El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XXIV

Estoy aquí, Parte II

"Los troncos de los árboles, flores, arbustos y todo lo que se le atravesase en el camino pasaron como escenas fugaces. Su propia respiración, suelta a riendas, era lo único que ocupaba sus oídos.

Pronto, el bosque arbolado se convirtió en colinas de pasto suave y liso. Las patas se movieron frenéticamente, a tal ritmo que rodó algunas pendientes abajo así como resbaló desde otras, teniendo que volver a escalarlas de nuevo.

En cosa de segundos, se encontró frente a frente con la alta estructura de Casco Resistente. Ni siquiera revisó si había alguien afuera vigilando, simplemente se fue directo a la parte del granero donde tenía algunas medicinas esparcidas mientras hacía sus prácticas.

Y así como entró, salió.

Shamal estaba totalmente consciente que traer a Signum a la enfermería, sería entregarla; pues sería imposible ocultar un animal de ese tamaño, aún cuando ella fuese joven todavía.

Por lo que lo único que le quedaba era tratar de atenderla por sí misma, y esperar en el bosque. Con suerte, la felina se recuperaría antes de que alguien pudiese encontrarlas.

Tan sólo esperaba que la otra resistiese…

-¡Estoy aquí! –exclamó el perro, esperanzado de escuchar alguna respuesta por parte de ella.

Sin embargo, nadie le respondió. Un gemido escapó de la garganta de la canina mientras ponía la bolsita que había estado colgando de su cuello en el suelo; apenas alzó la mirada, se sorprendió al ver que en vez del atemorizante león que había dejado atrás, estaba una joven desmayada sobre el pasto.

Cambiando a su forma humana, la doctora sujetó con una mano el saco con las medicinas al mismo tiempo en que se acercaba hasta Signum. Se arrodilló a su lado y examinó su pulso.

Puso las vendas y frascos en el suelo.

Su mano derecha tocó la frente de la carnívora, apartando el flequillo y admirando el rostro dormir tranquilo. Las largas hebras rosas cayendo tras su espalda.

Tenía fiebre.

Un rápido chequeo la hizo suspirar de alivio al comprobar que la mordedura, por muy alarmante que se viese, no tenía para nada veneno. Tomó la bolsita y fue hasta un charco de agua por ahí cerca para llenarla.

Lo más seguro era que el cansancio, el hambre y la sed, así como los golpes de la batalla librada, estaban haciendo mella en su compañera.

Al regresar, alzó su cabeza un poco para darle de beber. Le mantuvo acostada en su regazo, ayudándole a tomar algo para bajarle la temperatura; luego, curó atentamente con algodón y desinfectante las heridas.

No tardó mucho. Guardó todo y se quedó allí, en silencio, viéndola dormir.

Humedeciendo y volteando de cuando de cuando el paño en la frente de la pelirrosa. Ahora que estaba más calmada, se daba cuenta de lo relajada e inofensiva que Signum se veía.

El uniforme negro y el moño rojo del chaleco siendo jugueteados ligeramente por el viento. Shamal no pudo suprimir una sonrisa, agradeciéndole sin palabras el que le hubiese salvado de ser engullida viva por una pitón.

Sus dedos recorrieron con cuidado las facciones de la depredadora, y cuando menos se dio cuenta, se hubo quedado dormida también.


La luz del sol empezó a molestarle, obligándola a soltar un quejido mientras se refregaba los ojos. Después de desperezarse, bajó la vista enseguida, acordándose de su paciente.

Las pupilas azules se hallaban abiertas, contemplando alguna nada sin importancia en aquel bosque. La cabeza todavía apoyada en su regazo, sin molestarse en apartarse siquiera.

-¿Signum? –llamó, acomodándose un mechón tras la oreja e inclinándose hacia delante-. ¿Cómo te sientes?

La aludida, en vez de responder, se levantó para sentarse. La rubia le miró extrañada entonces.

-¿Signum?

-Estoy bien –respondió secamente-. No necesitaba tu ayuda.

La médica frunció el entrecejo. Sabía que la otra quería decir algo más, pero se retenía de hacerlo. Así que superando el miedo que todavía seguía vivo en ella –porque estaba consciente que tan sólo quedándose allí arriesgaba su vida-, se movió para depositar su mano sobre aquélla blanca y fina.

-Pudiste haberte quedado en aquel agujero sin tener que salir herida –dijo con suma seriedad, viendo con gusto disfrazado el hecho de que la otra se voltease a verla-, pero no lo hiciste; de la misma manera, yo tampoco podía abandonarte aquí mientras te morías de fiebre y dolor.

Los ojos azules se posaron sobre sus manos, la mirada tan impasible y analítica que hizo a la rubia estremecerse. Ante eso, la pelirrosa sonrió.

-Sigues siendo un herbívoro –espetó al cerrar los párpados y apartar su muñeca de la más chica-. El miedo que sientes por mí, jamás se te va a quitar…

Hubo cierto toque de melancolía, mas la depredadora no dio más tiempo para charlar y se puso de pie. Se sacudió la falda y el chaleco negros, para después comenzar a caminar de regreso a Colmillo.

-¡Signum!

La aludida se detuvo. Sin embargo, no se dignó a mirarla.

-¡¿Por qué me salvaste entonces? ¡Si sólo me vas a ver como un perro asustadizo, pudiste haberte quedado en ese agujero lejos de mí!

Las uñas se aferraron a la tierra mientras las pupilas magenta temblaban con frustración y pena; el flequillo rubio ocultando el rostro compungido, que no hallaba razón válida de ser.

Después de todo, los perros no hablaban con los leones.

No era natural. Ella no tenía ni por qué preocuparse de Signum. Y tampoco tenía que dolerle su indiferencia.

Pero lo hacía…

-¿Por qué…?

-Porque soy joven, Shamal –se volteó a verla desde su lugar, con la máscara de ferocidad cayendo-. Soy joven y estúpida, dada a cometer tantos errores…"


-"¿Y eso te dijo? ¿Te llamó error? –la cara marrón se viró hacia la leona a su lado-. ¡¿La llamaste error? ¡Cielos, sabía que los leones eran estúpidos pero no tan…!"

-"¡CÁLLATE, YAGAMI!"

Esta vez, no sólo la nombrada sino todos guardaron silencio, al ver que la felina se ponía en cuatro patas y comenzaba a gruñir en voz baja, con el pelaje rosa totalmente erizado así como adquiriendo tonalidades oscuras.

La médica a su lado simplemente se limitó a llevar una mano a su boca, como espantada y preocupada por la reacción de Signum.

-"Quiero verte en mi maldito lugar, arriesgar toda la vida y nombre que te has ganado en el Colegio, tirar a la basura los malditos diplomas y medallas –empezó a reprenderla, las mandíbulas abriéndose y cerrándose en tanto Hayate no podía hacer más que retroceder, totalmente intimidada-; para que en el primer momento en que te vean y se den cuenta de quién eres en realidad y qué haces, ¡vayan tras de ti para desollarte viva, diciéndote que eres la vergüenza más grande del lugar donde has crecido!"

Los rugidos cesaron, la respiración del león por fin empezó a tranquilizarse a pesar de que sus ojos cobalto seguían ardiendo en ira. El corazón achicándose, como si fueran cenizas cayéndose de un madero en llamas.

-"Pero qué vas tú a saber –murmuró, sintiendo después los brazos de Shamal pasarse por su cuello en un intento de relajarla-. Crees que entrar a Colmillo Brillante no es más que un maldito juego; ni siquiera piensas en que cada condenada regla tiene que seguirse y en que en nuestras tierras hay ojos que siempre te están vigilando."

-"Yo no…"

-"¡Claro que no! –masculló, chasqueando las fauces-. A ti no te importa, Yagami. Hazte un favor y regresa de dónde viniste. Testarossa está consciente del enorme problema en el que se está metiendo…"

Se dio la media vuelta, soltándose del agarre de la rubia y dispuesta a retirarse de allí. No obstante, antes de hacerlo, observó por sobre el hombro al licaón.

-"Pero ni tú ni ella se dan cuenta de lo que están provocando. No lo sabes, Hayate –la sola mención de su nombre hizo que sus orejas plegadas saltasen ante la gravedad de su tono-, pero te aseguro que más de un día, te vas a arrepentir de venir hasta aquí. Vete mientras puedas, Colmillo no es lugar para los tuyos."

-"¿Es porque no soy como ustedes?"

Las palabras salieron pesarosas, con las pupilas azules oscilando de un lado a otro. Suzuka, Arisa y Vita continuaron guardando silencio, contemplando alternadamente al león y a la africana.

Yagami dio un paso adelante, con la cabeza semiagachada y las orejas pegadas a su cuello marrón.

-"¿Tú también piensas así de mí, Signum?"

-"No eres una mala persona –susurró y cerró los delgados párpados rosa, retomando entonces la marcha-. Pero eres diferente de nosotros…"

Shamal quiso detenerla. Sabía perfectamente que lo que la felina decía no era en serio; y que, probablemente, su verdadera intención era proteger a Hayate de algo que ella misma podría lamentar más adelante.

-"Hayate…" –Vita llamó mientras se ponía de pie y pasaba una de sus manos sobre el lomo manchado.

-"No me agrada esto –Arisa se puso de pie-. Eso que dijo, también involucra a nuestra amiga."

-"Ha sido suficiente por hoy –habló la pastora, levantándose y viendo al león marcharse-. Será que mejor que vayamos por Nanoha para irnos."

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Los gruñidos infantiles así como las mordidas inofensivas prosiguieron, Caro y Erio realizando juegos de guerrillas como los que todo crío hacía desde temprana edad; en orden de adquirir mejores habilidades al crecer.

Nanoha rió, escuchando los chillidos y viéndolos pelear no muy lejos de ella, por entre los altos y amarillos matorrales.

-"Deberíamos volver ya."

-"Uhm –la herbívora asintió al voltear a verla-, ¿cuándo nos veremos de nuevo?"

-"Mañana. Mañana en la noche, ¿vale?"

La castaña sintió el leve apretón en su mano, para enseguida percibir los cálidos labios de Fate posarse sobre los suyos en un beso suave y cariñoso. Los brazos de la herbívora rodearon su cuello en cuanto se separaron, riendo tontamente.

-"Te estaré esperando en la cerca, entonces" –acordó la ojiazul.

-"Allí me encontrarás."

La rubia colocó las manos en la cintura de la más baja, sintiendo el olor a flores arrastrarse hasta su nariz apenas descansó su cabeza sobre la de Nanoha. El brillo rojo del rubí que le regalase, la hizo esbozar una sonrisa de felicidad.

Tenía a su propio cordero. Sólo suyo y de nadie más.

-"¿Fate?"

Las pupilas celestes la miraron con cierta confusión al darse cuenta de que el abrazo se intensificaba mientras la aludida enterraba su rostro entre las hebras cobrizas.

-"Está bien –murmuró, más para ella misma que para la estudiante de Casco-. Todo va a estar bien, Nanoha."

"Porque no pienso dejar que te aparten de mi lado…"

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¡Wraf! ¡Wraf! ¡Wraf!

-"¡¿Qué es eso?"

Suzuka rápidamente se aferró a Arisa, quien miró a Shamal en busca de respuestas. Pero ninguna pareció salir a flote.

-"Tenemos que irnos" –declaró la mayor.

-"¡Pero Nanoha no ha vuelto!" –exclamó Vita, todavía parada a un lado del licaón, que seguía aplastado de la decepción.

Los ladridos empezaron a ir en aumento, escuchándose cada vez más cerca. De repente, un aullido fino y armónico rompió con la calma de la pradera, ése que hizo que Hayate disparase las orejas en alto y se echase a correr hasta una pendiente.

A pesar de los insistentes llamados, el perro pintado hizo caso omiso de ellos.

Y para cuando llegó a la cima, con la respiración escapándosele del pecho oscuro, su boca quedó entreabierta.

Varios dingos corrían a la par a través del campo abierto, persiguiendo un corzo, cuyas astas cortas apenas y conseguían alejar a aquellos que alcanzaban a situarse a sus lados.

Pronto, el cérvido aumentó su velocidad de golpe hasta perderse con un salto en el interior de las grandes y espesas matas verdes que se alzaban al frente. Sin chistar siquiera, la jauría le siguió.

Pero lo que mantenía la vista atónita de Hayate en el paisaje, era la gigantesca sombra negra que había visto moverse entre el follaje…

¡GRRRROOOOOAAARRRRRR!

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-"¡Shamal!"

Signum volteó rápidamente hacia donde había dejado al resto, y sin pensarlo dos veces, se echó a correr de regreso. Los cuervos ya sobrevolaban el sitio, asustados y con los horribles graznidos sonando por todo el valle.

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Los ojos borgoñas se desviaron del cielo entonces, enfocando a los dos pequeños zorros que retrocedían con temor hasta ella y Nanoha.

-"¿Fate-chan? –se sujetó de su brazo, aún apoyada en su pecho-. ¿Qué sucede?"

-"No lo sé –murmuró entre dientes-, pero no puede ser nada bueno… Será mejor que tú y tus amigas se vayan pronto. ¡Erio, Caro!"

-"¿Fate-san?" –susurró el raposo rojo.

-"No se despeguen de mí, ¿entendido?"

Ante el asentimiento, la rubia se llevó de la mano a la ojiazul, siendo ambas seguidas muy de cerca por los dos vulpinis que viraban el rostro a todos lados; queriendo distinguir algo entre los matorrales.

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-"¡A dónde vas!"

-"¡Hayate me necesita! –respondió desde el aire, observando al halcón tallarse la cabeza con un ala-. ¡Puedes seguir durmiendo si quieres!"

-"¡Espe…!"

Agito no pudo terminar la frase, viendo a la gaviota alejarse sin más aviso. Maldijo por lo bajo y trotó un poco, para después despegar en vuelo también; tenía que alcanzar a Rein antes de que algún vigilante de Colmillo pudiese reconocer que no pertenecía a las cercanías.

O la que dormiría para siempre sería otra…

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Los ladridos pronto fueron reemplazados por chillidos conforme las patas negras cortaban el viento y arrojaban a los perros varios metros al aire; solamente para que los cuadrúpedos se precipitasen fuertemente contra el pasto o el tronco de algún árbol cercano.

Uno de los dingos, que parecía ser el líder, lanzó algunos gruñidos; de inmediato, la jauría se dio al ataque.

Por entre los grandes arbustos que crecían sobre la superficie del agua, la figura enorme y redonda de un oso negro emergió; totalmente furioso tanto por el alboroto causado como por las mordidas que se afanaban en prensarle.

El mugido del osezno escondido detrás la madre, no hizo sino poner más agresiva a esta última ante la amenaza que tenía enfrente.

-"¡Verossa!"

La imagen del dingo verde siendo sacudido de un lado a otro, con los colmillos clavándose en uno de los brazos revestidos de grueso pelaje, se reflejó en un par de pupilas lavanda.

No pasaron más de cinco segundos para que Acous fuera expedido al suelo boca arriba. Todavía no se había dado la vuelta, cuando vio al gigantesco mamífero dirigírsele con las mandíbulas abiertas.

A pesar de que quiso aullar, ningún sonido salió de su garganta. Simplemente cerró los ojos.

¡MAAAAAAWWWWWW!

El alto gemido del oso lo hizo abrir los párpados y apartar las patas de su cara, logrando avistar así a uno de sus camaradas aferrado fuertemente al hocico del animal.

-"¡Carim!"

La criatura rugió. Batió el rostro una y otra vez, e inclusive arrastró el cuerpo de la canina por el pasto sin miramientos, en un intento por sacársela de encima. Lentamente, el resto de la jauría se ponía de pie, todavía atontados por los golpes.

Entonces, mientras colgaba por el aire, Gracia sintió el raspar de las garras abriéndose paso a través del pelaje blanco de su vientre.

Un alarido de inmenso dolor hizo eco en el campo. Momentos después, ella rebotaba sobre la hierba, la sombra del mamífero cubriéndola por completo de los rayos de sol.

No tuvo tiempo de respirar siquiera, cuando una de las pesadas patas azotó de golpe su cuello, atrapándola entre sus garras y el suelo debajo suyo. Obstruyéndole el paso al oxígeno cada vez más.

El otro cuarto delantero fue levantado inmediatamente. Carim apartó la vista y cerró ambos párpados de súbito.

¡WRAF!

¡GRRRROOOOOAAARRRRRR!

-"¡HAYATE!"

Fate aulló y cambió enseguida de forma, dejando al cuidado de Nanoha a sus protegidos así como al mismo tiempo estos últimos se reunían con Shamal y las otras.

Apenas el lobo empezó a descender por la pendiente, se halló lado a lado con Signum, que también bajaba a toda velocidad hacia el lugar de la batalla.

Hayate, por su parte, había saltado hasta asir la extremidad derecha del baribal (1), impidiendo así que asestase su golpe. Aquello había distraído al inmenso animal, pero antes de que quisiese quitársela de encima, la africana brincó al pasto.

Quedando frente a frente con el oso negro y de espaldas a Carim, que con ello había sido liberada y trataba de recuperar el aire.

El mamífero rugió, los colmillos temblando en amenaza. Dio tres pasos rápidos, como haciendo el ademán de correr y embestir a Yagami; sin embargo, se detuvo al ver que ésta empezaba a ladrar.

Los ladridos, al contrario de los de la jauría, eran diferentes no sólo porque era de una especie distinta, sino porque éstos eran de un tono más suave y solicitante.

-"¿Hayate?" –la llamó el dingo, llena de confusión.

De un instante a otro, la osa madre pareció calmarse, por lo que emitió un simple mugido. Al ver esto a lo lejos, Fate y Signum disminuyeron el paso, más tranquilas al ver que su compañera estaba fuera de peligro.

El licaón esbozó una sonrisa y viró el rostro para cerciorarse que su amiga estuviese bien. La rubia le devolvió el gesto, agradecida.

Y esa simple mueca, hizo arder las entrañas del dingo azabache que se acercaba hacia ellas; los ojos negros se enfocaron en el perro salvaje, con el odio creciendo a pasos gigantes al sentirse humillado ante su propia manada.

Aún cuando eso fuese la verdad más remota posible.

Estaba a punto de tirársele encima, hasta que el chillido del osezno entre los humedales captó su atención. Miró al lobo pintado con furia, y en cuanto Hayate encontró su mirada, el rostro se le contrajo de horror al verle lanzarse contra el cachorro.

-"¡NO LO HAGAS!"

El cabezazo del perro empujó bruscamente al pequeño baribal sobre el agua, que volvió a llorar mientras intentaba ponerse de pie para obtener aire. La madre se volteó de inmediato, mugiendo y contemplando entonces al cánido oscuro saltar en el río con las fauces abiertas.

¡SPLASH!

-"¡HAYATE!" –Fate gritó.

La aludida resurgió entre las paredes cristalinas y líquidas que se alzaban por el movimiento abrupto. Las mandíbulas de ambos perros separándose y atacándose uno al otro, con los gruñidos y ladridos de fondo.

-"¡¿Estás loco? –mordida al aire-. ¡Acaso quieres matarnos a todos!"

-"¡Primero la escuela, luego esto! –el sonido de garras rompiendo la piel-. ¡No voy a dejar que me humilles o arruines nuestra cacería, aún si significa tener que matar a un oso!"

¡CRRAAAAASH!

Por fin, las nubes grises chocaron en el cielo, empezando a desencadenar los potentes truenos así como los relámpagos fugaces.

Aprovechando la distracción, tanto madre como hijo se reunieron para salir lo más rápido posible de allí; apartándose de las peleas y directo a buscar un refugio de la tormenta al igual que de cualquier otra amenaza.

-"¡No puedes matarla! ¡Es demasiado para ustedes, morirían en el intento, idiota!"

Los rayos surcaron el firmamento nublado. Los ojos azules miraron con reproche al otro, con las patas traseras aplastando una y otra vez el agua, preparándose por si algún ataque venía.

Mas su oponente se quedó allí, inmóvil, intentando controlar su respiración también.

-"Ella tiene razón –intercedió Carim, a las orillas del río-. Perdimos al ciervo, Ian, no hay nada ya que hacer."

Hayate inhaló un par de bocanadas de aire más, antes de darse la vuelta para ir hasta donde su amiga pura. Y en tanto lo hacía, le dirigió una mirada de resentimiento al líder del clan.

-"Tú mejor que nadie, deberías de cuidar de los tuy…"

¡SLAP!

-"¡HAYATE!" –la lobezna dorada volvió a chillar a lo lejos.

-"No me digas… -jadeó, un relámpago alumbrando el lugar-… qué hacer, mestiza. Puede que no tenga al maldito ciervo, pero tú todavía sigues aquí."

El licaón regresó lentamente el rostro marrón que había sido abofeteado, las marcas del rasguño volviéndose rojas en un santiamén. Carim le observó asustada, olvidándose de sus propias heridas al instante.

Las pupilas azules frías de su nueva amiga tan sólo hicieron el mal presentimiento peor.

El gruñido en la garganta de la africana creció, y apenas hizo el ademán de brincarle encima a Ian, el resto de la manada se le atravesó al frente.

Todos gruñendo y mostrando los colmillos en advertencia.

Aquello en vez de amedrentarla, no hizo sino hacer hervir su sangre. Las orejas de interiores blancos se plegaron hasta tocar su cuello y las mandíbulas chasquearon venenosamente antes de separarse.

Con esas señales dispuestas, Verossa se atemorizó también. Consciente de que un mal paso, podía hacer estallar una pelea con un final desastroso.

Así, el dingo negro estaba a punto de arrojarle a todos encima, de no ser porque un león y un lobo se le pusieron delante. Los orbes oscuros estudiaron tanto a una como a la otra entonces.

Pudo haber dado la orden de todos modos; sin embargo, la presencia de la felina fue lo que lo abstuvo de hacerlo. Ella podría significar una grave baja en su grupo.

-"Tal vez hoy te hayan salvado el pellejo tus amiguitas, rata de alcantarilla –escupió, grabando enseguida en su memoria la imagen de Fate y Signum-. Pero un día, tú vas a estar sola…"

Caminó lentamente hasta pasar de largo a las otras dos, con toda su banda siguiéndole en alerta igual. Y en cuanto estuvo lado a lado con Hayate, se detuvo y le envió una mirada de profundo odio.

-"Cuando ese momento llegué…"

¡WRAF!

Cerró las mandíbulas a centímetros de la mullida oreja, riéndose con burla después para marcharse de allí. No obstante, antes de partir se volvió, ladrando demandante hacia Carim.

Ésta vaciló, alternando la vista entre él y Yagami, hasta que finalmente el lobo pintado le sonrió en muestra de que todo estaba bien y que podía irse.

Apenas llegó al lado del dingo negro, fue reprendida y obligada a marchar hasta el frente; los reclamos le llovían a los oídos así como el agua que ya caía a cántaros encima de su cabeza.

Pero por dentro, las heridas de Hayate eran lo único que ocupaba su mente.

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-"¡Fate-chan! ¡¿Están todas bien?"

-"Owie, ¡Nanoha! ¡Basta! Me estás aplastando las orejas…"

La nombrada soltó su risa característica, sus manos acariciando de manera algo descuidada la cabeza dorada, en busca de alguna lastimadura que pudiese haberse provocado.

Erio y Caro se aproximaron también y saltaron sobre las largas patas negras en un intento por llamar la atención de la lobezna.

-"¿Signum?"

-"Será mejor que se vayan ahora –respondió, con los bigotes blancos enteramente mojados y las orejas semiagachadas por la humedad en ellas-. Parece ser que una fuerte tormenta se avecina."

A pesar de que la leona no dijo nada más, la médica supo que se preocupaba por ella. Así que se agachó y le abrazó por el cuello, pidiéndole que se anduviese con cuidado.

Takamachi hizo lo mismo con Fate, despidiéndose de paso de los pequeños zorritos que lanzaron un chillido ante su partida.

Arisa, Suzuka y Vita dijeron adiós también; cada una preocupada –quizás no a igual manera que Nanoha y Shamal, puesto que apenas se conocían- por la situación que había ocurrido, y los problemas que le conllevaría a sus nuevas compañeras.

Sin poder hacer más, regresaron de vuelta a la seguridad de Casco Resistente, aún con el aguijón de la duda punzando en todas.

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-"¡Hayate!"

La africana, que no se había movido de su lugar, le sonrió con pesar al ave blanca que se detenía al frente suyo. El pico abriéndose y cerrándose en reprimendas que para ella no tenían sentido alguno.

Las palabras que hace rato Signum le dijese así como el tamborileo de las gotas de lluvia, sofocando por completo los comentarios angustiados de Rein.

Dándose cuenta de ello, la gaviota se dio por vencida. Bajó las alas que había estado agitando como loca e hizo lo único que podía hacer en momentos como aquellos.

Darle un abrazo.

La ojiazul no pudo evitar dejar escapar un gemido de dolor, más emocional que físico. Y por ese mismo sentimiento, agachó la cabeza y apretó el plumaje húmedo y brillante, aceptando el gesto amable de su amiga voladora.

Hayate le dijo que lo sentía mucho, que no quería ser una carga o molestia para ella ni que tampoco quería alarmarla por nada.

-"Está bien… -Rein agregó en un arrullo-. Está bien, Hayate, porque yo estoy aquí."

Pero lo que sí no le dijo, fue que el orgullo se le estaba cayendo al suelo, tal y como las borlas de sangre que resbalaban de su mejilla café.

Durante esos minutos que se quedaron juntas bajo la lluvia, se mantuvieron en silencio. Agito batió sus largas y majestuosas alas en el aire feroz, dando un vistazo rápido al licaón que recibía consuelo por parte de la gaviota.

Luego, aleteó una vez más y descendió para ir hacia donde Signum y Fate estaban, viendo de paso al resto alejarse.

Pasando por alto, en aquel momento, el par de ojos negros que vislumbraban varios metros más allá la figura de Rein.

Abrazando al lobo pintado.

Continuará…

(1) Baribal: Otra manera de designar al oso negro.

¡Lo prometido es deuda! Aquí está la segunda parte de 'Estoy Aquí'. Un poco sobre el pasado de Shamal y Signum, un mini-momento NanoFate; y por último, algo de Hayate, Carim y Jauría mala.

Ahora sí podremos seguir avanzando. Tanto para estrechar relaciones de algunos, así como para ver los problemas que se van suscitando entre otros.

Muchas gracias como siempre a todos, por leer y prestar parte de su atención a esta sencilla historia. ¡Gracias! =)

Saludos y que pasen un excelente y maravilloso día.

Kida Luna.