
-"Na…."-.
."¿Se le ofrece algo?"- pregunto Nami aun con la mano en el estómago por haber reído.
-"Te he preparado un té"- dijo rápidamente bajando los escalones.
-"Las dejo"- Zoro se reincorporo y despeino la melena de su amiga antes de marcharse.
Habían quedado a solas, Nana había plantado la bandeja en una mesita al lado del camastro, y no dejaba de mover la cuchara dentro de la taza, para deshacer la inexistente miel que había puesto para endulzar la bebida. Estaba nerviosa, se le podía notar a leguas, ya que al momento de dejar de menear la cuchara golpeo bastante fuerte la taza, casi al punto de hacerle una grieta.
-"¿Galletas?"- tomo el platito con tres galletitas de chispas de chocolate, y luchaba para que no se le cayeran por el temblor que tenía en sus manos.
-"Gracias"- dijo la pelirroja tomando la galleta con mas chispas que hubiera en el plato.
-"La cena aún no está lista, pero, el joven cocinero me ha permitido traerte un tentempié para abrir el apetito- confeso dejando el plato de lado y ahora tomando la taza de té –"también me dijo que tomabas te de azares con miel y un toque de limón"- aun sus manos temblaban, en espera de un rechazo que veía venir desde antes de salir de la cocina.
-"Sanji no mide bien la miel"- sonrió tomando el té –"siempre le pone de menos"-.
Sus ojos castaños se cerraron en el preciso momento en el que sus labios rozaron con la porcelana de la taza, pero más rápido que un rayo los volvió abrir; aun el trago que había dado no pasaba por su garganta cuando sintió aquel sabor tan exquisito que solo ella podía igualar. Era el toque perfecto de miel, azares, y un toque de limón, pareciera que lo midió sistemáticamente para poder recrear su bebida favorita.
-"Esta muy bueno"- admitió tocándose los labios –"realmente delicioso"-.
-"Gracias"-.
Ambas fijaron sus ojos en el cielo, las estrellas resplandecían mientras que la luna perezosa no se asomó. Nana se sentó en el mismo camastro que su hija, y le acaricio el rostro con ternura, esperando una negativa, pero Nami se dejo ser; permitió que le peinara el cabello hacia atrás y tocara sus mejillas con mas fuerza de la necesaria, delineo su boca y su nariz. Fue como verla por primera vez. Los ojos de su abuela, los labios de ella, la nariz de la familia, las pestañas de su padre, al igual que la barbilla. Fue remontarse a años atrás, cuando la partera la puso en sus manos anunciado la llegada de su hermosa hija.
-"¡A cenar!"- el grito de Sanji rompió el encanto.
Nami suspiro, y aparto la mano de Nana con cuidado, le dedico una mirada de disculpa, y se disculpó porque no tomaría la cena con ellos. Se puso de pie lo mas lento que pudo, y con la charola en su poder se dirigió a los cuartos.
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A la mañana del quinto día, Nami salió por fin de su habitación, no había salido desde que Nanami había subido al barco, y sinceramente no esperaban que ella amaneciera de tan buen humor, que tarareo todo el recorrido de los cuartos a la cocina, esa ridícula canción que Luffy cantaba sobre las islas del norte. Pero todo era apariencia, pues no saludo a nadie al llegar a la cocina; simplemente tomo un plato de comida y una taza de café y comió como si no hubiera nadie a su alrededor, no le importo atravesarse por la sal, ni interponerse para tomar la jarra de jugo, simplemente era ella y solo ella.
- "Esta loca"- había susurrado Usopp, cuando de la nada le había arrebatado la miel para su fruta.
-"Y tu eres un idiota"- respondió con una sonrisa tan rádiate que era desconcertante.
Luffy intento hablar con ella, disculparse por no ir detrás de Robin, e ir a una isla deshabitada con la única certeza de que encontrarían mas problemas que riquezas, pero al parecer a Nami eso ya no le importaba. Con sus gafas de sol puestas, y su bikini azul con olanes, se dedico a tomar el sol toda la mañana y gran parte de la tarde; bebió limonadas y aguas naturales cortesías de Sanji, que eran enviadas como relojito para mantenerla hidratada, pero de ahí nada que diese señales de que le importaba las personas a su alrededor.
Fue casi a las tres de la tarde, antes de que Sanji gritara para la comida, que alguien enorme se interpuso entre su piel pálida y el sol. Rebecca con un vientre mas grande que una pelota de playa se desparramo en el camastro de al lado con un delicioso cono de helado de naranja.
-"Sigues molesta"- dijo colocándose unos lentes oscuros –"te entiendo"-hablaba sola sin importarle que los demás pudieran oírla –"cuando supe que mi papá era el soldado, algo dentro de mi se quebró"- confeso –" el era duro conmigo, me enseño a defenderme de las peleas, dándome lo mas fuerte que pudo con lo que tenia en la mano"- hizo un pausa para comer nieve, y después continuo –"me dio con palos, piedras, ladrillos y un sinfín de objetos que me causaron más daño psicológico que físico"-
-"Él estuvo ahí contigo"- dijo la pelirroja girándose a verla –"sea como sea tu padre te crio de la mejor y peor manera que pudo"-.
-"Pero yo no lo supe"- la futura madre se sobo el vientre y después tomo la mano de su amiga –"¿los sientes?"- pregunto.
Aquellos "gusanitos" se movían como si no hubiese mañana, la panza de Rebeca se elevaba de formas tan peculiares, que Nami se sorprendió el como aquello no le causaba dolor; su mano vago por el vientre de su amiga picando las manos, o los pies de aquellos seres chiquititos que aún no veía la luz del día.
-"Es fantástico"- dijo la navegante picando una manita que la saludaba desde el interior de su madre.
-"Ella tomo un decisión que en su momento fue la correcta"- dijo, dejando que su rival de amores jugase con sus hijos no natos –" te dejo en las manos de tu hermana, que fue la que te llevo ante la mujer que te crio"- cerro los ojos, tanto movimiento le causaba nauseas –"pensó que moriría, pensó que lo mejor era dejarte con alguien que pudiese causar algo de lastima y que tuviera piedad de ti y de Nojiko"- se aguantó un quejido, pues ahora sus hijos peleaban por algo mas de espacio –"no te pido que la perdones, la escuches o hables con ella, pero mira un poco detrás del telón, para que veas lo que ahí"-.
Rebecca se puso de pie con algo de dificultad, y con una radiante sonrisa dejo a la navegante sola, como la había encontrado. Después de esa charla nadie pudo hacerla moverse de ahí, el hambre no llego, y la bandeja con la comida y cena se quedaron a un lado, los vasos de jugo, y agua jamás fueron bebidos, y Nami simplemente que quedo mirando al cielo, esperando que las respuestas le llegaran por arte de magia.
- "¿Qué hago Belle-meré?"- rogo al cielo abrazándose a si misma –"¿Qué hago?"-.
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